Continuamos la cuarta misión, y seguro estoy de que os va a gustar. No tengo mucho más que decir, así que no lo haré.

-Lollyfan33: Bueno, por mí me puedes mandar todas las reviews que quieras, jajajaja. Cuantas más mejor. Tanto el asunto de Hércules como lo que le depara el futuro a Úrsula ya se irá resolviendo, aunque en este capítulo la villana como siempre tendrá un papel especial. Me alegra de que te gustasen las apariciones de personajes de Buscando a Nemo (es mi peli favorita de PIXAR) y espero que este capítulo te guste también mucho. ¡Feliz navidad a ti también, muchas gracias y espero que tengas unas buenas vacaciones!

Como regalo navideño os dejo el capítulo.


CUARTA MISIÓN: MONSTRUO MARINO (CONTINUACIÓN)

La guarida de la Morena era uno de los lugares más impopulares del mar, aunque también, por desgracia, de los más visitados. En realidad no era una caverna, si no el esqueleto de un antiguo monstruo del mar, que había ido a morir entre unos profundos arrecifes, y su esqueleto se había endurecido y fosilizado hasta tomar un aspecto parecido a las rocas.

Alrededor de la guarida de la Morena había un montón de minas que flotaban, en apariencia inofensivas pero por el contrario muy peligrosas. Bruce las fue esquivando ágilmente mientras se acercaba más a la caverna.

-Humanos…-les explicó el tiburón con calma mientras sorteaba una enorme mina-se quedaron aquí tiradas después de una batalla de barcos en la superficie… nunca supimos quien ganó. En realidad nadie gana, je, je…

-Joder…-Jim miró las minas asustado. Con solo rozar alguna, todo podía explotar-¿estás segura de que esto es buena idea?-le preguntó a Ariel, asomándose impaciente.

-Sí. Necesito una cosa de ella-dijo la pelirroja, agarrada a la aleta de Bruce y con mucha concentración en la mirada.

-¿De… Úrsula?

-Sí. Aquí es dónde vivía…

Jim miró a Ariel con ceño. Empezaba a molestarle todas las cosas que ella le ocultaba, ya bastaba con que no le hubiera comentado el pequeño detalle de que era una sirena, pero ahora estaba claro que entre ella y Úrsula había algo, y que tenía que ver con su muerte y la tristeza que siempre la embargaba, estaba seguro. Y sin embargo ella permanecía igual de silenciosa que siempre…

-Oye, estaría bien… me gustaría que me explicaras algo-dijo Jim cruzándose de brazos insatisfecho. Ariel se volvió y le lanzó una mirada de desesperación.

-Te prometo que lo entenderás… solo ten… paciencia-le pidió-creo que solo podremos detenerla a ella… si lo hago…

Eso no era suficiente, pero Jim prefirió no insistir.

-La guarida de la Morena…-Bruce nadó por los estrechos acantilados hasta detenerse frente a la entrada, la boca del monstruo cuyos enormes fauces permanecían abiertos. No es que invitase a entrar tampoco…-si no os importa yo me quedo aquí… este sitio no me gusta nada… soy como un pezqueñito… ¡en la boca de un tiburón! ¡AJAJAJAJAJAJA JOJOJOJOJOJO JA JA JA!

-Sssssssh, no hagas tanto ruido-le dijió Ariel, señalando a las minas de detrás.

-Perdón-se excusó Bruce, dejándolos bajar de su lomo. Ariel echó a nadar hacia el interior de la caverna sin decir nada más. Jim la miró y luego a Bruce. El tiburón le sonrió intentando resultar agradable-yo os espero aquí, no hay prisa. No hay ninguna prisa.

-Gracias-dijo Jim, y luego fue detrás de Ariel.

El interior de la guarida era efectivamente las entrañas de la bestia. En el techo se podía distinguir la columna vertebral, y en las paredes sus gigantescas costillas. Jim escuchaba de nuevo voces, pero esta vez no cantaban como antes. Parecían quejidos y lamentos. Pronto descubrió por qué.

Al girar hacia lo que debía de ser el estómago del monstruo entraron en una enorme cueva en la que no se veía el suelo: estaba llena de pequeñas y extrañas criaturas verdosas de aspecto deforme y verdaderamente repugnante. Aquellos seres inmundos gimoteaban y hacían un ruido ahogado mientras estiraban sus delgados cuellos hacia arriba para respirar. Sus bocas estaban muy arrugadas, y estaban llenos de pústulas y llagas. Pero lo que a Jim más le asustó de ellos fue sus ojos: porque eran ojos humanos. O bueno, quizás no humanos, sirenos, pero de un ser distinto al menos. Uno de aquellos seres miró a Jim y sus ojos emitieron un brillo especial. Jim abrió y cerró la boca varias veces. Era incapaz de decir nada ante aquel dantesco espectáculo: tantas criaturas de esas formaban lo que parecía un jardín… un jardín de almas en desgracia…

-Pólipos-le dijo Ariel poniéndole una mano en el hombro-Úrsula convierte a sus víctimas en esto… y los encierra para siempre…

-¿C…cómo?-preguntó él. Muchos pólipos se habían girado hacia ellos y habían empezado a gemir desesperados, intentando articular palabras, pero incapaces de ello. Solo hacían incoherentes ruidos similares a los de un bebé que intenta aprender a hablar o los de un anciano moribundo que ya no puede hacerlo. Ariel indicó a Jim que la siguiera nadando por encima de los pólipos, pero él no era capaz.

-Úrsula tiene un hechizo-le explicó Ariel-con el que los convierte en esto… ese hechizo degrada tu alma… y a ella la hace más fuerte.

-El alma…-repitió Jim. Desde que Gantz le había salvado la vida hacía ya casi tres meses, había empezado a creer en las almas. ¿Pero hasta qué punto existían, y qué se podía hacer con ellas? Al parecer, mancillarlas y destruirlas hasta convertir a los seres en pequeñas y patéticas versiones de sí mismos… o en el caso de Gantz, obligarles a hacer lo que quisiera.

-Ven Jim… tenemos que cruzar…-le dijo Ariel. Jim negó con la cabeza. No podía pasar por encima de esas criaturas… es que ni siquiera podía mirarlas. Era lo peor que había visto nunca, y empezaba a haber visto muchas cosas.

-Iiiiiiyiiiieeeeee…-uno de los pólipos estiró lo que parecía un muñón hacia ellos. El muñón tenía unos pequeños y asquerosos dedos. Jim negó con la cabeza. ¿Cuánto tiempo llevaban esas criaturas allí? ¿Qué clase de monstruo las había puesto allí? Joder, era increíble.

-Jim, ven conmigo por favor… no podemos perder tiempo-insistió Ariel, y entonces acercándose a él, le dio la mano. Jim levantó la cabeza y sus ojos se encontraron. Recordó el beso bajo el agua. Ariel resplandecía, como una pequeña luz en aquel oscuro infierno. Lentamente Jim asintió, y sin mirar a los pólipos comenzó a nadar por encima suyo para cruzar la estancia.

No pudo evitar bajar la mirada un par de veces. Esas criaturas se retorcían pegadas unas a las otras. Vio entonces a un pólipo chillar entre la multitud, mientras otros cuantos le sujetaban y mordisqueaban su rugoso cuerpo, masticándolo y tragándoselo. Se comían los unos a los otros… debía de ser la única comida que tenían… solo así podían sobrevivir…

-No pueden escapar, porque no pueden moverse, al menos no mucho-le susurró Ariel cuando hubieron cruzado-pero cuando el jardín se va quedando vacío… Úrsula trae más…

-No… ¿no podemos ayudarlos?-preguntó Jim consternado. Ariel negó con la cabeza, tristemente.

-No podemos.

Dejaron atrás la sala de los pólipos y llegaron a unas estancias muy oscuras, iluminadas por algas luminiscentes de colores azulados y purpúreos.

-Es aquí-le dijo Ariel mirándole con seriedad-ella lo escondió por aquí…

Ariel comenzó a moverse con agilidad de un lado a otro, y lo que en un principio parecía una concha gigante cerrada a un lado se abrió, rebelando un montón de pócimas y armas que Úrsula debía de haber escondido allí.

-Mmmm…-Jim echó una ojeada a los aposentos de Úrsula: había una enorme caracola que colgaba del techo en una, adornada con lo que parecían cojines, y enfrente suyo un extraño altar que parecía un caldero costrificado. Jim se asomó y vio su rostro reflejado en el líquido negruzco que había en el interior del caldero. Debía de ser el sitio donde la bruja hacía sus pociones. Era increíble: después de Yzma, Jim ya no se cuestionaba que la magia y las brujas existieran. Había sido transformado en un puñetero tigre, y ahora acababa de ver un jardín de almas en pena. El mundo empezaba a cambiar para él, cada vez más.

Se acordó de como la última vez había robado una droga de Yzma y eso le había dado mucha pasta. Tal vez Úrsula tuviera también algo que mereciera la pena. Echaría un vistazo a sus pócimas. Pero entrando en otra estancia vio un montón de aparatos mecánicos que la bruja tenía. Había armas, y también un mecanismo que producía burbujas calientes. Debían de ser para mantener la cueva en una buena temperatura, que el pulpo encontrase a gusto.

-Jim-le llamó Ariel detrás suyo. Él se giró, dando un respingo-ya lo he encontrado…

Jim fue por los correderos detrás de ella. Tenía curiosidad por saber qué era eso tan importante. Porque se estaban quedando sin tiempo. Y después de haber estado en su casa, explorado su intimidad, le parecía que Úrsula no iba a ser tan fácil de matar como lo habían sido sus anteriores enemigos…


-Úrsula, supongo-dijo Merlín apoyando sus manos con tranquilidad mientras inclinaba su cabeza con educación, como si se la estuvieran presentando en una fiesta.

Úrsula lo miró con frialdad, y luego a sus matones, que se acercaban apuntando a Merlín y a Tritón con sus armas.

-No te conozco-le espetó Úrsula al mago.

-Oh, disculpa. Soy Merlín… un poderoso mago… he venido… bueno, he venido a matarte-dijo sonriendo, y enseñándole sus pistolas y su espada-si no te importa, claro.

Úrsula miró a sus secuaces, extrañada. Uno de ellos se acercó al mago con un arpón, dispuesto a dispararle, y entonces Merlín sacó la espada y con un rápido movimiento le decapitó. Todos ahogaron un grito al verlo, y Úrsula retrocedió, impactada.

-Mejor, sí-Merlón sonrió con calma-ahora lo mejor será que me escuches. Quisiera hablar contigo en privado, si no te es molestia.

Úrsula negó con la cabeza, perpleja.

-Me temo que eso no va a poder ser-dijo una voz ronca. Merlín alzó la cabeza sorprendido. Por donde antes había entrado la mujer pulpo se colaban ahora dos morenas, las más grandes que el mago había visto en su vida: eran más largas y gruesas que él, y sus dientes del tamaño de los dedos de un humano, y afilados como su propia espada. Las dos morenas descendieron en círculos hasta rodear al mago y a Tritón. Parecían lentas… pero Merlín tenía claro que se podían mover muy rápidamente.

-Un humano en Atlántica…-gruñó la otra morena, que tenía la voz todavía más grave que la primera-Tritón debes de estar volviéndote loco… con lo que tú odias a los humanos.

-También os odio a vosotros-dijo Tritón, impasible-marchaos ahora mismo de mi casa. Porque si no os mataré a todos.

-Lo vas a intentar de todas formas, aunque nos fuéramos ¿no es cierto?-rió la morena, dándole un leve golpe con su grueso cuerpo al rey. Tritón frunció el ceño. Estaba empezando a enfadarse de verdad-pero esto se ha terminado ¿no?-miraron a Úrsula, que estaba muy seria.

-Sí Tritón… es hora de que pagues…-siseó Úrsula. Tritón miró a la mujer pulpo extrañado. Tanto tiempo sin verla… y ahora ni siquiera la reconocía. Le pasaba algo… ¿tenía miedo?

-Es hora sí…-dijo Tritón cerrando sus ojos. Merlín se apartó un poco, sabiendo lo que iba a venir. Entonces el rey abrió los ojos, y estos se iluminaron con un brillo terrible, y chispeante. El rey estaba furioso-¡ES HORA DE PAGAR!

-Disparad…-empezó una de las morenas, pero entonces Tritón dio un grito tremendo, y una onda expansiva hizo que todos perdieran el equilibrio y salieran disparados. Úrsula se cayó al suelo, y las mantas y langostas que la acompañaban la siguieron, algunos perdiendo sus armas.

-¡MATADLO!-rugió la otra morena, reponiéndose del ataque de Tritón más rápido.

-¡RUUUUAAAAH!-los secuaces de Úrsula se abalanzaron sobre Tritón, que esquivó sus disparos y luego se arrojó contra ellos. Agarró a una langosta por el cuerpo y la hizo una llave, cogiéndola luego por la cola y usándola como maza contra los demás.

-Increíble… la cólera del rey del mar-dijo Merlín sonriendo. Entonces se dio cuenta de que con la onda, había perdido el radar. Lo vio en el suelo y se agachó para recuperarlo, cuando una de las morenas pasó por encima suyo y le dio una leve cabezada. Fue solo un momento, pero Merlín notó con agudo dolor como los dientes de la criatura se le clavaban en la espalda y le desgarraban la carne-…¡AAAAAAAAAH!-gritó el anciano, herido-¡Maldita sea!-apuntó a la morena con la pistola de luz para liquidarla, pero luego lo pensó mejor. Era más apropiado guardar las municiones, al menos por ahora.

-¡NO!-Tritón evitó que un pequeño tiburón le mordiera en el costado, justo cuando una de las langostas le apuntaba y disparaba varias balas de erizo. Pero haciendo un gesto, Tritón detuvo las balas en el aire. Se quedaron ahí, estáticas, y todos los matones de Úrsula contuvieron la respiración-yo soy el señor del mar…-dijo Tritón con voz grave. Daba verdadero miedo, parecía más grande y terrible que nunca-¡NO VIOLÉIS MI MORADA!-y diciendo esto las balas volvieron hacia quien las había disparado, clavándose en su cuerpo y matándolo en el acto. Tritón empezó a mover las manos creando una burbuja en sus manos, que se fue volviendo más y más grande. Los sicarios de Úrsula se fueron reagrupando preparándose para su ataque, cuando Tritón les lanzó la burbuja y los hizo saltar por los aires. Cuando todos cayeron al suelo, impactados, unas algas aparecieron de la nada y los ataron todo el cuerpo. Tritón luego los encerró en unas burbujas, uno a uno. Los peces chillaron furiosos encerrados en las burbujas, que se fueron elevando hacia la cúpula de la sala. No podían escapar de ellas, al menos en apariencia.

Y entonces las burbujas se fueron calentando más y más conforme Tritón apretaba sus puños. Las criaturas chillaron y dieron golpes contra las burbujas tratando de salir de ellas, pero les fue imposible. Dentro de las burbujas la temperatura iba ascendiendo y ascendiendo a la vez que Tritón apretaba más y más sus puños. No se podía escuchar a los prisioneros gritar porque estaban insonorizadas, pero debían de estar haciéndolo, y mucho. Finalmente el calor fue tan fuerte que su piel se fue deshaciendo en pedacitos como un papel que se ha mojado. Pronto las burbujas, que ahora brillaban con un intenso color dorado, tenían tan solo en su interior los restos de lo que antes habían sido despiadados asesinos.

Las dos morenas se miraron, preocupadas. Ya solo quedaban ellas dos, y Úrsula. La bruja del mar seguía en el suelo, y miraba a Tritón, indefensa.

El rey del mar avanzó hacia ella con los ojos tan brillantes como las burbujas que había creado, y la barba ondeante.

-¿Tienes algo que decir, bruja?-preguntó, y su voz retumbó en toda la sala con eco.

Merlín miró a Úrsula, interesado, y luego al radar. Esto se ponía interesante…

-¿Papá?-dijo una voz. Tritón se volvió hacia la entrada de la sala del trono, con sorpresa. Allí estaban sus hijas de nuevo, las cinco que no le habían abandonado todavía. Andrina y Adela estaban las primeras, con Alana, Arista y Aquata detrás de ellas. Marina llegaba detrás de las chicas jadeando.

-¡ESPERA…!-gritó la institutriz, pero al ver a los guardias muertos en la entrada y la dramática escena que estaba teniendo lugar en la sala del trono, se quedó paralizada-oh…

-Es Úrsula…-susurró Andrina mirando a la bruja del mar, que estaba tirada en el suelo, y miraba a las niñas con la mirada perdida. Aquata contuvo un grito.

-¡Mátala papá!-gritó Arista, asustada-¡ya la tienes!

Pero en la mirada de su padre Arista vio que algo no iba bien. Tritón parecía estar librando una lucha interior. Y Úrsula lo sabía. La bruja lo miró con profundo desprecio.

-Sabía que no lo harías-le dijo-solo quería saberlo… era el único modo.

-No…-musitó Tritón-tú no eres…

Merlín observaba la escena con el máximo interés, cuando de repente se dio cuenta de algo y se apartó de al lado del trono, poniéndose a cubierto. Úrsula, que estaba de frente a la ventana del final de la estancia, también lo vio, y dando un chillido se cubrió la cabeza con las manos. Tritón se giró sorprendido para ver como el cristal de la ventana reventaba y entraba en la sala un enorme caparazón de tortuga, seguido de otro más. Detrás de ellos venían un montón de peces y delfines, encabezados por Gill.

-¡Majestad!-exclamó Gill, alzando una pistola-¿estáis a salvo?

Tritón los miró con sorpresa.

-Pues vaya tontería ¡claro que está a salvo!-chilló Marina indignada-¿pero qué es todo esto?

-¡Papá!-las hijas de Tritón lo miraron con miedo. Aquello era de locos.

Los caparazones se abrieron, y de ellos bajaron Hércules, Aladdín, Helga y el resto del equipo. Hércules llevaba su pistola de luz en la mano, y sin decir nada más apunto a Úrsula con ella.

-Fin de partida-dijo el musculoso joven, deslizando su dedo hacia el gatillo.

-¡NO!-Ariel agarró la mano de Hércules y le hizo bajar el arma justo antes de dar el disparo.

-Caray-comentó Merlín con sorpresa-eso sí que es inesperado…

-¡Ariel!-exclamaron Aladdín y Lilo con sorpresa.

-¿Qué pasa? ¡Tengo que acabar con ella!-dijo Hércules, mirándola con recelo. Ya se esperaba algo así. Nunca era tan fácil… ¿qué sería esta vez?

-Ella no es Úrsula-dijo Ariel angustiada-creo que Úrsula… Úrsula no está aquí…

-¿Y dónde está?-preguntó Hércules. Entonces se volvió hacia Merlín, que permanecía en silencio-¿tú lo sabías? ¿sabías que no era ella?

-Ya te lo dije, yo no intervengo en lo vuestro-dijo Merlín levantando la mano con indiferencia.

-¡IBA A MATARLA!-gritó Hércules furioso.

-¡Te ibas a ocupar tú de todo ¿no es eso?!-replicó Merlín escupiendo al gritar-¡de momento no parece que vayas muy bien!

-Ariel…-Tritón miraba a su hija con los ojos temblando, como si fuera una aparición. Ahora ya no parecía tan fuerte e imponente. La luz brillante de las burbujas que había creado, que había teñido toda la sala de dorado, comenzó a descender poco a poco-Ariel…

-¡Ariel!-Aquata se llevó las manos a las mejillas, alucinada.

-¡Ariel! ¡Ariel!-el resto de hermanas de la sirenita fueron hacia ella, sin saber qué decir, simplemente alucinadas-Ariel… ¡OH!

Andrina se tiró a los brazos de su hermana y la abrazó con fuerza. "Vaya… la que decía que era una fresca-pensó Marina al verlo-vaya falsa". Las cinco hermanas de Ariel fueron a abrazarla sin esperar por turnos, y pronto todas estaban encima de su hermana. Desde un lado, Sebastián sonrió enternecido. Aquel reencuentro había conseguido emocionar al cangrejo. Marina en cambio estaba enfadada. No entendía nada de lo que estaba pasando, salvo que no soportaba a Ariel porque era la más problemática de todas, y no quería tener que volver a aguantarla otra vez.

Alana se había puesto a llorar como una magdalena.

-Creíamos… sob… que no te íbamos a ver más…-sollozó-¿por qué te fuiste…? Estúpida…

-No…-Ariel intentó quitárselas de encima, angustiada, pero no pudo. En realidad ella no quería nada de aquello-no quería volver…

-¿Por qué no?-le preguntó Arista extrañada. Luego pareció entender…-¿estas enfadada… con nosotras…?

-Con nosotros…-dijo Adela mirando a su padre de reojo. El rey seguía a un lado, incapaz de decir nada. Todo él estaba sumergido en su hija, mirándola. En ese momento para él no parecía haber nada más. Solo ella. Hasta Úrsula había desaparecido.

-Ariel…-dijo el rey con voz débil-hija…

Ariel miró a su padre unos segundos, y lo hizo con extrema dureza. El rey la sostuvo la mirada, y ella finalmente la desvió, con los ojos enrojecidos. No se esperaba aquello. No quería aquello. Pero tenía que intervenir, para acabar con todo eso de una vez. Conocía el plan de Úrsula… y estaba por llegar a su fin.

Entonces se dio cuenta de una cosa.

