Siempre que Namjoon cocinaba, lo normal era que sobrara comida. Nadie pasaba jamás del primer plato (incluido él) y en muchas ocasiones ni siquiera se lo terminaban. No le molestaba que eso pasara, estaba ya lo bastante agradecido con los demás por darle una oportunidad a sus platillos que podía pasar por alto cualquier gesto de desagrado o comentario que buscara lastimarlo. Si era sincero, al inicio no se percató de ello, más que nada porque para él era normal no comer todo lo que estaba en su plato, sino dejar siempre una porción para otro día. No fue hasta que Jin comenzó a hacerle de desayunar que se dio cuenta de lo mal que estaba. La comida de verdad era aquella que te hacía imposible dejar de comer, ahora lo sabía. Ni siquiera un estómago lleno solía detenerlo de pedir una cuarta y hasta quinta ración. El menor ya había probado antes los alimentos del otro, pero ahora tenía un no-sé-qué que hacía que supieran mucho mejor.
Iba por el sexto plato aquella mañana. Cada vez que llevaba un bocado a su boca no podía evitar hacer algún gesto o hacer un sonido de profundo gusto por la manera en que el pan se derretía en su boca. Eso, como era de esperarse, no pasó desapercibido para el mayor, quien no paraba de verlo con adoración. Jin seguía en el primer plato, no porque no tuviera hambre sino porque le estaba costando demasiado concentrarse en algo que no fuera el chico frente a él. Era adorable la manera en que no tenía miedo de demostrar cuando algo le gustaba. Puede que no soliera decirlo, pero su cuerpo siempre terminaba delatándolo. Namjoon tenía un rostro tan expresivo que, sin importar cuánto intentara ocultar lo que sentía, cualquiera que se detuviera a verlo por 5 segundos podría darse cuenta de ello.
Jin extendió su mano para quitarle algo del rostro, notando cómo el otro se sonrojaba por ello. Sonrió ampliamente, sintiendo su corazón volar. Era por esas pequeñas señales que tenía la firme convicción de que sus sentimientos eran correspondidos. No se trataba de una cuestión de ego, Taehyung siempre lo había hecho cuestionarse si era lo suficientemente bueno para él con aquella máscara de indiferencia que solía llevar. Namjoon, en cambio, lo hacía sentir seguro, lo hacía sentir suficiente. Era una persona muy honesta, aun cuando éste no se diera cuenta de ello. Se apartó, dejando la servilleta que había utilizado a un lado de su plato.
—Por cierto, tenías razón Joon. Parece que Suga ya no vive aquí.
—Te lo dije. Quiero decir, de vez en cuando me doy cuenta de que viene por cosas, pero de ahí en más, nada. Incluso se llevó una mochila gigante a su apartamento, parecía que se estaba mudando.
—Bueno, el apartamento de Taehyung no está nada mal— comentó el mayor. Algunos vecinos pasaron por fuera discutiendo algo en voz alta —Si yo fuera Yoon Gi, también me encantaría vivir ahí—.
—Ah, sí. No lo estoy culpando ni nada por el estilo, de hecho lo entiendo— Namjoon dejó finalmente los cubiertos abajo mientras veía al otro con tristeza —Es solo que lo extraño—.
—¿Por qué no le dices que regrese?
—No puedo.
Jin alzó una ceja ante eso, bastante intrigado. Se reclinó en su asiento para estar más cerca del otro.
—¿Por qué no? ¿Tu celular dejo de funcionar o algo?
—No, mi celular está bien— se veía sumamente incomodó —Es solo que la última vez que Suga y yo hablamos, no quedamos en buenos términos exactamente. Estoy bastante seguro que no viene aquí más que cuando es necesario porque no quiere verme—
El mayor tomó una de sus manos, acariciandola a modo de consuelo.
—¿Tan malo fue?
—No era mi intención lastimarlo, lo juro— comenzó a explicar, tratando de no quedarse mirando mucho tiempo sus manos entrelazadas —Estábamos desayunando un día cuando vino Jungkook y dijo que tenía que ir con él a la oficina porque mi papá había sido internado en el hospital ya que se cayó de su silla y necesitaban arreglar el papeleo— con su mano libre tomó otro bocado —Aunque dijo que no era nada serio, no pude evitar entrar en pánico. Fui corriendo a cambiarme y Suga se preocupó. Trató de preguntarme qué estaba pasando, pero tenía tanta prisa, y de verdad no quería involucrarlo, que le contesté tan mal que me arrepiento. Él solo me quería ayudar y yo lo estuve empujando hasta que se cansó. Desde ese día no me dirige la palabra. Creo que me odia, Jin—.
El ex profesor asintió, pensativo. No sabía qué fue lo que el menor le dijo a su amigo, pero no creía que hubiera sido tan malo, conociendo el carácter del castaño. No creía que lo odiara, simplemente estaba herido. Por lo que había visto de Suga, siempre se había preocupado en exceso por el menor. Si lo analizaba, era muy similar a la manera en que él trataba o llegó a tratar a Taehyung, aunque, tal vez, de manera menos enfermiza. El rubio debía sentirse inútil y frustrado puesto que Namjoon podía llegar a ser algo complicado cuando se trataba de aceptar ayuda. Él mismo llegó a sentirlo y llevaba menos tiempo lidiando con aquel lado del otro.
—¿De verdad lo extrañas?
—¡Por supuesto que sí! Puede que tuviéramos nuestras diferencias, pero él es mi mejor amigo, al igual que tú. Aunque seguro no lo recuerdas, él estuvo ahí para mí en un periodo de mi vida donde sentía que ya nada tenía sentido— le sonrió —Además, simplemente disfruto mucho de su presencia—.
Jin asintió. Tenía la fuerte convicción de que Namjoon y Suga podrían resolver las cosas. Si bien su relación era como la suya con Taehyung, la diferencia radicaba en que ambos se apreciaban. Lo que tenían era mutuo. Era tan solo un malentendido, por suerte, si Jin había aprendido algo de Hoseok en los dos meses que estuvieron de viaje, era que esos se resolvían hablando y tratando de entenderse mutuamente.
—Joon, yo creo que deberías hablar con él.
—Lo sé, ya lo he intentado.
—¿Ah sí? ¿Qué has hecho?— Namjoon se quedó en silencio —¿Ya le has marcado?—
—Es que Suga no quiere saber nada de mí.
El mayor negó y recogió el plato del otro, que ya se encontraba vacío, depositándolo en el fregadero. Volvió a sentarse para continuar comiendo, por desgracia, ya estaba frío y no creía que valiera la pena calentarlo, considerando que no quedaba mucho.
—Suga te quiere, creo que tú ya sabes eso. Debes hablarle acerca de todo esto, es tu mejor amigo después de todo. Estoy seguro de que va a entender— miró como el otro dudaba, sabía en lo que estaba pensando —No estás solo en esto, no tienes por qué estarlo. Mientras más seamos, mejor. Date cuenta de todas las personas que te rodean, a quienes les importas Joonie— comentó el mayor.
El menor apretó los labios, asintiendo. Sabía que el profesor no mentía, dudaba seriamente que el rubio lo odiara. Tal vez solo se encontraba molesto. Ahora, si no hacía algo para arreglarlo, estaba seguro que el otro desaparecería de su vida por completo y entonces seguramente le tendría rencor. No quería que eso pasara, ya estaba harto de siempre dejarse mangonear por cada cosa mala que le pasaba.
