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Progress..!

Alec despertó lentamente, parpadeando perezosamente mientras soltaba un suspiro y restregaba la mejilla contra la suave superficie en la que estaba recostado. Cuando al fin recuperó la visión, se dio cuenta del desastre en el que se encontraba. Había calderos, cucharones, frascos, incluso unos cuantos polvos y plantas tirados por todos lados. Entonces recordó en donde se encontraba, la cocina de Magnus. Los sucesos de la noche anterior llegaron a su mente haciendo que un escalofrío lo recorriera. No recordaba nada después de que había salido de la alacena de pociones y había abrazado a Magnus. Había abrazado a Magnus, eso quería decir que la suave superficie era...

Levantó la cabeza lentamente y se encontró con el pacifico rostro del Brujo. Magnus se había quedado dormido rodeándolo con sus brazos y sirviéndole de almohada, pero él había quedado en una posición incomoda, recargado contra uno de los muebles de cocina y con la cabeza apoyada en un cajón a medio abrir. Alec se sonrojó y se movió con cuidado, sentándose para quitar su peso de encima de Magnus. El movimiento hizo que el Brujo también despertara. Con un ligero gemido de incomodidad, Magnus abrió los ojos. Se encontró con un adorable Alec, despeinado y aun algo adormilado, estudiando el caos en el piso junto a ellos.

-Buenos días, dulzura- dijo Magnus en tono alegre pero cansado.

-Buenos días- respondió Alec en voz baja, sonrojándose- no tenías por que quedarte conmigo en el suelo.

-No debimos quedarnos en el suelo, ambos, pero no me di cuenta de cuando caí dormido- dijo Magnus con una sonrisa. Alec suspiró y giró la cabeza para mirar la alacena de pociones. La puerta estaba completamente abierta, pero la luz seguía apagada. Un escalofrío recorrió al Nefilim al recordar la noche anterior. Magnus se apresuró a acariciar su hombro para tranquilizarlo- quieres desayunar algo?

-Sí, suena bien- respondió Alec, poniéndose de pie de un solo impulso. Magnus quiso imitarlo, pero después de tres intentos fallidos de ponerse de pie, se rindió.

-Nop, olvídalo, ya estoy viejo para esto- dijo Magnus, alzando ambos brazos para que Alec lo ayudara a levantarse. El Nefilim soltó una risita y levantó a Magnus rápidamente- gracias. Quieres Denny's? Podría encargar algo a Angelo's también.

-Lamento mucho el desastre, Magnus- interrumpió el ojiazul, mirando el mueble para pociones a medio levantar.

-Por qué te disculpas, cariño? Esto fue obra de ese bueno para nada- dijo Magnus, señalando a Presidente Miau, que se aseaba sentado en la mesita de centro de la sala- se cree león de montaña y no puede bajar de una estantería de simples dos metros.

-Bueno, fue un salto impresionante para un gatito tan pequeño- dijo Alec, defendiendo a Presidente.

-Supongo, aun así- Magnus tronó sus dedos y el desastre se acomodó solo- es un gato inútil.

-Es domestico, esta mimado- sonrió Alec. Ambos caminaron hacia el comedor.

-Yo también estoy mimado y no voy haciendo desastres por ahí- dijo Magnus lanzando los brazos al aire, exasperado.

-Ese eres tu aceptando tu lado felino?- preguntó Alec, haciendo que Magnus rodara los ojos antes de soltar una risa.

-Ese soy yo diciéndote que no te pases de listo y que ahora yo elijo que desayunar- sonrió el Brujo, Alec soltó una risita.

Magnus apareció el desayuno y ambos se sentaron a comer. Eso era lo que le encantaba a Alec de Magnus, no lo presionaba. Estaba ahí para él cuando lo necesitaba, pero le daba su espacio y tiempo siempre. Ya llegaría el momento de hablar sobre la caja de Aldergold, pero Magnus esperaría a que estuviera listo. Alec se sentía feliz. Era extraño, dado a los acontecimientos de la noche anterior, pero en verdad se sentía feliz y contento. Había dormido junto a Magnus y había estado bien. No había sentido miedo, bueno, no referente a Magnus a su lado. Podía volver a descansar con él sin problema.

Después del desayuno, ambos se ducharon y cambiaron de ropa para salir al frio medio día de la ciudad. Magnus tenía una cita de trabajo en el Bronx y aprovecharía para irse en metro con Alec y dejarlo de paso en la estación del Instituto. Hablaron tranquilamente todo el trayecto y Magnus incluso le tomó la mano en varias ocasiones. Alec se estremeció, pero sonrió ante el contacto. Se despidieron rápidamente en la estación del Nefilim, prometiendo volver a verse en el departamento esa noche.

