—Taehyung, te dije que sin marcas— Suga no era la clase de persona que despertaba de buen humor, por más que lo intentara. Aún así, siempre lograba controlarse de explotar por cosas insignificantes, evitando que los sentimientos de su acompañante salieran demasiado lastimados. Sin embargo, cuando la otra persona hacía algo que de verdad llegaba a irritarlo, le costaba bastante mantenerse tranquilo, y su novio siempre tuvo un gusto increíble por ver hasta qué punto podía empujarlo para que perdiera la cabeza. ¿Era realmente el hombre con el que quería pasar el resto de sus días?

Taehyung río desde donde estaba, acostado con la sábana hasta la cintura, mirándolo. Se encontraba completamente desnudo, a diferencia del rubio, quien se había puesto ropa interior antes de ir a dormir. Suga comenzó a caminar de regreso a la cama con los brazos cruzado —No te rías, lo digo en serio. ¿Cómo se supone que cubra esto? — Se detuvo cerca de Taehyung, quien se incorporó con lentitud.

—No lo haces— Tomó al otro del brazo, jalándolo hacia él, haciendo que quedara sentado sobre sus piernas. El mayor no se resistió en ningún momento, aunque la expresión de enfado permaneció en su rostro —Las dejas a la vista para que todos sepan que estás con alguien—.

—Marcado igual que una vaca, genial.

—No digas eso— Taehyung comenzó a recorrer el cuerpo del otro con sus manos, mirándolo con gran devoción —Es solo que... mírate. Tu piel es preciosa y se ve perfecta con todas esas marcas. Simplemente no pude contenerme. Cada vez que te tengo debajo de mí, retorciéndote de placer y pidiendo por más, no puedo pensar en algo que no sea deshacerte por completo— acarició las mejillas del otro —Eres tan hermoso. No termino de creer que estemos juntos— el profesor decía todo aquello con total honestidad, pero con una doble intención: mejorar el mal humor de su novio. Si bien encontraba adorable a un Suga gruñón, éste podía complicar la manera en que se relacionaban. Sin mencionar que no deseaba que el otro permaneciera molesto con él y terminara odiándolo. No recibió respuesta alguna.

—Oh vamos, no están tan mal. Esta vez intenté hacerlas menos fuertes— volvió a enfocarse en el cuerpo del otro mientras recorría lentamente su pecho, siguiendo el camino de las marcas con la punta de los dedos.

Suga apretó los labios.

—¿Te diviertes?

—Bastante.

—Taehyung, no estoy bromeando— el mayor miró hacia otro lado —No se trata de que las hagas menos fuertes. Deja de hacerlas en lugares donde cualquiera pueda verlas— el otro seguía con lo suyo. Sonrió con sensualidad.

—Ya veo...

—Bien.

—Entonces, de ahora en adelante, solo tengo que asegurarme de evitar las áreas visibles— Suga abrió la boca, listo para replicar, cuando su novio comenzó a besar su hombro, después su clavícula, subiendo por el cuello hasta su quijada. Llevaba un ritmo lento, lo que le hacía temblara ligeramente. Adoraba los besos de Taehyung, sentía una agradable calidez en donde su boca había estado. No quería ceder, aún tenía un punto que dejar en claro, pero el menor no se detenía y Suga tampoco deseaba que lo hiciera. Necesitaba más contacto. A ese punto, Taehyung ya solo estaba jugando con él, no había manera de que no supiera lo que le provocaba.

Una simple mirada hacia el chico fue prueba suficiente. El profesor sonreía con satisfacción mientras iba depositando besos en su cuello. Lo estaba provocando.

—Taeh...— De nuevo, no tuvo tiempo suficiente para quejarse. El mencionado rápidamente conectó sus labios en un beso profundo. En otras circunstancias se habría molestado por haber sido cortado de manera tan abrupta; en aquel momento, no podría importarle menos. Tenía lo que quería.

Ambos jóvenes permanecieron besándose durante algunos minutos, explorando cada parte de sus cuerpos como si fuera la primera vez. Suga sonrió ante aquel pensamiento. No importaba cuantas veces lo hicieran, Taehyung siempre lograba hacer que se sintiera distinto, emocionante. El mayor dudaba que fuera a cansarse del chico alguna vez.

Taehyung, en cambio, estaba seguro que jamás se hartaría del mayor. Todo en ellos congeniaba a la perfección. No pensaba dejarlo ir por más peleas que tuvieran o incluso en tiempos difíciles. No se necesitaban, pero estaban hechos para estar juntos. Era más de lo que podía desear. El simple hecho de poder tocarlo de esa manera, saber que podría pasar una vida entera con él, era un sueño hecho realidad. Si Suga llegara a olvidar cuánto lo amaba, Taehyung conocía bastantes maneras de recordarselo, y varias involucraban sexo.

Ninguno de los dos estaba seguro de quién fue el que tomó la iniciativa, pero, de un momento a otro, el profesor se encontraba acostado en la cama con el otro encima de él mientras comenzaba a mover su cadera, creando fricción entre ambos. Taehyung llevó una mano a la cintura del rubio, enterrando sus dedos firmemente en estas para que se presionara más contra él, llevando la otra a la nuca del rubio para jalarlo hacia él y reanudar el beso. Suga soltó un gemido ahogado, motivando más al menor.

El celular del más alto de los dos comenzó a sonar. Ambos jóvenes hicieron lo posible por ignorarlo, pero al no estar en silencio, la melodía que el profesor había puesto como default para todos sus contactos no dejaba de sonar. El profesor estaba haciendo un gran trabajo en ignorar su dispositivo móvil, más preocupado por masajear las piernas del otro, pero Suga comenzaba a irritarse. Se apartó del chico y lo miró a los ojos, su rostro estaba considerablemente sonrojado, al igual que sus labios.

—Contesta el teléfono— su voz salió jadeante.

El profesor realmente no quería hacerlo, pero no dudaba que el otro simplemente pararía si no lo escuchaba, por lo que extendió su brazo para alcanzar el celular. El bar tender se vio bastante satisfecho con aquello, comenzó a besar el pecho del profesor. Taehyung maldecía con todo su ser a quien estuviera al otro lado de la línea.

—¿Hola? — trató de hacer que su voz sonara lo más normal posible, teniendo en cuenta que su novio seguía en lo suyo. Tuvo que reprimirse de decir alguna grosería al darse cuenta que su interlocutor era nada más y nada menos que Jungkook —Ajá… sí… sí, aquí está— Suga se detuvo, mirándolo curioso. —¿Hoy? ¿A qué hora? —Taehyung tenía una mirada seria en su rostro repentinamente. El rubio se acostó en su pecho mientras el menor lo envolvía con su brazo libre para poder abrazarlo —Mira… lo voy a intentar, pero no esperes mucho, ¿de acuerdo?... Okay, sí… ajá. Adiós— sin más colgó y aventó el celular lejos de él. No quería más interrupciones.

—¿Todo bien? Te ves algo tenso.

—No es nada. Jungkook marcó, dice que quiere vernos, a los dos.

Suga ladeó ligeramente la cabeza, o al menos lo intento.

—¿Dijo por qué?

—No.

—Taehyung...

—El motivo es irrelevante, el punto es que ya tenemos planes para esta noche.

El mayor soltó un bufido mientras se reacomodaba.

—Que emoción— su tono denotaba sarcasmo. Taehyung no era tonto, iba a ser una noche complicada. Lo mejor era disfrutar el momento mientras durara.

