Exclusivas II
Lana se mordió el labio antes de hacer lo que iba a hacer. No es que nunca lo hubiera hecho antes, pero tampoco le era tan habitual. Así que ahí estaba cuidando que su toque fuese lo más suave y a consciencia posible, evitando que las yemas de sus dedos hicieran una tontería. Como dar un like que no estaba autorizado. Los gajes del stalker, pensó. Al fin y al cabo, no era la primera vez que por alguna razón terminaba en el perfil de Jennifer, pero si cometía un desliz como hacerse notar sabía que esta vez no sólo los fans se le echarían encima, sino que posiblemente la propia rubia se mofaría de ella durante años. Aunque lo borrará a tiempo como para que nadie lo viera sabía que la notificación le llegaría a Jenn de inmediato.
Así que si iba a hacer esto, tenía que hacerlo bien. Con cuidado.
Vio las fotografías que Jennifer había escogido los últimos días. Estaba claro que trataba de promocionar su nueva serie y ella entendía perfectamente. Las fotos con sus posibles nuevos compañeros y el hecho de haber sido elegida para una nueva serie eran el evento mediático más importante de su amiga. La vio sonreír en una de las imágenes y sonrío ella por inercia. Si Jenn la viera ahora se mofaría de ella, definitivamente. Le lanzaría alguna de esas idioteces que solía decir.
Recordaba la primera vez que cayó en el perfil de Jenn después de dejar de seguirla. Quizás, dos o tres meses desde su última aparición oficial en OUAT. Verla en esas fotos donde se la veía perfectamente bien y sentirse miserable había sido parte de aquel momento. Ella y su expectativa por algo diferente a lo que tuvo que ver. ¿Qué era lo que esperaba? Quizás que Jenn echará de menos la serie, lo de que la echará de menos a ella lo descartaba. Cuando dejaron de trabajar juntas, le pareció razonable dejar de seguirla. Se convenció a si misma que no tenía ya mayor sentido, pero en el fondo sabía que lo único que le pasaba era que no deseaba verla más. Verla seguir adelante, superarlos a todos le causaba un sentimiento que no podía ni quería definir. Uno que le hacía apretar los dientes con fuerza, casi como cada vez que Jenn actuaba indiferente con ella. Incapaz de soltarse, así se sentía y eso la frustraba.
Aquí estaba de nuevo y agarrándose más fuerte. ¿Acaso no tenía fuerza de voluntad? En dos días, Jenn la había llamado en dos ocasiones, se había presentado en su casa y la había convencido de ir a visitarla en Europa. Le bastaron ¿cuántas?, ¿tres horas de su vida para tenerla comiendo de su mano de nuevo? Apretó los dientes de nuevo sintiéndose demasiado vulnerable. Estaba en un momento de su vida de transición y la aparición de Jenn era algo con lo que empezaba a lidiar. No paraba de tener cambios de humor al pensar en ella. Cambios de humor que, quizás, sólo eran temor o desconfianza.
Jenn no se había comunicado en todo el día y eso la tenía un poco desquiciada. No porque no entendiera que la rubia tenía que atender a sus compromisos, sino porque después de un día escuchándola, leyéndola, quería más. Y el hecho de quererlo le crispaba los nervios a un punto que desconocía. ¿Por qué? ¿Por qué Jenn tenía ese poder sobre ella?
Pasarse el día enfadada no le ayudó a sentirse menos exaltada cuando su teléfono comenzó a sonar a eso de las 5 de la tarde. Se dio de bruces contra la verdad y esa era tan sencilla como que la atención de Jenn llenaba parte de su día, fuera por la novedad o por algo menos superficial que eso. Y nada más empezar la conversación se notó sonriendo. Una frase y ahí estaba, rendida, resignada a agarrarse más fuerte. Que débil resultaba ser.
Se mordió el labio cuando Jenn le manifestó abiertamente haberla stalkeado y se descubrió a si misma casi jugueteando con las palabras cuando la propia actriz le brindó en bandeja aquel "exclusividad". Negaría hasta la muerte que le temblaron los dedos la escribir aquel "tu subconsciente me adora, Jenn" y mientras esperaba la respuesta. Una respuesta que llegó en forma de silencio y que dijo más que un emocionado si o que un disimulado no. Lo dijo todo. Jennifer Morrison en verdad la tenía presente en ese subconsciente suyo. Tanto como para elegirla de entre los mortales que la rodeaban y llamarla.
La excusa era Lola, pero Lana sabía que Jenn quería hablar con ella y eso la conmovía al igual que la consolaba. Esa indefensión que la enfadaba quedaba menos a la vista si eran dos las que se podían dar el gusto de ser vulnerables y necesitar atención.
Lana atendió a la llamada casi de inmediato y puso a Jenn en altavoz.
-Hola – dijo la rubia y Lana pudo oír el asombro en su respiración al oír a Lola ladrar - ¡HEY LOLA! – vociferó la rubia.
