Y no debe faltar la descarga de responsabilidad oficial. Estos personajes no son míos, pertenecen a la increíble Stephanie Meyer y la historia es de Jeskawood aka Jayeliwood, yo solo traduzco.

Y me faltan palabras para agradecer a quién ha estado conmigo desde el principio y espero que siga estando, corrigiendo mis errores gramaticales y alentándome a seguir. ¡Gracias Erica Castelo, por ser mi beta y mi amiga!


Creo que me estoy convirtiendo en japonesa

Le pregunté al conductor del taxi cuál era el hotel más bonito de la ciudad… ni siquiera respondió. Solo condujo, diciendo que conocía el lugar perfecto si lo que buscabas era gran categoría.

Edward jadeó cuando nos detuvimos frente a un edificio enorme y de estilo muy antiguo. "¿El Ritz? ¿Sabes cuánto cuesta la noche en este lugar? ¡Sinceramente, un montón! Querida, podemos encontrar un—"

Puse mi mano sobre sus labios, pagándole al conductor del taxi antes de salir. Él me siguió rápidamente. "Esto es lindo."

"Muy lindo y es muy caro," dijo Edward, tratando de alcanzarme. "Excesivamente caro si me preguntas."

"Perfecto para mí entonces," le sonreí con picardía, mordiendo mi labio cuando vi su expresión molesta. "Edward, tengo dinero para esto. ¿Recuerdas el dinero del casino? Bueno, todavía tengo la mayoría. Déjame hacer esto. Es mucho más divertido de como originalmente imaginé que sería mi visita a un hotel de cinco estrellas."

"¿Cómo imaginaste que sería?" Preguntó casi como un niño, sacando un poco su labio inferior en un puchero.

"Imaginé que llevaría mi gordo trasero a algún hotel de Dallas, pasando todo el tiempo viendo películas en el cable, y luego ordenando servicio al cuarto antes de decidir irme a casa porque estaba aburrida. Edward, esto es mucho mejor. Vamos," le dije seductoramente, pasando mis manos sobre sus hombros al acercarme a él. "Imagínalo. Nosotros ahí, solos. Nadie más en el mundo salvo nosotros. Una botella de champán y deliciosa comida para llevar. Luego, podemos hacer el amor por horas y horas." Bajé mis manos por su pecho. "En cada superficie de nuestro cuarto de hotel."

Gimió ruidosamente, echando su cabeza hacia atrás y cerrando sus ojos con fuerza. "Dios, eso suena fantástico."

"Excelente. Porque eso es lo que quiero hacer. ¿Por qué no vas a preguntarle a alguien del personal cuáles son algunos de los mejores lugares con entrega a domicilio por aquí y consigues algunos números, y yo iré a conseguirnos una habitación?" Le dije, acercándome y mordisqueando ligeramente su barbilla.

"Sabías que ibas a salirte con la tuya en seguida, ¿cierto?" Preguntó con una ligera sonrisa engreída. Asentí, haciéndolo reír entre dientes.

"Bueno, tú dijiste que querías servirme y que eras mi esclavo…" Dije antes de darme la vuelta y alejarme, balanceando todo el tiempo mis caderas. Lo escuché gemir otra vez, sus pasos haciendo eco contra el pavimento al seguirme.

Sería una noche muy divertida.

Tomó algo de tiempo encontrar una habitación disponible ya que faltaban un par de días para el Año Nuevo. Afortunadamente, hubo algunas cancelaciones y pudimos colarnos allí. Justo cuando recibí nuestras llaves, Edward regresaba con varios pedazos de papel que parecían ser menús.

"Wow, una amplia selección," comenté, y se encogió de hombros.

"Honestamente, es más comida japonesa y Thai que otra cosa. La japonesa parece realmente buena a menos que te guste algo más."

"Mm, no. Eso suena bien. Deberíamos pedir un montón de cosas y darnos el gusto."

"Me parece bien," dijo, tomando mi mano y llevándola a sus labios. "Entonces, ¿subimos a nuestra habitación para poder decidir lo que queremos comer?"

