"Rasgando razones"

Sábado 15/05/1999

—¿Recuerdas cuando te conté que la señora Weasley se había vuelto loca en la oficina principal? —preguntó Ron, mordiendo una fresa con demasiada brusquedad—. Pues Greg tiene escrito sobre ello en su investigación ¡Él será un gran Capitán! —exclamó con orgullo, tomando otra fresa del refractario, Hermione sonríe y asiente—. Dice que los estaba amenazado, para que, si citaban a Percy en el Wizengamot, ellos afirmaran que estuvo en la Academia preguntando por fechas de ingreso o alguna estupidez que lo despistara.

—No estábamos tan lejos cuando creímos que el infiltrado era Molly Weasley —comentó la castaña, apenas mordisqueando una fresa.

—Mhm —Ron dejó la hojita de la fresa sobre la servilleta mientras masticaba con rapidez—. Es que la señora Weasley se mueve a través de personas, y Percy va personalmente, él lo hace.

—Que idiota —bufó Hermione—. Inteligente, pero idiota.

—Supongo que es valiente —Ron se encogió de hombros y tomó otra fresa, pero no la mordió—. El arriesga su propio pellejo, eso es valiente… bueno, estuvo en Gryffindor, no es para menos —mordió toda la fresa y observó las hojitas pensativo—. De hecho toda su familia estuvo en Gryffindor.

A Hermione le da un vuelco en el estómago cuando lo escucha. Respira profundo y deja la fresa en su propia servilleta, en cuanto Ron deja sus hojitas en la suya se apresura a tomar sus manos y observar sus ojos, intentando transmitir la tranquilidad que no sentía.

—Ron, sé que me pediste que dejara de buscar a tus padres —la expresión de Ron se descompuso y todo su cuerpo se tensó. Hermione suspiró y tomó con fuerza sus manos—. Lo dejé se hacer, lo prometo, pero hace un par de meses Carlota Christen, la que hace los registros de magos y brujas en Inglaterra, me envió una carta —tragó en seco y acarició las manos ajenas—. Decía que uno de sus compañeros de trabajo estaba desaparecido, y resulta que en su oficina hay magia Prewett ¿Recuerdas que te dije que la magia tiene como ADN?

—Sí, intentaste averiguar quiénes eran mis padres con ese hechizo un montón de veces —masculló, decidido a escuchar y no enfurecerse, Hermione solo quería ayudar.

—Pero no funcionó porque no había con qué o quién comparar tu magia, y en la oficina estaba la magia constante y cotidiana de Milián Croudel'nt y luego estaba la abrupta de los Prewett, Carlota lo descubrió —Ron asiente, siguiendo el hilo que Hermione extiende con rapidez e intriga—. Los señores obviamente están muertos, y tuvieron cuatro hijos, de los cuales dos murieron en la primera guerra y los otros dos son mujeres casadas…

—Molly Weasley y Quinatra Selwyn —interrumpió Ron, asintiendo y comprendiendo. Hermione permaneció callada unos instantes, indignada por no saber ese dato que todo el mundo parecía conocer.

—Si, ellas. Bueno. Descubrimos que Quinatra tiene diarios donde escribe absolutamente todos, y leí dos de ellos —admitió con las mejillas coloreadas, hablando rápido para que Ron no tuviera tiempo de captar los espacios vacíos de su explicación, no podía meter a Harry en esto—. Hablaba de un medimago francés que realiza abortos, con el cual fue a deshacerse de un hijo y con el que Molly Weasley tuvo una aventura, incluso se fueron de la ciudad.

—¿Se fueron los tres de Londres? —interrumpió confundido.

—El medimago es de Francia, se llama Levage Tueur. En 1979 ambas se fueron a Francia, Quinatra abortó un bebé y Molly se fue con el medimago a otra ciudad. Tueur volvió con Quinatra pero ella no le preguntó por Molly. En 1980, Arthur y Molly volvieron con su hermana, embarazada de Ginevra —Ron estaba muy confundido, pero a pesar de eso asintió a Hermione, quién suspiró y se acercó más a Ron—. Busqué a Levage Tueur la semana pasada —confesó en un susurro. Ron abre mucho los ojos y recorre el rostro de la castaña.