Alec salió de la estación del metro y caminó a paso rápido por las calles de Manhattan. El invierno ya comenzaba y el intenso frio de la ciudad se hacía notar cada día mas. Avanzó rápidamente entre los Mundanos, pensando en que haría para pasar la tarde. Seguramente Jace estaría con Clary, así que no estaba disponible. Isabelle seguro le hablaría de cosas imprudentes, mejor quedarse fuera de su alcance. Max, podría ir con su hermanito, pasar el rato con él. Entró al Instituto y comenzó a subir las escaleras en dirección a la habitación de su hermano menor.

-Alexander- Alec se giró al escuchar su nombre. Su mamá salía de la biblioteca y lo miraba seriamente.

-Hola, mamá- dijo Alec, bajando los pocos escalones que había subido.

-Te quedaste en el departamento de Bane anoche?- preguntó Maryse, cruzándose de brazos.

-Erm... si, le avisé a Jace- respondió Alec, acercándose a su madre.

-Sí, nos lo dijo- respondió Robert, saliendo de la biblioteca también. Alec miró a sus padres, algo confundido. Jace les había dicho en donde estaba, no podrían estar molestos, o si?- hijo, puedes venir un momento con nosotros?

-A la biblioteca?- preguntó Alec, poniéndose algo nervioso. No estaba preparado para mentir y seguramente tendría que hacerlo.

-Solo queremos hablar, cielo- pidió suavemente su mamá. Alec miró a sus padres unos segundos y después suspiró, siguiéndolos.

Los tres Nefilim entraron en la biblioteca, había café y galletas esperándolos en una de las mesas. Alec se sentó en el sillón de tres plazas, y sus padres en el de dos, frente a él. Hubo un silencio incomodo entre los tres por varios minutos. Maryse se enfocó en servir el café y Robert acabó con media porción de galletas. Alec se quedó sentado frente a sus padres, mirando sus acciones sin saber que pensar. Después de servir las tres tazas de café, Maryse se enderezó y miró a su marido, Robert seguía con la boca llena de galletas, así que ella empezó.

-Alec, queríamos hablarte sobre los sucesos ocurridos la semana pasada, en el Burren- dijo la mujer claramente y Alec se tensó aun mas. Sus padres nunca habían querido hablar con él sobre esas cosa. Bueno, si, en un principio, después de rescatarlo de Islandia, lo habían intentado. Pero era demasiado incomodo tanto para ellos como para Alec, así que ambos se habían rendido rápidamente- queremos saber cómo te sientes y que es lo que piensas con lo que sucedió.

-Que es lo que pienso?- preguntó Alec, aun sorprendido.

-Se que no lo notas, Alec. Pero tu madre y yo siempre estamos al pendiente de ti y tus hermanos- dijo Robert después de dar un trago a su café para pasar las galletas- y tu comportamiento cambió mucho después de... de tu encuentro con Aldergold en el Burren.

-No... no cambio...

-Podías usar la salud de Jace como excusa, Alec. Pero tu padre y yo te conocemos lo suficiente- lo interrumpió su mamá. Alec se sonrojó, sabía perfectamente que sus padres sabrían que mentía si les decía que estaba bien- hemos visto tu comportamiento desde que te sacamos de Islandia. Notamos todos los cambios y nos sentimos unos completos idiotas al darnos cuenta que no nos preocupamos por investigar las razones por las que cambiabas tu comportamiento.

-Claro que no son idiotas, mamá- dijo Alec rápidamente negando con la cabeza.

-Si lo somos, Alec- dijo su padre con una triste sonrisa en los labios- cuando volviste a hablar, estábamos tan felices que nunca nos preguntamos por qué lo habías hecho- Alec bajó la mirada- nos engañamos a nosotros mismos pensando que si nos comportábamos como si nada pasase te estaríamos haciendo bien, pero no pudimos estar más equivocados.

-Papá, en verdad no quiero hablar de eso...

-Magnus tiene razón- dijo Maryse, haciendo que Alec levantara la mirada hacia ella, sorprendido- todos estos años pensábamos que te estábamos dando espacio, cuando solo estábamos ignorando el problema. No volveremos a dejar que te cierres a nosotros, Alec. Ya no vamos a dejarte solo.

Alec miró a sus padres y los ojos comenzaron a picarle. Sus padres estaban ahí, dispuestos a escucharlo. Ya había hablado sobre el tema varias veces con sus hermanos y con Magnus. Pero sus padres eran los únicos que habían dado un diminuto vistazo a lo que le había pasado en Islandia. Ellos habían hecho hasta lo imposible por cumplirle cada petición, por darle espacio, por mantener todo en secreto como él quería. Incluso habían dado su lealtad a Valentine solo para mantenerlo a salvo de cualquier cosa que se pudiera decir. Alec nunca se imaginó que sus padres, después de haber hecho todo eso por él, se sintieran idiotas por "no ayudarlo".

-Mamá, papá, saben que no me gusta hablar de lo que pasó- dijo Alec, mirando fijamente a sus padres.

