La observó por unos instantes después de que él se marchara parecía aturdida y confundida, sus ojos aun estaban enrojecidos y su mirada perdida en algún punto de la historia que aun no comprendía del todo

- Supongo que el joven Andrew tiene razón, debemos despedirnos y agradecer como se debe a los Johnson

- Si... pretendía volver a despedirme, no sabía si querrían acompañarme tengo que recoger objetos de gran valor para mí y... dejar otros

- Siempre supiste que este día llegaría no queríamos que fuera tan difícil para ti dejarlos, sin embargo al parecer dejaras más que una forma de vida, también a una familia ¿y el amor? - fue una de esas preguntas indirectas a lo que sus ojos y su silencio le dieron la confirmación

- Siempre supe cual era mi deber y lo cumpliré por encima incluso de lo que sienta - esos mismos sentimientos le quebraban la voz - lo siento mucho abuelo yo... debo ir a recomponerme nadie debería verme así

Apenas compuso una mueca parecida a una sonrisa e hizo una pequeña reverencia antes de abandonar el salón, Jerome se quedó de pie sosteniendo su bastón meneándolo de un lado al otro pensativo para tomar una rápida decisión, no tenía el corazón para verla de ese modo, no tenía el valor para pasar de nuevo por algo como eso. Caminó a paso lento hasta su habitación, se sentó para fumar una pipa en la pequeña mesa mientras su sirviente revisaba uno de sus cofres en búsqueda de otro que había solicitado, en cuanto lo obtuvo lo dejó frente a él para luego dejarlo completamente solo pues sabía que cada que abría ese pequeño cofre de madera se perdía en el pasado, la traía de vuelta, lo miró por largo rato aspirando y exhalando humo.

Aquella noche toco la puerta de su habitación quizá le tomó demasiado tiempo decidirse porque sabía que de cierta forma al dejarla decidir la volverían a perder y habían esperado tanto por ese momento que le resultaba arriesgado, pero la había observado demasiado esos dos días desde esa visita algo había cambiado, estaba distraída y sus ojos perdieron el brillo, Cintia abrió la puerta y en seguida ella apareció sonriéndole desde el umbral, entró a paso lento con el cofre en la mano y la condujo hasta el sillón ordenando a la joven dejarlos solos.

- ¿Sucede algo? pregunto mientras se sentaba junto a él con evidente preocupación

- Candice, se que debe ser difícil para ti escuchar tantas versiones de lo que vivieron tus padres a nosotros nos costó mucho aceptarlo, aun hoy nos parece una tortura sobre todo porque no pudimos siquiera despedirnos de ella, porque sus ideales y pasión fueran más grandes que su deber aunque por años intentó excusarse y nuestro orgullo la alejó por completo, Geraldine se negó a perdonarla por lo que hizo yo le pedí insistentemente que volviera y en lugar de eso... - abrió el pequeño cofre lleno de cartas - nos enviaba cartas contándonos sobre su vida y nunca dejó de repetir en ellas que era feliz - sobre el montón había una muy desgastada y arrugada - esta fue su última carta en donde nos pide que pensemos en ti - suspiró - que te dejáramos elegir y por ella accedimos a que vivieras con los Johnson todos estos años, también hay cartas de tu tío que decidí guardar porque le pedimos que nos informara, creo que nada podría contar mejor tu historia que estas cartas - cerró el cofre y se lo entregó muy despacio con un poco de emoción y otro poco de temor

- No sé qué decir.. esto es... es tan importante para mi

- Supongo que tienes que leerlas, las traje desde Francia porque temía algo como esto, ambos lo tememos desde siempre y es la razón por la que no te escribíamos elegir como lo hizo tu madre nos deja sin salida pero esta vez lo que importa es tu felicidad, lo juramos frente al sepulcro de tu madre el día que recibimos esa última carta, de cualquier forma preferimos ser unos desconocidos que responder a tus preguntas sobre ellos, no todo es miel en el amor y yo no he sentido amor más grande en mi vida que por Loana y ahora por ti que eres parte de ella