—Voy a hablar con él, en serio lo haré. Quiero arreglar las cosas y que volvamos a ser amigos— se rascó el cuello —No creo que vaya a ser tan difícil como antes. Después de hablar contigo y darme cuenta que el mundo no se vino abajo como yo creía, siento que ya puedo hablar del tema con mayor facilidad. Creo que es hora de que Suga sepa—.
—Esa es la actitud— el mayor sonrió y se levantó. Regresó al fregadero, en donde depositó el otro plato, para así comenzar a lavar ambos. Podía sentir la mirada del menor en su espalda —Disculpa el cambio tan repentino de tema, pero hay algo que me gustaría saber Namjoon—.
—¿Qué cosa?
—Tu respuesta.
El menor se le quedó mirando sin comprender de qué le estaba hablando. Repasó toda su conversación desde que Jin había llegado al apartamento, pero no recordaba que en algún punto le hubiera hecho alguna pregunta que el menor no hubiera respondido ya. No quería quedar como un completo imbécil al revelar que no se acordaba porque, aparentemente, no había estado poniendo la suficiente atención.
—¿De qué?— no obstante, en esa situación parecía no tener otra alternativa. El ex profesor, sin embargo, no pareció molestarse en lo absoluto. En realidad no podía verle la cara, ya que seguía de espaldas lavando los platos, pero, por su postura, el menor quiso suponer que no lo había tomado mal. Eso sin mencionar que pudo notar cómo las orejas del otros se volvían ligeramente rojas.
—El otro día… yo te dije que estaba enamorado de ti— oh, eso. Namjoon abrió los ojos sintiéndose muy nervioso —Y tú no dijiste lo que sentías al respecto—.
Sabía que eventualmente ese tema iba salir a la luz, después de todo, aún le debía una respuesta a Jin. Quería pensar que el otro ya sabía lo que sentía por él, que las palabras estaban de sobra, pero también entendía que el mayor necesitaba escucharlo para asegurarse de no estar equivocado. Su corazón latía con fuerza. Estaba dispuesto a hacerlo con tal de que el otro se sintiera bien, pero necesitaba unos segundos para poder componerse y no arruinar el momento. Lentamente se alejó de su asiento y caminó hacia el ex profesor, poniendo ambos brazos alrededor del otro, abrazándolo por la espalda. Recargó la cara en su hombro.
—¿Tú qué quieres que seamos, Jin?
—¿A qué te refieres?
—Nuestra relación.
—Quiero estar contigo, Namjoon, todo el tiempo que me lo permitas, y también quiero que sea algo serio. Si no es lo que esperabas, entenderé. Puedo conformarme con ser solo amigos.
—No, no— el otro lo aferró por la cintura, haciendo que Jin soltara un leve suspiro —No quiero eso, que seamos amigos. Yo también quiero tener algo más contigo, algo formal— hizo que el mayor se volteara y pudo finalmente notar el hermoso sonrojo que decoraba sus mejillas. Nunca antes Namjoon había visto algo tan bello, y eso que convivía con Jin a diario —Y-yo también estoy enamorado de ti, desde hace mucho tiempo. Disculpa que me haya tomado tanto tiempo decírtelo— acarició su rostro —Es solo que todavía me parece un sueño todo esto—.
El mayor lo tomó del rostro y sin más lo besó. Si bien Namjoon estaba algo sorprendido, no perdió el tiempo y le correspondió. Este no duró demasiado, puesto que ambos se separaron para poder mirarse a los ojos, sin embargo, fue más que suficiente. Ninguno necesitaba más.
—¿Eso se sintió como un sueño para ti?
El menor negó con una sonrisa boba mientras volvía a abrazarlo.
—Ya no me cabe duda que esto es real— lo miró de lado, acercando más su rostro —¿Puedo volver a hacerlo?—
—Primero me tienes que decir cuándo fue que te enamoraste de mí— Jin le dedicó una sonrisa juguetona que el otro no pudo detestar a pesar de que era con el afán de fastidiarlo.
—Ya te dije que fue hace mucho.
—Lo sé, pero quiero detalles exactos— comentó mientras lo jalaba a la mesa para que pudieran platicar más a gusto —Si quieres yo comienzo. Me di cuenta hace poco, si te soy sincero. Fue Hoseok quien me abrió los ojos, pero estoy muy seguro que ya llevaba un buen rato a tus pies— le guiñó un ojo —Ahora es tu turno—.
Namjoon iba a protestar, puesto que la historia del profesor había sido demasiado corta a comparación de la suya, que era un poco más elaborada, ya que llevaba tiempo ensayando en su mente, solo por si acaso. No obstante, se vio completamente perdido en cuanto el otro le dedicó una mirada suplicante.
—Fue alrededor de cuando comenzaste a trabajar.
—Soy todo oídos.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Jun era plenamente consciente de que podía llegar a hacer cosas que muchos solían tachar de extravagantes. Desde su personalidad, hasta la manera en que se desenvolvía con su entorno, tenían una pequeña chispa de la que el joven se sentía extremadamente orgulloso, aún cuando no era del agrado de todos. Había dejado de importarle desde hacía mucho tiempo lo que los demás opinaran de él. Era por ese motivo que no prestaba atención alguna a las miradas despectivas que estaba recibiendo por parte de extraños en aquel momento. Tal vez se debía a la chaqueta multicolor que llevaba puesta, en conjunto con una camiseta igual de colorida y unos shorts que no parecían tener nada que ver con el resto del outfit o quizá era porque tenía las uñas pintadas (cortesía de su novio) o probablemente sólo porque ninguna de esas personas podía reconocer el verdadero estilo cuando lo veían. Estaba más inclinado a irse por la tercera opción, por lo que su humor se mantuvo intacto. No era su culpa que la gente fuera tan envidiosa.
Pasó su vista por el lugar, buscando a una persona en particular. Dudaba mucho que fuera a venir, pero una pequeña parte de él aún le insistía en que debía esperarlo, uno nunca sabe. Jun quería pensar que Suga lo apreciaba de alguna forma. Bueno, en realidad estaba seguro de que lo hacía y que simplemente no lo admitía en voz alta por cuestión de orgullo. Era paciente, así que no le molestaba en lo absoluto que el otro fuera hostil cuando en realidad lo quería. Simplemente así era su mejor amigo, no es que tuviera algún problema contra él. Sonrió.
Su sonrisa se volvió más grande en cuanto divisó una pequeña cabellera rubia entre la multitud. La reconocía al instante; se acercó corriendo hacía ella.
—¡Nieves! ¡Por aquí!
Suga volteó a verlo con el entrecejo fruncido. Se acercó dando zancadas, no tanto para imponerse, sino porque la multitud lo estaba jalando en otra dirección. Jun aprovechó el momento para poder examinar a su amigo, quien vestía principalmente colores oscuros en un conjunto muy simple. No que se viera mal, tan solo le sorprendía lo opuestos que podían llegar a ser. Le hacía feliz que, a pesar de todo, el mayor quisiera ser su amigo.
—Deja de llamarme así en público— el de menor estatura llegó a su lado, viéndose algo agitado.
—¿O qué?— preguntó alzando la ceja.
Suga intentó mirarlo de la manera más amenazadora posible, olvidando por completo que eso no tenía efecto en el otro. El rubio persistió durante algunos minutos, sin querer perder contra el menor al menos una vez en su vida, sin embargo, pronto se dio cuenta de que era completamente inútil. Jun, más que asustado, parecía sumamente divertido.
—Como sea, se nos va a hacer tarde. Andando.
—¿Tarde para qué? ¿Vamos a algún restaurante elegante en el que hiciste una reservación?— si bien lo dijo en un tono burlón, Suga sabía que lo preguntaba en serio. No se vería así de ilusionado sino fuera el caso.
