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No todos los Tesoros son Oro y Joyas

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Capítulo 25

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Nobume salió de la habitación junto a Jiiya y Zenzou, este último haciendo una señal de victoria dirigida al capitán pirata. Kamui decidió hacerse el desentendido e ignoro su gesto mirando más allá del océano. Ese rey era un completo idiota con unas ideas un tanto descabelladas.

―Llegamos a un acuerdo― comento acercándose al pelirrojo ―Por esta noche me ayudara, no pude hacer más que eso― le susurro con complicidad ―Así que, para tu mala suerte― se mofo de lo exagerado que sonaba ese ´´mala suerte´´, Kamui tarde o temprano se lo agradecería para toda la vida, de eso estaba seguro ―Tendrás que cuidar de la princesa. Trátala bien, di mi palabra de que te comportarías― palmeo su hombro con diversión.

¿Se estaba burlando?

Ignorando sus palabras, cruzo miradas con Nobu. El plebeyo y perro guardián de Soyo no estaba para nada convencido de dejarla en manos de ese sujeto violento, pero sabía que no serviría de mucho negarse. Estaba en desventaja, si se oponía podían obligarlo a pasar más tiempo lejos de su princesa, por ende opto por un trato justo: Solo una noche, ni más, ni menos.

―Si le pasa algo…

―Abuto se encargara de que tú ´´trabajo´´ continúe con vida hasta llegar a Hinode― aclaro antes de escuchar sus amenazas.

Kamui llevaba tiempo odiando a ese tipo, desde que apareció algo en su mirada, en su forma de ser tan territorial le molestaba, ¿Qué era? ¿Qué podía ser?

Nobu dirigió su vista al rubio y pensó muy seriamente en sus palabras. Ellos eran amables y piadosos con su señora, si ellos cuidaban de ella todo estaría bien, ¿No? Guardándose sus advertencias, Nobu acepto calmadamente.

―No es un trabajo― aclaro ―Ella es más que eso―

La actitud y la mirada determinante le recordaron porque su actitud le desesperaba en grande. No eran celos, específicamente (aclaremos), si no que algo de su personalidad le traía recuerdos a su infancia. Cada actitud sobreprotectora lo arrastraba a los cuidados que él mismo ejercía con su adorada madre.

Kamui era un niño demasiado cauteloso cuando de cuidados de su madre se tratase. Siempre atento y servicial a los ojos de ella. Un buen niño que atendía a sus demandas por mas minúsculas que fuesen. La quería, la apreciaba tanto como a su calvo padre.

Su hermana era una mocosa bastante calmada, animada sí, pero mantenía las formas cuando de complacer a su madre se tratara. ¿Eran una familia unida? Vaya que lo eran. Entonces ¿Qué salió mal? Kamui no comprendía con exactitud cómo cambio su vida de un momento para otro, como pasó de venerar a su padre para odiarlo con todas sus fuerzas, como paso de sentir las palmas suaves de su mamá sobre su cabeza a llorarla en silencio.

¿Por qué todo había cambiado?

― ¿Capitán?―Abuto se acercó preocupado por su actitud. De cierta forma notaba como la presencia de ese chico Nobu afectaba su comportamiento.

No es que fuese un sujeto amigable, pero ciertamente no expresaba su rabia tan simplemente por unas cuantas palabras simplonas de un ´´rival´´. Lo que fuese que le afectaba era bastante delicado.

―Abuto― nombro al susodicho ―Te dejo el mando a ti― confuso espero que se retracte, pero eso no ocurrió.

― ¿Qué? Pero…― no era muy común que le dé el mando, salvo que la situación lo requiera. Kamui jamás daría su lugar de capitán a nadie, no confiaba en nadie para cuidar de su amada calavera ― ¿Seguro?― El pelirrojo no respondió e ingreso a la cámara del capitán, en ese momento Abuto creyó comprender el asunto ―Espere un momento― lo detuvo unos segundos ― ¿Acaso está enamorado?― No es como si todos estuviesen al pendiente de lo que hablaran esos dos, pero la voz de Abuto se alzó inconscientemente llamando la atención de todos. Y no era para menos, el rubio estaba cavando su tumba sin pensarlo.

Era absurdo preguntar algo así, pero Zenzou había entrado en más de una vez a su cabeza con esas teorías de enamorados que, viendo la actitud de recelo y preocupación por la situación entre Soyo y su guardia, no pudo evitar cuestionarse en voz alta. Aunque hubiese sido mejor que esas palabras se las guardase para sí mismo.