"¡Oh Dios mío! ¡Tienen sushi de pato!" Dije emocionada, echándole un vistazo al menú que Edward me mostró primero al estar recostados en la cama. Se echó a reír, inclinándose para ver también. "¡Ves, pato! Nunca antes vi sushi de pato."

"¿Te gustaría probarlo?" Preguntó, tomando el menú de mis dedos. "Mm, veo algunas cosas que no me importaría probar."

"¡Sip!" Le dije, aplaudiendo como Esme.

"Es muy fácil complacerte," se echó a reír, sonriéndome. "Entonces, dime lo que quieres. Escríbelo, y lo ordenaré. Aunque no parece que tengan champán. ¿Preferirías tomar algo de sake?"

"Nunca lo he tomado." Me encogí de hombros, mordiendo mi labio inferior.

"Yo tampoco. Podemos tener una primera vez juntos," dijo, acercándose y besando ligeramente mi mejilla. "Apresúrate y elige algo. Estoy hambriento. Lo que estaban sirviendo en casa de Sir James era basura."

"Por cierto, eso me recuerda," le dije al empezar a escribir. Iba a ser una larga lista. "No me dijiste que era 'Sir'."

"Oh, él era un jurisperito," levanté una ceja en su dirección. "Abogado. Sirvió un tiempo en el parlamento. Lo nombraron caballero por todo su 'leal servicio a la reina'," dijo, usando comillas aéreas. "Él cree que es importante, pero no lo es. ¡Demonios, a Jean Luc Picard de la nave espacial Enterprise lo nombraron caballero!"

Me reí con fuerza, sacudiendo mi cabeza. También empezó a reírse, inclinándose y abrazándome con fuerza. "Muy bien, escribe. Mujer, tengo hambre. Así que apúrate antes de que te coma."

"Ohhh…" Solté, pero me dio una mirada severa, provocando que volviera a escribir.

Finalmente nos decidimos por un tipo de muestrario. Era demasiado sushi para los dos, pero había un pequeño refrigerador en la habitación para poder guardar para después si queríamos. También ordenamos sopa, ensalada y algo de edamame. Bueno, eso y el sake. Esa iba a ser una experiencia interesante. Supe que no iba a beber tanto como lo hice la otra noche.

"Dijeron que tardará unos cuarenta y cinco minutos. ¿Qué haremos para entretenernos?" Preguntó tranquilamente. No pude contenerme.

Me arrojé a él, con ganas, envolviendo mis brazos y mis piernas alrededor de su apretado y firme cuerpo. Gimió con fuerza cuando nuestros labios se conectaron con fiereza y no se contuvo por un solo segundo. Sus manos se fueron a mi trasero, apretándolo con firmeza al sostenerme.

No se tropezó ni una vez cuando nos llevó directamente a la cama, recostándonos y cerniéndose sobre mí. Mis manos estaban por todas partes, tocando su cabello y su espalda antes de agarrar su trasero. De hecho, lo apretó sorprendido cuando lo hice, sus caderas empujando hacia adelante en un intento por alejarse de mis manos. Me gustó tanto que lo hice tres veces más.

"Si no dejas de hacer eso, voy a atarte," se echó a reír, alejando mis manos de su trasero.

Por supuesto, lo hice otra vez.

Así que, así fue como terminé en la posición en la que estaba cuando alguien tocó a la puerta. Estaba completamente desnuda, atada con una sábana a la cabecera de tal forma que no podría zafarme si quisiera. Todo lo que Edward había hecho, además de desvestirme y atarme, fue besarme. Y me besó por todas partes, salvo donde quería que me besara. Ansiaba que me tocara, y habíamos olvidado nuestra hambre. Edward gimió ruidosamente desde su posición entre mis pechos, el sonido haciendo eco en el valle entre ellos. Se estiró, sin camisa y hermoso. Realmente lo deseaba. "Supongo que esa es la comida."

"Está bien, desátame."

Una sonrisa malvada apareció en su rostro. Como la de Esme de hace unos días, quiero decir genuinamente malvada. Algo revoloteó en su expresión, una idea danzando en su mente.

"No. Te quedas aquí. Volveré en seguida."

"¿Quedarme aquí?" Pregunté en voz alta. "Como si tuviera opción."

