Duval salió del cuarto de baño secándose la cabeza vigorosamente con una toalla. La ducha no habia tenido ningun efecto relajante en su enorme cuerpo y tampoco había servido para mejorar su humor. Aún chorreando agua atravesó la habitación todavía a oscuras y entró a la oficina adyacente a sus habitaciones privadas. El resplandor de las pantallas que flotaban en el escritorio de Willy llamaron su atención inmediatamente.

—¿Que rayos haces ahí? —preguntó avanzando entre los escritorios.

El programador levantó la vista pero no se sorprendió en absoluto en ver a su jefe casi desnudo y con una toalla húmeda aún atada a la cintura. —Joyner ha salido de Jenne. —dijo simplemente volviendo a mirar una de las pantallas frente a su cabeza. —Y aunque no lo crea, esta vez sin llamar la atención de medio planeta.

—Eso merece una celebración. —dijo el Director arrimando una silla que crujió bajo el peso de su enorme cuerpo, pero de inmediato se giró y miró en la dirección en donde se encontraban los dos sillones vacíos. —¿Dante ha regresado a su departamento? —pregunto.

—Dijo que al terminar su misión de reconocimiento empacaria sus pertenencias y luego se instalaría aquí mañana por la mañana. —respondió Willy ante la mirada atenta de su Jefe.

—Su departamento no es seguro… —razonó el enorme Director. —Si su identidad fué comprometida como sospechamos, bien podrían aprovechar que está en Calypso para entrar sin que se de cuenta.

El programador se encogió de hombros. —Incluso si plantan algún micrófono o cámara en su habitación o baño, Joyner va a mudarse aquí de todas formas… y todas sus pertenencias serán revisadas por la seguridad de los militares; dudo mucho que puedan salirse con la suya.

Duval no parecía muy convencido con la respuesta de su empleado pero decidió cambiar de tema por el momento. —¿Han filtrado ya la noticia entre los jugadores? —preguntó en cambio.

—¿Lo del adelantamiento del salto? Solo he visto rumores en las redes, pero el gobierno de la flota aún no lo ha anunciado al público.

—Tal vez esperen a media mañana o al mediodía. —reflexionó Duval. —Pero para ese momento ya lo sabrá toda la nave.

—No le quepa ninguna duda. —aseguró Willy. —Ah… ST-04 está pasando justo por encima de ellos. —dijo abriendo una de las pantallas.

Duval en cambio miró hacia una de las ventanas. —¿Alguna información sobre la Teniente? —preguntó.

—Nada desde ayer, pero aparentemente su escuadrón entró en preparativos pre-salto así qué debe estar ocupada con todo el papelerio y preparativos varios… tal vez no la veamos hasta después que entremos en espacio FOLD.

La preocupación en el rostro del Director era evidente. —¿Haz hablado con el departamento de relaciones públicas? ¿Cómo están manejando los sucesos de ayer?

Willy se encogió de hombros. —De la manera usual. —respondió. —"La Administración no tiene injerencia sobre los eventos de la simulación y cualquier episodio generado por el juego que afecte a los jugadores debe considerarse como un ejemplo de jugabilidad emergente"—recitó.

El Director hizo un gesto con la mano y una nueva ventana con imágenes de los momentos posteriores a la explosión sobre lo que quedaba de la Caída del Ermitaño aparecieron en ella. —Por suerte nadie pudo grabar el momento exacto de la explosión. —dijo suspirando. —A ver que nos muestra el satélite.

El programador agrandó su pantalla y le posicionó en primer plano para que su jefe pudiera ver mejor. Frente a ellos la interfaz de uno de los satélites de órbita baja que atravesaban los cielos de Calypso apareció mostrando las llanuras de hierbas bajas que se extendían al este de Jenne hasta los inicios del Bosque Viejo a un centenar de kilómetros de distancia. La luz del sol todavía no llegaba a elevarse por encima de las montañas por lo que la cámara del satélite utilizaba una mezcla de filtros varios para aumentar la calidad de la imagen.

—¿Esos son…? —preguntó Duval adelantandose en la silla al ver los dos caballos galopando por la llanura.

—La Party de Joyner. —respondió Willy. —Son cuatro: Dante con Diógenes en un caballo y La Druida Natural y una Arquera Voldoriana en el otro.

Una sombra de duda apareció en el semblante del Director. —¿Sabes algo de esas dos que acompañan a Joyner? —preguntó.