- Entonces... al fin tendré su historia, no tengo dudas de que se amaban, pero al hacer las cosas a su modo trajo consecuencias a su familia, sin pensar en el futuro construyeron su día a día - miro el cofre acariciándolo como un objeto precioso

- Algo más... - tomó su mano sobre el cofre señalando el anillo - no creas que no nos dimos cuenta, permanecimos apartados todo este tiempo, pero nunca fuera de tu vida Johnson no nos informó acerca de algún pretendiente para ti, siempre escribió que no querías casarte con nadie y que estabas animada a dar clases a niños en Francia, ¿es con el joven Andrew que te comprometiste? - Lo miró brevemente con sorpresa y asintió - no tienes que elegir

- Quiza - contestó mientras miraba el aro aun en su dedo - lo amo

Entonces él se echó a reír como si nada justamente despues de compartir ese momento tan cercano nunca lo había visto reír, palmeó su mano y tomando su bastón se puso de pie, la miró unos instantes sin perder la sonrisa y aun cuando abandonaba su habitación podía escuchar su risa, perpleja se quedo observando la puerta con el cofre en la mano por mucho rato habían muchas cosas que no entendía pero estaba segura de que cada quien tenía una historia que contar.

...

Bajó del carruaje completamente sola y toco la puerta con el temor de toparse de frente con la infelicidad y la desolación que se encontró la última vez que visitara la casa de su hija. Una mujer le abrió la puerta suponiendo que era la señora que ella mencionaba que la ayudaba, era muy mayor para colaborarle demasiado, incluso más que las tres que estaban en la casa grande, apenas le sonrió con las buenas tardes y no tuvo que preguntar por su hija enseguida le contestó que la señora estaba en la cocina dándole acceso a la casa como si se conocieran, caminó por el pasillo dejando su abrigo y su bolso, entonces escuchó su voz preguntando quien era y la vio salir de la cocina hacia el pasillo del salón, llevaba un delantal sobre un sencillo vestido con su cabello recogido en un moño descuidado no parecía ser su Elisa, meneaba un bol con una paleta a pesar de su aspecto tenía una preciosa sonrisa en el rostro, quedo totalmente inmóvil al contemplar esa imagen, el cambio enorme que había tenido todavía sopesando si para bien o para mal

- Mamá que grandiosa visita - se acercó para darle un beso con la manos aun ocupadas

- Vine a verte ... pero si estas muy ocupada...

- Estoy haciendo un pastel a Darren le encantan y le hace bien el dulce - sonrió - Acompáñame hablaremos mientras lo termino

Aun incierta la acompaño hasta la bonita cocina que le recordaba tanto a la primera casa en la que vivió en Francia con George, sonrió sentándose mientras veía con asombro a su nueva hija

- ¿Como va todo en casa Elisa?, la última vez que te vi habías dejado a tu esposo

- Si lo sé, discutimos... - la miró un momento - pero arreglamos todo estamos bien

- ¿Quiere decir que... fue por ti o tu regresaste?

- El fue a buscarme - rió recordándolo - Gracias al cielo que no estaban tuvo una pelea terrible con mi tío y también arreglaron sus diferencias

- Albert no dio detalles solo dijo que había sido por un bien mayor, aún esta adolorido no entiendo cómo es que necesitan llegar a eso

- Si eso nos acercó más a todos está bien, son hombres así lo resuelven entre ellos

- ¿Y él... es bueno contigo? - preguntó temiendo la respuesta entonces la observó suspirar con amor y sonreír de esa nueva forma

- Lo amo con todo mi corazón él intenta no desesperarse tiene un carácter del demonio y yo no puedo quedarme callada, pero te aseguro que es bueno conmigo, dulce y... especial

- Su sonrisa se amplió llenando sus ojos de una pequeña esperanza - tengo la certeza de que con el tiempo entre ustedes nazca el amor profundo, aunque sea de a poco - verla feliz era un alivio - también vine por otra cosa - perdió por completo la sonrisa - en dos días habrá una cena en la casa grande me gustaría que estemos todos como familia y si pudieras convencer a Darren que asista... los condes irán con Candice a despedirse

- ¿Despedirse? ¿tan pronto? ¿y que hay del compromiso?

