No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa S. M. y la historia es de Sarah J. Maas. Yo solo me divierto un poco.
.
.
.
Edward sabía que Jacob no tenía opción, ninguna otra forma de salir de esa situación, mientras su amigo llevaba a Bella fuera de esa cámara sangrienta, por la escalera de servicio, más y más abajo, hasta que llegaron a las mazmorras del castillo. Él intentó no ver el rostro de Angela, mitad curiosidad, mitad furioso mientras Jacob dejaba a Bella en la celda al lado suya. Cerró con llave la puerta de la celda.
—Déjame darle a ella mi capa – dijo Edward, alcanzando para desatarla.
—No – Dijo Jacob tranquilamente. Su cara estaba todavía sangrando. Ella le había arañado la mejilla, cuatro líneas, con sus uñas. Sus uñas. Por todos los dioses. – No confió en ella con nada ahí excepto el heno.
Jacob ya se había tomado el tiempo para quitarle las armas que le quedaban, incluyendo seis horquillas de aspecto letal de la trenza, y revisado sus botas y túnicas por algunos escondites.
Angela estaba sonriendo débilmente a Bella.
—No la toques, no le hables y no la mires – dijo Jacob, como si ahí no hubiera un muro de barras separando las dos mujeres.
Angela sólo resopló y se acurrucó a su lado. Jacob ladraba órdenes a los guardias sobre los alimentos y raciones de agua, y con qué frecuencia la vigilancia iba a cambiar, y luego se dio la vuelta y salió de la mazmorra.
Edward le siguió silenciosamente. Él no sabía a dónde pertenecía. Hubo oleadas de dolor barriendo sobre él al darse cuenta una y otra vez que Rosalie estaba muerta; estaba el mareo y el terror de lo que había visto en esa habitación, y allí estaba el horror y alivio que de alguna manera había usado su poder para detener la mano de Bella antes de que apuñalara a Jacob, y que nadie excepto Bella se había dado cuenta.
Y cuando ella le siseó… él vio algo tan salvaje en sus ojos que le estremeció.
Estaban a mitad de camino de las escaleras serpenteantes de piedra, afuera de las mazmorras, cuando Jacob de repente paró de andar, poniendo su cabeza entre sus manos.
— ¿Qué he hecho? — susurró Jacob.
Y a pesar de lo que estuviera cambiando entre ellos, él no pudo apartarse de Jacob. No esta noche. No cuando él necesitaba a alguien con quien sentarse cerca, también.
—Dime que pasó — dijo Edward tranquilamente, tomando un asiento en las escaleras al lado de él y mirando dentro de la oscuridad de la escalera.
Así que Jacob lo hizo.
Edward escuchó su relato del secuestro, de algún grupo rebelde tratando de utilizarlo para conseguir que Bella confiara en ellos, de Bella irrumpiendo en el almacén y la masacre de hombres como si fueran nada.
Como el rey le había dicho a Jacob de una amenaza anónima hacia Rosalie hace una semana y la orden de mantener un ojo sobre Rosalie. Como el rey quería interrogar a la princesa, dijo a Jacob que mantuviera a Bella lejos esa noche. Y entonces Garrett, ese hombre al que ella fue enviada a matar hace semanas, explicó que había sido clave para el asesinato de Rosalie. Y cómo Bella corrió desde los suburbios de regreso hasta aquí, para encontrar que ella había llegado demasiado tarde salvar a su amiga...
Había cosas que Jacob seguía sin contarle, pero Edward entendió que era suficiente. Su amigo estaba temblando, que era un horror en sí mismo, otro cimiento deslizándose bajo sus pies.
—Nunca he visto a nadie moverse como ella lo hizo — resopló — nunca he visto a nadie correr así de rápido. Edward, era como… — Jacob sacudió su cabeza – Encontré un caballo pocos segundos después de que ella se fuera, y ella todavía me superó. ¿Quién puede hacer eso?
