Capítulo 28. El día de la verdad
Parado frente al espejo me acomodo por última vez la corbata, estoy nervioso se que a llegado el día de la verdad.
Después de tener todo preparado para esperar a Candy bajó las escaleras utilizando un traje elegante color negro, ya no lo hago como Albert si no como lo que verdaderamente soy; William Albert Andrew. Estando en la sala escuchó como tocan la puerta al abrirla me doy cuenta de que se trata del mensajero del banco por lo que decido atenderlo, el joven me entregó un sobre que destape inmediatamente después de que él se fuera de la casa.
William es necesario que te presentes en las oficinas centrales hoy mismo para que firmes unos documentos.
George.
Recibir esta noticia no fue de mi agrado, más sin embargo observó el reloj y sin perder más tiempo tomó las llaves del coche para dirigirme a la empresa familiar. Entrar al corporativo no me resultó difícil por que los empleados me conocen como el protegido de George.
En el despacho tome los papeles para revisarlos, como George a hecho un buen trabajo término más pronto de lo previsto, al pararme de la silla presidencial me percaté de que por la ventana se podía apreciar un hermoso paisaje, el cielo despejado adornado por una estrella deslumbrante y calida, que me recuerda la tarde cuando mi amada y yo caminábamos por un sendero de flores, ella parecía un ser celestial que se dedicaba a recolectar la belleza de las flores, mi linda Candy estaba tan absorta en su pasatiempo que no se percató que con el movimiento continuo se le deshizo su peinado provocando que sus cabellos dorados cayeran sobré su espalda, mientras me sonreía dulcemente con su cara de ángel.
Al llegar a la cascada ella veía con gran admiración la belleza del paisaje, solo con Candy comparto el gusto por la naturaleza, ella es la única que me comprende y es con la única que puedo ser yo mismo sin apariencias. Mientras mi dulce rubia exploraba el lugar viendo con asombro que en el agua cristalina se paseaban los peces teniendo de fondo las rocas grisáceas yo me apodere del ramo de flores que ella tenía entre sus manos para hacerle una corona. Pasado unos momentos ella se dió cuenta que yo no estaba a su lado y decidió ir hacia donde yo estaba sentado sobre el césped para expresar con cierta irritación:
—hmmm ¿ qué haces Albert?
—estoy cuidando las flores
—con que cuidandolas ¿ si las estás cuidando por qué están en el suelo?
—para observarlas mejor
—y ¿por qué tienes unas en tus manos?
—es una sorpresa... Ya lo verás
—¿para mí?
—si
—¡¿ qué estás haciendo ?!
—espera un momento
—no puedo... Dime ¿qué es?
—no te voy a decir... Será mejor que tengas paciencia
—por favor Albert dime lo que haces
—¡no!
—bueno... Entonces dame una pista
—es un accesorio
—hmmm accesorio... Me estás haciendo un collar de flores, muy bonito Albert me encantan las flores que estás ocupando
Mi rubia observó de nuevo la cascada y dijo — tengo ganas de nadar
—el agua está fría
—acaso tienes miedo
—no es miedo, es prudencia
Candy besó mi mejilla, después se dirigió a la orilla del río se quitó el vestido para tirarmelo a la cara y distraerme de mi actividad mientras gritaba: —a que no te atreves a nadar conmigo señor prudente
En ese instante acabé de hacer el adornó, me paré para quitarme la camisa y los pantalones al mismo tiempo que escondía la corona de flores en mi espalda para dirigirme a mi bella rubia. Al estar frente a ella le ofrecí la corona de flores mientras que ella lo observaba embelesada como si se tratara de la joya más exquisita del mundo y dijo con emoción
— Albert es preciosa
— tú eres preciosa
—gracias
Nos mirábamos con amor al mismo tiempo que yo con sumo cuidado le colocaba la corona de flores en su hermosa cabellera, después ella me dió un beso largo y apasionado. Al terminar el beso me despeino el cabello y se echó a correr para que yo la capturará y eso fue lo que hice, le dí ventaja observando su bello cuerpo cubierto por una fina capa de tela que no me dejaba nada a la imaginación, pero después continúe con la persecución, no fue difícil capturarla entre mis brazos y echarla en mi hombro mientras me deleitaba viendo sus piernas torneadas que quedaron a la altura de mi pecho, en cambió ella reía y forcejeaba, para liberarse de mi pero no lo logro, en cambió yo me paré en una piedra para aventarme al agua junto con mi bella dama que sentía la frialdad del agua y mencionó:
— Albert tengo frío
—lo sé, pronto nos acostumbramos a la temperatura del agua
—si... Sabés, yo puedo hacer un truco bajo el agua
— así, ¿de qué se trata?
—puedo dar maromas
—es muy interesante... Me gustaría verlo
— es enserio lo que dices
—si
Se alejó un poco de mi y efectivamente mi dulce amor podía ejecutar una adorable maroma de bajo del agua, es una buena nadadora que parece una sirena que encanta a los hombres con su perfecto cuerpo, con estos pensamientos impropios la tomé de la cintura para acercarla a mí y poderme adueñar de sus labios.
Más tarde, después de nadar nos salimos del agua mi hermosa pecosa se veía como una diosa con sus pies descalzos, con su ropa empapada que se le pegaba al cuerpo y con su cabello húmedo adornado por rastros de flores que le dejo su corona deshecha por tanto nadar, ella se iba a poner el vestido con la ropa interior mojada pero no la dejé en vez de eso le quité las prendas húmedas para colocarle mi camisa seca sobré su cuerpo esbelto, después le ayude a ponerse su vestido seco, mientras que yo únicamente me ponía los pantalones para irnos a nuestro hogar después de haber pasado una tarde placentera al lado de la mujer de mi vida. Con estos recuerdos preciosos de pronto escuché como se abrió la puerta del despacho para enseguida escuchar esa voz dulce que dijo:
— tío William, soy su hija adoptiva, Candy. Le ruego que me disculpé por importunarlo así tan de repente... Pero hay algo de lo que debo hablarle...
Ésa voz, sus palabras resuenan en mis oídos mientras ella habla agradeciendo la bondad del tío abuelo y menciona que yo la estoy obligando a casarse con Neil. Como si yo pudiera obligar al alma libre de Candy hacer algo en contra de su voluntad. Después de un momento de silencio ella dijo: —¿ tío William? ¿es usted el tío William?
Sin tener más opción le contesté — ¿acaso es todo lo que tienes que decirme, Candy?
Esté instante es sumamente tenso para mí, y de última instancia decido darme la vuelta sobre mis talones para quedar frente a frente con mi Candy que en estos momentos me ve con asombro.
Continuará...
Disculpen la tardanza, trataré de escribir más seguido... Saludos.
