La serie de Once Upon a Time y sus personajes aquí mencionados no me pertenecen.

Muchas gracias por los likes, estrellitas, kudos, follows y muy especialmente, a quienes me dejan comentarios y reviews.

Por cierto, bienvenidos a los nuevos seguidores.

Espero este capítulo les guste y puedan perdonar cualquier error. Podría decir que es uno de los más importantes junto con el anterior jeje.

Agradecimientos a autumnevil5


Snow les estuvo viendo durante todo el tiempo tan cual lo hiciera en el apartamento, y a pesar de que no quería, le hacía sentir extraña verles juntos, tan románticos y preocupados por el otro, pero no podía negar el amor que había entre ellos, mucho menos cuando ella misma fue testigo del beso de amor verdadero.

No eran celos ni rabia lo que sentía, quizá nostalgia, realización y resignación porque David fue su amor verdadero mientras vivieron la aventura en el bosque encantado, pero ahora pensaba que quizá, él nunca fue para ella en realidad.

Se veía muy feliz, también preocupado dadas las obvias circunstancias, pero se le veía inmensamente feliz al igual que la reina y si pensaba un poco, no recordaba haberle visto así a su lado.

Escuchó cuando David le pidió a Regina que se casara con él y cómo ésta aceptaba después de haberle prometido una vida feliz juntos con sus hijos y muchos más que tendrían.

"Todos los que me pidas. ¿Recuerdas?" y podía imaginarse claramente al alfa pidiendo y a la omega concediendo de la manera más íntima y profunda en que un alfa y una omega podían estar unidos como uno solo gracias al vínculo.

Y cuando menos lo pensó, ambos estaban de frente a ella y le miraban tomados de la mano esperando a que estuviera lista para actuar.

Ella les miró y asintió.


August y Tinkerbell terminaban de meter a los niños a las minas que estaban bajo la biblioteca.

El hada verde estuvo pensando durante toda la maniobra que estaban desprotegidos. Sabía por el beta que el convento estaba sellado por magia y que no se sabía nada de las Hadas. Así que si alguien podía hacer algo, era ella y nadie más.

Voló hasta llegar al escritor que trataba de calmar a un grupo de niños preocupados mientras abrazaba a un par de pequeñas omegas que estaban aterrorizadas porque Wendy, a quien la sombra había dejado con los niños después de sacarla del convento, no paraba de llorar angustiada, muerta de miedo porque Pan le aseguró que la entregaría a un alfa para que hiciera con ella lo que quisiera

- Iré por mi varita - le dijo a August quien le miró poco convencido - Necesitamos magia. De esa forma podremos proteger mejor a los niños. Si nos encuentran así no podremos hacer nada - argumentó y vio cómo las omegas se abrazaban más al beta

- Está bien. Ve con cuidado - pidió preocupado, pero sabiendo bien que era lo mejor.

Ella asintió sonriéndole y después llegó hasta Wendy que trataba de reprimir su llanto para no seguir asustando a los demás

- Nadie te hará daño. No lo vamos a permitir - le dijo y la omega se abrazó a ella, pero pronto la soltó sabiendo bien que el hada debía irse.

Tink tomó un pequeño impulso y salió volando del lugar que trataban de mantener lo más oscuro posible a fin de no llamar la atención.

August siguió consolado a los niños mientras Henry trataba de ayudar asegurando que su mamá, salvaría a todos de nuevo.


- En cuanto giremos esa esquina, nos verán - dijo David con su arma en alto y bien empuñada.

La reina se relamió los labios y alzó su mano derecha hasta posarla sobre la espada del príncipe la cual brilló intensamente por unos segundos y cuando la luz se disipó, quedó luminosa.

Después, hizo lo mismo con el arco y flechas de Snow quien prefirió no decirle que no necesitaba magia para defenderse porque sabía que si lo hacía, no sólo molestaría a la omega, sino al alfa también y no quería enfrentarlo.

Suficiente tenía con las miradas de advertencia que le lanzaba cuando se acercaba demasiado a Regina. Sabía bien que era porque estaba muy sobreprotector y territorial, por el embarazo y el peligro en el que se encontraban.

Y si era honesta, a su parecer era una muy mala idea que la reina fuera a batalla. Sería muy difícil para el príncipe concentrarse y no estar preocupado todo el tiempo por ella, y estaba segura, que David, como alfa de Regina, pensaba lo mismo

- Es un hechizo para que el más mínimo roce deje fuera de batalla al otro - les informó para que no se sorprendieran de lo que sucedería cuando usarán sus armas.

David asintió en un conflicto interno porque no estaba convencido de permitir que Regina se expusiera al peligro aunque entendía que la necesitaban si querían salvar a Emma y a todo Storybrooke, pero el alfa en él, no pensaba de la misma forma, quería tomar a su omega y llevarla hasta un lugar seguro donde se quedara y nadie pudiera hacerle daño.

Algo que no iba a ocurrir porque, ¡Dios!, su hermosa omega era testaruda a más no poder y estaba seguro que ella prefería ganarse una buena reprimenda por parte de él antes de hacer eso.

Sin embargo y por más que lo intentó, el alfa en sí mismo, pudo más.