—Tenemos todo el día para preocuparnos por eso— tomó al otro e hizo que ambos dieran la vuelta, quedando encima del otro, con ambas manos a un lado de su cabeza —Ahora, ¿en qué estábamos? —.

Suga lo miró y volvió a sonreír, el menor interpretó aquello como una señal. Tomó las piernas de su novio y las colocó sobre sus hombros, comenzando a besar los muslos del chico con la intención de que después se formaran chupetones en éstos. Podía llegar a acostumbrarse a ello, estaba seguro que aquellas marcas se verían mucho mejor en aquella zona, además, adoraba las piernas de su novio. No le importaba que los demás dijeran que no tenían gracia alguna, para él eran la cosa más sexy en todo el mundo. Deseaba en secreto que su novio comenzara a usar shorts. Si bien los pantalones pegados le favorecían bastante, el profesor perdería la razón si el mayor llegaba a usar algo más revelador alguna vez... Ahora que lo pensaba mejor, tal vez no era una buena idea.

Suga se mantenía ajeno a todo lo que el chico estaba pensando acerca de él, perdiéndose en un mar de sensaciones. Lo estaba disfrutando, pero se sentía demasiado consciente de su propio cuerpo, el miedo de no ser suficiente para él volvió. En algún punto, ambos jóvenes quedaron completamente desnudos, el barista admiraba el cuerpo perfecto y bien moldeado de su novio y sintió vergüenza. Intentó cubrirse, pero fue detenido por el otro, quien lo miraba con gran cariño.

—Yoongi, no te tapes. Ya hablamos de esto.

—Sabes que mi cuerpo no es…

Fue silenciado con un beso una vez más.

—Suga, tus cicatrices, tu abdomen...— y mientras decía eso volvió a besarlo, acariciandolo mientras bajaba hasta la parte posterior del otro —Tus piernas, tu cara, tu cabello, todo, a mis ojos, es hermoso. Por favor no te ocultes, quiero admirarte como realmente eres. No quiero perderme de absolutamente nada—

Comenzó a dejar pequeños besos en su pecho y abdomen hasta llegar a su pelvis. Tomó el miembro de Suga con una mano para después introducirlo en su boca lentamente, comenzó a subir y bajar con un ritmo constante y considerablemente rápido, succionaba tan solo con la suficiente fuerza. Sabía de qué manera le gustaba al mayor. No era mucho lo que podía apreciar de reojo, pero los sonidos que el rubio emitía, así como la manera en que arqueaba su espalda, hacían que se calentara más. Taehyung se incorporó un poco para comenzar a besar el cuello del mayor mientras continuaba masturbándolo con su mano. Cerró los ojos, no sin antes tomar una de las manos de su novio y guiarla hasta su propio miembro. Si bien Suga estaba un poco fuera de sí, no necesitó de muchas instrucciones para entender lo que le estaba pidiendo: comenzó a tocarlo. El ritmo al que iba no era suficiente, el profesor comenzó a mover su cadera simulando estocadas, pero eso no ayudó en lo absoluto, tan solo hizo que deseara más. Soltó el miembro del otro, y miró al otro con una sonrisa.

—Si pudieras verte ahorita— buscó algo entre sus cajones, sacando un condón y un frasco de lubricante. Con cierta dificultad e impaciencia trato de ponerse el primero, pero sus manos temblaban demasiado por la anticipación. Quería hacer que Suga viera estrellas lo más pronto posible, pero sus torpes manos no parecían querer cooperar con él. El mayor se incorporó levemente y lo ayudó, siendo un poco más cuidadoso que él. Taehyung le sonrió, tomándolo de la quijada mientras introducía su dedo pulgar en la boca del joven, abriéndola ligeramente. Afrodita temblaba ante la belleza de su novio. Empujó el otro de vuelta a la cama y volvió a tomarlo de las piernas. Usaría el lubricante, pero antes quería ver más las expresiones del otro —Dobla más tus rodillas, bebé— puso la cara entre las piernas del mayor e introdujo su lengua en la entrada del chico.

El mayor apretó las sabanas, se sentía algo extraño. En cuanto el otro comenzó a moverla, mordió su labio inferior, comenzando a sentir placer ante la extraña nueva acción del más alto. Enterró sus dedos en el cabello de Taehyung mientras lo acercaba más a él. Comenzaba a perder la razón, quería que lo tocara más, pero no era capaz de formar oraciones coherentes en aquel momento. Taehyung se sentía sumamente satisfecho con la reacción que estaba obteniendo. Después de un rato de usar su lengua se apartó y vertió una generosa cantidad de lubricante en tres de sus dedos. Asegurándose en todo momento que el barista se sintiera cómodo, introdujo el primero, comenzó a moverlo en sus círculos para preparar al rubio.

—Más… Taehyung, puedo con más.

El chico sonrió e introdujo el segundo, ahora con menos cuidado; movía sus dedos como si fueran tijeras para dilatarlo. El mayor sentía una mezcla de placer y ardor. Ya estaba acostumbrado a ello, después de todo, era consciente de que era necesario. Cuando Taehyung introdujo un tercer dedo, no necesitó que el rubio se lo indicara. Suga ya estaba casi listo, pero no estaba de más hacerlo bien. El miembro del profesor comenzaba a doler, se posicionó rápidamente.

—Iré lento.

—No.

Sus deseos eran órdenes. Por más que lo adorara, comenzaba a hartarse de ir suave. Quería a su novio y lo quería ya. Comenzó a introducirse en el mayor, aferrándose con fuerza de sus caderas para que este no se moviera demasiado. Suga trataba de acostumbrarse lo más rápido posible.

Una vez dentro, Taehyung se mantuvo inmóvil unos segundos para recuperar la respiración. Tomó las manos de su novio, entrelazando sus dedos, y le sonrió. Comenzó a moverse con cierta brusquedad mientras mordía parte del pecho y los hombros del chico. Suga giró su rostro a un lado, intentando no gritar.

—Ojos en mí— el profesor hizo que lo volviera a ver, su voz era ronca —No quiero que pienses en nada que no sea yo— dicho esto, hizo un movimiento que dio en la próstata de Suga. Este se arqueó, soltando un vergonzoso gemido, el mayor quería que la tierra se lo tragara. Taehyung siguió moviéndose, ahora sosteniéndole con fuerza de la cadera. El ritmo que tenía se volvió mucho más rápido que antes, no estaba teniendo misericordia con él y eso le encantaba al mayor. Quería devolverle el favor al chico.

Suga empujó a Taehyung para cambiar de posición nuevamente, el rubio tomó asiento en sus piernas ante la sorpresa del otro.

—¿Qué ha…? — el rubio comenzó a descender, introduciendo el pene del profesor dentro de sí nuevamente. El menor apretó los dientes mientras hacía su cabeza hacia atrás, Suga aprovechó la oportunidad para besar su cuello, asegurándose de dejar un chupetón, esa sería su venganza. Colocó las manos en el abdomen del otro y, tomando impulso con sus piernas, comenzó a subir y bajar. Se sentía mejor de aquella forma. Su novio no tardó en ayudarlo, sosteniéndolo con firmeza y acelerando el ritmo —Así. Dios, te amo tanto Suga— Taehyung comenzó a besarlo mientras continuaban moviéndose. Llevó una de sus manos al miembro del mayor para no dejarlo solo. El rubio comenzaba a sentirse sobre estimulado.