—No, pero igual vamos tarde. Andando— el más chaparro miró a su amigo de pies a cabeza —¿Qué se supone que traes puesto?—.
—¿Te gusta? Quise probar algo más atrevido el día de hoy.
—Claro— Suga siguió caminando —Pareces una piñata—
—Genial, objetivo logrado. Sabía que lo entenderías.
El mayor rió y rodó los ojos. Por un momento le había preocupado ofender a Jun, pero claro que el chico no se lo iba a tomar personal. Al contrario, parecía estar bastante ilusionado con el concepto. Caminaron el resto del trayecto en silencio hasta que el más alto de los dos jaló al rubio hacia un local que se encontraba cerca.
—Entremos aquí, es el mejor lugar de todo el mundo— se trataba de una pizzería de estilo retro. Suga conocía muy bien aquel restaurante
—¿Podríamos ir a otro sitio? Es que... se ve que es costoso.
—No te preocupes, yo invito— le sonrió —Por favor, me harías la persona más feliz del planeta—.
El rubio se quedó unos momentos meditando. Podía intentarlo. Servía que hacía nuevos recuerdos en aquel lugar, solo que le iba a costar mucho no pensar en aquel día una vez entraran al lugar. Tendría que hacer un esfuerzo por pasarla bien.
Finalmente entraron al lugar, tomando una mesa considerablemente cerca de la cocina. Jun había argumentado que de esa manera podrían apreciar mejor el olor de la pizza y que así se abriera más su apetito, pero todo el lugar olía igual, por lo que Suga no encontró una justificación realmente válida a las insistencias del chico. Tampoco es como si se hubiera resistido demasiado.
—Eres una persona muy extraña, Jun. ¿Lo sabías?
—Por supuesto que sí, pero aun así me quieres— el mayor se abstuvo de comentar algo más al respecto, analizando el menú. Fue por eso que no notó el momento en que la expresión del otro se volvió seria —Muchas gracias, de verdad. Pensé que no ibas a venir, me hizo muy feliz verte llegar—.
—¿Qué clase de persona crees que soy?
—No es porque desconfíe de ti, es solo que fue muy repentino.
—Ah sí, sobre eso— bajó la carta para poder ver mejor a su amigo —¿A qué se debe la invitación? ¿Estamos celebrando algo?—.
—Nada en particular, solo tenía ganas de salir con alguien además de Hobi y pues… tú eres el único amigo que tengo.
—Eso no puede ser verdad. Eres la persona más sociable que conozco, estoy seguro que debes tener un millón de ellos.
Jun soltó una risa melancólica y negó.
—Hubo una época en la que era bastante popular, pero todos dejaron de hablarme cuando salí del closet. Supongo que realmente nunca fueron mis amigos.
Suga sintió su sangre hervir. Como odiaba a la gente.
—Estás mucho mejor sin ellos; no eran más que una bola de hipócritas, imbéciles y neandertales. Espero que jamás encuentren a alguien tan bueno como tú porque no se lo merecen— estaba furioso —A esa clase de personas lo único que se le debe ofrecer es un puñetazo en la cara—.
—Okay, wow. Ya entendí el punto: fueron unos imbéciles. Vamos Nieves, ya pasó. Al final me hicieron un favor al irse, no hubiera podido confiar en ellos para nada— se estiró en la mesa, tirando los menús al suelo —Te tengo a ti y a Hobi, no necesito a nadie más para ser feliz. Soy la persona más afortunada en todo el mundo por haber conocido a personas tan maravillosas como ustedes—.
El humor del mayor mejoró considerablemente. Seguía molesto con aquellas personas, pero sentía más pena por su amigo que nada. Aunque ahora parecía estar bien hablando del tema, estaba bastante seguro que, cuando se dio cuenta de que aquellos patanes simplemente lo habían abandonado cuando más los necesitaba, debió sentirse muy decepcionado y triste. Sí que admiraba su capacidad para seguir adelante. Sabía que no importaba lo feliz que fuera, el joven había pasado por cosas difíciles. En situaciones en las cuales cualquier otra persona se hubiera echado a llorar, él decidió hacer algo por sí mismo y seguir adelante.
Suga se detuvo ahí. Ciertamente sabía que Jun no tuvo una vida fácil porque él se lo había dicho, más no sabía con exactitud lo que tuvo que vivir. Ahora que se daba cuenta, existían varias cosas que desconocía del menor. Y se atrevía a llamarse su mejor amigo. Siempre hablaba de sí mismo, pero nunca le había preguntado al otro acerca de él. Era momento de que su amistad pasara al siguiente nivel.
—Oye, ¿qué sucedió con tu otro empleo? ¿Renunciaste?
Jun le sonrió.
—Oh, ¿es la hora de las preguntas personales? Me agrada— recogió los menús que estaban en el suelo, encargando una pizza para los dos cuando el mesero se acercó a ellos. Luego volteó nuevamente hacia Suga —No era un trabajo como tal, era voluntario en Amnistía Internacional. El profesor que me invitó a la organización solía darme una parte de su salario, por desgracia, eso no fue suficiente. Mi intención era conseguir un trabajo formal ahí en cuanto me graduara—.
—¿Qué estás estudiando?
—Estudié Relaciones Internacionales, aunque ahora estoy haciendo una maestría en Gestión Cultural. Quiero especializarme en la industria musical y cinematográfica.— el chico repentinamente abrió los ojos y tumbó un salero por accidente al moverse bruscamente —¡En realidad por eso me interesé en Hobi!—.
—¿Lo conociste en alguna clase?
—Sí, bueno no. Yo a él sí, pero él a mí no. Para una materia nos dejaron una lectura optativa que resultó ser un artículo suyo— comenzó a explicar —Me interesaba mucho el tema así que lo leí y me enamoré por completo. Nunca antes había visto una perspectiva como esa, y la manera en que abordó la temática, con tanta empatía y sensibilidad... Me volví su mayor admirador. Poco después comencé a leer más de sus trabajos— soltó un suspiro, enamorado —Al inicio tan solo quería conocerlo para discutir con él. Fue pura suerte que lo encontrara en aquella aplicación de citas, pensé que era el destino— llevó ambas manos a su cara, moviendo sus pies, contento —Cuando nos conocimos en persona, me di cuenta que era mi príncipe azul. Quiero decir, ¿lo has visto? Es tan guapo y caballeroso. Siempre me hace reír y no le importa mi extravagancia, dice que le parece adorable— soltó una risita boba —Cuando iba saliendo hoy, dijo que me veía hermoso. Eso sin mencionar la manera en que se mueve en la cama, es tan...—
—¡No! No, no. No me interesa saber nada acerca de tu vida sexual— suspiró —De ahí en más, todo suena muy bien. Me alegro mucho por ti Jun, en serio—.
El joven levantó su dedo pulgar mientras su sonrisa se volvía más amplia.
—Gracias a alguna fuerza superior allá arriba que el matrimonio igualitario ya es legal. Estoy más que seguro que él es con quien quiero pasar el resto de mis días.
Suga podía sentir como le daba diabetes de tan solo escuchar a su amigo. Jun y Hoseok estaban destinados a estar juntos, sin duda alguna. El mayor todavía recordaba lo cursi que llegaba a ser Hoseok en la época que fueron novios, siempre se ponía triste cuando el rubio no le correspondía de la misma forma. Le aliviaba que al fin hubiera encontrado a alguien como él.
—¿Cómo te va a ti?
—¿A mí?
—Así es pillín, tú y Tae.