-Cielo, te hará bien...

-Pero no quiero que se sientan así- interrumpió a su mamá- no después de todo lo que han hecho por mí- les dijo, sorprendiendo a ambos adultos- tal vez es mi culpa, nunca les agradecí propiamente.

-Hijo, no tienes nada que agradecer- dijo Robert.

-Claro que si, ustedes fueron los que me sacaron de Islandia- le dijo Alec, estremeciéndose.

-Y también fuimos los que te pusimos ahí en primer lugar- dijo Robert en voz baja, sin poder mirar a Alec a los ojos. Maryse también miró el suelo.

-Y se que están arrepentidos- dijo Alec, llamando su atención para que lo miraran- se que no era su intención, que nunca querrían que algo así pasara.

-Por supuesto que no, amor- soltó Maryse, sin poder contener un sollozo.

-Lo sé- declaró Alec, firmemente- no los culpo, nunca lo haría.

Maryse tomó un pañuelo y limpió las lagrimas que bajaban por sus mejillas antes de soplar fuertemente su nariz en él. Robert miraba fijamente a su hijo con los ojos brillantes. El menor observó a sus padres y se dio cuenta de que ellos en realidad solo se sentían culpables e inútiles. La culpa no los dejaba ver todo lo que habían hecho por él. Prácticamente todas las mejoras que había tenido habían sido gracias a las acciones que habían tomado sus padres.

-Ustedes me sacaron del alcance de Valentine- dijo Alec firmemente para que sus padres entendieran de una vez por todas- adoptaron a Jace para que estuviera a mi lado, hicieron todo lo que pudieron para que nadie más se enterara solo porque yo no quería.

-Era lo mínimo...

-Trajeron a Michael cuando lo necesité- interrumpió Alec a su padre, mirándolo fijamente- tu lo sabías. Sabías que me ayudaría- se quedaron en silencio unos minutos, mirándose entre ellos- dejaron que Magnus se acercara a mi- dijo el chico al fin, Maryse y Robert lo miraban detenidamente- aunque les molestara, a pesar de que veían como estaba dependiendo tanto de él, nunca lo apartaron.

-No podíamos hacerte eso- dijo Maryse, negando con la cabeza.

-Podía ver lo difícil que les era dejarme ir con él- dijo Alec con una sonrisa triste- se preocupaban, pero sabían que estaba mejorando. Por eso me dejaron, no es así?

-Magnus te ha ayudado muchísimo, Alec- dijo Maryse, asintiendo con la cabeza- vimos la mejora inmediata que tuviste justo después de conocerlo.

-No quiero que sientan que no me han ayudado, porque si lo han hecho- les dijo Alec.

-Pero nunca hablamos contigo, Alec- dijo Robert- eso es lo primordial en estos casos.

-No necesitaba hablarlo con ustedes- dijo Alec, bajando la mirada- ustedes lo saben. Saben lo que me pasó. Lo... lo vieron- hubo un profundo silencio después de eso, un escalofrío recorrió a los padres Lightwood al recordar esa horrible imagen que aun los atormentaba en ocasiones- de verdad, mamá, papá. Créanme que no son idiotas. Mucho menos inútiles.

-Terminó siendo una plática para hacernos sentir mejor a nosotros, eh?- bromeó Robert, limpiándose las lagrimas que había soltado. Alec le sonrió.

-Gracias, mamá, papá- dijo Alec, mirándolos a ambos. Maryse se levantó rápidamente y se sentó junto a su hijo.

-No tienes que agradecer, cielo- le dijo, envolviéndolo en un abrazo. Robert se apresuró a sentarse del otro lado de Alec y abrazarlo también.

-Estoy mejor, les juro que si- les dijo firmemente, con una pequeña sonrisa en los labios.

-Nos alegra escucharlo- dijo Robert, inclinándose para tomar otro puñado de galletas.

-Y de verdad creo que tienes que volver a Idris a ayudar a Michael, papá- dijo Alec, con una sonrisa- se ponía histérico cada vez que tenía que organizar la cena para mis hermanos y para mí, no quiero imaginarme como debe de estar como Inquisidor y sin ayuda.

-Planeo regresar, si- dijo Robert, sonriendo también.

En realidad, él había sido la razón por la que Michael había aceptado el puesto de Inquisidor. El rubio siempre había sabido que su Parabatai era bueno para la política. Pero también tenía entendido que, para Robert, Alec era más importante que el puesto de Inquisidor. Si su hijo lo necesitaba, Robert mandaría a volar su trabajo y regresaría a Nueva York enseguida. Pero si Michael aceptaba el puesto de Inquisidor, Robert podría ayudarlo y aconsejarlo, y cuando el Lightwood tuviese que irse, él se quedaría a hacer guardia.

-Pero no se irá aun. No antes de conversar contigo- dijo Maryse firmemente.

