El tiempo pasó rápidamente, Yuri con la intención de prepararse mentalmente para ese día tan importante, se esforzó un poco en ser más cariñoso e incitar al japonés a tocarlo cada vez un poco más. Yuuri estaba feliz, sentía que progresaban demasiado en su relación y no solo porque fuera algo sexual, iba mucho más alla que solo eso. El hecho de que el rubio se dejara tocar significaba confianza, el azabache se sentía feliz de que Yuri confiara en él como para dejarlo llegar hasta donde tanto miedo tenía que otro lo hiciera.

El rubio confirmó con su novio para encontrarse ese día y Yuuri también comenzó a pensar en que podría regalarle a su pareja, ignorando que era lo que este quería obsequiarle. Yuuri compró collares a juego los cuales eran las piezas de un rompecabezas que se podían unir entre sí para formar la letra "Y" en medio de un corazón.

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Yuri había planeado una comida en algún restaurante y luego ir a aquel lugar donde se entregaría a su pareja, pero su celo tenía otros planes llegando justo un día antes. Los síntomas los pudo controlar con supresores y pidió a Otabek que lo llevara al love hotel donde ya tenía apartada una habitación como precaución. El alfa hizo lo que le pidió, puesto que su amigo ya le había contado los planes que tenía, aunque esté no ahondo mucho en detalles ya que le daba vergüenza incluso si era a Otabek a quien debía decírselo. De todos modos Beka entendió bien cuando el omega rubio le dijo que quería pasar su celo con Yuuri, no había necesidad de decir más.

El efecto del supresor estaba desapareciendo por lo que se aplicó otro con la intención de poder llamar a Yuuri, se maldecía internamente por no poder darle algo más adecuado como la cena que tenía planeada, pero ya no podía hacer más.

Yuuri —habló cuando le contestaron del otro lado, su voz saliendo necesitada al escuchar la voz de su omega.

¿Yuri? ¿Qué ocurre suenas… extraño? —el omega azabache sonaba preocupado y quería saber que sucedía, se suponía que esa tarde el rubio iría a su casa y al día siguiente irían a cenar por el aniversario de ambos.

Yuu —la tonalidad empleada por el rubio comenzaba a hacer que Yuuri se sintiera extraño, aunque aún no entendía la razón en ese instante, la comprendió cuando su amado le dijo que lo estaba esperando y le dijo el nombre del lugar que tan bien conocía, dándole el número de la habitación para que fuera por él.

El japonés no dudó ni un minuto y al cortar la llamada se fue a dar una ducha rápida, tomó las primeras prendas que encontró y corrió a buscar un taxi que lo llevara rápidamente donde su novio. Aún no estaba seguro de si este no se arrepentiría luego, pero no lo sabría hasta que lo intentara.

Al llegar fue directo a la recepción donde tras pedirle una identificación le entregaron la tarjeta de la habitación donde lo esperaban. Subió al ascensor y se quejó porque este no avanzaba tan rápido como él deseaba, hasta que por fin llego a su piso y corrió a la puerta indicada. Con la tarjeta en su mano temblorosa por los nervios que lo carcomían por dentro, abrió la puerta para luego adentrarse en el lugar.

Caminó despacio hasta el borde de la cama con sus ojos fijos en el chico de rubios y alborotados cabellos. Pudo notar sus llorosos ojos verdes y como solo llevaba su ropa interior, la cual se encontraba ya húmeda y una camisa que solo tenía abiertos los primeros tres botones.

El aroma en la habitación llegaba a ser en cierto modo asfixiante, pero aún así había una pequeña parte de este que le agradaba al azabache. No sabía si podía acercarse puesto que al verlo llegar el omega de cabellos dorados abrazo sus piernas contra su pecho pareciendo un chico completamente sumiso y frágil. Yuuri jamás lo había visto así, el omega que él conocía era imponente, pero el que veía ahora parecía tan delicado que hasta le daba miedo tocarlo.