-¿Y Jim?-preguntó volviéndose hacia Aladdín. Él parecía muy preocupado.

-No lo sé…-dijo-no sé dónde está. Le busqué pero no le he encontrado…

-Sigue con vida-les tranquilizó Merlín mirando el radar. Aladdín se volvió hacia él, cabreado. Estaba hartísimo del puto anciano.

-¿Y DÓNDE?-le espetó.

-En un lugar al este…-observó Merlín-parecen unas grutas en unos acantilados…

-Oh no…-Ariel palideció-no, no… él… tenemos que ayudarlo…

-¡Pero tenemos a esta tía, ¿no?!-intervino Kuzco señalando a Úrsula con impaciencia-¡ella es el objetivo! ¡Matadla ya joder, porque me va a dar un infarto!

-Es que es eso, maldita sea-le apoyó Timón.

-Pero la chica ha dicho que es que no es Úrsula…-les recordó Pumbaa.

-No, no lo es-dijo Ariel volviéndose a Úrsula, que estaba tirada en el suelo, y la miraba, inexpresiva.

-Ariel…-dijo la supuesta Úrsula con voz débil.

Entonces Hércules sacó la caracola con un agujero y la usó de nuevo: efectivamente, donde debía estar el cuerpo de Úrsula la caracola mostraba a una joven un poco mayor que Ariel, muy parecida a ella.

-Attina…-Ariel cogió el collar de caracola del cuello de Úrsula y se lo quitó. Entonces el cuerpo gordo y flácido de Úrsula se fue replegando y por así decirlo "adelgazando" hasta recuperar la forma de una sirena, de cola de un intenso color rojo y cabello castaño corto. Era parecida a su hermana en el físico, tal y como observó Aladdín, aunque estaba claro que era más mayor, quizás seis años o más.

Úrsula era ahora estaba Attina, la hermana mayor de Ariel, y la que faltaba por estar de todas. Ariel miró a su hermana con tristeza mientras Andrina, Adela, Alana, Aquata y Arista daban gritos de sorpresa.

-A… Attina-Marina miró a la chica llevándose una mano a la boca y clavándose las uñas. La de problemas que le estaba trayendo su desaparición y ahí estaba. ¡Pero si ella siempre había sido la que se comportaba bien, la única que cumplía con los deseos de su padre!-¿qué… qué haces…?

-Oh…-Sebastián parecía consternado. Miró al rey Tritón, que si ya parecía débil al ver a su hija Ariel ahora había palidecido hasta un nivel preocupante, y contemplaba a Attina como a su peor pesadilla.

-Attina… Attina… hija…-susurró Tritón, mientras se posaba lentamente en el suelo, y dejaba caer su cola poco a poco…

-No finjas que te sorprendes. Algo así tendría que acabar pasando-le dijo Attina a su padre, mirándolo con intenso desprecio. Ariel también miró a Tritón, furiosa. Luego se encaró con su hermana.

-Pero no tenía por qué pasar-dijo la pelirroja-te has dejado llevar… Úrsula es mala, Attina…

-¡NO ME DES LECCIONES!-gritó su hermana mayor sacudiéndosela de encima, e incorporándose al fin del suelo-¿QUIÉN TE CREES QUE ERES? ¡NOS ABANDONASTE, SO CABRONA! ¡NOS ABANDONASTE! ¿QUIÉN TE CREES QUE ERES?

-¡NO ME NECESITABAIS PARA NADA!-replicó Ariel, dando un alarido. Estaba descontrolada-¡NO ME NECESITABAIS!... ¡NO ME QUERÍAIS!

-Madre mía esto es incomodillo…-susurró Timón a Pumbaa y a Kuzco-¿no podríamos volvernos al caparazón a cazar medusas o algo así?

Kuzco por su parte había desconectado del conflicto y estaba distraído admirando las tetas de las siete hermanas, y comparándolas. Ariel tenía las más grandes y carnosas, ciertamente, pero Attina las tenía más firmes, y definitivamente sus favoritas eran las de Arista.

-¡PUEDES VOLVERTE ENTONCES! ¡SI NO TE IMPORTAMOS NADA, TE PUEDES LARGAR!-chilló Attina, desquiciada-¡TÚ TAMBIÉN HICISTE UN TRATO CON ÚRSULA! ¡ESTO YA NO ES ASUNTO TUYO, ARIEL!

Ariel miró a su hermana negando con la cabeza, y luego a las demás.

-¿Hiciste un trato con Úrsula?-preguntó Andrina mirando a Ariel enfadada-¿por eso te fuiste?

-¿Fue por eso, Ariel?-preguntó Adela, enfadada-oh no… fue por él… por el humano…

-¿Nos dejaste por eso?-chilló Arista.

-Ella también lo ha hecho….-Ariel miró a sus hermanas retrocediendo un poco, intimidada. Pero luego la rabia volvió a ella. Hacían lo mismo de siempre. Actuaban como si lo que hiciera fuera malo. Siempre actuaban así.

Irguiéndose, la sirena miró a sus hermanas con enfado, mientras ellas seguían protestando.

-No tengo que explicaros nada-les dijo con voz grave-ya no somos familia, eso está claro. Pero… pero no quiero que esto acabe así… tenía que detener a Attina.

-Yo no necesitaba QUE TU HICIERAS NADA-chilló Attina y se abalanzó sobre Ariel. Sus hermanas chillaron también y se interpusieron entre las dos, evitando que Attina la hiciese daño. Attina mordió y araño a sus hermanas, consiguiendo soltarse de ellas-¡DEJADME, PUTAS! ¡DEJADME! ¡OS ODIO! ¡OS ODIO A TODAS! ¡OS ODIOOOOOoooooo!

Rompió a llorar y cayó al suelo, mientras sus hermanas la miraban sin saber que decir. Ariel, a un lado, la fulminó con la mirada, y luego miró a su padre, culpándolo con tan solo hacerlo. Tritón seguía sosteniéndole la mirada a Ariel, pero parecía totalmente perdido. La situación estaba totalmente fuera de él. Era como si estuviera muy lejos. Siempre estaba muy lejos…

-Attina…-susurró Tritón con angustia-hija mía…

-¡YO NO SOY TU HIJA! ¡NO QUIERO SER TU HIJA!-lloró desconsoladamente Attina, llevándose las manos a las mejillas y arañándoselas-¡ESTOY HARTA, ESTOY HARTA! ¡NO LO SOPORTO MÁS! ¿NO LO ENTIENDES? ¡HE HECHO TODO LO QUE HAS QUERIDO SIEMPRE! ¡Y TÚ LO HAS ESTROPEADO TODO! ¡TODO ES CULPA TUYIIAAAAAA!

Tritón cerró los ojos y se llevó una mano a la frente. Todos permanecían en silencio, observando consternados la escena. Gill miró a su rey entristecido, él lo apreciaba mucho, pero luego se dio cuenta de que estaban de más allí. Miró a sus soldados, y con un gesto les hizo retirarse.

-Voy a reorganizar la defensa del palacio…-le dijo a Sebastián antes de desplazarse hacia la ventana rota-ustedes deberían seguir buscando a Úrsula, si es que quieren matarla en el plazo…

-¿Dónde está Úrsula?-le preguntó Hércules a Attina, avanzando. Ella le miró con los ojos enrojecidos. Las sirenas no podían sentir las lágrimas correr por sus mejillas. Se perdían en el agua. Ni siquiera podían verlas.

-Un humano…-susurró Attina. El resto de sus hermanas miraron a Hércules con miedo. Siempre les habían enseñado a temerlos.

-Escucha-dijo Hércules con paciencia-tengo que matar a Úrsula, y apenas me queda tiempo. Dime dónde está, ahora. Por favor, dímelo.

Attina miró a Hércules como en medio de un trance. De repente no veía nada más, solo a aquel extraño y apuesto desconocido que la hablaba con tanta severidad. La sirena no se encontraba bien, estaba claramente desequilibrada.

-Attina…-Adela intentó acariciar a su hermana, pero ella le apartó la mano de un manotazo.

-Os odio… os odio a todas…-susurró Attina mirando al techo de la sala-solo he intentado que todo funcionase… pero no funciona… os odio… quiero que os muráis todas…

-Oh…-Arista miró a sus hermanas incapaz de creer aquellas dolientes palabras, y luego se apartó un poco, mientras empezaba a llorar también.

-¿Dónde está Úrsula?-repitió de nuevo Hércules, claridad. Luego se volvió a Merlín, enfadado-dame el radar.

-Tranquilo hijo-dijo el mago sonriendo-ella viene hacia aquí. Esta vez no os va a hacer falta moveros a ninguno. Ya viene esta bruja del mar… lista para el asalto final.

-Esta vez espero que sea la verdadera-masculló Helga con rabia-y tú devuélvenos nuestras armas-le dijo a Merlín, en referencia al escudo mágico que les impedía cogerlas.

-No creo que lo haga-se excusó el mago, encogiéndose de hombros. Helga arqueó una ceja, furiosa-¿vas a pegarme?-se cachondeó él.

-Pues si ya viene…-dijo Hércules preparando su pistola y mirando al resto-esperémosla.

Todos se miraron, intranquilos, mientras Lady Tremaine miraba el caparazón y se volvía a subir en él. Ella no se iba a poner a tiro tan fácilmente…


Jim tenía un mal presentimiento. Un presentimiento terrible. Ya no agarraba a Ariel. Tenía miedo… porque lo entendía.

Antes, en la gruta, habían bajado a una sala secreta oculta tras una pared de algas, que rugía como el interior de una caracola, y era muy oscura, aunque brillaban algunos colores fríos de vez en cuando. Allí había un pequeño armarito, del que Ariel sacó un frasco.

-Es el conjuro de la madre de Úrsula-le explicó en un susurro-ella lo escondió aquí… es su arma definitiva… hizo mal en contármelo…

-¿Por qué susurras?-le preguntó Jim en voz más alta. Ariel señaló a las paredes. Unas largas serpientes blancas dormitaban en las paredes. Jim tragó saliva, asustado. Las serpientes marinas son muy venenosas.

-La madre de Úrsula guardó un conjuro en un frasco…-susurró también Jim mirando el frasco, que brillaba con un extraño color azul-¿qué hace ese conjuro?

-Es muy poderoso, según me dijo. Quería usarlo contra Tritón... mi padre-dijo Ariel sujetando el frasco, que le iluminaba el rostro y el pelo. Jim la miró embelesado. Estaba preciosa-Úrsula odia a mi padre… odia a todo el mundo…

-¿Por qué?-preguntó Jim acercándose un poco a ella, aunque en realidad no la estaba escuchando. Se perdía totalmente en su mirada. Si tan solo pudiera darle otro beso bajo el agua. Pero no había tiempo para eso. Ariel comenzó a nadar hacia arriba dejando la estancia atrás, y entonces le señaló a Jim un extraño grabado que había colocado en una pared de aquel particular santuario.

-Mi familia desterró a las cecaelias hace mucho tiempo de Atlántica. Úrsula vivió en la ciudad de niña, y se tuvo que marchar, creo. Desde entonces han vivido en el exilio, y han intentado volver. Mi padre mató a muchos cecaelias en largas batallas. Úrsula y su hermana eran las únicas que quedaban…

-Ya…-Jim siguió a Ariel hacia la salida de la cueva. Tuvieron que pasar de nuevo por encima del jardín de pólipos, que continuaba sollozando. Uno de ellos intentó agarrar la pierna de Jim, pero él la apartó, asqueado. Le daban tanta repulsión como lástima. Pero lo único que deseaba era alejarse de ellos.

-Vamos Bruce-le dijo Ariel al tiburón, encaramándose a su lomo-mejor vamos por los acantilados… es más rápido.

-Por la explanada es un trayecto más corto, princesa-dijo Bruce guiñándola un ojo.

-Pero estamos más expuestos-le recordó Ariel con dulzura. Bruce se encogió de aletas y decidió obedecer, nadando por los profundos acantilados, horadados por tantos siglos sumergidos bajo el agua.

Fue entonces cuando a Jim se le encendió su bombillita de nuevo. Y su bombillita nunca fallaba. Notó el tacto de Ariel en su piel, pues iba agarrado a ella, y empezó a pensarlo. Todo era muy raro. Muy distinto. Ella era muy distinta. Parecía mucho más viva… y le había dicho que le quería… que no le gustaba, pero que sí le quería… antes nunca habría…

-Sebastián me dijo que cantabas-le susurró Jim en el oído a Ariel, cariñoso. Ella asintió, sonriendo.

-¿Has hablado con Sebastián?-preguntó Ariel riendo-es muy bueno…

-Sí…-Jim echó la cabeza hacia atrás-me ha dicho que cantabas muy bien… ¿por qué no me lo dijiste? Quería oírte hacerlo…

-Era soprano, sí-dijo Ariel-¿pero dónde está Sebastián? Cuando llegamos, le perdí de vista…

Jim miró a un lado y a otro. Joder, joder, mierda… estaba en un buen lío. Notó el cuerpo de Bruce debajo de ellos. A ella no le había gustado nada encontrárselo, eso estaba claro. Lo que significaba que no estaba de su lado. Tenía una oportunidad, pues el tiburón suponía el único imprevisto de todos para ella.

-Bruce, ¿podrías parar?-preguntó Jim en voz alta. El tiburón se detuvo en seco.

-¿Y eso? ¿Necesitas ir al baño? ¡JAJAJAJAJAJAJA!-se cachondeó el tiburón. Ariel se bajó también de su lomo, extrañada.

-¿Qué pasa Jim? ¡Tenemos que darnos prisa, se nos agota el plazo!-dijo. Jim miró al suelo marino y luego a la superficie. Luego la miró a ella.

-No sé cómo sabes tanto de mí… de nosotros… supongo que nos habrás espiado, no lo sé…-dijo con voz ronca.

-¿De qué hablas?-preguntó Ariel con voz chillona-¡Jim!

-Eras mezzosoprano, no soprano, me lo dijo Sebastián-dijo Jim-es un pequeño detalle, solo tiene que ver con el timbre de voz. Yo también pensaba que sería soprano… por eso me sorprendió… pero tú… bueno, te has colado…

-Chicos, no os sigo-intervino Bruce girando sobre sí mismo distraído.

-Ella no es Ariel Bruce-dijo Jim encarándose furioso a la pelirroja, que parecía muy asustada-ella… ¡es Úrsula!

-¿Qué?-Bruce se detuvo en seco y miró a Ariel asustado-¿qué dices?

-Jim… estás equivocado-susurró Ariel alzando las manos.

-El beso… joder, era una tontería. Soy subnormal-dijo Jim, y agarrando a Ariel por el cuello, comenzó a estrangularla.

-¡ESPERA!-gritó Bruce preocupado.

-¡Socorro Bruce!-chilló Ariel lloriqueando.

-¡NO HAGAS NADA BRUCE! ¡ES ÚRSULA, TE LO JURO!-gritó Jim enfadado-¡ES ÚRSULA!

-¡Jim para! ¡Bruce, socorro, se ha vuelto loco!-chilló la pelirroja asustada. Bruce fue hacia Jim alzando sus dientes, amenazante.

-¡DÉJALA!-le advirtió, furioso. Entonces Jim le quitó el frasco con "el conjuro" a Ariel, y lo sujetó triunfante.

-Ríndete… ríndete, o lo romperé-dijo amenazante-no sé qué pretendes, pero tenlo claro. O te rindes… o me lo cargo.

-Jim… eso es muy importante-sollozó Ariel, preocupada-por favor, devuélvemelo.

-Vale-Jim se acercó a una roca e hizo un amago de estrellar el frasco.

-¡NO!-gritó Ariel con una voz grave y agresiva. Bruce la miró con sorpresa. Jim se volvió a ella, sonriendo satisfecho.

-¿No?-dijo, desafiante. Maldita sea… le había besado… por un momento había creído que ella era suya, que se habían perdonado… pero entonces… ¿dónde estaba Ariel? La de verdad.

-Me vas a hacer enfadar al final, cariño-dijo la falsa Ariel apretando los puños y echándose el pelo hacia atrás-está bien… si quieres a Úrsula, la tendrás…

-No puede ser…-Bruce miró a Ariel aterrorizado-no puedes ser…

-Sí lo es-la cara de Ariel comenzó a hincharse y a volverse morada. Sus facciones se deformaron, su cola se rasgó dejando aparecer seis gruesos tentáculos. Su barriga engordó, sus tetas, sus brazos, hasta alcanzar un nivel de obesidad preocupante. Y una sonrisa espeluznante se ensanchó en su rostro, mientras sus rosados labios se volvían de un color rojo encarnado-¡Si lo es! ¡ESSSS ÚRSSSULAAAAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!

Jim retrocedió asustado mientras la criatura soltaba una carcajada histérica y extendía sus tentáculos a todos lados, alzando las manos hacia la superficie.

-JOJOJOJOJOJO… ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJA!-rió Úrsula. Era la risa más espeluznante que Jim había escuchado nunca. Superaba a la de Bruce. Porque la de ella estaba infectada de maldad. Entonces Bruce abrió mucho la boca, y yendo hacia ella intentó darle un mordisco. Úrsula se movió muy rápido y esquivó su ataque.

-Quieto cielo, resérvate para los atlantes-le dijo Úrsula moviendo sus caderas de un lado a otro, burlona-sé que soy como para darme un bocado, pero no va a ser posible. ¡Jajajajajajajaja!

-Eres… eres horrible-dijo Bruce consternado-voy a matarte… por Ancla y Chum…

-Pues ellos se unieron a mí voluntariamente ¿sabes?-rió Úrsula-¿además tú no eres un tiburón vegetariano? Tranquilo cariño…-nadó alrededor suyo muy rápido, esquivando los intentos del tiburón para morderla- sé cuáles son tus deseos… sé que tienes ansia de carne… no te preocupes… déjate llevar.

-¡AYÚDAME BRUCE!-gritó Jim enfadado-¡TENEMOS QUE MATARLA!

-Ayyy Jim…-Úrsula se acercó a él, y apoyó su cabeza en el hombro del chico, que se giró en el acto, precavido-eres muy poca cosa para hacerte el héroe… si hasta Ariel lo sabe. Y en el fondo lo sabes tú mismo.

Jim se acercó de nuevo a una roca y amenazó con romper el frasco de nuevo.

-Qué mala eres, me vas a hacer llorar por ella ¿no?-se cachondeó-eres de película… ríndete o lo romperé… no te haré nada…

-Pero si quieres matarme-se rió Úrsula y luego esquivó de nuevo otro bocado de Bruce.

-Tienes muy pocas contigo-dijo Jim sonriendo, y tenía razón. Estaba sola y desprotegida, sin ya ejército ni armas, ni secuaces que pudieran dar la cara por ella.

-Te equivocas cariño-dijo Úrsula con una diabólica sonrisa en su rostro, frotándose las manos y los tentáculos con ambición-en realidad, las tengo todas conmigo… ¿verdad Bruce?

-¡NO!-gritó Bruce enfadado. Pero Úrsula soltó una carcajada.

-Te aseguro que sí… ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJA!


El encuentro al fin de Jim cara a cara con la bruja del mar fue a la vez que la verdadera Ariel llegaba al palacio de Atlántica y evitaba que Hércules acabara con su hermana por error. La verdadera Ariel se había escondido desde el momento en el que llegaron al mar, porque sabía que Úrsula trataría de encontrarla en el momento. Era parte del contrato vinculante entre ambas. En cuanto Ariel entrase en el mar, Úrsula lo sabría. Se había temido que la hubiera encontrado durante la misión de Garfio, donde había estado al menos tres veces en el agua, pero parecía que había habido suerte.

La verdadera Ariel había ido en primer lugar al palacio de Atlántica, donde se había enterado por la pececita Vinyl de que su hermana mayor Attina había desaparecido. Temiéndose lo peor y armada de valor, Ariel nadó hasta la guarida de la Morena, donde indagando un poco más de lo que Jim había hecho después, entendió cuál era el plan de Úrsula. Por supuesto la verdadera Ariel nada sabía del conjuro en un frasco, o se lo habría llevado. Pero sí que gracias a la caldera mágica de Úrsula, que sabía utilizar, había conseguido entender cuál era el plan de la bruja. La conocía demasiado bien…

Y esto nos llevaba al momento actual, en el que Ariel, tras desenmascarar a su hermana, hablaba con Hércules y el resto sobre lo que iba a suceder.

-Úrsula va a venir, con un ejército-les advirtió-ha estado escondiendo sus últimas fuerzas hasta el final.

-¿Entonce la batalla de lo prado de alga era solo un señuelo?-preguntó Sebastián nervioso-¡Porque no hemo dejado la piel en ella!

-Ha sacrificado a sus tropas por esto-explicó Ariel.

-Y… a su hermana-recordó Aladdín.

-Tenemos que matarla en cuanto llegue-dijo Ariel. Su padre la miró de reojo. Parecía haber envejecido cien años. Nada quedaba del terrible rey del mar, solo un hombre cansado cuya vida estaba totalmente destruida. Ariel miró a su padre con dureza, pero no le dijo nada-solo hay un problema…

-Jim...-susurró Aladdín, preocupado-si está con ella…

-¡Tenemos que hacer algo!-exclamó Lilo.

-No podemos…-dijo Ariel, muy seria-si fallamos, moriremos todos… no podemos pararnos por eso.

