Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, hago esto sin fines de lucro.
Slash, Rated M. Dark!Harry, Lightbashing (en un principio), temas maduros.
-"ABC..."-. Diálogo
-"ABC..."-. Pensamiento
Hola a todos!
Antes de empezar a responder a los anónimos, sólo quiero desearles lo mejor para el 2020, que sus metas se cumplan y sea un mejor año para todos. Por cierto, 31 de diciembre es el cumpleaños de Tom Riddle :D, por poco y lo olvidaba.
Ahora sí, respondiendo a los reviews:
Ana Luisa: Muchas gracias por tu comentario, fue un poco difícil escribir la interacción entre Harry y Tom, me alegra que te haya gustado. Espero que el siguiente capítulo te guste.
Tammy: Gracias! Lo sé, y lo siento mucho, no quiero dejarlos esperando tanto. Harry en realidad llevaba sobreanalizando la situación con Dumbledore desde que lo rescataron, jajaja, así que yo diría que se tardó en unir todos los cabos. Esperemos que siga por el buen camino. Pues el inicio de una relación amorosa sería todavía mucho para esos dos, jajaja, yo diría más bien el inicio de una relación más estrecha (por lo menos ya van avanzando), prometo que habrá más avance, lo prometo. Para ser sinceros, Dumbledore no lo pensó muy bien, creyó que siempre le iban a salir las cosas como las planeaba, pero siempre no, jajaja. Sirius es un personaje complejo, ya ves cómo ha reaccionado desde que sacaron a Harry hasta la reunión del Wizengamot, tengo su historia planeada y no sé cómo van a reaccionar a eso, pero hasta ese momento acepto teorías :D. Ron y Hermione tendrán su momento para explicarse, ya veremos si es suficiente o no, ¿qué sucederá, muajaja? Harry en realidad no fue violado, hice una aclaración en el capítulo 9 o 10, no lo recuerdo muy bien, pero retomaré el tema dentro de la historia, paciencia :3. Espero que este nuevo capítulo te guste y responda tus preguntas.
No tengo mucho más por añadir, disfruten :D
Culpable
Capítulo XXIV, Brindis
Su vida era una rutina, tan monótona que a veces creía extrañar el bullicio del colegio. Por supuesto, eso era sólo una ilusión, porque en ese castillo había sido miserable la mayoría del tiempo. Graduarse había sido lo mejor que podía haber hecho. Además, definitivamente no extrañaba ver los rostros de algunos ahí –Snape encabezaba la lista, pero no era el único–.
La rutina estaba bien, era lo mejor que podía obtener en esos tiempo y francamente no debería quejarse.
De miércoles a lunes, cuando debía atender diversas responsabilidades para su familia o asistir al Wizengamot –a menos que se tratara de una reunión extraordinaria–, Neville Longbottom se esforzaba por cumplir las expectativas de su abuela. La mujer lo había criado desde que podía recordarlo, habiendo perdido a sus padres de una manera… poco inusual, así que ella había sido la responsable de su educación y de darle todo lo que necesitó desde pequeño. Era un pago mínimo, se decía cada que no podía soportar la presión, porque Augusta Longbottom había sacrificado su retiro y su vida para criarlo.
No era un gran consuelo, pero era el mejor que tenía.
Su abuela era una buena persona, algo estricta y generalmente poco abierta a las bromas, preocupada por el Mundo Mágico a su manera; sin embargo, ser comparado constantemente con su padre sólo para que su abuela pudiera sentirse… no lo sabía. Dedicar su vida a la familia Longbottom era lo que podía hacer.
Pero el martes, o casi todos los martes, era un día para él.
Era un día para romper la monotonía que detestaba, a pesar de estar acostumbrado a ella.
Durante un día a la semana, Neville desaparecía de la guardia constante de Augusta Longbottom y lo dedicaba a los pocos encantos que todavía tenía su vida.
Despertaba muy temprano, más temprano que su abuela y todo el mundo dentro de su hogar, y se daba una ducha a consciencia, asegurándose de arreglarse con la mejor de sus ropas. Bajaba a desayunar y hacerle compañía al silencioso comedor que casi nunca compartía con alguien más… y después de eso… Neville sonreía antes de dirigirse a la chimenea y gritar su destino con los polvos flu en mano –"Caldero Chorreante"-.
Saludaba amablemente a Tom, el cantinero y dueño del lugar, y a Hannah, una antigua compañera del colegio, para luego salir por la puerta hacia el Londres muggle y dirigirse a la calle principal. Ahí en la calle pedía un taxi –se trataba de un extraño medio de transporte, mucho más cómodo que el Autobús Noctámbulo, que utilizaba grandes cajas de metal para llevar pasajeros hasta su destino, individualmente– y le daba la dirección que conocía de memoria.
-"Buen día"- decía con un ánimo que no sentía durante la semana –"Necesito ir al Hospital Real de Bethlem"- a veces los muggles sabían muy bien hacia donde ir, otras veces no tanto y, entonces, él debía darles la dirección –"Es Monks Orchard Road, Beckenham BR3 3BX"-.
Por media hora, o quizá un poco más, Neville permanecía en silencio, mirando por la ventanilla y observando todo el mundo pasar a su alrededor, encerrado en una burbuja que lo protegía del exterior y lo llevaba hasta la mejor vista que tenía su vida, fascinado por la compleja sociedad muggle, aterrado de lo que podría sucederle si algún día debía estar afuera.