"No la tienes. Así que, compórtate."

Gemí, pero solo se rio entre dientes, agachándose para tomar mi pezón en su boca solo por un momento. Lo soltó con un pop, y casi grité cuando arrojó una manta sobre mi cuerpo. No era probable que la persona entregando la comida me pudiese ver, pero aun así.

"Mm, ¿qué tenemos aquí?" Edward preguntó de forma tentadora al empezar a sacar cosas de la bolsa sobre la pequeña mesa en la esquina. Abrió una caja de unos rollos que ordenamos y agarró un par de paquetes de soya. "Parece que no tenemos ningún plato…" Su voz se apagó, quitando la manta de mi cuerpo desnudo. "¿Te molesta?"

Mi cerebro dejó de trabajar por un minuto. Un largo minuto. ¿Él… quería… comer sushi de mi cuerpo desnudo? Mi mente se reinició, haciendo que todo mi cuerpo se sonrojara. Edward sonrió brillantemente, y supe que lo vio. Y que no aceptaría un no por respuesta.

No que hubiese dicho que no.

Se sentó en la cama junto a mí y despacio, y con mucho cuidado, colocó los pedazos de Maki a lo largo de mi cuerpo. Había una línea de tres con unos cinco centímetros de separación uno del otro desde mi pecho bajando a mi estómago. Luego, Edward puso un círculo de cinco alrededor de mi ombligo antes que finalmente pusiera dos en cada uno de mis muslos.

"¿Qué vas a hacer con eso?" Pregunté bajito cuando abrió la salsa de soya con sus dientes. No dijo nada cuando empezó a verterla en mi ombligo.

Chillé—muy fuerte. Él se echó a reír por mi expresión. "No te retuerzas mucho o vas a hacer un desastre. No nos gustaría eso, ¿o sí?"

"Será mejor que estés feliz de que me guste la limpieza," le dije con un puchero.

"Lo estoy," se rio entre dientes, pasando un dedo sobre un costado de mi pecho. "De lo contrario, no habría hecho eso. Además, esto es jodidamente ardiente para mí."

"Mi ombligo va a oler a soya por una semana," me quejé.

"Te ayudaré a limpiarte," dijo con una voz sugestiva que envió escalofríos a mis muy expuestas partes femeninas. Cogiendo el pedazo de salmón justo de entre mis pechos y sumergiéndolo ligeramente en la salsa de soya antes de meterlo a su boca, murmuró con placer. "Delicioso."

Desde luego, esperaba que estuviera planeando comer gelatina de Bella como postre porque en eso me estaba convirtiendo en ese momento. ¿Sabía lo ardiente que era él? Era digno de que me derritiera por él.

Tomó una de las piezas de mi muslo y le puso un poco de la salsa marrón oscuro antes de llevarla a mis labios. La tomé sin reparos de las puntas de sus dedos, lamiendo mis labios para limpiar algo de la salsa extra. Edward se sonrojó levemente al observar, mordiendo suavemente su labio inferior. Nuestros ojos se quedaron fijos, tomando respiraciones profundas mientras el calor pasaba entre nosotros.

Esto continuó por un largo rato, Edward comiendo un bocado antes de darme uno. Cuando llegamos al último bocado, no quedaba más salsa de soya en el recipiente improvisado. Estaba en el centro de mi estómago, el solitario pedazo de atún. Edward colocó sus manos a mis costados antes de inclinarse hacia adelante y tomarlo directamente de mi piel con su boca. Gemí con fuerza, arrojando mi cabeza hacia atrás al arquearme hacia él.

"Creo que es suficiente," Edward susurró bajito después de terminar su maki. Fue a la mesa y agarró una servilleta para limpiar mi estómago, antes que finalmente me desatara. Con manos cariñosas, frotó mis muñecas y las llevó a su boca para un beso. Cuando terminó, envolví mis brazos alrededor de su cuello y lo acerqué a mí para un beso lleno de pasión. Cuando se apartó, estaba jadeando. "¿Te gustaría comer antes que se enfríe la sopa?" Preguntó sin aliento.

Solo sacudí mi cabeza.