-¿De qué vas?-le dijo Lilo enfadada, y le dio una patada en la cola. Ariel la miró con sorpresa-¿¡por qué le haces eso a Jim!? ¡Él te quiere, ¿sabes?!

Ariel no supo que responder. Miró a Aladdín, y vio en su mirada que él estaba pensando lo mismo que Jim. Ellos tres (la pelirroja, Jim y Aladdín) llevaban juntos desde la primera aventura. ¿No podía ni planteárselo?

-Hay que ayudar a Jim-dijo Aladdín firmemente.

-Pues yo estoy de acuerdo con ella-intervino Helga, y Aladdín la miró enfadado-siempre perdemos a alguien. Y nos estamos quedando sin tiempo.

-A Billy no le importó quedarse sin tiempo cuando fue a salvarte-la recordó Aladdín apretando los puños. Helga le miró enfurecida.

-¿Eso piensas eh?-le espetó. Billy había muerto por ayudarla ¿no? Bueno…-ya sé que Billy fue a ayudarme… él sí lo hizo.

Aladdín iba a protestar cuando unos gritos los interrumpieron. Venían de los balcones del palacio.

-¡YA VIENEN!-gritó Gill-¡PREPARAD LA DEFENSA!

Un comando de mantas rayas y tiburones nadaban hacia la entrada de Atlántica. Los soldados atlantes les esperaban armados hasta los dientes, cuando algo llamó su atención: entre aquellos peces de la última facción de la Legión Abisal destacaba uno, más grande que el resto. Era un enorme tiburón que se movía enloquecido, y en un momento se comió a otro de los tiburones que nadaban a su lado, masticándolo salvajemente. Montado en este tiburón de ojos negros y totalmente desquiciado iba una enorme cecaelia, mujer-pulpo, que muy digna tiraba de unas riendas de algas y sujetaba entre sus tentáculos a alguien. Era Jim, y parecía malherido: tenía moratones en el rostro y sangraba copiosamente. Úrsula debía de haberlo golpeado un par de veces. Pero no lo había matado. Y eso era lo que el chico todavía no entendía en realidad. El por qué no lo había hecho.

-Ya verás que sorpresa se van a llevar todos cuando te vean sano y salvo… bueno, a medias-bromeó Úrsula señalando con sus tentáculos a sus seguidores por donde abordar la ciudad. Los bancos de peces habitantes de Atlántica comenzaron a chillar asustados y corrieron a esconderse, mientras el ejército se preparaba para el inesperado contraataque.

-Pero… no podrán pasar las defensas de nuestras murallas-dijo Marina, temblando, asomada en uno de los balcones del palacio, con Hércules y el resto del equipo de Gantz detrás.

-Claro que sí…-rió histérica Attina, que estaba sujeta por dos guardias sirenos-antes de venir aquí nosotros las saboteamos… están indefensos… solo que no lo saben.

-¡Tenéis que avisarlos!-le dijo Hércules a Sebastián, pero este negó con la cabeza.

-Ya e tarde…

Efectivamente, lo era: los soldados Atlantes que estaban en las barreras defensivas de la ciudad descubrieron demasiado tarde que los sistemas de las murallas habían sido desactivados. Lo que era peor: unas barracudas escondidas en los cimientos de las murallas apretaron los detonadores que habían preparado durante aquel mismo día y las murallas se derrumbaron entre brutales explosiones. Había peces corriendo por todas partes en medio de un jaleo monumental. Una madre foca lloraba buscando a su hija, mientras bancas de peces se movían en todas direcciones, aturdidos y sin saber qué hacer, provocando aún más confusión.

-¡A POR ELLOS!-gritó Gill con decisión, encabezando el frente que iba a enfrentarse a la Legión. Úrsula sonrió perversa al verlo.

-Tenía ganas de conocerte, Gill "Alma Negra"-dijo Úrsula, y entonces soltó las riendas de Bruce, que dando un alarido que retumbó en todo el campo de batalla, comenzó a nadar a toda velocidad hacia el ejército enemigo: primero mordió a varios de los escualos que lo acompañaban, y luego finalmente llegó hasta Gill y sus sirenos. Gill consiguió apartarse a tiempo, pero cinco de los soldados que venían detrás fueron devorados al momento por el terrible tiburón.

-¡NO!-gritó Gill desesperado. Cogiendo su bazooka de erizos intentó abatir a Bruce, pero este abrió su bocaza de nuevo y estuvo a punto de comerlo otra vez. Gill nadó a toda velocidad evitando las centelleantes mordidas de Bruce e intentando no acercarlo a la ciudad, pero era tarde.

-OH…-Bruce acababa de ver a toda la marea de peces que se movilizaba por la ciudad de Atlántica. Peces que serían para él… tenía un apetito insaciable. Llevaba demasiado tiempo en ayunas…-¡ROOOOOOOOAAAAAAAAAAAGH!

-¡NO!-al ver a Bruce entrar en la ciudad Gill fue detrás de él con el arma. No permitiría que afectase a los civiles, llevaba demasiado tiempo esforzándose para al menos mantener a la población inocente a salvo. Ese terrible gran blanco no les haría daño. No lo haría…

-¡Mamá…!-la bebé foca que buscaba a su madre dio un alarido cuando la enorme boca de Bruce fue hacia ella y se la tragó de un bocado, eructando luego dos de sus aletas en una nube de sangre.

-¡NO!-Gill se frenó al ver aquel descarnado espectáculo-no…

-¡Atlántica es nuestra chicos!-rió Úrsula, despiadada-¡COMED LO QUE QUERÁIS!

Haciendo una espiral los hambrientos peces de las Legiones descendieron siguiendo a Bruce y atacaron y mordieron a los peces de Atlántica sin piedad. Las antes espléndidas calles de la ciudad se habían convertido en un Armagedón de sangre y muerte. Había gritos por todas partes, y cadáveres mutilados de peces que prácticamente indefensos eran atrapados por barracudas, tiburones y langostas y despedazados por ellos. Las rayas golpeaban con ferocidad a todos los que se les ponían por delante, y algunas clavaban sus terribles aguijones envenenados en los cuerpos de sus enemigos.

Desde el exterior de los muros de los ciudades Úrsula permanecía nadando en una posición elevada, y veía la batalla que estaba teniendo lugar en Atlántica. Unos cuantos de los soldados de la Legión pusieron una bomba en lo alto de una de las torres de la ciudad, y está estalló produciendo un ruido brutal, y se derrumbó. Bruce por su parte se distinguía entre la multitud por su enorme tamaño e iba dejando un reguero de sangre a su alrededor, acabando con absolutamente todo lo que se le ponía en medio.

Mirándola de reojo mientras intentaba zafarse de sus tentáculos, Jim vio extrañado como Úrsula tenía los ojos enrojecidos. De haber estado en tierra, las lágrimas recorrerían su cara regordeta.

-¿Estás contenta…?-dijo el chico con rabia, intentando escurrirse, sin éxito. Las ventosas de los tentáculos de Úrsula eran muy pegajosas-has convertido una ciudad en un infierno… enhorabuena… sé que no te importa pero… aun así…

-Ojalá estuviera mamá… y Morgana…-dijo Úrsula en un susurró. Su pelo, normalmente de punta, estaba ahora lacio y caído. Parecía más débil que antes, hasta el color de su piel se había engrisecido. Jim no entendía el cambio total entre aquella faceta dramática y nostálgica y su anterior humor, exagerado y lleno de vitalidad, aunque fuese una vitalidad maléfica.

-Ojalá estuvieras tú con ellas…-dijo el chico. Temía que pudiera matarlo. Pero la odiaba demasiado como para callarse. La había tenido delante todo aquel tiempo. Habría podido matarla, joder…

-Nos expulsaron de la ciudad cuando éramos niñas… no sabíamos nada del mundo, creíamos que en verdad la vida era feliz… que no había predadores y presas-Úrsula hablaba con la mirada perdida hacia la ciudad-vagabundeamos por el mar durante tantos años… de trabajo en trabajo, de maltrato en maltrato… pero se lo juré a mi madre… que prendería fuego a esta ciudad. Que aún a mil leguas bajo el agua, Atlántica ardería. Y lo he hecho.

"Yo no veo que arda"-pensó Jim, pero prefirió no decirlo, aunque estuvo a punto. No quería provocar más a la bruja.

Pero desgraciadamente Úrsula ya tenía un plan para arreglar eso: ahí era donde entraba el conjuro. Destapó el pequeño frasco del que salió una sustancia blancuzca, similar al esperma, que la rodeó estirándose como una serpiente, y fue aumentando más y más de tamaño.

-Svirja nkyan lopsa turvah… snorda vabra wiokla ferda…-la voz de Úrsula se volvió más y más graves, hasta un punto que Jim creyó que estaba eructando: sus ojos se pusieron blancos, y alrededor de ella apareció una intensa luz violeta.

Entonces la sustancia que había liberado del frasco, el conjuro, se estiró más y más hasta formas un manto, y luego descendió hacia la ciudad. Conforme lo hacía Jim vio cómo se calentaba más y más, hasta volverse de un dorado color incandescente. Suficientemente caliente como para arder incluso debajo del mar. La sustancia, ahora parecida a la lava pero de un color dorado como las burbujas usadas por Tritón, se deslizó por los edificios y los peces, abrasándolos a su paso.

-¿Qué ocurre?-chilló Marina, asustada. Miró a Tritón, que por fin había levantado la cabeza, y miraba a aquella corrosiva sustancia que iba hacia ellos con horror-¿qué es eso, majestad?

-El conjuro…-repuso Tritón con voz ronca-destruirá todo el mar… su madre lo robó… tengo que impedirlo…

-¡El tridente papá! ¡Tienes que usarlo!-chilló Arista, preocupada, pero Tritón negó con la cabeza, furioso.

-Eso es lo que ella quiere… pero no será así… no volveré a usar su poder…-levantando sus brazos, Tritón salió del palacio flotando, y avanzando por entre los edificios se acercó hasta la incandescente sustancia que estaba asesinando tanto a sus súbditos como a sus enemigos. Tritón levantó los brazos con autoridad, y mirando hacia la superficie comenzó a susurrar unas palabras en voz muy baja, que luego fue gritando más.

-Convoco al poder de los océanos… el que me lo dio me protege… convoco al poder de los océanos… me lo otorgaron para que me obedeciesen… convoco al poder de los océanos… ¡CONVOCO AL PODER DE LOS OCÉANOS!

Aladdín notó como la corriente le removía el pelo, y se dio cuenta de que el agua se movía hacia Tritón. De repente todas las corrientes parecían converger hacia él. El rey estaba rodeado por un torbellino de burbujas, y de pronto todos los peces lo miraban, hipnotizados, mientras una luz azul que no parecía provenir de ningún lugar lo apuntaba, haciéndolo resaltar por encima de todo lo demás. Tritón dio un potente grito y de pronto todo el agua fluyó con una intensidad increíble. Todos los peces, sirenos y humanos que se encontraban en la ciudad perdieron el equilibrio y fueron arrastrados por las corrientes. Ni Hércules ni sus compañeros veían nada, porque el agua se había oscurecido y fluía a toda velocidad hacia las manos de Tritón, que había abierto las palmas y las movía empujando la sustancia dorada.

-¡CONVOCO EL PODER DE LOS OCÉANOS! ¡CONVOCO DEL PODER….! ¡CONVOCO EL PODER!-la sustancia dorada se frenó golpeada por la fuerza de todo el agua, y de repente fue como si el mar entero la envolviera, enrollándose en torno a ella. El agua en su plena potencia comenzó a sacudir la sustancia dorada despegándola de los edificios y haciéndola girar y girar. Y como todo fluido de densidad menor en otro de densidad mucho mayor, comenzó a disolverse muy rápido, mientras en la superficie unas enormes olas eran el resultado de todo aquel cambio de corrientes, y en la profundidad los tejados de los elevados edificios se desprendieron, y las murallas de Atlántica terminaron de derruirse por completo. Todos los peces y demás animales de Atlántica seguían paralizados, hasta que Tritón bajo las manos, y todo volvió a la normalidad. Los poderes ancestrales que había invocado se apagaron, y donde antes estaba aquella peligrosa sustancia que podría haberlo destruido todo solo quedaban cuerpos calcinados.

Tritón se giró un poco para ver a sus hijas. Por un segundo, su mirada volvió a cruzarse con la de Ariel. Y entonces dio un leve gemido y dejó de nadar, hundiéndose hasta aterrizar con estrépito en el suelo marino. Aquel hechizo de protección lo había llevado al límite de sus fuerzas.

-¡NO!-Ariel bajó hacia donde estaba su padre, y le agarró un brazo-¡NO, DESPIERTA…! Despierta… por favor…

Tritón, con los ojos hinchados y el cuerpo plagado de arrugas, la miró con tristeza. Estiró una mano hacia ella, intentando tocarla. Ariel notó como la mano le acariciaba el rostro, sin saber que decir. No quería ver a su padre nunca más. Le… le odiaba. Pero estaba ahí… y no podía dejarlo allí tirado… sería inhumano.

-Como esperaba… ese putón no usaría el tridente ni aunque le fuese la vida en ello-dijo Úrsula, aún fuera de la ciudad, observando el palacio y a Tritón caído en el suelo-oh, espera, que le va… bueno…

Se volvió hacia los pocos y fieles siervos que le quedaban a su lado. Las dos enormes morenas que antes habían estado en el palacio habían llegado hasta ella, e inclinando la cabeza con respeto, la frotaron contra el cuerpo de la bruja, cariñosos.

-Mis bebés…-dijo Úrsula con ternura. Las dos morenas sisearon complacidas mientras los tentáculos de Úrsula las acariciaba todo el cuerpo. En otros tiempos ella los había cuidado, cuando aún eran crías. Pero ahora estos dos monstruos jurásicos eran mucho más grandes que ella, y aun así seguían disfrutando con sus cariños.

-El rey ya está debilitado, y todos están en el palacio-informó una de ellas-incluida Ariell….

-Estupendo Flotsam…-Úrsula besó en la naricita al monstruo con cariño.

-Es tu hora… todo ha salido como querías…-dijo la otra morena, mirando a Jim con desprecio-vamos…

-Vamos…-Úrsula avanzó hacia Atlántica flaqueada por las dos morenas, con una expresión de satisfacción que no le cabía en el cuerpo. Parecía una sultana, rodeada por su guardia, una conquistadora. La reina que pronto conseguiría ser.

-No entiendo nada…-dijo Jim, intentando ganar tiempo, como de costumbre. ¿Por qué siempre acababa liado con aquellos putos psicópatas?-¿qué tengo que ver yo en tu plan?

-Has sido un añadido, al menos desde unas semanas-explicó Úrsula-verás, el plan original era que Ariel me diera el tridente a cambio de su vida, pero entonces la noche en que iba a conseguirlo, ella desapareció. Teníamos una especie de… acuerdo. Un contrato vinculante. Y si ella se sumergía en el mar, yo lo sabría. Pero de repente, ya no estaba.

Jim arqueó una ceja. ¿Sería entonces cuando Ariel apareció por primera vez en el piso de Gantz, con las venas cortadas? ¿era ese el motivo por el que se había suicidado? La extorsión de Úrsula era un motivo más que suficiente…

Siguieron nadando por encima de las ruinas de la ciudad. La mayoría de los peces habían huido ya abandonando sus casas, y se habían refugiado en los arrecifes, más al norte. Úrsula vio como los últimos combatientes del ejército de Atlántica continuaban enfrentándose a sus Legiones, pero ya casi nadie estaba en pie. Bruce nadaba por todas partes, atacando y mordiendo a todos. Pero a ella no la haría daño. Eso también estaba controlado.

-Estuvo desaparecida una semana… el tiempo en el que se fue a vivir contigo, supongo, a ese cuchitril que tienes por casa-siguió explicándole la bruja mientras pasaban por la aguja de un edificio que ahora estaba derrumbada en el suelo, con todas las lapas y algas que antes había tenido pegadas destruidas. Algunos edificios con curiosas formas marinas estaban manchados de sangre y agrietados. Toda la belleza y el color que destacaba de la ciudad cuando habían llegado había desaparecido-y entonces, de repente, volvió al mar. En cuanto tocó el agua del mar, la sentí. Y no me costó encontrarla. Como ya te he dicho, tenemos un contrato vinculante. Estaba en ese barco que habíais robado, para ir a matar a ese pirata. Garfio… yo no le conocía, pero sabía que estaba metido en muchos líos. Yo me acerqué hasta la isla de la Calavera e intenté atrapar a Ariel, pero ese puto cocodrilo era muy peligroso, y yo no podía acercarme. Cuando por fin la tenía, desaparecisteis todos. Ahí es donde entendí que era magia ancestral lo que os guiaba, y que ella había establecido otro contrato vinculante, más poderoso incluso que el que tenía conmigo…

pero tenía algunas pistas: para empezar a ti. Envié a Flotsam y a Jetsam a la ciudad en tu busca. Los transformé en unas criaturas humanoides, ya lo habíamos hecho otras veces antes, para comprar pociones de transformación y armas, así que ellos sabían cómo no llamar la atención. Estuvieron varias semanas muy perdidos, pero al final dieron con vosotros. Y os estuvieron espiando… para mí.

-Claro…-por eso Jim llevaba notando que lo seguían semanas. Y no era Cobra Burbujas y el D23… eran las culebras de aquella zorra.

-¿Lo sospechabas? Es que eres un niño muy listo-se rió Úrsula, pellizcándole a Jim la mejilla con fuerza. Él solo pudo lanzarle la mirada de odio más profunda de la que fue capaz-pues sí, Ariel seguía siendo fundamental para el plan, pero ahora también lo eras tú. Porque yo sabía que ella no volvería al mar ni haría nada… de no ser por ti.

-¿Por mí?-repitió Jim, atónito. La situación no tenía nada de divertida, pero no pudo evitar sonreír-oye, lo siento pero estás… mmmmn… ¿seguro que nos espiaste a nosotros?

-Sí, tú crees que te odia, y no entiendo por qué-rió Úrsula malvadamente-porque eres un cerdo con mucho encanto… me sorprende que no terminarás violándola. Pero el caso es que te equivocas. Hará lo que sea para que te mantenga con vida… espero que sea así, porque si no bueno… peor para ti, pequeñín…

Uno de los tentáculos de Úrsula se enroscó alrededor del pene de Jim y se lo aplastó a través de la ropa. El apretó los dientes, dolorido, mientras la bruja seguía riendo.

-Eres muy poca cosa… normal que estés tan desesperado-se burló. Jim no podía soportar el repugnante tacto de ella por todo su cuerpo, pero tampoco podía liberarse. Úrsula insultaba y se mofaba de sus víctimas con todo tipo de observaciones crueles y comentarios. Sus enemigos podían ignorarla en un principio, pero comentario tras comentario, lograba desmoralizar bastante a sus rivales.

Úrsula se acercó hasta la entrada del palacio, donde Ariel continuaba inclinada al lado de su padre. El resto de sus hermanas habían bajado también, y lloraban al lado de Tritón. Attina permanecía a un lado, y al ver a Úrsula llegar, fue hacia ella.

-Todo ha salido como querías…-susurró-perdóname, no pude vencerle yo misma.

-Tranquila-Úrsula acarició el rostro de Attina con un falso y exagerado gesto de cariño, y luego avanzó hacia Tritón-bueno… ¿me has echado de menos?

-Aléjate de él-Ariel miraba a Úrsula con un odio que Jim jamás había visto en sus ojos. La joven pelirroja respiraba entrecortadamente, y parecía poseída, enloquecida por la cruel criatura que tenía enfrente suyo-¡aléjate de él, no te atrevas a tocarlo!

-Ariel… no…-musitó Tritón.

-¡Matadla!-gritó Ariel mirando hacia el balcón donde aún estaban Hércules, Merlín y el resto-¡Matadla ahora, vamos!

Hércules levantó su arma, pero Merlín se la hizo bajar y sacó una de las suyas.

-Mi turno, vaquero-dijo el mago-treinta puntos, y a casita.

-Que te jodan-le espetó Aladdín detrás suyo.

-Ah sí, vuestras pistolitas que disparan rayos-se rió Úrsula-formas parte de una especie de sociedad secreta o algo así, que liquida peces gordos. Eso es lo que sacaron en claro Flotsam y Jetsam. Desaparecéis y aparecéis en los lugares más inesperados… como ahora… pero tú no esperabas que volviésemos a vernos… o no habrías podido dormir.

-¡MATADLA!-gritó de nuevo Ariel mirando hacia el balcón-¡ACABA CON ELLA, AHORA!

-Voy…-Merlín entrecerró su ojo y llevó el dedo al gatillo.

-Pero si no entiendo mal por la mecánica de vuestras armas, y por el grupo que intentó también acabar conmigo la vez anterior (me los cargué a todos), si disparan un rayo, desintegran al objetivo en su integridad, y a todo lo que ese objeto esté tocando ¿no es cierto?-Úrsula acercó a Jim hasta sus pechos y lo apretó con fuerza-así que entonces… nos vamos los dos…

-Un momento…-Aladdín vio como Úrsula estrechaba a Jim entre sus brazos, y palideció. Los mataría a los dos.

Merlín sin embargo continuaba concentrado. Y no parecía tener ninguna intención de detenerse.

-¡NO!-gritó Lilo asustada.