Edward lo podría haber descartado como un retorcido sentido del tiempo debido al miedo y el dolor, pero había tenido la magia corriendo por sus venas hacía sólo unos momentos.
—No sabía que esto iba a pasar — dijo Jacob, apoyando su frente contra las rodillas. — Si tu padre...
—No fue mi padre —dijo Edward – Cené con mis padres esta noche – Acababa de venir de esa cena cuando Bella paso volando, con un infierno ardiendo en sus ojos. Esa mirada fue suficiente para él para correr detrás de ella, guardias a cuestas, hasta Jacob a punto de chocar en los pasillos. — Mi padre dijo que iba a hablar con Rosalie, después de cenar. Por lo que vi, esto pasó horas antes
—Pero si tu padre no quería su muerte, ¿quién la quería? Tuve patrullas adicionales en alerta ante cualquier amenaza, cogí esos hombres yo mismo. Quienquiera que hizo esto, lo hizo a través de ellos como si fueran nada. Quienquiera que haya hecho esto…
Edward intentó no pensar en la escena del crimen. Uno de los guardias de Jacob había echado un vistazo a los tres cuerpos y vomitó por todo el suelo. Y Bella sólo había estado allí, mirando a Rosalie, como si hubiera sido arrastrada fuera de sí misma.
—El que hizo esto tiene algún tipo de placer enfermizo, sin embargo... — finalizó Jacob.
Los cuerpos pasaron por la mente de Edward de nuevo, cuidadosamente, dispuestos artísticamente.
— ¿Qué quiere decir, sin embargo?
Fue más fácil seguir hablando que tener en cuenta lo que realmente había sucedido. La forma que Bella había mirado sin realmente verlo, la forma en que había apartado sus lágrimas con un dedo, luego rozó sus uñas en el cuello, como si pudiera sentir la sangre de la vida palpitante debajo. Y cuando ella se había lanzado a Jacob…
— ¿Cuánto tiempo la mantendrás aquí? —dijo Edward, mirando hacia debajo de las escaleras.
Ella atacó al capital de la guardia enfrente de sus hombres. Peor que atacado.
—El que sea necesario – dijo Jacob tranquilamente.
— ¿Para qué?
—Para que ella decida no matarnos a todos.
.
.
.
Bella sabía dónde estaba antes de despertar. Y no le importó. Ella estaba viviendo la misma historia una y otra vez.
La noche que había sido capturada estaba tan cerca de matar a la persona que más quería destruir, pero antes alguien la dejó fuera de combate y se despertó en un podrido calabozo. Ella sonrió con amargura mientras abría los ojos. Siempre era la misma historia, la misma pérdida.
Un plato de pan y queso de pasta blanda, junto con un vaso de hierro de agua, yacía sobre la celda. Bella sentó, su cabeza palpitante, y sintió el golpe en el costado de su cráneo.
—Siempre supe que terminarías aquí — dijo Angela desde la celda de al lado de la de ella. — ¿Sus altezas reales se cansaron de ti también?
Bella sacó la bandeja más cerca, luego se apoyó contra la pared de piedra detrás de la paleta de heno.
—Me cansé de ellos — dijo.
— ¿Has matado a alguien especial que lo merezca?
Bella asintió, cerrando sus ojos contra el golpeteo de su mente.
—Casi.
Podía sentir la viscosidad de la sangre en sus manos y debajo de las uñas. La sangre de Jacob. Esperaba que los cuatro arañazos le quedaran marcados. Esperaba que ella nunca volviera a verlo. Si lo hacía, lo mataría. Sabía que el rey quería interrogar Rosalie. Había sabido que el rey, el monstruo más brutal y asesino en el mundo, había querido interrogar a su amiga. Y él no se lo había dicho. No se lo había advertido.
No era el rey, sin embargo. No, no, ella había reunido suficiente en los pocos minutos que había estado en esa habitación para saber que no era obra suya. Pero Jacob todavía había sido advertido sobre la amenaza anónima, había sido consciente de que alguien quería hacer daño a Rosalie. Y él no se lo había dicho.
