La guerra estallo cuando yo tenía once años y el segundo Impergium comenzó tan solo unos pocos meses después, la humanidad nunca pudo haberlo imaginado. Los lobos más salvajes, violentos y radicales se posicionaron como los lideres bajo el apoyo y asesoramiento de nosotros. Nuestra rama, tanto la occidental como oriental, trabajaron juntas planeando cada detalle del derrumbe de la humanidad. Se acabó la electricidad, se acabó la economía, el internet y las vías de comunicación, ni siquiera radio. Cada antena de comunicación fue destruida, los satélites cayeron como moscas y cada base de datos explotada. El mundo se silenció. En cada nación, chica o grande, se arremetió contra todo político, empresario y militar. Nada de energía eléctrica, nada de energía nuclear, nada de armas, tanques, aviones o buques, todos fueron destruidos debido a la excelente organización. Si hay un buen y fuerte líder, los demás obedecen en un perfecto conjunto, y el resultado, al final de todo, fue la ley de lo natural. No más leyes imaginarias de los humanos, no más ideologías políticas, no más medicina, no más discriminación entre ellos, no más maltrato animal ni sobreexplotación de los recursos, porque ahora ellos eran el ganado. Por eso fueron cazados y reunidos como tal. Se realizó una limpieza radical por toda extensión de tierra existente. Muchos se escondieron, sí, pero no hubo uno solo que pudiera engañar nuestros más aguzados sentidos ni los más avanzados dones, de esta forma, el planeta quedo limpio de humanos pululantes.
Al principio no lo agradecieron, algo natural desde la naturaleza de su proceder, pero después de algunos años, su especie mejoro, al dejar las vacunas y las medicinas, realmente sobrevivía el que tenía que hacerlo, se reproducía el que era más fuerte, y morían los débiles y los deformes. El mundo reverdeció y al cabo quince años, las ciudades, hechas antes escombros, comenzaron a desaparecer bajo la capa de maleza, árboles y tierra. Solo se dejó una ciudad para los humanos en todo el mundo, custodiada y vigilada de cerca por nosotros, de la misma manera que un lobo era antes encerrado en un zoológico, así fueron encerrados los humanos cuales bestias peligrosas. Altamente peligrosas.
El resto del mundo quedo en manos de los cambiantes. Hubo quienes eligieron seguir viviendo en sus casas, como yo, y hubo otros que optaron por dejar definitivamente la vida humana, había esa liberad, pero debías cumplir con una sola obligación. Luego de organizar las búsquedas de humanos, reunirlos, mermar su población y asignarles un único territorio, había por supuesto, más cosas que hacer, eliminar la contaminación, sabandijas molestas como sanguijuelas, deformidades, perdiciones o cualquier tipo de aberración, y a fin de crear un orden en el que toda la población colaborara, todos, o casi todos estuvieron de acuerdo con cumplir con diez obligatorios años para dedicarte a reparar fallas aquí y allá a lo largo y ancho de la tierra, al cabo podías descansar o ir a ayudar como custodio de los humanos por cinco años.
En lo personal, y aun en contra de los deseos de mi abuela, luego de obtener mi primer cambio, fui a solicitar mi servicio por los diez años. Tuve mucho tiempo para pensar esa decisión, viví muchos años viendo los cambios obtenidos por el segundo Impergium y por supuesto que quería colaborar, pero en lo profundo de mi, sabía que quería salir al mundo únicamente con un propósito. En mi vida había un cabo suelto, algo que faltaba resolver, la incertidumbre de no saber hacia que por las noches desde el día en que se fue, tuviera pesadillas. Me presente para mi servicio y durante mis diez obligatorios años espere y anhele la oportunidad de verla. Nunca ocurrió. Tenía la esperanza de que podría llegar a encontrarla. No tuve suerte. Cumplí los veintisiete y estaba igual que como había comenzado, sin alguna pista de su existencia, si vivía o había muerto.
Decidí entonces, que quizás como custodio de los humanos tendría una oportunidad. Después de todo, llegue a la conclusión de que en algún momento ella llegaría a estar en la ciudad humana, todos los cambiantes se pasaban por ella al menos una vez, o pasarían una vez en su vida por simple curiosidad y yo ahí estaría aprovechando la oportunidad, pero, me equivoque. Terminaron mis cinco años de custodio y ni el más mínimo rastro de ella. cumplí los treinta y dos y ni una sola vez en mis quince años de servicio la pude ubicar. Estaba muy decepcionado.