Suga se sonrojó y miró hacia otro lado. No estaba seguro de qué se suponía que debía decir en ese momento. Quería mucho a Taehyung, pero no solía decir esa clase de cosas. Miró el rostro ilusionado de su acompañante y suspiró. No quería defraudarlo, por lo que le daría al menos ese gusto.
—Hasta ahora todo va bien. Él es muy lindo y parece querer algo serio. Creo que la relación tiene futuro, lo que me tranquiliza bastante. Suele ser algo empalagoso, pero no está mal— admitió con cierta pena.
Jun apretó una de sus mejillas, sonriendo ampliamente.
—Son tan lindos.
—Ni tanto— suspiró. Necesitaba compensar tanta dulzura de alguna forma —¿Sabías que una vez golpe a Taehyung en un supermercado?—.
—Dime que eso no es reciente.
—No. Pasó hace mucho y aun así se enamoró de mí— soltó una risita. Jun se le unió y soltó un suspiro.
—En nuestra primera cita, Hobi llegó sumamente arreglado, se veía increíble. El problema era que estaba tan nervioso que no se fijó que traía la camisa al revés.
Suga soltó una fuerte carcajada.
—Suena a algo que él haría— se acercó los ojos —Por cierto, no vas a creer lo que pasó el otro día—.
—¿Qué sucedió?— Suga, con gusto, comenzó a contarle todo con lujo de detalle. Realmente disfrutaba poder pasar momentos como esos con Jun.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Jimin entró a la academia sin encontrar a nadie en ella. Normalmente, a esa hora ya estaría llena de personas. En realidad, en un día normal, el joven bailarín iría sumamente tarde para su primera clase, sin embargo, no era el caso. El joven jamás llegaba tarde, sabía que debía dar lo mejor por sus alumnos. El principal motivo por el que había sido tan laxo con sus horarios ese día era porque no tenía nada que hacer ahí.
Se trataba del cumpleaños de la coordinadora general, quien había cancelado todas las clases de aquel día para organizar una comida a la que estudiantes y docentes estaban invitados. Jimin tuvo la intención de ir a pasar un buen rato al inicio, pero iba muy atrasado con la coreografía del semestre, así que al final optó por aprovechara el tiempo y los espacios libres de la academia para terminar de montarla. Aunque la directora se negó al principio a darle permiso de entrar, aún cuando no fuera a haber nadie más, finalmente cedió antes la insistencia del chico, convencida de que solo así podrían tener el mismo éxito que en el festival pasado.
Por supuesto que el rubio había ido con toda la intención de avanzar con la coreografía, desafortunadamente, hasta el momento, no había hecho gran cosa. Cuando entró, tomó uno de los primeros salones y puso la canción para poder pensar qué pasos quedarían, el problema era que le estaba costando demasiado concentrarse. Su mente divagaba demasiado desde hace unos días y él sabía perfectamente cuál era el motivo. Hoseok le había dado mucho en que pensar con la conversación que tuvieron respecto a su vida. Era como si pudiera ver las cosas con más claridad que cuando él trató de resolverlo todo por cuenta propia.
El joven bailarín siempre se había sentido culpable por todo lo que había pasado con Suga y Jungkook, sin embargo, nunca notó que lo estaba viendo desde una perspectiva sumamente victimizante. Se sentía mal, pero por la manera en que eso lo había afectado a él. Hasta ahora se daba cuenta de que no, no era víctima de nada, él mismo había tomado las decisiones que llevaron a que su relación con Suga acabará de la manera en que lo hizo. Era responsable por ello, tanto como Jungkook al tratar de conquistarlo a sabiendas de que ya estaba con alguien más. No tenía ningún derecho a enojarse con el abogado.
Ahora que lo pensaba, ya llevaba un tiempo sin saber nada de él. La última vez que lo había visto fue en su última presentación. En aquel entonces sabía que el menor esperaba a que le llamara, pero el rubio estaba tan confundido con lo que sentía por él que no lo hizo. No quería que solo por un sentimiento pasajero terminara cometiendo el error de aceptar de nuevo a Jungkook en su vida. O de rechazarlo. El joven bailarín se derrumbó en el suelo mientras negaba fuertemente.
Era cierto que lo extrañaba. Demasiado, en realidad, pero no podía hacer eso de nuevo. La relación simplemente no tenía futuro alguno y Jimin no quería volver a comprometerse emocionalmente con alguien que no estaba seguro de lo que quería. Por más que la idea de perder al menor le doliese en lo más profundo, lo mejor para ambos era no volver a involucrarse de esa manera. Estaba seguro de que podían llegar a ser amigos con el tiempo, puesto que ahora su deseo de mantener las cosas en paz entre ambos era mucho más fuerte que antes. Si el abogado regresaba a rogarle, se mantendría firme, como debió haber hecho la primera vez. Si el joven simplemente no podía respetar su decisión, entonces Jimin lo echaría definitivamente de su vida.
Lo más inteligente sería ir a platicar con el pelinegro, pero Jimin realmente no tenía prisa ni necesidad de hacerlo. De momento se encontraba más preocupado por arreglar las cosas con Suga. Se paró mientras respiraba hondo, decidiendo que su mayor prioridad sería terminar el baile de una vez por todas. Su clase contaba con él, por lo que no podía defraudarlos. Haría una coreografía que los hiciera brillar, a cada uno de ellos. Si la última vez había sido espectacular, ahora tenía que ser perfecto.
Varias imágenes comenzaron a pasar por su mente y el joven sonrió ampliamente. Prendió su celular y comenzó a grabarse, repitiendo la melodía. Ya sabía qué hacer. A pesar de quedarse sin ideas algunas veces, el joven no dejó de moverse en ningún momento. Estaba seguro de que estaba creando algo hermoso, por lo que no podía permitirse empezar a dudar. No pensaba parar hasta que la música dejara de sonar. Debido a eso, no pudo percatarse del espectador que tenía, quien lo admiraba desde la entrada del salón.
Cuando finalmente acabó, Jimin se quedó en la posición que estaba, con los ojos cerrados y una sonrisa amplia. Al fin lo había logrado, terminó la primera parte. Su plan era que la clase se dividiera en distintos grupos, de manera que todos pudieran destacar. Ya tenía los movimientos de la segunda y tercera, pero la primera le estaba costando más por algún motivo. Se sentía sumamente orgulloso de sí mismo; hizo una reverencia a un público invisible. Fue grande su sorpresa cuando alguien aplaudió. Rápidamente se volteó hacia atrás, tratando de ubicar a su espectador. Ahí se encontraba Jungkook, en toda su gloria y con una sonrisa.
—Estuviste magnífico, Jimin.
El joven bailarín se quedó congelado donde estaba sin saber qué hacer. Varios recuerdos de una situación muy similar comenzaron a pasar por su memoria y fue entonces que actuó. Fue a recoger sus cosas, ya no tenía nada más que hacer en ese lugar.
—Ah no, otra vez no.
—Espera— el joven abogado pareció comprender el pánico del otro, por lo que rápidamente lo tomó del brazo para impedir que se escapara —Prometo que no es como la última vez, solo quiero platicar contigo—.
Jimin miró la mano del menor y luego sus ojos.
—¿Te das cuenta que está siendo exactamente igual que aquella vez?
—No voy a hacerte nada, pero no quiero que huyas. Por favor Jimin, podemos ir a un lugar más abierto si te incomoda tanto estar a solas conmigo, pero necesito que me escuches— prácticamente le estaba suplicando.