― ¿Qué, Abuto?― cantarinamente lo nombro antes de que se escuchase el grito del pirata en la habitación de Zenzou.

Nobu miro hacia donde provenía el chillido, mientras Zenzou se reía por sus propias cavilaciones. Pobre pirata, tan desdichado.

Por otro lado, el resto de la flota observo como el cuerpo de Abuto volvía a pendular del mástil mayor.

―A veces pienso que tu cerebro está podrido, Abuto― sonrió conteniendo su enojo ―Veamos… Tetsuo, serás el encargado de manera temporal― señalo al tranquilo hombre de cabellera negra quien solía mantener la calma de sus compañeros ―Fujieda y Takeru te acompañaran― ordeno, viendo como el chico de nombre Fujieda se arreglaba el pelo hacia atrás como si se tratase de un pandillero de la actualidad ―Tienes mi permiso de pegarle a 13 tanto como quieras― nombro el patético apodo que Fujieda solía implorar que usen.

― ¿Qué? Pero…― los ojos de Mondo Fujieda se dirigieron hacia su ´´capitán´´ temporal, este tenía una mirada serena, aunque claramente podía sospechar de una represalia por su anterior broma con insectos. No era un secreto que al idiota le gustase jugar bromas a sus compañeros, en especial al poco conflictivo Tetsuo.

―Claro capitán―dando un pequeño intervalo silencioso, el hombre de cabellera negra expulso un poco de humo de su pipa antes de sonreír sarcásticamente.

El joven bromista no estaba tan feliz.

Dejando al trio de piratas, Kamui abrió la puerta de su alcoba, no sin antes escuchar los gritos animados de Takeru sobre una futura travesía que le gustaría surcar.

Suspirando exhausto, cerró la puerta. Frente a él se encontraba otro dolor de cabeza, la princesa que había estado molestándolo en sus pensamientos. Recién en esos momentos se preguntaba qué era lo que se suponía hiciese.

Dormida en su cama, lánguidamente, se encontraba el cuerpo de la princesa de Hinode. Sus mejillas estaban sonrosadas, su frente resguardaba el sudor de hace unas horas mientras el color característico de su piel, tan vivo y tibio, volvía a recuperar su brillo dejando atrás el tono cadavérico que la embargo días atrás.

De sueño profundo, con una respiración acompasada y una sonrisa de disfrute en sus labios. Soyo sí que descansaba con bastante calma, una calma que seguramente ansiaba desde el día que fue capturada.

―Vaya, parece que esta todo en orden― dijo risueño con su sonrisa falsa. Trataba de sacar peso a la situación ―Si todo está en su lugar debería volver, esos idiotas pueden hundir mi barco en menos de cinco minutos― giro sobre sus pies y tomo la perilla.

Kamui.

¡No podía ser! Rápidamente se dio vuelta y miro a la durmiente Tokugawa, pero ella seguía tan sumida en sus sueños como el momento en que llego a la habitación.

También estaba que él mismo reconocía que esa voz tenue y delicada no era de esa princesa, sino… de su mami.

Atónito, miro a los costados de la habitación encontrándose con la nada. Tal vez era culpa del cansancio. Kamui no se olvidaba que estuvo muchos días bajo la lluvia, que dormía de forma irregular y que su mente no descansaba lo suficiente por culpa de una niña mimada.

Suspiro nuevamente. Miro por un segundo la perilla de la habitación y se obligó a desistir de la idea de abandonar la habitación. Con zancadas grandes llego al banco depositado al lado de la cama.

―Después de un rato iré a dormir― frunció el entrecejo con seriedad ―Abuto tenía razón, necesito descansar―

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Shinpachi analizaba de pies a cabeza a su compañero Gintoki. Esta misma madrugada el pirata pidió expresamente hablar con él sobre un tema muy delicado. No estaba animado como de costumbre, ni siquiera pregunto en todo el día por el paradero de Kagura.

Después de cumplir con su trabajo, de marcar los errores de Kagura en su ´´castigo´´ y acompañar a su majestad con sus sabios consejos, Shinpachi hizo un espacio en su ardua agenda y se encontró con Sakata.