Una vez que me pusieron la marca por mis cinco años, quede libre de hacer lo que quisiera al menos por otro periodo de cinco años. Entonces me pregunte ¿volvía a casa o… continuaba buscándola? No lo sabía. ¿Dónde estaría? ¿Qué estaría haciendo? ¿cumpliría con los diez años de servicio? Si había sido así, me parece sorprendente que jamás la haya encontrado. O quizás, está escondida en algún lugar del basto mundo, un lugar muy escondido, algún agujero como una sucia rata… prefería no pensar de esa manera, ya que así solo incrementaba la molestia que sentía.
Pase unos días en la ciudad, tratando de tomar una decisión. Finalmente, tome todas mis cosas para volver a casa. Había pasado muchos años fuera, lejos de mi madre, de mi familia. Quizás era tiempo ya de volver, de renunciar a la búsqueda, de aceptar la realidad. Con maleta en el hombro tome camino al lugar donde abrimos los puentes lunares. No había prisa por llegar, pero tampoco quería demorar tanto, camine con pasos moderados, hasta que llegue al túmulo, justo me preparaba para abrir el puente cuando una chica me trajo un informe donde me solicitaban responder a una petición antes de marcharme, la solicitud explicaba que había llegado información sobre perdiciones en un sector norte y no había nadie más que acudiera. Lo pensé un par de minutos, al principio me dije que no, que lo hiciera alguien más, yo ya había cumplido, pero si no respondía me quedaría con la sensación de que deje algo sin resolver. Exhalé con cansancio, tuve que dejar mi maleta y cambiar la dirección del puente lunar.
Al terminar el cruce, llegue a lo que antes habían sido los países al norte de Europa. En una primera mirada, todo parecía normal, pero si ponías atención, había un ligero rastro de corrupción que se encajaba en mi nariz de forma muy molesta, como una mota de polvo que te pica. Una muy, muy pequeña y molesta. Lo seguí con atención durante kilómetros hasta finalmente llegar a una cabaña unos metros arriba sobre del nivel de un fiordo. La presencia de la corrupción era solo un poco más fuerte. Podía ser un cambiante o quizás alguna sanguijuela, o en verdad fuera una perdición como decía el informe. Me acerque con pasos muy sigilosos a la entrada de la cabaña, era de día y por el entorno sería muy difícil no hacerme notar, de manera que fui rodeando la entrada y acercándome muy lentamente, quedando en un punto ciego para cualquier persona que asomara o saliera por la puerta. Estaba a escasos cinco metros cuando la puerta se abrió de golpe y salió una persona. Vestía un pantalón y una chaqueta negros junto con unas botas cafés. Solo mire su espalda, pero sentí un repentino golpe en el corazón cuando mire su cabello. Oscuro y liso cabello que sobrepasaba sus caderas, no terminaba de asombrarme por el parecido cuando de forma inmediata se giró a verme, entonces su mirada inusual y al mismo tiempo, tan conocida me congelo. Era ella.
No supe en que momento abrí la boca del asombro, pero la cerré inmediatamente después de ver que comenzaba a caminar en dirección al fiordo, ignorándome después de verme. Salí de mi posición sin disimulo alguno y le di alcance lo más rápido posible. Le grité que esperara, pero no me hizo caso, tuve que llegar hasta ella y tomarla de un brazo, solo entonces se giró a verme, debía tener cincuenta y un años, pero lucia exactamente igual a la última vez que la vi, cuando yo tenía seis. Ahora, con mi edad, incluso me parecía aún más juvenil de lo que recordaba, incluso me parecía, en un irónico giro del destino, que ella se notaba más joven que yo…
- ¿Qué sucede muchacho? -contesto de lo más normal, como si fuera cosa de todos los días verme, como si no hubiera pasado un solo día desde que se fue.
-sí, eres tú… te he estado buscando ¡Y al fin te encuentro! -le dije en voz alta casi sin moderación.
-felicidades, supongo -me dijo sin interés alguno.
- ¿acaso no sabes quién soy? -le dije con verdadera duda, confusión y emoción-soy…
-Ichiro, puedo oler la conexión entre nosotros, hay un dejo de mi esencia en ti -su tono de voz era tan… apático.
