El semblante de Noah reflejaba pesar y frustración cuando caminaba de regreso a casa, le embargaban varios pensamientos después de esa visita que hizo a su padre, ver como sufría le partía su frío corazón, quizás antes no le hubiera dado importancia a su sufrimiento pero en las últimas semanas el padre que poco conocía ganó su afecto. Le entristecía toda esta situación tanto por su padre como por Ciel, aún cuando su ayuda no era mucha estaba empecinado en ayudarlo ya que Sebastian no estaba cerca ¿Qué más podía hacer? Sentía un afecto especial por el que era amante de su padre, le agradaba mucho, así que no podía dejarlo, menos ahora que lo necesitaba y estaba solo sin Sebastian.

Cuanto le fastidiaba ver a ese demonio con el que debían convivir ahora, ese que se hace llamar Claude, Ciel disimulaba su deprimente situación durmiendo mayor parte del día y noche con el pretexto del embarazo en riesgo era creíble el reposo absoluto, todo esto era para no interactuar con el que ahora era su esposo por obligación. Que situación tan complicada la del joven demonio con vestigios de alma humana en su ser, embarazado de un niño que comenzaba a odiar y casado con un demonio que odiaba en si, pensaba Noah con tristeza mientras suspiraba.

—¡Noah...!

Una voz interrumpía sus pensamientos en esa caminata en solitario que hacia, el joven demonio siguió caminando ignorando ese llamado pues reconocía esa voz que pronunciaba su nombre.

—Oye... Te estoy llamando ¿Vas a seguir ignorándome toda la vida? —Le hablaba Mathew acercándose por detrás y notando como seguía siendo ignorado— ¿No crees que ya estoy arrepentido por lo que te hice? ¿Con todo lo que he ayudado a tu padre?

—Y te lo agradezco... Al menos sirves de algo.

—Que cruel eres, si admito que me enojé y lo tomé muy mal cuando me dijiste lo del bebé pero... —Suspiró antes de continuar tomándolo de la mano le obligaba a detenerse— Pero estaba en mi derecho de enojarme.

—Lo sé... Fui un idiota sin darme cuenta me convertí en lo que más odiaba de mi padre muerto, un manipulador.

—¿Eso es una disculpa?

—Tómalo como quieras, me siento mal por ver como mi padre y Ciel sufren así que digo cualquier estupidez.

Mathew se agachaba un poco para verlo a la cara que tenía ese semblante desanimado muy contrario al niño demonio travieso y vivaracho que conoció antes.

—El bebé nacerá pronto... Debemos casarnos.

—Ya ni sé lo que quiero.

De pronto sintió como este demonio lo besaba en los labios con firmeza no dejándolo terminar de hablar aunque trataba de resistirse al principio terminó cediendo, correspondiendo a su beso con la misma intensidad.

—¿Lo haces por qué me quieres o por obligación? —Agitada su respiración le cuestionaba después que sus labios humedecidos se separaban.

—Me obliga el afecto que te tengo y ver a mi hijo nacer.

Noah desviaba la mirada y emprendió su camino aunque lo negara las palabras de Mathew lo estremecieron en el buen sentido haciéndolo sonreír, parecía sincero así que le daría la oportunidad de que ganara su perdón.

—Debemos volver rápido, Ciel está a solas con ese idiota. ¿No te dije que te quedaras a cuidarlo?

—Ese Ciel me ordenó que viniera a buscarte... ¿Te le puedes negar a ese niño?

—Si es un poco mandón a veces...

Ambos demonios sonrieron con algo de nostalgia al pensar en ese joven demonio que a pesar de estar deprimido no dejaba de ser el mismo, emprendieron el camino de regreso con prisa tomados de la mano.

—Ciel... ¿Quieres comer algo?

—No... No tengo hambre. —Era la fría respuesta que daba al que es su esposo que se quedaba de pie frente a la cama viendo su delgada figura acurrucada entre las sabanas le daba la espalda.

—Has bajado de peso, eso no está bien ni para ti ni para el bebé.

Ciel lo escuchaba pero no le importaba su falsa preocupación, simplemente no tenía hambre, sino era comida preparada por Sebastian no le placía comer. Cuanto lo extrañaba y le dolía su ausencia.

—Estoy bien... Comeré algo después, ahora solo dormiré un rato.

