Ella siempre había sido obstinada. Cuando algo se le metía a la cabeza, no había nadie ni nada que se lo sacara. La gente a su alrededor supo disfrazar con palabras más delicadas como perseverancia y tenacidad su tozudez, por lo que creció alimentando un autoconcepto que tal vez no era preciso para su verdadera forma de ser. Antes jamás lo había considerado. Ahora se empeña en no dedicarle ninguno de sus pensamientos. Teme en lo más hondo de su ser tener un llamado de consciencia y detenerse. Entonces, sólo le quedaría volver a sumergirse en la miseria. Y durante las últimas semanas ha saboreado un poco la delicia de estar vida nuevamente, y cree que se ha vuelto adicta, porque no está en sus planes volver a pasar los días sin saber del paso del tiempo debajo de una manta y envuelta en la penumbra, entumecida por los recuerdos de cuando estuvo viva antes.

Su celular vibra, y el corazón, ese órgano que creyó fallecido, da un vuelco. Lo coge, y revisa la notificación de que alguien ha comentado una de sus fotografías. Desliza el dedo para abrir la aplicación. Aquella fotografía se la había tomado en la mañana. Sabía que sus padres seguían dormidos, por lo que aprovechó ese valioso momento de completa privacidad. Antes, Mimi jamás se habría tomado una fotografía así. Pero estas son las cosas que le gustaban a él, a menos eso había concluído Mimi tras pasar horas, semanas atrás, revisando las fotografías a las que él daba "me gusta", las cuales rara vez comentaba. En la fotografía se puede ver parte del rostro de Mimi, sólo su nariz y labios, su cabello cayendo a los costados de su rostro, su cuello y sus hombros. Sus clavículas son muy notorias. La imagen sugiere que ella está desnuda. Sus labios también se ven un poco sugerentes.

El comentario de él no es el único que hay, hay muchos más de gente sin rostro ni nombre para ella. Nada de eso le interesa. Lee la única palabra que él escribió y el vientre se le retuerce, pero no son ganas de vomitar por la ansiedad, no es dolor por continuar en este mundo, es más bien una sensación muy similar a las mariposas que solía sentir cuando estaba viva y Takeru también. Mimi siente en su cuerpo y mente como si aquella época fuese muy lejana, y por eso no está segura si acaso es la misma sensación. Sólo está segura de que es agradable, que le gusta y que quiere volver a sentirlo.

Presiona con su dedo pulgar la silueta de un corazón junto al comentario de Yamato, y este se vuelve de un rojo brillante. Su mente divaga ante las posibilidades. Quiere escribirle de vuelta, pero no sabe qué realmente. Esto es importante por lo que se obliga a no ser impulsiva. Llevan por lo menos dos semanas intercambiando mensajes de esta forma, y ella no está dispuesta a perder todo el terreno que ha ganado hasta ahora.

No deja que su mente termine el pensamiento que acaba de formarse. Nada ni nadie, ni siquiera ella misma, va a decirle que esto es una mala idea. Se está esforzando. Se mira en el espejo todos los días para admirar los cambios. No es ni la sombra de la belleza que fue en su vida anterior, por lo que tiene que hacer el triple de esfuerzos para recuperar algo de ello y así atraer la atención de su objetivo. Su figura sigue viéndose raquitica, aunque ya no es tan desagradable como hace unos meses, cuando se asomó súbitamente a la vida nuevamente. A pesar de su extrema delgadez, podía disimular un poco de eso en las fotografías. No había sido eliminado de su memoria la información de los ángulos en los que posar para verse mejor. Y además Yamato parece tener cierto interés en chicas con una figura muy delgada.

En todos estos meses ha sido una batalla recuperar un poco del peso que perdió, porque no tiene apetito por nada, pero se obliga a comer para generar musculatura y poder mantenerse en pie por si sola. Porque es otro el apetito que siente, que los platillos y dulces de su madre jamás podrán saciar.