CAPÍTULO XXX

DISCLAIMER. Antes de empezar quiero dejar en claro que los personajes no me pertenecen, ellos son enteramente propiedad del MCU y de la mitología nórdica, yo sólo los uso para dar rienda suelta a mi imaginación.

N/A. ¡Holi! Lamento no haber publicado la semana pero me infiltraron la rodilla. Y bueno sí, aquí vamos de nuevo.

Treinta

Apretó las manos sobre su regazo en cuanto el carruaje que habían rentado desde Liverpool, frenó. La sonrisa de Thrud casi la dejó ciega y ella no pudo más que responder con una forzada. Antes de que alcanzara a dictarle el proceder que debían seguir, ella se puso en pie entre tropezones y bajó al camino empedrado sin mirar atrás.

Fiorella, con el corazón latiendo a mil, corrió tras ella. Sabía que la chica debía tocar pero también estaba consciente de que una vez abierta la puerta entraría como torbellino y ahí radicaba su angustia. A punto de que esta cometiera tal atrocidad, la nana jaló del hombro a la joven rubia y la volvió hacia ella.

—Mi niña, recuerda que esta será la primera vez que él te vea en tantos años y si quieres que te tome en serio como mujer, ¿no deberías ya comportarte con los modales de una? —dijo con seriedad y pudo notar que su truco funcionó al encontrar la duda pintada en la faz de su interlocutora.

Dado el mutuo acuerdo entre ambas de anunciarse, llamaron a la puerta para que una joven sirvienta de cabello caoba las recibiera en la estancia e hiciera lo propio yendo a informar de su llegada a sus amos. Gotas gordas de sudor se desplazaron al sur de su frente: ese sustantivo aplicando a ambos hombres detonaba cómo iban las cosas en el lugar.

Thrud se balanceó sobre sus pies y no paró de parlotear sobre el ambiente hogareño que traslucían los muebles pequeños y sobrios junto a pinturas de un extraño color sepia. Claro que la nana no entendía sobre eso, así que aquello no hizo más que traerle ansiedad agregada a su ya de por sí empapada blusa.

Y ahí estaban. Tardaron más de lo que la cortesía estipulaba, pero a unos metros frente ellas comenzaron a manifestarse ambos caballeros, con la figura del amo Odinson detrás de la de Loki. Nunca creyó que tendría ganas de gritarle y maldecirlo al mismo tiempo que ansiara preguntarle por su salud.

Sin embargo, había hecho una mala apuesta al proyectar que su niña se quedaría como si nada al ver al objeto de sus anhelos. Así que de la nada y con total claridad apreció cómo esta subía las faldas de su vestido violeta y se lanzaba casi de un brinco a los brazos de Loki, gritando su nombre.

Escuchó una risa pura y lirica salir de la garganta del ahora, joven hombre que dio varias vueltas en el aire con la rubia mientras esta se le prendía como una sanguijuela a su amigo de la infancia. Tampoco perdió de vista cómo las facciones de su amo se endurecieron al contemplar dicha expresión de regocijo de su hija.

Y de su amante.

—¡Mírate Thrud! ¡Estás tan bonita! —expresó Loki, alzándola un poco más arriba que él.

Tragó saliva. No dejaba de concentrarse en su amo, quien ahora apretaba los labios y endurecía su postura a un lado de la escena. Para cualquier observador aquello podría significar el enojo de un padre al ser desplazado en sus afectos o atenciones por su hija. Pero Fiorella entendía su significancia; contrario a la otra sirvienta que permanecía más lejos.

Quizás hubieran tenido una velada llena de té y galletas en donde contaran los pormenores de su travesía para que después ella las instalara en las habitaciones que les fueran dadas, si la joven rubia no hubiera hecho lo que su nana había pasado repitiéndole que era inapropiado en todo el camino.

Ella tomó impulso hacia adelante, jaló del cuello a Loki y en un arrebato de euforia, posó sus labios en los del contrario. Lo peor de todo no fue cómo casi se podía escuchar los suspiros que su niña daba con cada movimiento sino la forma posesiva en que el joven la estrujó contra su cuerpo y correspondió a la acción.

Estaba por desmayarse ahí mismo cuando, como sacado de un cuento que narrara una historia de venganza, Thor avanzó hacia la pareja y de un tirón dado a la ropa de ambos, los separó. Thrud trastabilló cuando la mano de su padre la hizo retroceder y los brazos dulces de su nana la mantuvieron en su lugar para que no cometiera la locura de intervenir cuando el primer puñetazo fue lanzado.