Yuu —le dijo con su voz excitada— por favor —estiró una mano hacia el azabache mientras con la otra aún abrazaba sus piernas. Era un avance y la señal que necesitaba.

Yuuri se quitó los zapatos y gateó sobre la cama hasta llegar donde se encontraba su novio. Nunca había sido el activo en una relación, ya que nunca antes había siquiera pensado que un omega podría serlo, por lo que no sabía cómo actuar. Temía hacerle daño.

Se acercó y entrelazó sus dedos con los que el contrario le ofrecía al tener su mano extendida, el toque causo que Yuri se estremeciera. Se miraron a los ojos por unos segundos y el japonés tomó valor, se acercó más y lo besó mientras con su mano libre intentaba tomar la otra del rubio para así poder liberar sus piernas. Al parecer el otro entendió puesto que cedió al instante, dejando que Yuuri se colara entre estas.

Eres precioso, Yuratchka —le habló con sinceridad mientras le acariciaba la mejilla y lo miraba a los ojos, el contacto visual era importante para darle confianza al otro— ¿Me dejarías hacerte sentir bien? —preguntó con tranquilidad, liberando levemente sus feromonas.

Yuri cerró sus ojos por un momento, le gustaba el aroma del azabache por lo que comenzó a relajarse un poco más, aún le quedaba algo de cordura y sabía que Yuuri sería incapaz de dañarlo, por lo que asintió con la cabeza— haz lo que quieras conmigo.

La última frase hizo que ambos se sonrojaran hasta las orejas, aunque a Yuri no se le noto tanto al ya estar de ese color por el celo.

Yuuri volvió a besarlo con delicadeza mientras paseaba sus manos lentamente por las piernas del contrario, acariciando la piel expuesta, "tan suave" pensó mientras seguía besándolo, atreviéndose a meter su lengua cuidadosamente como si fuera la primera vez que lo hiciera.

Lo poco que le quedaba de cordura al rubio se estaba esfumando, por lo que trató con desesperación de quitarle la camiseta al azabache, este lo entendió al instante, así que se separó un poco para poder quitarse la ropa por él mismo, puesto que las manos de Yuri temblaban un poco. No sabía si era por la excitación o los nervios, pero lo descubriría pronto.

Una vez sin ropa se acercó de nuevo al omega quien lo observaba fijamente— ¿Puedo? —le preguntó mientras ponía sus dedos sobre uno de los botones de la camisa ajena. Un asentimiento de cabeza le indicó que tenía pase libre para poder quitarle la ropa. Con cuidado desabrocho uno a uno los que quedaban para luego deslizar la camisa por sus hombros dejándolos descubiertos y listos para que Yuuri pudiera atacarlos con pequeños besos y mordidas leves, deleitándose con los suaves suspiros que escapaban de la boca contraria.

Terminó de quitarle la camisa y procedió a sacar la ropa interior. Igual que la prenda anterior, esta la deslizo lentamente por sus piernas, pero Yuri se desesperó y se la quitó con rapidez para luego recostarse en la cama y estirar sus brazos hacia el japonés— Yuu —lo llamó de nuevo ¿Cuántas veces iban ya? No lo sabía, pero cada vez que lo llamaba de esa manera se le erizaba la piel y surgía en él la necesidad de satisfacer al chico que tanto amaba.

Se puso sobre Yuri, no sabía cómo proseguir, si debía hacer algo más o simplemente introducirse en el interior del otro. Pensó por un momento en aquel juguete que simulaba un nudo, pero lo descartó puesto que podría hacerle daño o asustarlo.

Relájate—le dijo quien más temblaba de los dos, así que no sabía si se lo decía a sí mismo o a quien estaba frente a él— solo… hazlo despacio —volvió a hablar de manera pausada como autoconvenciendose— todo…

Todo estará bien —le dijo para tranquilizarlo, puso su mano sobre la del rubio que se encontraba junto a su cabeza y entrelazo sus dedos— estoy contigo, no te haré daño —lo miró a los ojos antes de proseguir.