-Pensé que acabábamos de conversar- dijo Alec, algo confundido.

-No hemos terminado- le dijo Robert. Alec miró de uno al otro, comenzando a ponerse nervioso nuevamente.

-Como ya dije, no quiero que nos dejes fuera de nuevo, Alec- dijo Maryse, tomando la mano de su hijo entre las suyas.

-Tuviste un cambio de actitud después de lo que ocurrió en el Burren- dijo Robert seriamente. Alec bajó la mirada- cuando me di cuenta de lo que pasaba, Magnus ya estaba en el suelo y Aldergold... él...- Alec se estremeció y cerró los ojos con fuerza- no sé qué fue lo que te dijo, Alec. Pero esos segundos bastaron para afectarte mucho.

-No me dijo nada que no me hubiera dicho antes, papá- dijo Alec en voz baja.

-Si no fue lo que te dijo, entonces que fue?- preguntó Maryse. El menor se negaba a mirar a sus padres. Nunca había hablado sobre sus sentimientos con ellos, no sabía cómo iría.

-No fue... quiero decir, no es que no me afectara lo que me dijo, es solo...- Alec soltó un largo suspiro y miró directo a sus pies- Aldergold ya no está.

Los adultos se miraron un segundo, preocupados. Nunca habrían pensado que a Alec le entristeciera que Aldergold estuviese muerto. Por Raziel! Ni siquiera podían imaginar que su hijo sintiera lastima por ese monstruo! Ambos respiraron profundamente, pensando en que decirle al chico. No querían lastimarlo, pero ahora comenzaban a dudar seriamente de su salud mental.

-De haber sabido que te afectaría tanto, simplemente lo hubiera capturado- dijo Robert, aun muy confundido.

-No, papá, me entendiste mal. No fue... no fue su muerte lo que me afectó- dijo Alec y los dos padres respiraron un poco más tranquilos- es solo... no me importa que muriera, no me alegra ni mucho menos me entristece, pero... ahora que está muerto me doy cuenta, luché tanto por encerrar a Aldergold, por mantenerlo alejado de mi, incluso hice publico el juicio para lograr meterlo a la Ciudad de Hueso por el resto de su vida. Pero nada de eso sirvió.

-Claro que sirvió. Alec, ese monstruo...

-Me refiero a mi- interrumpió el chico a su madre- claro que me alegraba saber que nunca podría volver a dañar a otro chico. Que todos los demás jóvenes Nefilim estaban a salvo de sus garras. Pero yo... no me sirvió de nada a mí.

-Pensábamos que te sentías mas seguro- dijo Robert.

-Eso era lo que intentaba- dijo Alec, mirando fijamente al suelo- Aldergold físicamente ya no era una amenaza para mí, pero... pero siempre lo tenía conmigo, en mi cabeza. Y el que ahora este muerto no hizo absolutamente nada para cambiar eso.

Los tres se quedaron en silencio un momento. Los padres Lightwood se miraron, entendiendo lo que quería decir su hijo. Ellos habían leído muchísimos libros sobre el tratamiento a víctimas de abuso sexual. Les había sido muy difícil, imaginar que su propio hijo se sintiera como todos esos pacientes afectados. Para Alec el luchar por alejar a Aldergold de él era solo un mecanismo de defensa en su mente. Creía que mientras más alejado estuviera, mientras más muros hubiera entre ellos, creía que mejoraría más rápido. Pero no había mayor distancia que la de ahora. Aldergold estaba muerto y Alec se daba cuenta que todo lo que había hecho para sentirse seguro, había sido en vano.

-Alec, ya no tienes que preocuparte por Aldergold. Sabes que nunca más te hará daño, ya no puede atormentarte- dijo Robert seriamente, Alec siguió con la mirada en sus pies- tienes que darte cuenta de eso.

-Lo se...

-No, no lo sabes. En tu mente, Aldergold sigue estando ahí, sin importar si es físicamente o no- lo interrumpió Robert.

-Ahora tu lucha es contigo mismo, Alec- dijo Maryse y Alec levantó la mirada rápidamente hacia ella- durante los juicios, durante la pelea en el Burren. Tenías la presencia física de Aldergold ahí, eso es mucho mas difícil de superar.

-Él ya no es un obstáculo físico, Alexander- siguió su papá- debes ser fuerte, debes enfrentar tus recuerdos, tus sentimientos.

Se quedaron en silencio nuevamente. Los padres observaban a Alec procesar lo que le habían dicho, era buena señal, al menos lo estaba considerando. Después de un par de minutos, Alec les dedicó una pequeña sonrisa y asintió levemente.

-Supongo que ahora soy mi propio peor enemigo, eh?- dijo el chico con un tono triste.

-Eso solo si no te pones de acuerdo con tu cerebro- bromeó Robert, ganándose un golpe por parte de Maryse. Alec soltó una risita y tomó una galleta.