Las palabras salieron por el calor del momento; a pesar de que lo dijo con sinceridad, era muy pronto aún. Ninguno de los dos dijo algo más, el único sonido que llenaba el cuarto era el de sus respiraciones entrecortadas y el de sus pieles chocando entre sí. Suga estaba al límite.

—V-voy a...— Taehyung pareció aumentar la velocidad más de lo que el otro creía que era humanamente posible. Quería alcanzarlo, más no lo logró. Debido a que volvió a dar en su punto p, el joven sobre sus piernas no pudo resistirlo más y llegó al orgasmo. El rostro de Suga, así como la manera en que lo apretó, provocaron que el menor tampoco pudiera aguantar más, viniéndose dentro del condón.

Ambos se quedaron dónde estaban, sudorosos, tratando de componerse. Taehyung levantó a su novio con sumo cuidado para salir de él y lo acostó en la cama. Antes de acostarse junto a él, se quitó el condón, haciendo un nudo para después tirarlo en un cesto cercano, acostándose finalmente y cubriendose con la sabana. Se acercó y lo abrazó.

—¿Estás bien? Perdón si fui muy rudo.

—No te disculpes— contestó después de un rato Suga, tratando de voltear a verlo —No estuvo mal—

El profesor sonrió y lo ayudó a que se volteara. Pasó un mechón por detrás de su oreja.

—A mí también me gustó.

—Esto no va a ser seguido— advirtió el otro, quien comenzaba a sufrir las consecuencias de la brusquedad de esa vez.

—Entonces será mejor que disfrute cada momento— lo envolvió en un abrazo —Vida...—.

—¿Mande?

—Hace un rato dije que te amaba, aunque lo dije en serio, fue por el calor del momento. No quiero que te sientas presionado a nada.

—Lo sé, realmente no lo pensé mucho— Suga recargó su cabeza contra el pecho del más alto, escuchando cómo su corazón latía de manera acelerada —En realidad… fue lindo—.

El profesor río y besó su cabeza.

—Vayamos lento.

—De acuerdo— el barista lo miró a los ojos —Entonces te quiero—.

El profesor sonrió.

—Es la primera vez que lo dices primero.

—Lo siento.

—No te disculpes, no es queja— Taehyung se aferró más a él —Creo que eso lo hace más especial. Gracias Suga, soy la persona más feliz del mundo—.

El mencionado no contestó, optando mejor por cerrar los ojos, estaba muy cansado. Los recuerdos de todas las cosas que tenía que hacer aquel día parecían querer arruinar aquel momento, pero no se los permitió. Ahora solo estaban Taehyung y él, nada más importaba.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

A Hoseok jamás le había importado si sus posesiones eran de marca o no. Era cierto que el apartamento en el que vivía actualmente era considerablemente lujoso, pero, en su defensa, no había sido su elección vivir ahí. La empresa para la que trabajaba fue la que le designó aquel lugar ya que se encontraba a unas cuadras de las instalaciones de ésta, aunque rara vez iba. No es que se quejara, de verdad apreciaba mucho la zona en la que vivía. No creía ser capaz de encontrar un lugar igual de pacífico. Si llegaba a darse la situación en la que tuviera que mudarse a un lugar menos ostentoso, lo haría sin problema alguno. Eso no significa que no disfrutaría mientras pudiera.

Hoseok, por ende, no era una persona superficial o materialista. Apreciaba la belleza de las cosas, pero no era su prioridad a la hora de tomar decisiones. O al menos eso pensaba. Se encontraba frente al departamento de su novio, Jun estaba batallando con la cerradura de la puerta, por lo que no se percató de todas las expresiones del rostro del mayor. El castaño quería creer que, quizá, el estilo decadente del edificio solo era algo de su exterior, tal vez lo apartamentos, o más bien cuartos, por lo que alcanzaba a ver, eran mejores por dentro. Una vez lograron entrar descubrió que no podía estar más equivocado.

Por dentro era igual, sino peor, que afuera. Era un espacio extremadamente pequeño en el que apenas entraba una cama, Hoseok observó que muchas de las pertenencias de su novio se encontraban amontonadas en una esquina dentro de varias cajas. La pintura de las paredes estaba corroída y el lugar tenía un extraño olor a putrefacción. El castaño estaba seguro que había escuchado una rata, pero no sabía dónde se encontraba el animal. Era definitivo: tenía que sacar al muchacho de ahí.

—¿En serio vives aquí?

Jun volteó a mirarlo, teniendo ya en sus brazos algunas cajas.

—Sí— se hizo a un lado para dejar que el otro pasara y le ayudara con las demás —Sé lo que estás pensando, pero no tuve muchas opciones en su momento. Cuando mis papás me echaron de casa, necesitaba conseguir algo rápido para pasar la noche y esto fue lo primero que encontré. Además, en aquel entonces mi salario era prácticamente inexistente, así que no estaba en posición de ponerme exigente. Las primeras noches fueron algo difíciles, pero créeme que, cuando de verdad necesitas un techo bajo el cual dormir, cualquier lugar se convierte en un palacio— comentó soltando una risita.

Hoseok no lo encontró gracioso en lo absoluto. Frunció el ceño mientras comenzaba a bajar las escaleras junto a su novio con varias cajas en brazos.

—Tú te mereces algo mejor. Un lugar como este no es bueno para una persona como tú, no puedo creer que tus padres permitieran que esto pasara.

Jun tan solo iba a bromear en un inicio, pero algo dentro de él lo detuvo. Estaba harto de fingir que no le afectaba, tenía todo el derecho de estar enojado por ello.

—Tienes razón, yo no merecía nada de esto— apretó las cajas —Siempre intenté ser un buen hijo, un buen amigo, un buen estudiante. Mi sexualidad era solo una pequeña parte de todo lo que me hace ser quien soy y no les importó. A sus ojos era un depravado más del montón. Pensé que jamás iba a conocer a alguien que me quisiera por quién soy, que mientras fuera gay, eso era lo único que los demás verían, que todo mi esfuerzo y dedicación habían sido por nada— suspiró, sintiendo el pecho más ligero. Su sonrisa volvió a su rostro —O al menos eso creí, hasta que los conocí a ti y a Suga, entonces entendí que todo valió la pena. No importa lo que tuve que vivir, lo haría todo de nuevo si la recompensa al final del arcoíris son ustedes. Ustedes son la única familia que necesito— miró hacia arriba, encontrándose ya a un lado del coche, en donde guardaron las primeras cajas —Pensándolo bien, este lugar no es tan malo, después de todo, aquí fue donde mi vida comenzó. Lo voy a extrañar— se acercó al otro joven con una amplia sonrisa, abrazándolo del cuello, aferrándose con fuerza y dándole un beso rápido —Gracias Hobi—.

—¿Por qué?

—Porque si no fuera por ti y Nieves, ahora viviría con tanto odio y rencor dentro de mí. Así que gracias por recordarme que, aún en momentos difíciles, se puede ser feliz. No sé qué hubiera sido de mí sin ustedes.— lo miró a los ojos.

Hoseok lo miraba con amor, acarició su mejilla con suavidad.

—Me alegra que pienses tan bien de mí, pero no me des todo el crédito por ello. Tú fuiste quien hizo todo el esfuerzo por ser feliz y seguir adelante, no sabes lo orgulloso que me siento de ti, Jun. Eres una persona maravillosa y fuerte, yo soy el que debería darte las gracias por esperarme tanto tiempo. Soy la persona más afortunada de todo el planeta.