—Sus perfiles están en modo privado. —explicó. —Y además ambas son menores de edad, por lo que solo tengo acceso a la información básica de contacto y puntaje de conducta… ninguna de las dos tiene reportes por anti-juego o quejas relacionadas en la simulación.

—Eso no me tranquiliza en lo más mínimo. —respondió Duval. —Tanto el Enjambre como El Imperio utilizan chicos y chicas para su espionaje sabiendo que la ley de la flota no nos permite registrar sus datos y conversaciones privadas.

Willy se encogió de hombros. —Estamos atados de manos con ese tema. —reconoció. —Tendremos que confiar en Joyner.

—Eso es lo que más me temo. —afirmó un desesperanzado Duval.

Mientras tanto el sol se había finalmente asomado por sobre las montañas y los primeros rayos de luz pintaron de cientos de tonos de verde las llanuras cubiertas de hierbas que se extendían hasta el horizonte. En ese momento vieron como los caballos se detenian y uno de los jinetes se ponía de pié sobre la grupa del caballo y escaneaba el horizonte.

—Esa debe ser la Arquera Voldoriana. —dijo Willy señalando los pixels que apenas podian distinguirse en la imagen. —Su vista le permite detectar peligro a varios kilómetros a la redonda y ahora que hay luz, definitivamente querrán estar seguros de no ser seguidos.

—O de toparse con algo en su camino. —afirmó el Director mientras observaba como los dos caballos volvian a ponerse al galope en dirección al sol saliente. —Dame una imagen más general del terreno que tienen por delante. —ordenó mientras el programador manipulaba la interfaz para deshacer el zoom que habia aplicado al satélite. De inmediato la imagen abarcó el terreno circundante y pudieron ver los primeros árboles que se extendían a unos veinte kilómetros de su posición.

—Aplica los filtros uno a uno en dirección Norte y ve rotando treinta grados al terminar el ciclo.

Willy activó los diferentes modos de imagen de las que disponía el satélite para poder ver las señales infrarrojas y térmicas, así como espectro electromagnético y de ondas de radio (Aunque de estas últimas no existían aún en Calypso)

—Allí. —dijo Duval señalando un punto en la pantalla. —A Doscientos Treinta y dos grados, veo algo.

—Una hoguera. —respondió el programador. —O los restos de una, parece que el fuego está apagado y solo podemos ver las brasas calientes, parece ser un campamento.

—¿Hay humo?

—No. —respondió Willy. —No hay humo.

—Avisaré a Joyner de que van en dirección a un campamento. —dijo abriendo la interfaz de comunicación. —Sin humo que delate la presencia de ese campamento no podrán verlo a tiempo y además tienen el sol de frente… eso hará que los ojos de la Voldoriana sean menos efectivos. —afirmó preocupado.

El programador se alejó de la pantalla y se volteó hacia su jefe. —Señor… —dijo. —Le recuerdo que en esa Party hay jugadores que no están involucrados o forman parte de la Administración de Calypso.

—Ya lo se. —respondió molesto Duval.

—Suministrar ayuda desde la Administración está terminantemente…

—Ya conozco el reglamento Willy, gracias por recordarme. —gruño el enorme Director ignorando la advertencia de su empleado.

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Dentro de la simulación los cuatro aventureros avanzaban rápidamente por la hierba verde siempre en dirección este. El sol había comenzado a molestar la vista de los jinetes y debieron protegerse los ojos con la mano mientras sostenían las riendas con el otro. Nadie hablaba y solo se limitaban a hacer un alto cada diez minutos para que Mirna oteaba el horizonte en busca de peligro.

Cuando el mensaje de Duval (indicado en un sobre color rojo con un signo de exclamación animado en la Interfaz de usuario) apareció frente a los ojos de Dante, el joven comprendió de inmediato que se trataba de algo urgente. Parpadeó tres veces en rapida sucesión y activó el modo de interacción con la mirada, tras lo cual solo le bastó poner su vista sobre el sobre para que se abriera automáticamente sin necesidad de hacer ningún gesto con las manos.

Campamento justo al frente a una distancia de cuatro kilómetros, cambien de dirección de inmediato o estarán a la vista de quienes sean los que están allí.

—Mirna. —dijo Dante. —Viremos a desviarnos directamente al Sur, no me gusta esto de aproximarnos al bosque con el sol de frente.

—¿Nyan?

—¿Sospechas algo? —preguntó Diógenes aún sujeto fuertemente a su espalda.

—No, pero mejor estar seguros.