El joven bailarín apretó los labios sin estar seguro de aceptar o no. Por un lado, sabía que él también tenía algunas cosas de las que platicar con el pelinegro, más jamás pensó que sería tan pronto. Miró hacia la puerta, notando que estaba completamente abierta. Si las cosas se ponían complicadas, podría escapar sin problema alguno, solo tendría que ser más rápido que el otro. Respiró hondo.
—La puerta se queda abierta y vamos a quedarnos lo más cerca posible de ella, ¿entendido?
—Por supuesto— Jungkook rascó su cuello y respiró hondo —Jimin, llevo un tiempo pensando en esto. En nosotros, quiero decir, y creo que finalmente tomé una decisión. Quiero saber qué piensas al respecto, y claro que respetaré tu decisión al si es que quieres lo contrario. Me gustaría que...—.
—Alto.
—¿Perdón?
—Otra condición— intervino el mayor —Antes de que termines esa oración, quiero que me escuches primero— declaró firmemente; sin espacio para réplicas. Jungkook asintió levemente —Yo también he estado pensando mucho últimamente y lo siento, pero no puedo volver a hacerlo—.
—¿Volver a hacerlo?
—Ser pareja. No puedo. Espero que lo entiendas— miró el suelo —Yo te amaba Jungkook, de verdad. Me da mucho miedo perderte, pero lo que podríamos llegar a tener no sería saludable. Ambos cometimos errores terribles estando en compañía del otro; puede que algunos momentos fueran bonitos, sin embargo, eso no lo justifica— mordió su mejilla por dentro —Me cuesta mucho esto, pero creo que lo mejor es rendirnos, y este vez es en serio. Si no crees poder mantener las cosas platónicas entre nosotros, lo lamento, pero voy a tener que poner distancia entre nosotros— alzó finalmente la vista, esperando encontrarse con el rostro devastado del menor. No porque lo quisiera, sino porque ya se había hecho una idea de lo que Jungkook quería de él. Se sintió que él otro estaba sonriéndole.
—Estoy tan feliz.
—¿Perdón?
—Amo… Jimin, perdón, la decisión que tomé fue la misma que tú— comenzó —Al inicio pensé que debía seguir insistiendo hasta que cedieras y volviéramos a ser tan felices como antes— se apartó ligeramente del otro para no incomodarlo —Pero me di cuenta de que eso no iba a ser posible, no después de todo lo que te hice. Lo siento tanto Jimin, en serio lo hago. Pensé que podría hacerlo y aun así estar contigo sin tomar en cuenta tus sentimientos. Eres lo mejor que me pudo haber pasado y aun así lo tire todo a la basura, no merezco una segunda oportunidad. Te mereces a alguien que sepa respetarte y quererte— se quedó en silencio por algunos segundos —Sin embargo, no quiero perderte. Tal vez no podamos ser lo que éramos, pero antes de ser mi novio, fuiste mi mejor amigo. Si es posible, al menos quisiera poder conservar eso— le sonrió —Te prometo que jamás volveré a intentar algo más contigo, solo quiero ser capaz de quedarme a tu lado—.
Jimin estaba en shock. De todas las cosas que esperaba escuchar de aquel joven, esa era la última de ellas. Se acercó y lo tomó de las manos.
—¿De… de verdad quieres eso?
—Por supuesto que sí. Eres una persona maravillosa, ¿quién no querría ser tu amigo?— miró sus manos cuando el otro las tomó —Aunque tampoco quiero obligarte. Entiendo que no confíes en mí, por lo que si consideras que lo mejor es que no volvamos a hablar, lo entenderé. Esta vez quiero hacer lo que te haga feliz a ti, Jimin. No te mereces nada menos que eso—.
El bailarín no estaba seguro de ello, pero no quiso decir nada al respecto. Acarició la mano del otro, mirándola fijamente, acercándose poco a poco. Fue el rubio quien tomó la iniciativa esta vez, abrazando con fuerza al abogado.
—No sé si mejores, pero creo que podríamos volver a ser amigos— se apartó para verlo mejor —Solo si prometes que hasta ahí—.
—Lo juro. Amigos y nada más. Estaré más que feliz solo con eso.
Ambos jóvenes se rieron y juntaron sus frentes con amplias sonrisas en sus rostros. Aún se querían, con todo su corazón, pero eso ya no era amor. Puede que la vida los haya juntado, pero no por el motivo que pensaron. Así estaba mejor, habían subestimado gravemente lo bonita que podía ser la amistad.
—¿Por qué está tan vacío el lugar, por cierto? ¿Que normalmente no tienen clase a esta hora?— Jungkook se apartó para sentarse en una esquina —Casi me voy porque pensé que estaba vacío—.
Jimin lo siguió, tomando lugar a un lado suyo.
—Hoy no, es cumpleaños de la coordinadora y, como siempre, hizo una fiesta.
—Oh, claro— el joven abogado sonrió con nostalgia —Todavía recuerdo cuando nos invitaste a Taehyung y a mí el año pasado—.
—Ni lo menciones, todavía tengo pesadillas con eso.
—¿Por qué lo dices? Fue divertido.
—Jungkook, Taehyung se puso tan borracho que trato de besar al esposo de mi coordinadora, no sin antes haberse quitado el saco y la camisa— Jimin se quedó pensando —Ahora que lo pienso, no sé cómo no me di cuenta de lo destruye hogares que era—.
—Oh vamos, no todo fue malo. ¿No recuerdas que después de que intentaramos apartarlo comenzó a bailar alrededor del señor, lanzándole varias servilletas porque había visto en un documental que así es como los pájaros atraían a sus potenciales parejas?—
Jimin soltó una carcajada.
—Eso sí fue algo chistoso— se estiró —Lo peor es que creo que funcionó. Quiero decir, no puedo culparlo, Taehyung tiene el cuerpo de un dios griego—.
—Estoy comenzando a pensar que funcionó en más de uno.
El bailarín le dio un ligero golpe en el hombro de manera amistosa. Miró el techo.
—Claro que lo hizo, por algo te acostaste con él.
—Jimin...
—Estoy bromeando— miró sus manos —Aunque las fiestas que hacíamos nosotros siete eran más divertidas—.
Jungkook lo miró y su mirada se iluminó.
—¿Y si hacemos una?
—¿Cómo?
—¡Sí!— se quedó pensando por unos momentos —¿Y si reunimos a todos y hacemos una fiesta?—.
—No lo sé, Jungkook— comentó el otro con severidad —Quiero decir, por supuesto que me agrada la idea, pero no creo que sea necesario recordarte que hay muchos que todavía no se hablan por lo que pasó—.
—Podemos arreglarlo, estoy seguro de eso— el abogado estaba siendo demasiado optimista aquel día —Ya estamos tú y yo, y ya hice las paces con algunos de ellos. Yo creo que podemos lograrlo, pero necesito tu ayuda para empezar— le extendió su mano —Solo piensa en lo divertido que era. De verdad extraño eso, ¿tú no?—.
El rubio asintió levemente y miró la mano del otro.
—¿De verdad crees que vayan a querer?
—Si no quieren, vamos a insistir hasta que se fastidien y acepten.
—Tú en serio no sabes cómo rendirte, ¿eh?
—¿Qué esperas de mí? Soy abogado después de todo.
Jimin asintió levemente y estrechó la mano del otro, cerrando el trato.
—De acuerdo. Voy a ayudarte, pero tú te encargas de las invitaciones.
—¿Y tú qué vas a hacer?
—Los preparativos, obviamente— puso las manos en sus caderas —¿Dónde planeabas hacerla? ¿Qué vamos a comer? ¿Qué hay de la música?—.
—Okay, ya entendí tu punto. Tienes muchas cosas que hacer— se cruzó de brazos —Pero sé que estás haciendo esto para no hablar con Suga— lo miró de forma acusatoria.
