Buenas, capitulo especial y muy importante en la historia. Va lleno de sentimiento y amor para todos vosotros y vosotras.

Disfrutad!


Draco miró a su alrededor, aparentemente el líder habia quedado fuera de combate y había tenido que huir. Quien fuese que hubiera lanzado el hechizo, les había salvado.

Tras asegurarse de que no había ningún peligro más alrededor, se agachó a mirar a Harry.

Le vio con aquella expresión relajada, de paz, tan indefenso que sintió ternura. Su maldito subconsciente le traicionaba de nuevo.

Le buscó el latido, aún vivía. Miró su cuello y encontró grabado el dibujo de los eslabones de la cadena y se extrañó.

Se preguntó si él también las tendría, pero las marcas de Harry estaban en relieve y el no había sentido nada al pasar la mano.

Las únicas marcas que había tenido habían sido de lo momentos en que habían tirado demasiado de ella y le había amoratado el cuello, pero siempre se habían quitado.

En realidad nada de eso era ya su problema, aún tenía las palabras de Potter resonando en su mente, callando cualquier otra opción.

Tenía que tomar una decisión.

Sentimientos encontrados luchaban en su pecho, dolor, pérdida, orgullo, rabia, cariño... Él querría quedarse, pero Potter había sido claro.

Sólo sería feliz si él salía de su vida y en lo más profundo de su corazón deseaba hacerle feliz, incluso si él no estaba ahí para verlo. Ya se había ocupado suficiente de él, ahora era su turno.

Le acarició el rostro por última vez, sintiendo las lágrimas resbalando de nuevo por su rostro, le besó la frente con amor.

- Cuídate, Harry.


Harry abrió los ojos, los últimos rayos de sol iluminaban las nubes con mil colores.

Miró a su alrededor, a su izquierda pudo ver al rubio corriendo hacia el acantilado, al llegar al límite, se quitó la capa blanca y saltó por el acantilado.

- NOOOOOOO! - gritó Harry.

Sintió cómo su corazón se encogía de pánico, en el momento que un enorme dragón blanco abría las enormes alas y remontaba el vuelo desde el mar, para perderse entre las nubes.

Se quedó inmóvil, con la vista fija en las nubes.

No podía reaccionar. No podía comprender.

No quería reaccionar, no quería comprender.

Qué había hecho...?Qué había pasado?

Miró al suelo y encontró la cadena negra a sus pies. Se pasó la mano por el cuello y solo pudo sentir la marca de los eslabones en él. Los ojos se le llenaron de lágrimas de nuevo, miró al cielo buscándole, esperando verle volver…

Pero no volvió.

Se arrastró hasta el acantilado y cogió la capa blanca, que aún conservaba su calor.

La abrazó y lloró amargamente.

Se había ido... para siempre.

El sol fue desapareciendo en el horizonte, los colores de las nubes se oscurecieron, pero Harry no encontraba las fuerzas para volver. Se negaba a volver sin él.

Nada tenía sentido, estaba ahí por él!

La noche hizo su aparición, el cielo se llenó de estrellas tímidas, que se ocultaban entre las nubes. Ninguna quería ver su expresión de desesperanza.

No querían ver la pena en sus ojos, las muecas de tristeza en su boca, sus manos aferrando el, ahora, más precioso de sus tesoros.

Las olas rompían en las rocas, provocando un gran estruendo en el silencio de la noche, el viento movía su túnica haciéndola ondear a su espalda como un fantasma, la humedad del ambiente empezaba a calarle los huesos, pero él seguía aferrado a aquella capa como si fuese un salvavidas. Como si soltarla le fuese a hacer caer en el vacío. El último resquicio de sus caricias, la representación de los recuerdos. Cientos de días durmiendo juntos no se olvidaban de repente.

Estaba perdido en sus pensamientos, ausente de la realidad en la que se encontraba. Ni siquiera sabía lo que había pasado, al menos estaba seguro de que el líder no se lo había llevado.

El líder... De dónde había salido? Qué había ido a buscar allí él solo? Como había sabido que estaban allí?

Recordó sus palabras "no se lo has contado?"

Se le encogió el estómago por la culpa.

Efectivamente, no le había contado nada a Draco.

No le había contado cómo había terminado encadenado a él, la noche en la que había bajado a su mazmorra para liberarle.

Tampoco le había contado que mientras él estaba desmayado y al borde de la muerte por sobre esfuerzo físico, había tratado de sacarle de allí y huir, tal y como estaba en su plan.