La chica-gato asintió en silencio y su cabalgadura comenzó a galopar en dirección sur siguiendo los contornos de una loma baja seguido de cerca por el corcel de Dante.

—Esto va a retrasarnos. —dijo el jugador. —El plan era llegar lo más pronto posible al bosque.

—Duval me ha advertido sobre posibles contactos en esa ruta. —explicó Dante usando el chat privado entre él y su "copiloto". —Pero será mejor que las chicas no sepan nada mas por ahora.

—Comprendo. —respondió el Archivista.

Los caballos llegaron a un pequeño arroyuelo y siguieron su cauce nuevamente en la dirección del sol naciente. Allí las tierras eran más bajas y podrían estar algo más protegidos de miradas curiosas en la llanura. De pronto Silvana dió una exclamación y señaló hacia el noreste. —¡Ese es el Gurdian! —dijo.

La delgada línea de luz azul que se elevaba hacia el cielo era apenas visible, pero era totalmente reconocible.

—El Guardián está a dos kilómetros del bosque. —dijo Silvana señalando a la distancia.

—Así que teniendo en cuenta nuestro pequeño desvío, probablemente estemos a unos ocho o diez kilómetros al sur de lo que queda de "Los Dedos" del bosque. ¿Verdad? —preguntó Diógenes mirando a Mirna.

—Nya. —afirmó la joven.

Continuaron a la vera del arroyuelo y avanzaron a paso ligero entre la fina grava que cubría las orillas, tras recorrer algo más de un kilómetro así volvieron a torcer al norte y escalaron las barrancas para volverse hacia el bosque.

La franja de árboles apareció frente a ellos como una línea oscura en el horizonte todavía envuelta en las nieblas del amanecer. A la luz del sol aquellas brumas se disipaban rápidamente y pronto pudieron ver cómo los árboles comenzaban a adelantarse a medida que avanzaban en aquella dirección.

Casi unas dos horas más tarde de haber dejado los muros de Jenne, la party de aventureros cruzó los lindes del bosque y se internó rápidamente en la floresta, desapareciendo de la vista de quienes cruzaban la llanura y de los ojos vigilantes de ST-04, quien en esos momentos enviaba a Duval y Willy las últimas imágenes de Dante y sus compañeros desde la órbita baja de Calypso.

—Bueno, ya han entrado al maldito bosque. —dijo el Director mientras crujía los dedos de sus manos. —Espero que encuentren algo de utilidad ahí dentro.

Willy cerró la ventana del satélite y lo dejó en modo automático. —La Horda Escarlata. —dijo pensativo. —¿Crees que realmente se encuentre allí?

—Tal vez. ¿Qué has averiguado sobre ello?

El programador se cruzó de brazos. —Solo tenemos el nombre y no es mucho lo que podemos hacer con ello. Primero y principal; no existe nada con esa denominación en la base de datos de la literatura de Calypso que tenemos en el archivo principal de lore.

Duval sacudió la cabeza. —Eso solo puede significar dos cosas: O nadie ha encontrado referencias escritas de ello aún y Calypso no ha creado esos datos o….

—O es algo completamente nuevo. —señaló Willy. —Tal vez incluso….

—No. —aseguró Duval.—No puede ser algo creado por los jugadores… es imposible.

—No hay nada imposible en Calypso me temo. —respondió el programador. —Si La Horda Escarlata es algo creado por los jugadores con algún motivo oculto, es posible que la simulación la haya incorporado a esta quest global.

Duval miró la pantalla pensativo. —¿Crees que ese nombre lo creó Calypso para referirse a una movilización de jugadores?

—Es una posibilidad. —dijo Willy.

—No estoy convencido del todo. —respondió dubitativo el Director. —Algo de una escala como para hacer que el propio Calypso tome medidas extraordinarias no podria ser guardado en secreto por los jugadores por mucho tiempo, especialmente de nosotros ¿Qué hay de los NPC's?

El programador abrió una nueva ventana. —Esa clase de nombres aparece regularmente en el lore de Calypso… La Horda Dorada, La Horda Oscura, y unos tres o cuatro colores más… generalmente son nombres que suelen ir relacionados a grandes tribus de monstruos humanoides que se alzan en armas al aparecer un caudillo o un general de habilidades extraordinarias.

—¿Orcos? —preguntó Duval.

—Orcos, Goblins, Reptilianos, No-Muertos, incluso tribus semi-humanas o salvajes… cualquiera de ellas puede generar un líder extremadamente hostil que conduzca a su pueblo a una guerra total en los territorios a su alcance.