Después de la plática con sus padres, Alec se sentía... ligero. Como si se hubiese sacado algo del pecho. Él pensaba que su noche en el departamento de Magnus y el haber por fin hablado con sus padres eran la razón de que se sintiera tan bien. Sentía que podía lograr lo que fuera a partir de ese día. Y así lo hizo. Pasó los siguientes dos días entrenando y yendo de caza con sus hermanos, y durmiendo con Magnus por las noches. Las cosas mejoraban rápidamente para ellos también. Alec había vuelto a pedirle un delicioso masaje al Brujo y todo había salido perfecto. A pesar de que Alec había tenido que detenerse nuevamente cuando, tanto él como Magnus, estaban bastante entretenidos. Pero ambos estaban felices de poder al fin volver a su relación "normal".

Esa mañana, Magnus y Alec desayunaban tranquilamente, bueno, casi. Alec protegía su tocino de las garritas de Presidente Miau, que se había sentado a un lado de su plato y ya llevaba cuatro intentos de robar dicho alimento. Magnus reía mirándolos, no podía estar más feliz. La noche anterior Alec había tenido un gran avance. No se había sentido incomodo al notar la erección del Brujo, e incluso había movido su cadera para poder frotarse contra él. Había sido solo unos cuantos minutos antes de que el ojiazul tuviera que detenerse, pero había sido asombroso. El teléfono de Alec sonó en ese momento, distrayéndolo y dándole oportunidad a Presidente de por fin robar un pedazo de tocino.

-Oye! Magnus, podrías...- dijo Alec señalando al gato antes de responder su celular. Magnus rió y tronó los dedos para desaparecer el tocino de la boca de Presidente. El gato lo miró con reproche.

-Lo siento, te lo dejaría pero sé que el tocino te provoca gases- le dijo Magnus encogiéndose de hombros.

-Hola, papá- saludó Alec al teléfono- sí, estamos desayunando- hubo una pausa en la que Alec rodó los ojos- no duerme tanto, en realidad ya está despertando más temprano.

-Espero que se esté refiriendo al gato- le dijo seriamente Magnus a su novio. Alec lo miró con una sonrisita de disculpa.

-Claro, espera, se lo diré- dijo Alec al teléfono, antes de poner el aparato contra su hombro y mirar a Magnus- mi papá quiere saber si no estás ocupado esta tarde.

-Oh, vaya, pensaba tener una cita con el hijo, no esperaba que el padre también me invitara a salir. Que dilema- dijo Magnus, luciendo pensativo. Alec rodó los ojos.

-Quiere que hagas un portal hacia Idris- le explicó- aparentemente ya va a volver a ayudar a Michael.

-Oh, ya volverá con su esposo?- preguntó Magnus antes de dar una mordida a su pan tostado.

-Magnus- lo regañó Alec.

-De acuerdo, de acuerdo. Creo que puedo pasarme por el Instituto más tarde- dijo el Brujo encogiéndose de hombros.

-Bien- Alec volvió a poner el celular en su oído- dice que está bien- Magnus lo observó mientras Robert hablaba por el otro lado de la línea- claro, no creo que haya problema. Nos vemos en un rato. Adiós.

-No haya problema con qué?- preguntó Magnus, mirando a Alec con ojos entrecerrados.

-En que... John regrese de Idris por el mismo portal- dijo Alec, sintiéndose algo culpable. De nuevo estaba tomando control de la magia de Magnus- lo siento, no pensé que...

-No te preocupes, cariño- le dijo Magnus, tomándole la mano. Alec le sonrió, disculpándose- mejor que regrese ahora, si no me harán ir hasta el East Side otra vez para traer a John.

Esa tarde, Magnus y Alec regresaron al Instituto juntos. Se tomaron su tiempo. Tomaron el metro y caminaron tranquilamente por las calles de Manhattan, tomados de la mano. A Alec le encantaba eso. Se sentía como una pareja de verdad, una pareja normal. Llegaron al Instituto y la maleta de Robert ya estaba en el jardín delantero. El invierno se acercaba, y el aire en la ciudad estaba bastante frío. Todos esperaban en el vestíbulo, protegiéndose del clima. Alec los llamó rápidamente y todos salieron para encontrarse con el Brujo.

-Hola, Magnus!- saltó el pequeño Max, acercándose a la alta figura de Magnus y echando la cabeza hacia atrás para poder mirarlo a los ojos.

-Hola, pequeño Cazador de Sombras- saludó Magnus, desordenándole el cabello a Max.

-Vas a traer a John de vuelta, verdad?- preguntó Max, dando saltitos emocionados.

-Sí, no te preocupes, ya te traigo a tu niñero- le dijo Magnus con una sonrisa.