-Adiós Ariel-dijo Úrsula dándole un beso a Jim en la mejilla. El chico la miró desesperado. No quería morir… pero no pediría clemencia. Al menos Lilo y Aladdín se salvarían…

-¡NO!-Merlín disparó, pero en ese momento, como un rayo, una mancha roja y verde pasó al lado suyo y le quitó el arma. El rayo de luz salió disparado hacia la superficie y se perdió en ella.

-¡NO! ¿Qué haces?-gritó Merlín furioso, mientras Ariel sujetaba el arma en sus manos, ahora ya inservible. A bajo, Úrsula se carcajeaba, mientras Jim miraba a Ariel pasmado. Realmente había impedido el disparo.

-¿No te lo dije?-rió Úrsula satisfecha-¡hará lo que sea, jajajajaja! ¡lo que sea!

-Ariel…-susurró Jim perplejo.

-Hay que separar al chico de ella, y matarla-dijo Hércules, cogiéndole el radar a Merlín, aprovechando que estaba distraído-nos queda una hora…

-¡JODER!-Helga estaba harta de todo aquello. Cogió un fusil de erizos de uno de los sirenos que todavía quedaban en pie, y abrió fuego contra Úrsula. Ella puso a Jim de escudo, y el erizo se le clavó en el pecho, haciéndole dar un desgarrador grito de dolor. Jim notó como las púas se le clavaban en la piel como agujas en medio de un dolor insoportable y pataleó furioso, sin poder hacer nada porque continuaba apresado por Úrsula.

-¡ESTÁS LOCA!-le gritó Aladdín a Helga, bajando su arma, furioso.

-¡DÉJAME!-respondió ella, mirándolo con odio-¡VOY A MATARLA! NECESITO LOS PUNTOS…

-Acaba con ellos-le dijo Úrsula a Bruce, que acababa de aproximarse. Él ya no parecía un ser racional: su mirada estaba totalmente perdida, y respiraba con pesadez.

-Bruce…-dijo Ariel asustada. Ella no sabía lo que le ocurría, pero Jim sí: Úrsula se había colocado al lado del tiburón después de que él la desenmascarase en las grutas, y susurrando unas extrañas palabras lo había dejado en un estado de trance, hasta volverlo aquel monstruo salvaje.

-Yo le cuidé de niño ¿sabes?-le había explicado la bruja a Jim, que estaba horrorizado por perder al único aliado que tenía en ese momento-los terrestres lo llamáis psicólogo, creo… conseguí hacer que dejase de comer carne, como él mismo me pidió, gracias a la sugestión. Pero siempre supe que me sería útil. Por eso dejé una parte de su mente, la carnívora, dormida. Para cuando tuviera que unirlo a mi causa. Es el tiburón más fuerte del mar. Y ahora será la pieza clave en mi última batalla.

Efectivamente lo había sido. El ejército de Atlántica no se esperaba un ataque tan bestial y rápido como el de ese tiburón blanco.

Bruce miró a Hércules, Merlín y el resto de los que se encontraban en el balcón y se relamió, bufando.

-Oh oh…-susurró Timón, mientras Pumbaa a su lado tenía una reacción mucho más gráfica.

-Corred-les susurró Hércules. Entonces Bruce dio un alarido y cargó contra ellos. Merlín y Hércules lo apuntaron con sus armas para matarlo, pero desde abajo Úrsula les arrojó una bola de energía, y eso hizo que cayeran hacia atrás, heridos. Furioso Merlín se levantó, para encontrarse con las mandíbulas de Bruce cerrándose sobre él.

-¡AAAAH!-Hércules vio impactado como el tiburón se tragaba al mago de un bocado, y luego iba hacia él. Quiso apuntarle con su arma, pero de un coletazo Bruce lo derribó y se la hizo perder.

-¡NO!-Hércules intentó recuperar la pistola de luz, cuando Bruce estuvo a punto de morderle la pierna. El tiburón se había empecinado en atraparlo. Entonces dando un salto el joven evitó de nuevo otra mordida del tiburón, y se subió encima suyo.

-¡ROAAAAAAAAARRRRRR! ¡BÁJATE!-rugió Bruce girando su cuerpo e intentando atrapar a Hércules, sin éxito. Se movió hacia los lados y se golpeó contra las paredes con fuerza, pero no era capaz de quitárselo de encima. Entonces aceleró, y rompiendo una ventana del palacio salió disparado de él, yendo en vertical hacia la superficie.

-"Nos estamos quedando sin oxígeno-se percató Hércules-tengo que cargarme a este y volver ahora mismo"

-Vas a morir-le avisó Bruce mientras continuaba sacudiéndose el lomo desesperado. Hércules se aferró con fuerza y cerró los ojos. Ese monstruo era muy fuerte… pero él también.

De las branquias de Bruce iban saliendo unas pequeñas burbujitas, que aunque el tiburón iba muy rápido se fueron juntando detrás, conformando lo que parecía un cuerpo. Merlín se fue reconstruyendo poco a poco de forma sorprendente en medio de un montón de burbujas que fueron haciendo cohesión. Su rostro, aunque todavía no estaba formado, no parecía nada contento. Que se lo comieran sí que no se lo esperaba.

-¡YIAAAAAH!-dentro del palacio los sicarios de Úrsula perseguían a los humanos, y ellos oponían resistencia. Helga disparaba con la pistola de erizos a todo el que se le ponía a tiro y le pegó una brutal patada a una raya, rompiéndole la cabeza. Aladdín por su parte trataba de regresar nadando a la sala del trono, donde estaban los caparazones. Si subían a ellos, tendrían una ventaja clara.

Pero las dos enormes morenas se pusieron en medio y abriendo sus bocas enseñando los dientes lo frenaron.

-¡JODER!-Aladdín, que mantenía a Lilo sujeta de la mano, quiso enfrentarse a ellas, pero no pudo hacer nada. Un coletazo lo derribó, y las dos morenas los atraparon en cuestión de segundos.

-Aquí jugamos con ventaja, humano-rió Flotsam enrollándose y apretando con fuerza el cuerpo de Aladdín.

-Ssssí… que niña más suculenta-comentó Jetsam agarrando a Lilo por el pelo y levantándola. Ella chilló con rebeldía, pero tampoco pudo hacer nada.

-¡Los tenemos a todos! ¡Los tenemos!-gritaron triunfantes los monstruos de Úrsula. Una langosta tenía atrapado a Kuzco, y dos mantas llevaban a Helga agarrada con sus tensas colas.

-Perfecto-Úrsula exhibía una horrible sonrisa. En la ciudad ya no quedaba nadie, o al menos eso parecía: un silencio sepulcral reinaba ahora en el reino de Atlántica, como si allí no hubieran nadado peces y ballenas hacía tan solo unos momentos. Pero el último colosal ataque, el conjuro y el carnicero Bruce habían hecho huir a todos los supervivientes. Aquellos que quedaban eran ya solo Úrsula y sus más allegados, y el rey, su familia y los jugadores de Gantz. Hasta Marina había huido, sin preocuparse ya por las siete hijas de Tritón a las que en teoría debía cuidar.

Pero Úrsula se olvidaba de algo: Timón y Pumbaa habían conseguido esconderse y eludir a sus escualos. Ocultos en un largo pasillo con los suelos de color turquesa y altas y doradas columnas, el suricato y el jabalí cuchicheaban, angustiados.

-Se suponía que tenían la situación bajo control. Un poco mentira me parece a mí-se quejaba Timón.

-Tenemos que hacer algo-replicó Pumbaa-¡las armas, hay que conseguirlas!

-No podemos-dijo Timón enfadado-Pumbaa, somos un par de maricas de mediana edad con el culo bien gordo, no somos héroes… ¡ya lo has comprobado!

-Pero ellos están en peligro-replicó Pumbaa con convencimiento-¡y tenemos que luchar!

Timón iba a decir algo, pero se quedó callado. Luego fue como si se le iluminara el rostro.

-¡Ey, tengo una idea! ¿Y si luchamos?-le preguntó, animado.

-Vale…-gruñó Pumbaa.

-¿Van a luchá?-preguntó Sebastián apareciendo detrás de ellos.

-¡YIAAAAAAAAH!-chilló Timón-¡Ah! Que susto… ¡no vuelvas a hacer eso nunca!…

-Lo siento…-se excusó el cangrejo. Entonces escucharon ruidos por el pasillo-creo que lo han oído.

-¡Vamos rápido, vamos!-exclamó Pumbaa, y los tres animales nadaron por el pasillo hacia otros corredores, evitando que los secuaces de Úrsula los encontraran.

Úrsula estaba ahora en la sala del trono, y acomodada sobre él observaba triunfante al agotado rey Tritón y a sus hijas. También estaban allí Aladdín, Jim, Lilo, Helga y Kuzco, que no se atrevía a mirar a la gorda, pensando que así ella no le notaría.

-Ugh…-Jim notó la herida del disparo de erizo de mar que había recibido. Úrsula acababa de pasarle la mano por él, y se lo había curado. Realmente parecía que a la bruja del mar le interesaba mantenerlo con vida, al menos por ahora…

-Su arma…-Flotsam le acercó a Úrsula la pistola de luz que Hércules había perdido en el combate, y ella la levantó, victoriosa.

-Teníamos otras dos, pero ya las gasté-les explicó a sus prisioneros-¡son de un solo disparo! ¡¿qué clase de mierda usáis?!

-En teoría, debía de ser suficiente-musitó Jim.

-Mas no lo ha sido-Úrsula observó la pistola con curiosidad, y luego los miró a ellos-¿por qué queréis matarme? La otra unidad que vino a por mí tampoco me lo pudo explicar…

Flotsam y Jetsam rieron por lo bajo. Matar a los doce anteriores había sido muy divertido para ellos.

-No lo sabemos-dijo Jim, cuyo cabello ondeaba hacia arriba dándole un aspecto muy extraño-solo sabemos que hay que obedecer, nada más.

-Y yo estoy en la lista negra-dijo Úrsula. Luego se rascó la gruesa barbilla, abstraída-me preguntó por qué…

-Ni idea…-Jim miró hacia Aladdín y le hizo una seña. Él lo entendió. Tenían que conseguir liberarse y arrebatarle el arma. Los dos chicos comenzaron a buscar alrededor suyo algún modo de zafarse de los rapes y escualos que los tenían atrapados y abalanzarse sobre Úrsula. Pero ella era mucho más fuerte que ellos. Y también más rápida. No lo tenían nada fácil. En realidad, había muy pocas posibilidades de que sobrevivieran.

-Guardaba este disparo para ti Tritón… pero no me va a hacer falta-rió Úrsula mirando al rey del mar, que ya estaba recuperando las fuerzas, y la miraba con enfado.

-Deja en paz… a mis hijas-musitó Tritón furioso.

-Estoy aquí por ellas, mi vida-rió Úrsula-y tú no harás nada mientras yo las tengo… ¿eh?

Tritón inclinó la cabeza sin atreverse a decir nada más. Al lado de Úrsula, Attina lo miraba con desprecio. Úrsula pasó un tentáculo por el hombre de Attina y la achuchó con fuerza.

-¿Qué te parece, Tritón? Nunca lo hubiera conseguido sin tu hija… ella nos explicó como desmontar las defensas de la ciudad y nos informó de los movimientos del ejército de Atlántica. Vosotros creíais habernos vencido en los arrecifes… que monos. ¿De verdad creías que conmigo era tan fácil?

Tritón miró hacia otro lado, sin interés alguno en responderla, mientras que Ariel y el resto de sus hijas la sostenían la mirada. Las sirenas eran una raza orgullosa y fuerte, pese a todo, y aunque las aplastaran se levantarían con dignidad.

-No.-dijo Ariel con desdén-sabíamos que no sería tan fácil.

Úrsula le tiró un beso a Ariel y luego tuvo otro ataque de risa histérica que les inquietó a todos.

-"Si Hércules sigue vivo es nuestra única oportunidad-pensó Aladdín preocupado-tiene que matar al tiburón y volver… es muy fuerte… puede conseguirlo…" ¿Podría?

-Attina, ¿cómo has podido?-le dijo Adela, temblorosa, a su hermana-¿cómo has podido hacernos esto a nosotros?

-¡A nosotras!-chilló Andrina señalándose a sí misma y a sus hermanas.

-¡Cállate! ¡CALLAOS TODAS!-chilló Attina, descontrolada de nuevo-¡No tenéis ni idea! ¡OS ODIO!

-Si ya lo has dicho…-murmuró Ariel que exhibía una expresión muy sombría, que Jim no había visto nunca. Él intentó establecer contacto visual con ella, hacerle un gesto, una seña, para hacerla ver que todo iba a ir bien. Pero Ariel no le hizo ningún caso.

Al ver que no iba a conseguirlo Jim volvió a mirar a Aladdín, que ahora sonreía. Con una mirada, el árabe le señaló la ventana del fondo: por ella habían entrado dos caparazones al destrozarla. Pero ahora solo había uno. Jim se dio cuenta de que ni el cerdo ni el suricato ni Sebastián aparecían por ninguna parte, y tampoco aquella mujer, la dama que le sonaba de algo.

-No os cabreéis con Attina. Ella nunca me hubiera ayudado si no supiera la verdad-dijo Úrsula acercándose a las hermanas de Ariel, que asustadas por su presencia se encogieron abrazadas las unas a las otras. A Úrsula le parecieron unas niñatas cursis e insoportables. Al menos la mayor y la pequeña no eran así.

-¿Qué verdad?-preguntó Ariel, desafiante. Sus hermanas le pusieron las manos en el hombro para calmarla, pero ella se las apartó-¿qué mentira le has contado?

-Lo mejor de esta mentira es que es toda verdad-dijo Úrsula, disfrutando de lo lindo con aquellas caras de sufrimiento-os la diré. Pero antes tengo que hacer otra cosa…

Se volvió hacia Aladdín y Helga, que se miraron con sorpresa. ¿Qué querría de ellos?

-Uno de vosotros asesinó a mi hermana, según me han dicho-dijo Úrsula y la sonrisa de su cara desapareció en una fría mueca de odio-¿Quién de los dos?

-Creo que ya lo sabes…-dijo Helga. Aladdín la miró con sorpresa. La rubia estaba muy pálida, y temblaba un poco, aunque se esforzaba por disimularlo. Úrsula asintió, pensativa.

-Sí, tienes razón, ya lo sé. Creo que lo justo es que tu sufras lo mismo… por alguien que quieras…-dijo, y apuntó a Aladdín. Helga la miró con sorpresa-¿te parece si desintegro a tu novio?

-Él no es mi…-empezó Helga, pero luego enmudeció. Aladdín la miró asustado. "Joder, haz algo"-pensó, asustado. Pero la rubia se había quedado petrificada. El miedo a morir ella parecía ser superior a la intención de querer salvarlo.

-Helga…-la voz de Aladdín sonó con más tristeza que nunca. Ella había dicho que le protegería… que le ayudaría… y ahora… joder… iba a morir… no quería morir-…no…

-¡NO!-gritó Jim intentando soltarse de los peces que le agarraban, pero Flotsam y Jetsam se acercaron y le enseñaron sus largos dientes en señal de advertencia.

-Despídete de ella-rió Úrsula. Aladdín miró de reojo a Helga, pero ella miraba hacia otro lado. No iba a salvarlo, pero no quería verlo. No le quería ver morir por ella…

Aladdín miró de nuevo a Úrsula, sin poder decir nada más. Siempre pensó que si moría, quería tener unas últimas palabras chulas. Pero en ese momento estaba en blanco. Llegar hasta allí para acabar así… joder…

Pensó en Yasmín. No iba a volver a verla. Y eso sí que lo lamentó de veras…

Entonces Úrsula cambió la pistola de dirección, y disparó a Helga. Ella tuvo unos segundos para darse cuenta y abrir la boca en señal de sorpresa, pero entonces la luz salió de la pistola. Las hermanas de Ariel dieron chillidos alejándose asustadas, y a Flotsam y Jetsam se les abrieron mucho los ojos con sádico interés por captar hasta el último detalle de aquel increíble poder. La figura de Helga resplandeció por unos segundos en una intensa luz dorada, mientras Aladdín gritaba también, incapaz ya de hacer nada por ella, y segundos después desapareció. Ya no estaba. Ya no estaría nunca más.

-¡NO!-Aladdín abrió las manos mientras negaba con la cabeza. No quedaba nada de ella. Ni restos para recoger. Todos los demás participantes de Gantz se habían quedado también petrificados. Era la primera vez que veían desaparecer así a uno de sus compañeros. El poder de aquellas armas era devastador, y escalofriante. Aladdín miró a Úrsula con rabia, mientras ella hacía girar la pistola en uno de sus tentáculos, satisfecha.

-Era difícil no acertarla, con esas operadas tan grandes-rió la bruja, y sus esbirros la imitaron. Aladdín entonces se zafó del pez que le sujetaba y se tiró sobre Úrsula, pero ella lo inmovilizó al instante con sus tentáculos, y después lo estampó contra el suelo con violencia. Aladdín dio un grito de dolor, pero resistió con valentía. Intentó liberarse de ella, pero como le había pasado antes a Jim, era prácticamente imposible. Úrsula lo rodeó con sus tentáculos y se lo acercó, curiosa.

-Tú sí que eres un ejemplar más interesante-dijo la mujer pulpo mientras sus tentáculos se metían por la ropa de Aladdín, pasándole por el culo y las pelotas, viscosos. Él jadeó apretando los puños, pero incapaz de hacer nada-sí, a ti si te puedo entender, la verdad…

-Su… suéltame…-gimió Aladdín notando los tentáculos rodearle el torso y apretárselo hasta entrecortarle la respiración.

-¿Sabes por qué no te he matado?-le preguntó Úrsula, acercando su rostro al suyo. Aladdín lo alejó, mirando hacia el otro lado. No quería establecer contacto visual con ella-¿sabes por qué no? Porque quería que uno de los dos sufriera la muerte del otro… y ella no iba a hacerlo…

Aladdín tembló al oír aquello, y fue entonces cuando entendió, por desgracia, que sí se había enamorado de Helga. Pese a seguir queriendo a Yasmín, la rubia había conseguido robarle el corazón en lo que había empezado siendo solo un encaprichamiento. Las crueles palabras de Úrsula lo hirieron más que sus tentáculos, tal y como ella quería.

Úrsula devolvió a Aladdín a su sitio con los rapes de profundidad que lo estaban sujetando.

-Y que no se os escape está vez-les espetó. Ellos se apresuraron a asentir, asustados. Úrsula se acercó a Tritón y le obligó a mirarla levantándole los tentáculos-vamos ahora con lo importante… ¿no te parece…?

-Mátame…-susurró Tritón, con voz ronca-por favor, deja que se vayan… ellas no han hecho nada.

-Yo tampoco he hecho nada-Úrsula escupió esas palabras con una amargura superior, pero luego las camufló de nuevo con su habitual expresión burlona-Attina vino a buscarme porque estaba intentando averiguar a donde se había ido la zorra cobarde de su hermanita Ariel, que llevaba un año desaparecida.

Ariel miró a Attina de reojo, mientras ella mantenía la cabeza bien alta. Ella no se esperaba eso, aunque no dijo anda. Las demás hermanas de Ariel alternaban entre mirar a Attina y a Úrsula, que las asustaba y fascinaba en la misma medida.

-Se coló en mi casa, la guardia de la Morena, creyendo que yo no me enteraría. Pero sí lo hice, por supuesto. Sin embargo no soy una vieja gorda y loca como a muchos os gusta creer. Yo admito que en el pasado fui perversa, pero ahora he enmendado mi caminó… ¡JA! Así que decidí ser honesta con ella, y contarle la verdad… para que supiera en qué lado de la historia estaba.

-¿La verdad?-repitió Ariel, mientras sus hermanas murmuraban angustiadas. La pelirroja miró a Attina, que continuaba impasible.

-Sí. La verdad… sobre cómo murió vuestra madre. Asesinada por un humano cruel sin alma ni siquiera para compartir con su familia-Úrsula miró a Tritón, que mantenía la cabeza agachada, y tenía los ojos cerrados. No quería escucharlo-…vuestro padre.

-¿Qué?-Aquata, Alana, Arista, Andrina y Adela se miraron con sorpresa e incredulidad ¿pero qué estaba diciendo esa loca? ¿Su padre?

Pero Jim vio que Ariel parecía entrever algo en medio de aquella neblina confusa. La pelirroja se llevó las manos a la boca, mientras miraba al rey caído, que temblaba con el rostro oscuro.

-Pero… pero eso es imposible-dijo Aquata mirando a sus hermanas-¿qué dice? A nuestra madre la mataron los humanos, aquel día en las rocas. Attina, Adela y Andrina estaban con nosotras… ella… ella nos salvó…

-Nuestro padre es un sireno…-dijo Arista mirando a Tritón extrañada.

Úrsula asintió complacida. Esperaba esas reacciones. Jim por su parte solo tenía ojos para Ariel. Su madre era una sirena como las que tantas veces le había hablado Silver. Y los humanos la habían atrapado, por salvar a sus hijas. Ariel seguía con aquella expresión sombría, pero Jim atisbó el dolor detrás de esa coraza. Perder a su madre… él podía entenderla… ¿por qué no se lo había dicho?