Luego de acabar con las prácticas de combate uno contra uno, debían caminar un trecho largo hasta el jardín amplio del palacio. Era el descanso después de la fatiga. Tiempo no tenían, ninguno debía levantar sospechas, así que intercambiaban información cuando la situación era segura. Aprovechando que Shinpachi era quien vigilaba al pirata, se acercó a este.

―Shinpachi― saludo mirando a la distancia ―Te tardaste, ya comenzaba a dudar―

― ¿Dudar?― pregunto confuso ―No serias capaz de ocultarme información, menos si es por el bien de nuestra amiga―

―Tienes razón, pero termine haciéndolo― sonrió con nostalgia

― ¿Qué tratas de decir?―

―Encontré al traidor― explico tranquilo ―Pero escapo antes de que pudiera hacer algo, ahora solo queda el ayudante― esas palabras fueron el preludio para explayar todo lo que sabía.

― ¿De quién se trata? ¿Por qué siento que…?― Shinpachi enmudeció y Gin comenzó a hablar.

Fue una total sorpresa encontrar en Tsukuyo a la susodicha traidora, una de tantas que rondaban al reino. La participación de Hosen fue más que comprensible, desde hace años se notaba como se inmiscuía en los temas del rey Umibouzu. Sumergir sus manos en un poder tan devastador como era el país de Rakuyou era sorprendente y admirable. Se notaba que costaba robarle el puesto a su majestad, los años pasaban y su lucha continuaba. La aparición de Sayaka, o más bien Hinowa, era acertada. Tomando en cuenta la demora que tendrían en someter y expulsar a Kankou de Rakuyou, comenzaron con otra gran potencia pero con una táctica más sutil y tentadora. Aprovecharon la muerte de la esposa del rey, sedujeron y atacaron de forma cobarde a su majestad y su siguiente heredero. el plan parecía ir en popa salvo por el gran obstáculo.

―Planean derrocar a Sougo― musito pensativo.

Hubiese hablado algo más de las tácticas a utilizar, pero la preocupación de Gin era entendible en estos momentos. La conexión que tenía con Tsuki era importante para él y los castigos por traición eran tan nefastos como el purgatorio.

― ¿Hablaras con Okita?― quiso saber. Cualquier respuesta que brinde, Shinpachi se encargaría a acompañarlo hasta el final.

―Si por mí fuera trataría de buscar una forma para solucionar el problema. Pero Tsukuyo está impaciente por eximirse y planea hacerlo lo antes posible― suspiro antes de rascar su cabeza ―Los temas del honor, el orgullo y demás estupideces reales no son para mi―

―Puedes darte a conocer― pensó en voz alta Shinpachi, atrayendo su atención. Gin no estaba conforme con el camino que tomo su conversación ―Si dices tu origen, tal vez si pides ayuda a Sakamoto…― Gin movió la mano deteniéndolo con cansancio.

―Lo utilizare como última opción― se encorvo con pesadez. Estiro su columna y sonó sus hombros, el tema lo puso bastante inquieto ―Si logro llegar a un acuerdo sin utilizar ese recurso, sería lo mejor― Shimura entendió sus palabras y calmo sus inquietudes.

Inconscientemente, Gin comenzó a preguntar sobre la pequeña (para él) pelirroja; una forma de despejarse de tanta tensión, hablar de traiciones ante un soberano que tenía todo el derecho y obligación de clamar muerte por tal aberrante acto, no solo era peligroso sino estresante. Su torrente nervioso lo asaltaba con desespero. Por tales situaciones, solían alejarse de estos temas de investigación cuando hablaban de la mocosa de Rakuyou. Aunque, de cierta forma, esos últimos día no hicieron demasiado contacto con ella. Castigada por culpa del clero, Kagura debía aportar horas de trabajo como sirvienta. Sin contar que Shinpachi ya no la encontraba en su recamara en la mañana. Sorprendentemente se despertaba antes de levantarla y se iba a dormir antes de acompañarla.

Si bien, el menor de los Shimura trataba de mantener las formas con respecto a la pequeña pirata, ciertamente actuaba como un hermano celoso. Debía mantener las formas, aun si le inquietaba la actitud tan despreocupada que tenia de acomodarse cerca de Sougo, el rey. Sin mencionar que su majestad no se negaba a sus acercamientos o rechazaba sus intenciones, ya sean inocentes o no.

Sus actos libertinos del pasado ya habían dejado una estela de malos comentarios entorno a su persona y eso era suficiente para malpensar la situación.