A pesar de que ambas apreciaban la misma situación, Fiorella captó ese brillo oscuro en los ojos de su amo que lo manipulaba para encajar más golpes certeros en la anatomía de Loki, quien sin ninguna consideración regresaba los ataques.

El joven de ojos verdes al ser más delgado debía fiarse de la brutalidad del rubio para encajar sus propios golpes en el otro pero eso sí, lo hacía muy bien. Casi había dejado los mismos estragos que su oponente provocara en su cuerpo.

—¡Basta! ¡Papá detente!

Sollozos fueron dejados salir por la vocecilla de Thrud y la angustia acabó por deformas sus facciones dulces. Ahora su progenitor tenía por el cuello a Loki y lo apretaba contra la pared, este había recurrido a apalear la quijada del rubio sin éxito, como si Thor no percibiera el dolor.

Todo lo que los orbes verdes podían contemplar era ira.

Sin poder evitarlo, la joven rubia se escapó del agarre de su nana y componiendo su postura a una de espalda recta y caminar altivo, llegó a un lado de su padre. Carraspeó y posó su mano sobre la que el rubio tenía en vuelta en torno a la anatomía de Loki.

Fiorella contuvo la respiración. Su niña era mucho más baja que aquellos dos bloques de músculos embravecidos y aquello la hizo santiguarse para encomendar el alma de Thrud a Dios.

—Suéltalo ahora mismo. —Su voz sonó firme y con un dejo de autoridad propio de una sola persona.

Más que por las palabras, Thor retiró su mano por el tono que conocía de hacía tiempo. Uno que lo había calmado ya varias veces antes a lo largo de los años. Pero quien estaba a su lado no era Sif sino su pequeña hija, quien le daba una mirada severa que no pudo mantener mucho tiempo, pues pronto el saberse irrespetuosa para con su progenitor la hizo bajar la cabeza.

Quería echarse a llorar allí mismo porque sus manos no paraban de temblar por el ansia que tenían de apretar el cuello de Loki hasta que este no diera un suspiro más. Deseaba hablar con Sif para que esta lo calmara, deseaba que esta le recordara los buenos modales y el decoro.

Al final, sólo atinó a abrazar a su hija contra su pecho, muy fuerte. Oyó cómo se desplomaba algo a sus espaldas pero no le dio importancia. Si volteaba estaría perdido de nuevo en la avalancha de emociones contrarias pero intensas que volvía a provocarle Loki.

La nana sólo se quedó parada allí, observando. Y aunque quería ayudar al herido que sentado sobre el piso tomaba aire con dificultad, no lo hizo. Ya desde que Thrud le contara lo que este quería con ella, había sabido que Loki no era un ser al que se le debía misericordia alguna.

Tomó una respiración profunda y de repente supo que estaba mejor en lo que le parecían décadas. Ya había vuelto a rondar por su amplia alcoba los días pasados, pero esa mañana en particular, su cuerpo la concebía como perfecta para salir más del caparazón en el que se había envuelto.

Jamás habría caído tan bajo como para marchitarse de la manera en que lo había hecho, pero el que su hija la lapidara junto con los demás había sido como saberse muerta sin estarlo. La opinión de los demás tenía cierta relevancia para ella pero era minúscula a comparación de las apreciaciones que le tuviera su familia.

Jane entró para ayudarla a vestirse después del baño que se diera pero la despachó. Ya no necesitaba cuidados intensivos, volvía a ser ella misma y eso la hizo recuperar su poder, aquel poder que la hacía engalanarse frente al espejo y caminar como una reina.

Magni casi se tira a soltar alabanzas al cielo cuando la vio bajar a desayunar. Comieron en silencio pero con un aura de alivio sólo opacada por la ausencia de su hija que según su otro vástago tenía un catarro y era atendida por Fiorella en sus habitaciones.

Después de que su pequeño hombrecito se retirara a seguir con sus clases e indicarle que de ahí iría a supervisar las fábricas, Sif no sólo quiso gritar dando hurras sino bailar junto al son que tocaba su corazón: sus niños habían mantenido todo en su lugar en su ausencia y la de su marido.

Remojó el pincel en un poco más de agua para darle profundidad a la pintura. Debía esparcir el color con ella y formar una sensación de júbilo en los matices, el mismo que ahora se enredaba en sus entrañas. Jane se había disculpado con ella por tener que salir a ver a su familia y ella la había dejado.

Su alcoba tenía la luz perfecta para que ella plasmara en el lienzo un bodegón. No le tomó mucho tiempo finalizarlo pues también había trabajado en él los días previos y fue ahí donde notó que el sol ya estaba bajo.

Se dirigió a los cuartos de su pequeña hija para ver la situación en la que se encontraba, y que Magni había descrito como fuerte pero no fulminante, y dio dos toques a la puerta. Nadie respondía y eso la puso nerviosa.

