Saint Seiya: Siguiente Generación.
Fanfic escrito por: Andrómeda
Primera Fecha de publicación: 3 de junio del 2011; para la página de Facebook: Yuna De Águila (Saint Seiya Omega Ω)
Edición: Rankakiu
Disclaimer: Saint Seiya es propiedad de su autor Masami Kurumada; así como de TOEI Animation LTD.
Nota del editor: ¡Hemos llegado al trigésimo capítulo, mis queridos lectores! Sin duda ha sido un viaje largo de realizar e igual de satisfactorio, con el cual he aprendido poco a poco lo necesario para incursionar en el mundo del fanfic. Espero que continúen conmigo en este viaje, que ha entrado a su recta final. Saludos.
Rankakiu
En el capítulo anterior de Siguiente Generación: Antes de entrar de lleno en su duelo, Aquiles trató de convencer a Aarón de unírseles, siendo un intento vano. Ambos contendientes desplegaron sus mejores técnicas, en un combate de poderes a la par; no obstante, el Héroe Mítico pronto obtuvo la ventaja con un movimiento único de su espada de luz. Las santas de bronce del Cisne y Fénix siguen en un callejón sin salida ante el poder superior de sus rivales. Aquiles se dispone a matar de una vez por todas a Aarón, sin embargo y sorpresivamente, Sofía, totalmente recobrada impide el funesto destino del santo de Piscis…
Siguiente Generación
Capítulo 30: Corazón de Samurái (Parte IV).
Sofía, la santa de bronce del Dragón, había recobrado su conciencia poco antes de que Aarón de Piscis y Aquiles el Héroe Mítico hicieran su choque de ataques, en donde este último salió vencedor. Presenció como el guerrero legendario daba pasos parsimoniosos y posteriormente empuño su espada de luz bien alto. La santa de Athena no permitiría que un compañero y amigo suyo cayera, de modo que, rauda y veloz se abalanzó hacia ellos, blandiendo valientemente su espada Excalibur, logrando salvar al santo dorado de una muerte segura.
Obviamente, el Héroe Mítico primero se sorprendió y luego pasó a la furia en instantes, viendo como su intento de matar a Aarón fue frustrado por enésima vez.
— ¡Aquiles, esta pelea la comenzamos los dos, así que vamos a terminarla nosotros ahora! —Exclamó Sofía, quien intensificó el filo de Excalibur.
— ¡No te entrometas Dragón, ahora no me interesas! —Respondió con ira contenida el Héroe Mítico.
Y por supuesto, Sofía hizo caso omiso e incrementó el poder y filo de la espada sagrada, haciendo arder su cosmos hasta el límite.
— ¡EXCALIBUR! —Gritó a todo pulmón la santa de bronce, repeliendo la espada del Héroe Mítico y dándole un enorme tajo vertical por todo su cuerpo.
Si bien repelió la espada enemiga, salvando a Aarón de Piscis, el corte de Excalibur fue esquivado a último momento, quedando constatado en como unos instantes después, un árbol se partió a la mitad en un corte perfecto y liso, desplomándose ambas mitades en el suelo del bosque.
—Dragón, eres una tonta. Ya sabes que yo esquivo todo. —Resaltó Aquiles, quien usó su Defensa Divina para eludir el filoso ataque.
—Debo de proteger a Aarón-san, él es mi compañero. —Respondió Sofía, elevando más su cosmos. — ¡ROZAN SHO RYU HA! —Gritó Sofía, desatando a un dragón esmeralda, una vez su cosmos quedó intensamente incendiado.
Aquiles no pudo sentirse impresionado de ver por enésima vez una técnica que era ineficiente para derrotarle.
— ¿¡Otra vez!? —El Héroe Mítico gritó enojado ante la inútil insistencia de su adversaria. — ¡Ya sabes que no funcionara! — Exclamó, preparando su Defensa Divina para neutralizar al dragón. Sin embargo, cuál no sería su sorpresa al presenciar como el ataque, en vez de dirigirse a su persona, se fue de lado. — ¿Pero qué…? ¿Qué intentaste con ese golpe? —Preguntó Aquiles, esperando que Sofía le respondiera; no obstante, obtuvo su respuesta al escuchar detrás de él un crujido de madera. — ¿Qué? — El Héroe Mítico se volteó y vio como un árbol estaba a punto de caer sobre su persona. — ¡Eso es inútil! —Exclamó, indignado ante un truco tan infantil; blandió su espada de luz en un hábil y veloz movimiento que cortó el árbol en toda su longitud, causando que primero el árbol quedará en dos mitades e instantes después terminara convertido en un montón de astillas.