Todo estaba en orden, bajo control, debería haber salido bien, pues él mismo era el guarda del turno de noche de la entrada a la fortaleza.

Debió haberse imaginado que el líder tenía un ojo puesto en él desde esa mañana y que no iba a dejar algo tan valioso para ellos sin vigilancia. Había salido a hurtadillas, llevando a Draco en brazos, tratando de escapar bajo la capa invisible, pero claro, aquello funcionaba en el colegio con profesores que hacían la vista gorda con él, no con magos oscuros que no tenían nada que perder y mucho que ganar en aquel lugar.

Al salir al patio había encontrado el camino despejado, como estaba en sus planes, tenía la escoba lista al otro lado de la muralla, oculta bajo unas lonas, sólo tenía que llegar hasta ella.

Con máximo sigilo había cruzado el enorme patio de torturas cuya tierra estaba permanentemente blanca.

Le habían informado, al poco tiempo de llegar, de que aquella arena era especial, que había sido traída de lejanas tierras y que se alimentaba de sangre. No crecía nada en ella pues era totalmente infertil, pero era terriblemente práctica para mantener las apariencias y no espantar a los novatos, con suelos empapados de sangre de sus víctimas.

No se esperaba que al cruzar las enormes puertas de acero se encontraría una sombra apoyada en el muro, ni que esa sombra sería el líder.

Inmediatamente les había arrastrado de vuelta a la mazmorra.

- Jamás te creí capaz de semejante traición, inglés, tú con ese talento innato para la magia oscura, con tus grandes planes, con tus férreos principios, robando como un vulgar criminal. Debería darte el beso del dementor, pero soy un hombre bondadoso, no puedo desperdiciar un talento como el tuyo ni perder a una pieza tan importante en nuestra asociación. Te voy a dar una oportunidad de enmendar tu error.

El líder había hecho un gesto con la varita y el otro extremo de la cadena que sujetaba a Draco se había enroscado en su cuello, suave y laxa.

- Si tanto le quieres, encárgate tú mismo de él, te encargarás de que obedezca, de que aprenda a transformarse cuando toca y de castigarle para que aprenda, pero claro, tampoco soy un inconsciente, no os puedo dejar sin vigilancia.

Con una floritura había agitado la varita otra vez, diciendo:

"Imperio torque."

Entonces la cadena se cerró con violencia en torno a su cuello, dejándolo durante unos segundos sin respiración.

- Ahora tú me perteneces a mi. Perderás el control de tu propia voluntad, de tus actos y de tus decisiones. Quedas a mi completa disposición, inglés. Cuida del dragón. En adelante dormirás aquí con él. Si se te resiste usa el mismo maleficio de dominio y podrás doblegarle a tu voluntad.

Después había salido por la puerta.

No, no le había contado nada de todo eso, ni del efecto de la cadena, ni de la maldición. Nada.

Tampoco le había hablado del compañero que había aparecido unos minutos después, abriendo la puerta, soltando a Draco de sus cadenas y tirandole a Harry su dichosa escoba.

- Corre y no mires atrás, inglés.

Fueron sus palabras antes de que Harry saliese corriendo de la mazmorra y levantase el vuelo en medio del terreno de arena blanca. Volando hacia la fría noche rumana. Hacia su primer punto estratégico. Hacia su libertad.

No había creído necesario contarle nada, tampoco había podido, el dominio de la cadena era intermitente, por alguna razón que aún desconocía en ocasiones se resistía a él, pero había barreras que no era capaz de superar. Hablar de lo relativo a la cadena era una de esas ellas.

Se sentía extraño, ajeno a esa realidad, sin la cadena al cuello, sin el dolor, sin su dragón al lado... Maldita sea, al final le había cogido cariño.

Un cariño que sólo de manera intermitente había podido sacar y que estaba seguro de que le era correspondido en parte.

"Maldita sea..."

Le había dicho cosas terribles, cosas inciertas, provocadas por el dominio de la estúpida cadena, del control de la magia negra y del dolor que le provocaba todo ello.

Pero ya era tarde para arrepentirse o buscar excusas.


Debo deciros que lloré escribiendo este capítulo, en principio era uno pero me parecía un momento muy importante como para pasarlo rápido y por encima, por terminé convirtiéndolo en 3.

Hoy en especial espero vuestros comentarios, me apetece mucho saber cuáles han sido vuestras reacciones e impresiones, pues me hacéis ver lo mismo desde distintos puntos de vista :D

Muchas gracias por leer.

Abrazos para todos y hasta mañana!

Kanna