- No lo sé, Bert no ha querido hablar de eso y finalmente ella nos escribió sin detalle, solo dijo que quería despedirse de toda la familia

- ¿Sus abuelos no aceptan a mi tío porque no tiene un título?

- Eso no es problema hija hace tiempo que Albert sabe que tu abuelo le dejó entre la herencia a un Vizconde solo debe tomarlo y pedir su mano ellos no se opondrían, además los has visto juntos se adoran, no sé que los separa en este momento pero me rompe el corazón

- Ahora fue su turno de quedarse totalmente paralizada ante la noticia - ¿Por Minette?

- Tampoco es por eso, de hecho algo paso...

-Flashback-

Entró en la habitación y ella estaba recostada de lado mirando hacia la ventana, acercándose la llamo por su nombre y aun así no contestó, la mujer que la acompañaba siempre lo miró meneando la cabeza con tristeza y en cuanto vio al hombre detrás de él se levantó de golpe con los ojos abiertos de par en par alternado la mirada de uno al otro

- Será mejor que me acompañes

Albert se sorprendió cuando ella asintió y salió voluntariamente pasando a un lado de aquel caballero no antes sin dedicarle una mirada bastante triste, él también lo observó tenia la mirada fija en la mujer que yacía en esa camilla de hospital, no imagino siquiera que pudiera estar sintiendo pues algo así tenia que necesitar una fortaleza entera de sentimientos, enfrentaba miles de pesadillas y puede que el sentimiento de impotencia y amor lo tuvieran en común

Cuando ambos salieron de la habitación la mujer rompió a llorar diciendo que sentía mucho lo que había pasado y que Minette tenía días sin hablar con la mirada perdida, buscó entre los pliegues de su falda y le entregó un sobre

- Ella me dio eso, era la carta que escribió para los condes pero ya no hace falta, venderé esa casa y nos iremos a comenzar una nueva vida

Se quedó allí simplemente mirando ese pedazo de papel que era tan insignificante porque finalmente entendió que su problema no pertenecía al pasado era en ese momento, ese preciso instante cuando el futuro al lado de la mujer que amaba no estaba en manos de nadie más, ni de sus abuelos, ni de su ex pareja, ni de su familia, ni suyas porque se había equivocado demasiado, miró la puerta de la habitación, no se puede volver a un punto del pasado y arreglar las cosas simplemente solucionar lo que esté en sus manos día a día, rompió esa carta sin siquiera leerla y la dejo en el basurero más cercano

Dos días después los observo desde su consultorio en el jardín trasero del hospital, él empujaba su silla de ruedas ella aun estaba débil finalmente la pérdida de su bebé le había afectado mucho mas al corazón que al cuerpo, una madre era una madre así no pidiera esa vida, crecía dentro de ella, la sintió, la hizo más humana. La ayudó a levantarse con paciencia y cariño y se sentaron en uno de los bancos, hacia un poco de frío pero el aire le hacía bien y no había nevado en todo un día, parecían lejanos de todo, quizá ni siquiera hablaban entre ellos después de tantos años y tanto daño allí estaban, la abrazó y ella se dejó caer en su hombro, que fácil era complicarse la vida cuando ella misma se encarga de poner todas las piezas en su lugar tarde o temprano, con sacrificio y un poco de sufrimiento y de eso se trataba, de pequeñas lecciones que sucedían a su alrededor, de las pequeñas muestras de amor que eran en si inmensas, de los detalles y la paciencia, de la aceptación y sobre todo mucho valor

...