—¿Por qué? Hermione eso fue tan…

—Creí que Quinatra podría ser tu madre —intereumpió en un grito, Ron se calló de inmediato—. Ella siempre ha mostrado interés en tus padres, oculta muchas cosas, insistió en invitarte a la fiesta de Navidad, Marianne es cercana a ella ¡Entiende! —lo pide, pero realmente parece una pregunta. Ron suspira y no dice nada—. Fui con Tueur para saber si él sabía algo de tí, de Quinatra o Molly. Le pregunté por Milián Croudel'nt, incluso.

—¿Y?

—Me dijo que él le enseñó a Molly a manipular la mente de las personas con la varita y sin ella —dijo intrigante, relamió sus labios y suspiró—. Hipnosis, Ron.

Ron se hubiera reído de no ser porque conocía de esas malas artes. En tercer año, cuando tomó Adivinación junto con Harry, y una vez que Hermione hubo renunciado a la estúpida materia, ambos se aventuraron al estante de libros de la profesora Trelawney y descubrieron el lado más oscuro de la hipnosis: las repercusiones que tiene en el futuro y la imposibilidad de leer el futuro a cualquiera que esté bajo ella; Harry incluso leyó lo difícil que era aprenderla y mucho más practicarla.

Si el medimago ayudaba a las brujas a abortar no le sorprendería que practicara la hipnosis.

—Y que, si habíamos detectado su magia, había sido un hechizo poderoso —continuó. Tragó y observó a Ron con culpa—. También me dijo que él no sabía nada sobre tí, pero que envió a Molly con un medimago irlandés: Phill Glother.

Hermione siente que un peso le es retirado de los hombros al mismo tiempo que los engranes de su cabeza comienzan a girar y acomodar piezas.

—Ron, Molly Weasley una vez fue a San Mungo a preguntar por Phill Glother, diciendo que ayudó en el parto de su hermana —relame sus labios y respira, para poder seguir hablando sin gritar o explotar—. Pero la señora Selwyn no tiene ni un solo hijo, según Tueur, entonces Molly mintió. Y yo no encontré a ése hombre porque es de Irlanda. Pero Tueur me dijo que pasa ciertas temporadas aquí.

Ron quiere soltar las manos de Hermione cuando comprende a dónde quiere llegar. Ligeramente.

—Está aquí en Londres, Ron —reveló con nerviosismo, Ron suspira y cierra los ojos, como si con ello fuera a evitar que Hermione siguiera hablando—. Iré a hablar con él —reveló en voz baja—, y quisiera que me acompañaras.

Ron asiente como única respuesta, de pronto las fresas le dejan un sabor amargo en la boca y quiere ir con su madre para pedirle que haga recapacitar a Hermione. Peor una pequeñísima parte de él le hace preguntarse ¿De dónde viene?

Pero una vez frente a la pulcra puerta café está decidido a quedarse con la duda para siempre. Hermione toca el timbre y no le da tiempo de pedirle que se vayan, recordarle que esto es una mala idea y que de verdad no quiere estar ahí, no ahora, ni mañana, ni nunca.

Demasiado tarde se da cuenta que no está soñando que de verdad está a punto de preguntarse, y saber la respuesta, qué carajo fue de su familia. Su verdadera familia.

—Buenas tardes ¿Puedo ayudarle? —el hombre abre la puerta y expone todo su cuerpo en el acto. Es delgada, rubio y tiene tres arrugas muy marcadas en la frente.

—¿Es usted Phill Glother? —el hombre asiente y recorre el rostro de Hermione con la mirada—. Soy Hermione Granger, creo que usted puede ayudarme —saludó la muchacha, con una sonrisa amable en el rostro—. Me envió Levage Tueur.

El hombre eleva las cejas, profundizando las arrugas en su frente, pero sonríe después de unos instantes.

—Muy bien, adelante, adelante —se aparta de la puerta y les permite el paso. Ron, que había permanecido a un lado de la puerta, entra detrás de Hermione y el hombre lo observa con ojos muy abiertos, su asombro dura hasta que cierra la puerta—. ¿Les ofresco té, café, agua, vino?

—No, muchas gracias —Hermione sonríe y se sienta en el sofá que el hombre señala.

Nadie dice nada por unos momentos, se dedican a observar sus manos o los rostros ajenos. El hombre mueve con insistencia su pulgar derecho, Ron está dispuesto a pedirle que se detenga cuando vuelve a hablar.

—¿Tú eres el hijo de Marianne Roberts? —preguntó con rapidez, más bien afirmando lo que decía. Ron lo observa con el entrecejo fruncido y asiente con desconfianza.