El Director miró las imágenes de los monstruos que aparecían en la pantalla holográfica. —Eso tendría más sentido. —dijo. —¿Tienes una lista de las tribus de NPC's que podrían generar un evento de esa clase y posean el Bosque Viejo como territorio de residencia?

—Afortunadamente la Teniente O'Higgins nos ha suministrado abundantes datos con sus vuelos de observación. —explicó Willy cerrando un par de ventanas mientras abría cinco nuevas con un rápido gesto de la mano. —El censo está algo incompleto me temo, pero hemos identificado unas trece tribus que viven en el bosque; siete de ellas tienen poblados en el interior del bosque y el resto vive en cuevas en los lindes con la cordillera y a lo largo de la frontera oriental.

—Trece tribus… hermoso número. —dijo Duval haciendo una mueca al ver las listas de datos desplegadas formando un abanico frente a ellos. —¿Qué sabemos de ellas?

—Nada particularmente llamativo me temo. —reconoció Willy. —Todos los poblados cartografiados son conocidos por los jugadores que hacen raids cada tanto en busca de tesoros y experiencia; todas ellas son abiertamente hostiles a los jugadores pero también lo son entre ellas.

—¿Así que una alianza entre ellas está descartada de entrada?

—Oh si, definitivamente… no hay alianzas inter-especies entre los NPC's de Calypso, es algo que es bien conocido en como funciona la política entre los diferentes grupos del juego.

Duval se acarició la barbilla. —No estamos mejor que al principio con esta información. —dijo. —Calypso podría tirarnos con cualquier cosa que se esconda en ese maldito bosque.

—Más razón para enviar a Dante a averiguar de qué se trata. —exclamó el joven, pero el enorme Director sacudió la cabeza —Recuerda que el es un estratega… lo contratamos para que analice datos y prediga los movimientos del UniEngine (Y los neutralice de ser posible)

—Me temo que Joyner no tiene nada con que trabajar, al igual que nosotros. —dijo el programador cerrando las ventanas nuevas. —Hasta no saber el verdadero alcance de la amenaza, no podremos tomar ninguna medida preventiva.

—Osea que Calypso atacará primero. —razonó Duval.

—Quien golpea primero, si golpea lo suficientemente fuerte, tal vez no necesite un segundo golpe. —citó Willy.

—Especialmente si es Vorax el que dá ese golpe. —sentenció el Director.

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El grupo de aventureros hizo un alto al llegar a un pequeño claro y decidieron tomar un pequeño descanso para evitar las penalizaciones que aparecerian irremediablemente si forzaban a sus cabalgaduras por demasiado tiempo.

Dejaron a los caballos pastar a la luz del sol y los cuatro compañeros se sentaron bajo los árboles a examinar una copia del mapa que Diógenes había hecho para el viaje (El original había quedado en la custodia de Alex en el Clan Hall) El bosque estaba silencioso a esa hora de la mañana y solo se escuchaba el piar de algunos pocos pájaros madrugadores. A lo lejos los murmullos de un pequeño arroyo llegaba envuelto entre los demás sonidos del bosque.

—Estamos aquí. —señaló el Archivista señalando un sector del mapa con su dedo huesudo. —El camino más directo a la zona de cavernas que queremos explorar nos llevaría río abajo por este valle. —explico mientras su dedo recorría la línea que representaba el arroyo que serpenteaba adentrándose en la floresta. —Es un fiduciario del Melk, pero no se une al cauce principal aquí sinó más adelante.

Dante se volvió hacia Mirna. —Tú haz explorado esa zona. ¿Puedes darnos tu opinión sobre el camino a seguir? —preguntó.

La chica gato movió la orejas y miró el mapa. —El camino no es seguro. —dijo.

—¿Monstruos? ¿O jugadores? —preguntó Diógenes.

—Ambos. —respondió la chica gato. —Calabozo con buen loot y nivel alto aquí. —dijo señalando un conjunto de rocas que se encontraba aislada del resto de las colinas circundantes.

Silvana miró el mapa preocupada. —Ese lugar está justo en medio del camino que debemos seguir, si es una zona de entrenamiento popular de seguro habrá jugadores acampando en la entrada. —dijo suspirando.

Dante se rascó la barbilla y miró hacia arriba. —Necesitamos echar un vistazo a ese lugar antes de decidir si el paso es seguro o no. —dijo. —¿Podremos acercarnos desde algún sitio cubierto para ver mejor? —preguntó.