—Como digas... Vendré a verte luego, iré a hacer unos encargos al mundo humano como parte de mi castigo. —Acercándose acariciaba su cabeza jugaba con sus dedos en su suave cabello, Ciel solo reprimía su enojo ante estas caricias aunque agradecía que este no exigiera más, que lo obligara a cumplir sus deberes maritales.

—Nos vemos luego... Te traeré algo de tu antiguo mundo.

Se despedía el demonio mayor desapareciendo de la habitación, Ciel al verlo marcharse se secaba las lágrimas en momentos así se sentía agobiado ¿Por qué el destino se empeñaba en apartarlo de lo que amaba siempre? Ni renaciendo como demonio su destino parecía cambiar.

—¡Ciel!

Entraba llamándolo emocionado Noah que a pesar de estar triste se mostraba de buen animo aunque era solo una actuación para animar a su amigo, quien le miraba mal por el escándalo.

—No grites me haces doler la cabeza. —Le regañaba Ciel sentándose— ¿Cómo está Sebastian? ¿Le diste mi mensaje?

Susurró lo último con tristeza, con la voz que se le quebraba con cada palabra pronunciada, sentía un nudo en la garganta al preguntar por el demonio que amaba y ahora ya no tenía cerca.

—Está enjaulado pero al menos está vivo y con respecto a lo que hiciste por salvarlo...

—¿Le dijiste que lo hice para que no lo mataran? ¿Qué fue por amor a él? —Lloraba desconsolado a cada pregunta que hacia, con sus manos temblorosas secaba sus lágrimas al imaginarse como debía estar sufriendo su amado demonio ahora— Es que él es un idiota... Sino le explicas bien las cosas puede malinterpretarlas...

—Ciel... Cálmate... —Noah abrazándolo trataba de calmarlo.

—Es que tu padre es un tonto, va a pensar que me casé con otro porque ya no lo amo... ¿Se lo aclaraste? —Le seguía hablando pero entre lágrimas sonreía con algo de nostalgia al rememorar su estupida forma de ser, pero así todo idiota amaba a Sebastian.

—Si se lo dije claramente, no se lo tomó muy bien pero lo entendió. Cuando el salga dentro de unos meses vendrá a buscarte y podrán estar juntos de nuevo. ¿Verdad?

—Supongo que si... Eso es lo único que me dará fuerza para seguir esta farsa, esperar el día cuando estemos juntos.

Mathew entraba a la habitación con una charola que tenía dos tazas que humeaban un poco.

—Jóvenes deben tomar esta infusión de hierbas que hice, les hará bien a sus bebés.

—No tengo ganas de nada... —Ciel murmuraba recostándose de nuevo.

—Vamos Ciel, sé que no te emociona este bebé pero tu vida depende en parte de la de él... Si él muere tú también podrías morir. ¿No dijiste que querías volver a estar junto a Sebastian? —Le hablaba Noah queriendo hacer que entrara en razón y bebiera ese té— ¿No harás que vuelva a llevarle malas noticias a mi padre?

—Está bien... Solo por eso lo haré.

Los dos jóvenes demonios bebían ese té caliente algo amargo, Ciel notaba como Noah miraba con complicidad a Mathew que estaba de pie frente a la cama donde ellos estaban sentados cómodamente.

—¿Ustedes ya se reconciliaron? —Tratando de animarse un poco, Ciel les preguntaba.

—Estamos en eso.

Respondieron los dos al unísono y se miraban de reojo.

—No creo que sea el momento indicado para hablar de nosotros.

—Noah... Que yo sea infeliz no significa que ustedes lo sean además tu bebé nacerá pronto así que deben casarse.

—Pero Ciel...

—Deben hacerlo por favor no se preocupen por mi. Ya sé si ustedes se casan entonces comenzaré a comer.

—¡Ah Ciel que manipulador eres...! Bueno nos casaremos en cuanto cierto demonio me lo proponga.

Noah miraba a su demonio que sonreía forzado ante su insinuación.

—Ya te lo propuse y no me respondiste.

La pareja discutía el asunto de su futura boda, Ciel bebía ese brebaje caliente mientras unas lágrimas rodaban por sus mejillas. No podía apartar de su mente a Sebastian, pensaba en las pocas pero intensas semanas que pasaron juntos, la eternidad sin él se percibía tan oscura y vacía, rogaba que los días pasaran rápido para volverlo a ver. No dejaria que el destino le arrebatara de nuevo la felicidad.