-esperaba un poco de más emoción al ver a tu hijo, después de tantos años…
-bueno, no creí volver a verte en la vida, es una sorpresa, sin duda, así que, ¿Qué quieres? ¿para qué me buscabas? -sentí en aquel momento que tenía prisa por liberarse de mí y al mismo tiempo me sentí apresurado.
-hay tantas cosas que siempre he querido preguntarte… -le dije con muchas emociones corriendo abruptamente por mi cuerpo, después de tanto tiempo buscándola y pensando que es lo que haría cuando la viera, y de repasar lo que diría, ahora no sabía por dónde comenzar, mi corazón latía apresurado y ella estaba ahí esperando, así que dije lo primero y que siempre he querido saber - ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué nos dejaste? -el rostro inamovible de ella no hizo expresión alguna ante mis preguntas.
- ¿nunca te lo dijeron? -daba por hecho que yo sabía las cosas, pero…
-quiero saber si lo que me dijeron es verdad… que fue una mujer la que te llevo y te hizo hacer cosas… cosas despreciables.
-que versión tan curiosa -la miré con la esperanza de que la continuación de sus palabras fuera para contradecir lo que me habían dicho antes -todo lo que hice fue por mi propia voluntad -le solté el brazo impactado.
-entonces si nos dejaste por una mujer -ella asintió en silencio -y creaste una abominación -al decir lo último note que hizo un rictus molesto.
- ¿Quién te dijo que ella me obligo? Me da curiosidad.
-mi madre y mi abuela -a ella le hizo gracia por que se sonrió -de verdad… de verdad creaste un…
-cuida tus palabras niño, porque compartían la sangre… -sentí un repentino asco en la garganta y me aparté, sentí las arcadas en mi estómago y respiré profundo.
-te odie tanto por irte, que pensé que tenía que ser un motivo muy fuerte por el que lo habías hecho, y cuando me dijeron el porqué, no quise creerlo, no quería creer que nos habías abandonado por una mujer y que habías cometidos actos siniestros… creí que podría perdonarte si no era cierto… si era otra la verdad… pero… pero…
-es verdad niño, me fui porque amaba a otra mujer.
- ¡Mi madre te lloro por años! -le conteste con rabia.
-tu madre y yo nos separamos años antes, no era una sorpresa, si no te lo dijo, te engaño. Si sufrió es porque ella lo quiso, aferrándose a algo que no le correspondía.
-pero nos abandonaste, a Kenji y a mí, él casi no te conoció.
-no sabía que querían una vida conmigo -respondió con un dejo de sarcasmo. Me sentí tan herido al escucharla.
-quería creer en ti… quería… que no me hubieras traicionado… que la persona que me crio fuera…
-eso es una mentira, Ichiro, cometí muchos errores y no se pueden borrar, solo debemos superarlos, eres un buen muchacho, creciste bien y eso me enorgullece, pero ya estas grande para esto -me sentí tan en desnivel con su comentario que inmediatamente reaccioné sin pensar.
- ¡Me esforcé tanto por ti! -ella se quedó en silencio, sin expresión.
-no te lo pedí, y nunca esperé nada de ti, eres igual que tu madre, esperando tanto de alguien que no puede darte nada -el comentario me hizo gracia, pero también me fastidio ¿Cómo podía tomar las emociones de mi madre tan a la ligera y hacerlas carentes de valor? Como si solo lo que ella tiene y siente fuera importante.
-que gracioso, la abuela siempre decía que era igual a ti, pero tú eres… -le dije, con la molestia haciéndose cada vez más grande y ella alzo una ceja.
-me sorprende que esa mujer me mencionara siquiera -apreté los dientes al escucharla hablar de mi abuela, me estaba molestando cada vez más que hablara de una forma poco educada con las mujeres a las que les debe respeto.
-ella me crio en tu lugar, mi madre y ella fueron las mejores -quise hacerle ver que ellas merecían todo el respeto por sus actos y también quería que supiera que no estaba en posición de hablar en la forma que lo hacía -mientras que tu…
-me complace que fuera mejor abuela de lo que fue como madre -pero todas mis palabras eran ignoradas.
- ¡no hables así de ella! solo dices eso porque asesino a esa deformidad -entonces me volvió a ver molesta.
-no volveré a decir que cuides tu boca la próxima vez -y para colmo pedía respeto por esa cosa.
-hablare tanto como quiera, ¿Qué ganaste al irte? ¡Mírate! Estas sola sin esa mujer ¿o dónde está? ¿te dejo? Eso sería muy justo, lastima para mí, porque en cuanto la encuentre la asesinare.