Aproximadamente una hora después estábamos sentados desnudos en la cama, los dos envueltos en sábanas y mantas mientras comíamos nuestro sushi y la ensalada. Ambos estábamos satisfechos en más de una forma. Edward puso un poco de lechuga en su boca, utilizando solo sus dedos ya que era demasiado flojo para ir por los palillos que estaban sobre la mesa.

Estaba bien con eso. Fue divertido verlo chuparse los dedos.

Sin duda iba a acariciarlo más tarde de formas entretenidas y sucias.

"¿En qué estás pensando?" Sonrió con suficiencia, ofreciéndome un bocado de ensalada. Lo tomé, lamiendo mis labios.

"En sexy diversión," le dije bromeando. "¿En qué estás pensando?"

Su expresión cambió un poco, tristeza cruzando su rostro antes de desviar la mirada. "Creo que nos quedaremos con lo que estás pensando ahora."

"Dime," le dije en voz baja, acercándome a él. "Te está molestando, y no quiero que nada arruine esta noche."

"Cicatrices de batalla," dijo bajito. Incliné mi cabeza hacia un lado, mirándolo con curiosidad. "Los dos las tenemos. Por dentro y por fuera. Solo pensaba en las muchas que tenemos por nuestras familias."

Dejé a un lado mi comida y me reposicioné de forma que estaba sentada de rodillas mientras lo miraba, todavía completamente envuelta en mi sábana. "Sabes que no cambia nada, ¿cierto?"

"Lo sé. Justo como no cambian lo que yo siento por ti. Tu madre ha dejado una marca en ti. Mis abuelos en mí. Simplemente es frustrante. Desearía poder sanarlas, pero sé que no puedo. Las mías y las tuyas. Desearía poder sanarnos a ambos."

"Las cicatrices solo son recordatorios del pasado. Y una advertencia," le dije, pasando mis dedos lentamente por su mandíbula.

"¿Una advertencia?" Preguntó en voz baja.

"Una advertencia para no dejar que cosas como esas pasen otra vez. Mis cicatrices me recuerdan que no dé a la gente por sentado como mi madre. Me recuerda amar a los que están a mi alrededor por todo lo que yo valgo. Y a ver el valor de la gente que me ama," le dije con firmeza, acercándome y besando su frente. "Tus cicatrices me recuerdan mirar, me refiero a realmente mirar, antes de juzgar a alguien."

"Aun así, lamento algunas de las cosas que dijeron. El drama que tuviste que presenciar," suspiró suavemente, levantando su mano a mi hombro. "Me siento horrible por eso."

"No lo hagas," le dije. "Ellos no son tú. No me importan ellos. Están muy por debajo de ti y de mí. No tienen idea. Creo que la verdadera razón por la que están amargados es porque están celosos."

"Tal vez sí," se encogió de hombros, sonriéndome lentamente. "Pero tienes razón. Están por debajo de nosotros."

Ya que nos habíamos topado con la conversación de las cicatrices, decidí continuar. Pasé mis dedos por sus caderas, delineando las cicatrices físicas ahí. "¿Cómo te hiciste estas?"

Edward se sonrojó al instante. "Te vas a reír, estoy seguro."

"Lo dudo mucho," le dije, rodando los ojos.

"Sinceramente, es por algo muy vano. Solo le he contado de eso a dos personas, además de mi familia. Y esos son Alice y Jasper."

"Eso me hace sentir aún más curiosidad," le dije, agachándome y besando levemente una de las marcas. "Edward, no me molestará. Cariño, te amo. Por dentro y por fuera. Dime."

"No estaba tan delgado como quería y sabía que sin importar lo mucho que me ejercitara, no iba a deshacerme de eso, así que me hice un trabajito. De hecho, mis padres pagaron por ello. Fue un regalo de cumpleaños. Sabían que odiaba… bueno, esta parte de mí," movió su mano sobre su estómago antes de echar su cabeza hacia atrás. "Entonces, me ayudaron. Como dije, algo vano."

"Sin embargo, lo entiendo. Lo importante fue que trabajaste en ti antes de hacerlo. No fue lo que te cambió, solo fue un retoque," le dije, recostando mi cabeza sobre su estómago. Dejó escapar un suave suspiro, pasando sus dedos con cuidado por mi cuero cabelludo. "¿Por qué me iba a reír de eso?"