La tomó firmemente de un brazo sorprendiéndola y la llevó hasta recargarla en la pared cercana a ellos. Se puso frente a ella, con labios pegados a la frente de su hermosa omega que le colocó las delicadas manos en el pecho y alzó el bello rostro para besarle la mandíbula

- Estaré bien - susurró con amor, sabiendo perfectamente lo que pasaba con David. Podía sentir el miedo en él, y no era por temor a la batalla, sino a que algo le pasara a ella y a sus pequeñas

- Prométeme que te mantendrás a mi lado, que no harás nada que no debas y que no pensarás si quiera en sacrificarte para salvarnos - fue una orden que hizo con su voz de mando y le dolió profundamente hacerlo porque sabía bien lo que eso significaba para ella, pero no podía permitir que algo le pasara a Regina. La sintió tensarse levemente y no le respondió, sólo aferró su camisa con las manos - Por favor - insistió con voz afectada por el maldito nudo en la garganta que no le dejaba en paz

- Te lo prometo, alfa - respondió con su voz de omega y si bien sintió un nudo en el estómago cuando él le habló de esa forma, entendía el por qué lo hacía, entendía el temor que David sentía porque ella lo sentía por igual.

Le aterrorizaba pensar que algo pudiera pasarle a él o a sus princesitas si ella no actuaba con cuidado y se exponía al peligro innecesariamente.

Los labios del alfa atraparon los suyos en un beso posesivo y dominante. Introdujo la lengua y se apoderó de su boca sin darle oportunidad de responder. Una mano la envolvió por la espalda y le jaló tantito de tal forma que su pancita quedaba contra el cuerpo del príncipe.

Después subió para tomarla de la mejilla como si pretendiera profundizar el beso aunque era imposible.

Cuando la dejó por fin, Regina comenzó a jadear pesado por la falta de aire. Llevó ambas manos hasta el brazo de él para aferrarse de ahí y el alfa sólo le acarició los labios con el pulgar sin dejar de sostenerla

- Te amo, Regina - le dijo y ahora le dejó un beso largo en la frente

- También yo a ti, David - respondió jadeante y con los ojos cerrados.

Se separó de ella, le sonrió brevemente mientras la tomaba de una mano con la suya libre y asintió dándole a entender que estaba listo

- ¿Crees que sea mejor que aparezcamos en medio de todo? - preguntó Regina arrugando un poquito la bella nariz en un lindo y típico gesto de ella que le encantaba al príncipe quien le sonrió fascinado

- Sería lo mejor - respondió y ella asintió.

Los tres hicieron un pequeño círculo y desaparecieron en esa hermosa nube del color de la luz que comenzaba a caracterizar a la reina.


Tinkerbell entró volando por la ventana de su cuarto y sin siquiera poner los pies en el suelo, abrió las puertas del armario y prácticamente se zambulló en él buscando su varita.

Movió todo sin importar que lo estuviera desacomodando y sonrió emocionada saliendo del mueble cuando la encontró.

Estaba por irse y regresar a las minas, pero un fuerte golpe contra la puerta de su habitación, la espantó.

Escuchó el grito de alguien que se alejaba. Así que de inmediato se acercó para abrir y se encontró con que Ruby, en su forma de lobo, porque esa noche era de luna llena, estaba atacando a lo que sin duda debía ser un alfa.

Granny sostenía la ballesta contra su pecho, sangraba de un brazo y estaba recargada en la pared enseguida de la puerta abierta de un cuarto. Volteó a verla y le indicó con un gesto que se fuera.

Tinkerbell asintió y salió de inmediato de ahí.

La joven lobo comenzó a aullar en cuando el alfa al que atacaba estuvo muerto.

Tuvo la osadía de llegar hasta ahí y atacar a Granny con toda la intención de entrar en la habitación donde ella y Belle, quien ahora era SU omega, estaban pasando el celo de la ex bibliotecaria.

Ruby se dio la vuelta, se acercó un poco a su abuela inspeccionando la herida la cual lamió un par de veces, después le gruñó poquito, como indicando que se mantuviera al margen y trató de entrar a la habitación, pero Eugenia fue más rápida y le echó encima la capa para que volviera a su forma humana.

Belle aún estaba en celo, de momento estaba lúcida, pero seguía necesitando a su alfa que ahora se erguía haciendo que la capa cayera dejando su cuerpo desnudo al descubierto.

La puerta se cerró tras ella y se escuchó que alguien la atrancaba por fuera, Belle le extendió los brazos dejando caer la sábana con la que se estuvo cubriendo durante la pelea

- Alfa… - le llamó sintiendo nuevamente esa abrasante necesidad por las manos de la lobo sobre su ardiente piel.

Ruby se subió a la cama, hipnotizada por la hermosa imagen.

Belle había ladeado un poquito su cabeza y mostraba orgullosa la marca que le había hecho en el cuello, la cual, indicaba que la omega le pertenecía, a ella y a nadie más.


Lo primero que Regina hizo cuando aparecieron en medio del caos fue poner a todas las omegas a salvo.

Las hizo desaparecer y las envió a la cabaña de Gold, muy lejos de donde ellos estaban. Sería difícil para los alfa llegar hasta ellas y el plan era acabar con todo eso antes de que eso pudiera pasar.

El príncipe estaba ejerciendo su poder como alfa de alto rango y la mayoría de los otros, comenzaban a doblegarse ante él. Sobretodo aquellos que tenían una omega y sabían que ahora estaban a salvo.

Y Snow, se había unido a los beta que estaban, como siempre, en medio de la lucha contra los alfa que se salían fácilmente de control y pretendían matarlos.

Había algunos muertos, entre ellos George y los padres de Grace.

Jefferson estaba ahí con ellos. Estaba herido y sangraba, trató de protegerlos, porque sabía que su pequeña los amaba y le dolería mucho perderlos, pero no pudo hacer mucho por ayudarlos.

Regina estaba ansiosa y atenta, viendo cómo todo parecía empezar a calmarse gracias a la presencia de David, y no podía sentirse más orgullosa de que el príncipe fuera su alfa, de pertenecerle por completo y de llevar dos hijas de él en el vientre.