—¿Cómo… usted conoce a mi madre? —su lengua se traba y parece que quiere estar inmóvil bajo el paladar.

—Solo de vista —se encogió de hombros y junto sus manos sobre su regazo, Hermione interrumpió lo que fuera que iba a decir: —¿De dónde conoce a Tueur?

—¡Oh, Levage! Él fue un buen compañero mío en las prácticas de San Mungo, incluso nos aventuramos un tiempo a la medicina muggle, es bastante tóxica, pero Lev encontró su lado bueno —el hombre se encogió de hombros y sonrió—. Me especializo en ciertas ramas de la medimagia ¿Por qué los ha enviado conmigo?

—Bus… —comenzó Ron, pero Hermione tomó su mano y habló más fuerte, callando lo que Ron pensaba decir.

—¿En qué está especializado, disculpe? —interrumpió Hermione

—Oh, pues soy partero, pocionista y manejo muy bien la oclumancia y la legeremancia para casos de amnesia ¿Puedo ayudarles en algo?

—Realmente no buscamos un servicio —explicó Hermione—, más bien respuestas.

—¿Respuestas? —el hombre miró de soslayo a Ron y carraspeó con incomodidad— Deben saber que hay reglas específicas de confidencialidad entre paciente, medimago y sus casos, sabiendo esto ¿Aún…?

—¿Por qué Tueur envío Molly Weasley con usted? —preguntó Ron abruptamente. Phill lo observó en unos largos y silenciosos segundos antes de suspirar.

—Lo lamento, pero si de la señora Weasley se trata…

—Tueur ya nos ha enviado con usted, nos ha hablado de ella y Quinatra, estoy seguro de que puede decirnos —insistió Ron.

Phil suspira y se inclina sobre sus piernas, dejando su rostro más cerca del de ambos.

—Ella sabría que lo dije —susurró con seriedad e incluso miedo en los ojos—. Ya me está buscando, no puede saber nada.

Ron piensa con rapidez tratando de idear un plan que los ayude y no los delate, que les de ventaja, confianza.

—Señor Glother —Ron tranquiliza su voz y pone sus manos sobre los hombros del hombre—. No tiene nada que temer. Soy Auror, y la señora Weasley es acusada por la sede cinco faltas a la ley —el medimago frunce el entrecejo y vuelve a recorrer el rostro de Ron, que piensa y piensa "manejo muy bien la legeremancia" «Mente en blanco, pon la mente en blanco, no pienses en nada»—. Ha desaparecido un hombre, señor, Milián Croudel'nt.

Escucha la voz de Harry en su oído, como si lo tuviera a un lado, insistiendo en poner la mente en blanco. Imagina un libro narrando en día de hoy, ayer y toda su vida, imagina como lo borra. Y para cuando siente la presencia de alguien en su mente, hojeando el libro en blanco, no puede estar más orgulloso de sí mismo.

—Impenetrable —susurra el hombre, asiente y se deja caer contra sus manos. De pronto empieza a sacudirse y emitir sollozos.

Ron ya no tiene ni idea de qué hacer, perdió el curso de "control a magos con daño emocional" en algún momento del internado, seguramente, porque Harry sabría qué hacer ¡Mione!

—Está bien, señor Glother, puede confiar en nosotros y en qué habrá justicia —habló Hermione, frotando su mano en su espalda a modo de consuelo, Ron hace mucho que apartó sus manos de él.

Phil asiente, solloza y lloriquea por otro rato antes de comenzar a balbucear incoherencias a las que Hermione le da la razón sin dudar.

—Llevo años escondiendo su secreto —balbucea— y de no ser por lo evidente que resulta —sollozó, alzando su rostro, rojo e hinchado, observa a Ron con tristeza—, me lo llevaría a la tumba.

Phill toma las manos de Hermione y Ron con muchísima fuerza, y de pronto Ron está en una sala blanquecina con tres personas en batas verdes, es consciente de que están en San Mungo, recuerda a los sanadores en la habitación de Katie Bell en sexto año vestidos de igual manera. Da un salto en su lugar cuando escuchar un grito de la persona que está acostada en la camilla, y da otro brinco cuando descubre que es Molly Weasley.