Cuando se había graduado de Hogwarts, Neville había adquirido una tarea para la que se había preparado desde que su abuela había hablado de su herencia: aprender a ser Lord Longbottom. No había sido sencillo –todavía no lo era– y aún necesitaba aprender más de su abuela y las obligaciones que tenía en sus hombros. Pero había algo gratificante en tener el control de su familia, a pesar de su poca experiencia al frente.
Al firmar en Gringotts su título y obtener su anillo, Neville había tomado su primera gran decisión, incluso sin el consentimiento de su abuela: remover a sus padres del ala de Embrujos Irreversibles.
No importaba cuántas veces los visitara ahí, Neville siempre los veía solos, deambulando, descuidados… le rompía el corazón ver a su madre así y ver a su padre –una figura que había resentido por buena parte de su infancia–, ambos siendo tratados como si no fueran humanos; como si su vida valiera menos que el estúpido Gilderoy Lockhart.
Sus padres eran Alice y Frank Longbottom, dos de los mejores aurores que había tenido el departamento; jóvenes promesas de su generación y grandes magos. Ambos habían protegido a su hijo y, en consecuencia, habían sido torturados hasta la locura. Merecían algo mucho mejor que la negligencia de San Mungo.
Así que había retirado a sus padres del Hospital –y los fondos mensuales que iban a parar a tal deplorable establecimiento, para desgracia de algunos sanadores ahí–.
Por casi dos meses, Neville se había hecho cargo personalmente de ellos, entre sus lecciones con la abuela y las responsabilidades de su título. Les había ayudado a ganar un poco de peso y caminar con ellos en el jardín parecía tranquilizarlos. Tan difícil como fuera, Neville había investigado un poco por su cuenta –y quizá con la ayuda de algunos muggles que su dinero podía pagar– y había encontrado el Sanatorio Bethlem, para enfermedades mentales.
Y, desde entonces, dedicaba su mañana a permanecer con sus padres, hablarles un poco o simplemente ser algún tipo de compañía para ellos.
En el Sanatorio eran cuidados especialmente; enfermeras –hombres y mujeres muggles encargados de la atención personalizada de ciertos pacientes– y doctores –a pesar de lo que pensaran, no eran tan salvajes como los sanadores los habían hecho ver– estaban a su disposición todo el tiempo y, con las donaciones de Neville, ese lugar era una buena opción para personas como sus padres, muggles o no. Habían sido ingresados gracias al uso de un poco de magia para falsificar documentos y mentir sobre las razones de su estado, y había valido la pena.
Le habría encantado que fueran magos y brujas, por supuesto, quienes dirigieran las investigaciones sobre enfermedades mentales, para quizá encontrar una cura a sus padres o algo así, pero tampoco podía esperar mucho cuando personas como ellos no formaban parte de las prioridades del Mundo Mágico; mucho menos ahora, con los problemas que tenían.
De cualquier manera, su madre ahora lucía radiante bajo la luz que entraba por su ventana –una habitación sólo para ellos era una de las mejores partes de ese hospital–, con la mirada en la pared que contenía los últimos dibujos que ambos habían hecho. Su cabello estaba limpio y sujeto en una trenza, su ropa lucía cómoda y limpia, suya. Y su padre… su padre no parecía un cadáver y, de momento, estaba sentado frente a un pequeño escritorio, con lápiz en mano y haciendo patrones interesantes en la hoja.
-"Hola, papá"- saludó en voz baja, tal como le habían enseñado a hacer –"Hola, mamá"-.
La monotonía de su vida se rompía una vez a la semana.
El martes era su día favorito.
Conversó con sus padres un momento, hablándoles de tonterías sin sentido en sus jardines o de cómo su tío había conseguido romperse el brazo –imprudente– al saltar hacia la cocina por la ventana. También les había contado la situación del Mundo Mágico –ellos habían sido parte importante de la Segunda Guerra Mágica, así que creía que sería algo que debían saber, se lo merecían– y cómo estaba la salud de su abuela después de la última vez. El silencio y la sonrisa vacante de su madre fue toda la respuesta que necesitó para continuar.
Fueron interrumpidos por una enfermera –"Buenos días, Neville"- lo saludó amablemente.
Normalmente las enfermeras dirigirían a sus padres al comedor, donde el resto de los pacientes de esa ala se encontraban, pero cuando Neville iba, las enfermeras llevaban los alimentos hasta la habitación, para brindarle a Neville un pequeño favor.
Ayudar a alimentarlos era algo que… le hacía sentir útil.
No era una tarea de alto riesgo y tampoco sentía que haría un cambio muy importante en el resto del mundo; sin embargo, esos eran sus padres y él no sabía de qué otra manera sentirse cerca de ellos. Por supuesto, había solicitado permiso y después algo de instrucción para aprender los cuidados básicos que se requerían para tareas tan sencillas como esa.
Las enfermeras lo conocían muy bien ahora y siempre le tenían paciencia cuando intentaba hacer algo.
Cuando la enfermera se fue, Neville continuó hablando con ellos.
Por las siguientes dos horas, les habló de sus preocupaciones con la guerra y la situación que salía de su control. Lo mucho que le quemaba ser una parte neutral dentro del Wizengamot y no poder proponer ningún tipo de solución –aunque no tuviera ninguna buena idea–, es decir, le parecía prudente ser neutral en el conflicto que ponía en crisis al Mundo Mágico, pero a veces… a veces quería hacer más.