Estaba decidida a no intervenir para no alterar al príncipe si trataban de hacerle algo a ella, pero hubo un momento en el que no pudo evitar meterse.

Snow estaba apunto de ser atacada por uno de los piratas que traía una espada en alto y usó su magia contra él.

El pirata volteó muerto de rabia hacia ella

- Maldita omega. ¡Voy a enseñarte a respetarme! - gritó con su voz de alfa y se fue sobre ella, pero justo cuando estaba a unos pasos, vio de reojo que David se acercaba furioso y estuvo seguro que lo atravesaría con la extraña espada luminosa que portaba, pero antes de que eso sucediera, sintió que de pronto algo apretaba su garganta con fuerza y sus pies dejaron de tocar el suelo.

Regina miraba con molestia la figura del pirata, tenía su mano derecha alargada hacia él haciendo el ademán de estarle apretando el cuello.

El alfa miró desesperado a David como suplicando porque le ordenara a la reina que se detuviera dado que él era su alfa, pero el príncipe le sonrió de medio lado

- Regina hace lo que ella quiere - le dijo alzando su espada contra él - Pero nadie amenaza a mi omega - habló con coraje y le dio certero golpe en el rostro que hizo le sangrara la nariz.

La reina le soltó cuando vio lo que el alfa pretendía hacer y no se esperó el feo golpe, pero después vio que David tocaba con la punta de la espada al pirata y éste quedó tendido en el suelo.

El príncipe corrió hasta su omega para darle un apasionado beso que fue respondido de la misma forma y con delicadas manos sobre sus mejillas.

La dejó y al darse la vuelta, comenzó a luchar con otro pirata que traía también la espada en alto, seguramente buscando venganza por el otro alfa que ni siquiera estaba muerto.

Regina se frenó a sí misma de intervenir, el príncipe era extremadamente hábil con su espada y, a pesar de que la lucha seguía, tenía todo bajo control.

Comenzó a calentar sus manos una con la otra, preparándose para el inevitable momento. Pan se daría cuenta que ya no estaba en la Mansión y vendría por ella, no tenía duda alguna.

Otro alfa, uno que la reina no recordaba haber visto nunca, cayó al suelo a varios metros de ella por una flecha que alcanzó a rozarle el hombro.

No le dio importancia, no la tenía. Todos esos que estaban buscando hacerle daño a las omegas tendrían que ser detenidos de alguna manera por siempre, no podían vivir así, en constante peligro, amenazas y muertes innecesarias.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por la sombra que pasó volando rapidísimo muy cerca de ella haciéndola seguirle con la mirada

- Te encontré, omega - escuchó una escalofriante voz que la hizo voltear rápido.

Se encontró con la horrible figura de Peter Pan y de inmediato supo que había matado a Rumpelstiltskin y que ahora él, era el nuevo Oscuro. La piel era de color grisáceo y brillaba extrañamente como lo hiciera la de su antiguo mentor en el bosque encantado

- No me estaba escondiendo - le dijo desafiante y más que lista para detenerlo en la forma que tuviera que hacerlo.

No lo iba a dejar ganar.

No le iba a permitir que hiciera de Storybrooke el nuevo Neverland ni mucho menos que les usara para ello.

Y entonces, por sólo un segundo estuvieron frente a frente como en la isla, cuando Pan quitó el hechizo que el Oscuro, y por petición de su madre, puso en ella para hacerla pasar por una beta cuando era tan solo una bebé.

El muy inhumano y maldito la había hecho entrar en celo abruptamente por primera vez y dejado en compañía de tres alfas sin un vínculo. Todo para que fuera reclamada y hacer que perdiera el poder que aún tenía en ese momento, para que la sometieran y doblegaran.

Ahora entendía, la quería humillada y sumisa para que no se resistiera cuando la condenara a ese horrible plan que tenía para ella.

Lo único con lo que quizá no contaba, era que el príncipe la reclamaría y haría todo lo contrario a lo que él planeaba

- ¡No te atrevas a tocarla! - gritó David mientras corría hacia el nuevo Oscuro con su espada en alto.

Pan sonrió malévolo y alargó la mano derecha para, tal cual lo hiciera Regina, usar su magia y apretarle el cuello, elevándolo un poco del suelo

- ¡No! - la reina se angustió y se le apretó el corazón al ver a su alfa sufrir, pero de inmediato alzó sus manos contra el niño perdido dispuesta a atacarlo

- Si yo fuera tú, no lo haría - masculló con esa escalofriante voz que al parecer, ahora le caracterizaba.


Mientras tanto, bajo la biblioteca, Tinkerbell encontró polvo de hadas convencional en la misma mina donde tenían a los niños.

Usó su varita para hacerlo funcionar a pesar de que se le dificultaba y afortunadamente lo pudo hacer conjurando un hechizo para resguardar a los pequeños. Luego de eso, salió por el elevador y usó su varita de nuevo para poner otro hechizo en la extraña puerta que estaba dentro de la biblioteca

Al terminar y rogando porque funcionara, salió apresurada rumbo al lugar donde se estaba suscitando la pelea.

Cuando llegó, se detuvo antes de ser vista escondiéndose en uno de los techos y observó la escena con atención.

Sus ojos se abrieron enormes por el espanto al ver que Peter Pan era ahora el Oscuro, señal inequívoca de que su plan había resultado mal.

Su única intención había sido que se provocaran y enfrentaran para que Rumpelstilskin pudiera matar de nuevo al niño perdido con la daga, pero jamás pensó que Pan buscaría convertirse en el Oscuro.