Era tan estúpidamente honorable y leal al rey que él ni siquiera pensó que ella podría haber hecho algo para evitarlo.
No tenía nada que dar. Después de que ella había perdido a Sam y había sido enviada a Endovier, se había reconstruido a sí misma de nuevo en la desolación de las minas. Y cuando ella había venido, había sido tan tonta como para pensar que Jacob había colocado la última pieza en su sitio. Tan tonta como para pensar, sólo por un momento, que podía acabar en un final feliz.
Pero la muerte era su maldición y su regalo, y la muerte había sido su amiga estos largos, largos años.
—Ellos mataron a Rosalie — ella susurró en la oscuridad.
Necesitando a alguien, nadie, para escuchar que el alma una vez brillante se había extinguido. Saber que Rosalie había estado aquí, en esta tierra, y que ella había sido todo lo bueno y valiente y maravilloso.
Angela se quedó en silencio por un largo momento. Luego dijo en voz baja, como si estuviera operando una sola pieza de la miseria de otro.
—El Duque Newton va a Morath en cinco días, y voy a ir con él. El rey me dijo que bien puedo casarme con él, o pudrirme aquí por el resto de mi vida.
Bella volvió la cabeza y abrió los ojos para encontrar Angela sentado contra la pared, agarrando sus rodillas. Ella estaba aún más sucia y demacrada de lo que había estado hace unas semanas. Seguía sosteniendo la capa de Bella a su alrededor.
—Has traicionado al duque. ¿Por qué él te desea para ser su esposa? – dijo Bella.
— ¿Quién sabe qué juegos juegan estas personas y qué fines tienen en mente? — Angela rió en voz baja. Se frotó las manos sucias en su rostro. — Mis dolores de cabeza son peores — murmuró. — Y esas alas, nunca se detienen.
Mis sueños se han llenado de sombras y alas, había dicho Rosalie; Angela, también.
— ¿Qué tiene que ver una con la otra? — Bella exigió, con palabras fuertes y huecas.
Angela pestañeó, levantando las cejas como si no tuviera ni idea de lo que había dicho.
— ¿Hasta cuándo te mantendrán aquí? — preguntó.
¿Por tratar de matar al capitán de la Guardia? Para siempre, tal vez. A ella no le importaría. Dejen que la ejecuten. Dejen que pongan fin a ella, también.
Rosalie había sido la esperanza de un reino, de muchos reinos.
La corte que Rosalie había soñado nunca sería. Eyllwe nunca sería libre. Bella nunca tendría la oportunidad de decirle que lo sentía por las cosas que le había dicho. Todo lo que quedaban eran las últimas palabras que Rosalie había hablado con ella. Lo último que su amiga había pensado de ella.
No eres nada más que una cobarde.
—Si te dejan salir— dijo Angela, ambas mirando a la oscuridad de las prisiones — asegúrate de que serán castigados algún día. Todos y cada uno de ellos.
Bella escuchó su propia respiración, sintió la sangre de Jacob debajo de sus uñas y la sangre de todos los hombres a los que había derribado, y la frialdad de la habitación de Rosalie, donde la sangre derramada había empapado la cama.
—Lo serán — juró Bella a la oscuridad.
No tenía nada que dar, excepto eso. Hubiera sido mejor si se hubiera quedado en Endovier. Mejor haber muerto allí.
Su cuerpo no se sentía como suyo cuando tiró de la bandeja de la comida hacia ella, el metal raspando contra las viejas piedras húmedas. Ni siquiera estaba hambrienta.
—Ellos drogan el agua con un sedante — dijo Angela mientras Bella cogió la copa de hierro. — Eso es lo que hacen conmigo.
—Bien — dijo Bella y bebió toda la cosa.
Pasaron tres días. Y cada comida que le trajeron a ella estaba drogada con el sedante.
Bella se quedaba mirando el abismo que ahora llenaba sus sueños, tanto para dormir y despertar. El bosque del otro lado había desaparecido, y no había ningún ciervo. Sólo estéril terreno a su alrededor. Desmoronamiento de rocas y un viento feroz que susurraba las palabras una y otra vez.