—Quiera o no lo voy a ver en la fiesta, sí es que acepta— afirmó —Después me preocuparé por eso. Por ahora, ¿qué te parece si la hacemos en nuestro… en mi apartamento?—.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Suga había pasado por varias circunstancias sumamente incómodas a lo largo de su vida, por lo que quería pensar que ya era inmune al terrible sentimiento que solía acompañarlas. Era detestable, por lo que prefería no sentir nada. En aquel momento parecía que la vida le estaba pasando factura por tanta indiferencia, haciendo que aquella sensación fuera el doble de desagradable.
Esta era la situación: últimamente, el chico había estado más tiempo en el apartamento de Taehyung que en el suyo, tanto porque quería pasar el mayor tiempo posible con su novio, como porque seguía evitando a su compañero de cuarto. Estaba triste. Realmente lo extrañaba, pero su enojo era mayor. Simplemente no estaba listo para verlo, sabía que no sería capaz de controlarse y terminaría diciendo algo que acabara con su amistad definitivamente, si es que ésta seguía existiendo o si es que lo hizo alguna vez.
El mayor iba de vez en cuando a su apartamento por más ropa y para dejar la que había utilizado en la semana. Al hacerlo, siempre procuraba que fuera en un horario en el que Namjoon no estuviera en casa o se encontrara dormido. Generalmente solía acertar, por lo que aquel día iba confiado en que tendría la misma suerte de siempre. En cuanto abrió la puerta y se encontró al otro sentado en el sillón de la sala, viéndolo como si se tratará de un fantasma, cayó en cuenta de que debió haberse tardado más en el camino. Por primera vez había fallado.
Tan solo le dedicó una breve mirada e ingresó al lugar sin decir una sola palabra. El castaño tampoco hizo algún intento por detenerlo, permaneciendo rígido en su asiento. Se hizo un silencio sumamente desagradable en el lugar, incomodando a ambos jóvenes. Sugasolo quería acabar rápido con aquello.
Fue hacía su cajón y comenzó a sacar varias prendas, metiéndolas en la mochila que traía si detenerse a revisar qué se estaba llevando. Si llegaba a faltarle algo simplemente se lo pediría prestado a Taehyung. La mayoría de sus prendas le quedaban exageradamente grandes, pero tenía algunas que le llegaban a quedar. Su novio siempre le molestaba mencionando que muchas de ellas eran de cuando iba en preparatoria. El mayor quería pensar que lo decía para fastidiarlo, pero viendo el estilo de muchas de ellas, tuvo que aceptar con todo el dolor de su corazón que probablemente estaba diciendo la verdad.
—¿Cómo está Taehyung?
Suga volteó hacia atrás al percatarse de que alguien se había atrevido a romper el silencio y que, además, se estaba dirigiendo a él. Namjoon se encontraba detrás de él con una sonrisa nerviosa. El mayor volteó nuevamente hacia el cajón mientras reanudaba su tarea.
—Bien.
—Oh— el menor frotó sus manos —Me alegra mucho escuchar eso— no obtuvo respuesta después de eso, lo que lo puso más tenso. El valor que había logrado reunir estaba comenzando a esfumarse. Había prometido que trataría de arreglar las cosas con su mejor amigo, pero ya no estaba seguro de poder hacerlo. Vio como el otro cerraba el cajón y entró en pánico —¿Podemos hablar?—.
—Pensé que "no querías hablar y mucho menos conmigo".
Namjoon apretó los labios, mirando el suelo.
—En serio lo siento, no quise decir eso Yoon Gi, es solo que estaba muy nervioso ese día.
—Pues pareciera que siempre estás nervioso porque nunca me dices nada— puso la mochila en su hombro —Ya me cansé, Namjoon— comenzó a dirigirse hacia la salida —No estoy de humor para rogarte, ya no. Si no confiabas en mí pudiste decirlo desde un inicio para no caer en la estúpida idea de que éramos amigos—.
—L-lo somos Suga— el otro lo siguió, apresurado —No se trata de que no confiara en ti, solo tenía miedo—.
—¿Miedo de qué? Dios, tan solo quería que fueras honesto conmigo, no que mataras a alguien— finalmente volteó a verlo, sumamente furioso —¿Qué tan complicado era eso? No importa lo que me hubieras dicho, yo jamás te habría juzgado o apartado de mí. En serio me importas Namjoon. ¿Qué clase de monstruo crees que soy?—.
El menor suspiró y asintió.
—Simplemente pensaba que no debía contártelo, que tenía que resolverlo por mi cuenta. Ya había involucrado a Jungkook en esto, no quería involucrar a nadie más— vio como la expresión del otro se volvía amarga —Jamás imaginé que eso te lastimaría. Ahora entiendo cómo te hice sentir y quiero arreglarlo— Suga seguía viéndolo con severidad. Namjoon caminó hasta su cama y le indicó al otro que se sentara frente a él. Por uno momento, el mayor no se movió de donde estaba, pero terminó cediendo. El menor sonrió levemente —Sé que es muy tarde ya, pero me gustaría hablarte acerca de todo lo que ha estado pensando y esta vez seré completamente sincero al respecto… si aun te interesa saber, claro—.
El mayor se encogió de hombros.
—Tienes razón, ya es muy tarde, pero tengo tiempo— El rubio se acomodó —No esperes nada de esto—.
Namjoon asintió y respiró hondo. Podía con eso. Ya lo había hecho una vez, podía hacerlo una segunda.
—Verás, cuando estaba en preparatoria, mi papá fue diagnosticado con Demencia Senil— la expresión del rubio cambió, estaba en shock. Ya era algo. —No quiero hacer el cuento largo, así que solo diré que tuvimos que empezar a invertir en su tratamiento. Nunca fuimos ricos, por lo que tuve que salir de la escuela para ayudar a mi mamá económicamente. Gracias al cielo, para ese entonces Jungkook ya se había graduado y estaba ejerciendo, por lo que fue capaz de ayudarnos con algunos problemas legales. Mi mamá ya no está en condiciones de trabajar, lo que significa que ahora todo recae en mí. No ha sido fácil, realmente no me pagan lo suficiente; apenas suelo alcanzar a pagar las mensualidades del asilo— dejó de mirar a su amigo —Hace poco Jin se enteró y ha estado ayudandome. Creo que fue ahí cuando caí en cuenta de que no tiene nada de malo hablar de esto con otras personas, pedir ayuda— tragó ligeramente —Es por ello que lamento no haberte hablado de esto, Suga. Eras mi mejor amigo, aun si no hubieras podido hacer algo para ayudarme, siempre estabas ahí para apoyarme. Realmente no existía un motivo por el cual ocultártelo. Antes pensaba que te estaba protegiendo de esto, pero al único que intentaba resguardar era a mí. Perdón si te hice creer que no te apreciaba, en serio lo hago, solo fui un estúpido. Por favor no me odies—.
Suga no contestó. El castaño alzó la vista para poder verlo a los ojos. El mayor tenía la cara recargada en sus manos, impidiéndole ver su expresión.
—¿Suga?
—Hubiera deseado que me dijeras esto desde el inicio— repentinamente habló el mayor, haciendo que pegara un brinco —Todavía sigo molesto contigo, en especial porque confiaste en Jin antes que en mí— continuó. Namjoon se lo esperaba, al menos lo había intentado —Pero no te odio., jamás podría hacerlo— alzó la vista, luciendo sumamente triste —Sé que no puedo hacer mucho por ti, Namjoon. No creo que hubiera podido apoyarte económicamente, pero al menos hubiera buscado otra manera para que no te sintieras solo—.