Vio preocupada que el niño perdido estaba asfixiando al príncipe y cómo Regina le escuchaba atenta aunque parecía desesperada.

Pensó en ir y auxiliarla a pesar de que sabía que no serviría de nada.

Nadie en su sano juicio se atrevería a matarlo porque eso le convertiría en el nuevo Oscuro. Tenían que pensar en algo más, en algo con lo que pudieran detenerlo por siempre.

Y entonces, recordó haber visto en el apartamento de Snow una pequeña caja que podría serles útil.

Así que, cuidando de no ser vista por Pan o su malévola sombra, se fue sigilosa de ahí.


- Déjalo - ordenó Regina mientras le clavaba una amenazante mirada e invocaba una bola de fuego en su mano derecha.

Pan comenzó a reír burlesco una vez más

- ¿Una omega dando órdenes? - preguntó divertido - ¿Cuándo vas a entender que ahora no tienes derecho a hacer eso? Eres sólo una omega que debe hacer todo lo que los alfa quieran. Necesitas mano dura y firme para que aprendas de una vez por todas - le dijo y apretó los labios un poco porque, al parecer, no lograba provocarla - Ni tú ni el príncipe encantador quieren convertirse en el Oscuro. No me mataran - su rostro se tornó serio - pero yo, sí puedo matarlo a él - le amenazó apuntándole con el dedo índice de su mano libre

- Si lo haces, yo también moriré. Y tú no quieres que eso pase - argumentó, retándole claramente a pesar de que se sentía asustada

- Hay una cantidad considerable de alfas que estarían encantados de reclamarte y ayudarme a enseñarte tu lugar - negó un poco con la cabeza mientras le sonreía - No necesitamos al príncipe encantador - y se sorprendió de ver que la reina no se inmutó. Así que decidió seguir - Pero prometo no hacerle daño si aceptas tu destino, Majestad - ofreció y aflojó un poco el cruel agarre al que sometía a David quien seguía luchando por liberarse - Acepta ser parte del nuevo Neverland y conviértete en la omega con magia más extraordinaria que jamás haya existido - estrechó los ojos al hablar, imaginando su ambicioso plan.

Absolutamente todos se sorprendieron y preocuparon ante las palabras del niño perdido que ahora era el Oscuro. Estaba claro que Peter Pan quería deshacerse de todo ellos.

Ella alzó ambas cejas al escucharlo

- Jamás - respondió sonriendo de medio lado y ligeramente divertida ante las absurdas palabras de Pan.

El rostro del niño perdido se desfiguró al escucharla y apretó con fuerza esta vez haciendo sufrir verdaderamente al príncipe que parecía se quedaría sin oxígeno en cualquier momento y por lo mismo dejó caer la espada.

Regina se desesperó desapareciendo el fuego en su mano e hizo un ademán de ir hasta su alfa pero se frenó a sí misma de hacerlo.

Pan estaba tratando de provocarla haciéndole daño a David, seguramente para que ocurriera lo mismo que en la Mansión y poderla atrapar.

Y no, no podía permitir que eso pasara, tenía que mantener a salvo y seguras a sus bebés y a ella misma, porque si algo les llegaba a pasar, el príncipe no lo iba a soportar y viceversa.

Regina ya había perdido mucho en la vida y desde luego que no estaba dispuesta a perder a David ni a ninguno de sus hijos.

No tenía idea cómo, pero iba a vencer al Oscuro.

Con ese único pensamiento en mente, invocó su magia blanca y al instante, la sintió fluir por su cuerpo de una forma asombrosamente natural y de lo único que fue consciente es que sus manos brillaban con intensidad.

Los presentes lanzaron una exclamación de sorpresa, incluida Snow, porque la reina estaba prácticamente envuelta en una luz brillante que se intensificaba en sus manos y hacía que fuera imposible verla directamente.

Pan frunció el ceño extrañado al verla, sobretodo porque la omega tenía una expresión no sólo determinada y firme en el rostro, sino que denotaba lo decidida que estaba a destruirlo y no tener piedad.

Lanzó su magia hacia la de él para liberar a David quien cayó estrepitosamente al suelo y comenzó a toser en búsqueda de aire. Al instante, la princesa estuvo a su lado para auxiliarlo junto con Víctor que había logrado salir ileso del desafortunado encuentro entre Rumpelstiltskin y Peter Pan.

Fue entonces cuando la reina atacó directamente al niño perdido quien de inmediato se defendió y contraatacó, pero pronto se dio cuenta que su magia, no se comparaba a la de ella.

Desapareció de la vista de la reina y ésta le empezó a buscar volteando a todos lados

- ¡Regina, cuidado! - gritó David como pudo al ver que Pan aparecía detrás de su omega y sintió algo de alivio al ver que no logró hacerle nada aunque el enfrentamiento seguía y él, estaba muriendo de la desesperación.

Estaba luchando contra Víctor y Jefferson que trataban de impedir que fuera hasta ella. Le era difícil porque aún no se recuperaba por completo.

Quería matar a Pan con sus propias manos, tomar a su bella omega entre sus brazos para protegerla y ponerla a salvo. Le importaba un carajo que ella pudiera defenderse y lo estuviera haciendo tan bien. ¡Era su omega, por Dios! Y encima de todo estaba embarazada. No podía permitir que algo le pasara, se iba a morir si eso sucedía

- ¡Suéltenme! - ordenó con su voz de alfa haciendo que ambos hombres le soltaran.