- ¿asesinarla? -Dijo con sorna - ¿tú a ella? no veo como un mocoso podría siquiera tocar uno de sus cabellos.
-la encontrare, y luego te traeré su cabeza, ya lo veras -ella se quedó en silencio por unos momentos.
- ¿vas en serio? -le conteste que si -bien, saca las garras niño, y ven dispuesto a matarme.
- ¿Qué? ¿de que estas habland…? -no termine la frase porque rápidamente me tomo del cuello con una sola mano, movimiento que no pude ver y mucho menos eludir.
- ¿crees que eres más importante que ella? ella es lo único en el mundo para mí, no permitiré que nadie en el jamás le haga daño, ni mi madre y mucho menos tú, así que conoce tu lugar -entonces me arrojo y di traspiés, casi caigo al suelo pasmado por lo que dijo - ¿quieres matarla? Tendrás que estar dispuesto a matarme a mi primero, mocoso, si es que puedes.
La realidad de sus palabras me dejo frio, ¿estaría hablando en serio? ¿sería capaz de pasar sobre mí por protegerla a ella? pero soy su hijo… me le quede mirando con asombro, con la boca y los ojos bien abiertos ¿Por qué? ¿Por qué lo haría? ¿Por qué la quiere? ¿la ama? No conozco el amor, solo conozco el amor de mi madre, mi hermano, mi familia, nunca pude interesarme en algún hombre o mujer de esa forma, así que no podía comprenderlo, nunca he tenido esa oportunidad porque siempre he estado más ocupado en alguna otra cosa más importante, para los lobos no es importante el amor, el amor es subjetivo, lo primordial es la supervivencia, el amor es un sentimentalismo existente solo en humanos, no es tan importante…
-yo soy más importante que esa mujer… ¿Y aun así me matarías por alguien que ni siquiera está contigo…? -entonces ella sonrió.
-a ella no le gustan mucho los climas frescos -no contesto mi pregunta pero aun así, supe que cual era la respuesta y busque atacarla, lastimarla con algún comentario.
- ¿te dejo verdad? Es eso y no lo quieres aceptar.
-si te hace sentir mejor eso, piénsalo -dio media vuelta y retomo su camino hacia el fiordo. Me quede quieto mirándola, nada había salido como espere, no le dije todos mis sentimientos y todas mis expectativas se derrumbaron, mi vida otra vez estaba arruinada por su culpa, pero por lo menos haría algo que valiera la pena, la llevaría a ver a mi madre y haría que le pidiera perdón, porque ella no lo merecía, no merecía su crueldad. Me erguí y comencé a seguirla, al principio solo con pasos apresurados y al final corriendo al tiempo que cambiaba de forma y llevaba mis garras a su cuello. Solo unos segundos más y la detuve desde su espalda, cerrando mi puño alrededor de su cuello sin llegar a encajarle mis garras.
-no te iras, me acompañaras, harás lo que yo diga -le exigí con voz gutural dispuesto a utilizar hasta el último de mis recursos para que me obedeciera, pero ni bien había terminado de hablar, cuando de su cuello salió una víbora que me mordió la mano, sentí el miedo como un disparo de adrenalina en mi corazón.
-déjalo Shizuru, es solo un mocoso estúpido -dijo ella sin siquiera voltear a verme, entonces miré a la víbora con sus enormes colmillos clavados en mi mano, sus ojos rojos me miraban directamente, sentí la adrenalina escurrírseme desde mi nuca hasta mis pies… ¿le había hablado a la víbora? ¿y cómo la había llamado? ¿Shizuru? Era un nombre humano ¿Por qué la llamaría así? Fueron solo unos segundos donde los ojos de la serpiente se conectaron con los míos y sentí algo, sus ojos me transmitían la idea de que entendía perfectamente la situación, de que no era un animal común, así que algo se ilumino en mi mente… hay muchos cambiantes que recién ahora se están dando a conocer, cambiantes que se creían extintos, así que, de ser posible, ella… la mujer por la que nos dejó… era la víbora. Las pupilas verticales que no se apartaban ni un solo momento de mis ojos me lo confirmaron, siempre había estado con ella, en su ropa, cuidándola, tan cerca y tan… unidas. Afloje el agarre entonces y ella hizo lo mismo, en un rápido movimiento quite la mano como si fuera lumbre y mire como la víbora volvía al interior de las ropas, ocultándose.
