Matt

Él piensa que es una mala idea. Lo sabe, se lo dicen sus entrañas. Aún así, está sentado en uno de los columpios de un parque. Tiene muchas ganas de fumarse un cigarrillo, pero está prohibido fumar en los parques de niños. Juguetea por inercia con el encendor dentro del bolsillo de su chaqueta, y entonces piensa en quién se lo regaló. Y lo deja.

Vuelve a cuestionarse el porqué está ahí. Es que ni siquiera su lado retorcido puede darle una respuesta. No puede echarse para atrás ahora. Es demasiado tarde y ha sido su idea.

Ella aparece unos minutos depués. Lleva puestos unos jeans y un suéter que le queda grande. Yamato está seguro que en el pasado, su figura llenaba esa prenda. No comenta nada, claro, y trata de ignorar en su cabeza la nostalgia que siente al verla, porque no es un sentimiento que tenga que ver con ella, es por su enfermizo estado mental donde ve personas que ya no están en otras.

Ella le saluda con un tímido "hola", y le sonríe, nerviosa, avergonzada. Él también debería sentirse avergonzado. Esos gestos son la primera señal de que lo que está haciendo está mal. No va a encontrar lo que busca. Pero, ¿qué es lo que busca?

Le devuelve el saludo y le dice que un amigo de él pasará a recogerlos dentro de diez minutos para llevarlos al lugar donde tocará con su banda. Ella asiente. Yamato le hace un gesto para que ocupe el columpio junto a él y ella lo hace. Nerviosa, se sienta a su lado, y mira el piso. Y ninguno dice nada por varios minutos. Él la mira por el rabillo del ojo.

Llevaban hablando por una red social conocida como por tres semanas. Esta era la primera vez que se veían desde lo que había pasado en la casa de la playa. Él aleja sus pensamientos de ese recuerdo inmediatamente. Se centra en otras cosas, como en las conversaciones que han tenido. Al principio había sido extraño. Él no supo que se trataba de ella hasta una semana después, cuando ella subió una fotografía de su rostro. Al saber que era ella la chica con la que había intercambiado algunos mensajes, quiso dejar de seguirla al instante. Pero no lo hizo. Y él continuó dando "me gusta" a sus fotografías, y ella continuó dando me gusta a las suyas. Un día ella subió una grabación de sí misma cantando una de las canciones de su banda. Él siempre supo que ella podía cantar. Pero le había sorprendido demasiado haberla escuchado de forma reciente por una red social. Su parte retorcida le dice que ella lo hizo para llamar su atención, y había funcionado. Terminó viendo ese video como diez veces el mismo día, y la había invitado a una de las presentaciones de su banda. Por eso estaban ahí.

A él le gustaría escucharla cantar en vivo y en directo, y el pedirle que cante para él se forma en su cabeza, pero se olvida de aquello al mirarla fijo por más tiempo. Ya no está disimulando. Su cuerpo está inclinado en dirección a ella. Se está fijando en los pómulos marcados de sus mejillas, y en como el cuello de tortuga del suéter le queda un poco suelto. Ella le mira, pero huye de sus ojos casi enseguida, y sonrié, nerviosa.

-¿Pasa algo? -pregunta.

Y él, para su irritación, siente que le sube un calor a la cara.

-Lo siento -dice. No quiere decirle que ella le recuerda a otra persona.

En su cabeza, él se dice nuevamente que no va a encontrar lo que está buscando. Pero vuelve a preguntarse, ¿qué está buscando? Ella había evitado mirarlo desde que llegó, pero él se da cuenta que ahora lo está haciendo. Y sus ojos castaños no son oscuros, como a él le gustaría. Pero su mirada está hambrienta de algo que al parecer, Yamato posee. Cuando estuvieron en la casa de la playa y vio a Mimi mirarle con esos ojos, sintió pánico. La mirada de ella le había perturbado hasta la fibra más honda de su ser. Entonces, no quiso pensar el porqué. Ahora, ya lo sabe. Él siente un tirón en su entrañas, un tirón de nostalgia y ansias, porque ya le han mirado así, en otra vida, cuando él creía que era feliz. Y ya no se vuelve a preguntar qué está buscando.