La sensación era abrumadora, lo amaba tanto que temía hacer algo mal, pero debía controlarse ya que él que más miedo tenía era Yuri, así que el japonés era él que debía tomar el control de la situación.

Besó a su amado mientras con su mano libre levantaba una de las piernas del contrario para poder intentar fallidamente entrar en él, era la primera vez que lo hacía por lo que no lograba llegar a su entrada. Yuri rio y en su rostro se pudo notar un poco de su personalidad más dominante— Así no —le dijo agarrando un poco de valor, sus ojos ya estaban por completo oscuros por la excitación. Puso la pierna que Yuuri afirmaba, sobre el hombro de este— ocupa tu mano para guiarlo —le explicó mirándolo a los ojos y el azabache se sonrojo aún más de lo que estaba al principio, pero le hizo caso.

Alineó su erección con la entrada del rubio y pudo sentir como el otro contuvo la respiración. Se introdujo con lentitud, sintiendo como las paredes internas del otro lo apretaban, se sentía bien. Ambos cerraron los ojos hasta que ya estuvo todo adentro.

Esperó un momento a ver la reacción del contrario por lo que abrió los ojos y se encontró con el rubio mordiendo su labio inferior y con los ojos aún fuertemente cerrados. Acarició la mejilla de Yuri y pasó el pulgar por su labio para que no quedaran marcas de dientes y se tranquilizara, el otro abrió los ojos lentamente y algunas lágrimas brotaron de sus ojos.

Lo logré —le dijo regalándole una hermosa sonrisa al japonés, este no se resistió y se inclinó para besarlo mientras poco a poco comenzaba a mover su cadera. Dejó que Yuri bajara la pierna de su hombro para luego enrollar ambas en su cintura. Continuó besándolo mientras sentía que el ruso también movía sus caderas en busca de más contacto a la vez que comenzaba a gemir dentro de su boca, eran gemidos suaves, pero que llenaban de orgullo al azabache al saber que él los provocaba.

Aumentó un poco el ritmo, introduciéndose más profundamente hasta que llegó un momento donde el omega de cabellos dorados soltó un sonoro gemido que erizo por completo a Yuuri— ¿Estás bien? —preguntó algo asustado.

Si- sigue… justo ahí —le pidió con voz suplicante, sus ojos llorosos y sus labios rojos e hinchados. Yuuri no resistió más y comenzó a introducirse con fuertes y rápidas estocadas sintiendo como él otro comenzaba a lubricar más a la vez que gemía más fuerte.

No volvió a besarlo en los labios solo para poder deleitarse con los sonidos que salían de su garganta, pero utilizó su boca para morder y dejar marcas de beso en toda la piel que encontró a su paso, incluyendo cuello y hombros. Yuri solo pedía más y más, ya totalmente desinhibido por el placer y el celo.

Ah… Yuuri —gimió fuerte enterrando sus uñas en la espalda ajena a la vez que llegaba su orgasmo manchando el abdomen de ambos. Su respiración estaba agitada, pero esto aún no terminaba. Yuuri siguió embistiendo mientras pequeños gruñidos salían de su garganta hasta que logró llegar al éxtasis, llenando por completo el interior del ruso.

El azabache salió del interior de Yuri para recostarse a su lado un momento, se sentía muy diferente el estar dentro de alguien, pero no se arrepentía. Podía agarrarle el gusto a ello.

Feliz aniversario —murmuró el ruso y Yuuri sonrió feliz.

Feliz aniversario —se acercó para besarlo con la intención de ir a buscar luego una toalla al baño, pero no lo logró ya que con ese contacto el rubio lo atrapo de nuevo entre sus brazos esperando por una siguiente ronda.