Jun soltó una risita, colgándose levemente del otro. Ambos se miraron a los ojos. El mayor le dio un beso en la nariz al otro, pero fue incapaz de resistirse, por lo que le dio otros más en los labios. El menor correspondió con gusto. Por algunos segundos, ambos chicos se quedaron perdidos el uno en el otro, fue cuando Jun se separó para tomar aire que Hoseok regresó a la realidad.

—Será mejor que volvamos a subir, aún faltan algunas cajas.

Su novio tomó pose de soldado.

—Señor, sí señor.

Se tomaron de la mano y dieron media vuelta, volviendo a subir por las escaleras del lugar. Hoseok repentinamente abrió los ojos.

—Jun, casi se me olvida decirte: hoy en la mañana, Jimin me mandó un mensaje porque, al parecer, está organizando una fiesta en su apartamento. No estoy muy seguro de quién más va a ir, pero, por como están las cosas, supongo que no muchos, por lo que va a ser algo tranquilo. ¿Te gustaría ir?

Jun lo miró, sonriendo.

—¡Claro que s…! Ay, espera, perdón. Me encantaría ir, pero no puedo— el chico de cabello azul hizo un ligero puchero —Tengo que ir a trabajar hoy—.

—¿No puedes pedir el día libre?

—Podría, el problema es que Suga ya lo hizo. Eso significaría dejar al jefe solo y no. Estoy seguro que si se lo pido, me lo daría, pero manejar el bar no es cosa fácil. Es mejor cuando hay, al menos, dos personas atendiendo a los clientes— explicó mientras abría la puerta —Tú ve y diviértete. Después me cuentas cómo estuvo—.

Hoseok asintió algo decaído.

—De acuerdo, tomaré hasta desmayarme en tu honor.

—Por favor no lo hagas, esos son la peor clase de borrachos en mi experiencia. No se lo deseo a nadie.

El mayor río y asintió.

—Entonces tomaré hasta un punto en el que me sienta algo mareado, pero no lo suficiente para olvidar quién soy y qué hago ahí.

—Perfecto. Prohibido marcarme cuando estés borracho.

—Tendré mi celular lo más alejado posible, lo juro.

—Y si te pones muy mal, prométeme que te quedarás a dormir con Jimin. No quiero que andes por la calle en ese estado.

—Todo va a estar bien Jun, en serio. Confía en mí.

El mencionado asintió, soltando un suspiro. No era su intención ser tan paranoico, es solo que todo ese tiempo en el bar le había dado muchas experiencias que cambiaron considerablemente su forma de ver las cosas.

—¿De dónde sacaste el coche, por cierto? — Fue Hoseok quien cambió el tema mientras tomaba más cajas que antes. Era evidente que quería acabar lo más rápido posible. Quería llegar a su departamento temprano para poder pasar algo de tiempo con su novio antes de que ambos tuvieran que irse. Ya se preocuparían por desempacar otro día.

—Me lo prestó Nieves.

—¿Desde cuándo Suga tiene coche? ¿Y desde cuándo sabe manejar?

—Desde preparatoria, y de hecho es todo un experto en coches— Jun tomó la misma cantidad de cajas que antes —Pero el coche en realidad no es suyo, es de su novio, quién fue lo suficientemente amable para prestárselo a Suga para que él me lo prestara a mí—.

—Qué considerado es como para dárselo a personas que no conoce.

Jun negó.

—Tampoco somos tan desconocidos en realidad. No hemos hablado mucho, pero estuve ayudando a Taehyung con algunas cosas tras bambalinas en todo el asunto de la confesión— la puerta se cerró de golpe debido al viento que hacía. Ambos chicos pegaron un brinco, riendo por ello después.

—¿Qué fue lo que hiciste?

—Oh ya sabes, decoración y esas cosas— abrió la puerta, saliendo del lugar —Además, sino hubiera sido por mí, Suga jamás se habría dado cuenta de sus sentimientos por Señor Intenso, así que de alguna forma me lo debía— comentó con orgullo.

—Tan eficiente como siempre— Hoseok miró hacia las escaleras —Bien… el último en bajar prepara la comida. En sus marcas, listo, ¡ya!— sin esperar al otro, comenzó a caminar de manera rápida por las escaleras. Jun tan solo rodó los ojos y lo siguió riendo.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

—Jin, no me da confianza andar a ciegas.

—Tranquilo, solo son unos pasos más. No pienso dejar que nada te pase.

Namjoon soltó un suspiro, bajando finalmente sus manos mientras dejaba que el otro continuara guiando. Aquella mañana, al despertar, Jin le había dicho que tenía un lugar muy importante al que quería llevarlo. Al inicio no lo había cuestionado mucho, puesto que el mayor se veía sumamente emocionado y ¿quién era él para arruinarle la diversión a su novio? El problema comenzó cuando estaban a mitad del camino, o al menos eso se le había informado, y el ex-profesor le había pasado una venda para que se cubriera los ojos. No es que desconfiara del otro, pero era un gran partidario de jamás andar por la vida sin ver dónde pisaba. Era ansioso, demandenlo por eso.

Ya no intentaba retirar las manos del otro, quien se encontraba detrás suyo, tapando sus ojos aunque tuviera la venda puesta mientras hacía que caminara en silencio. Ahora las tenía extendidas hacia delante, tratando de hacerse una idea del lugar en el que se encontraban tan solo con el tacto. Pronto probó ser inútil, ya que, si bien sí estaba tocando varias superficies, realmente no lograba identificar nada. Al menos hizo un esfuerzo.

Repentinamente fue detenido por Jin, quien lo soltó.

—Listo, ya llegamos. Puedes quitarte la venda.

El menor buscó el nudo que hizo torpemente en el coche, el cual cedió con bastante facilidad. Parpadeó levemente, tratando de ajustar su vista a la luz natural, sintiéndose bastante desorientado al no conocer el sitio donde estaban. Frente a él se encontraba la puerta de un local que parecía vacío. Cuando Jin abrió la puerta de éste, indicándole que entrara, pudo sentir como el aroma a pintura fresca asaltaba rápidamente sus fosas nasales. Era un olor demasiado fuerte, por lo que tuvo que taparse la nariz para no marearse demasiado. Comenzó a analizar todo el establecimiento mientras caminaba por este bajo la mirada atenta del mayor, quien esperaba su reacción.

El lugar no estaba tan vacío como el joven pensó. No se trataba de un local abandonado, sino de uno a mitad o principios de remodelaciones. El espacio era amplio, creado para ser capaz de contener a varias personas dentro de él. Las paredes eran blancas aún, pero por los botes de pintura azul, Namjoon dedujo que simplemente era la base para algo más. Varias mesas y sillas estaban ya acomodadas por donde iba pasando. El joven pronto cayó en cuenta de donde se encontraba y volteó rápidamente a ver al otro.

—¿Es…?

—¿Qué te parece?— Jin llegó a su lado con una amplia sonrisa, recargando su cabeza en el hombro del más alto mientras miraba a su alrededor —Todavía quedan muchas cosas por hacer, claro: modificar la cocina, cambiar la fachada e instalar las máquinas de expresso que llegan mañana, entre otras cosas. Pero yo diría que tiene potencial—.

—No puedo creer que esto esté pasando— notó como su novio parecía entristecer ante el comentario, por lo que rápidamente actuó —Quiero decir, sabía que esto iba a pasar, solo que no esperaba que fuera tan pronto. Es perfecto Jin, mucho mejor de lo que pude llegar a imaginar—.