-ella… es un cambiante de… -dije al final, mientras me sostenía la mano que sangraba. Giro levemente a mirarme.
-considérate afortunado, una sola gota de su veneno y ya estarías en el piso dando tus últimos respiros.
Me dejo ahí, sin decirme más y empezó a caminar. Yo aún seguía asimilando lo hechos ¿Cómo se le llamaba a ese tipo de cambiantes? Lo leí alguna vez, en alguna parte. Intente recordar mientras la veía alejarse cada vez más a paso lento, sin alguna preocupación. ¿Cómo se llamaban? No podía recordarlo, pero si llego a mi cabeza que solían llamarles "las sombras que se alargan" en referencia a su cuerpo serpentino, por consiguiente, son considerados el tipo de cambiantes más peligrosos y que ejercen un estricto sentido del equilibrio… por lo que, no podía comprender como terminaron juntas cometiendo un acto tan… corrupto.
Mire mi mano que seguía sangrando, no me había percatado, pero uno de los colmillos traspaso mi mano, como bien había dicho, tuve suerte de que decidiera no inyectarme su veneno… hice un poco de esfuerzo y me cure en unos segundos, sin dejar marca alguna en mi mano. Volví a ver por donde se había ido, y noté que seguía a paso lento bajando cada vez más la montaña para llegar a orillas del mar. ¿Dónde iría? ¿tendría casa? ¿sería una nómada? Volví a ver la cabaña, con la puerta abierta ¿viviría ahí? Me acerque a pasos raudos y me asome por el marco de la puerta, descubriendo varias cosas, no olía en absoluto como ella, así que no vivía ahí, y, además olía a sangre y la sensación de corrupción provenía de ahí, me introduje más en la cabaña y encontré en un rincón el cuerpo de una perdición aun fresco, ella lo había eliminado por mí. Me puse de cuclillas y miré de cerca. Solo una cuchillada en el estómago de la criatura, no más ni menos. ¿Se dedicaría a eliminar perdiciones? Quizá de esa forma borraba poco a poco la mancha de su delito. Me puse en pie y fui a la salida, encontrándola a solo unos metros de la cabaña.
-así que sigues aquí, niño -me dijo continuando su andar hasta la puerta.
-después de todo me habían mandado a hacerme cargo de esa criatura -me hice a un lado para que pasara, notando como llevaba una botella con agua en la mano.
-ya veo, una lástima que llegue antes -se agacho y dejo que lentamente el agua se dispersara por el suelo a un lado del cuerpo de la criatura.
- ¿Qué vas a hacer? -le pregunte sinceramente curioso.
- ¿acaso quieres que esa porquería se quede en este lugar y que infecte estas tierras? -me quede sin palabras.
-bueno, usualmente cavo un agujero y dejo que la tierra haga su trabajo.
-no te han aleccionado muy bien que digamos… debes purificar el cuerpo, eliminarlo o calcinarlo, yo no soy experta en ello, así que tomo otra medida -decía mientras mirada fijamente el charco de agua, entonces yo también lo mire, lo miro un rato hasta que el agua quedo completamente inmóvil, entonces entendí lo que haría, abriría un portal a la umbra.
-espera, que… -pero no hubo tiempo para más, puso un pie sobre a superficie y al segundo siguiente medio cuerpo estaba yéndose por el portal mientras con otra mano jalaba el cuerpo, creí que le costaría llevarlo consigo, pero no dilato más de unos cuantos segundos en que el cuerpo resbalo por sobre la superficie reflectante hasta desaparecer. Me quedé asombrado. Su capacidad para abrir portales y caminar de lado era impresionantemente ágil. Me aproxime al charco para intentar cruzar y alcanzarla. Ni bien me estaba preparando para cruzar cuando su cuerpo apareció sobre el charco, volviendo una vez más al mundo terrenal.
-tu misión está cumplida, así que puedes marcharte.
-tengo muchas cosas que hablar contigo, no me iré -le dije aun frente a ella.
-es una lástima que yo tenga cosas por hacer -paso a un lado de mí, sin mirarme, saliendo de la cabaña a pasos lentos.
-entonces te ayudare -le dije dándole alcance.
-no necesito la ayuda de un mocoso al que no han adiestrado bien -inmediatamente me sentí enfadado.
-entonces no te ayudare, solo voy a ver -le dije tan solo unos pasos de ella.