La familia Lightwood se acercó a Magnus y Max mientras miraban al Brujo abrir el brillante Portal junto a una de las paredes del Instituto. Robert se giró y abrazó a Izzy, pero antes de que pudiera seguir despidiéndose de su familia, el portal brilló y dio paso a John, que apareció frente a ellos llevando una pequeña maleta.

-Volví!- exclamó el chico, mirando a su familia adoptiva. Max e Izzy corrieron a abrazarlo.

-John!- gritó Max, saltando y abrazándolo por la cintura. Isabelle también saltó y se colgó del cuello del rubio. John soltó su maleta y pasó un brazo por la cintura de Izzy y con el otro abrazó a Max.

-Te extrañé- dijo Izzy, aferrándose a él.

-Quítate! Yo lo extrañé más!- saltó Max, empujando a su hermana sin dejar de abrazar a John. El rubio rió feliz.

-Por qué a mí no me reciben así?- preguntó Robert en voz baja, haciendo reír a los demás.

-Yo te extrañaré, papá- dijo Alec dándole palmaditas a su padre en la espalda para hacerlo sentir mejor.

-Gracias- dijo Robert, girándose para abrazarlo y despedirse. Después de la despedida y bienvenida, Robert partió a Idris y todos entraron en el Instituto.

-Clary viene en camino- anunció Jace, mirando la pantalla de su celular al entrar en el vestíbulo.

-Pueden quedarse a cenar- dijo Maryse, caminando en dirección a la cocina. Acarició la mejilla de John al pasar a su lado- estoy preparando lasaña.

-Mi favorito!- exclamó John, contento.

-Supuse que te haría falta comer comida de verdad. La cena estará lista más tarde- dijo Maryse antes de girarse y alejarse. John asintió y suspiró profundamente. Había pasado sus días en Idris preparando la comida para él y su padre. Si bien no era tan malo como Isabelle, aun le hacía falta practicar esa habilidad.

-Yo voy a subir mi maleta y los alcanzo en el estudio- dijo John, volviendo a tomar su pequeña maleta y yendo hacia las escaleras.

-Te ayudo- se apuntó rápidamente Isabelle, tomándolo del brazo. John le sonrió ampliamente.

-Yo también!- saltó Max, soltando la carrera hacia ellos. Izzy hizo un puchero.

-Espera, espera- Jace detuvo a Max, pasando un brazo por el pecho del niño y tirando de él para que lo siguiera.

-Pero...

-Mejor vamos a la cocina, tu mamá preparó chocolate caliente- lo interrumpió Jace, arrastrando al niño hacia la cocina. Jace y Max desaparecieron hacia la cocina, y John e Izzy corrieron escaleras arriba hacia la habitación del rubio. Pero a medio camino Isabelle se paró en seco y se giró hacia su hermano mayor.

-Alec, la alarma!- exclamó, mostrándole la pantalla de su celular.

-Entrenaremos juntos mañana, verdad, John?- preguntó el ojiazul. John lo miró, algo confundido, pero asintió.

-Claro, no entrené mucho en Idris, estoy algo oxidado- respondió el rubio, encogiéndose de hombros.

-Perfecto- dijo Alec, con una sonrisa de oreja a oreja. John se confundió aun mas, pero Izzy tiró de él para que siguiera subiendo por las escaleras.

-Que fue eso?- preguntó Magnus, alzando una ceja.

-Tengo un trato con Isabelle- respondió Alec, mirando al Brujo- te quedarás?

-Quedarme a cenar?- preguntó Magnus. Alec se encogió de hombros.

-Siempre que mamá prepara lasaña, comemos eso una semana- respondió Alec caminando hacia la cocina, también quería chocolate caliente- la receta en el libro es para 20 personas y ella la sigue al pie de la letra.

-Por qué no divide los ingredientes para que salgan menos porciones?- preguntó Magnus, siguiendo al ojiazul.

-Una vez Jace se lo dijo, mamá se indignó y dejó de cocinar cena por una semana- respondió Alec- tuvimos que comer los desastres de papá. Créeme, nadie nunca más le dirá a mamá que hacer en la cocina.

-Bien pensado- dijo Magnus, alzando las cejas.

-o-o-o-o-o-o-o-o-

Los días pasaron y todo iba muy bien para los Lightwood. Las cosas se habían tranquilizado bastante en el Instituto y Robert había llegado a la casa Wayland para tranquilizar a un histérico Michael con una mega carga de trabajo. Jace había comenzado a tomar lecciones de meditación con Jordan, no que funcionaran mucho, teniendo en cuenta el temperamento del rubio, pero de algo servía. Magnus y Alec también habían avanzado mucho. Cada día, Alec progresaba un poco más.

El ojiazul se aseguraba de no dejar su práctica diaria de besar al Brujo hasta cansarse. Magnus estaba mas que feliz de ayudarle. Ahora él también podía ser el que se acercaba primero, podía acorralar a Alec contra la pared sin miedo a que el chico reaccionara mal. Claro que tenía que cederle el control en cuanto comenzaban a besarse, pero era algo que podía hacer sin problema.