―Ahora que lo pienso, tampoco he visto a su majestad― las hipótesis no tardaron en llegar y la preocupación calo sus mentes en busca de una rápida acción.

Ansiedad, desesperación e incredulidad fueron carcomiéndolos. Pero con un poco de tiempo sus propias acciones comenzaron a sopesar.

― ¡Ja! Kagura no haría algo así― cruzo sus brazos el mayor ―No es muy cariñosa, el contacto físico no es lo suyo… ¿Verdad?― Ni siquiera el mismo se creía sus propias palabras, a su lado, Shinpachi mantenía el silencio preocupante por encontrar a la menor. Un poco más serio y, esta vez, aceptando los hechos se dirigió al joven a su lado ― ¿Sabes dónde se encuentra su majestad? Creo que antes de hablar sobre pecados ajenos, ese ¨Rey¨ debería ver cuánto abarco con su tercera pierna― dijo haciendo alusión al peso que llevaba Tsukuyo sobre su espalda y el pasado morboso de Sougo aunque, claro, él no podía hablar demasiado.

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No noto el cansancio de su cuerpo hasta que comenzó a cabecear con insistencia. El asiento le era incomodo e inapropiado para un capitán. Cada tanto recordaba la causa por la que no estaba en su cómoda cama, mirando a Soyo descansar, siendo ella una simple prisionera. Se enojaba, refunfuñaba, soltaba un improperio y volvía a caer en el continuo cabeceo antes de repetir todos los pasos anteriores. De a poco iba aumentando más su fastidio, su rabia comenzaba a acumularse y casi no sabía cómo controlarla.

Al cabo de su tercer o cuarto intento fallido por dormir en la silla, se levantó de ésta y toco con insistencia, y poco cuidado, la cabeza de su majestad. Uno podría entenderlo como un acto cariñoso, brusco, pero solo era una manera más para intentar levantarla y retirarla de su descanso. Pero, al tocarla se dio cuenta que la fiebre persistía, por lo cual, el soporte de sus sueños cómodos seguiría estando al cuidado de la rehén.

Maldijo por lo bajo antes de volver a revisar su frente. ¿Qué tanto tenía que esperar?

Con el dorso de su mano reviso el calor de su mejilla, quería asegurarse que su revisión fuese la correcta y el testeo esté en orden. Las yemas de sus dedos, heladas por la tempestad del exterior, brindaron a la frente de ella, un descanso de las altas temperaturas. Siguió acariciando, dejando danzar su caricia a través de todo su rostro, alcanzando su nariz, sus pómulos; buscando algún punto donde su temperatura sea estable para el cuerpo humano. A cada milímetro que deslizaba sus dedos no sentía nada diferente, el calor parecía ser el mismo, su textura suave quemaba bajo la languidez de la fría mano de él, incluso, cuando el pulgar de su diestra llego a su labio inferior la temperatura aumento aún más.

Elevo la izquierda hasta su cuello, percibiendo el ardor en su garganta. Elevo sus nudillos por su vena palpitante hasta rozar su fina mandíbula y todo lo largo de su contorno. Era extraño para él, que la única parte de su cuerpo, sus labios, queme mucho más que cualquier parte de su agobiado rostro. Incluso cuello, después de palparlo, mantenía un coordinado calor con el resto de su cara.

Enarcando una ceja, bastante confundido e interesado, deslizo su pulgar a través de todo su labio inferior. Degusto la textura reseca de estos y presiono levemente hacia abajo intentando sepáralo. Ella abrió la boca levemente con un, apenas audible, jadeo. Frunció el ceño, incomprendido y dejando su investigación, prosiguió a continuar con el recorrido que previamente tenía marcado. Surco la comisura de su boca con lentitud, absorto por los jadeos suaves de ella. De forma fugaz, acelerando un poco su camino, llego hasta el labio superior. Fino, delicado y menos áspero que el inferior, Kamui se permitió un segundo recorrido.

Dándose cuenta que su temperatura corporal seguiría siendo tan alta hasta que la medicina no surtiera efecto, si es que sucedía antes de llegar a Hinode, el pirata ya pensaba –Con pesar- que pasaría esos días durmiendo en la bodega.

― ¿Tan enferma está…?― Mascullo con rabia. Sus palabras enmudecieron al verse capturado por la mano temblorosa de la princesa.