-No, no lo es. Vuestro padre es un humano. Yo me di cuenta porque los sirenos no son tan peludos-comentó Úrsula pasando sus manos por el pecho de Tritón, que contuvo un escalofrío-hace muchos años… él conoció a vuestra mamá… y lo dejó todo por ella… la verdad es que eso es precioso…

Tritón seguía con la mirada clavada en el suelo, mientras Ariel lo miraba, cada vez más desmontada. Todo lo que estaba escuchando… no quería oírlo… pero la estaba cambiando completamente. Cuando las personas a nuestro alrededor cambian, también lo hace nuestro propio ser.

-Tritón se esforzó mucho por encajar en el nuevo mundo y ser un rey digno… yo creo que lo consiguió al principio… pero los años fueron pasando… y como en todas las historias de amor, la chispa se fue apagando-Úrsula rodeaba al rey y retorcía sus tentáculos alrededor de su exageradamente musculoso cuerpo. Jim se dio cuenta de que era verdad: Tritón era más humano que el resto de sirenas: su cuerpo era mucho menos escamoso, y más peludo. Los ojos del rey temblaban. No podía atacar a Úrsula ahora porque los demás peces matarían a sus hijas en el acto, pero tampoco lo hubiera hecho si hubiera podido. Era la hora de confesar. Era el final-así que vuestro padre decidió tomarse un respiro… se marchó del palacio unas semanas… pasó por tierra… y me conoció a mí.

-No es cierto… mientes…-Adela negaba con la cabeza, y sus hermanas también lo hicieron, porque estaban muy asustadas-estás mintiendo… eso no es posible…

Úrsula se mordió el labio.

-Ya… ¿miento, mi vida?-preguntó bajando hasta Tritón. Él no respondió. Y sus hijas se abrazaron, consternadas-enrollarse conmigo fue un error, aunque emborracharse en una taberna de la costa disfrutando de nuevo de su forma humana e irse de la lengua sobre el reino de las sirenas fue un error peor todavía. Eso llamó la atención de algunos humanos… los piratas.

-Piratas…-Jim tembló. De nuevo volvían a entrar en la historia. No le gustaba nada el cariz que aquello estaba tomando.

-Los piratas espiaron a vuestro padre y consiguieron seguirlo una vez que regresó al mar. Él y yo mantuvimos una relación de varios años, en secreto, claro está. Se suponía que yo era una enemiga declarada del reino… de la puta de vuestra madre… pero Tritón conseguía advertirme y protegerme siempre de los peligros… así es como recuperé el conjuro que una vez fue de mi madre…

Ariel y Attina seguían impasible, mientras el resto escuchaban la historia como si fuese un cuento de terror. Aladdín y Jim también lo estaban oyendo, no podían hacer otra cosa, pero su mente funcionaba a toda velocidad buscando el modo de acabar con la bruja. El tiempo corría. La hora se estaba acabando. Aladdín notó como le empezaba a faltar aire. La respiración del traje se estaba acabando también.

-Así que un día que queríamos vernos vuestro papá le sugirió a mamá que saliera a dar un paseo a la superficie con las mayores…-señaló a Adela, Aquata, Attina y Andrina-y así lo hicieron… mientras él venía a verme.

El rostro de Úrsula se ensombreció entonces, mientras sus tentáculos se retorcían cruelmente.

-¿Sabéis donde estaba vuestro padre cuando los piratas que el mismo había atraído capturaron a vuestra madre en esa red y se la llevaron?-preguntó. Ariel la miró por primera vez a los ojos. Era la única preparada para oírlo de verdad. "No lo digas-pensó Jim para sí mismo. Ya sabía dónde estaba Tritón en ese momento-joder…".-Tritón estaba conmigo, en mi cueva… estábamos follando… y fue el mejor de mi vida, si queréis que os sea sincera. Él fue todo un caballero…

-No…-las hermanas de Ariel miraron a Úrsula totalmente horrorizadas mientras negaban con la cabeza-no, no es verdad… no es cierto…

Pero Ariel sabía que sí lo era. Miró a su padre, que seguía con los ojos cerrados, y respiraba lentamente. Todo su rostro estaba congestionado por el dolor, y la vergüenza. Úrsula también le miraba, pues estaba disfrutando de lo lindo.

-¿Cómo pudiste…?-susurró Ariel. Su padre negó con la cabeza, y a ella se le quebró un poco la voz-¿cómo pudiste hacerlo…?

-Oye Ariel que es comprensible-se mofó Úrsula moviendo sus pechos con prepotencia-a una como yo no es tan fácil resistirse… ¡Jojojojojojo!

Ariel miró temblando de rabia a Úrsula, que se carcajeaba como una loca. Ella, siempre ella. Había estado ahí desde el principio, y nunca se había dado cuenta. La odiaba… la odiaba más que a nadie.

-Y no os imagináis lo que éramos… vuestro padre es un dios en la cama-se mofó la bruja, mientras las sirenas se llevaban las manos a la cabeza, totalmente destruidas. Su padre… mamá… su madre había muerto… mientras él estaba…

Úrsula y el rey se habían estado restregando como anguilas en la guarida de ella. Tritón necesitaba descargar todas las tensiones de la vida de palacio. Se sentía inferior frente a su esposa, la bella y dulce reina. Sentía que no era suficiente para ella. Ella siempre era mucho más. Pero con Úrsula era distinto. Ella era ardiente, y le comprendía. Al menos eso creía él. Porque en realidad lo estaba utilizando.

-¡OOOOoOOOOAaaaaaaAH!-Úrsula era muy escandalosa durante el sexo. Sus tentáculos acariciaban todo el cuerpo de Tritón mientras él frotaba los órganos genitales de su cola contra el orificio de ella-¡OOOOOOOOH! ¡SIGUEEEEE! ¡OHHHHH, PARA, PARA! ¡TÚ SÍ QUE SABES…. OHHHHHHH…. CARIÑO!

-AAAAAAAAAARH-Tritón presionó las tetas de ella mientras su barba la tapaba el rostro y la besaba por todas partes. Úrsula acarició sus pectorales con sus tentáculos y le hundió la cara entre sus abundantes carnes, mientras gritaba con más fuerza que nunca, poseída por el placer. Sí que le gustaba… pero estaba loca. Y por eso quería hacerle daño.

El semen del rey y la tinta que Úrsula liberó al llegar al orgasmo los cubrió mientras seguían besándose con lujuria y tocándose por todas partes, en un desesperado éxtasis.

-Volvería a repetir…-dijo Úrsula-si quieres, puedes volver a comerte a la reina de Atlántica…-pasó una mano por la mejilla de Tritón, que dejó caer la cabeza, totalmente rendido-porque ahora… tu reino… todo… es mío.

-Cuándo me lo contó, yo tampoco la creí…-susurró Attina, hablando por primera vez en mucho tiempo-pero luego me enseñó una sortija de padre… y escritos de él… cartas de amor… ya nada tenía sentido. Pero tenía que asegurarme. Así que acepté disfrazarme de ella… y ver si él la odiaba tanto como decía…. Y no es así…-su voz se quebró y por unos momentos se quedó sin aliento-no es así… no la odia… nunca la haría daño…

Se hizo un silencio en la sala. Andrina y Alana lloraban, mientras las demás seguían abrazadas entre ellas, incapaces de reaccionar, sin saber qué hacer. Todo lo que creían cierto no lo era. Ojalá estuviera su madre. Ella sí las quería. Ella sí sabría qué hacer. Attina miró a su padre con odio, aunque también se la veía rota, y Ariel, que era la que estaba más cerca de él, estaba totalmente en shock. No quería imaginarlo, pero lo veía. Los veía a los dos, en aquella putrefacta cueva. Úrsula… Dios, iba a matarla.

-Eres… te… te odio…-dijo Ariel mirando a Úrsula con una mueca de asco. Ella se volvió con sorpresa.

-Ya lo hablamos una vez, gilipollas. Cada uno tomamos nuestras elecciones. Tu padre me eligió a mí, frente a tu madre… y tú también elegiste, frente a tu familia-soltó una carcajada-y frente al pobre Jim… lo tienes más seco que el desierto.

Ariel miró a Jim un segundo, pero luego volvió a Úrsula de inmediato. "No le importo una mierda"-pensó Jim, que veía el trono de Úrsula y los chorros de burbujas, e intentaba buscar una forma de llevarla hasta allí para su nuevo plan. Pero si no le importaba… ¿por qué lo había salvado antes, cuando Merlín iba a desintegrarlos a los dos? Sabía lo que estaba en juego…

-Y ahora llegamos a la parte más importante, lo único por lo que me he molestado en mover mi gordo culete hasta aquí-explicó Úrsula nadando en círculos en torno a sus víctimas. Hizo una estudiada pausa dramática y luego prestó atención al rostro de todas-el tridente.

Se hizo un silencio sepulcral. Las siete hermanas se miraron entre ellas, lívidas. Úrsula alzó las cejas, curiosa.

-¿Os he robado la voz a todas? Venga ya… sé qué lo sabéis. Aunque no sabéis dónde está, claro. Eso solo lo sabe Ariel… y me lo tiene que decir… rápido, antes de que se muera porque se os acaba el plazo-con uno de los tentáculos Úrsula les enseñó el radar que se le había caído a Hércules y sus secuaces habían recogido-ya no tendré que preocuparme más por si vienen a matarme o no cuando lo tenga… porque yo, al contrario que vuestro padre, sí que voy a utilizarlo.

-No podías haberlo usado para matarla… para acabar con todo esto…-le susurró Attina a Tritón-la querías demasiado…

-¿Y tú qué?-Ariel se giró a su hermana mayor, asustándola por su repentina reacción-¿tenías que hacer esto para quedarte en paz? ¿¡tenías que destruir todo el reino!?

-¡YA TE HE DICHO QUE NO ME HABLES!-le gritó Attina descontrolada. Ariel la miró con asco y decepción, y luego se alejó de ella.

-Cuando la muerte de la reina Anthea fue confirmada por las gaviotas que la vieron colgada de aquel mástil, se declaró el luto en toda Atlántica-recordó Úrsula. Las sirenas agacharon la mirada, doloridas. Lo recordaban a la perfección. Ya habían pasado diez años… les costó mucho recuperar el cuerpo, todos lo sabemos... y el tridente de la reina, por decisión de su marido, rey consorte, fue guardado, ocultado, en una cámara del palacio imposible de encontrar excepto para los que ya sabían dónde estaba. Un antiguo hechizo marino… que Ariel consiguió sortear…

Ariel miraba a Úrsula con miedo. No entendía como ella sabía eso. Nunca se lo había contado, ni siquiera cuando se conocieron… Por primera vez su padre había levantado la cabeza y algo más a parte de la vergüenza y el dolor que torturaban su rostro brillaba en él. Parecía… ¿esperanza?

-¿Cómo… cómo lo has sabido…?-preguntó la pelirroja. En teoría aquel secreto solo lo sabían ella… y Flounders, claro.

-¿Quién crees que me lo dijo?-se burló Úrsula-estaba desesperado por ayudarte. Se habría ocupado él mismo, pero entonces… bueno las cosas se complicaron para el pobrecito Flounders…

Ariel tragó saliva, claramente afectada. Jim no entendía nada de lo que estaban hablando, pero sí que le sonaba algo de todo aquello: la leyenda del tridente. Silver también le había hablado de ello, y por supuesto tampoco le había creído.

-El tridente del mar es el tesoro más codiciado por los piratas, Jim-explicaba Silver, mientras sentados en las cocinas lavaban los platos. Jim se había ofrecido como pinche para ayudar a Silver los fines de semana-bueno, por los piratas y por todos los hombres de mar, vaya.

-Déjame adivinar… el tridente te permite controlar el agua ¿no?-se cachondeó Jim-hay una serie en la que sale una cosa así…

-Ríete, sinvergüenza-le respondió Silver, fingiendo enfado-el tridente te permite controlar el mar y las mareas, el viento y los rayos. Su poder es tal que podría hacer que todo el agua del mar se levantara en una columna… ¡y llegase hasta el cielo!-alzó sus brazos con exageración. Jim arqueó una ceja, incrédulo.

-Ya… ¿y dónde se supone que está? ¿Es otra de tus islas? ¿Isla Súpertridente?

-El rey del mar lo guarda, según sé. Creo que sí, desde… bueno, eso creo, Jim.

Jim miró a Úrsula preocupado, mientras recordaba las palabras de Silver sobre el tridente. Si era cierto (como lo había sido todo lo demás que su buen amigo cyborg le había dicho), el tridente le permitiría controlar los mares… no quería ni imaginárselo…

-A ver si lo ves…-dijo Úrsula poniendo las manos como si estuviera haciendo una fotografía-una ola gigante que arrastra todos los puertos y la ciudad de los hombres… el mar en toda su fuerza, contra la naturaleza nadie puede enfrentarse…

Vale, ya se lo imaginaba. Todos en Suburbia morirían si el mar los arrastraba. ¡Tenían que hacer algo! Verdaderamente esta vez había mucho en juego, más que nunca. Y se estaban quedando sin tiempo…

-Cuando tu hermana vino a verme pensé que también sabría el emplazamiento del tridente, pero no es así. Al parecer el rey Tritón no consideraba digna a la heredera de saber dónde estaba el mayor tesoro de Atlántica-Úrsula metió el dedo en la llaga, porque Attina al escuchar aquello volvió a fulminar con la mirada a su padre, movida por una rabia inhumana-bueno, Ariel, entonces vamos a terminar ya con esto. ¿Quién nos iba a decir que llegaríamos a este punto el día que nos conocimos?

Ariel negaba con la cabeza, intentando alejarse de Úrsula, pero las dos morenas se pusieron detrás de ella y la impulsaron con sus colas, acercándola a la bruja. Los tentáculos de Úrsula enredaron a Ariel consigo, y ella no luchó por liberarse como sí habían hecho Ariel y Jim. Ya sabía que era imposible.

-¿Dónde está el tridente, Ariel? Venga, díselo a mami…

-No eres… mi madre…-jadeó Ariel, porque los tentáculos de Úrsula la estaban apretando la cintura. La bruja fue apretando más y más los tentáculos rápidamente, haciendo que Ariel se pusiera colorada por la falta de aire.

-¡EH!-Jim intentó acercarse a Úrsula, pero se lo impidieron. Se sorprendió de sí mismo. Pero es que no podía soportar ver a Ariel en esa situación. ¡Tenía qué hacer algo! Ariel entonces lo miró en ese momento. Y Jim vio un extraño destello en su mirada. No estaba asustada. No temía a Úrsula. Lo que significaba que… ¿tenía un plan?

-No pienso decírtelo…-le dijo Ariel a Úrsula con voz ahogada-te odio… puedes matarme…

La sonrisa de Úrsula vaciló un poco, pero no la perdió. Avanzó hacia las hermanas de Ariel, alzando sus tentáculos amenazadora.

-¡Prometiste que no las harías daño!-para sorpresa de todas, la que habló esta vez fue Attina-a ninguna… ese era el trato…

-Demonios marinos, es verdad-Úrsula exageraba cada emoción como si todo se tratara de un gran teatro. Jim aborrecía eso con toda su alma-pero entonces si no puedo matarlas a ellas… ¿a quién…? Con tu padre sería demasiado fácil…

-Él no me importa…-dijo Ariel. Úrsula alzó una ceja y se acercó a Tritón. El rostro de Ariel se volvió completamente inexpresivo cuando la bruja se fue acercando a su padre, pero luego Úrsula se alejó de él y fue hasta Jim.

-¿Y él?-preguntó la bruja, enganchando de nuevo sus muchos brazos en torno a Jim. Los jóvenes se miraron unos segundos y Jim despegó los labios, mirándola suplicante. Pero no tenía miedo. Sabía que ella no iba a permitirlo. Y eso le reconfortaba…

-No quiero que mates a nadie por mi culpa… aunque sea él-dijo Ariel, y Úrsula soltó una carcajada.

-Ay Ariel… te conozco mejor de lo que crees. De hecho, creo que mejor que tú misma… pero bueno… dime, ¿dónde está? No puedo esperar más…

Ariel miró solo un segundo a su padre, tan rápido que fue casi imperceptible, al igual que el movimiento de cabeza de él.

-Aquí… en esta sala-dijo la pelirroja. Sus hermanas murmuraron, asustadas ¿de verdad iba a dárselo? Con él… nada podría detener ya a Úrsula.

-Venga…-Úrsula incitó a la pelirroja-dime donde está… y tendrás tu premio… de verdad que sí, créeme. Nunca quise que las cosas acabaran mal entre nosotras, sabes que siento debilidad por ti.

-Eso no es verdad-dijo Ariel con un hilo de voz. Vaciló unos instantes, pero luego nadó por encima del trono de Tritón hasta una pared llena de lapas. Las miró entrecerrando los ojos un segundo, haciendo memoria. Aún recordaba perfectamente la combinación-cuando murió mamá yo no podía dormir, y una noche decidí salir de mi cuarto… así que fui al trono que ella solía ocupar, y vi como mi padre y Celtus guardaban el tridente… es un pasadizo secreto…

Ariel tocó varias de las palas y de repente el suelo debajo de ella empezó a temblar. Un estrecho conducto se fue abriendo rebelando un túnel que bajaba a un área secreta del palacio. Todos lo miraron con atención, pero Úrsula se adelantó al resto, y los ojos la brillaron por la codicia.

-Sí…-susurró con voz ronca-eres mío.

¡BANG! ¡BOOOOOOM! El caparazón reventó la otra cristalera del salón del trono y abrió fuego (o mejor dicho, burbujas tan calientes como el fuego) contra Úrsula y sus secuaces.

-¡AAAAAAAAAAH!-Úrsula no fue capaz de esquivar una de las burbujas, que la derribó y le hizo sangrar en el estómago y dos tentáculos. Furiosa, giró la cabeza para ver el caparazón que pasaba por su lado persiguiendo a Flotsam y a Jetsam.

-¿Dónde está el tiburón?-preguntó Flotsam mientras esquivaba otro disparo del caparazón.

-¡AJAJAJAJAJA! ¡YA SON NUESTROS!-gritó Timón, sentado en el asiento del copiloto, mientras Lady Tremaine, al volante, disparaba otro torpedo hacia Flotsam y Jetsam, alejándolos.

-El objetivo…-Lady Tremaine apuntó hacia Úrsula con el caparazón pero esta vez ella consiguió esquivar el disparo.

-¡PUTA!-gritó Úrsula y de sus manos salieron unas bolas de energía color rosa que lanzó contra el caparazón. En el interior del vehículo saltaron unas luces rojas de aviso. El ataque de Úrsula había afectado a su sistema.

-No ha dado-dijo Sebastián-tiene que recalibra lo motore…

-¿Cómo hago eso?-preguntó exasperada Lady Tremaine. Sebastián comenzó a trastear con sus pinzas en la pantalla de mandos.

-¡Yo me ocupo!

-Pues mejor daros prisa, porque ya vienen-dijo Timón agarrado a Pumbaa y señalando al cristal del caparazón, por donde se veía a Flotsam y Jetsam volver a la carga, seguidos por otro montón de cabreados miembros de la Legión Abisal.

-¡A LA MIERDA!-Úrsula lanzó otro poderoso rayo de energía púrpura contra el caparazón, volcándolo, pero entonces Aladdín la saltó encima y pasándole el brazo por el cuello comenzó a estrangularla, metiéndole los dedos en los otros.

-¡ASESINA!-gritó el árabe, zarandeándose encima de ella pero sin soltar su agarre. La piel de Úrsula se puso aún más morada al empezar a faltarle el oxígeno.

-¡AAAAAAAH! ¡CABRÓN!-los tentáculos de Úrsula agarraron a Aladdín y consiguieron quitárselo de encima. Úrsula creó otra esfera de energía que arrojó contra Aladdín, acertándole en el vientre. El chico dejó escapar un chorro de sangre por la boca y se derrumbó.

-¡NO!-gritaron a la vez Aladdín y Ariel, viéndolo. Nadaron hacia él para ayudarlo, pero Úrsula los atrapó a los dos con sus tentáculos.

-Os venís conmigo-dijo, furiosa. Le sangraban los ojos por el salvaje ataque de Aladdín, pero aún parecía capaz de ver.

-¡NO! ¡ALADDÍN!-gritó Jim, pero Úrsula cogió al moreno con otro tentáculo y lo arrojó por la cristalera que daba a un patio interior. Aladdín cayó lentamente dejando una estela de burbujas mientras lo hacía y se derrumbó en el jardín de algas y corales del rey Tritón, inmóvil.

Úrsula se acercó al túnel que había revelado Ariel y se metió en él llevándose consigo a los dos chicos.

-¡JIM!-Lilo, que había corrido a ocultarse detrás de una columna, vio a su amigo desaparecer por el pasadizo secreto con Úrsula y quiso ir hacia él, pero Jetsam se interpuso, y abriendo la boca intentó morderla-¡IIIIIIIIH!-Lilo nadó hacia la dirección opuesta, pero entonces Jetsam la atrapó de una pierna y comenzó a llevársela consigo-¡JIIIIIIM!-chilló Lilo, indefensa. Entonces vio una de las armas en los cadáveres de los guardias a los que el ejército de Úrsula había matado. Era una de esas lanzas eléctricas. Tenía que alcanzarla. Pero el agarre de Jetsam era muy fuerte, y uno de sus dientes atravesó el hueso de la niña. El dolor era tan fuerte que Lilo comenzó a llorar, y sus manos no respondieron al impulso.