—Lo sé, Suga. Ahora lo sé, debí haber confiado más en ti.
—¡Y vaya que sí!
—Lo siento— lo miró a los ojos —Te prometo que esto no va a volver a pasar. No pienso guardarme las cosas otra vez y jamás voy a volver a hacerte sentir como si no me importaras— sus labios temblaban ligeramente —Eres mi mejor amigo, te extraño—.
Suga lo miró y se dio cuenta de que ya no podía permanecer más tiempo enojado con él. También lo extrañaba demasiado.
—Más te vale que cumplas tu promesa— eso fue lo que salió de su boca, iba a corregirse cuando vio que el otro simplemente se rió.
—Lo haré, ya verás— le sonrió, haciendo que sus hoyuelos se marcaran —Me alegra ver que todo vuelve a ser igual entre nosotros—.
El rubio le sonrió finalmente y fue a su lado para poder abrazarlo.
—¿Alguna vez te he dicho que eres el torpe más adorable que he conocido?
—Varias veces.
—Bien.
Namjoon soltó una risita, sintiéndose completamente feliz mientras aferraba al otro.
—Hace tanto que no te veía, comenzaba a olvidar tu rostro. Hasta creí que te habías mudado.
Suga apretó sus labios y asintió.
—De hecho… hay algo de lo que me gustaría hablarte— el menor se apartó para poder escuchar a su amigo con atención —Como veo que ya sabes, llevó un tiempo durmiendo en casa de Taehyung—.
—Ah, sí. Antes de que continúes, felicidades. Me alegra que el plan de Taehyung haya funcionado.
—¡¿Tú también?! ¿A cuántas personas más involucró este hombre?
—A bastantes en realidad— admitió el castaño —Al inicio no estaba seguro, pero cuando vi lo elaborado que era, me di cuenta de que iba en serio. Él de verdad te quiere Suga—.
El mencionado se sonrojó y sonrió levemente.
—Lo sé— aclaró su garganta —¿Qué fue lo que hiciste tú exactamente?—.
—Uhm— Namjoon se acomodó en su lugar —No puedo decirte, te tiene preparada otra sorpresa—.
—¿O-otra?— se sonrojó aún más. No podía ser que fuera a pedirle matrimonio, eso sería demasiado —Mira, como sea. Ya me enteraré después— Suga retomó el hilo de la conversación por el bien de su salud mental —El punto es que he estado pasando mucho tiempo con él y... me pidió que me mudara con él— la expresión de Namjoon se volvió triste —No he aceptado, aún no estoy seguro—.
—¿Por qué no?
—Bueno... en primer lugar, no quiero dejarte solo. Acabamos de reconciliarnos, no podría ser el momento menos indicado para que me vaya— encajó sus uñas levemente en sus manos —Y tengo miedo. Fue justo cuando Jimin me propuso que viviéramos juntos que nuestra relación se fue a la basura, no quiero que eso vuelva a pasar. Además, llevamos muy poco tiempo juntos—.
—Yo creo que deberías hacerlo Suga— el mayor parpadeó, mirando al otro en shock —No tienes que preocuparte por mí. Aún si no vives aquí, sé que siempre voy a poder contar contigo. No voy a estar solo— le sonrió —Y en segunda, él no es Jimin. No es lo mismo y creo que hasta tú te das cuenta de eso. Esto es genuino. Créeme cuando te digo que él estaría dispuesto de hacer lo que sea con tal de que seas feliz. Dudo mucho que alguna vez te vaya a fallar o vaya a lastimarte como Jimin lo hizo— acarició levemente su mano —No creo que el amor pueda medirse en tiempo, Suga. Hay relaciones que progresan mucho más rápido que otras y eso no tiene nada de malo. Hay algunas que duran años y simplemente no funcionan, mientras que otras llevan meses y lo hacen mucho mejor que las primeras. No tengas miedo a entregarte y menos cuando tienes a una persona tan comprometida a tu lado—.
Suga se veía sumamente vulnerable en aquel momento.
—¿De verdad crees que es una buena idea?
—¿Quieres estar con él? ¿Te hace feliz?
El mayor meditó aquello por algunos segundos, ya sabía la respuesta.
—Sí. Sí lo hace.
—Entonces no tienes nada que perder.
Suga aún estaba algo dudoso respecto al tema, pero no quería hablar más de ello, por lo que simplemente asintió. Namjoon sonrió ampliamente y palmeó su espalda en señal de aprobación. El mayor soltó un suspiro y se acostó en la cama.
—¿A ti cómo te va, por cierto? ¿Ha pasado algo con Jin?
La sonrisa del castaño se volvió hizo más grande y boba que en un inicio. Juntó ambas manos.
—En realidad ya somos pareja.
—oh, que bien— Suga se quedó mirando el techo cuando, de repente, terminó de procesar lo que el menor acababa de decir, atragantándose con su propia saliva. Se incorporó para poder controlar su respiración y miró al otro —¡¿Qué?!—.
—¿Tan difícil es de creer?
—No… bueno sí, la verdad, pero no por ti. No pensé que Jin fuera capaz de amar a otra persona que no fuera sí mismo— admitió sin vergüenza —¿Cuándo pasó eso?—.
Namjoon asintió y comenzó a narrar todo lo que había ocurrido aquella mañana más algunos detalles para dar contexto.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Cuando Suga entró al apartamento de Taehyung, se sentía sumamente abrumado por todo las cosas que había descubierto aquel día con respecto a su mejor amigo. Siempre había soñado con que el otro le contara más acerca de su vida y todo lo que sentía y pensaba. Jamás pensó que sería tan duro.
No se quejaba en lo absoluto. Le alegraba que, por primera vez, de verdad había visto a Namjoon en sus verdaderos colores. Sin embargo, había sido un muy corto tiempo y demasiada información para que su pobre corazón pudiera digerirla. Esa noche no iba a poder descansar tranquilo, tenía muchas cosas en las que pensar. Su tren de pensamientos fue interrumpido por el repentino ataque de alguien. El mayor cayó al suelo junto a su novio, quien se aferraba a él con fuerza.
—¡Yogi! ¡Llegaste!
—¡¿Estás demente o qué?!
—¡Es que me tenías preocupado!— se quejó el menor, mirándolo a los ojos con un ligero puchero —Te tardaste más de lo normal. Creí que me habías dejado para irte con tu amante— el tono de voz que estaba utilizando era ridículamente dramático, por lo que Suga no prestó real atención a lo que le estaba diciendo.
Apartó al menor con cierta dificultad para después incorporarse y recoger sus cosas. Limpió algo de polvo invisible de sus pantalones y comenzó a caminar hacia la cocina para dejar algunas bolsas de mandado que traía consigo. Taehyung lo siguió como si de un pollito se tratase.
—Perdón. Te iba a avisar, pero lo olvidé. Además de ir al supermercado, pasé a mi apartamento por algo de ropa— el mayor se detuvo abruptamente y volteó hacia atrás con el ceño fruncido —Espera un segundo... ¿Es en serio, Taehyung?—.
El profesor lo miró, ligeramente confundido.
—¿Qué?
—¿Amante?— El rubio se sentía sumamente ofendido porque el profesor no confiara en él, además de algo herido —Ni siquiera llevamos una semana de relación, ¿y ya dudas de mí?— furioso, retomó su camino, dejando con cierta brusquedad las cosas sobre la mesa de la cocina y recargándose en la barra con los brazos cruzados. Taehyung se sentó en un banco, mirando al otro, algo confundido ante el repentino arranque de su novio. No terminaba de comprender por qué estaba tan molesto —¿Cuál era el punto de iniciar una relación conmigo si ni siquiera confías en mí?—.