El mayor pareció bastante satisfecho con aquella respuesta.

—La inauguración es en tres semanas aproximadamente. Tal vez antes. Están avanzando muy rápido, así que será mejor que te vayas haciendo a la idea. No quiero que te de algo en la celebración— comentó, divertido, mientras miraba al menor —Otro detalle: ya hice todos los arreglos con el asilo de tu papá. Los cuidadores me dijeron que esperan poder mudarlo la siguiente semana a más tardar. Queda a unos 30 minutos de aquí caminando, por lo que puedes ir a visitarlo cuando quieras y, si estás muy ocupado, puedo ir en tu lugar. Me encantaría pasar más tiempo con mi suegro— su tono era alegre. Pudo notar como Namjoon permanecía en silencio, pensando con seriedad —¿Estás bien?—.

—De maravilla, es sólo que...— soltó un suspiro y miró alrededor mientras extendía sus brazos —Dios, esto realmente está pasando— negó con una sonrisa boba en el rostro —Por primera vez en mi vida tengo un empleo permanente, finalmente pude darle a mi padre la vida que se merece en uno de los mejores asilos de la ciudad y el amor de mi vida esta junto a mí. Es la clase de cosas que solo pasan en sueños, estoy en shock. Tengo miedo de despertar y que todo regrese a como era antes.

Jin le jalo la nariz con una mirada de reproche.

—Ya te dije que esto no es un sueño. Deja de creer que todas las cosas buenas que te pasan, como yo, por ejemplo, son productos de tu imaginación— tomó al otro de las mejillas, haciendo que descendiera a su nivel para poder besar su frente —Esto es real y me hace mucha ilusión poder iniciar esta nueva etapa contigo—.

Namjoon río; iba a contestar cuando su celular comenzó a vibrar, indicándole que tenía un nuevo mensaje de texto. Se congeló apretando los labios. La única razón por la que dejó de usar tanto el móvil era porque, al parecer, había adquirido un acosador. El hombre con el que había hecho negocios no paraba de molestarlo, aún cuando le había dejado en claro en varias ocasiones que no quería que su relación fuera más allá de lo profesional. El hombre no parecía aceptar un no por respuesta. Esto hizo que Namjoon simplemente ignorara su celular cada vez que recibía una notificación, ya que, aunque lo bloqueara, éste siempre conseguía una nueva forma de entrar en contacto. No podía evitarlo por siempre. Suga lo había regañado por no atender las llamadas, así que tenía que usarlo.

Con cierto miedo, desbloqueó la pantalla, la cual se iluminó al instante, revelando el nombre de la persona que trataba de entrar en contacto con él. Namjoon suspiró con gran alivio al ver que solo se trataba de Jungkook. Sin pensarlo dos veces, abrió el mensaje de texto y se puso a leerlo en silencio. Sentía como si le hubieran mandando una sentencia de muerte.

—Uhm Jin.

Durante el pequeño lapso de tiempo que Namjoon había tomado para dialogar consigo mismo, el mayor se había puesto a limpiar algunas mesas con un trapo. Volteó a verlo en cuanto lo llamó.

—¿Qué sucede?

—Acabo de recibir un mensaje de Jungkook— le mostró éste —Al parecer está organizando una reunión y nos está invitando—.

—Dile que gracias, pero no. Ya fui una vez a una de sus fiestas de abogados y fue de lo más aburrido. Inventate algo, dile que nos vamos a ir de viaje o algo así.

—No Jin, es que no se trata de eso.

El ex profesor alzó una ceja.

—¿Entonces? ¿Vamos a ser solo nosotros tres?

—No. Jungkook dice que invitó a todos. Ya sabes: Suga, Taehyung, Hoseok, a ti y a mí. Jimin y él lo están organizando, creo que va a ser en el departamento que solían compartir— comentó finalmente.

—Debe ser una broma. Primero que nada, ¿él y Jimin? Segundo, escuché varios nombres en esa lista que tienen más de un problema alguno de ellos, ¿de verdad crees que vaya a hacerse?

Namjoon se encogió de hombros mientras volvía a guardar su celular en su bolsillo. Le escribiría a Jungkook en cuanto tuviera una respuesta.

—Por lo que dijo, todos confirmaron. Solo faltamos nosotros dos.

El mayor se recargó contra una de las mesas.

—Suena a una pésima idea.

—Tienes razón, será mejor que le diga que no vamos a ir.

—No.

El menor miró a su novio, incrédulo.

—¿Perdón?

—Vamos a ir. Por nada del mundo pienso perderme esta oportunidad.

—Jin, va a ser un caos.

—Y es por eso que debemos ir, solo piensalo— El mayor se acercó con una pose dramática —La traición, el drama, la sangre. Va a ser muchísimo mejor que cualquier novela que hayas leído— miró hacia el infinito —Oh Dios, ojalá haya pastel—.

—¿Por qué?

—Porque creo que Suga, con la motivación suficiente, sería capaz de lanzárselo a la cara a Jungkook y eso es algo por lo que estaría dispuesto a pagar para ver.

Namjoon soltó una fuerte carcajada y acercó al otro hacía él mientras lo miraba divertido.

—Estás demente.

—Oye, ya me hicieron sufrir con su drama, merezco ser testigo de ese pastelazo.

El menor tan solo rodó los ojos y besó su frente.

—Lo que tú digas, amor.

—Te apuesto una cena a que Jungkook y Suga terminan discutiendo… no, ya sé, peleando a puños por Jimin.

—Tienes un trato— Namjoon sabía que iba a ganar —Ahora andando, se nos hace tarde—.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

—Suga, no hagas una escena y bájate del carro. Deja de actuar como un niño.

—No me pienso bajar y punto— Suga le dedicó una mirada fría —Me engañaste, dijiste que solo era algo de Jungkook, no que iba a ser en el apartamento de Jimin y que él iba a estar ahí—.

—¡Si te decía la verdad no ibas a venir! Entiende que no tuve muchas opciones— para ese punto, el mayor ni siquiera volteaba a mirarlo. Taehyung realmente amaba a su novio, pero estaba comenzando a colmar su paciencia a una velocidad alarmante. Respiró hondo, tratando de mantener la poca calma que le quedaba —¿Qué planeas hacer? ¿Evitar a Jimin por el resto de tu vida, pretendiendo que ya no te afecta cuando en el fondo te sigue calando? No puedes seguir así Suga, esto no es sano. Para nadie. Tienes que dar un cierre a esto y tienes que hacerlo ya. Perdonaste a Jungkook ¿por qué a Jimin no? Hasta donde sé, ambos tuvieron un rol muy importante en hacerte daño ¿No fuiste tú el que dijo que uno no podía pasarse toda la vida escondiéndose de sus problemas?—.

—No es lo mismo y ya tome una decisión. No me importa lo que digas, nada va a hacer que cambie de opinión.

Taehyung abrió la boca, dispuesto a lanzarle más de un improperio al mayor. No iba a tolerar más ese comportamiento. Nunca había sido alguien que pudiera controlar su mal humor y eso no iba a cambiar ahora, en especial tomando en cuenta que el otro estaba siendo completamente irracional. Apretó los labios. No iba a explotar. Una última oportunidad y ya. Haría al menos eso por Suga.

—Amor— su voz salió con un deje de falsedad —¿Podrías parar de una vez por todas y bajar del carro?—.

—Claro— Su novio le sonrió —Me bajaré en cuanto me lleves de vuelta a casa—.