"Es algo que hacen las celebridades, no la gente normal."

"Edward, ¿te agrada más tu apariencia por eso?" Le pregunté con seriedad.

"Sí."

"Entonces, eso es todo lo que importa."

Me levantó con su brazo y me besó con intensidad, colocando su mano en mi mejilla con dulzura. Cuando se apartó ambos estábamos jadeando, con nuestros labios humedecidos. Edward sonrió levemente, inclinándose hacia adelante y rozando su nariz perfectamente recta contra la mía. "Vamos a beber algo de sake y comer más sushi. Luego, puedes elegir una película, y podemos acurrucarnos en el sofá."

"Sabes exactamente qué decirle a una mujer," gemí juguetonamente. Se rio entre dientes, besándome otra vez antes de darme una nalgada para que me levantara.

Fue la forma perfecta de pasar la noche. Sushi, sexo, y películas. No podría haber algo mejor, sobre todo en un hotel tan bonito.

Pero, no sabíamos exactamente cómo íbamos a enfrentar la mañana siguiente. ¿Sus padres iban a estar enojados porque solo nos fuimos o lo entenderían? Demonios, ¿estarían enojados porque no volvimos a casa?

Ninguno de los dos lo sabía y honestamente, ninguno de nosotros quería averiguarlo, pero teníamos que conseguir la respuesta tarde o temprano.

De modo que volvimos a casa de sus padres como a las once del día siguiente. Los dos coches estaban en la entrada así que sabíamos que muy probablemente los dos estarían allí. Entramos sigilosamente en la casa, escuchando por señales de vida.

Lo primero que encontramos fue a Esme sentada en el sofá viendo televisión mientras bebía un poco de café. Cuando nos vio, casi escupió sobre su ropa al tratar de levantarse.

"¡Ahí están ustedes dos! Empezaba a preocuparme."

"Lo siento, mamá. Decidimos quedarnos en un hotel por la noche," dijo Edward bajito, viéndose un poco triste. De pronto se veía muy joven.

"Eso me imaginé," dijo, asintiendo pensativa.

"Lamento que te hayamos dejado ahí sin apoyo," comenzó a decir, pero Esme lo interrumpió deprisa.

"¡No cielo! ¡Está bien! Créeme, lo entiendo. Y maldición, estoy muy orgullosa de Bella por no decirles una maldita cosa a esa gente malvada. Desearía solo haberme alejado de ellos la primera vez que me hablaron así," dijo.

"Entonces, um… ¿Qué pasó después que nos fuimos?" Edward preguntó en voz baja. Acaricié su espalda suavemente, y se relajó un poco.

"Bueno, nos tomó unos veinte minutos darnos cuenta que no iban a regresar. Hubo muchos gritos y chillidos. Y al parecer, James tuvo una aventura con una mujer americana. Lo que explica mucho," dijo, sacudiendo su cabeza. "Deberías haber visto el rostro de tu padre y de tu tío cuando ella dejó escapar esa pequeña pieza de información. Hubo muchos insultos después de eso."

Estaba impactada. Solo me quedé ahí, escuchando.

"¿En serio?" Dijo Edward entre su aliento. "Entonces, lamento aún más dejarte allí. Desearía poder haberte alejado de eso."

"Ya no tendrás que preocuparte por eso," dijo Carlisle, llamando atención a su persona desde la entrada. Se veía muy cansado, con oscuros círculos púrpura bajo sus ojos. "No permitiré que mi familia pasé por eso nuevamente. Liam tampoco. Edward, lo siento mucho. Tenías razón en todo. Debí haberte escuchado. Fue injusto para ti y para Bella hacerlos pasar por eso."

"No, Carlisle es—" Comencé a decir, pero me interrumpió.

"No, no está bien. Ahora eres parte de esta familia. No debiste haber presenciado eso. Mi hijo lo sabía, y yo también debí saberlo. Solo tenía la esperanza… que con su edad avanzada ellos se hubieran—" Comenzó a decir, teniendo problemas al encontrar las palabras para expresarse.