- ¿eres voyeur? -detuve mis pasos ¿Qué? -porque justo ahora voy a tener sexo salvaje con una hermosa y exquisita serpiente -dijo sonriendo.
- ¿me estas bromeando? -le dije como respuesta y pregunta a la vez. Entonces apareció la víbora, salió por el cuello de su blusa y le siseo al oído.
-oh vamos, no te enojes, era tan solo una broma.
-no me enoje, me sorprendí de… -ella se detuvo y volteo a verme con una mirada apática.
-igual que cuando eras niño, puedes aun ahora resultar una molestia -me sentí ofendido una vez más - ¿Qué es lo que quieres? Ya contesté tus preguntas.
-quiero explicaciones, quiero que me compenses el tiempo perdido -le conteste desde mi lugar.
-estas pidiendo algo imposible, Ichiro, ¿Cuántos años han pasado? ¿veinte? ¿treinta? ¿planeas pasar conmigo treinta años? Mi trabajo contigo quedo hecho, te engendre, te cuide lo suficiente para garantizar su supervivencia, lo demás va por tu parte, ¿o es que acaso tienes aun cinco años en tu cabeza?
- ¡no! ¡tengo treinta y…! -pero no me dejo terminar.
-además, no tengo porque darte explicaciones -ella dio media vuelta y comenzó a caminar, abrí la boca para decir algo, incluso tomé aire, pero no supe que decir. Aun no desaparecía de mi vista cuando vi que la víbora volvía a asomarse por el cuello de su blusa y le siseaba algo al oído. Detuvo sus pasos, se quedó de pie unos segundos, sin hacer nada, sin decir nada, la cabeza de la víbora aún seguía en su oído, quieta, expectante igual que yo. Algo sucedía, pero yo no sabía que era. Entonces, después de algunos minutos se giró a verme, con el ceño fruncido y la boca retorcida -te remunerare ese tiempo -me dijo señalándome con un dedo -pero no te quiero más de un día y cuidado con intentar algo, porque te corto la garganta.
Acaso esa mujer ¿la había convencido? Mire los ojos de la víbora, que no quitaban la mirada de mi mientras permanecía cerca del oído de ella. Eran unos pequeños ojos rojos que parecían atravesar mi piel y mi carne. Sentí un miedo instintivo acerca de ella, podría ser benevolente y casi podía jurar que de igual forma cruel y fría. ¿Cómo sería ella en forma humana? ¿Qué habría visto mi madre en una víbora? ¿De qué forma terminaron juntas? Y… teniendo en cuenta el especial carácter de mi madre… ¿Cómo es que han permanecido juntas por tanto tiempo? ¿Cuántos serian? ¿veinticinco? ¿veintiséis años? Como si fueran un viejo matrimonio…
A continuación, mi madre dejo de verme y volvió a su camino, sin esperarme en absoluto. Aun con mi asombro por cómo se estaban dando las cosas comencé a darle alcance. La víbora siguió cada uno de mis pasos hasta que me situé a un par de metros de mi madre. No me quito la mirada de encima y constantemente sacaba la lengua. Me pregunte seriamente si se estaría burlando de mí.
Seguí a mi madre un largo rato sin que ella dijera alguna palabra y yo tampoco dije nada, comencé a pensar que es lo que podría llegar a preguntarle, que quería saber, como… ¿recuperar el tiempo? Tenía muchas dudas, pero no sabía cómo ponerles orden. Comencé a desesperarme porque realmente quería saber muchas cosas y tenía tan poco tiempo, no sabría si después, en alguna ocasión futura volvería a encontrarla, si podría tener la oportunidad de sacarme las dudas, así que, debía aprovechar muy bien mi tiempo.
Después de un rato siguiéndola, un rato en el que no puse atención a mi alrededor, ella se detuvo. Al detenerse yo también lo hice, por consecuencia. Mire a mi alrededor mientras ella miraba algo en el suelo. luego de percibir la pureza del sitio, supe que ese lugar era un túmulo. Ni bien llegaba a esa conclusión cuando mi madre abrió un puente lunar.
-espera -le dije inmediatamente - ¿A dónde vas?
- ¿piensas que vamos a quedarnos en este lugar? Creí habértelo dicho, a ella no le gustan los lugares fríos.
- ¿y que hacías aquí? ¿Por qué en este lugar? ¿acaso sabias que yo vendría? -ella entro al puente y me vi forzado a entrar también.