Dispuso todo en la mesa para la cena estaba colocando los cubiertos cuando sintió sus manos alrededor de su cintura y su boca en su cuello causarle cosquillas, estaba hermosa con ese vestido y su cabello sujeto con cintas como si cada noche tuviera que cenar con una mujer distinta que le resultaba cada vez más hermosa

- Ya basta... - rió - vamos a cenar

- Se detuvo sentándose mirándola fijamente - ¿Te pasa algo? llevas demasiado tiempo colocando esos cubiertos para que sean perfectos solo estamos tu y yo - frunció el ceño

- Es que... hoy vino mamá y me dijo algunas cosas que me tienen pensando - Se sentó sin más y con un suspiro le habló - Hay una cena con los abuelos de Caille quiere que este toda la familia va a despedirse parten a Francia al día siguiente

- ¿Se va? finalmente... ¿y que sucede con el compromiso?

- No se sabe nada creo que ni mi tío está muy claro de lo que va a pasar con eso, por la nota que les envió se va con sus abuelos

- ¡Entonces no hablaron, no solucionaron absolutamente nada! - resopló - No iré a la casa grande y menos con unos aristócratas pedantes con los que no tengo nada que ver, tu padre no me tolera aun lo que pasó está muy reciente, Candice tampoco me ha perdonado

- No vas a dejarme sola Darren y yo quiero despedirme de Caille, somos tu familia ahora

- "Mi familia" no me quiere allí

- ¡Tal vez no pero yo sí!

- No voy a discutir esto Elisa - cortó el tema sirviendo la comida al parecer ella tampoco lo discutiría y era notablemente extraño

No le habló durante toda la cena y tampoco insistió, mucho menos dijo tonterías como que iría sola, le inquietaba mucho mas esa actitud, finalmente de la misma forma recogió toda la mesa sin dirigirle la palabra ni la mirada; sin prestarle más atención un rato más tarde haciéndose a la idea de que había entendido su negativa se sentó en el sillón con un libro en la mano, ella no tomo asiento en frente sino que se cruzo de brazos recostada sobre la pared mirándolo fijamente habían ocasiones que esa mujer podía aterrarlo, no podía siquiera concentrarse en la lectura y de pronto se echo a reír

- ¿Estarás allí como un fantasma tratando de convencerme de asistir a esa cena? no puedo hacerlo tengo guardia nocturna lo siento Elisa la respuesta sigue siendo NO

- ¿Estas seguro? es solo una noche, me despido de Caille y nos iremos con la excusa perfecta que debes trabajar

- No es una excusa

- Estas dando excusas para no ir

- ¿Entonces si discutiremos sobre esto? - se preparaba para otra discusión mentalmente, Elisa nunca entendía sus razones

- Se acercó lentamente haciendo que la mirara desde del sillón hasta quedar frente a él - Voy a convencerte Darren - Alzó una ceja sugerente mirándola de arriba abajo de esa forma en que a ella le erizaba la piel y le cortaba la respiración

- ¿Cómo?

Subió su vestido poco a poco hasta sus rodillas y un poco más, no perdía esa sonrisa así que termino a horcajadas arrodillada sobre él que dejó el libro a un lado para acariciar su cintura y besar su boca con una pasión que solo azuzaba su terquedad, quería hacerle entender que de esa forma no conseguiría nada más que despertar su placer pero no cambiar de opinión, sus manos se deslizaron por debajo de su vestido y de pronto se detuvo mirándola de la forma que ella esperaba, con sorpresa

- Estoy aprendiendo a conocerte - susurró en su boca

- Sus manos se perdieron tocando su piel tibia cerrando los ojos, debajo no había más - muy rápido

- ¿Iras conmigo a donde te pida? espero me complazcas de la misma forma que yo lo hago para ti

- ¿Ahora mismo?

- Siempre

- Por cosas como esta las mujeres son consideradas un pecado

- Eres mi esposo no es un pecado

- Lo es cuando lo usas para hacerme ceder - entonces ella desató las cintas de su cabello y supo que había encontrado la forma de cambiar las discusiones

...