-Lola... ¿quién es esa que habla? – Lola se agitó con la combinación de la voz de Jenn y Lana – es Jenn, tu amiga, ¿has visto? ¿Quiere saludar? – la perra gruñó dulcemente y soltó sonidos de entusiasmo, moviendo la cola casi sin cesar – si vieras lo contenta que esta, es una belleza.
-Oix mi Lola – Jenn sonreía como evidenciaba su voz y no dudó en seguir intentando comunicarse – Lola, cariño, ¿me echas de menos? – la perra ladró en respuesta como si la entendiera– a que sí, ¿verdad? Yo también te echo de menos, pequeña.
Lana se notó sonriendo de par en par - ¿has visto, mi amor? – le dijo a su mascota – parece que eres irresistible, un día y ya la tienes hechizada.
-Por supuesto que si – la voz de la rubia sonó divertida – no la conoces bien – anunció – no es para nada tímida al teléfono – hizo una pausa y agregó – me la puedo imaginar totalmente emocionada moviendo su cola de aquí para allá.
-¿Y qué esperabas? – Lana le siguió la corriente – es mi Lola y ya sabes lo que dicen sobre las mascotas y sus dueños.
-¿Tú también estás moviendo la cola cuando me escuchas hablar? – la picardía en la voz de la otra mujer hizo que Lana riera abiertamente.
-Y ahí está la idiotez del día – respondió simplemente.
-Que puedo decir, soy como soy.
-Una idiota.
-Si – la voz de Jenn retumbó en la sala vacía de Lana - ¿qué puedo decir?
Así es como la vida cambia de un momento para otro. Basta con que una persona te quiera hacer sentir mejor. Lana había perdido demasiado últimamente, había perdido el lazo con su personaje y a los que creía que serían su familia, así que es sumamente consciente de que los momentos son tesoros. No era sorprendente que se descubriera escribiendo este momento en su memoria. Los momentos como este con Jenn, como todos los que había vivido con ella desde aquel segundo "Hey" de sus vidas, los estaba atesorando como algo que apreciaba, por mucho que le disgustará querer retenerla tanto. Así de sencillo. Lo que fuera que la inquietará, Jennifer lo domaba con una pincelada de locuacidad.
-¿Estás en el coche? – preguntó siendo consciente de los ruidos de la carretera que rodeaban la llamada.
-Sí, acabo de salir del trabajo y decidí llamarte, ya sabes, para que me acompañes en el regreso.
-Creí que te interesaba hablar con Lola – la picó Lana sonriendo anticipadamente.
-También – la voz de Jenn no se amedrentó en lo más mínimo - ¿cómo llevas todo para Gent?
Lana bufó antes de responder – lo llevo, pero ni me lo recuerdes, cero ganas.
-Eso es porque no es Dortmund – le aseguró Jenn – si fuera Dortmund no verías la hora de llegar.
-Que descarada, espero que realmente valga la pena que estés creando tanta expectativa – le retrucó la morena sentándose en el sofá -, pero sí, estoy lista para Gent, el avión sale mañana por la tarde.
-Lo sé, me lo comentaste ayer – Jenn hizo una pausa y luego agregó – trata de no pasarlo mal, ¿vale?
-Trataré – le respondió ella simplemente – se agradece el consejo.
-¿Te puedo escribir mientras estés allí? – preguntó la rubia de repente.
-Claro, esperaba a que lo hicieras, así no me sentiré tan sola – confesó dejando salir un poco de esa vulnerabilidad que invadía mucho de su espacio desde el divorcio.
-Lana, ¿estás bien? – quiso saber Jenn.
-Sí, claro, no te preocupes.
-¿Segura?
-Sí, Jenn – se obligó a sonreír para no romper el momento, tenía miedo de que si la notaba deprimida se asustará o no la entendiera. Además, ella se sentía mejor hablando con Jenn – estoy perfectamente, más cuando una rubia idiota me llama espontáneamente con la excusa de hablar con mi perra.
-Que no era una excusa – las dos hicieron silencio – bueno, sí, sí que lo era.
-¿Quería hablar conmigo, Señorita Morrison? – cuestionó Lana.
-Quería, Señorita Parrilla, estaba deseando salir para llamarla y que me hiciera compañía en mi regreso a casa – admitió Jenn.
-Eso me gusta – confesó Lana - ¿sería inapropiado si admitiera que estaba deseando que lo hicieras?
-No, ¿por qué sería algo malo? – para Lana aquella revelación era todo un desafío, pero Jennifer lo recibía como si no supusiera nada preocupante – olvidas que apenas anoche hemos cenado juntas.
-No lo olvido, pero no lo entiendo.
-¿Qué cosa no entiendes, Lana?
-Nada, no me hagas caso – cortó el tema rápidamente.
-Hey Lana, puedes decirme lo que quieras.