Abrió y aunque esperaba encontrarse a Thrud dormida con Fiorella limpiando algún mueble, lo que halló fue nada. Es decir, las estancias estaban vacías: desde su pequeña biblioteca y escritorio, hasta la sala de estar en miniatura estaban en completo orden. Y la cama, por supuesto, estaba impoluta.

Un hormigueó que amenazó con nublarle la vista se presentó al presenciar la ausencia prolongada de su hija. Ante esto y el panorama borroso que se fue dando ante ella, bajó las escaleras y esperó unas horas hasta que escuchó los saludos que Magni dio a sus sirvientes. Claro que él debía pasar por la estancia, así que allí fue donde la encontró, ya un poco controlada aunque aún con algo de dolor de cabeza.

—Quiero que me digas la verdad y nada más que la verdad, ¿entiendes Magni?

Un asentimiento automático le dio permiso para seguir e incluso ella se notó sorprendida de la fuerza con la que había dejado salir sus palabras. Una que advertía al interlocutor de lo fatídico que podía ser el retarla.

—¿Dónde está Thrud? —Magni tragó saliva y desvió la mirada de la de ella. Así que supuso que algo estaba mal—. ¿Dónde está tu hermana?

—Ya te lo dije… —El gesto severo en la faz de su madre le dio a entender que ya había entrado a las habitaciones—. Yo…, no lo sé.

—Oh, claro que lo sabes —dijo Sif poniéndose en pie e invadiendo el espacio personal de su joven hijo—. Y me lo vas a decir.

A pesar de la confianza impresa en sus enunciados, ella estaba muerta de miedo. No quería orí cómo su bebé se había vuelto a ir con Stephany y su madre o con alguien más, envuelta de nuevo por las artimañas de quienes querían verla vencida; pero necesitaba oírlo. Así podría arrastrarse de nuevo al agujero de miseria y desesperación en el que no tendría nada que hacer más que preocuparse.

"No. Debo luchar, esta vez debo luchar por las únicas dos personas que me importan en el mundo" se regañó.

—Madre, ella, nosotros… —Bajó la cabeza en señal de arrepentimiento pero eso a ella no la amilanó y sólo repitió la pregunta—. Thrud tiene un plan que resolverá todo este embrollo, uno que de todas formas iba a suceder y que está acelerando para restaurar su honor.

Los penetrantes ojos de su vástago regresaron a ella con una fuerza nueva. Algo que lo hizo levantar el mentón en desafío por primera vez y que la desconcertó al grado de tardar en conectar los puntos. Su expresión mutó a una de horror y Magni titubeó al presenciarlo, sobre todo cuando su madre aprisionó sus hombros con las manos.

—No, Magni. Dime que no fue a Liverpool a traer a tu padre, dime que no fue sola y sin anunciarse a la casa de quien lo hospeda. —No pronunciaría el nombre de aquella alimaña pero por las facciones de su hijo supo que sabía a qué se refería.

—Madre cálmese por favor, no le hace bien a su salud que se agite.

—No voy a hacerlo si no me cuentas con exactitud que se supone que tu hermana va a hacer —sentenció, apartando el agarre que su hijo comenzaba a tener sobre ella.

—Está bien, pero siéntese por favor. De todos modos, ella ya ha de haber llegado a su destino así que no tiene caso que se martirice con esto.

Asintió y cayó sin delicadeza sobre el sillón que antes ocupaba. Magni había dicho algo que cargaba de razones a su cerebro para no claudicar en su intento de amainar el mareo y las náuseas que rondaban su cabeza. Respiró profundo un par de veces y se quedó quieta para escuchar lo que su hijo estaba por revelarle.

Sin embargo, el agujero en su mente se fue haciendo más profundo y su percepción de la realidad se tornó cada vez más gris al entender lo que su vástago decía. Thrud había estado recibiendo cartas de Loki desde que el susodicho se fuera de aquella casa, pero lo que no sabían era cómo estas con el tiempo habían cambiado su tono.

No lo dijo así pero ella entendió que en el último año, él había estado lavándole el cerebro a la joven con palabras de amor y de cariño que iban más allá de lo fraterno. Claro que ella correspondió con ahínco y fue entonces que cada uno a su manera, había impulsado al otro a ir a su encuentro.

Loki, imposibilitado por el enojo de sus padres contra él, no podía arriesgarse a ir a su encuentro, así que ella le prometió intentar fugarse para con ello lograr convencer a sus progenitores de dejarlos casarse. Sin embargo Thrud, por el arraigo a sus costumbres, había aplazado dicha acción hasta que se había presentado la oportunidad de ir con su amado al a par de su padre.