También les contó sobre la última reunión, donde se había discutido la situación de Harry Potter, les habló sobre lo que había hecho después y la carta que había escrito para los gemelos Weasley –"Es la primera vez que hago algo así"- admitió sin fuerza –"Pero, ¿saben? Harry habría hecho lo mismo por mí"- de eso no estaba totalmente seguro, pero sus recuerdos le impedían pensar diferente, se negaba a hacerlo –"¿Creen que hice bien?"-.
No hubo respuesta y su tiempo ahí casi terminaba.
-"A veces pienso que es demasiado tarde"- tarde para muchas cosas –"Tengo miedo…"-.
Una delicada mano en su mejilla lo detuvo de continuar, después una mano más grande, pero igual de frágil, se posó en su cabeza. Intentó sonreír, sólo un poco, y no pudo hacerlo. Miró a sus padres y se preguntó si podría llevar a su abuela un día, para que viera el gran avance que habían hecho desde la última vez que ella los había visto.
Estaba seguro, muy seguro, que sus padres estaban ahí.
Debía existir una manera.
Su padre le sonreía y le extendía el dibujo que había dejado de lado horas atrás, su madre sonreía también, pero ella no lo miraba.
-"Sólo…"- sólo quería un abrazo de ellos, palabras de aliento o simplemente su nombre… quería verlos sanos, quería… quería que sus padres pudieran estar en casa, donde pertenecían.
Se sentía tan solo…
-"Ahora imagina"- se dijo con una voz firme, como cada que sentía la necesidad de llorar sin razones, una voz que, imaginaba, sería la de su padre, de estar consciente –"Imagina lo que sería perderlos… y ser encerrado en Azkaban… imagina perder a tus padres para siempre y… y ser encerrado para perder la cordura lentamente"-.
No era la primera vez que, estando en el Sanatorio, Neville lloraba frente a sus padres, sin importarle demasiado lo que se decía con esa voz.
Tampoco sería la primera vez que sentía culpa sobre algo que podría haber arreglado… o donde podría haber intervenido.
-"¿Hice lo correcto?"- preguntó más para sí mismo que para sus padres, al tiempo que tomaba con una mano el dibujo y con la otra acariciaba la mano de su madre.
Antes de irse, Neville recibió una envoltura pequeña de su madre; era verde y brillaba como el metal. En el hospital tenían algunos dulces que eran los favoritos de su madre y él, siempre, compraba algunos más para ella, deslizándole una pequeña bolsita en el bolsillo del suéter rosa que llevaba puesto –"Nos veremos después, ¿sí?"-.
Cada semana, cuando sus responsabilidades eran atendidas y cuando su abuela debía atender protocolos de una mujer de su clase social, Neville tenía todo un día para él; libre de citas innecesarias o compañías extrañas. Durante ese día, viajaba hasta el Londres muggle y visitaba a sus padres…
En la tarde, cuando se despedía de ellos, Neville desaparecía de nuevo.
No regresaba a la mansión hasta muy entrada la noche y tampoco visitaba lugares concurridos con amistades inexistentes –como su abuela quería creer–.
No.
Neville Longbottom dejaba el Hospital Real de Bethlem alrededor de la una de la tarde y se dirigía una pequeña cabaña de su familia; un regalo de bodas de su padre a su madre, adquirida con el dinero que había ahorrado durante su primer año como auror –un auror novato tenía un buen sueldo, se dio cuenta–.
La Cabaña Alice –qué original– había sido construida a petición de su padre, hecha de maderas preciosas, en medio de un bosque y con un hermoso jardín que podía abarcar una extensión indefinida dentro del verdadero tamaño de la propiedad de la familia principal de los Longbottom. Era perfecta, un lugar para escapar de la vida y pretender, sólo por un momento, que podía cumplir con sus sueños.
En la cabaña se encontraba su colección de libros sobre Herbología, un pequeño invernadero construido a pocos metros del jardín principal, una hermosa vista y la tranquilidad de la soledad que tanto buscaba.
Propiedad de Neville Longbottom, heredada después de la hospitalización de sus padres, puramente suya, de nadie más; sin riesgo a perderla porque no se encontraba dentro de las propiedades hereditarias o, en caso que sucediera, parte de alguna cláusula de la familia. Esa propiedad, junto a la que habría sido su hogar en el Valle de Godric, era un refugio al que su abuela no tenía permitido entrar a menos que él hiciera las modificaciones apropiadas en las protecciones… algo que no haría.
Era su pequeño paraíso y un refugio.
Y después de la reunión con sus padres, un lugar de descanso para el alma.
Hasta ahora, sólo él –además de sus padres– había puesto un pie dentro y estaba a punto de romper la única regla que había hecho para sí mismo; no dejar a nadie entrar. No lo haría, probablemente, si las cosas fueran diferentes, pero necesitaba ayuda y ese era el único sitio que podía perturbar sin remordimientos –la casa de sus padres estaba fuera de cualquier negociación, obviamente–.
Ese martes se levantó temprano, no tanto para ver a sus padres, sino para dar solución a un problema de todo el Mundo Mágico… y de un amigo.
-"Mizzy"- llamó.
Una elfina, vestida con la cresta familiar, apareció frente a él haciendo una de sus acostumbradas reverencias –"¿Mizzy puede hacer algo por el maestro Nevi?"- a pesar de todo, sonrió.