-¡DÉJALA, MONSTRUO!-gritó Andrina furiosa, y le clavó otra de las lanzas a Jetsam en un ojo.

-¡RUAAAAAAAGH!-la morena se retorció enfurecida, mientras Arista, Aquata y Adela, armadas también con las lanzas de los cadáveres atacaban a Jetsam.

-¡TOMA! ¡TOMA!-gritaron enfurecidas las hermanas. Todo aquello las había desquiciado, ya les daba todo igual. Pero no iban a permitir que ese monstruo se comiera a la pobre niña.

Jetsam contraatacó y dando un coletazo derribó a las sirenas, desarmándolas. Abrió su boca con agresividad para darle un mordisco a la aterrorizada Andrina, cuando Lilo, agarrando una pistola de erizos, le disparó y le acertó en los orificios nasales. Jetsam dio otro chillido de agudo dolor y se alejó rápidamente mientras intentaba quitarse el erizo, cuyos pinchos le habían atravesado la piel.

-¡Gracias! ¿Estás bien?-le preguntó Adela a Lilo inclinándose a su lado. La niña tenía el rostro congestionado por el dolor.

-Nno…-sollozó-hay que ayudar a Jim…

Las hermanas se miraron entre sí, asustadas. Sí, había que pensar en algo.

-Necesitamos ayuda…-dijo Adela preocupada-solas no vamos a poder con esto…

-¿Dónde está todo el mundo? ¡Deberían estar ayudándonos!-exclamó Arista con enfado.

-Se han refugiado en los arrecifes, supongo. Como se les dijo que hicieran en este caso-se aventuró Andrina.

-Pero les necesitamos… ya no son muchos-dijo Adela mirando a los pocos miembros restantes de la Legión que trataban de detener al caparazón que seguía cargando contra ellos-tenemos que pedir ayuda.

-¡Voy yo!-Arista salió disparada por una de las cristaleras en dirección a los corales.

-¡Voy con ella!-exclamó Aquata y la siguió.

-¡VOLVED CON ELLOS!-les gritó Adela mientras las veía alejarse. Luego se volvió a Andrina-tenemos que sacarla de aquí.

-¿Qué te pasa?-Andrina se fijó en Lilo, que parecía respirar con dificultad-¿estás… estás bien?

-Nno puedo respi…-la energía del traje se le estaba agotando. Y perdía la capacidad de respirar por segundos…

-¡Oh no!-exclamó Arista asustada-¡¿Y qué hacemos?!

Adela se volvió y vio que a pocos metros de ellos el otro humano, Kuzco, también boqueaba, quedándose sin aire. Al perder la energía del "modo marino" del traje, la presión a la que se encontraban por la profundidad también empezaba a aplastarlos.

-¡Van a morir!-chilló Andrina preocupada. Adela negó con la cabeza, mientras una leve sonrisa aparecía en su rostro.

-No si podemos evitarlo…

Mientras tanto, por las calles de Atlántica, el forcejeo entre Hércules y el tiburón Bruce continuaba. El joven seguía montado encima suyo y le agarraba las mandíbulas. Bruce le había atravesado las manos con los dientes, pero a Hércules no le importaba: haciendo presión le abrió la boca poco a poco al tiburón, dispuesto a quebrársela. Sin embargo Bruce era muy fuerte y se resistía. Moviéndose a un lado y a otro como un toro enfurecido consiguió que Hércules perdiera el equilibrio y se deslizase por un costado de su cuerpo. Se giró intentando morderlo, pero no era capaz de alcanzarlo.

¡CHAS! ¡CHAS! Los mordiscos del tiburón eran cada vez más frenéticos. Entonces Hércules notó como le empezaba a faltar cada vez más el aire. Mierda… la energía del traje se le estaba agotando.

Vio a dos sirenas nadar cerca de ellos, y se le quedaron mirando pasmadas. Eran dos de las hijas de Tritón (Arista y Aquata, que habían salido a pedir ayuda).

-¡ALEJAOS!-gritó Hércules, pero tarde porque Bruce las vio y nadó hacia ellas con ansias asesinas. Hércules se escurrió de su cuerpo al fin y se quedó atrás. Tenía que impedir que se las comiera-vale… está bien-dijo, y cerrando los ojos comenzó a nadar hacia Bruce muy rápido con los puños preparados para atacar.

-¡AAAAAAAAHA!-gritaron Aquata y Arista intentando escapar de Bruce. El tiburón abrió sus fauces para tragárselos, cuando Hércules saltó por encima suyo y le hundió los puños en la cabeza. El golpe fue superlativo. Bruce cerró la boca cortándose la lengua con los dientes a la vez, y luego se hundió, perdiendo el sentido ante el brutal golpe del joven.

-Gra… gracias…-dijeron Aquata y Arista sonriendo. Hércules quiso devolverles la sonrisa, pero solo le salió un chorro de burbujas.

-Me ahogo…-musitó, y luego se precipitó también hasta el fondo.

-¡Oh no! ¡Corre!-gritó Aquata, y descendiendo agarró a Hércules por las axilas y tiró de él.

-¿Qué haces?-preguntó Arista extrañada. Su hermana acercó la cabeza hacia Hércules y le dio un beso apasionado-¡Aquata!-chilló Arista escandalizada.

-¿Quieres salvarlo o no?-le preguntó Aquata despegando los labios del chico, que rápidamente estaba recuperando el sentido.

-¡Yo también quiero…!-protestó Arista, y acercándose besó también a Hércules. Cuando se apartó, Aquata cogió la cara del chico y le plantó otro beso, para dejar claro que ella ganaba a su hermana. Hércules estaba rojo como un tómate. Por una vez, no mostraba esa decisión y coraje que siempre acostumbraba a tener en el rostro.

-Estooo… bueno…-musitó, muerto de vergüenza-gra… gracias señoritas…

-De nada-dijo Arista sonriendo pícaramente.

-¡Los arrecifes!-le recordó Aquata con enfado, y las dos hermanas echaron a nadar de nuevo rápidamente en busca de ayuda.

Hércules giró su mirada al palacio. Echando un cálculo, les quedaban poco menos de cuarenta minutos. Mierda, hacía tiempo que no iba tanto con el agua al cuello como esa vez. Echó a nadar hacia allí, cuando notó que Bruce, que había quedado derribado cerca de un montón de anémonas, se reincorporaba y lo miraba. Pero sus ojos ya no eran tan negros. Parecía sorprendido.

-¿Quién eres?-preguntó el tiburón con inocencia. Hércules puso los brazos en jarras, mirándolo enfadado.

-¿Vas en serio?

-Oh, casi nunca pero… ahora sí…-Bruce miró a un lado y a otro, aún más extrañado-Atlántica… ¿qué hago aquí?

-No me lo puedo creer-dijo Hércules. En ese momento apareció Merlín como de la nada, y alzando su afilada espada apuntó hacia el tiburón. Hércules palideció-¡NO! ¡ESPERA!

Pero ya era tarde: el anciano decapitó a Bruce con un golpe limpio y rápido. La enorme cabeza del tiburón dio varias vueltas, como una pelota, y luego se posó con suavidad en el suelo, liberando un enorme manchurrón de sangre. Merlín guardó su espada mientras miraba satisfecho al cuerpo decapitado del gran blanco.

-Y con esto llego a los cien, seguro-dijo con satisfacción.

-Claro que no… ¡estúpido!-gritó Hércules enfadado-¡estaba coaccionado por Úrsula!

-Oh… ya…-Merlín miró al tiburón con indiferencia-un pequeño sacrificio entonces, me imagino.

Hércules y Merlín se miraron fijamente a los ojos unos segundos. En los del mago había un brillo especial. Hércules asintió.

-Úrsula sigue viva. Así que aún puedes tener tus cien y dejarnos en paz-dijo Hércules. Merlín rió con su desagradable risa cascada, y luego miró hacia el palacio.

-Sí… pero yo siempre voy un paso por delante-dijo.

-Espera…

Pero Merlín no esperó: dando un salto se dirigió al palacio a toda velocidad, impulsado por un chorro de luz mágica. Hércules lo miró alejarse y luego bajó la cabeza, contemplando el cadáver sin cabeza de Bruce.

-Adiós…-susurró.

El beso de las sirenas le permitía respirar bajo el agua, de modo permanente, según decían. Una verdadera suerte. Si la pelirroja hubiera permanecido con ellos desde el principio no habrían tenido tantos problemas (aunque Hércules dudaba que ella hubiese aceptado fácilmente besarlos a todos, incluido el jabalí).

Pero ahora tenía que ir al palacio, y terminar con aquello de una vez por todas. Al menos con aquella misión. Porque Gantz no acabaría con tanta facilidad.


-Vaya…-Úrsula miró al techo de aquella alargada gruta, iluminada por pequeños organismos luminiscentes que flotaban como estrellas de un lado a otro-es de verdad… la fosa de los espíritus existe… oh…

Volvía a parecer emocionada y algo deprimida por la falta de su familia. Jim la miró con asco. Era una jodida gilipollas asesina. El verla matar a Helga con tanta sangre fría le había traumatizado.

-Si tanto las echas de menos… ¿por qué usaste a tu hermana como cebo?-le preguntó Jim a Úrsula. Ariel le lanzó al chico una mirada de advertencia, preocupada. "¿Quieres que te mate?"-pensó la pelirroja en su mente. Por desgracia Jim no podía leérsela, o entendería que era lo que tenía que hacer. Úrsula iba directa a la trampa…

-No me malinterpretes. La verdad es que soy una puta. La reina de las prostitutas del mar-dijo Úrsula y luego soltó una exagerada carcajada-Morgana tenía envidia de mí… soñaba con destronarme… porque era "la mayor"… lamentable... pero yo la quería… le ofrecía convertirse en mí y dirigir el ejército de las Legiones como una oportunidad para demostrar que ella valía lo mismo si se la tenía tan en cuenta como a mí. Pero la verdad, lo hizo bastante mal, por eso la mataron. Yo sabía que iba a morir… pero la quería de todos modos. Toda nuestra vida estuvimos unidas, buscando con madre lugares donde subsistir, e intentando que se nos respetara. Las dos últimas cecaelias, vaya honor.

-Demasiado grande para que lo compartieras-la pinchó Jim. Pero Úrsula no era tan fácil de picar.

-Sí, es cierto… lo lamento… pero Morgana dependía demasiado de mí… tenía que crecer o morir. Y no fue capaz-se encogió de hombros-aun así la querré siempre…

-Que bonito…-ironizó el muchacho, y Úrsula rió.

-Me encantas Jim, en serio… tienes mucho carisma… eso es lo que más me gusta de ti…

Ariel giró por una de las gargantas de la fosa de los espíritus. En las paredes había unas esculturas de formas extrañas y abstractas. También grabados jeroglíficos que parecían contar la historia del reino. Un reino ancestral… Al torcer por otro corredor, la sirenita se quedó muda. Ahí estaba, como recordaba: al final de un largo corredor una enorme sala circular con un altar lleno de grabados de antiguos idiomas. Y encima del altar, iluminado por una luz blanca celestial, el tridente. Largo y de tres puntas afiladas, estaba lleno de lapas y parecía oxidado, y algo retorcido en su agarre.

-¿Es este? Pues no es gran cosa…-comentó Úrsula con aburrimiento-lo recordaba mejor conservado… cuando tu madre lo empuñaba…

-No lo hagas…-le susurró Ariel. Úrsula la miró con sorpresa-por favor, vete… vete de aquí, déjanos en paz.

-¿No teníais que matarme?-se rió Úrsula-si me voy, tú morirás.

-Me da igual-Ariel parecía sincera esta vez-pero vete… por favor… cuando yo me muera… deja el tridente, y lárgate de aquí. Deja… deja de hacer daño

Úrsula la miró con frialdad. Las dos hembras se contemplaron durante largo rato en silencio. Finalmente Úrsula soltó a Ariel, cuya cintura había mantenido agarrada con uno de sus tentáculos, y también soltó a Jim. Entró en la sala circular y nadó en ascensión vertical hacia el tridente.

-Cariño…-Úrsula miró al tridente con los ojos iluminados y llorosos. Si la vieran ahora-mamá…

Creyó verla ahí. Era delgada, como Morgana, pero mucho más esbelta y elegante. En contra de lo que decían, Rucula era una mujer cariñosa, como madre no había tenido nunca queja. Como enemiga, tal y como Tritón y su esposa sabían, era despiadada.

Úrsula vio a su madre en el reflejo del tridente, sonriéndola con orgullo.

-Ya es tuyo, mi niño precioso…-le susurró Rucula-lo has hecho muy bien…

-Gracias mamá…-sollozó Úrsula, enternecida. Tantos años esperando ese momento. Al fin volvían a ocupar su puesto en Atlántica, como les correspondía.

-Vamos…-Ariel no podía soportar más la tensión. Jim la miró sorprendido-vamos… cógelo ya… cógelo…

Entonces el chico comprendió. Había algo más. Algo que Ariel no le había dicho. Y la muy estúpida iba directa a la trampa.

Úrsula extendió su mano hacia el tridente, lenta y temblorosa. Y entonces, cuando estaba a unos centímetros de tocarlo, se detuvo. Ariel se lo temía. Era demasiado fácil, para ser el objeto más peligroso del mar. Demasiado fácil de conseguir…

Úrsula se volvió hacia Ariel y despegó los labios para decir algo, cuando se dio cuenta de que había alguien nadando detrás de ella.

-Hola-saludó Merlín con calma. Úrsula abrió mucho los ojos y miró hacia la entrada de la gruta… ¿en qué momento había entrado?

-¿Quién eres tú?-preguntó Úrsula. Por primera vez parecía que de verdad no tenía las cosas bajo control. Merlín sonrió con calma.

-Ya me presenté antes a tu doble, a quien por cierto elegiste bastante mal. Un plan muy ingenioso el tuyo, aunque le veo un par de fallos. Para empezar, has infravalorado mucho a tus rivales. Eso es un error muy grave-dijo. Nadó un poco avanzando hacia ella, pero Úrsula retrocedió, preocupada.

-Yo te conozco-susurró, y su rostro palideció un poco-eres ese humano, Merlín… has cambiado mucho…

-Han pasado años-dijo Merlín sonriendo-tú también has cambiado. Antes estabas gorda, pero no obesa.

Úrsula pasó por alto aquel grosero comentario mientras nadaba en círculos en torno al anciano, quien sonreía con tranquilidad.

-Eres muy poderoso… pero yo también…-fue hacia el tridente e hizo un amago de cogerlo, pero entonces notó que no podía. Una barrera de luz azul se lo impedía. Merlín se encogió de hombros, mientras Úrsula se giraba y lo miraba enfurecida.

-¡No!-susurró Ariel, desesperada. Había estado a punto… a punto de caer en la trampa.

Jim se acercó a ella y la susurró.

-Si lo coge…

-No puede…-susurró Ariel-pero él lo está estropeando…

-Si quieres cogerlo, tendrás que matarme-dijo Merlín poniéndose las manos sobre la cabeza y nadando con calma.

-¿En serio?-Úrsula soltó una leve risita desafiante-pero tú tienes enormes poderes… no sé si podré medirme contigo ¿eh Merlín? ¿Sigues en esa secta tuya… la Estrella Azul…?

-Hace años cuando nos solicitaste entrar no te parecía una secta-replicó Merlín mientras una esfera de luz se iba creando en sus manos. La esfera emitía un sonido que a Jim le recordó al de una espada láser en las películas del cine-siento que no te aceptásemos entonces Úrsula… quizás habríamos evitado que te enseñasen las personas inadecuadas… y habríamos evitado todo esto… ahora sin embargo solo me queda una alternativa.

-Matarme-completó Úrsula, que ahora exhibía una sonrisa más grande que nunca-en menos de una hora, me parece, eso sí.

-Oh por favor-rió Merlín mientras apuntaba hacia ella con la esfera-no necesito ni cinco minutos…

Entonces arrojó la esfera contra ella, y Úrsula dio un rápido giro y la esquivó por los pelos. La esfera se estrelló contra una de las paredes del santuario del tridente y la reventó, haciendo que parte del techo se agrietase y destruyera. Úrsula soltó una carcajada desquiciada, aunque estaba claro que nada de eso la hacía gracia.

-Mi turno, mago-dijo, y de las yemas de sus dedos chisporrotearon luces violáceas. Úrsula lanzó rayos contra Merlín, que los frenó con sus manos convirtiéndolos en dos esferas que devolvió contra ella. Úrsula hizo otro rápido movimiento, esta vez con los tentáculos, y deshizo las dos esferas como si fuesen humo.

Úrsula se elevó hasta rozar el techo de la estancia y movió sus tentáculos en rápidos círculos concéntricos, creando un rayo de energía muy voluminoso que arrojó contra Merlín. El mago lo esquivó y luego lanzó lo que parecían cuchillas de luz. Esta vez Úrsula no pudo esquivarlas, y las luces la hirieron profundamente en los brazos y los tentáculos.

-¡AAAAAAAH!-gritó Úrsula, y descendió de la elevada posición en la que se había colocado. Merlín sonrió y alzando los brazos creó dos enormes espadas de luz, que movió con rapidez, hasta acercarse a ella y cortarle uno de sus tentáculos. Úrsula dio un rugido aterrador y se chocó con la pared del fondo, acorralada.

-Tenías armas-recordó la bruja, con los ojos cerrados conteniendo el dolor-¿por qué no las has usado?

-Es mi última misión-explicó Merlín satisfecho-quiero despedirme a lo grande. Soltando todo lo que he tenido que contener hasta ahora.

-Me alegra oírlo-dijo Úrsula entre dientes, y entonces soltó un chorro de tinta que ennegreció toda la sala. Jim tosió intentando no respirar aquel repugnante líquido que había salido directamente de ella, y durante unos segundos no vio nada en absoluto. Luego una luz repentina lo sorprendió: Merlín deslumbraba, brillando como una linterna. Hasta su traje de Gantz se había vuelto de color blanco, mientras su pelo y barba ondeaban de modo espectacular. La luz que emanaba todo él descubrió a Úrsula, que trataba de atacarlo por sorpresa.

-Pareces un anuncio…-se burló ella, y creando una enorme esfera roja la lanzó sobre él-¡EETEV LA OOONREUK!

Merlín no pudo detener la esfera que se lo llevó por delante y lo estrelló contra el suelo. Su luz se volvió rojiza, y por unos momentos pareció inconsciente, pero entonces se reincorporó, ahora brillando con un color ocre. Jim se fijó en que su piel se había agrietado un poco, como si fuera de porcelana. Si no hubiese sido por su inmenso poder, tal vez el conjuro de Úrsula lo hubiera reducido a pedazos.

-¿Mejor?-se pavoneó la bruja del mar nadando frente a él.

-Sí. ¿Qué te parece si vamos a por algo más creativo?-sugirió Merlín cortésmente-Para uno de los dos este es el último duelo. Mejor irse a lo grande…

-¿No decías que tú ganarías?-se rió Úrsula-¡ya no te veo tan seguro! ¡Pero de acuerdo!

Y alzando sus brazos creó una enorme criatura de luz: era una especie de monstruo abisal de largos dientes y enormes y redondos ojos, sin pupilas. La criatura era de color violeta y su cuerpo eléctrico se retorcía mientras aumentaba de tamaño, mirando a Merlín con ojos golosos.

-Pffff-rió el mago, confiado-demasiado fácil…

El monstruo de energía atacó a Merlín que lo esquivó y saltó por encima de su cuerpo, arrastrando las manos y formando una estela de estrellas. El monstruo chilló y se fue desintegrando, a la vez que Merlín saltaba sobre Úrsula, pero ella chasqueó los dedos y de repente se encontró que estaba boca abajo, y lo que antes era el suelo era ahora el techo. "Un sencillo hechizo de alteración del espacio-pensó el mago, divertido-empiezo a pensar que esto es lo mejor que tiene…". Desde lo que ahora era el techo, Úrsula le lanzó una lluvia de afiladas dagas que Merlín consiguió eludir creando un escudo metálico que luego uso para golpearla.

Como todo estaba a oscuras Jim y Ariel solo conseguían ver cuando uno de los dos contrincantes de aquel singular duelo realizaba un hechizo y luces multicolores brillaban entre la tinta. Jim nunca había visto un duelo de magia, así que no podía comparar con nada, pero estaba totalmente alucinado. Era tan alucinante que hasta se olvidó de que el tiempo corría y el peligro era inmenso. Los movimientos de Merlín y sus palabras mágicas lo tenían absorbido, mientras que los de Úrsula le hacían temblar.

-Sinuosa estrella-Úrsula se protegió de un conjuro de Merlín con una gigantesca estrella de mar que luego fue hacia el mago girando a toda velocidad como una cuchilla. Merlín movió las manos como un director de orquesta e hizo que la cuchilla se detuviera y comenzase a transformarse en un árbol de colores. El árbol se ramificó y Úrsula tuvo que esquivar sus gruesas ramas y tallos siendo muy rápida. Cuando se dio cuenta, la vegetación, que brillaba como luces de neón, ocupaba toda la sala, y apenas la dejaba espacio.

-Fuego negro… oscura invocación…-susurró Úrsula apretando los dientes-conjura de la muerte…

El árbol reventó en mil pedazos, pero entonces estos pedazos comenzaron a arremolinarse y se convirtieron en miles de mariposas, que brillaban con una cegadora luz dorada.