Diógenes volvió a mirar el mapa y señaló una línea de cota marcada en el pergamino. —El terreno se eleva hacia el norte, pero sigue siendo un área densamente arbolada… si damos un rodeo por aquí podríamos tener a la vista cualquier campamento que se encuentre en el camino, el único problema…

—Son los caballos. —dijo Dante terminando la frase. —No podremos llevarlos entre los árboles. —Mirna. —dijo volviéndose hacia la arquera.

—¿Nya?

—¿Puedes ir a investigar el area tú sola?

—La chica lo miró confundida. —¿Yo sola?

—Bueno… —dijo encogiéndose de hombros. —Algo me dice que tu personaje es el único de este grupo que puede hacer un trabajo como este sin llamar la atención y cualquiera de nosotros no haría más que estorbar. —reconoció.

La chica abrió la boca para decir algo pero finalmente dió un pequeño gruñido mientras miraba al joven con frialdad.

—No te preocupes por nosotros. —dijo Silvana acercándose. —Te esperaremos aquí sin movernos, Dante tiene razón en que necesitamos evitar encontrarnos con otros jugadores.

Mirna suspiró y se volvió hacia Dante. —Cuídala. —dijo simplemente mientras descolgaba el arco de su espalda.

—Lo haré. —prometió el joven. —Esperaremos tu regreso, pero comunícanos de inmediato por mensajería si ves algo, asi tendremos tiempo de decidir que hacer.

—Nya. —respondió la chica quien de un salto acrobático desapareció entre los árboles.

Una vez que la arquera hubo desaparecido sin hacer ruido los tres compañeros se sentaron en medio del claro a examinar el mapa. —Tenemos que tener un camino alternativo por si el paso del valle está vigilado. —dijo el Estratega desplegando el pergamino.

Diógenes examinó las montañas que se abrían a cada lado del valle y señaló la que se elevaba en dirección Noreste. —Esta cresta no es tan elevada y aquí veo lo que parece ser un sendero de bestias de carga. —dijo marcando una delgada línea gris. —Podríamos rodear por el norte, escalar hasta el camino y avanzar por aquí hasta pasar las ruinas interponiendo la montaña entre nosotros y el valle.

Dante examinó el terreno pero sacudió la cabeza. —No veo árboles en esa ladera, si avanzamos por allí estaríamos expuestos a las miradas a muchas millas a la redonda desde el norte, justamente el territorio del Bosque Viejo que está bajo el control de El Enjambre. ¿Y qué tal el camino al sur?

—La ladera sur es la que recibe los vientos húmedos predominantes de la zona y está cubierta de abundante vegetación. —explicó Diógenes. —Pero no hay camino y tendremos que dejar los caballos de este lado.

Silvana se volvió hacia a el —¿Enserio estás tan preocupado por las miradas hostiles? En este mundo no existen los binoculares o cosas asi…

—Diógenes tiene un telescopio. —dijo Dante señalando al Archivista. —Si el tiene uno es posible que otros jugadores también los tengan.

—Oh. —exclamó la joven sorprendida.

El joven se dejó caer hacia atrás y se recostó en la hierba mirando el cielo. —Dejaremos los caballos entonces. —dijo. —En todo caso tendremos que esperar a que Mirna nos confirme si la ruta más fácil es segura.

La joven Druida sacudió la cola en forma nerviosa. —Tal vez tengamos suerte. —dijo esperanzada.

—En algo tiene razón. —dijo Diógenes bebiendo un sorbo de su cantimplora. —Aquí en Calypso la suerte lo gobierna todo… hasta para ir al baño tienes que tirar los dados.

—¿Enserio? —preguntó Dante pero las risas de sus dos amigos rápidamente le hicieron comprender que se estaban burlando de él.

—En mi profesión… es decir en la carrera que estudié no podíamos confiar en la suerte. —dijo en cambio levantando la palma de la mano hacia el cielo. —La clave de la victoria es siempre tener iniciativa. Hay que conocer todas las rutas y vías posibles de alcanzar la victoria.

—¿Y si la victoria es imposible? —preguntó el Archivista.

—Entonces es cuestión de minimizar las pérdidas humanas y materiales. —respondió el joven. —Pero hasta de una derrota se puede salir victorioso si se conserva la cabeza.

—Nota mental: evitar las Hachas de Guerra. —dijo el hombrecillo asientiendo con la cabeza. —¿Y bien? ¿Cual es nuestro plan de contingencia?