El menor tardó un rato en procesar lo que el otro le estaba reclamando. Abrió los ojos, espantado, y negó rápidamente.
—No, no. Sólo estaba jugando, no hablaba en serio— Suga no lo miraba —Perdoname vida, de verdad confío en ti. Sé que jamás serías capaz de hacer algo así—.
El rubio seguía con el rostro volteado, pero no porque estuviera molesto, debido a que su mal humor disminuyó al escuchar el lindo sobrenombre, sino por una cuestión de orgullo.
—Bien, porque yo no soy Jungkook. Que te quede claro.
Taehyung recargó su cara en su mano, viendo al otro con profundo amor. Suga se veía tan lindo tratando de fingir que seguía molesto aún cuando era más que evidente que no era así.
—Lo sé.
El rubio aclaró su garganta y puso su mano en su nuca, por fin volteando su cabeza, tratando de disimular el pequeño sonrojo que se había formado en su rostro. Apuntó hacia las bolsas.
—Traje lo que me pediste.
Taehyung sonrió y comenzó a examinarlas, checando que no faltara nada. Frotó sus manos contento y comenzó a guardar los artículos en sus respectivos lugares.
—Perfecto, trajiste exactamente todo lo que te pedí. Tengo al mejor novio de todo el mundo.
Suga soltó un bufido.
—Bueno fuiste muy preciso con tu lista, no existía manera alguna de que pudiera equivocarme— Suga ayudó al chico a guardar las cosas que quedaban —Listo—.
—¿Pasaste por tu apartamento también, entonces?
—Sí, necesitaba más ropa.
—Me hubieras dicho y te compraba algo.
—Gracias, pero estoy satisfecho con lo que tengo.
Taehyung volvió a tomar asiento y se estiró levemente.
—¿Hablaste con Namjoon?
—Sí. Esta vez fallé y lo encontré despierto.
—Vaya, espero no se haya puesto feo.
Suga rió ligeramente y miró el techo con una sonrisa.
—En realidad no— tomó una manzana y comenzó a comersela —Al inicio le grité porque seguía molesto por lo que pasó la última vez. Se disculpó y después de eso nos pusimos a platicar. No sé, siento que las cosas van a mejorar entre nosotros desde hoy—.
—Si no confiara plenamente en tí, porque creeme que lo hago, estaría celoso.
El mayor le lanzó la fruta, acertando en la nariz del profesor, quien se quejó al recibir el golpe. Suga se sentía orgulloso de su puntería.
—Que bueno que lo haces, porque no hay ningún motivo por el cual estar celoso— afirmó —Aún cuando lo hubiera, Namjoon ya está con alguien más y, a diferencia de otros, yo sí sé respetar una relación—.
Taehyung no se tomó a pecho ninguno de los comentarios de su novio.
—¿En serio? ¿Con quién?
—Con el gran Kim Seok Jin.
—¡¿Qué?!— Suga estaba algo aliviado de descubrir que no era el único en reaccionar así —¿Desde cuando a Jin le gusta Namjoon?—.
—Ni idea, se supone que su mejor amigo eras tú— recogió el alimento que había terminado en el suelo después de impactar contra el rostro del menor —Pero, al parecer, justo hoy fue a nuestro apartamento y se le confesó. Estoy muy feliz por ellos, Namjoon lleva enamorado de él desde que estábamos juntos. Ya era hora—.
El profesor se encontraba mirando sus manos con una expresión pensativa en el rostro. Sonrió.
—También me alegro mucho por ellos, espero poder verlos pronto para felicitarlos— el menor pronto recordó algo que tenía que hacer ese mismo día —¿Solo hablaron de eso?—.
—No. Estaba también todo el tema de los problemas de Namjoon, el motivo por el que nos peleamos— miró hacia otro lado, avergonzado —También le comenté sobre mudarme contigo, me dio todo un sermón—.
El menor ya iba a retirarse de la cocina cuando escuchó lo que el mayor había dicho y regresó, sumamente interesado en el tema. Lo miró con curiosidad.
—¿Y qué fue lo que te dijo?
—Que debería hacerlo.
—Se nota que Namjoon es una persona muy inteligente— Taehyung se acercó más a él—¿Y ya tomaste una decisión?—.
Suga bajó su vista y negó.
—Necesito más tiempo, Tae. Entiende que no es algo fácil para mí— cuando iba a conectar miradas con él, notó que su novio ya no se encontraba en el cuarto —Gracias por dejarme hablando solo— comenzó a buscar entre los estantes algo que pudiera cenar. Realmente tenía mucha hambre.
A penas estaba husmeando el segundo estante de la cocina cuando alguien tocó su hombro, tratando de llamar su atención.
—¿Qué quieres Taehyung?
—Por favor volteate, hay algo que quiero darte.
Suga suspiró y dejó de lado su labor de encontrar algo que comer. El tono del chico había sido demasiado serio, por lo que se trataba de algo sumamente importante. Miró al chico, quien le sonreía, sin entender realmente de qué se trataba. Bajó la vista hacia las manos del más alto, en donde sostenía una pequeña cajita. El mayor abrió los ojos como platos. Su sorpresa fue aún más grande cuando Taehyung la abrió, revelando el anillo más precioso que el mayor hubiera visto jamás. Cubrió su boca con ambas manos.
—¿Es…?
—No es un anillo de compromiso, aunque tampoco descartó la opción de que eso pueda pasar en un futuro— depositó un beso en la frente del otro mientras sacaba el pequeño accesorio y lo colocaba en uno de los dedos del mayor —Te amo tanto Suga y no sabes cuántas ganas tenía de darte esto. Te queda perfecto—.
El chico se quedó viendo su mano, todavía en shock, y después a su novio. Una amplia sonrisa se dibujó en su rostro. Lo abrazó con fuerza.
—Dios, Taehyung… gracias, es hermoso.
—Tenía que estar a tu nivel después de todo— el más alto aprovechó la oportunidad para tomar de las piernas al rubio y cargarlo para poder abrazarlo con mayor facilidad. Antes, Suga se hubiera quejado, argumentando que no podía hacer lo quisiera con él como si fuera algún muñeco de trapo, pero eso no era relevante en aquel instante. Estaba feliz, verdaderamente feliz.
Al estar tan cerca del menor pudo finalmente percatarse de un detalle que no había notado al inicio.
—¿Por qué estás en ropa interior?
—Es que… me acabo de bañar.
—¿Y por qué tu cabello no está mojado entonces?— Taehyung se le quedó mirando con una sonrisa traviesa, el mayor lo fulminó sus ojos —Ya sé que está pasando aquí: el del amante eres tú. Apuesto a que los interrumpí cuando llegué, está escondido en el armario ¿no es así?—.
Taehyung soltó una fuerte carcajada y negó divertido. Se acercó al oído del otro.
—Al contrario, estoy en ropa interior porque mi amante acaba de llegar— susurró en su oído con voz ronca. Suga tembló ligeramente.
—¿A qué te refieres?
El chico comenzó a besar su mentón, bajando por su cuello hasta llegar a sus clavículas, haciendo que el mayor cerrara los ojos y soltara un leve gemido.
—¿Qué tal si vamos al cuarto y te lo explico?— la sonrisa del menor ahora tenía una chispa diferente. No esperó a que el otro contestara, comenzó a caminar hacia su habitación, aun cargando a su novio, mientras mordía su hombro.
—¡Taehyung, sin marcas!