Sin embargo, en ese breve momento Aquiles se descuidó, dejando su guardia baja e imposibilitado de invocar su Defensa Divina, de modo que Sofía de Dragón aprovechó la oportunidad y encendió su cosmos, volviendo a adquirir el Séptimo Sentido y concentrando su cosmos para ejecutar una técnica.
— ¿¡Pero qué…!?—Exclamó el Héroe Mítico, mirando por el rabillo del ojo en su flanco derecho, en donde pudo observar a Sofía con su cosmos ardiendo.
— ¡ROZAN SHO RYU HA! —Exclamó Sofía, desatando muy cerca el poder de su técnica, con la cual consiguió darle por fin al Héroe Mítico, causando que su armadura se agrietara en el peto e incluso algunos pedazos de la armadura se desperdigaron. Al final Aquiles cayó al duro suelo, siendo arrastrado un par de metros por efecto del ataque.
—Por fin…—Dijo Sofía, jadeando y colocando sus manos en sus rodillas, mostrando cuan cansada estaba. —Lo sabía... su punto débil es su lado derecho. — Murmuró. Se acordó de su compañero dorado y se acercó a Aarón para atender sus heridas. — ¡Aarón-san! — La santa de bronce se agachó y estuvo a punto de tocar a su compañero.
—No… te acerques…—Murmuró débilmente el dorado de Piscis, tratando de levantarse.
—Pero… su herida…—Dijo la amazona con una mirada preocupada y una voz consternada.
—Que te apartes, Sofía. —Dijo Aarón levantando un poco el tono de su voz. —Estaré bien… —Dijo, levantándose por su propia cuenta, —… así que continuemos… —Aarón dejó de hablar repentinamente, ya que, junto a Sofía, aún sintió el cosmos de Aquiles. —Imposible…—Musitó.
— ¡ROLLING THUNDER! —Exclamó el Héroe Mítico enfurecido. El ataque de relámpagos se dirigió a toda velocidad hacia ambos santos, dándoles una enorme descarga de energía eléctrica por sus cuerpos, mandándolos decenas de metros hacia los aires y finalizando con sus caídas brutales hacia los suelos. —Niña, si pensaste que podrías matarme tan fácil, estas muy equivocada. —Dijo el Héroe Mítico, sacudiéndose el polvo de una hombrera.
Los cuerpos de los santos de Athena despidieron humo y olor a carne chamuscada. A pesar de la magnitud del ataque, ambos continuaban con vida.
—Aquiles…—Habló Aarón, levantándose de nueva cuenta, — deja a Sofía… tu pelea es contra mí. —Dijo, recuperando la compostura y empezando a quemar su cosmos.
—Como quieras. — Respondió Aquiles, encendiendo su cosmos, haciendo que su espada de luz se tornara más resplandeciente. — ¡Muere Aarón! ¡ENGETSU! —Rugió el Héroe Mítico, blandiendo su espada de luz hacia al santo de Piscis.
Sin embargo, La amazona del Dragón se volvió a interponer, protegiendo a Aarón con su espada. El choque de ambas armas filosas provocó chispas frenéticas y cegadoras. — ¡Espera… creí haberte dicho que yo soy tu oponente! —Dijo Sofía furiosa, aplicando más fuerza física a Excalibur.
— ¿¡Sofía, que diablos haces!? ¡Vete de aquí! —Gritó Aarón de igual forma enfurecido de ser interrumpido en su duelo personal.
Sofía hizo oídos sordos a las reclamaciones de su compañero de batallas y empujó con todas sus fuerzas a la espada de luz y a su dueño, quien retrocedió dando pasos erráticos, recuperando el equilibrio al poco tiempo.
— ¿Por qué lo haces, niña? —Preguntó un frustrado Aquiles, quien seguía sin entender a la amazona del Dragón, llegando a pensar que probablemente era una masoquista.
— ¡Por mi orgullo y mi honor como guerrera! ¡ROZAN SHO RYU HA! —Respondió la santa, liberando un ataque con lo último que le quedaba de fuerzas, materializando a un dragón esmeralda que brillaba más que nunca.
— ¡Niña ingenua! —Reclamó Aquiles, preparándose para invocar su defensa Divina, sin embargo y de forma sorpresiva, es presa de temblores corporales, al mismo tiempo en que un hilo de sangre aparece en una de las comisuras de sus labios. — ¡Mi cuerpo…!— Ya no pudo concluir su frase debido a que el ataque de la santa impactó de lleno en su pecho, destruyendo el peto casi por completo.