Se agachó para recoger su espada, con toda la intención de ir hasta allá, pero al momento de levantarse y pretender avanzar, la figura de Snow le bloqueó el paso

- Si haces eso, vas a distraer a Regina y podría salir lastimada - la princesa tomó aire profundamente un par de veces tratando de buscar valor y alzó su arco y flecha contra él mientras ignoraba el ligero temblor de piernas.

Estaba amenazando a un alfa, y eso, no era nada bueno.

El príncipe abrió sus ojos grandes por la sorpresa de ver a la beta apuntándole, pero antes de que externara su enojo, habló el otro beta

- David, hay que derrotarlo - intervino Víctor antes de que el alfa pusiera en su lugar a Snow - Quiere condenar a Regina a tener hijos, niños que convertirá en niños perdidos. La hará entrar en celo, dejar que cualquier alfa la tome y la embarace de nuevo, una y otra vez hasta que consiga un ejército de niños con magia - le contó lo que Gold le dijo, con toda la intención de convencerle de dejar que la reina buscara la manera de acabar con Pan y cuando lo vio querer debatir, siguió - Si tus niñas llegan a ser omegas con magia, como ella, las usará también - los rostros de todos, inclusive de aquellos que estaban cerca y alcanzaron a escuchar, se llenaron de horror.

El alfa volteó a ver a su amada y preciada omega embarazada y los ojos se le humedecieron por la impotencia. Era verdad, si él intervenía podía distraer a Regina y provocar que Pan le hiciera daño y lograra atraparla para sus ruines propósitos.

Él no tenía magia y no era mucho lo que podía hacer. Sólo entorpecer todo y poner en riesgo a su omega

- Debemos buscar a la sombra - Victor se relamió los labios - Es quien tiene la daga - les dijo porque había visto cuando el niño perdido se la entregó.

Y de pronto, Pan cayó al suelo muy cerca de donde estaban ellos, gritando y retorciéndose de dolor sosteniendo uno de sus antebrazos.

Entonces, David alzó la mirada y vio a Regina, a su bella omega, a la Reina, caminando hacia ellos, toda imponente y deslumbrante, tal cual solía hacerlo en el bosque encantado, pero ahora, andaba con ese leve resplandor luminoso a su alrededor.

Y se veía… simplemente majestuosa.

El nuevo Oscuro trató de huir, de reponerse, pero fue atacado nuevamente por esa potente magia que parecía quererle desintegrar y de pronto, toda magia le abandonó mientras algo aparecía alrededor de su cuello.

Era el collar que le habían puesto a Regina y que suprimía la magia de quien le portara. Volteó preocupado a verla.

La reina estuvo a punto de preguntarle por la daga, pero no pudo porque la sombra apareció sosteniéndola, seguramente para liberar a Pan.

Las manos de Regina volvieron a brillar con intensidad y atacó certeramente a la sombra con su magia que perdió mucha altura y entonces, David tomó su espada para encajarla justo en medio de la oscura silueta, tal cual lo había hecho con Hook, y usó toda su fuerza para clavarla en el cemento bajo ellos.

Cuando lo consiguió, la sombra se desintegró

- ¡Nooo! - gritó Pan al ver que se habían deshecho de una parte importante de sí mismo.

La reina se agachó con cuidado porque su pancita ya no le permitía el libre movimiento. Tomó la daga y sintió algo extraño al estarla sosteniendo.

Pan sólo le miró con resentimiento sabiendo que ahora, tendría que hacer todo lo que la reina quisiera. Una maldita e insignificante omega tenía poder sobre el Oscuro, sobre un alfa.

Algo temeroso por el intimidante resplandor que había alrededor de su bella omega, el príncipe alargó su mano derecha para tomarla del brazo izquierdo haciendo que ella volteara a verle.

Cuando sus miradas se cruzaron, ambos soltaron un suspiro, pero luego ella asintió mientras le dedicaba una pequeña sonrisa, dándole a entender que estaba bien.

David asintió con ojos húmedos y se inclinó con toda la intención de besarla, pero Peter Pan comenzó a reír a carcajadas interrumpiendo el conmovedor momento

- No puedes matarme, omega - le dijo negando con la cabeza - ¡Soy el Oscuro! - puntualizó mientras se ponía de pie - Nadie quiere pagar el precio por matarme. Mucho menos tú, que tienes un alfa y estás preñada - le habló despectivamente, como si buscara con ello hacerla menos, después de todo, el Oscuro era un alfa y quería a esa omega.

Regina apretó la daga y lo hizo con coraje por cómo le estaba hablando el endemoniado niño.

Y es que tenía razón, no podían matarle, tampoco arriesgarse a mandarlo fuera de Storybrooke, era el Oscuro y siempre representaría un peligro, sobretodo porque no tenía lo que quería, que era ella, sus niñas y todo Storybrooke, y seguramente no descansaría hasta conseguirlo como lo hizo Rumpelstiltskin. No por nada había vuelto de la muerte con la decisión de llevar a cabo su malévolo plan.

Fue entonces que recordó lo que Azul mencionó, era su lección más importante:

"La oscuridad es sólo ausencia de luz. Cuando hay demasiada, atrae a la oscuridad y ésta siempre busca consumirla. Es por ello que las omegas con magia siempre han sido asesinadas, generalmente al nacer, para prevenir que atraigan la oscuridad y la puedan vencer. Eres un ser especial, Regina. Es por eso que el Oscuro esperó tantísimos años por ti y se las ingenió para que fueras su aprendiz, porque tú podías traerlo al mundo sin magia y no se podía arriesgar a perderte. Eres la omega con magia más poderosa que he tenido la fortuna de conocer y estoy segura estás destinada a algo muy grande."