Esa elfina se había encargado de él desde que era sólo un niño, tenía toda su confianza –"Tráeme algunos refrigerios para tres personas"- ordenó –"Y te prohíbo que hables de esto con alguien que no sea yo"-.
Cuando desapareció, Neville se sentó frente a la chimenea, esperando.
Dentro de poco, recibiría la visita de Fred y George Weasley, cuarto y quinto en la línea de sucesión de su familia. Hombres con un récord criminal complicado, dados los problemas que habían ocasionado dentro y fuera de Hogwarts.
No estaba preocupado por eso, en realidad Fred y George no habían hecho algo en contra suya –si ignoraba las bromas inocentes que habían gastado en él y el resto de sus compañeros–. El último año que habían compartido el castillo, Fred y George habían escapado durante un fin de semana en Hogsmeade, después de varios meses en un silencio sospechoso –sus bromas se habían tornado tan crueles, que habían sido expulsados del equipo de quidditch y algunas otras actividades, como las visitas al pueblo cercano–.
Nadie sabía muy bien los detalles, pero después de una semana de no verlos, Fred y George habían aparecido en la primera plana de El Profeta, siendo arrestados por cinco o seis aurores por intentar entrar en Azkaban para rescatar a Harry Potter. Pasaron tres semanas más para que ambos regresaran a clases… diferentes.
Ya no hacían negocios y los niños no se les acercaban; las bromas habían terminado rápidamente y sus notas habían subido –o eso mencionaba Ron en el dormitorio–. Ni siquiera su profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras había logrado alguna reacción de ellos.
-"Esto no puede terminar bien"-.
Neville no estaba muy seguro de lo que había sucedido después, excepto que participaban regularmente en un programa de radio y que jamás habían intentado entrar al Ministerio de Magia.
De cualquier forma, los gemelos Weasley habían sido una leyenda en Hogwarts y su reputación de bromistas había trascendido a delincuentes juveniles muy rápido, así que muchas puertas se habían cerrado para ellos, a pesar de –lo que sabía– tener un futuro prometedor.
Pero así eran las cosas en el Mundo Mágico; podías tener excelentes intenciones y las mejores calificaciones en el colegio, pero si no tenías el respaldo de una familia –como él– o tenías algún tipo de antecedente… normalmente, bueno, tus opciones se limitaban. Sólo tenía que ver el ejemplo de Hermione Granger, con las mejores calificaciones, pero nacida de muggles y afiliada activamente con Albus Dumbledore; eso no hablaba bien de ella y había terminado por aislarla de las posibilidades de obtener un puesto importante dentro del Ministerio, sin importar que ya tuviera un escritorio dentro de una oficina.
Neville se levantó de su sitio y se dirigió a una pequeña caja que tenía en una encimera; ahí dejó la envoltura verde, junto con las otras que había recolectado con el pasar de los años. Luego, Neville tomó el dibujo que su padre le había dado y lo dejó cerca de la caja, haciendo una pequeña nota mental para guardarlo con el resto de objetos que su padre le había regalado.
Detrás de él, la luz cambió y el reflejo verde sólo logró que Neville se tensara en su sitio.
Cuando dos pares de pasos resonaron en el suelo de piedra alrededor de la chimenea, el antiguo Gryffindor supo que no podía echarse para atrás pronto.
-"Buen día"- saludó al darse la vuelta, ignorando el impulso de señalar lo tarde que habían llegado, una habilidad que había perfeccionado desde pequeño –"¿Todo bien?"-.
Los hombres frente a él tenían… un aspecto muy distinto del que recordaba.
Por supuesto, ¿quién podía culparlo? Hacía años que no los veía, y ellos eran sólo un recuerdo de días más felices en que lo único que podría preocuparlo era Snape.
Sin embargo, lo poco que recordaba era tan claro como aquellas veces en que había logrado una buena nota en Herbología o Encantamientos. Nada de eso estaba ahí. En la comisura de sus labios no estaba una sonrisa esperando salir y Neville no estaba muy seguro, pero creía que podía ver algunas líneas prematuras en sus rostros.
-"Lo sentimos"- se disculpó uno de ellos –"Tuvimos que escapar de… una reunión familiar"- le sonrió, pero era obvio que no había ninguna nota de alegría en él.
¿Hacía cuánto que esas reuniones familiares significaban el confort del que tanto habló Harry durante las pocas conversaciones que habían sostenido? No pudo evitar sentir simpatía por los dos Weasley al escuchar eso.
Neville asintió y comenzó a caminar hasta el comedor, donde podrían comer algo antes de entrar en los temas que todos necesitaban resolver –"Deben estar hambrientos"- dijo con toda la formalidad que su título le confería –"¿Cómo va el trabajo?"- preguntó cuando se sentaron a la mesa y ninguno dijo nada por un momento considerablemente largo –"¿Siguen en el radio?"- para ser sincero, Neville no solía escuchar radio o leer El Profeta, prefiriendo enterarse de las noticias de primera mano.
El gemelo que había tomado el lugar más cercano a él negó con la cabeza –"A veces… es difícil ser regulares en el programa de Lee"- por supuesto –"Normalmente somos invitados en algunos programas, así que no hay gran problema"-.
Neville asintió –"Entiendo, ¿han intentado incursionar en alguna otra carrera?"-.