-¡NOOOOOOO!-Úrsula lanzó un grito de frustración cuando las mariposas se abalanzaron contra ella y la abrasaron la piel con su luz. La bruja se retorció mientras el aleteo de las mariposas hacía un zumbido infernal, y finalmente, cuando todas las mariposas se juntaron, hubo una gran explosión de luz, y el gordo cuerpo de Úrsula cayó al suelo con un golpe seco. Flotando desde el suelo, Merlín la miró con curiosidad. ¿Estaba…?

Entonces el cuerpo se movió, girando sobre sí mismo, y de repente una enorme concha se lo tragó. Ariel avanzó un poco, extrañada, pero Merlín la detuvo alzando su brazo.

-No ha acabado…-dijo, por primera vez muy serio.

La concha ascendió mientras una extraña melodía sonaba y más y más conchas iban apareciendo de la nada. La temperatura del agua en el santuario del tridente ascendió, y de repente la luz se volvió de un color rosa, casi rojo, que asustó mucho a Jim y a Ariel. Merlín miró la concha, entrecerrando los ojos, y entonces estirando la mano creó un objeto: era un bate de béisbol, un bate metálico.

-¿Qué…?-Jim le miró con sorpresa.

Entonces la concha grande que se había tragado se abrió, y ella salió totalmente recuperada del ataque de las mariposas. Al abrirse el resto de conchas unos rayos de energía dispararon contra Merlín, que usando el bate los golpeó e hizo que rebotaran. Algunos de los rayos al ir de vuelta rompieron las conchas, pero Úrsula creaba más y más que además lanzaba contra el mago. Al estrellarse contra él, las conchas lo dejaban el cuerpo lleno de moratones, y Jim se sorprendió de que no se derrumbara después de que una le impactara en la cabeza.

-No…-Merlín abrió las piernas mientras decía otro conjuro, y de repente sobre él apareció un caballito de mar, también blanco y reluciente como el nácar. Cientos de pequeños caballitos siguieron a Merlín estrellándose contra las conchas y explotando. Merlín llegó con el suyo hasta Úrsula y haciendo un movimiento como si disparase un arco le lanzó una flecha de luz, que la impactó en su caracola y la derribó. Úrsula se quedó flotando, furiosa, mientras hacía aparecer en sus manos un largo látigo negro y lo movía provocando que el agua girase en torno a ella. Se fue formado un tornado marino que arrastró también a Jim y a Ariel mientras ella y Merlín se arrastraban por las corrientes y se arrojaban hechizos intentando acertarse entre el confuso remolino. Merlín lanzó una lluvia de piedras incandescentes que Úrsula esquivó metiéndose entre los anillos de agua del remolino. Furioso, Merlín se acercó a buscarla, pero entonces Úrsula apareció detrás suyo y le golpeó con sus tentáculos, que ahora ardían con un extraño fuego encarnado desintegrador.

Merlín cayó hacia atrás y frotándose las mejillas la miró enfadado. Ese era el último ataque que recibía de ella. Se acabó.

-Te has metido con la puta equivocada-dijo Úrsula sonriendo. Alrededor de ellos, el techo se derrumbaba, y el tridente continuaba en su altar, protegido por la magia de Merlín, esperando por ver cuál sería su destino.


Aladdín mantenía los ojos cerrados, cuando notó los labios besarlo. Debajo del mar no sabía igual: de hecho apenas había sabor. Pero de algún modo el roce, la carne, seguía siendo lo mismo… apasionado, excitante… más húmedo que nunca. Helga lo estaba besando. Volvían a estar en la cama de ella, y volvía a hallar consuelo en sus brazos, como un niño asustado. A veces creía que solo era eso: un niño asustado.

Pero no era Helga quien lo estaba besando. Al abrir los ojos, Aladdín pudo distinguir a una de las hermanas de Ariel, que lo miraba curiosa. Era Andrina. Lilo le había pedido que fuera a ayudarlo, antes de que se ahogase también. Alana por su parte se había ocupado de Kuzco (quien había insistido en repetir el beso por si acaso le faltaba aire) y Adela besó a Lilo. Aquel era el primer beso de la niña, sin contar con uno que se había dado con su amiga Penny, un día, para saber cómo era. Cuando Adela separó los labios Lilo se la quedó mirando, pasmada. Sabía que a las chicas les tenían que gustar los chicos, o eso se suponía. Pero ese beso le había gustado mucho…

-¿Qué… qué ha pasado?-preguntó Aladdín mientras Andrina (que se le comía con los ojos) le ayudaba a levantarse.

-Úrsula te atacó. Te estabas ahogando-explicó la sirena, un poco avergonzada-la única forma de salvarte… bueno, nuestros besos permiten respirar…

-Gracias-dijo Aladdín, y sin entretenerse más comenzó a nadar hacia la ventana por la que Úrsula lo había arrojado. Tenía mucha leña que dar todavía.

-¡Malditoss!-Flotsam y Jetsam perseguían a Lilo que iba en brazos de Adela e intentaban acabar con ella. En el caparazón, Lady Tremaine acababa de liquidar a prácticamente todos los seguidores de Úrsula, pero entonces una rémora gigante se le pegó en el cristal y empezó a agitarlo con intención de romperlo.

-Agh…-Lady Tremaine buscó en la pantalla de control y dándole al parabrisas apartó a la rémora del cristal, sin darle más importancia.

-Caramba, este aparato tiene de todo-comentó Timón.

-Pero nos estamos quedando sin tiempo…-dijo Pumbaa, preocupado-Timón… ¿qué vamos a hacer?

-No sé, no soy yo el que conduce-gruñó el suricato. Lady Tremaine no les prestó atención, pues estaba ocupada fulminando a la rémora con un último disparo.

Sebastián había salido del caparazón, y nadando había llegado hasta el rey Tritón, que continuaba inclinado en el suelo, con la mirada perdida.

-Majetá… majetá, por favor… le nesesitamo… yo le necesito…-susurró Sebastián-por favó majetá… no nos deje solo… sus hija están en peligro…

Entonces Sebastián vio como Attina se acercaba hacia su padre. Al principio ella parecía conmovida, pero entonces el cangrejo vio que sujetaba una afilada navaja en una de sus manos. Iba a degollarlo.

-¡NO!-exclamó Sebastián. Se lanzó hacia ella, pero Attina lo apartó con un golpe de navaja, estando a punto de rajarlo-¡MAJETÁ, CUIDAO! ¡NO!

Tritón miró a Attina de reojo, y al ver la navaja, se quedó unos segundos paralizado. Luego agachó la cabeza de nuevo, y cerró los ojos.

-Hazlo…-susurró con voz ronca-hazlo por favor…

-No hace falta que me supliques padre-dijo ella con voz ahogada. Empezaba a temblar. Sebastián insistió intentando quitarle el cuchillo, pero Attina lo apartó de nuevo.

-¡POR FAVÓ! ¡POR FAVÓ, QUE ALGUIEN NO' AYUDE!-gritó Sebastián asustado. Pero todos estaban demasiado ocupados huyendo o peleando como para oírlo. Solo Kuzco, que se había escondido de nuevo, contemplaba la escena, pero no pensaba moverse. No iba a arriesgar su vida por eso. Y sin embargo, tampoco iba a dejar de mirar.

-Lo hice todo como tú querías… yo… yo te quería más que a nada…-Attina no quería hacerlo, pero finalmente todos aquellos sentimientos estaban saliendo a la luz, incapaz de controlarlos. Ella veía a su padre como a un héroe. Siempre lo había defendido frente a Ariel y al resto de sus hermanas. Pero ahora resultaba que él era el villano-…quería ser… como tú…

Tritón notó como el frío cuchillo de Attina le rozaba el cuello. La respiración de ella estaba muy acelerada, pero él parecía más tranquilo.

-Solo quiero que sepas… que lo siento-dijo Tritón, y por primera vez la miró. Attina se vio reflejada en los ojos de su padre, en los que tantas veces se había perdido cuando él la consolaba y la enseñaba cosas sobre el reino que tanto amaba-… vas a ser un rey mucho mejor que yo…-dijo Tritón, y cerró los ojos, listo para aceptar su destino. Attina tembló. Tenía que hacerlo. Quería hacerlo. Era el fin.

-No…-musitó Sebastián horrorizado, mientras un hilo de sangre salía del cuello de Tritón y Attina apretaba el cuchillo.

No quería hacerlo.

El cuchillo se le cayó de las manos, y se quedó ahí, sollozando, sin poder mover un músculo. Se fue del palacio hacía unos meses decidida a encontrar a Ariel, y en lugar de eso había conocido a Úrsula que le había cambiado totalmente la vida al enseñarle una dimensión de su padre y su vida que no conocía. Y después todo se había vuelto un infierno. El mundo entero se le había caído. No veía la salida de aquel oscuro túnel. Pero había salida. Attina tembló descontrolada mientras hipaba y lloraba, histérica.

Si había salida. Podía dejarlo. Podía perdonar… podía intentarlo al menos… pero no podía engañarse… no iba a ser capaz de matarlo. Aún amaba a su padre. Lo amaba mucho. Por eso dolía.

-Papáyo… aaaaaabbbbbb….-Attina se derrumbó en el suelo llorando desconsolada. Tritón se volvió hacia ella lentamente, y al verla ahí tirada se le partió el alma. La quería tanto. Las quería tanto a todas, y solo había conseguido destruirlas, por el odio que en su interior sentía hacia sí mismo. Lo que siempre había querido evitar había sucedido. Su familia estaba destruída…

-Attina… hija…-Tritón recogió a su pequeña con sus musculosos brazos y la estrechó entre ellos. Attina al principio se resistió e intentó alejarse de él, incluso recuperar el puñal. Pero luego el calor de su padre la fue calmando poco a poco. Al final se apretó a él mientras seguía llorando y llorando y temblaba incontrolablemente. Ya no sabía ni dónde estaba. Pero si estaba su padre, estaba a salvo-…tranquila… te quiero… te quiero Attina… perdóname… perdóname…

-A… Ariel…-Attina levantó la mirada lentamente hacia su padre. Tenía los ojos rojos y desencajados, bizqueando un poco hacia los lados. El histerismo la había desequilibrado-Ariel papá… ella va a matarla…

-No te preocupes…-Tritón la acarició el pelo y sonrió-si coge el tridente, morirá…

-Oh…-Attina abrió la boca con sorpresa. Así que esa era la última sorpresa que el rey tritón le reservaba a Úrsula. Pero Attina la conocía. No era tan estúpida…-pero papá… ¿y si se lo hace coger a ella…?

Tritón miró a Attina y su rostro se ensombreció.

-¡MALDITA!-gritó Flotsam enrollándose en torno a Alana, mientras Jetsam acorralaba a Adela y a Lilo-os tenemos.

-¡Cuidado!-advirtió Jetsam. Las dos morenas se apartaron a tiempo de que el caparazón se las llevase por delante. Lady Tremaine maldijo en su cabeza al fallar la embestida, pero peor aún fue cuando Flotsam y Jetsam comenzaron a seguirla, furiosos. Eran muy grandes, y al dar golpes a los lados del caparazón, lo desestabilizaron.

-¡AYAYAYAYAYAY! ¡Van a matarnos! ¡Pumbaa, van a matarnos!-gritaba Timón desesperado.

-¡CALLATE!-le respondió Lady Tremaine dando un volantazo y esquivando una pared. Menos mal que era buena conduciendo su jaguar.

Oculto tras una columna, Kuzco notó como algo le pinchaba el culo, y dio un grito de sorpresa. Se volvió para encontrarse a Sebastián, que estaba cruzado de brazos.

-¿Qué te pasa a ti, segundo plato?-le preguntó el joven al cangrejo, mosqueado.

-¿Piensa asé algo para variá u hoy tampoco toca?-preguntó Sebastián cruzando sus pinzas mosqueado.

-¿De qué hablas?-se escandalizó Kuzco.

-Todo etán luchando y tú aquí sin mové un dedo, asiendo el vago-le reprochó el cangrejo, malhumorado-¿eto te parese normal? ¡Vamo a mori!

-Pues hazlo tú chaval-se rió Kuzco nervioso-¿a mí qué me estás contando?

-Tú puede asé mucho más que yo. Yo solo soy un cangrejo-dijo Sebastián mirándolo con desaprobación. Pero al final se dio la vuelta y empezó a andar hacia donde estaban Flotsam y Jetsam-pero vale… yo seguiré luchando…

-Idiota-se burló Kuzco. El techo tembló con un disparo del caparazón y Kuzco se encogió un poco, preocupado. Iban a morir. No había duda. Pero si esperaba ahí, quizás su suerte cambiaría. Todo era cuestión de escurrir el bulto, como siempre.

-"El problema, verás, es que nunca he hecho nada por mí mismo"-le decía Kuzco a su psicóloga un día, que anotaba en sus notas con aburrimiento los patéticos problemas del chico. Kuzco se echó el negro y lacio cabello hacia atrás mientras pensaba en eso. Nunca había hecho nada que valiera la pena, eso era cierto. Ni tomado ni un solo riesgo, si podía evitarlo. Sus inseguridades y ácida forma de ser venían de la propia falta de esfuerzo, de la total inutilidad a la que se había sometido.

"Yo seguiré luchando"-escuchó la voz del cangrejo resonar en su cabeza. Vaya…

Cerca de donde Kuzco se ocultaba mientras meditaba las palabras de Sebastián, Flotsam y Jetsam seguían persiguiendo a Adela, Alana, Lilo y Andrina, aunque ahora Aladdín se les había unido y se había agarrado a la cabeza de Jetsam e intentaba clavarle una lanza en el cráneo. La morena dio un giro brusco pero Aladdín no se soltó, si no que le metió la lanza entre los dientes y comenzó a cabalgarla como un caballo. Jetsam hacía ruidos ahogados mientras mordisqueaba la lanza y luego sacudió la cabeza tratando de sacárselo de encima, sin éxito.

-¡YEEEEEEEEEEH!-Aladdín puso sus muslos encima de los ojos de Jetsam impidiéndole la visión y luego la guió por la sala, chocándola contra el trono y contra su propio hermano, aturdiéndolo. Al chocar las dos morenas dieron un tumbo y cayeron rodando por el suelo. Lady Tremaine aprovechó para apuntar hacia ellas, pero se había quedado sin torpedos. Maldiciendo para sus adentros la madrastra aceleró para atropellarlas, pero Flotsam y Jetsam consiguieron apartarse a tiempo. Entonces, siseando amenazadoras, golpearon el caparazón con sus colas brutalmente, dándole la vuelta.

-¡AAAAAAH!-Timón y Pumbaa se dieron un trompazo, al contrario que Lady Tremaine, bien sujeta por el cinturón de seguridad.

-Grrrrrr…-las morenas golpearon con violencia el cristal, agrietándolo, mientras Aladdín nadaba hacia ellas, lanza en mano. Jetsam lo vio acercarse y abriendo mucho la boca trató de darle un bocado, y lo habría conseguido a no ser porque Andrina agarró a Aladdín y lo apartó a tiempo.

-¡Cuidado!-chilló Andrina, tirando de Aladdín por las axilas.

-Gra… gracias-jadeó él-otra vez.

-Ya has molestado lo suficiente-le dijo Jetsam a Aladdín entrecerrando sus viles ojos. Flotsam nadó hasta ponerse a su lado, enseñándole los afilados dientes.

-Es cierto… ¡a por ellos!-rugió Flotsam. Las dos morenas se deslizaron por el agua serpenteando con sus gruesos cuerpos rodeando a Andrina y a Aladdín. Él la cogió de la mano mientras apuntaba con la lanza a los monstruos, y de vez en cuando movía un poco la punta, como advertencia.

-Cuando yo te diga aléjate de aquí todo lo que puedas…-le susurró Aladdín a Andrina.

-Pero… te matarán…-sollozó ella.

-No creas…-Aladdín la miró de soslayo. Pero no estaba tan seguro-tú solo nada…

-¡No!

-AAAAAAAAAAAAAARRRRRRRR-Flotsam y Jetsam, cada una por un lado, se abalanzaron sobre Aladdín con ferocidad, cuando una enorme masa las agarró por los cuellos y las alejó: era Tritón.

-¿QUÉ…?-Flotsam intentó librarse del fuerte agarre de Tritón, pero el rey la sujetaba por el cuello con una de sus poderosas extremidades, mientras que con la otra sujetaba a Jetsam.

-¡RRRRRRRR…..!-Jetsam consiguió morderle en el brazo a Tritón, pero el rey ignoró el dolor y arrastró a las dos morenas lejos de su hija y Aladdín.

-No… volváis… a amenazar… a mi familia…-les dijo Tritón entre dientes mientras tensaba más el agarre. Mientras Jetsam le clavaba con más fuerza en el hombro y Flotsam trataba desesperadamente de escurrirse, Tritón rompió otra de sus cristaleras y cayó con ellas hacia otro el techo de otro corredor del palacio. Finalmente las soltó. Flotsam y Jetsam miraron con intenso odio a Tritón, y dando fuertes coletazos avanzaron hacia él, golpeándolo con sus cabezas y dándole fuertes mordiscos.

-¡AAAAAAGH!-pero Tritón, pese al dolor, era un hueso muy duro de roer. Dando un rápido movimiento se colocó encima de Flotsam, y lo zarandeó haciéndole perder el control. Había cerca de aquel tejado en el que estaban una afilada aguja de las que componían en palacio de Atlántica. Tritón acercó a Flotsam hacia allí mientras la morena se retorcía junto a él, y Jetsam los seguía de cerca-¡YAAAAAAAAAAAAAA!-Tritón agarró a Flotsam y lo ensartó en la aguja, atravesando su alargado cuerpo de lado a lado, y partiéndole el esqueleto.

-¡NO!-al ver como su hermano era asesinado brutalmente por el rey Jetsam se quedó unos segundos paralizado, pero no perdió el control: antes de que Tritón pudiera defenderse lo noqueó con un golpe y luego le mordió los brazos arrancándoles la carne hasta apartarlos y llegar al vientre del rey. Iba a comerle las entrañas en venganza por la muerte de su hermano.

-¡OOOOOOOOH!-Tritón agarró con sus venosas manos las mandíbulas de Jetsam e impidió que esta le hundiese sus colmillos en el abdomen, haciéndola retroceder poco a poco. Jetsam sacó su larga lengua lamiéndole el vientre a Tritón e intentó cerrar la boca y abrirla de nuevo, pero el rey no se lo permitió. Con los ojos chispeando de rabia Tritón fue obligando a abrir la boca más y más a Jetsam hasta que la mandíbula se le descolocó a la morena, que empezó a chillar en distintos tonos de voz a la vez mientras coleteaba desesperada. Pero Tritón no se detuvo allí: siguió haciendo presión hasta arrancar las dos partes de la mandíbula de Jetsam, quedándose con la parte inferior en una mano mientras con el resto de la cabeza en la otra.

La morena, chorreando sangre, dio tremendos alaridos mientras nadaba a un lado y a otro, pero la hemorragia fue tan inmensa que en unos segundos su cuerpo se tambaleó y cayó sobre la techumbre del palacio, inerte. Tritón se quedó mirándolo, aun sujetando el resto de su boca con frialdad.

-Pa… papá…-susurró Adela mientras ella y sus hermanas se asomaban por la cristalera para ver lo que había ocurrido. Tritón no las miró. Sentía la caliente sangre de Jetsam bañándole el rostro, y por primera vez en mucho tiempo se sentía vivo de verdad. La guerra, para bien o para mal, estaba a punto de terminarse. Ahora todo dependía de Úrsula… y de Ariel.


-¡CHORRO TÓXICO!-Úrsula lanzó contra Merlín un líquido humeante que él convirtió en una espiral que al girar se transformó en una enorme mariquita.

-¡SIETE PUNTOS!-la mariquita, brillante y etérea , se lanzó sobre Úrsula que la detuvo creando un enorme tiburón de luces que la engulló. Entonces Merlín la arrojó una lluvia de martillos, que ella detuvo con una red negra. La red se removió con los martillos en su interior hasta crear un brutal ariete que Úrsula prendió fuego de colores.

-Vaya…-Merlín saltó por encima del ariete cuando este estuvo muy cerca de aplastarlo, y lanzó estelas de luz dorada contra Úrsula. Una de las estelas le dio en un tentáculo a la bruja y este se le empezó a calcinar. Úrsula dio un rugido de frustración y alzando las manos al aire hizo otra invocación oscura.

-LARRIVE MORDRAYALLA… ¡YAAAAA!-de las manos de la bruja salieron otras dos manos gigantes de color verde, que consiguieron apresar a Merlín entre ellas. Úrsula miró al mago con un odio inhumano, mientras él parpadeaba varias veces, curioso-te voy a matar… y vas a sufrir mucho antes…-dijo Úrsula cuyos ojos estaban inyectados en sangre, y su pelo ondeaba por todas partes, otorgándole un aire todavía más psicópata.

-Onddddddddddiiiiineeeeee…-Merlín giró sobre sí mismo, y las manos de Úrsula lo soltaron, a la vez que él se elevaba en la destruida estancia y a sus lados aparecían un montón de ángeles brillantes. Úrsula notó como la piel se le rajaba a la vez que la luz de aquellos querubines la deslumbraba, y vio como Merlín alzaba en sus manos una enorme estrella que centelleaba como el fuego. Iba a quemarla viva.