Perdida entre la realidad y la nebulosa ficticia de su inconsciente, Soyo se tomó el atrevimiento de hacer suyo ese algo que calmaba su calor.

―Frio…― los dedos de ella, delicados y delgados, se arrastraron por la mano callosa del pirata que, absorto en los vidriosos ojos azabaches de ella, espero paciente a ver que haría.

Con su conciencia oscilando entre el mundo de los sueños y la realidad, deseosa por calmar un poco ese calor que la llevaba al delirio, deslizo con cansancio su lengua para lamer el índice del extraño. Pronto la calma helada llego a su lengua causando un suspiro de satisfacción.

No se esperó algo así. Su primera intención fue alejar su mano de la boca de ella, pero la desesperación en el tembloroso cuerpo de Soyo lo hizo repensar en la posibilidad de dejarlo momentáneamente. Estaba enferma, debía ayudarla a mejorar para obtener nuevamente su cuarto, ¿No? Podía sonar a una mentira, pero eso era lo que Kamui mantenía como única verdad.

La lujuria era un pecado que Kamui no portaba, no era regido por el placer carnal en ningún aspecto, un bicho raro, diría Abuto. Por esta causa Kamui creyó que acciones como aquellas no lo afectarían, se creía inmune y de hecho lo había sido en el pasado. Para la tripulación era más que sabido que a pesar de ser un sanguinario y poco amable pirata, la popularidad de este jamás descendía. A veces, en un estado de ebriedad, Gintoki exponía las causas de tanta atracción, según él era la higiene que –como piratas- no todos poseían.

Teniendo esa suposición como única verdad, Kamui se vio obligado a marcar una línea de separación entre él y cualquier estorbo. Podría ser esta la causa por la que estaba seguro que si Abuto entrara a la habitación se sorprendería de la permitida invasión a su espacio personal.

Pero, aun si mostraba el poco interés en el deseo sexual, no podía hacerse el frívolo y decir que nada de lo que sucedía no provocaba algo en él. Y es que, la lengua cálida de ella recorría con insistencia sus dedos congelados. Como un pedazo de hielo que lame insistentemente en verano, subía y bajaba su órgano muscular dejando un sendero acuoso escurriendo. En cuanto una parte de su mano se calentaba por la insistente fricción de su lengua, buscaba algo más; su palma, el pulgar, el dorso de su mano, lo que fuese que pueda propinarle calma a su agobiante temperatura. El jadeo producto de su estado, sumado al rostro febril que entintaba sus mejillas, causaban una incomodidad de la que no podía escapar.

Tal vez fuese la causa de todo ese pequeño espectáculo o, siendo más acordes a la actitud desinteresada de Kamui, solo era la calidez de la habitación comparada con la temperatura allá afuera. Lo que fuese comenzó a calentar su cuerpo, no desaforadamente como la fiebre en el cuerpo de la princesa, pero si sentía su cuerpo muy distinto a como estaba unos segundos atrás.

Retirando el frio de su diestra, Soyo no tenía nada más que lamer allí. La izquierda de ella toco el brazo, mas allá de su camisa, deslizándose a través de la manga. Era cálido, el grado corporal de él seguía pareciéndole más satisfactorio que el que tenía, pero no creía satisfacerla.

Observo, inspeccionando su cuerpo petrificado sin perder la seriedad con la que solía tratarla, buscando algo que pueda apaciguarla. Tocó sus labios con tranquilidad y percibió esa frescura que, desesperadamente, buscaba en su persona.

―Frio― musito con impaciencia, a él una corriente eléctrica surco su espalda.

Despegando el torso de la cama, irguiendo parte de su cuerpo. Percibió la rigidez en su semblante, la asustaría de estar en sus cinco sentidos, pero en esas instancias simplemente quería apaciguar su calor. Se notaba que no estaba en sus cabales cuando acerco su boca a los labios invernales de él. Y Kamui no entendía que tan perdido estaba como para no reaccionar antes de cometer un error.

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Los pasillos eran tan sepulcrales dentro del castillo de Hinode como un mismísimo cementerio. Lúgubres, fríos, amplios, desolados. Siempre eran así, o al menos la mayor parte del tiempo. Si bien tenían una visita estricta, rígida y poco carismática como lo era el clero, ciertos piratas no se detenían a pensar en ello.