Desde su graduación, su abuela le había enseñado algunas cosas sobre las conversaciones; una de ellas eran ese tipo de conversaciones incómodas que haces con personas que realmente no conoces, pero que necesitas. Como cuando necesitas pedir un favor, le había dicho su abuela en uno de esos raros momentos en que bromeaba con él, debes construir cierta base para la discusión de temas más importantes.
Era una verdadera pena que Neville jamás hubiera entendido las sutilezas que la matriarca había intentado enseñarle.
-"No creo que sea posible"- su respuesta no lo sorprendía y, francamente, coincidía con él.
Nadie que hubiera tenido antecedentes criminales podía asumir una vida normal y fingir que no había hecho nada malo –aunque intentar rescatar a Harry hubiera sido algo bueno–, se recordó con más fuerza de la necesaria al verlos tensarse frente a él. Así funcionaban las cosas, un estigma era un estigma… naces con él, vives con él, mueres con él.
Los Weasley, por supuesto, tenían otro tipo de antecedente; a veces podías heredar de tu familia algo más que objetos o propiedades… algo más, una herencia de sangre.
La comida que Mizzy había traído, por supuesto, sobrepasaba la dimensión de un refrigerio adecuado para la hora, algo que ya había contemplado antes.
Se trató de una comida de tres tiempos que nada tenía que ver con su verdadera orden, pero Neville no iba a cuestionarlo cuando vio que los gemelos comenzaron a comer con rapidez y, a veces, cierta desesperación –"¿Cómo has estado tú?"- preguntó el mismo gemelo que había hablado antes, intentando romper el silencio.
¿Cómo había estado él?
Vaya pregunta…
¿Cómo se suponía que debía responder a eso?
-"Bien… he estado… bien"- sonrió un poco.
El otro gemelo, el que había permanecido en silencio, bufó con fuerza –"¿Sólo bien?"-.
Pues… no podía quejarse, ¿verdad? Tenía dinero, una casa, un título, un trabajo estable y ciertamente una posición que le garantizaba la vida mientras mantuviera su perfil bajo y no intentara ser parte de alguna ideología; se había graduado y, dentro de todo, creía que las cosas en su vida no estaban mal.
Pero mentiría si dijera que se sentía bien.
-"No puedo quejarme"- repitió en voz alta –"Las cosas entre mi abuela y yo han estado un poco tensas, pero eso era de esperarse"- era de esperarse porque la mujer siempre lo había creído una gran decepción para la memoria de su hijo –"Como si estuviera muerto"- rodó los ojos –"Aunque dudo que sea algo que les interese, ¿cierto?"-.
No necesitaba ser un genio para saber que los gemelos estaban impacientes por la información que podría darles. Neville también lo estaba, no mentiría por algo así, pero era él quién los había llamado, era él quién tenía la información, ¿verdad?
¿Verdad?
Uno de los pelirrojos bufó –"¿Podríamos dejar de perder el tiempo?"- preguntó inclinándose hacia él –"¡George y yo…!"-.
Fue el turno de Neville para rodar los ojos –"Ustedes dos sólo estarán perdiendo mi tiempo"- se inclinó en su silla, alejándose de los dos por unos centímetros –"Así que no deberían preocuparse por eso"-.
George, el que había estado hablando con él todo ese tiempo, cambió su expresión. Ya antes le había parecido que ambos lucían cansados, pero no al grado que veía ahora, como si hubieran envejecido unos cinco años –"Por favor… necesitamos cualquier cosa que pueda ayudarnos a encontrarlo, por favor…"-.
Se mordió un labio y, por un segundo, dudó de toda su decisión –"¿Necesitan?"-.
-"Remus también lo está buscando"- añadió –"Sólo…"-.
Neville suspiró –"Lo sé"- no pasó mucho tiempo para que la comida fuera olvidada y Mizzy la retirara de inmediato –"Creo que necesitamos algo más fuerte para esto"- sugirió al levantarse; los pelirrojos tenían sonrisas en el rostro, pero le parecían tan falsas como toda esa reunión.
Por Merlín que necesitarían algo más fuerte para esa conversación, quizá algún tipo de veneno o una poción de Snape.
Neville tenía una colección pequeña de licores en esa cabaña; él no bebía algo más fuerte que cerveza de mantequilla, pero realmente era necesario –"¿Tienes whisky?"-.
Asintió con la cabeza y sirvió tres vasos de whisky de fuego.
Fred tomó los vasos y los sostuvo hasta que lograron llegar a la sala de estar, frente a la chimenea de la que habían salido, una vez que estuvieron en su sitio, George habló –"¿Qué tan seguros estamos aquí?"-.
-"Lo suficiente"-.
No podía culpar la paranoia que tenían, ciertamente los entendía –"Encontramos algo interesante hace una semana"- admitió Fred cuando vació su vaso de un solo trago y decidió servirse otra vez sin cuidado –"Sobre Harry"- añadió como si fuera necesario.
Neville no dijo nada, prefiriendo mantenerse en silencio como tantas veces había hecho en el Wizengamot. Al final, Fred perdió la paciencia –"Dos personas fueron vistas en Gringotts"- explicó seriamente –"Y alguien reclamó el título de Lord Potter"- Neville había inferido eso durante la sesión del Wizengamot, pero confirmarlo era tranquilizante –"Dos duendes estaban hablando de eso"- comentó –"Una de esas dos personas tomó el título, estamos seguros"-.