-por supuesto que no, de haberlo sabido no habría venido…
-vaya, eres más cruel e insensible de lo que yo recordaba… y también hablas mucho más -no se si no me escucho o no le importo, porque no dijo nada sobre eso.
Cruzamos el puente por un largo rato, quizás en minutos fueran unos quince o veinte, no lo sabría con exactitud, pero al terminar el puente, llegamos a un clima notoriamente más cálido. Inmediatamente pude ver varios cipreses alrededor de nosotros, al dar unos pasos más allá de los aboles, había grandes terrenos llanos.
- ¿Dónde estamos? ¿por aquí vives? -ella comenzó a reír.
-solía ser algún lugar de Florencia -dijo, evitando completamente mi pregunta, algo me decía que no me diría el lugar donde reside, o quizás no tiene un lugar fijo…
- ¿Vivías aquí? -quizás si preguntaba otro tipo de cosas si me respondiera.
-no, jamás, aunque lo visitamos varias veces -un avance considerable.
Abandonamos la pequeña conglomeración de cipreses y cruzamos los largos terrenos llanos. La raza humana simple ya no se encontraba libre, pero en este lugar, el terreno estaba bien trabajado, sin hierbas o malezas por todo el terreno, simple y hermosa uniformidad en el terreno, largo, extenso y perfectamente verde. Me hacía pensar que había humanos con sangre sobrenatural cuidando de estos terrenos.
Caminamos un largo rato por un camino sinuoso que dividía los prados, cada tanto había un ciprés, continuamos así hasta que llegamos a unas casas. Olisquee el aire, no había nadie ahí, o al menos me parecía que no había habido alguien en aquella construcción en un largo tiempo. Ella se adentró en la propiedad, abrió la puerta con total naturalidad y fue directamente a la cocina. Le seguí de cerca, mirando la naturalidad de sus pasos. Busco por las polvorientas estanterías hasta que encontró algo y más tarde prendió fuego en la parrilla. No sabía cuál era el objetivo, pero casi podía asegurar que quería preparar algo de comer. La miré con intriga y jamás me di cuenta de que sucediera alguna otra cosa.
-te estas tardando, muchacho -entonces me saco de mi atención sobre sus preparados -aclara tus dudas, ahora que tienes oportunidad -me quede momentáneamente aturdido.
-sí, yo, eh, ¿vives aquí? -bien, no fue la mejor y más brillante pregunta.
-ya te dije que no ¿de esta forma quieres recuperar tu "tiempo perdido"? que decepcionante.
- ¿Dónde has estado todo este tiempo? Es decir, desde que la abuela… bueno, ya sabes, la última vez que se vieron…
-estuve un tiempo en Grecia, luego nos fuimos a Turquía, sucedió el segundo Impergium…
- ¿te uniste? -se giró a verme con una ceja levantada -ya sabes, a cumplir con los diez años de servicio…
-no ¿acaso no es evidente? -me quede en silencio unos momentos, claro, era evidente, pero aun así la duda rondaba en mi cabeza.
- ¿Por qué no lo hiciste? ¿es por la abuela? Quizás ya no pertenezcas al clan, pero sigues siendo uno de nosotros…
-seguramente nunca escuchaste de aquellos sin clan, en nuestra sociedad es como ser una paria, no tenía ningún caso presentarme ante algún clan y pedir unirme teniendo mis antecedentes, lo habría ocultado un tiempo, también habría ocultado la existencia de Shizuru, y después tendría mucho que explicar frente a muchas garras y colmillos rabiosos ¿te imaginas como habría terminado eso? En el mejor de los casos, con todos los de aquel clan muerto, en el peor, ambas muertas, niño, aun no pareces entender, soy un cambiante, más bien, somos cambiantes, pero ya no pertenecemos a tu misma sociedad…
- ¿y qué has hecho todo este tiempo?