Molestando a quien se cruce por su camino, elevaban su voz sin darle importancia al ¿Quien podría estar cerca? Por eso, Sakata Gintoki, no vaciló al verla caminar con un cesto de ropa limpia, lista para preparar la cama de su majestad –Lo cual trajo malos pensamientos tanto a Gin como a Shinpachi-

Las quejas llovieron antes, siquiera, de tener un acercamiento prudente. Claro que no la expusieron deliberadamente, pero si la cuestionaron. ¿Dónde anduvo? ¿Con quién? ¿Qué hizo todo el día? ¿A dónde se dirigía? Y demás cuestiones ambiguas, pero que para ellos tenía demasiada relevancia.

Después de responder a sus preguntas con tal paciencia digna de una mujer que solo quería llegar a su cama (Compartida) y ¨Descansar¨.

―No eres el más indicado para hablar― replico en cuanto descubrió a donde iban todo aquel interrogatorio ― ¿Con cuántas estuviste? Si Tsuki se agarra una de tus pestes te acusare― Shinpachi miro con reproche a su descuidado amigo y calmo su espíritu ético solo para no levantar muchas sospechas en Kagura.

Gintoki sintió las palabras de su pequeña, más punzantes que en otras ocasiones. La mocosa –Para él- no solo marcaba su libertina vida pasada, sino que la utilizaba para defender a un rey con un prontuario igual o peor al suyo –Si es que cabía la posibilidad-.

― ¿Por qué lo defiendes? ¿Eh?― herido por sentirse menos que ese sujeto, sus celos de padre comenzaron a brotar por sus poros ―Explícame que tanto hacen cuando están solos― presiono sus dientes con fuerza para que su voz no escapara en gritos llenos de queja ― ¿Te toco? ¿Hizo algo? ¿Qué tanto lo ves? ¿Eh?― su actitud era similar a la de un mafioso del siglo XX.

―Nada― desvió su mirada para calmar la inquietud en su cuerpo ―Pelear como siempre, nada más― inflando sus mejillas, esa chica trato de aparentar estar ofendida para no ser descubierta. Una táctica muy provechosa, salvo con Gin.

Su vena se inflo y con su mano presiono su mejilla en un agarre fuerte. La obligo a que lo viera e inspecciono su mueca, algo no le cuadraba. Fugaz, su intento de ofensa se disemino en un parpadeo para volver a la actuación. Ese pequeño momento de flaqueo sirvió para deducir que estaba pasando.

―No utilices las artimañas que te enseñe, contra mí, tonta― Kagura trato de ignorarlo y continuo con su actin.

―Estoy enojada― esta vez, hasta Shinpachi noto la exageración de su Enojo.

― ¡Kagura!― llamo nuevamente.

―Nada― volvió a responder ―Nos llevamos mejor, pero no pasó… nada― ésta vez dejó cualquier intento por engañarlos. Su expresión, mas sincera y fácil de leer, no ayudo a calmar al pirata y al joven Shimura.

Ella estaba apenada, como si recordara algo que no podía expresar. Un hecho… ¿Intimo, quizás? Lo que fuese, no estaban muy a gusto con la actitud de ella.

Preparando sus pulmones para gritarle y exigir explicaciones ahora mismo, destenso su endurecida mandíbula. Los gritos del susodicho padre se escucharían sin problemas por cada uno de los recintos del castillo, pero la actitud centrada de Shinpachi evito que armara cualquier escándalo. Con sus manos cubrió las palabras llenas de reproches del pirata.

Aprovechando el momento, Kagura se despidió del par dejando un:

―Ya soy adulta― causando un casi infarto en el adicto a los dulces. La desolación en los ojos de esos dos era sorprendente, estaban viendo crecer a una amiga y, una hermana/hija respectivamente, bah, muy libre no la dejarían así como así.

―Mandare a la mierda a ese insulso rey― su plan maquiavélico comenzó a tomar forma en su cabeza. Ayuda de Shinpachi seguro no le faltaría.

Okita Sougo, rey de Hinode, se arrepentiría de meter sus manos en la privacidad de su pequeña ―Y es que, Gin pensaba lo peor en esos momentos―.

La mujer, ya que de niña no quedaba nada, pelirroja recorrió varios pasillos buscando escaquearse de la sobreprotección de Gintoki y de cualquier sujeto que la vea en una situación bastante comprometedora. Era una lástima no poder andar a sus anchas a pesar de tener el permiso del soberano, de lo contrario su cabeza seria clavada en una estada en la puerta de entrada al reino.