Parece que está furiosa. Ahí está Phill, con las mismas arrugas y el cabello oculto por un gracioso gorrito verde. Está junto a Molly, hablando con tranquilidad, ignorando su rostro rojo, lágrimas, sudor y gruñidos. Ron no se acerca, desde donde está escucha lo que Phill repite con tranquilidad.

—Deja la mente en blanco y vislumbra puertas, puedes entrar a la que quieras, y si Lev te enseñó puedes hacer que desaparezcan —dice, con voz calmada y sonrisa pequeña.

—¡Vete al carajo Phill! —gritó, tomando las sábanas entre sus manos y gruñendo con fuerza. Phil mantiene su sonrisa cuando les habla a las dos personas en la habitación.

Ron se aparta a un rincón, viendo fijamente la pared, ignorando la sangre, los gritos, los pedidos, los gruñidos, los pujidos y los alientos de Phill. Hasta que escucha un llanto y la risa de Phill, se atreve a girarse a ver.

Ve como una mujer corta el cordón del que alguna vez Marianne le habló y el cual no recuerda su nombre, escucha el llanto y ve cómo el bebé es cubierto por una manta blanca que mancha de inmediato con sangre que por supuesto no es suya. Escucha su llanto y distingue su cabello, muy claro y dino, incluso sus pequeñas pestañas parecen ser blancas.

—¿Ann? —habla Phill. La mujer que cortó el cordón sube su manga verde, se quita los guantes y escribe en una mesa a su espalda.

—A las veintidós treinta y cinco, primero de marzo de mil novecientos ochenta —a Ron se le detiene el corazón y se atreve a acercarse al bebé. Molly tiene los ojos cerrados cuando Phill se acerca con el bebé en brazos, con él.

—Es precioso, Molly —sonrió Phill, observando al bebé con cariño. La aludida abre los ojos y recorre el pequeño cuerpo con la mirada, después observa a Phill, esperando algo. El medimago asiente y acaricia el cabello que tiene el bebé—. Weasley —susurró. Molly aparta la mirada y la pone donde está Ron, su corazón se brinca un latido, olvidando que él realmente no está ahí; Molly cierra los ojos y suspira.

—Deshazte de él —ordenó. Phill deja de sonreírle al bebé y observa a Molly con ojos muy grandes.

—¿Qué? —exclamó en un susurro incrédulo.

—Lo que oíste —gritó molesta— ¡Deshazte de él!

Phill no dice nada. Le pide al hombre que estuvo presente en el parto que limpie y suba a Molly, no dice dónde. Le entrega el bebé a la mujer y le pide que lo lleve a los cuneros.

La habitación se deshace bajo sus pies pero Ron no se cae, de inmediato hay otro piso bajo sus pies. La habitación es blanca, Molly está recostada en una camilla más alta y Phill tiene un traje de tres piezas café.

—¿A todos? —preguntó Phill. Molly lo observa hastiada.

—Todos —gruñe, poniendo sus dedos en las sienes y ejerciendo presión en ellas—. ¿Te deshiciste de él?

Phill traga y asiente son seriedad, Ron siente claustrofobia en esa habitación tan blanca, tan silenciosa y ram tensa.

—Puedes irte mañana, todos creen que ésta habitación no existe, a menos hasta que te vayas —Molly asiente y hace ademanes para restarle importancia—. Espero que no te arrepientas nunca, Molly. ¿Al menos le pusiste nombre?

La mujer retira sus manos y lo observa con fastidio.

—Jamás, Glother. Nadie puede saber esto ¿Comprendes? Nadie —exige con molestia, casi rabiosa—. Los nombres no son relevantes a menos que sean importantes —bufó molesta, cerrando los ojos y recargando su cabeza en la almohada—. El tendría algo sencillo de olvidar, Tom, Ben, con qué olvidar como Ron o Hann —bufó y volvió a hacer ademanes—. Ya lárgate, espero no volverte a ver en mi vida.

Y Phill sale de la habitación, que se deshace bajo Ron y en menos de un segundo está frente a los cuneros de San Mungo, Phill está oculto en el pasillo que lleva a las escaleras de emergencia, pero ve claramente al bebé pelirrojo frente a las cunas.

—Tiene dos días aquí, pobrecillo —escucha la voz de Marianne y Ron de inmediato va a si lado, se ve más joven y mucho más triste de lo que recuerda. Un joven vestido de verde se acerca a ella con una sonrisa pequeña—. ¿Está enfermo? —preguntó al hombre.