"¿Suavizado?" Le dije. Asintió. "Carlisle, nada de lo que pudieran decir me lastimaría. Edward me advirtió. Estaba preparada. Como le dije a él, soy una chica grande."

"Gracias por ser tan madura sobre esto," dijo Carlisle. Inesperadamente se acercó y me dio un abrazo. Miré a Esme sorprendida, pero ella solo sonrió. Le devolví el abrazo antes de que él fuera a abrazar a Edward que se lo devolvió con fuerza antes de besar a su padre ligeramente en la mejilla.

Fue un gesto extremadamente dulce y emotivo. Por lo tanto, después tuvieron que pretender que no pasó y pretender que eran hombres varoniles.

Retrocedieron, cada uno rodeando la cintura de su mujer con un brazo.

"Así que, pensamos tener una noche tranquila en casa," explicó Edward, diciéndoles lo que habíamos discutido en el viaje en el metro aquí. "¿Si están de acuerdo?"

"¡Por supuesto que sí!" Esme rodó los ojos por su tontería como si él debería haberlo sabido automáticamente. "¿Hay algo que les gustaría hacer?"

"Um, de hecho, estábamos pensando en prepararles un poco más de comida mexicana, ya que no probarán la mía por un tiempo," dijo Edward, sonrojándose levemente. Solté una suave risita, tocando su mejilla. Era muy lindo. "Con suerte, sin derramar bebidas por todos lados."

"Bueno, para resolver ese problema, ¿por qué no preparo yo las bebidas?" Se ofreció Esme. "Vamos a tener que ir a la tienda," dijo, dando golpecitos con su dedo en su barbilla pensativa al mismo tiempo que cerraba un ojo. "Sé que no tengo todo."

"Nosotros nos encargaremos de eso," le dije con una ligera sonrisa. "Ayer tuvieron un día lo bastante estresante. Nosotros descansamos muy bien anoche. Ustedes solo… disfruten el día."

Esme se me acercó, abrazándome con fuerza. Le devolví el abrazo con una carcajada, sorprendida por como a toda la familia le gustaban los abrazos. "Eres una chica muy dulce. Lo dije una vez, y lo diré de nuevo. Me alegra mucho que Edward encontrara una chica tan maravillosa."


Y Bella se echó a los suegros a la bolsa jajaja. Y bueno, hasta sirvió de ejemplo para que al fin Carlisle se decidiera a alejarse de esas víboras. Resuelto a ya no permitir que lastimen a su familia, y al fin, ya saben por qué tanto odio a las americanas. Aunque no es justificación para que trataran así a su familia. En fin, adiós a Sir James y Victoria Cullen. ¿Y qué les pareció es ardiente estancia en el Ritz? Bella marcó allí dos cosas más de su lista. ¿Qué más le faltará? Ya lo veremos. Espero que hayan disfrutado del capítulo, y como siempre, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber qué les pareció y qué fue lo que más les gustó. Recuerden que sus reviews son muy importantes para nosotros, nos alientan a seguir, con ellos son USTEDES los que mantienen con vida el fandom, y aceleran las actualizaciones ;)

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: seelie lune, jupy, paupau1, miop, Adriu, freedom2604, Smedina, Ali-Lu Kuran Hale, Vanina Iliana, Gabriela Cullen, Tecupi, Tata XOXO, alejandra1987, Esal, YessyVL13, lagie, Aislinn Massi, kaja0507, bbluelilas, keyra100, Rosii, AnnieOR, BereB, Vrigny, Marie Sellory, tulgarita, bealnum, Manligrez, Isa Labra Cullen, PRISOL, angryc, Say's, glow0718, patymdn, ariyasy, Leah De Call, Lizdayanna, Bertlin, Pam Malfoy Black, injoa, Yoliki, Brenda Cullenn, sandy56, Kriss21, Liz Vidal, Mafer, aliceforever85, Lectora de Fics, EriCastelo, Lady Grigori, Pili, Valevalverde57, cavendano13, saraipineda44, SweetSorrow16Love y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el siguiente, ¿cuándo? Depende de USTEDES.