Vio a Pan que le miraba con profundo odio, pero sin moverse de su lugar, seguramente porque ella no quería y él tenía que obedecer le gustara o no.

La reina tomó aire profundamente y alzó la daga con toda la intención de quitarle el collar para liberar la magia del Oscuro

- No, espera - pidió David tomándola nuevamente del brazo girándola hacia él - ¿Qué vas a hacer? - preguntó tratando de sonar firme y autoritario ante ella, pero sólo logró externar su preocupación y miedo

- Dijiste que confiabas en mí - le recordó luchando contra las ganas y necesidad de arrojarse a los brazos de su alfa al verlo así de preocupado y prometerle que no se pondría en peligro nunca más.

Se sostuvieron la mirada como comúnmente lo hacían cuando no estaban de acuerdo, pero esta vez, no se estaban desafiando, ambos se miraban con ligera súplica por distintas razones.

Estaban buscando que el otro cediera.

El príncipe quería que ella desistiera de usar la daga, tenía miedo de lo que eso pudiera implicar, toda magia venía con un precio, de eso no tenía duda alguna y no quería que ella lo tuviera que pagar.

Por su parte, la reina quería que su alfa aceptara lo que haría. No sabía si iba a funcionar, pero quería intentarlo por ellos, de otra forma no veía cómo deshacerse de Pan quien siempre sería un peligro latente.

Fue David quien terminó cediendo.

Asintió, afligido y preocupado, pero asintió y la soltó para dejarla que salvara el día. Después de todo no era algo nuevo para Regina, ya lo había hecho anteriormente y lo único que haría sería aferrarse a la promesa que ella le hizo de no pensar siquiera en sacrificarse.

La reina le dedicó una tierna, agradecida y enamorada sonrisa

- Hazle caso a tu alfa, omega. Se buena y obedece - se atrevió a decir el niño perdido, pero al instante se vio aferrado con fuerza descomunal de la ligera camisa verde que llevaba y de frente al furico rostro del príncipe

- ¡No le digas a mi omega lo que tiene qué hacer! - exclamó furioso

- David… - la reina colocó su mano derecha sobre la de él y después de algunos segundos le soltó, aunque no le quitó de encima a Pan su azul y asesina mirada.

Regina exhaló pronunciadamente y se preparó para lo que haría. Alzó su mano libre y quitó el collar que desapareció del cuello del niño perdido y lo mandó a su cripta.

Después levantó la daga y cerró los ojos mientras invocaba su magia

- No puedes matarme - se burló de nuevo de ella. Era absurdo que intentara algo. Era el Oscuro, era inmortal e invencible.

Sin embargo, se preocupó verdaderamente cuando fue la daga la que comenzó a brillar con intensidad de la misma forma que lo hicieron anteriormente las manos de la reina.

Regina respiró profundo y, totalmente decidida, comenzó a llamar a la oscuridad que debía obedecerle porque era la dueña de la daga en ese momento

- ¡¿Qué haces?! - preguntó Pan alarmado al sentir y ver que una extraña masa negra comenzaba a abandonar su cuerpo y avanzaba amenazante hacia la daga, hacia la luz.

Hacia ella.

El ligero halo resplandeciente que la seguía envolviendo parecía protegerla de que la oscuridad llegara hasta ella, pero era insistente y agresiva y David, él estaba angustiado viendo todo

- ¡Regina! - la reina volteó encontrándose con que Tinkerbell se acercaba desde el cielo.

Llegó volando hasta pararse muy cerca de ella, lo más que podía para no verse envuelta por la oscura masa y le extendió la caja de Pandora

- ¡Ábrela! - le pidió. Estaba luchando con todas sus fuerzas contra la oscuridad y si por error llegaba a flaquear, ésta podía apoderarse de ella.

Tenía mucha experiencia en ello y no deseaba regresar ahí por ningún motivo, mucho menos convertirse en el Oscuro.

El hada verde se estaba esforzando realmente para hacer lo que la reina solicitó, se le dificultaba en verdad usar la magia de hadas convencional, pero tampoco le era imposible

- ¡Apresúrate! - exigió el príncipe a Tink, estaba histérico y se sentía muy ansioso por lo que estaba sucediendo

- ¡Eso hago! - respondió igual de preocupada que él.

Tenía que hacerlo, de otra forma la oscuridad encontraría la manera de apoderarse de Regina y no podía dejar que eso pasara. Azul confiaba en ella para cuidar de la omega con magia que además era su amiga.

No se podía permitir fallar y perderla.

Se concentró en ello, en su deber como hada y como amiga de la reina y entonces, el extraño humo rojo comenzó a expandirse mientras la caja se abría.

Regina empezó a mover la daga dirigiendo la masa negra de oscuridad hacia la caja de Pandora y en cuanto estuvo al alcance del poder de la misma, fue absorbida hacia el interior del mágico objeto que se cerró dejándola atrapada y quedó inerte de nuevo.

El ligero halo de luz alrededor de Regina desapareció mientras ella sentía que todas las fuerzas se le iban

- ¡Estúpida omega! ¡Te voy a matar! - gritó Pan y se le fue encima, pero antes de poderla tocar siquiera, fue interceptado por el príncipe que se fue agresivamente sobre él con su espada y no tuvo piedad.

Le encajó la espada justo en el corazón mientras con la otra mano le destrozó la garganta y, ante sus ojos, el cuerpo de Peter Pan se convirtió en el de un adulto en el justo momento en el que murió.

Lo soltó dejándole caer al suelo y sacando la espada en el proceso, volteó entonces hacia su omega quien estaba de rodillas en el suelo y parecía a punto de desvanecerse.