-viajar… -dijo una voz desconocida tras de mí, inmediatamente me gire bruscamente, pues no había advertido ninguna presencia, algo así para mí era imposible de ser ¿Quién rayos era? Miré con rapidez y entonces la vi, una hermosa mujer de ojos rojos enfundada en una sábana… al instante abrí la boca de asombro, la adrenalina surco mi espalda y mi estómago al tiempo que los vellos de todo mi cuerpo se erizaban… ella era la víbora, ¿Cómo podía una mujer tan atractiva ser aquel bicharrajo ponzoñoso? Estaba asombrado e impactado por la belleza de aquella mujer, no parecía… ¿humanamente posible? No, era más bella que un cambiante común… ¿sería su belleza lo que cautivo a mi madre? O quizás, simplemente, la atrajo aquella naturaleza peligrosa y desafiante que desprende de cada una de sus partes y sus movimientos excesivamente estilizados… incluso yo me sentía tentado y atraído por la amenaza implícita en sus ojos -viajamos constantemente -completó -por eso no importa cuánto preguntes donde vive…
-porque no vivimos en un sitio exacto -continuo mi madre -hemos visitado muchos lugares en todos estos años, de aquí para allá, arreglando una que otra cosa, eliminando la suciedad que aún se arrastra por la tierra, ya lo has visto hace un rato, hacemos el trabajo por el que fuimos creadas, en el más puro y primario estado, contribuimos de nuestro modo…
-y… situaciones como esta, donde entran…
-la casa está abandonada ¿tan poco has recorrido que no te habías topado una casa así? No todas están destruidas muchacho.
-así que… te fuiste con… -y la miré momentáneamente, luego volví a ver a mi madre -ella y… ¿simplemente han… recorrido el mundo juntas? -se miraron entre ellas, luego se sonrieron.
-sí, cada día…
-todos los días -dijo aquella mujer.
-por siempre -completo mi madre.
- ¿no se cansan? -pregunte un rato después de cansarme de mirarlas verse entre ellas con esa sonrisa - ¿de estar juntas? ¿de tanto tiempo así?
-no -contesto mi madre -nunca si es ella, además es bellísima -dijo sonriente mientras la volvía a ver a los ojos.
-entonces… ¿se supone que… la quieres y… por eso te fuiste? -a ella le hizo gracia mi pregunta y termino asintiendo como respuesta - ¿se conocieron y… simplemente paso? ¿así de sencillo? -en esta ocasión la mujer de cabello castaño resoplo, imagino que en un gesto de ¿burla?
-no fue así de sencillo, niño -respondió mi madre -tuvieron que pasar diez años para que esta mujer aceptara casarse conmigo.
- ¿diez años? ¿Cómo? Es decir… no estoy entendiendo…
-nos conocimos cuando teníamos quince años -dijo mi madre cruzándose de brazos mientras miraba un punto lejano sobre mi cabeza -no fue un amor instantáneo, cada quien tuvo sus sentimientos muy por su parte, yo estaba convencida de que no le interesaba y ella a su vez pensaba lo mismo, entonces conocí a tu madre y tiempo después ocurrió el accidente…
- ¿accidente? -pregunte con sincera confusión, no sabía nada de un accidente. Entonces bajo a mirarme directamente a los ojos.
-u omisión, si quieres verlo así -no estaba comprendiendo -tú, bobo, tu madre se embarazo de ti -me quede sin palabras. En mi propia concepción de las cosas, un embarazo de un cambiante jamás podría ser un accidente.
-ya veo, soy el accidente -le dije aun resintiendo sus palabras.
-no le des importancia, fue algo que cambio mi vida -asentí sin palabras, escuchando sin oír -Ichiro -me dijo en un tono más profundo de voz y volví a verla -te voy a decir una verdad casi universal, si buscas respuestas y no estás dispuesto a aceptar que lo que vas a encontrar no te va a gustar, entonces, no busques ¿entiendes? -procese sus palabras, soy lo suficientemente maduro para comprender la situación, su situación de aquel momento, pero era difícil separar mis sentimientos de mi entendimiento.
-sí, lo comprendo -conteste con un suspiro al final - ¿el embarazo…? Como decirlo… ¿hizo que se separaran?
-sí y no… -contesto con su misma postura anterior, mirando la lejanía -estaba convencida de que me rechazaba e intente continuar, pero a veces las cosas que quieres no funcionan como te gustaría.
- ¿y tú… -le dije a aquella mujer que bebía té a un lado, lejos de la conversación, pero escuchándola -amas a mi madre desde aquel entonces? -subió lentamente sus ojos a mí, no dijo nada por unos momentos, luego dejó de verme y sonrió para si misma.
-y probablemente desde hace ya varias vidas… -contesto con suavidad -el matrimonio dura siete vidas, seguramente ya hemos estado casadas antes y lo volveremos a estar, no importa que tan difícil sea la situación, siempre…
-estaremos juntas…