Días pasaron Noah volvía a visitar a su padre que deprimido estaba en el rincón de su jaula apenas alzó su mirada al verlo.

—Papá... Sé que estás triste pero mira lo que te mandó cierto demonio de hermosa mirada azulina —En un susurro le decía sacando un pequeño trozo de papel de entre sus ropas— Tómala antes de que los guardias la vean.

Sebastian ansioso se levantaba para tomarla y la escondía entre sus ropas no era conveniente leerla ahora, aunque emocionado quería leerla.

—¿Cómo está? ¿Ese idiota no lo ha lastimado?

—Está algo triste pero resiste, bueno tú lo conoces mejor y sabes como es. En cuanto a ese demonio aunque parezca raro, lo trata bien... No le exige nada y casi no pasan tiempo juntos, ni siquiera duermen en la misma cama si eso es lo que te preocupa... Tal vez sea porque Mathew le dijo lo riesgoso de su embarazo por eso no lo molesta.

Sebastian se sentía más aliviado pero eso no le quitaba la tristeza de no tenerlo cerca y menos de saber que su amado Ciel no le pertenecía del todo. Noah por su lado no confiaba en la amabilidad de este demonio quizás estaba planeando algo malvado por eso actuaba sumiso, dudaba de sus buenas intenciones pero para no preocupar a su padre prefirió callar sus dudas.

—Noah, agradécele a Mathew lo que ha hecho por nosotros.

—Si yo se lo diré... Por cierto él y yo nos casamos hace dos días ya que pronto nacerá tu nieto.

—¿En serio? Me perdí tu boda. Felicidades hijo, deseo que seas feliz con Mathew al menos alguien en esa casa que sea feliz.

—Fue una boda rápida, Ciel al menos ese día sonrió un poco.

Sebastian se quedaba callado por unos segundos cerrando los ojos rememoraba su dulce sonrisa que hermoseaba aún más su bello rostro. Embelesado lo pensaba.

—Antes de que me echen ¿Enviarás un mensaje para Ciel? —Con esa pregunta sacaba de su embelesamiento a su padre— Dimelo de una vez.

—Dile... Que lo amo, no dejo de pensar en él ni un minuto... Que cuide de su embarazo aunque ese bebé no sea mío lo siento mío solo porque es de él. Apenas salga de aquí iré a buscarlo que me espere.

Las sombras oscuras aparecían de nuevo apartando al joven demonio embarazado de su padre, al menos ahora se alejaba de él notando que este estaba más tranquilo y seguramente esa carta lo animaría más.

Sebastian quedándose solo y cuando nadie lo vigilaba, sacaba esa nota que en secreto había recibido, las manos le temblaban de la emoción por leerla ya solo ver su letra le llenaba de alegría.

Amado demonio mío,

Te extraño tanto idiota... No puedo describir en pocas palabras lo que he sentido desde que nos separamos pero resumiendo debo confesar que mi vida es tan miserable sin ti, a veces deseo volver a esos días de nuestra rutina de amo y mayordomo porque al menos así te tenía a mi lado pero luego pienso en los días felices que pasamos juntos como amantes en este frío infierno y no me arrepiento de nada, si esta breve separación es el precio a esos días juntos estoy gustoso de pagarlos. Mi corazón, mi cuerpo, los restos de mi alma son sólo tuyos aunque esté casado con alguien más y espere un hijo de este alguien más. Amarte me mantiene vivo en este infierno sin ti. Siempre tuyo, tu cursi joven amo que te amará por la eternidad...

Sebastian no podía evitar sonreír entre lágrimas al leer tan emotiva carta, percibía en sus palabras que habían esperanzas para que este verdadero amor siguiera siendo una realidad, sabía que Ciel no estaba bien pero aún así trataba de animarlo, no esperaba menos del humano ahora demonio que lo enamoró, su fortaleza era siempre digna de admirar pensaba para si mismo mientras apretaba ese trozo de papel a su pecho como si con ello abrazara a su dulce amor.

Muchas gracias por seguir esta historia

´・ᴗ・' espero que este capítulo haya sido de su agrado... Besos!