—Montaremos una red de vigilancia. —respondió Dante volviéndose a sentar frente a sus compañeros. —Quiero tener un control total de lo que sucede en este bosque.

Silvana y Diógenes se miraron confundidos. —¿Una red… de que? —preguntó la joven.

—Centinelas. —clarificó Dante. —Y para eso necesito tu ayuda Silvana.

—Mi… ¿Mi ayuda?

Dante desplegó una ventana del Atlas del juego y la movió para que sus amigos pudieran verla. —Alex me contó sobre tus habilidades innatas. —dijo el guerrero novato. —Y cuando supe que justamente necesitábamos venir aquí al bosque me puse a investigar sobre qué herramientas o recursos teníamos disponibles… a decir verdad me leí casi todo lo que pude encontrar en el Atlas sobre Mirna también. —reconoció.

—Eso… ¿Eso lo hiciste anoche? —preguntó asombrada la joven Druida.

—A mi también me gusta leer. —reconoció Dante guiñando un ojo hacia Diógenes. —Aunque no me arrepiento un poco de haber perdido unas pocas horas de sueño… pero no le digan nada a mi Jefe o va a volver a golpearme.

El Archivista se rascó una oreja y miró el Atlas holográfico. —¿A mi también me investigaste? —preguntó.

—No tuve más tiempo, tenía que al menos dormir un par de horas. —reconoció el joven encogiéndose de hombros.

Silvana miró la ficha de su clase y vió que Dante había realizado anotaciones en los márgenes de la hoja como si fuera un libro de texto verdadero. —¿Qué es lo que necesitas? —preguntó.

El joven buscó una lista de habilidades y resaltó una ellas, de inmediato el texto se amplió una descripción apareció en un recuadro destacado. —Cuando leí esta descripción me pareció justo lo que estaba buscando. —dijo.

—"Comunión con los árboles" —leyó Silvana. —Si, conozco ese hechizo. —aseguró —Es un encantamiento de nivel uno, muy básico pero fácil de aprender y usar

—¿Como lo usas? —quiso saber Dante.

—Oh, es un hechizo muy útil para cuando hacemos campamentos con los demás miembros de La Orden. —exclamó entusiasmada la joven. —Lo uso mucho para colgar la ropa mojada.

Dante miró a la joven y pestaño confundido. —¿Perdón?

—Ropa… para secar ropa mojada… también sirve para bajar fruta de las ramas altas de los árboles claro, pero tengo un hechizo que sirve exclusivamente para recolectar frutos sin dañarlos. —explicó.

Diógenes se rascó la cabeza. —Dejame entender… es un hechizo que te permite mover las ramas de los árboles a voluntad.

—Si, puedo pedir a un árbol que doble sus ramas hacia abajo y generalmente aprovecho para secar la ropa… también a veces Alex me pide subir a alguna rama para echar un vistazo, pero es algo raro que suceda… Mirna puede trepar por los troncos como…. bueno, como un gato. —dijo sonriente.

Dante suspiró. —Ciertamente esa es la característica más importante del hechizo… pero hubo algo de la descripción que me llamó la atención; dice aquí el objetivo del hechizo es un árbol o grupo de árboles que deben estar al alcance del toque de quien recita el hechizo y que además todos ellos permanecerán vinculados con el lanzador del hechizo hasta que el mismo expire.

El Archivista asintió. —Es un hechizo bastante ordinario que requiere poder tocar al objetivo para ser usado. —dijo. —¿Qué es lo que te interesa de él?

—Primero y principal, me interesa lo de este famoso "vínculo". —dijo. —El Atlas dice que quien hace una Comunión con un árbol se vincula temporalmente al aura vital del mismo y puede realizar ciertos "milagros" como mover las ramas, desenterrar raíces, obtener frutos y todo eso… pero lo que me pareció más importante es lo que dice a continuación; durante la duración del hechizo, el lanzador y su árbol compartirán la misma zona de alerta que ocupe la combinación de ramas y raíces, tanto sobre como bajo tierra.

Dante se puso de pié y señaló el enorme roble bajo el cual estaban sentados. —Básicamente Silvana puede sentir todo lo que sucede en el volumen de aire que ocupa todo este inmenso árbol. —dijo extendiendo los brazos.

—A simple vista diria unos veinte metros de alto y una circunferencia de la copa más o menos igual. —observó el Archivista. —Me imagino que las raices llegarán a extenderse un poco más allá de la cobertura del follaje.