Lana notó que se escapa un suspiro antes de poder decir nada – que me preocupa estar tan pendiente de lo que haces o no, si llamas o no, creo que me estoy volviendo una especie de "fangirl" tuya.
-¿Quieres que deje de llamarte? ¿O de escribirte? – la voz de Jenn sonó ligeramente quebrada y la oyó carraspear para modularse – quizás me he sobrepasado en mi afán de retomar el contacto contigo y te estoy complicando nada más, sólo lo sentí natural.
-No, lo que me preocupa es justamente que ya no lo hagas, así que si no te importa que comience a stalkearte, porque hoy lo he hecho, a estar pendiente de ti – le pareció una locura lo que estaba confesando, pero esperaba a que Jenn lo viera por el lado menos malo – incluso, que comience a llamarte o a escribirte, me gustaría que sigas siendo natural.
-Jamás me importaría que me llamarás o que me escribieras – la voz de la rubia sonó algo más aguda – no sé porque tienes dudas, pero créeme, me encantaría que lo hicieras – Lana se mordió el labio inconscientemente – si es por stalkearme tú te estarás volviendo mi "fangirl", pero yo llevó siendo una tuya desde hace algún tiempo.
-Cuéntame más – a la morena le interesó esa parte.
-Pues que llevo algunas semanas mirando tus fotos y tus historias, escuchando la música que pones, viendo que es de tu vida – Jenn bufó entre divertida y avergonzada – creo que de verdad soy una stalker un pelín retorcida.
-No – Lana se río – estás describiendo la vida de nuestros fans, Jenn, tal vez sí que seamos unas fangirls más.
-Puede, ¿no te molesta?
-No, aunque prefiero que seamos amigas.
-Lo somos, pero seguiré stalkeandote aunque me mandes exclusivas por privado – le advirtió la rubia.
-Eso espero porque yo también – le dejo claro sintiéndose aliviada de no ser la única.
-No deberías preocuparte de estar pendiente, por la razón que sea yo también lo estoy – la voz de Jenn bajo algunos niveles – hoy me he pasado mi descanso viéndote en línea y preguntándome con quién hablarías o por qué no me hablabas a mí – soltó una risilla – hablando de psicópatas aquí me tienes.
El pecho de Lana subía y bajaba ante esa confesión, pero mantuvo la calma – entonces, tendré que escribirte, no puedo dejar que te hagas tantas preguntas y te pierdas tus siestas por eso.
-Gracias por cuidarme. Señorita Parrilla – la respuesta llegó desde una otra vez sonriente Jennifer.
-Siempre será un placer.
-Lana, por cierto – Jenn suspiró – mis amigos me están organizando una fiesta de cumpleaños adelantada porque no estaré aquí, me preguntaba si te apetecería venir.
La morena parpadeó con avidez – no sé si estaré.
-Estarás, si – dijo muy segura Jenn haciéndola sonreír.
-Aunque me encantaría, creo que diré que no – Lana aclaró rápidamente – me quiero reservar el derecho al festejo sin fotógrafos ni muchísima gente alrededor que consuman tu atención – fue completamente sincera – en lo que a mí respecta, nuestro plan de Dortmund es el que vale.
Jenn sonrió – sabía que ibas a decir eso y, ¿sabes?, tienes toda la razón, sólo puedo pensar en mi cumpleaños, el día real.
-Pero pásatelo bien y quiero fotos, ¿vale?
-Ya sabes dónde puedes verlas, pero te mandaré mis exclusivas – le contestó Jenn.
Lana miró el reloj de pared y se quedó pensativa un momento – Jenn ha pasado demasiado tiempo para que llegarás a casa, ¿estás en un atasco?
Jennifer carraspeó – bueno, puede que me haya pasado de mi destino y ahora tenga que volver.
-¡Jenn!, pero ¿qué haces?
-Dijiste que si me quería pasar del recorrido me aguantarías igual – se defendió la rubia.
-Pero no deberías, es tarde y tienes que descansar.
-Pero quería seguir hablando contigo, Lana.
-Pues haberme llamado al llegar a casa de nuevo – recriminó la morena.
-Pero es que sé que debes descansar también, hoy no quiero abusar, tienes un largo viaje por delante mañana.
Ambas se quedaron un momento en silencio – tienes razón – dijo Lana – siempre puedes seguir stalkeandome si me echas mucho de menos.
-Y tú a mí.
-Puede que lo haga.
-Yo seguro que lo haré – escuchó a Jenn suspirar profundamente – ya voy camino a casa de nuevo y no saliendo del Estado como antes.
-Eres una buena chica, Jenn – Lana sonrió y meneó la cabeza.
-¿Me acompañas mientras vuelvo a casa? – preguntó la rubia.
-No sé me ocurriría nada mejor que hacer – admitió sin mucho pesar esta vez - además, parece que soy una Jenn dependiente– le respondió ella dulcemente, mientras oía como Jenn sonreía a través de la línea.
-Bienvenida al mundo de las adicciones.
Y bien? Qué piensan?