Sabía que tenía que ver con eso… ahora… ¿qué debería hacer?
Los tres tenían la misma información, aunque parecía que Neville comprendía un poco más lo que significaba todo eso.
-"Creemos que se trataba de algún heredero"- George se encogió en su sitio –"Tal vez Harry fue convencido de nombrar a alguien su heredero, no lo sé"-.
Por un minuto, Neville miró a esos dos hombres, realmente los miró, que nada tenían que ver con los adolescentes que él había llegado a conocer.
Lucían como hombres con una vida difícil, descuidados en su arreglo o quizá no con el suficiente tiempo o recursos. Su cabello estaba deslavado y bajo sus ojos las ojeras se habían intensificado, la palidez de ambos sólo destacaba aún más esa apariencia cansada. Sin sonrisas o bromas para ocultar el estado de su ropa o de ellos mismos, Neville sólo pudo sentir pena… por ambos y por la situación, preguntándose si todo lo que Dumbledore y Él valdría la pena para cada uno de sus seguidores… no encontró en sí mismo la manera de responder con una afirmación.
Contuvo el aliento cuando otra idea cruzó su mente tan fuerte como habría sido recibir un golpe en el rostro.
Se preguntó qué tan ignorantes tenían que ser de sus propias tradiciones, de las costumbres que debieron haber aprendido a los once años, antes de entrar al colegio. ¿Qué tanto no sabían sobre su lugar en la sociedad? ¿Qué sabían sobre ser parte de una familia de sangre pura? Incluso con su reputación, los Weasley deberían saber lo básico, ¿verdad? Pero era evidente que no entendían el valor de la información que habían escuchado, lo que habían confirmado.
Neville se sentía aliviado de pronto, porque si Fred y George hubieran comprendido antes lo que significaba eso, tal vez… tal vez Harry estaría en mayor peligro ahora, con Dumbledore sabiendo exactamente lo que no podía saber –a pesar de ser un Dumbledore, su familia no pertenecía a aquellas más importantes, y las tradiciones de los Dumbledore pertenecían al extranjero no al Reino Unido–. Pero, probablemente, la ignorancia de los gemelos había… había salvado a Harry.
-"¿Qué tan buenos son en Oclumencia?"- él, particularmente, era terrible, así que su abuela simplemente no había intentado enseñarle nada más después de las primeras dos lecciones.
Si iba a hablar con ellos y romper las reglas… debía asegurarse que esa información no llegaría a oídos de alguien más peligroso.
Lord Black había evitado mencionárselo a Dumbledore, de alguna manera el hombre no había confiado en él, y Neville sabía que era lo mejor. Había algo en Lord Black, el padrino de Harry, que le hacía seguir ese pequeño ejemplo que había presenciado.
-"Bastante"- respondieron al unísono.
Neville asintió, pero luego tropezó con sus palabras –"Quiero un juramento inquebrantable"- dijo antes de poder contenerse, tomando un poco de valor –"Es necesario"-.
-"Neville, escucha… puedes confiar en nosotros…"- George extendió la mano hacia él –"Fred y yo jamás…"-.
-"¿Jamás me traicionarían?"- frunció el ceño y recordó al niño de once años que había recuperado su recordadora y se la había extendido con una sonrisa –"¿También le dijeron eso a Harry?"- eso los calló.
No era cierto, por supuesto que no.
Inmediatamente se sintió mal por lo que había dicho, porque esos hombres no tenían la culpa de nada… no habían traicionado a Harry, ¿verdad? Habían sido apenas unos adolescentes, llegando apenas a la mayoría de edad unos meses antes de que todo sucediera… Ni siquiera podría culparlos de traicionarlo porque, ¿qué habrían podido hacer?
Por primera vez, tomó un pequeño sorbo del whisky, quemándose la garganta con el sabor y el ardor del alcohol, no sintió ningún tipo de alivio, como le habían dicho que debería sentir –"Lo haremos"- respondió Fred antes de que Neville pudiera disculparse por su comentario, volteando a ver a su hermano –"Lo haremos"- repitió.
Fred Weasley extendió su mano hacia Neville y la tomó.
Era una mano grande y áspera, como la mano de un hombre que trabajaba directamente con sus manos, más muggle que mago. Sintió que, si quería, Fred podría lastimarlo con facilidad. No fue ningún alivio ver a George sacar su varita y apuntar a sus manos. El sudor en la palma de su mano se confundió con el de Fred, pero lo ignoró lo mejor que pudo.
Si su voz tembló, ninguno de los gemelos hizo algún comentario –"Fred Weasley, ¿prometes mantener esta reunión en secreto, a menos que Neville Longbottom te de permiso para divulgar la información?"-.
-"Lo juro"- George movió la varita encima de ellos y una cadena de fuego rojizo apareció alrededor de sus manos y hasta el inicio de sus brazos.
-"Fred Weasley"- respiró profundamente –"¿Juras mantener esta ubicación en secreto?"-.
-"Lo juro"-.
-"Fred Weasley"- la varita de George tembló encima de sus manos y –"¿Prometes…? ¿Prometes no usar la información de esta reunión para perjuicio de la vida y salud de Harry Potter?"-.
-"Lo juro"- sin ningún tipo de duda en su voz, la última cadena de fuego, esta vez dorado, se enredó en sus manos, extendiéndose hasta los hombros. Cuando el hechizo se disipó, Fred soltó su mano lentamente y George le ofreció la suya.