El ataque lo arrastró decenas de metros y Aquiles solo se detuvo cuando chocó abruptamente contra un árbol. La técnica hizo mella en todo su ser, siendo que los temblores aumentaron de intensidad y su pecho le dolía de manera horrible. Terminó por caer recostado en el árbol. Sofía miraba atónita de que al fin uno de sus ataques era efectivo al cien por ciento, por lo cual no salía de su asombro.
— ¿Qué? Aquiles pudo haber esquivado fácilmente mi técnica. —Dijo Sofía, aún sorprendida del suceso. — ¿Qué pasó? —La santa intuía que algo no encaja del todo.
—Ya detente Sofía, ya todo acabó. —Dijo Aarón, poniéndose al lado de su compañera y dirigiendo una mirada triste a su enemigo.
— ¿Qué hiciste? —Preguntó Aquiles, quien se levantó apoyándose del tronco y dando unos pasos. Su cuerpo no lo soportó más, vomitando sangre, ya ennegrecida y espesa. Aquello hizo que se tambaleara, quedando de rodillas.
—Te dije que usaría tu debilidad para vencerte… tu brazo derecho…—Respondió Aarón, compadeciéndose del Héroe Mítico.
— ¿Que… has dicho? —Pregunto Aquiles, abriendo los ojos como platos ante la revelación del santo dorado.
—Con mi "Jet Lavanda" introduje mi sangre en tu brazo derecho; fue cuando chocamos nuestras técnicas, haciendo una herida en tu brazo, casi imperceptible. —Explicó.
— ¿¡Que tú hiciste que!? —Preguntó Aquiles atónito. —Miró su brazo derecho y ahí pudo observar la herida pequeña de la cual hablaba Aarón. Aquello le hizo primero llenarse de miedo, para después ser sustituido por la ira de haber caído de esa manera tan fácil. — ¡¿Cómo te atreves…?!—El Héroe Mítico alzó su puño en clara intención hostil, pero ya no pudo continuar debido a que vomitó más sangre oscura y un dolor atroz en el pecho le impidió del todo su represalia. Su mano izquierda agarró su pecho en un gesto propio de un corazón moribundo.
El cuerpo de Aquiles no soportó más y sus fuerzas se desvanecieron por completo, a tal grado de que ya no podía sostenerse más en pie y empezó a caer. Sin embargo, El héroe Mítico no cayó al suelo, debido a que Aarón logró sostenerlo antes de que cayera.
— ¿Por qué…?—Aquiles hizo un monumental esfuerzo por hablar, voltear su cabeza y poder mirar por unos últimos momentos a Aarón.
—Es lo mejor, ustedes ya han vivido por mas dos siglos… es hora de que descansen. —Respondió quedamente el santo dorado.
—Gracias… lamento que… por nosotros… tengas que sufrir esto…—Aquiles estaba hablando con sus últimas fuerzas.
—Tenía que hacerlo; después de todo somos amigos. Por eso no te preocupes, juro que también los otros descansarán y Ares pagará su ambición. —Prometió solemnemente Aarón.
—Sé que lo lograras, ya que tienes a tus compañeros de tu lado…—Dijo Aquiles estrechando la mano del santo de Piscis, en un gesto de apoyo.
—No sólo los tengo a ellos, también a ustedes…—Dijo Aarón dedicándole una mirada triste al Héroe Mítico.
—Aarón… Nosotros te…—Aquiles ya no pudo concluir su frase debido a que su fuerza vital se había esfumado por completo.
Cerró sus ojos.
Exhaló su último aliento.
Su corazón dejó de latir.
Había muerto.
Aarón miró con melancolía al Héroe Mítico caído y colocó suavemente el cuerpo sin vida de Aquiles en el suelo; posteriormente juntó sus manos en la posición mortuoria. Era lo menos que podía hacer no solo por su enemigo, sino por un amigo del pasado.
—No, tu nombre es Shinatora… uno de mis mejores amigos… —Expresó Aarón, enjugando un par de lágrimas. —Lamento haberte hecho esto, aun cuando prometí que nadie más moriría por mi sangre…—Dicho esto, el santo se levantó, contemplando por unos segundos más el cadáver del guerrero de Ares.
—Aarón-san… estoy segura que Shinatora-san no está enojado con usted; hizo lo mejor por él… lo hizo por Athena-sama y la paz en la tierra…—Sofía habló con una voz triste, pero reconfortante para levantar el niño de su compañero de rango superior.
— Tienes razón… —contestó Aarón, dejando de llorar y volviendo su mirada dura y decidida, —lo que estoy haciendo es por su bien, ya que ellos no querían hacer esto. Ares solo los está utilizando. — Dijo, mientras apretaba sus puños con una apenas contenida rabia.
Pasaron unos segundos que a Sofía de Dragón le parecieron una eternidad. Estaba a punto de hablar, cuando Aarón le dirigió la palabra.