—Eso pensé. —dijo Dante. —Me gustaría probar una cosa… ¿Puedes recitar ese hechizo sobre este árbol? —preguntó mirando a la Druida mientras acariciaba la corteza gris del enorme árbol.

—Claro. —respondió Silvana poniéndose de pie. —Es un hechizo muy sencillo.

El joven levantó la mano indicando a Silvana que esperara tras lo cual caminó unos pocos pasos hacia el terreno abierto y comenzó a juntar unas cuantas piedras del suelo.

—¿Que estas haciendo? —preguntó el Archivista

—Quiero probar algo con respecto a este hechizo y la forma en que Calypso transfiere información. —explicó Dante ante la mirada confundida de sus compañeros. —Pero para eso necesito establecer unos ciertos patrones de referencia.

Una vez que hubo juntado una docena de ellas se dirigió del otro lado del enorme tronco y se arrodilló en el piso fuera de la mirada de sus compañeros. Ni Diógenes ni Silvana podían ver lo que estaba haciendo pero cada tanto observaban que el joven consultaba el mapa del juego y volvia a agacharse sobre la hierba. Al cabo de un momento volvió a rodear el tronco y se acercó a la joven. —Listo. —dijo satisfecho mientras se quitaba la tierra de las manos. —Ya puedes lanzar tu encantamiento.

Silvana se acercó al tronco y apoyó la palma de su mano en el mismo mientras acercaba su rostro a la madera clara. —Nidah. —dijo con voz calma.

No hubo ningún indicativo del hechizo, las hojas del árbol se sacudieron un instante (o acaso fué una ráfaga de viento repentina) pero todo estaba exactamente igual que antes.

—¿Ya… está? —preguntó Dante. —Esperaba algo más… mágico.

—Si, como te dije, es un hechizo de nivel uno muy simple… no es necesario preparar nada, solo basta la palabra y tocar al árbol con mis manos. —explicó la joven.

Dante se sentó en el mismo sitio que antes y extrajo un ítem de su inventario. —Le pedí a Alex uno de estos esta mañana. —dijo mostrando aquello a sus compañeros.

—¿Un pergamino? —preguntó Silvana. —¿Para qué es eso?

—No un simple pergamino… un mapa en blanco. —observó Diógenes. —Creo que ya comienzo a entender. —dijo asintiendo con la cabeza.

—Sil, me gustaría pedirte que dibujes nuevamente un mapa como el de ayer. —dijo mirando a la Druida. —No hace falta que sea de todo el bosque… solo esté claro. —pidió haciendo un gesto hacia los árboles que los rodeaban.

Silvana lo miró confundida. —Un mapa… ¿De este claro?

—Así es… ¿Puedes hacerlo? —preguntó el joven mientras sacaba de su inventario una botellita con tinta y una pluma ordinaria que de inmediato extendió hacia la Druida.

—Claro. —dijo ella tomando los elementos de escritura y sentándose frente a Dante mientras este desenrollaba el pergamino en blanco y lo sostenía abierto frente a ella. —¿Quiere que haga como ayer? ¿Cerrando los ojos y todo eso?

—Por favor. —pidió Dante.

Silvana asintió y tras mojar la punta de la pluma en el frasquito de tinta la apoyó con delicadeza en el pergamino. —Así que… ese claro. —dijo cerrando los ojos.

El dibujo se materializó por arte de magia frente a Dante y Diógenes. La mano de Silvana no se movió un milímetro, fué la tinta de la pluma la que comenzó a fluir desde la misma como pequeños hilos negros y comenzó a formar los trazos sobre el pergamino. Los árboles comenzaron a definirse así como las rocas y los diferentes desniveles de terreno. Dante se sorprendió al ver que incluso ellos tres aparecieron dibujados con finos trazos de tinta negra, sentados tranquilamente a la sombra del roble y más allá aparecieron dibujados también los dos caballos que pastaban en la hierba del claro. —Mira. —dijo señalando del otro lado del tronco. —Observa esto.

Una figura geométrica apareció en el pergamino. Representaba un triángulo equilátero formado por una docena de piedritas cuidadosamente puestas en fila en el suelo.

—¿Eso es lo que hiciste a escondidas nuestra? —preguntó sorprendido el Archivista.

—Si, Silvana no vió lo que hice así que es seguro afirmar que la información que ella está plasmando en el mapa proviene de su vínculo con el árbol. —dijo satisfecho. —Ese triangulo de piedras apunta al Norte magnético del planeta, cosa que se corresponde con la orientación del mapa que Silvana está dibujando.