El juramento se repitió con George y, por primera vez desde su reunión, Neville les sonrió sinceramente.
Los gemelos se miraron fijamente –"Has cambiado"- dijeron al mismo tiempo.
-"Ustedes también"- le señaló el sofá y dejó que se sentaran antes de hablar de nuevo, esta vez sobre algo que intuía –"¿Qué tanto saben sobre la herencia de un título?"-.
-"Bill es el heredero de los Weasley"- comentó George encogiéndose de hombros –"Nosotros no sabemos…"-.
Sí, eso lo esperaba.
Los Weasley eran una familia sangrepura que tenía una tradición muy larga dentro de las islas británicas; su árbol genealógico se remontaba a más allá del siglo XI, hasta donde podían rastrearlos claramente. De acuerdo con su abuela, los Weasley habían sido una familia respetable… hasta Jacob Weasley, el primer traidor a la sangre registrado.
Se trataba del tatara abuelo de esta última generación de pelirrojos, que había ocasionado un escándalo y había logrado ensuciar el nombre de su familia. Los detalles eran parte de las clases que los herederos recibían para hablar sobre la educación y las tradiciones.
Le parecía normal que Arthur Weasley no tuviera el conocimiento suficiente para explicarle a sus hijos sobre las costumbres y las tradiciones dentro de las familias mágicas –pensar que era normal no justificaba su ignorancia–, pero William Weasley debería ser diferente –"Su hermano trabaja en Gringotts, ¿cierto?"-.
Gringotts tuvo que explicarle algo, ¿no es así?
Fred bufó de nuevo –"Si te refieres a lo que vimos… Bill no tiene la confianza de los duendes"-.
-"No es… no me refiero a eso"- se mordió el labio –"Cada familia tiene… algunas condiciones para… para acceder al título de Lord"- explicó –"Como la edad mínima, el sexo o algo más"- se encogió un poco –"Ustedes están en la línea de sucesión, si su hermano no cumple con las expectativas que se requieren para el título"- se encogió de hombros –"Si sus hermanos no cumplen con lo necesario, ustedes pueden apelar a su título"-.
-"¡Nosotros no queremos nada con…!"-.
No pudo evitar reír al ver la expresión de disgusto que parecía casi igual en ellos, excepto por algunos detalles –"Lo sé, lo sé"- sería gracioso ver a alguno de ellos con el título de Lord Weasley, un título que no ha tocado en tanto tiempo.
Si pudieran limpiar el nombre de su familia… sería gracioso verlos en las sesiones del Wizengamot.
-"¿Eso qué tiene que ver con Harry?"- George tomó un poco más de su vaso y luego se sirvió casi hasta el borde –"Te dijimos que alguien más fue a reclamar su título… quizá fue torturado y nosotros no podemos quedarnos así, sin saber qué…"-.
-"En el Wizengamot"- interrumpió –"Madame Bones, tía de Susan Bones, llamó a Harry Lord Potter"- frunció el ceño –"Al principio creí que no era posible, pero ella no comete ese tipo de errores, no con algo tan delicado como eso"- sin mencionar que no era algo que se pudiera hacer dentro de la sala.
Todavía no superaba el shock.
-"¿Lord Potter?"-.
-"¿Harry?"-.
Neville asintió –"Cuando cumplimos la edad requerida para reclamar nuestro título, vamos a Gringotts"- suspiró –"Nadie más puede tomar el título que nos corresponde por derecho, ni por un hechizo ni por tortura"- no era posible transferir un título de esa manera, simplemente los duendes se habrían dado cuenta de eso –"Harry tuvo que haber ido a Gringotts para hacer un examen de herencia y reclamar su derecho como Lord"-.
-"Tal vez Voldemort"- Neville tembló ligeramente en su sitio –"Tal vez él lo llevó con engaños y…"-.
-"No es posible"- negó con la cabeza –"Los candados en el banco impiden cualquier tipo de fraude, créanme"- ya otros lo habían intentado, era por eso que los duendes siempre se veían inmersos en las guerras pasadas, de una manera u otra –"No es posible que alguien lo haya obligado, los duendes lo habrían detectado"- respiró y luego les sonrió –"Harry fue por voluntad propia…"- Merlín, quería gritarlo a todos –"Harry fue por voluntad propia"- y quizá por consejo de alguien más inteligente que el-que-no-debe-ser-nombrado o Dumbledore–"Y si hablaron de dos personas, entonces fue en compañía de alguien confiable"-.
-"Espera"- Fred se levantó y se acercó a él –"¿Nos estás diciendo que Harry, que fue secuestrado por mortífagos, fue libremente a Gringotts y no pidió ayuda?"-.
Oh, no lo había pensado –"¿Harry querría regresar con ustedes?"- preguntó genuinamente, esperando una respuesta, pero ninguno de los gemelos habló en un rato.
-"No… Harry no querría regresar con la Orden"- admitió –"Tal vez escapó de los mortífagos"-.
-"¿Sin varita?"- George miraba a su hermano con una ceja arqueada, como retándolo a buscar una buena respuesta –"Apenas se podía mover la última vez que lo vimos"- le recordó, y Neville sólo pudo escucharlos.
-"¿Qué?"- por Merlín, ¿sin varita?
¿Qué mago podría vivir sin su varita? Incluso él, que tenía problemas para usar su varita en el mejor de los casos, no podía imaginarse vivir sin el confort que provocaba tener una varita ahí, en caso de una emergencia.