—No, está abandonado —el hombre suspiró y lo observó con tristeza, Marianne abrió mucho los ojos mientras observaba al pequeño dormir—. No tiene padres, tan solo si nombre.

Marianne está a punto de decir algo cuando una joven se acerca sonriente con una tabla en la mano.

—Está todo listo, señora Roberts, todo el hospital le agradece el donativo —habló la muchacha, entregándole unos papeles a Marianne—. Y de parte de todo el personal, le expresamos nuestras condolencias por la pérdida de su marido.

Marianne sonríe y asiente, palmeando el hombro de la joven.

—¿Hay algo en lo que podamos ayudarla? —preguntó la muchacha, observando de reojo al hombre. Marianne no tarda en responder.

—Sí —se gira con el hombre que escribe en una pizarra horarios de visita para los bebés— ¿Qué nombre tiene el pequeño? —el hombre la ve y le sonríe gentil, observa la parte posterior de la pizarra y señala algo.

—Ron —dice con una sonrisa. Ron observa la sonrisa de Phill antes de volver a ver a Marianne.

—Ron —repitió sonriente y con un nuevo brillo en los ojos—. Me gustaría adoptarlo y llevármelo cuánto antes.

La joven sonríe y asiente entusiasmada.

El suelo desaparece y esta vez Ron cae junto con él, choca su mano contra la mesa de centro cuando Phill lo suelta. Él y Hermione tienen las mejillas húmedas y los ojos cristalinos.

—Les modifiqué la memoria a todos —susurró Phill—, para que nadie recordara que estuve ahí, y que Ron estaba abandonado, incluso le borré algunos recuerdos a los del registro mágico —admitió con voz rota, llorando desconsoladamente.

Hermione deja caer sus lágrimas en silencio, escucha al hombre y evita mirarlo. Ron siente que todo está pasando lejos de él, que realmente no está pasando.

—Estoy seguro de que Molly comenzó a buscarme en cuanto ganaron la guerra, tu parecido con Arthur Weasley es innegable —suspiró y le sonrió con tristeza y culpa—. No fui capaz de matarte, yo no soy como Levage, ni siquiera pude modificar completamente la memoria de un inspector —lamentó con nuevas lágrimas en sus ojos.

—Señor —lo llama Hermione, con la respiración agitada y los ojos muy abiertos—, señor Glother, ¿Usted habla de Milián Croudel'nt?

Phill la observa con el entrecejo fruncido antes de que la comprensión invada sus ojos. Asiente y suspira.

—Él iba cada año a ver cómo iba la vida de Marianne, la tuya —le dijo a Ron—. Era obvio que se daría cuenta que no es su madre biológica —suspiró de nuevo y dejó caer los hombros con otro par de lágrimas—. Supongo que él llegó tan lejos en su investigación que incluso llamó la atención de Molly —sollozó y se encogió de hombros—. No sé dónde pueda estar, yo solo le enseñé a entrar en la mente propia y de los demás, no sé qué fue lo aprendió de Tueur, pero si él le enseñó todo, incluso puedo obligar a Milián a lanzarse de un acantilado.

El corazón de Hermione late en su garganta y oídos. Incredula a todo lo que acaba de oír y ver.

—¿La señora Weasley habló con usted… —tanteó Hermione— sobre su embarazo?

Phill asiente ausente antes de observar a Ron a los ojos con culpa y tristeza.

—Lo siento, en verdad lo lamento muchísimo.

Pero Ron no sabe qué es lo que siente el hombre tampoco sabe qué sentir él mismo.

.x.x.x.

Literalmente no he dormido desde que publiqué el capítulo 23, pero en verdad me moría por compartirles esto.

Sé que no aparece ni Harry ni Ginny, directamente, pero era necesario :), además, estamos a 6 capítulo de que esto termine 3.

(Aclaré muchas cosas de éste capítulo en el extra que haré una vez que concluya la historia)

Espero les haya gustado y entiendan que fue lo que pasó :) 3.

¿Qué les pareció?

Dudas.

Teorías.

Comentarios.

¡En fin! Quiero agradecer, esta vez a Danterod10 por sus lindos, extensos y expresivos comentarios sin falta de cierto capítulo hasta ahora. En verdad que los comentarios motivan a seguir escribiendo constantemente :).

¡Muchísimas gracias por leer!

(21/Diciembre/2019. 4:37 A.M.)

-Danny :).