Alec pasaba todas las noches en el departamento de Magnus. Ya no tenía por qué avisarle a mamá Jace ni a mamá Maryse que se quedaría ahí. Y Magnus tomaba eso como un gran logro personal. Eso y poder toquetearse con Alec cada noche antes de dormir sin que el chico sufriera de pesadillas. Y había otras noches en las que podían llegar un poco más lejos. A Alec le gustaba experimentar, le gustaba empujarse más allá. Justo como esa noche.

Alec besaba a Magnus profundamente y el Brujo se dejaba hacer, como siempre, permitiéndole a Alec tener el control. Las manos del chico al acariciarlo ya no temblaban, eran firmes mientras paseaba sus dedos por la espalda del Brujo o pegaba sus pechos para tener mas contacto. Fue cuando Magnus sintió que la mano le Alec temblaba al posarse en su cadera que supo que el chico quería intentar otra cosa. Se apartó solo un poco, dándole espacio. Alec también se separó un poco, pero bajó la mirada, hacia la notable erección de Magnus.

-Estas bien, cariño?- preguntó el Brujo. Alec ya lo había visto así antes. No creía que le incomodara. El ojiazul pasó saliva pesadamente.

-Pu... puedo?- preguntó Alec en voz muy baja y sin mirarlo a los ojos, acariciando con los dedos el borde de los boxers de Magnus.

-Por supuesto que sí- dijo Magnus en tono bajo y tranquilo, intentando contener la ola caliente que había recorrido su cuerpo al escuchar a Alec.

Alec movió su mano poco a poco hasta tocar, por encima de la tela, la erección de Magnus. El Brujo pasó saliva y contuvo un gemido. El ojiazul miró fijamente lo que hacía, nunca antes había mirado. Nunca se había atrevido a mirar cuando había hecho eso en Islandia. Cerró los ojos fuertemente sintiendo una punzada de horror, pero rápidamente levantó el rostro y besó a Magnus. Se besaron suavemente, hasta que Alec se tranquilizó y pudo seguir disfrutando. Profundizaron el beso y Magnus se sorprendió de sobremanera al sentir que Alec escabullía su mano dentro de sus boxers.

-Es... está bien?- preguntó Alec al sentir que Magnus daba un respingo debido a la sorpresa.

-Claro que está bien- le sonrió rápidamente para que Alec no se arrepintiera. El Nefilim bajó la mirada nuevamente, apartó con cuidado la tela, mordiéndose el labio. Sintió mariposas por todo su pecho y vientre. Cerró los dedos en la base de la erección y comenzó a mover su mano de arriba a abajo. Magnus dejó escapar un gemido, pasando su mano por toda la espalda del Nefilim.

-Magnus- murmuró Alec volviendo su rostro al del Brujo para volver a besarlo. Se besaron profundamente otra vez, al tiempo que Alec movía su mano. El Brujo se limitó a acariciar la espalda de Alec, sin querer presionarlo. No fue sino hasta que movió su pierna y sintió el duro miembro de Alec contra su muslo, que decidió avanzar un poco más.

-Yo también puedo?- preguntó Magnus, separándose un poco. Alec lo miró a los ojos y asintió rápidamente antes de volver a besarlo. El Brujo acaricio la erección de Alec por encima de la tela de sus boxers, dándole tiempo para acostumbrarse al contacto. Moviéndose con cuidado, Magnus jugueteó con el elástico de los boxers de Alec. Al no encontrar resistencia, quitó la tela lentamente, sintiendo las reacciones del chico en todo momento.

Alec apretó sin querer la erección de Magnus al sentir los suaves dedos del Brujo sobre la propia. Magnus gimió ante la sensación y cerró los ojos con deleite. El ojiazul jadeó, separándose de Magnus un poco y bajando la mirada. Ambos tenían los boxers a medio poner. Nunca había mirado fijamente una erección. Él no había tenido una hasta hacía poco, con Magnus. Y en Islandia... se estremeció y levantó la mirada rápidamente hacia el rostro del Brujo, pero no vio lo que buscaba.

-No... no cierres los ojos- pidió Alec rápidamente. La habitación estaba a oscuras y los brillantes ojos de Magnus eran lo que le decía que estaba con él y no con alguien más- tengo que verte. Saber que eres tú.

-Siempre seré yo, cariño- susurró Magnus, mirando los profundos ojos azules fijamente.

-Siempre serás tu- repitió Alec con un suspiro antes de besarlo. Se acariciaron de ese modo por unos minutos. El ojiazul sintiéndose cada vez mas cómodo con los toques entre ellos, y Magnus se daba cuenta.