Dejó el cofre en el centro de la enorme cama y comenzó a ordenar las cartas por fechas y a dividirlas entre las de su madre y su tío, finalmente le hablarían, se sentó a la luz de una vela trenzando su cabello como lo hacía en el colegio y comenzó con un suspiro, leyó una a una caminando por la habitación con ansiedad, sentada en el sillón con ternura, junto a la ventana confundida para luego correr a buscar su diario, ese que Albert le regaló y que escribió sus historias comenzando cuando era niña con sus recuerdos y lo que su madre le contaba de forma tan fantástica y comparó la proximidad de las fechas, supo que sucedía por su cabeza y cuáles eran sus sentimientos, abrazando su almohada lloró un largo rato hasta quedarse dormida con la última carta sobre su pecho, había sido la noche más larga de toda su vida, había descubierto muchas cosas acerca de sus padres y como habían luchado por estar juntos en contra de su familia, en contra de una sociedad que no lo aceptaba, la razon de todos esos viajes y cambios con el ejercito, supo de la admiración que sentía por el padre de su madrina y Albert y de la amistad que podría llamarse hermandad entre los Johnson y los White, cuanto sufrieron todos por la muerte de su madre y como pretendían hacer que ella fuera feliz a pesar de ser presa de un destino que se imponía desde su nacimiento. Sus abuelos no se opondrían a un matrimonio con quien ella amara siempre y cuando cumpliera con su deber, entendió cuán grande era y soñó, esa madrugada soñó con ellos, con ese pasado que su mente apenas recordaba, riendo con las codornices a su alrededor, la sencillez de espíritu de su madre aunque en apariencia era toda una dama refinada, la lucha de su padre por el honor y el amor profundo que sentían el uno por el otro, no pretendían manejar su vida, pretendían hacerla feliz porque había perdido desde que fuera una niña, tenía derecho a crecer como una condesa pero también como una niña común por lo que la elección del semi internado era lo más parecido a tener ambas, tenía derecho a crecer con sus padres pero la vida se los había llevado muy pronto sin embargo los Johnson se hicieron cargo y sus abuelos se apartaron para otorgarle una familia completa, tenía derecho a elegir el amor y sin embargo creció adorando a ese muchacho de ojos celestes y sonrisa dulce, un cariño que se convirtió en amor, a esas alturas no podía ser egoísta, no debía hacerlo, todos habían hecho algo por ella cuando creyó que nadie pensaba en sus sentimientos y era hora de encargarse y como su madre le dijera, de hacer lo que su corazón creyera correcto.

Se despertó de golpe con el sueño vivido de haberlos visto, sus padres le sonreían y soltaban su mano felices de dejarla siendo quien era, tomó las cartas revueltas en la cama y las guardo con el mismo cuidado en el cofre, en ese instante entró como un reloj Cintia para ayudarla a arreglarse para el desayuno, eran los últimos días en el palacio

- No iré a desayunar, tendrás que disculparme con mis abuelos, cualquier excusa del repertorio es válida - se levantó hacia la mesa y tomando la pluma para luego sacar papel de la gaveta escribió rápidamente una nota, al sellarla se dio vuelta con una sonrisa algo cansada - quiero que personalmente entregues esto a la casa grande me quedare en mi habitación - la joven asintió a su pedido y salió dejándola aun en bata de dormir

Suspiro profundamente y miro por la ventana aquel día gris, frio pero sin rastro de nieve.

Pasó aquella mañana escribiendo en su diario de tapa marrón sintiéndose renovada, triste pero segura, dispuesta a tomar su destino con amor.


Cherries siento que he tadado una vida en subir un capitulo pero para nuestro alivio esto se nos termina... pero como? cuando? y entonces? nos queda un capitulo y me encantara leer como creen que temina esta historia que nos ha tenido a la expectativa. Abrazos por montones y gracias por leer como siempre y por sus mensajes creativos que me encantan