Corrió hacia la reina asustado y se dejó caer de rodillas junto a ella para envolverla entre sus brazos protectoramente a pesar de que los demás ya estaban ahí auxiliándola

- No la toquen - habló territorial y todos se apartaron de inmediato porque se percibía claramente que si no lo hacían provocarían a David - Hey, preciosa omega - le llamó con dulzura y llevó su mano derecha hasta la tersa mejilla izquierda para acariciarle

- Estoy bien - respondió Regina respirando agitada.

El poder de la oscuridad había drenado toda su energía y en verdad quería descansar envuelta entre los fuertes, posesivos y protectores brazos de su alfa, pero todavía tenían que rescatar a Emma y traer a las omegas y a los niños de vuelta.

Sobretodo a su pequeño príncipe

- Iré por los niños - dijo el hada al ver que Regina estaba bien. Estaba agotada, se le podía ver, pero estaba bien y lo más importante era que el alfa estaba con ella.

Con todo el cuidado y el amor del mundo, David ayudó a su omega embarazada a ponerse de pie, pero no dejó de sostenerla

- Gracias - respondió la reina a su amiga - Tink - le llamó antes de que se fuera - Las omegas, están en la cabaña de Gold - le dijo con una pequeña sonrisa en los labios.

Tinkerbell asintió, pero no se pudo contener de abrazarla a pesar de que David la estaba sosteniendo, y al momento de hacerlo, se sintió como si fuera el hada que alguna vez fue antes de que todo entre ellas dos sucediera.

La soltó mirándola sorprendida e ignorando la mirada de advertencia del alfa. Agitó su varita y pudo conjurar fácilmente un hechizo sencillo para aparecer una taza de té que hizo desaparecer al instante y de la misma forma

- Majestad - habló con la voz afectada por la emoción e hizo una pequeña reverencia ante ella y se fue de ahí a cumplir con su cometido

- Vamos por Emma - Regina le dijo a David quien asintió y luego la besó en los labios

- Te amo. Y estoy muy orgulloso de ti, mi bella omega. Nos has salvado - le dijo emocionado y más orgulloso que nunca de que Regina fuera su omega

- También te amo, alfa - se abrazó al cuello del príncipe quien la envolvió entre sus fuertes brazos con delicadeza.

Después se separaron y vio que la reina trataba de invocar su magia, seguramente para llevarles a todos al bosque, pero la detuvo antes de que eso sucediera

- Espera a que estemos allá para hacer magia de nuevo - le pidió y ella le miró extrañada. El príncipe tomó la daga de la delicada mano y la guardó en su chaqueta - Estás cansada, lo mejor será que no te esfuerces más de lo debido - dijo mostrándose ansioso y ella le sonrió con ternura

- Está bien - accedió para no ponerlo más tenso ni nervioso de lo que ya estaba y él le regresó una agradecida sonrisa. Se agachó y le besó el redondito vientre con absoluta devoción

- Mis princesitas - les dijo a sus pequeñas niñas.

Se irguió de nuevo y caminó por su espada que soltó cuando vio que Regina estaba mal. Se dio cuenta que todos les miraban sorprendidos y que murmuraban entre ellos

- Traeremos a los niños y a sus omegas - anunció hablando alto y autoritario, empuñando su espada que había dejado de estar iluminada.

Después se dio la vuelta, tomó la caja de Pandora y llegó hasta su omega quien le miraba con fascinación. Le dejó un beso largo en la frente, le entregó la caja y después colocó su mano izquierda en la espalda baja de la esbelta espalda

- Vamos, Snow - le dijo a su ex esposa quien asintió - Ustedes ayuden a poner un poco de orden aquí - les pidió a Víctor y a Jefferson

- Cuenta con ello, David - le dijo el alfa y el príncipe le respondió con un gesto de respeto con su cabeza.

Comenzaron a avanzar y Regina se pegó un poquito a él

- Me encanta cuando hablas así - le habló sugestiva, pero muy bajito para que la princesa no escuchara.

David no pudo evitar sonreír de medio lado al escucharla. Su preciosa y preciada omega le estaba coqueteando después de que acababan de pasar por un muy mal momento y a pesar de que claramente estaba muy cansada.

Oh, Dios. Lo único que el alfa quería en esos momentos era reunirse con su hija y con Henry, asegurarse que ambos estaban bien para luego tomar a su bella omega embarazada y llevarla a casa a descansar.


Tinkerbell llegó a la cabaña de Gold y trasladó a las omegas a la ciudad para que se reunieran con sus alfas. Después, fue hasta la biblioteca y fue necesario sólo un ligero movimiento de su mano para que el hechizo que puso anteriormente, se deshiciera.

Bajó, quitó el otro hechizo que prevenía que alguien se diera cuenta que ahí se estaban ocultando y sonrió emocionada al anunciarle a August y a los niños que estaban a salvo y que era momento de regresar a casa

- Debes ir al convento - le dijo August cuando ya terminaban de sacar a los niños por la salida que daba hacia la orilla del mar - Estoy seguro que ahí están Azul y las demás Hadas - le dijo al hada verde quien asintió y se fue directo para allá.


David, Regina y Snow llegaron al bosque y comenzaron a recorrerlo un poco buscando el lugar exacto en donde estaba el hechizo que mantenía atrapada a Emma.

La reina lo estaba buscando a través de su magia que seguía fluyendo en ella y mientras andaban, llevó la mano izquierda a su pancita porque le pareció sentir que sus princesitas se movieron aunque no estaba segura porque el terreno era irregular.