-Espera- dijo Magnus. Alec lo miró y se dio cuenta que Magnus había bajado la mirada hacia sus entrepiernas. El ojiazul siguió la mirada del Brujo y se dio cuenta de lo que hacía. Apartó su mano y movió su cadera hasta quedar más cerca para que Magnus pudiera tomar ambas erecciones juntas. Alec se dejó llevar. Dejó su mente en blanco y se enfocó en la sensación. Se sentía asombroso, correcto- Alec?

-No te detengas- murmuró el chico, abrazándose al cuello del Brujo. Magnus obedeció. Se acariciaron y besaron profundamente mientras Magnus aumentaba el ritmo de sus caricias. Ambos soltaban gemidos y jadeos, disfrutando del contacto. Magnus hacia uso de todo su poder de autocontrol para enfocarse en Alec. Leía las reacciones del ojiazul, viendo cuando necesitaba espacio, cuando podía avanzar un poco más, cuando Alec necesitaba mirarlo a los ojos. De pronto, Alec se separó de él, jadeando y mirándolo fijamente- estoy... me voy a...

-Está bien, cariño, es perfecto- murmuró Magnus, besando suavemente la sonrojada mejilla del menor. Alec soltó un gemido y se pegó aun mas a Magnus. El Brujo dejó su propia erección y se concentró en Alec. Quería que se sintiera bien, quería que supiera que eso no era algo malo. Quería mostrarle a Alec el lado bueno de las relaciones sexuales. Que se olvidara del dolor, del sufrimiento, de todo lo malo que esa acción lo hacía recordar.

-Mag... Magnus- Alec seguía mirando los ojos del Brujo mientras esa sensación que no había tenido en años lo llenaba. Magnus se inclinó y volvió a besar suavemente la mejilla del Nefilim. El ojiazul soltó un gemido y se pegó a Magnus, escondiendo el rostro en su cuello- aaaah... ann... abrázame.

Magnus pasó su brazo libre por los hombros de Alec y lo pegó a su cuerpo, besando su cabeza dulcemente. El Nefilim se aferró a los hombros del mayor al sentir que todo su cuerpo se tensaba y su orgasmo lo golpeaba como nunca antes lo había hecho. Magnus abrazó a Alec contra su cuerpo, sintiendo los espasmos del chico mientras este gemía contra su cuello. El Brujo se concentró en besar los despeinados cabellos negros mientras Alec recuperaba el aliento.

Alec, por otro lado, estaba en las nubes. En verdad había visto estrellas. Estrellas verdosas con brillo dorado, igual al color de los ojos de Magnus. Soltó una risita entre jadeos. Podía sentir al Brujo abrazarlo fuertemente. Levantó la mirada y soltó otra risita al ver los brillantes ojos de gato que lo miraban algo preocupados. Se inclinó y besó profundamente a Magnus sin poder dejar de sonreír. Se besaron dulcemente un par de minutos, en lo que Alec terminaba de recobrar sus sentidos.

Se separaron un poco y Alec sonrió ampliamente. Sus ojos azules miraron fijamente los de Magnus, que también sonreía. El Nefilim no podía dejar de soltar risitas bobas y se abrazó a Magnus, pegando su mejilla en el pecho del mayor. Magnus lo abrazó de vuelta fuertemente, sintiendo el corazón de Alec latir desbocado. Su propio corazón latía a mil por hora. Estaba tan feliz por el chico que no le importaba que su erección hubiese quedado olvidada. Alec se merecía eso y más. Merecía toda la felicidad del mundo. Merecía sonreír y reír de ese modo todos los días, y aun así no era suficiente. Ese Nefilim en sus brazos era lo más maravilloso que le había pasado en toda su vida.

-Te amo, Alec- murmuró suavemente, contra los negros mechones de cabello. Sintió como el ojiazul se tensaba. Alec se separó de golpe, mirando a Magnus con ojos brillantes como platos. El Brujo también lo miró, le sonrió tiernamente y Alec no pudo contenerse. Las lagrimas comenzaron a brotar justo antes de lanzarse a besar a su novio. Magnus devolvió el descuidado y húmedo beso con una sonrisa. Al separarse Alec ya estaba soltando sollozos de felicidad.

-Mag.. Ma... ugh...- Alec no podía pronunciar palabra sin soltar un sollozo, y Magnus no pudo contener una risita.

-Calma, Nefilim estúpido, te entiendo- le dijo, besándole la cabeza- es hora de descansar.

Alec asintió como pudo y volvió a abrazarse de Magnus, sin dejar de jadear debido a los sollozos. El Subterráneo lo abrazó suavemente y tronó los dedos para ponerle un par de pijamas a ambos. Sintió al Nefilim suspirar y relajarse contra su pecho y lo imitó. Esa noche había sido perfecta. SU Alexander había dado un paso enorme y estaba feliz, haciéndolo aun más feliz a él. Besó la cabeza del Nefilim una última vez antes de dejarse llevar por Morfeo.

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