—Eso no va a pasar, yo ya dije que iríamos.

—¡Bien, entonces bajate tú y dame las llaves. Yo me largo!

Taehyung ya estaba harto de negociar. Si el mayor no iba a escucharlo, lo obligaría a hacerlo. No estaba de humor para ser la niñera de nadie. Él quería a su novio, no a un bebé.

—Si crees que te voy a dar las llaves del carro sólo porque sí, estás muy equivocado. Puede que te haya prestado el otro, pero este es nuevo y nadie que no sea yo va a manejarlo.

—Como sea, puedo caminar— Suga intentó abrir la puerta para irse de aquel lugar, demostrando lo traicionado que se sentía con aquella situación. Justo en el momento en que su mano tocó la puerta, todos los seguros del coche se pusieron. Soltó un gruñido al ver que ésta no cedía y volteó a ver al otro con fastidio —Taehyung, abre la maldita puerta. Ahora.—

—¿Sabes qué? Ya tuve suficiente de ti y tu berrinche. Te vas a bajar del carro, vas a entrar a ese apartamento y vas a hablar con Jimin...

—¿O qué?

Taehyung perdió toda pizca de cordura en cuanto aquella oración escapó de los labios de su novio. Hizo su cabeza hacia atrás mientras soltaba una carcajada llena de sorna, finalmente había estallado.

—A mí nadie, nadie, me reta, cariño. Así que, si sabes lo que te conviene, vas a hacer lo que te digo y vas a hacerlo ya.

Suga se cruzó de brazos, aún sin tomarse en serio la amenaza del chico a pesar de su muy notable cambio de actitud. Nunca lo había conocido enojado, por lo que subestimaba gravemente lo que el otro podía llegar a hacer si continuaba desafiandolo de aquella manera.

—Oblígame— y con ello, el mayor selló su sentencia. El profesor tan solo sonrió dulcemente mientras se quitaba el cinturón de seguridad.

—Como desees.

Ignorantes a todo lo que estaba sucediendo justo frente a su hogar, Jungkook y Jimin estaban terminando de preparar todo lo que iban a necesitar aquella noche. El mayor de los dos se sentía más nervioso que su amigo, quien se encontraba sirviendo algunas bebidas mientras él colocaba las botanas en unos platos bastante lindos que había comprado en la semana. Ciertamente estaba emocionado, ya había pasado bastante tiempo desde la última vez que hicieron algo así, sin embargo, una parte de él le decía a gritos que era una pésima idea.

Por más que el joven abogado le aseguraba que todos confirmaron, el rubio no podía evitar pensar que nadie iba a ir. Aún si lo hicieran, dudaba mucho que fuera a ser como antes, todavía existía demasiada tensión en el grupo. Su peor miedo era que alguno fuera a traer el tema a colación, lo que acabaría muy mal para muchos de los presentes. Respiró hondo mientras negaba, tenía que ser positivo. Era la oportunidad perfecta para arreglar las cosas, no podía dejar pasar una oportunidad como aquella solo por querer evitar un muy posible puñetazo en la cara. De cualquier manera, estaba seguro de que se lo merecía. Si eso es lo que tenía que pasar por el bien de su amistad con todos, entonces lo recibiría con gusto. No porque a Jimin le gustaran realmente esa clase de cosas, sus fetiches eran de otro tipo, simplemente se trataba de un sacrificio que estaba dispuesto a hacer.

Repentinamente, alguien tocó al timbre, haciendo que su corazón latiera con más fuerza. Era hora del show.

—Jungkook, ¿podrías atender la puerta?

—Claro— Jungkook se limpió las manos con uno de los secadores de la cocina y fue a recibir a sus primeros invitados. Abrió la puerta con la sonrisa más cálida y acogedora que pudo. —Ho...— tanto el abogado como el rubio, que se encontraba detrás de él, abrieron los ojos como platos al ver la escena que tenían frente a ellos. Se trataba de Taehyung, quién venía cargando a alguien como si fuera un saco de patatas.

El profesor entró como si nada.

—Hola Jungkook, hola a Jimin— caminó hasta uno de los sillones en donde depositó con muy poca delicadeza a un Suga que se veía más que molesto —Un gusto verlos. Adiós Jimin— cumplida su labor, volvió a caminar hacia Jungkook, que seguía de pie, atónito, en la entrada.

El bailarín no lograba identificar todos los pensamientos que pasaban por su mente, ¿debería de preguntar por qué habían entrado de esa manera o…? Al ver al profesor retirarse volvió en sí.

—Espera, ¿ya te vas?

—Voy a acompañar a Kookie a comprar las botanas y refrescos que faltan.

El joven abogado rió.

—Oh, pero ya tenemos suficientes.

—No, no tienen— había muy pocas cosas en esta vida que aterrorizaban a Jungkook, en realidad podría contarlas con los dedos de una sola mano: 1) los microondas y 2) Taehyung enojado. La mirada que el mayor le dedicó en aquel momento hizo que todos los pelos de su cuerpo se erizaran, se veía completamente furioso, pero intentaba parecer amable. De alguna forma, eso lo hacía más escalofriante. El pelinegro temió por su vida.

—Ahora que lo pienso, tienes razón. No tardamos, Jimin.

—Genial— Taehyung lo jaló del cuello de la camisa con brusquedad para acercarlo más a él y así rodear su cuello con un brazo, prácticamente arrastrándolo fuera del lugar —Que bueno que entendiste, eres un chico muy listo. Ahora dime, ¿cómo está la familia?— la puerta se cerró detrás de ellos, impidiendo que el par de rubios pudiera escuchar el resto de la conversación. Jimin soltó un leve suspiro y volteó hacia Suga, quien todavía se encontraba sentado en la sala, con el ceño fruncido, mirando un punto fijo. El menor se sentía incómodo.

—Bueno… en lo que esperamos, ¿te puedo ofrecer algo de beber?— no obtuvo ninguna respuesta. La única reacción que logró sacar del otro fue cuando, al acercarse, Suga se recargó en el descansabrazos del sillón. El bailarín sabía que no iba a ser fácil, por lo que no podía darse por vencido. Rápidamente fue hacia la cocina, recogiendo uno de los platitos que había preparado con tanto amor y uno de los vasos que Jungkook había servido, dejándolos cerca del otro —No sé si te gustan, pero son bastante buenos, deberías probarlos—.

Suga soltó un bufido. No miraba los platos, ni siquiera miraba a Jimin, era como si cualquier cosa que tuviera que ver con el menor lo ofendiera. El bailarín estaba comenzando a desanimarse.

—¿Cómo estás, por cierto? Hay mucho con lo que ponernos al corriente, hace mucho que no escuchó de ti.

—Me pregunto porqué— Al menos le contestó, eso ya era un progreso. A Jimin le bastaba con que reconociera su presencia en el lugar. Armándose de valor, se pusó frente al mayor, haciendo que finalmente lo viera.