La joven seguía con los ojos cerrados pero las líneas de tinta habían dejado de fluir de la pluma.

—¿Crees que…? —preguntó Diógenes mirando al joven a los ojos.

—Dejame probar algo más. —dijo Dante tomando una piedra. —Es una locura pero no puedo dejar de intentarlo. —dijo arrojándola en dirección al sur.

La roca cayó a unos diez metros de ellos y tanto Dante como Diógenes se volvieron rápidamente hacia el mapa. —Ahí está. —exclamó el Archivista señalando el pequeño círculo de tinta que apareció en el lugar donde había caído la piedra. —Por la guitarra de Basara ¡Está actualizando el mapa en tiempo real!

—Mejor que un satélite con interferometría láser. —dijo Dante con una sonrisa. —Cuando Duval se entere de esto...

En ese momento Silvana abrió los ojos y miró maravillada el mapa que había estado dibujado. —¿Lo hice bien? —preguntó.

—Maravillosamente. —respondió Diógenes. —Tus habilidades son verdaderamente extraordinarias.

La chica sonrió y observó el lienzo. —¿Para qué sirve esto? —preguntó.

—Mientras dure el hechizo el árbol y tu están vinculados. —explicó Dante. —Como tu puedes transferir tus conocimientos en forma de información, el árbol también aporta su propia "conciencia" espacial en forma de información geográfica que tu personaje transforma en dibujos en el mapa.

—Y déjame adivinar. —dijo Diógenes cruzándose de brazos. —¿Planeas hacer que la pobre chica vaya por todo el bosque palmeando cada uno de los árboles para crear una red de vigilancia en tiempo real?—preguntó.

—Mirna me usaría de blanco para sus flechas si insinuo algo como eso. —bromeó Dante lanzando una carcajada. —No, no árbol por árbol, pero el hechizo habla de "Un árbol o un grupo de árboles" ¿Verdad?

—Así es. —confirmó Silvana.

—Me pregunto si un bosque entero contará como un "Grupo de Árboles" para una Druida Natural con los poderes de Silvana. —razonó el joven acariciándose la barbilla.

Diógenes y Silvana se miraron asombrados. —Si esta joven pudiese lograr algo de esa escala sería…. si, eso seria prácticamente un «Cheat». —advirtió Diógenes volviéndose hacia Dante. —Algo como eso rompería prácticamente el juego.

—Romper el juego es una de las cosas para las que me contrataron. —reconoció el estratega.

Silvana había vuelto su vista hacia el mapa y de pronto señaló algo en una de las esquinas. —¿Que se supone que es esto? —preguntó.

—¿Que cosa? —quiso saber Dante inclinándose sobre el pergamino.

Una especie de mancha oscura había aparecido en el lienzo. Diógenes la miró con preocupación —Eso… ¿Eso estaba ahí antes? —pregunto.

—Creo que… no. —dijo Dante.

Ante los ojos de los tres compañeros el pergamino comenzó a oscurecerse, como si desde la esquina con la mancha una especie de hongo estuviese expandiéndose por el tejido mientras oscurecía las fibras.

—¿Pero que rayos…? —comenzó a exclamar Dante pero un grito de Silvana le heló la sangre de inmediato. Casi como en cámara lenta levantó la cabeza y miró en la dirección que indicaba el mapa.

Algo enorme de más de tres metros de altura se encontraba parado en dos patas a unos diez metros de ellos, parcialmente envuelto en una penumbra de oscuridad. Un rugido profundo se escuchó en el claro y las ramas del árbol sobre ellos temblaron de forma visible. Los caballos relincharon de terror y escaparon corriendo de inmediato mientras la presencia caía hacia delante y tomaba una postura de algo que se alzaba en cuatro patas, pero las formas eran borrosas y solo se veían con claridad dos ojos rojos que brillaban como brasas encendidas.

—Eso es… ¿Un oso? —preguntó Dante poniéndose de pie de inmediato.

—No solo un oso. —lo corrigió Diógenes. —Un oso zombie.

—Oh mierda. —exclamó Dante desenvainando la espada. —Mierda.

El rugido del gigantesco oso pareció venir de las profundidades del mismo infierno. De entre las poderosas fauces a medio descomponer de la bestia una humareda negra fue expelida desde su interior y comenzó a secar y marchitar las hierbas que crecían alrededor. Era una verdadera visión de pesadilla.

Entonces cargó contra ellos a toda velocidad mientras la tierra misma temblaba y se resquebrajaba a su paso.