Como cada noche, con la guardia alta, ingreso a la habitación de Sougo. Preparo su cama y encendió los candelabros al bajar el sol. Llego al cuarto con un plan sumamente detallado, inspirada por la confianza y los ánimos de sus compañeras, Kagura sabía que podría hacerlo. No era una cobarde ni mucho menos, ya le demostraría a su ¨majestad¨.

Quedo a espera de que llegue. Mientras se imaginaba como lo asaltaría en su patética y acojonada confianza. Si volvía a ser rechazada dejaría de insistir y simplemente pediría una respuesta. Él la quería, o al menos eso le demostró, pero continuar más allá no se podía. ¿Qué tipo de densa barrera forjo alrededor de su libido? Ella no comprendía la importancia del celibato, de mantener una falsa castidad intacta hasta el matrimonio. Escucho poco del asunto gracias a sus compañeras. ¿Qué más detenerse ahora? ¿Qué cambiaría? Y, aun si su castidad fuese una verdad, ¿Cuál era el problema de perderla con quien se le dé la gana?

Estaba de más que sus conocimientos eran precarios, que no comprendía la totalidad de lo que era ser casto o no, pero para ella con ese minúsculo conocimiento no comprendía la importancia de entregarse solo a una persona ―siempre y cuando la fidelidad en la monogamia se mantenga, poco le importaba el resto―. ¿Acaso perdías valor como humano? Tal vez si hubiese sido criada dentro de ese reino comprendería más a fondo las causas, pero ella se crio con un insulso grupo de piratas que disfrutaban la vida y la libertad, que no preguntaban a una mujer si eran puras o no antes de irse a una habitación. Convengamos que no siempre eran prostitutas, y aun si lo fuesen, sabía que más de uno de sus hermanos se enamoró de una de ellas sin bajarles su valor por lo que eran.

A Kagura no le importaba con cuantas o con quienes estuvo antes de conocerla. El pasado era eso, pasado. A ella solo le interesaba que él tenía un ritmo cardiaco acelerado cuando se besaban, que sus piernas buscaban entrelazarse con las de ella para sentir un poco más de contacto, que a veces despertaba y lo descubría observándola dormir. Había sentimientos entre ellos. Sougo se encargaba que, con el poco tacto que podían tener durante la tarde, ella comprendiera lo que significaba para él. Los roces no faltaban, al igual que los susurros que arrastraban tanto dulces comentarios, como bromas o insultos entre ellos.

El sonido del pestillo y el crujir de la madera la hicieron brincar de la cama. El color borgoña en su mirada traspaso la oscuridad alumbrada por el insípido resplandor de las velas. Sougo no se esperaba encontrarla levantada y mucho menos sin cambiar su atuendo de mucama.

Kagura miro detalladamente su atuendo reparando en cada detalle de el. Tomó su tiempo para alcanzar sus manos y la anchura de sus hombros. El torso amplio de él y su atractiva yugular. Se perdió un rato en esa zona, deseando ver un poco más de lo que ocultaba la tela.

―Kagura― llamó.

Absorta por el movimiento sutil de sus labios, levanto su mirada un poco más.

Perdida en su mirada, su detallado plan del que tanto se jactaba comenzó a perder peso e importancia. Prácticamente lo olvido cuando el cuerpo de él se movió a través de la habitación y, con paso, robo un gemido de su parte al besarla. Kagura esperaba que no sea lo único que robe durante esa noche.

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Aclaraciones:

Tanba Tetsuo: Protagonista de Dandelion.

Mondo Fujieda: Protagonista de 13.

Gouda Takeru: Protagonista de Bankara.

Piratas: el actuar de la ¨Familia¨ de Kagura parece ser muy linda y no se identifica con los piratas de esa época, lo sé, pero me gusta imaginar que ellos se comportan como una familia que se respeta. Que hacen cosas mal (como robar) y desastres a cada lugar que van (se alcoholizan, pelean y sobreprotegen a su única hermana). Es fantasioso, pero me gusto.

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Nota del ficker:

Por fin subo capitulo.

El próximo capítulo no será muy largo, lo tendré para mañana o pasado. Sera lemon y no es necesario que lo lean si no quieren (Ya estoy escribiendo, por eso lo digo). Pueden saltarlo y esperar el 27 sin problemas.