—Vámonos Sofía. Aquí nos separamos, tu ve con Athena-sama…—Dijo Aarón, mirando el horizonte del bosque espeso, en donde otra batalla del destino le esperaba.
— ¿A dónde irá usted? —Preguntó Sofía, preocupada por su colega dorado.
—Tengo que ir a enfrentarme con el siguiente Héroe Mítico. Sin embargo, no será fácil que acabe con él… por qué es un genio…—Respondió el santo de Piscis, entrecerrando su mirada y afilándola para encarar su siguiente desafío.
Sofía pensaba que enfrentarse a otro Héroe Mítico era un suicidio para el santo de Piscis, ya que este se encontraba muy mal herido de sus anteriores dos combates. Alargó su mano, en un intento de detenerle, pero algo muy dentro de ella le decía que lo mejor era dejarlo ir a cumplir con su deber.
Y así lo hizo.
No puso ninguna objeción y pudo sentir como Aarón se fue de ahí, usando para ello su velocidad de la luz, dejando solo una pequeña estela de polvo. La santa de Dragón suspiró con pesadez, reemprendiendo la marcha con el objetivo de volver al santuario y ayudar a los demás en la misión de proteger a Athena y terminar con esta Guerra Santa.
Mientras tanto, en otro lugar, Idalia tiene enormes dificultades para siquiera asestarle un golpe al Héroe Mítico Heracles, siendo que en efecto, es al revés: Heracles terminó por asestarle un golpe en el abdomen de la santa, lanzándola decenas de metros hasta que su cuerpo chocó contra un árbol. Heracles usó una combinación de fuerza y velocidad, dándole un rodillazo a la santa del Fénix de nueva cuenta en el abdomen y el árbol quedó reducido a un montón de pedazos. Idalia rodó un par de metros, quedando tendida en el piso. Quiso reincorporarse, pero su cuerpo le traicionó, presa de un intenso dolor abdominal, en donde la santa quedó de rodillas y vomitó una considerable cantidad de sangre.
Aquello había hecho no solo mella en su cuerpo, sino también, por unos segundos a su espíritu de combate. El miedo pronto fue reemplazado por una incontenible ira, la cual le ayudó a ponerse de pie y querer continuar con el combate, encendiendo de esta manera su cosmos.
Sin embargo ello no le sirvió, ya que en el instante en que encendía su cosmos, su oponente se lanzó al ataque, primero dándole un certero puñetazo en la cara, haciendo que ella perdiera la postura y diera unos pasos erráticos, tratando de mantener el equilibrio; no satisfecho con eso, Heracles desencadenó una serie de despiadados golpes a Idalia, dándole en la cara, en la zona pectoral y abdominal de forma continua, y avanzando varios metros de distancia. Al final Heracles le dio un golpe en todo el rostro con ambos puños juntos, derribando a Idalia con tal fuerza que el impacto de su cuerpo contra el suelo dejó un cráter profundo y a la santa del Fénix totalmente inconsciente.
—Debo de admitir que eres una fuerte guerrera, —Dijo, mirando sus propias heridas, las cuales no eran pocas a causa de su combate contra la santa de Fénix, —sin embargo, Hipólita era la mejor y no logro entender como alguien como tú pudo vencerla. —Dijo, escupiendo al suelo, mientras encendía su cosmos, listo para exterminar a su oponente. — ¡Muere! —Exclamó, invocando su poder ovalado de energía. — ¡GALACTICA…!
— ¡Espera!
Heracles se detuvo de inmediato, aun cuando no quería hacerlo. Volteó su cabeza, confirmando sus sospechas de quien era el propietario de aquella voz.
—Eres tú…—dijo Heracles, volteando por completo y fijando su penetrante mirada a Aarón. — ¿Qué haces aquí? —Preguntó en un tono demandante.
—Deja en paz a Idalia-kun; tú pelea es conmigo ahora. —Respondió Aarón con un tono desafiante y lleno de valentía ardiente.
— ¿Honestamente crees que puedes vencerme? —Preguntó con un enojo contenido, cruzándose de brazos.
—Eso ya lo veremos. —Respondió el santo dorado de Piscis, sacando una hermosa y resplandeciente rosa blanca.
Y de esta manera se inició un nuevo duelo en contra del tercer Héroe Mítico…
Continuará…
En el próximo capítulo de Siguiente Generación: Aarón de Piscis y el Héroe Mítico Heracles no solo tendrán una pelea cuerpo a cuerpo descarnada, sino también un duelo de ideologías y de fe. En cuanto a Idalia de Fénix, ¿ayudará a al santo dorado al que no le tiene mucha estima o se quedará observando?