Ella había planeado explicarle el malentendido a Thor durante las festividades decembrinas que los tres, se suponía, compartirían en Liverpool para así convencerlo de cederle su mano en matrimonio a Loki. Su hija había pensado que acceder a la bendición de su padre sería más fácil que a la de ella, por ser Sif quien acusara al joven de ojos verdes de ladrón.

No pudo evitar reír.

De sus ojos salieron lágrimas de lo divertido que era aquello. Ahora resultaba que Thrud tenía una buena razón para obligar a sus padres a aceptar su casamiento ya que con ello Sif recuperaría su buen nombre.

Comprendió entonces, como si de un rompecabezas se tratara, cada comportamiento de Thrud al rechazar a sus pretendientes, a querer escapar esa noche y también aquel enojo visceral de la joven al enterarse de la supuesta infidelidad que Sif cometiera con Loki, a quien consideraba su prometido.

Alcanzó a percibir preocupación en la cara de Magni mientras ella más se apachaba el estómago para contener el dolor que le provocaba la risa. Incluso Eliza ya se encontraba ahí para ayudarla pero es que, ¡nadie podía ayudarla!

¿Cómo había podido salirle todo a pedir de boca a ese bastardo? ¿No se suponía que el bien al final siempre triunfaba y los malos pagaban caro sus pecados? Pero sobre todo, su garganta siguió sacando carcajadas al imaginarse la expresión de sorpresa Thor al enterarse de todo aquello.

Entonces paró. Lo que de seguro su esposo estaba sintiendo en aquel instante de realización sería lo mismo que ella hubiera experimentado aquella noche fatídica en que había paladeado la amargura de la traición en la punta de la lengua. Saborear la venganza no resultó tan placentero como creyó pues a pesar del sufrimiento y el vacío, seguía amando a Thor y le dolía su dolor.

Y el de Thrud y ahora el de Magni. Al parecer el maldito de Loki quería hundirlos a todos hasta lo más profundo de aquellas turbias aguas.

Se paró y se quitó los restos del ataque de risa que le diera hacía unos minutos. La vez anterior había actuado impulsada por el enojo y la rabia, con sed de "justicia" en su garganta, pero ahora… Suspiró y se abrazó a sí misma mientras respondía a la sonrisa cálida que Eliza le dedicaba.

—¿Madre está bien? —Un tinte de miedo y reserva afloró al a par de su voz.

—Estoy bien cariño —respondió dando una caricia a los cabellos rubios de su hijo. Reprimió su llanto al verlo así de asustado.

La promesa que una vez le hiciera a Magni de no dejar que la plaga entrara: la había roto de nuevo.

De repente, cada miembro de su cuerpo le pareció pesado y lo único que se le antojaba era dormir para siempre. Debía encontrar una forma de sacar de sus vidas a ese demonio y para siempre, pero no sabía cómo.

Sólo le quedaba esperar y estar lista con un plan para cuando el monstruo arribara.

Pequeñas gotas de agua fresca escurrieron por sus pómulos y lo despertaron en el acto. Sus pestañas volaron y le taparon por un momento el rostro al que le pertenecía la melena rubia frente a él. Estaba por preguntarle a Thor qué había sucedido, cuando enfocó y supo que quien estaba poniéndole paños de agua por la cara era Thrud.

La ternura desprendida en cada toque de las manos de la rubia lo hizo caer en la cuenta de que su plan había funcionado. Años de preparar el terreno habían dado frutos y ahí estaba la persona que aseguraría su posición para siempre.

Ya no tendría que temer al olvido y a la irrelevancia. Esa chica que le daba una sonrisa sincera de amor, era su llave para tener el estatus que había anhelado desde que probara un ápice de la miel de la riqueza.

Además la suerte estaba de su lado: había leído sobre la situación de Sif en las misivas, por lo que aquello era un trato cerrado.

Entonces, ¿por qué podía escuchar cada órgano en su cuerpo gritar por oxigeno? ¿Por qué en lugar de llorar, no reía? ¿Por qué quería rasguñarse y hacerse trizas a sí mismo? ¿Por qué tenía que pretender que aquellas eran lágrimas de alegría por el beso suave que Thrud acababa de posar sobre sus labios?

"¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?".

Esa era sin duda, una pregunta absurda que a su parte racional le gustaba responder siempre que su mente caía en ese estado frágil y deplorable de sí mismo.

"Para obtener lo que quieres debes perder lo que más amas".

El lunes empiezo la tesis, lloren conmigo.

Y no, no lo hice por maldad, simplemente este capítulo en específico coincidió con mi tesis xD.