—Escucha, sé que no quieres verme ni en pintura y seguramente me odias. También sé que me lo merezco y que me lo gané con cada una de mis acciones, y sé que lo que hice no tiene perdón. Ni siquiera merecía que vinieras el día de hoy y probablemente no debería estar hablandote en este instante porque es más que evidente que te obligaron a venir, aunque me alivia mucho ver que vinieras, aun si fue a la fuerza… No porque crea que merezcas que te traten de esa manera, de hecho, si Taehyung te hizo daño puedes decirme para regañarlo cuando regrese, a menos que tu no quieras que me meta en eso, claro. Es tu relación después de todo, y puede que te gusten esa clase de cosas, lo que podría explicar las marcas en tu cuello, que está bien si es mutuo. El consentimiento siempre es la clave. Si hay algo que no te gusta es importante que se lo hagas saber porque Taehyung puede llegar a ser muy temperamental y agresivo, aunque, por tu carácter, dudo que seas presa fácil. No digo que tengas una mala actitud, solo que tienes una personalidad muy fuerte— más que hablar, parecía que Jimin solo estaba vomitando todas las palabras que pasaban por su mente. Suga lo miraba de forma perpleja.

—Jimin…

—Déjame terminar— el menor respiró hondo. Mente clara, no podía dejar los nervios arruinaran su disculpa —Lo que intento decir es… Lo siento, de verdad estoy arrepentido por cómo se dieron las cosas y por haberte lastimado. Lo único que me queda ahora es decirte la verdad, y la verdad es que me aproveché de ti, aunque probablemente ya sabes eso— el mayor cambió de posición en el sillón para poder escucharlo con atención —Sabía lo que sentías por mí y quise aferrarme a eso porque me sentía solo. Yo solo quería una relación estable, alguien que me quisiera y me respetara, cosa que Jungkook jamás supo hacer, y sabía que tú podías darme eso. Te juro que, si lo hice, fue porque creí que podía llegar a hacerlo, pensé que podía amarte tanto como tú lo hacías, pero no pude. Estaba feliz porque al fin tenía la atención que quería, pero jamás tomé en cuenta cómo eso te hacía sentir y no sabes cuánto lo lamento—.

El mayor se quedó en silencio, reflexionando lo que acababa de escuchar. Jimin esperaba ansioso lo que fuera a decirle. Si bien esperaba de todo corazón que fuera a perdonarlo, en el fondo sabía que eso no iba a pasar.

—No, no puedo, lo siento— el menor creía estar preparado para el rechazo, sin embargo, no pudo evitar sentir como su corazón se contraía, causando una sensación desagradable en su pecho.

—¿Qué?

—¿Qué esperabas Jimin? ¿De verdad creíste que un "Lo siento" iba a arreglar todo el daño que causaste? Pedirme perdón no va a cambiar nada. Me utilizaste, sabías lo que sentía por tí y lo usaste contra mí— su mirada era fría —Peor aún, a pesar que saber a la perfección lo horrible que se siente que te traicionen, no te importó. No importa cuanto jures que jamás pasó a mayores con Jungkook, ¿cómo esperas que te crea cuando nunca tuviste la decencia de ser honesto conmigo?— Jimin se sentía diminuto —Debiste decirme la verdad entonces, no ahora. Debiste decirme que querías intentarlo, si no estabas seguro lo hubiera entendido, habría esperado por ti. Yo habría… yo… Diablos, no sé. Pero así no Jimin, así no—.

Al final del discurso ambos jóvenes se lucían completamente abatidos. El menor miraba el suelo.

—Lo siento.

—Apuesto a que sí— Suga dijo aquello en un "murmullo".

Jimin continuó con la mirada agachada.

—Lo digo en serio.

—Lo que digas.

—Entonces…

—Entonces nada, Jimin. La respuesta es no, lo siento. Aunque no por eso voy a tratarte mal en tu propia casa.

—Bueno, honestamente estaba esperando un puñetazo, así que...

—Jimin, sabes qué jamás te golpearía.

—Lo sé, fue un mal intento de alegrar el ambiente con una broma.

—Nunca has sido muy gracioso, creo que será mejor que le dejes los chistes a Hoseok.

El menor asintió. Estaban teniendo una conversación, por ahora era más que suficiente. Con tener momentos como esos, en los que pudieran respirar el mismo aire sin sentirse incómodos, Jimin estaría feliz.

Taehyung, mientras tanto, se encontraba recargado en uno de los pilares ubicados fuera del apartamento, fumando. Jungkook lo miraba, visiblemente confundido.

—Pensé que íbamos a la tienda

—Pensaste mal.

—Pero tu dijiste…

—Pues escuchaste mal. Si tanto te urge ir, puedes hacerlo, yo me quedo.

—¿Qué estamos haciendo aquí entonces?

—Esperar.

El abogado parpadeó ligeramente.

—¿Esperar? ¿Esperar qu…?

—De hecho ya esperamos suficiente, andando. Vamos a ver si aún tienes novio— el profesor apagó el cigarro en un bote cercano, tirándolo en este. Metió las manos en sus bolsillos y caminó de vuelta al apartamento, entrando como si fuera dueño del lugar. Jimin los recibió al instante.

—Que bien que regresaron… ¿y las compras?

—¿Eh? Ah, no había— respondió Taehyung sin interés

—¿No había botanas y refresco en una tienda de conveniencia?

—Sí, ¿acaso no escuchas?— pasó a un lado de su amigo. Jimin miró a Jungkook, buscando alguna respuesta, pero este solo se encogió de hombros.

Taehyung llegó hasta el lado de Suga, sentándose junto a él, rodeando sus hombros con un brazo. El mayor volteó a verlo, completamente molesto.

—¿Y esa cara larga?

—Esto no se va a quedar así.

—En efecto, cariño, tendrás suerte si puedes moverte mañana— Taehyung se acercó al mayor lo suficiente para poder susurrarle eso al oído mientras apretaba uno de sus hombros con fuerza, dedicándole una sonrisa falsa al alejarse, lo que molestó aún más al rubio. Aunque no podía negar que la promesa implícita de aquello no le desagradaba en lo absoluto.

Nuevamente sonó el timbre, no habían cerrado la puerta lo que le hizo saber a todos de quién se trataba desde el momento en que pusieron un pie en la entrada.

—Jin, sé que te emociona todo esto, pero ¿no crees que una cámara es demasiado?

—Joon, no te preocupes, nadie va a sospechar para qué es. No pienso perderme ni un solo segundo del desastre que…

—¡Jin!

—¡Jimin!

El ex profesor cortó rápidamente la conversación que estaba teniendo con su novio para poder abrazar a su amigo, quien salió a recibirlos. Namjoon se quedó atrás, sonriendo con nerviosismo. Uno por uno fueron saludando a todos. Al final, Jin llegó a donde estaban Suga y Taehyung.

—No sabía que ibas venir— mintió.

—Yo tampoco— Taehyung rodó los ojos ante eso, poniéndose de pie para ir por algo de beber y platicar con Namjoon; no sin antes colocar una mano en el muslo de su novio, presionando con más fuerza de la necesaria y lanzarle una última mirada de advertencia.

—Bueno, me alegra verte aquí de igual manera— Jin miró de reojo a Taehyung —¿Sabes de casualidad si hay pastel?—.

—¿Pastel? No tengo idea, también acabo de llegar.

—¡Ya llegué!— una fuerte voz se hizo escuchar desde la entrada. Todo el mundo volteó a ver al recién llegado, quien, por supuesto, no se podría tratar de nadie más que Hoseok. Jimin fue corriendo para colgarse del otro como un koala.

—¡Hobi!

—¡Hola, Minnie! ¡Hola Jungkook! ¡Hola mundo!

El abogado se acercó con una amplia sonrisa.

—¿Y tu novio?

—No pudo venir, está trabajando— contestó Suga desde donde estaba, antes de que el otro pudiera decir algo. El pelinegro volteó a verlo.

—¿Tú cómo sabes eso?