No eres nada más que un cobarde.
Así Bella bebió el agua drogada cada vez que se la ofrecieron, y se dejó arrastrar.
.
.
.
—Ella bebió el agua hace una hora — dijo Tyler a Jacob en la mañana del cuarto día.
Jacob asintió. Ella estaba inconsciente en el suelo, con el rostro demacrado.
— ¿Ha estado comiendo?
—Un bocado o dos. No ha tratado de escapar. Y no ha dicho una palabra para nosotros, tampoco.
Jacob abrió la puerta de la celda, y Tyler y los otros guardias se tensaron. Pero él no podía soportar otro momento sin verla. Angela dormía al lado, y no se movió mientras caminaba a través de la celda de Bella.
Se arrodilló junto a Bella. Ella olía a sangre vieja, y sus ropas estaban rígidas. Su garganta se apretó.
Arriba en el castillo, había sido un enorme caos en los últimos días. Había hombres peinando el castillo y la ciudad por el asesino de Rosalie. Él ya había ido delante del rey varias veces para tratar de explicar lo que pasó: cómo él mismo había sido secuestrado y cómo, incluso con más hombres vigilando a Rosalie, alguien se les había colado. Se sorprendió de que el rey no le hubiera despedido, o algo peor.
La peor parte fue que el rey parecía petulante. Él no había tenido que ensuciarse las manos para deshacerse de un problema. Su molestia principal era tratar con el alboroto que seguramente sucederá en Eyllwe. No se había ahorrado un momento para llorar a Rosalie, o mostrar un atisbo de remordimiento. Había tomado una sorprendente cantidad de autocontrol para Jacob no estrangular a su propio soberano.
Pero más que su destino dependía de su sumisión y el buen comportamiento. Cuando Jacob había explicado la situación de Bella al rey, que apenas había mirado sorprendido. Él solo dijo mantenla a raya y déjalo así.
Mantenla a raya.
Jacob tomó suavemente a Bella, tratando de no gruñir por el peso, y la llevó fuera de la celda. Él nunca se lo perdonaría por arrojarla en esa mazmorra en descomposición, a pesar de que no había tenido otra opción. Ni siquiera se había permitido dormir en su propia cama, la cama que todavía olía a ella. Se había establecido en la cama esa primera noche y se dio cuenta en donde estaba tirada ella, y optó por su sofá en su lugar. Lo menos que podía hacer era traerla de vuelta a su habitación.
Pero no sabía cómo mantenerla a raya. No sabía cómo arreglar lo que se había roto. Tanto en su interior, y entre ellos. Sus hombres lo flanqueaban mientras la llevaba hasta sus habitaciones
La muerte de Rosalie colgaba alrededor de él siguiendo todos sus pasos. Hacía días que no se había atrevido a mirarse en el espejo. Incluso si no hubiera sido el rey quien ordenó la muerte de Rosalie, si él hubiera advertido a Bella sobre la amenaza desconocida, al menos habría estado atenta. Si Jacob hubiera advertido a Rosalie, sus hombres hubieran estado en alerta, también. A veces la realidad de su decisión lo golpeaba tan fuerte que no podía respirar.
Y luego estaba esta realidad, la realidad que tenía en sus brazos mientras que Tyler abrió la puerta de su habitación. Sue ya estaba esperando, le hacía señas hacia cuarto de baño. Ni siquiera había pensado en eso, que Bella podía necesitar ser aseada antes de meterse en la cama.
No podía mirar a los ojos de la criada, mientras caminaba hacia el cuarto de baño, porque sabía la verdad que iba a encontrar allí.
Se había dado cuenta en el momento en que Bella se había girado hacia él en el dormitorio de Rosalie.
La había perdido.
Y ella nunca, en mil vidas, le permitiría entrar de nuevo a su vida.
.
.
.
Las leo, chicas :3
¡Nos leemos pronto!