FLOP. Con un chasquido de dedos, la sala volvió a cambiar, porque se llenó de burbujas que atraparon a Merlín y a sus ángeles en su interior: dentro de cada pompa había un ángel, y en la más grande estaba el mago. Merlín tocó la burbuja tratando de salir, pero no pudo. Luego miró a Úrsula, que parecía más calmada, casi aliviada, por haberlo conseguido encerrar al fin.

-Esto no te va a ser suficiente-dijo Merlín, y a través de la bola formuló otro hechizo listo para continuar con la batalla-¡EQUIS SPERANTES!

Tres enormes unicornios aparecieron de la nada y nadaron hacia Úrsula, que creó una lluvia de pequeños narvales para protegerse. Los narvales chocaron contra los unicornios y fueron destruyéndolos, a la vez que Merlín le enviaba a Úrsula un arcoíris que la cegó durante unos minutos. El mago alzó sus manos creando un taladro de luz y empezó a destruir la burbuja en la que estaba encerrado, cuando notó un tirón en el sitio donde antes le había mordido una de las morenas de la bruja. Le seguía doliendo. Ya en la última misión el disparo que le había dado Rourke le había dejado una buena marca hasta que regresaron…

Merlín observó la herida del hombro, que se le estaba volviendo a abrir. Entonces se dio cuenta de que le empezaba a doler la cabeza: a sus lados vio como los ángeles exterminadores que había creado para acabar con Úrsula explotaban dentro de las burbujas, y entendió que era un antiguo hechizo del mar parecido al que había visto utilizar a Tritón antes. La presión dentro de las burbujas estaba aumentando, y terminaría por aplastarlo. A menos que saliera, y rápido.

-¡UUAAAAAAA!-Úrsula lanzó una ráfaga de rayos contra la burbuja en la que se encontraba Merlín, haciéndolo rodar y chocar contra las paredes. Jim y Ariel, que estaban cerca de donde él chocó, tuvieron que apartarse al momento para esquivarlo y evitar que los escombros de la pared los aplastaran.

-Libbossa…-Merlín creó alrededor de la burbuja un extraño líquido parecido a la nata que lo protegió de los ataques de la bruja mientras que seguía intentando liberarse de su prisión. Notaba como la presión aumentaba más y más, los huesos se le estaban agarrotando, era peor que el reuma. Los dolores de la vejez parecían volver a Merlín a la vez que se tambaleaba susurrando términos mágicos con los que disolver la esfera. Se estaba poniendo muy nervioso… tenía que ganar… ¿cómo iba él a perder? Contra una principiante, una mujer… ¿cómo iba él a perder?

Úrsula se deshizo del líquido protector e intentó acabar con Merlín lanzándole otro monstruo de luz, que él redujo con un conjuro verbal. Úrsula quiso avanzar hacia él pero entonces Merlín creó un torbellino de agua para alejarla. Úrsula avanzó entre las corrientes, rabiosa, intentando llegar hasta él, mientras Merlín comenzaba a disolver por fin la burbuja en la que se encontraba.

-¡Ya está! ¡Ya…!-iba a decir algo más, pero entonces la cabeza le explotó: no entera, por suerte, pero sí una parte de su cráneo, que al no soportar más la presión eclosionó como un huevo. Merlín notó como le empezaba a sangrar la cabeza y también las narices, mientras su larga barba se iba volviendo roja. No perdió los nervios y siguió intentando deshacer la esfera, pero se encontraba muy mal, y estaba perdiendo la concentración

"No-pensó el anciano. No podía perder. Nunca había perdido. Y ese no era el plan original-no, no…". ¡Si estaba a punto de conseguir los cien puntos! Con la muerte de aquel tiburón ya los tenía, seguro. Tan cerca, tan cerca…

Consiguió sacar una mano fuera de la burbuja, y esta se destensó de la presión que había dentro, cuando Úrsula (que había conseguido aproximarse) le lanzó otra burbuja más y volvió a encerrarlo dentro. Luego le arrojó otra burbuja, y otra, y otra más. Jim vio como dentro de la pompa que era cada vez más estrecha Merlín perdía el equilibrio y se arrodillaba, intentando escapar inútilmente, a la vez que Úrsula, que ya no reía si no que lo observaba con total atención, le veía agonizar.

-¡Stratos deo… nomallis…!-Merlín jadeó aplastado por la incipiente presión a la vez que trataba de hacer un último esfuerzo, pero entonces las narices se le abrieron literalmente liberando toda su sangre, y la cabeza volvió a rompérsele por otro lado. La sangre del mago llenó la bola impidiendo que se le pudiese ver a la vez que Úrsula, incapaz de creer su suerte, apretaba las manos y generaba dos esferas de energía violeta con las que iluminó toda la sala.

-No…-susurró Jim viendo como el cuerpo del mago se convulsionaba dentro de la esfera con desesperación. No sabía exactamente qué sentir hacia Merlín. Hasta ese momento lo había aborrecido. Pero tenía la esperanza de que iba a salvarlo de Úrsula, y después de verlo tantas veces, no esperaba que terminase así. Lo dejaba atónito.

-Ooooogh…-Merlín trató de desaparecerse de la esfera y viajar a otro lugar, trató de calentar su cuerpo hasta hacerlo incandescente para desintegrar la bola, trató cientos de hechizos pero su mente racional y siempre analítica se había bloqueado completamente, y entre la sangre y el dolor ya apenas veía nada.

Dio la impresión de que tardaba una eternidad en terminar: el mago se retorció mientras la presión hacía que de sus poros le saliera más y más sangre, y la cabeza le reventaba. Jim vio como en la destrozada cabeza sus ojos todavía se movían, e incluso parpadearon unos segundos, quedándose fijos en él.

-Gggglbbbbbb…-la lengua de Merlín se movió entre sus destrozados dientes, y pareció querer decir algo, pero la presión hizo que sus temblores se volvieran incontrolables, hasta darle espasmos violentísimos que lo zarandearon.

Luego, Úrsula lanzó las dos esferas violetas contra la burbuja de Merlín.

-¡YIAAAAAAAAAAAH!-gritó la bruja, victoriosa.

Tras unos instantes de un fuerte resplandor el mago se deslizó por la superficie de la burbuja, ya inerte, con el cuerpo mutilado e irreconocible. Su barba estaba completamente deshecha en fibras y en algunas partes parecía que se la había tragado. Era como un juguete viejo, una marioneta rota a la que habían cortado los hilos. Viéndolo, Jim se preguntó si realmente alguna vez había estado vivo.

-No…-susurró. ¿Estaba muerto? No podía ser. Él decía que era un mago tan poderoso… les había mostrado algo de sus poderes antes… Hércules mismo se lo había dicho. Y llevaba vivo ocho misiones… ¡llevaba vivo ocho misiones!

Y sin embargo ahora estaba muerto. Jim negó lentamente. ¿Cómo iban a sobrevivir entonces ellos dos?

Y sin embargo ahora estaba muerto.



-Pero… ¿se puede saber a dónde vais?-preguntó Marlin enfadado. Un cardumen de arenques se disponían a abandonar el arrecife tomando una de las corrientes del oeste.

-No nos vamos a quedar aquí para ver como Úrsula nos convierte a todos en algas, amigo-contestó uno de los arenques, desafiante.

-La batalla aún no ha terminado-rebatió Marlin, insatisfecho-y que yo recuerde, debemos lealtad al rey del mar.

-¡No le debemos lealtad a nadie!-gritó el arenque, enfadado.

-¿Cómo te atreves?-se escandalizó una elefanta marina.

-¡Tiene razón!-lo defendió una estrella de mar.

-¡No la tiene para nada!-protestó un pez globo, y al hacerlo se hinchó y empezó a rodar.

-¡BASTA!-intervino Gill, y el esfuerzo le hizo desvanecerse. Estaba malherido, pues tras enfrentarse a Flotsam y Jetsam había perdido parte de su cola y una aleta. Su devota lugarteniente la pez Deb lo sanaba ayudada por una anciana y benévola pez luna.

Todos miraron a Gill con respeto. De todos los refugiados de la ciudad, él era quien imponía más, y su autoridad y palabra eran incontestables. Gill miró a sus compañeros con fiereza. Lucharía hasta la última gota de su sangre, hasta que aquella maldita puta le arrancase la última de sus espinas de la piel.

-Debemos… organizar… un ejército-dijo Gill en voz baja-en el palacio…-cerró los ojos-aún están luchando… mmmmmm… no abandonaremos a nuestro rey…

-Pero Gill…-rebatió el jefe de los arenques-ellos son muy poderosos… y no te quedan más soldados…

-Por eso mismo… me quedáis… vosotros-dijo Gill. Los peces, invertebrados y mamíferos acuáticos se miraron entre ellos, poco convencidos. Algunos se empezaron a alejar, entendiendo lo que Gill quería, y nada dispuestos a hacerlo.

-¡Venga ya!-protestó Marlin-¡todos amáis Atlántica tanto como yo!

-Ya está otra vez el pez payaso…-se burló en voz baja un caballito de mar, y los que estaban al lado rieron.

-¡Recordad a los que nos negaron ayuda cuando Tritón empezó la guerra contra las Legiones del Abismo!-exclamó Marlin-¡Úrsula los asesinó! ¿Creéis que nosotros correremos mejor suerte? Cuando ella sea reina, estaremos acabados… seremos cebo de pesca para sus vasallos.

-Si huimos tenemos una posibilidad-replicó un atún.

-Si huimos no habrá más posibilidades-le respondió Marlin-la única posibilidad que tenemos… me temo… es organizarnos ahora.

-Hay que llegar hasta ella y matarla-explicó Gill. Cada vez que él hablaba todo el mundo enmudecía, pues a él solo le quedaba ya un hilo de voz-si la matamos todo lo demás será secundario…

-No podremos hacerlo…-se negaron varios peces.

-¡Ayuda! ¡SOCORRO!-Aquata y Arista se aproximaron nadando hacia el arrecife.

-¡Las princesas! ¿Qué hacéis aquí?-preguntó Marlin, sorprendido. Los peces las rodearon mientras ellas jadeaban. Había sido la carrera más larga y más rápida de sus vidas.

-Tenéis que… ayudarnos…-dijo Aquata-es… ella… es muy fuerte… por favor…

-¿Lo veis?-Marlin se encaró con el resto de peces, que hicieron ruiditos de desdén-¡debemos luchar! ¡Aunque todos muramos!

-Y no será así…-jadeó Gill.

-¡Ella va a coger el tridente!-chilló Arista, incapaz de contenerse-¡Hay que darse prisa y…!

Pero sus últimas palabras armaron un gran revuelo. ¿El tridente? Se suponía que estaba bien oculto. Los peces más jóvenes incluso dudaban de su existencia.

-Adiós-varios bancos de peces salieron disparados en dirección al oeste sin ni siquiera mirar atrás. Otros se dedicaban a discutir entre ellos, mientras Gill trataba de mandarlos callar otra vez.

-¡El tridente en sus manos será un arma de destrucción masiva!-exclamó una histérica madre lenguado.

-¡Nos matará a todos! ¡Nos convertirá en sushi!-gritó el pez globo, hinchándose de nuevo.

-¡IIIIIIH! ¡AAAAAAAAAH!-los peces nadaron por todos lados, histéricos, mientras Marlin intentaba hacerse oír, sin éxito.

-¿Por qué gritan?-preguntó Dory extrañada.

-¡Por lo del tridente!-le respondió un pez mariposa.

-¿Qué tridente?

-¡SILENCIO!-gritaba de nuevo Gill, apretando los dientes para ignorar el dolor.

Al final una beluga emitió un insoportable chillido que hizo que todos dieran un respingo, alarmados, y así hubo silencio. Gill se incorporó ayudado por Deb, y miró a Aquata y Arista, que esperaban, nerviosas, una respuesta.

-Mi lealtad es y será siempre a la familia real-dijo Gill-vuestra madre me eligió… y yo os protegeré siempre.

-Gracias…-dijo Arista sonriendo angustiada. Pero Gill no era gran cosa ahora mismo. ¿Y los demás…?

-Yo sí. Lucharé por mi reino-dijo la beluga con decisión.

-Y yo.

-Y yo.

Muchos peces rodearon a Aquata y Arista, mostrándoles su apoyo. Ella sonrieron aliviadas. El resto se miraban entre ellos, aún indecisos. Gill por su parte miró hacia el palacio de Atlántica. La ciudad estaba destrozada, y llena de cadáveres de ambos bandos. Pero todos seres submarinos, después de todo.

-Quien no quiera luchar, que se vaya. Lo comprendo-dijo en voz baja-el resto… vamos a preparar una estrategia. Lucharemos. Y venceremos.

Los peces se fueron juntando frente a Gill, que empezó a organizar una desesperada defensa final por la libertad de Atlántica, última gran bastión de la vida bajo el mar.


Hércules nadó por los corredores del palacio. Debía llegar cuanto antes a la sala del trono para terminar con todo aquello. Quedaba solo un cuarto de hora y Úrsula seguía con vida. De hecho era muy poco probable que consiguieran vencerla, menos aún si había tomado al resto del equipo como rehenes. "Ha sido todo una imprudencia… nunca debí confiar…"-pensó Hércules preocupado. Él conseguiría matarlo, eso lo tenía claro, pero temía por el resto. Si moría la niña… o aquella chica pelirroja, la sirena… no, no quería pensarlo. No moriría ninguno. Él los salvaría a todos. Volvería a hacerlo.

Había entrado en la antesala del trono cuando se dio cuenta de algo: las armas que antes tenían el escudo protector de Merlín alrededor suyo ya no lo tenían. El conjuro había desaparecido. Tal vez el mago lo hubiera hecho para que los ayudasen.

Hércules no podía atisbar todavía la verdad, al contrario que Jim, que cuando vio que la energía azul que protegía al tridente del rey Tritón había desaparecido entendió que eso era porque Merlín había muerto, y su magia lo había hecho con él. Triste e irónico final, para quien tenía tan cerca la libertad del juego.

-Que pérdida de tiempo…-comentó Úrsula despectiva, mientras veía el cadáver del mago en la burbuja, que poco a poco se estaba volviendo de colores y parecía descomponerlo lentamente. El cuerpo de Merlín brillaba de distintos colores, dándole un aspecto extraño.

-Mierda…-Jim miró a Ariel asustado, pero los ojos de ella brillaban: Úrsula estaba muy cerca de coger el tridente. La gordinflona y perversa bruja del mar estiró un tentáculo para asir el tridente, cuando un grito la sobresaltó.

-¿Y ahora qué?-gruñó, volviéndose, furiosa.

-¡NO!-gritó Ariel, pero ya no podía pararle: Kuzco había salido de la nada, y lanzándose sobre el tridente lo agarró antes que la bruja. La pelirroja se quedó paralizada mirándolo, mientras él tiraba del tridente soltando una carcajada victoriosa. ¡Lo había hecho! Al final, los había salvado a todos. No se creía que hubiese conseguido llegar hasta allí él solito, bajando por aquella estrecha gruta y siguiendo los túneles.

-¡JA! ¡JÓDETE, CACHO TRAVELO!-rió Kuzco señalando a Úrsula con un dedo. Entonces el tridente emitió un extraño brillo dorado y Kuzco se desintegró casi en el acto. Desapareció en un fuerte resplandor, como le había pasado antes a Helga delante de todos.

Cuando Kuzco desapareció, todos se quedaron en silencio. Nuevamente estaban solo Úrsula, Jim y Ariel, como al principio. Pero ahora las cosas habían cambiado completamente: si antes la bruja iba directa hacia su trampa, ahora era plenamente consciente de ella. Lentamente Úrsula se giró hacia ellos bailoteando sus dedos y los tentáculos que le quedaban, amenazante.

-Ariel…-susurró, en un tono gélido-cariño…vas a morir por esto.

-Voy a morir de todas formas… y tú no lo tendrás…-replicó ella furiosa. Úrsula lanzó un rugido gutural y lanzó un tentáculo hacia donde estaban los chicos. Ariel se apartó rápidamente, pero no iba hacia ella, si no a Jim, a quien atrapó y acercó hacia el tridente.

-Te toca probar Will, cariño-dijo Úrsula acercándolo hacia el arma. Jim se retorció asustado, intentando alejar lo máximo posible el cuerpo del tridente. Si lo tocaba…

Jim miró a Ariel, que observaba en silencio como Úrsula lo acercaba a su muerte segura. Ariel ya sabía lo que la bruja esperaba de ella. Pero no iba a hacerlo. No pensaba ayudarla. Jim moriría cierto, pero no le importaba. ¿A cuánta gente había visto morir últimamente? Ella no sentía nada por él. Nada en absoluto.

-¡AYÚDAME, POR FAVOR! ¡JODER ARIEL, HAZ ALGO!-gritó Jim pataleando mientras su cara se quedaba a escasos centímetros del tridente. Jim notó su calor. Iba a desintegrarse como Helga…

Ariel y Jim se miraron a los ojos. Y aunque no supo por qué, Jim supo que estaban pensando en lo mismo. Aquel día en el que él la había llevado a volar, y la había dejado pilotar su Solaryum. Las últimas semanas juntos… Ariel vio a Jim sonriéndola a su lado, pegado a ella como hacía cuando había otros chicos, notó su calor y el fuerte aroma de su piel, agradable e inconfundible. Volvió a la realidad al ver que Úrsula lo acercaba más.

¿Cómo iba a dejar que muriera?

-Para-dijo Ariel. El tentáculo de Úrsula se detuvo en seco. La bruja se volvió con una media sonrisa nada agradable.

-¿Por qué?-dijo. Ariel la miró muy seria.

-Te lo daré…-susurró-pero déjalo en paz… déjalos a todos.

-¿Puedes cogerlo?-preguntó Úrsula con sorpresa. Ariel asintió. La mente de la pelirroja evaluaba las posibilidades a toda velocidad, pero no veía la salida. Jim en cambio sí: si la magia de Merlín había desaparecido del tridente también lo habría hecho de las armas que los sirenos les quitaron al llegar a Atlántica. Si Kuzco los había encontrado los demás también podrían hacerlo. Hércules debía seguir luchando, igual que Timón y Pumba, Sebastián y Lilo. De Aladdín lo último que había visto era que caía a un jardín de algas, herido, pero tenía la esperanza de que seguiría con vida. Así que solo había que entretener un poco más a Úrsula. Y sabía que podría hacerlo… aunque quizás sería duro.

Ariel miró a Jim de nuevo y él asintió, pero fue un movimiento casi imperceptible, que de no haberse conocido tanto ya ella no hubiera podido ver.

-Solo pueden miembros de mi familia-explicó Ariel-Los que lleven la sangre real pueden retirar el tridente de su santuario. Nadie más.

-Pues hazlo-insistió Úrsula. Ariel negó con la cabeza.

-No vas a poder convencerme esta vez. Con él no-dijo. Las dos se miraron con odio. Lo que había entre ellas era aún más fuerte incluso que lo ocurrido con Tritón. Jim esperó, expectante. "Gana tiempo…-pensó para sí. Joder, que no tardasen más-gana tiempo…".

-Yo nunca te convencí de nada Ariel. Lo aceptaste todo tú-dijo Úrsula con susurrante voz. Luego se giró hacia Jim y para sorpresa del chico lo alejó del tridente-¿sabes qué? Antes de terminar con esta historia, creo que deberías entender como fue mi triunfo. A quién se lo debo. Porque es todo a ella. Y cuando lo sepas, estoy seguro de que como yo, estarás de acuerdo en que es odiosa.

Jim miró a Ariel, que parecía asustada. Úrsula sonrió.

-¿Quieres oír su verdadera historia?

Los labios de Jim se despegaron lentamente.

-Sí.

¿Qué otra opción tenía? Ariel parecía muy asustada. No quería que se supiese, lo que fuera, de ella. Pero Úrsula parecía estar disfrutando de lo lindo. Rozando la caracola que llevaba como colgante en su grueso cuello, empezó a sonar una música marina muy extraña, suave y clara como la que antes había escuchado Jim. Y entonces el entorno empezó a cambiar. Parecía que viajaban por el tiempo… parecía que viajaban a los recuerdos.

-Mira Flynn, presta atención-dijo Úrsula señalando al final de lo que ya no era la sala del tridente, sino un precioso jardín submarino-es una historia de lo más interesante…

A su lado, Ariel miraba también. Nunca pensó que volvería atrás de ese modo, a ver todo lo sucedido.

Para bien o para mal, estaba a punto de hacerlo.


No sé que impresiones os habrá dejado este capítulo, la verdad. Como ya dije, está lleno de giros de trama. Úrsula conoce a Ariel y estuvo espiándola a ella y a Jim todo este tiempo, el rey Tritón no es para nada quien decía ser y cometió muchos errores en el pasado, el tridente no es tan sencillo de conseguir y sobre todo... ¡Merlín y Helga han muerto! Bueno, también Kuzco, pobre. Como siempre el final de la historia es inesperado, y ya veremos como es su desenlace.

Si os gustó, dejadme un review, por fa. En el siguiente capítulo, la esperada historia de Ariel. Tardaré más en subirlo porque en las vacaciones además de descansar tengo un montón de trabajos, así que ya veré cuando puedo escribir. A vosotros lectores os deseo las mejores fiestas y el mejor descanso que sin duda os merecéis, con las personas que más queráis a vuestro lado.