—Somos compañeros de trabajo.

Después de que Hoseok saludara a cada uno, se hizo un ambiente bastante agradable en el lugar. Namjoon seguía conversando con Taehyung y con Jungkook, Jimin permanecía pegado a Hobi mientras reían sin parar, como si ya estuviera borrachos. Suga se quedó con Jin. A pesar de su resistencia inicia, podía sentir como poco a poco se iba relajando, llegando incluso a disfrutarlo.

—Namjoon me contó que tú y Taehyung están saliendo.

—Y a mí me dijo que ustedes dos también.

El ex profesor rio mientras veía a su novio de reojo.

—Y no mintió. Soy la persona más afortunada del planeta— soltó un suspiro —Por cierto, ¿todo bien con Taehyung? Se ve molesto—.

—Sí. Tuvimos una discusión hace un rato, nada que no podamos resolver— el rubio negó —Hablemos de otra cosa antes de que me deprima, ¿cómo te va?—.

—De maravilla, Namjoon y yo estamos en proceso de abrir una cafetería. Es un sueño hecho realidad y lo mejor es que queda cerca del asilo donde vive el papá de Joon.

Suga sonrió ante eso.

—No tenía idea, muchas felicidades. Avísenme cuando abran para ir a visitarlos.

—Por supuesto, todos están más que invitados a las fiesta de inauguración. Es dentro de tres semanas, así que será mejor que vayas apartando la fecha.

El menor asintió.

—Lo anotare en mi agenda— Suga volteó a ver a Namjoon, quien miraba su camiseta con frustración, ésta tenía una gran mancha de lo que el rubio asumió era refresco, Taehyung y Jungkook reían —Jin, necesito que me prometas algo—.

—¿Qué sucede?

—Prometeme que no vas a lastimarlo. Él es un buen chico y en serio te quiere.

—No te preocupes por eso— Jin tomó una papa frita, llevandosela a la boca —A decir verdad, me gustaría pasar el resto de mi vida a su lado—.

El rubio examinó al otro, buscando alguna señal de que estuviera mintiendo. No la encontró.

—¿A tí cómo te va, Yoon Gi? Dejando de lado tu pelea con Taehyung, claro.

—Supongo que bien. Sigo trabajando en el bar, aunque puede que renuncie.

—¿En serio? ¿Y qué planeas hacer?

Suga miró con cierta pena su vaso.

—Taehyung me ofreció comenzar a vivir con él hace poco, insiste en que quiere mantenernos a los dos— se escuchó algo romperse en la cocina —La idea no me agrada del todo, pero estaba pensando en que podría ser la oportunidad perfecta para estudiar una carrera—.

—¿Quieres estudiar?

—Sí, siempre me ha gustado la Psicología. Tengo algo de dinero ahorrado, así que pensé que podría finalmente cumplir mi sueño.

Jin asintió, meditativo.

—Si eso quieres, podría ayudarte.

—¿A qué te refieres?

—La universidad donde antes trabajaba aún me debe algunos favores, así que podría conseguirte una beca completa.

Suga se atragantó, ya estaba acostumbrado, era simplemente algo que él hacía: Comer o tomar cosas en el momento menos oportuno, sobre todo cuando estaban apunto de decirle algo que lo sorprendiera lo suficiente para acabar atragantándose con lo que sea que tuviera en la boca. Esa era su vida.

—¿Es en serio?

—Más serio que un accidente— Jin lo miró, paciente, esperando a que se riera de su chiste. No lo hizo —Todos ustedes tienen un pésimo sentido del humor, solo Namjoon me comprende—.

—Bien dicen que el amor te hace sordo.

—Así no va y ese no es el punto— el mayor suspiró —Hablo en serio, puedo ayudarte, ¿qué dices?—.

El rubio se quedó pensando. De verdad estaba pasando, al fin podría estudiar una licenciatura. No podía negarse.

—No sabes cómo te lo agradecería.

—Ni lo menciones, cosas como estas no son nada para alguien tan extraordinario como yo— el otro sonreía con arrogancia. Por primera vez, Suga decidió no atacar el ego del mayor, no estaba en posición de hacerlo.

Después de un par de copas de lo que sea que Jungkook había preparado, todos estaban lo suficientemente inconscientes para que el grupo se integrara por completo. De repente, Suga y Taehyung ya no estaban peleados y el incidente Jimin-Taehyung-Jungkook jamás había pasado. Volvieron a ser el mismo grupo de amigos de antaño, y si bien muchos de ellos no lo recordarían al día siguiente, el momento que pasaron juntos, riendo y divirtiéndose como si fueran niños otra vez, se convertiría en el parteaguas que todos necesitaban.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

"Seamos honestos Jimin, no naciste para estar en una relación. Tal vez deberías considerar adoptar un gato". Sí, cómo no. El joven se encontraba furioso, descargando una de esas aplicaciones de citas. ¿Qué sabían ellos de él? Era cierto que el tema con Suga había sido un completo fracaso por su culpa, pero antes de él estuvo Jungkook, con quien, y no era por presumir, había sido uno de los mejores novios del mundo. El motivo de que esa relación no prosperara fue por el hecho de que el otro no estaba listo para comprometerse, nada que ver con el rubio.

—Nombre: Park Ji Min, Edad: hmmm... sin especificar, Busco: Hombres— el jóven tecleaba con rapidez en la pantalla. Les iba a demostrar a todos, podía hacerlo, iba a encontrar a alguien que genuinamente le interesara. Esta vez iba a ser distinto, ya no se trataba simplemente de buscar alguien con quien llenar algún vacío emocional. Por primer vez en meses se sentía bien, tan solo quería conocer más personas y darle otra oportunidad al amor. La tercera era la vencida, ¿cierto? El hecho de que lo hubieran retado de aquella manera tan solo lo había motivado a hacer algo que ya tenía tiempo pensado hacer.

Después de seleccionar algunas fotos personales (lo cual le tomó bastante ya que tenían que ser perfectas) el perfil del joven quedó finalizado.

—Bien, ahora… ¿cómo funcionaba esto?— era una mecánica simple: en base a la información que había proporcionado de sus gustos e intereses, la aplicación le proporcionaba una serie de perfiles que congeniaban con él. Arrastrarlo a la derecha indicaba que la persona te gustaba y a la izquierda que no. En caso de hacer coincidir, se le mandaba un mensaje a ambas partes de para que pudieran iniciar una conversación en privado. Era fácil, demasiado, y pronto Jimin se encontró examinando distintas fotos de todos los candidatos que tenía —No. No. No. Ew, no. Jamás. Con menos bigote y tal vez. No. No. Definitivamente no— el joven estuvo a punto de deslizar su dedo hacia la izquierda por mera costumbre cuando otro perfil apareció en su pantalla. Logró detenerse a tiempo, mirando a la persona con interés —Hey, tú no estás nada mal— Arrastró el perfil hacia la derecha.

El joven sabía que tomaría un tiempo y que darle aprobativo no era garantía de que el otro fuera a responder de igual manera, pero se valía soñar. Pasó gran parte de la mañana en la aplicación, más en ningún momento logró encontrar otra persona que le interesara. Estaba algo desanimado, pero no se daría por vencido, tenía todo el tiempo del mundo para explorar y conocer.

Justo cuando dejó a un lado su celular, éste vibró, indicando que tenía una notificación nueva. Jimin la revisó con curiosidad, quedando sumamente perplejo. Habían hecho match. Sonrió, tal vez era una señal.