Fred y George se encogieron un poco en su sitio y George volvió a hablar –"No sabemos exactamente lo que sucedió desde que salió de Azkaban"-.
-"Cuando lo liberaron, sólo Hermione, Ron y Malfoy estaban ahí, acompañando a Dumbledore y Snape"- si había rencor en su voz, Neville decidió no comentar nada sobre eso.
-"No confían en nosotros"-.
Por una buena razón, pensó Neville con cierto humor.
-"La varita de Harry fue partida a la mitad cuando entró a… a prisión, no sabemos por qué no tenía una"- probablemente porque no era seguro para él, Azkaban podía causar problemas para cualquiera, no podía pensar en qué tanto lo había afectado y si todavía podía usar su magia o si, como temía, fuera algo más que un squibb.
-"Estaba tan delgado"- quiso sonreírles, pero pensar en Harry así, imaginarse a Harry en una celda, rodeado de dementores, le daban ganas de vomitar –"Era como si pudiera desmayarse, tan delgado que debía ser sostenido por Malfoy… él era su sanador"- notó que hablaban de Malfoy como si ya no existiera, pero teniendo en cuenta quién era su padre y a quién podría servir, tal vez era eso lo que había sucedido con el rubio.
-"Pero si… pero si está… si escapó…"- George sonreía un poco y veía a su gemelo con algo más que esperanza –"Si Harry pudo reclamar su título, no puede estar tan mal, ¿verdad?"-.
De eso no tenía respuesta –"Harry debe estar con alguien confiable… debe tener a un amigo con él…"- luego abrió los ojos –"Tal vez escapó con la ayuda de Malfoy"- sugirió.
Sería probable, ¿o no?
Si el heredero de los Malfoy había sido su sanador, probablemente había hecho el juramento de protección para su paciente, tal vez ellos dos habrían escapado de los mortífagos y así habían logrado ocultarse.
-"No lo sé…"- Fred los interrumpió con el rostro serio –"¿Y si Harry decidió que era mejor venderse a Voldemort?"-.
Los tres guardaron silencio, considerando las palabras de Fred, por mucho que se tratara de algo tan poco probable como eso. Harry como un mortífago, esa era una imagen que simplemente no podía considerar, escuchar que hablara de venderse sugería cosas que ni siquiera quería llegar a imaginar. Al final, fue George quien decidió una respuesta –"¿Acaso sería tan malo?"- no lo decía a ninguno en particular –"Es decir, la Orden jamás hizo algo por él… nadie se preocupó mucho por él mientras estaba en Azkaban y todos estaban ocupados intentando llamar la atención de Dumbledore"-.
-"¿Creen que Harry podría vender sus principios con el monstruo que asesinó a sus padres?"- preguntó Neville.
De nuevo, los gemelos se miraron –"No lo viste antes, Neville"- era cierto, hacía años que no veía el rostro del adolescente que recordaba –"Él ha cambiado bastante… y no"- volteó a ver a George fijamente –"No sería tan malo, es sólo… no lo sé"-.
-"Intentaremos obtener más información antes de sacar alguna conclusión"- era lo más sensato que habían dicho –"Remus ha estado preocupado por todo esto…"-.
Ignoró la evidente petición del pelirrojo, no iba a dejar que alguien más se enterara de algo que no deberían saber, incluyendo al profesor Lupin –"Hay algo más"-.
-"¿Qué sucede?"-.
-"En reuniones oficiales, es necesario llamar a todos por su título, sin excepción"- los gemelos asintieron –"Y todas las familias de tradición saben la forma de reclamar un título…"-.
Fue George quien habló de nuevo –"Todos se dieron cuenta"- se cubrió el rostro –"Eso quiere decir que Dumbledore ya sabe"-.
-"No necesariamente"- admitió, al recibir las miradas de los dos, Neville desvió la suya –"Sólo las familias tradicionales saben sobre ciertas costumbres, no muchos saben las defensas que existen para obtener los títulos, es por eso que muchos sangrepura mantienen su educación en privado y algunos pretenden superioridad por el conocimiento que tienen sobre los demás"-.
-"Así que, cuando Madame Bones lo llamó por su título, todos los lores y ladies…"-.
-"Sí"- asintió con la cabeza –"Pero otros participantes sin esa educación no podrían saberlo"-.
-"¡Sirius!"- gritó Fred, mirando a su hermano –"Él estaba ahí, seguramente"-.
Neville tuvo que dar otro trago a su whisky para darse valor y hablar sobre lo que había presenciado durante y después de la reunión del Wizengamot. Les habló sobre el cambio en la voz de Lord Black y cómo no había mencionado nada sobre el título de Harry, intentó preguntar sobre las intenciones de Black, pero los gemelos no dijeron nada sobre el hombre.
-"No importa ahora"- al final, Harry estaba a salvo.
-"Harry tiene a alguien con él… tiene un amigo"- quién quiera que fuera.
Los tres sonrieron un poco –"Harry es Lord Potter"-.
-"Harry Potter está a salvo"- pensó –"Por ahora"-.
-"Por Harry"- dijo George alzando su vaso.
-"Por Harry"-.
Bien, el capítulo terminó y creo que pudimos ver algo interesante, me gustaría leer lo que piensan y todas sus teorías, muchas gracias por leerme.
Feliz Año!