Acarició un poco sin interrumpir su labor

- ¿Todo bien? - preguntó David al verla con una mano sobre la pequeña curvatura donde estaban las dos pequeñitas que ambos esperaban con mucho amor

- Sí - respondió atenta a la inmensidad del bosque porque podía sentir la magia del Oscuro - Estamos cerca - les informó

- Solo espero Emma no haya tomado ninguna decisión - dijo Snow y se escuchó afligida

- Pan ya no está. Así que eso no es posible - el príncipe le recordó - Lo único que debemos hacer es asegurarnos que ella sepa lo mucho que la amamos - habló sin dejar de mirar de reojo a su omega.

Si eso no se tratara de su hija y si no necesitaran magia para recuperarla, estaba seguro que no habría permitido que Regina fuera con ellos. Claramente se veía que estaba cansada, pero también se veía serena y eso lo mantenía a él en calma

- Es aquí - se detuvo de pronto haciendo que los otros dos hicieran lo mismo.

Tanto David como Snow se mostraron ansiosos al saber que estaban por reunirse con su hija y esperaban encontrarla con bien.

La reina alzó de nuevo las manos invocando su magia que acudió al llamado de inmediato. La dirigió hacia el frente y la luz colisionó con lo que parecía ser una pared que se iluminó y después, desapareció

- ¡Emma! - el príncipe llamó a su hija sin perder tiempo y la princesa se le unió mientras comenzaban a avanzar emprendiendo la búsqueda.


El hada verde llegó al convento y consiguió abrir la puerta del lugar con mucha facilidad. Entró apresurada y se encontró con todas las Hadas reunidas en el salón principal

- Tinkerbell - Azul se acercó a ella y la tomó de los brazos. Estaba angustiada y temía mucho por Regina, pues sabía bien que el Oscuro y Pan irían tras ella y que niño perdido, no tendría piedad

- Ella está bien - le sonrió al hablar, sabiendo bien por qué se encontraba así - Logró detener a Pan y derrotar al Oscuro - informó y vio que los ojos del hada Suprema se abrían con total asombro - Él mató a Rumpelstiltskin y Regina uso la daga para arrancarle la oscuridad y la atrapó en la caja de Pandora - le dijo

- Oh, por Dios - susurró Azul con lágrimas agolpadas en los ojos - Tengo que ir con ella - dijo reponiéndose

- Atacaron la ciudad, pero Regina y David junto con Snow, los detuvieron. Sin embargo, creo que podrían necesitar asistencia. Hay heridos - le contó

- Vayan a auxiliar - les pidió a sus fieles hadas quienes asintieron.


Mientras tanto, el alfa, la omega y la beta se internaron un poco más en el oscuro bosque en búsqueda de Emma, llamándola una y otra vez hasta que al fin, la escucharon responder. Siguieron hacia el lugar de donde provenía la voz hasta que lograron verla.

La rubia corrió a ellos cuando les vio y se abrazó primero a su madre quien comenzó a llorar al igual que ella por el sentimiento y la emoción de reunirse y estar a salvo. Se separó de la beta y el alfa, su padre, tenía los brazos extendidos esperando por ella. Fue directo a él para darse el anhelado abrazo

- ¿Estás bien? - preguntó David

- Sí - respondió y se separó de su padre - ¿Dónde está Henry? - preguntó volteando a ver a Regina quién estaba enseguida del alfa

- A salvo, como todos nosotros - aseguró la reina al responder - Pan fue derrotado y ya no hay nada qué temer - explicó y sonrió tenuemente al terminar.

Emma asintió entre feliz y sorprendida, con un mundo de preguntas rondando por su cabeza.

David rodeó el cuerpo de su bella omega con el brazo izquierdo y vio que Emma tomaba la mano de la princesa con una suya y le alargaba la otra a él, la cual, no dudó en tomar

- Estoy feliz de que estemos juntos de nuevo - les dijo a sus padres con lágrimas agolpadas en los ojos

- También nosotros de tenerte de vuelta - aseguró el alfa apretando un poco la mano de su hija quien asintió agradecida

- Regina… -

Los cuatro voltearon hacia el lugar de donde provino la voz y se encontraron de frente con las hadas

- Azul - la reina se separó de su alfa y caminó hasta el hada que se veía algo descompuesta pero muy feliz y ahora le miraba de esa extraña forma en que todas las hadas solían hacerlo

- Nos has salvado, Majestad - le dijo en cuanto la tuvo enfrente y no se pudo contener de abrazarla.

Regina se tensó poquito cuando estuvo entre los brazos del hada Suprema, pero casi de inmediato, le regresó el abrazo y justo cuando tocó la espalda de Azul, las alas del hada aparecieron majestuosas y brillantes.

Todos se sorprendieron, inclusive la reina, porque tal parecía que su magia blanca respondía de manera oportuna a situaciones inesperadas.

Ambas hadas hicieron una debida reverencia ante una contrariada Regina que parecía no saber muy bien qué hacer ante esas muestras de gratitud y respeto a las que no estaba acostumbrada.

Detrás de ella, estaba el príncipe mirándola lleno de orgullo y sintiéndose el alfa más afortunado del mundo.


Tan pronto como Regina le regresó su varita a Azul, ésta les llevó de nuevo a la ciudad para que se reunieran con Henry

- ¡Mamá! ¡Emma! - el pequeño corrió hacia ellas en cuanto las vio, dejando atrás a August, quien había estado cuidando de él mientras se aseguraba que los niños regresaran con sus padres.

Snow se le unió de inmediato al beta en esa labor, después de todos, muchos de ellos eran sus alumnos.

El hada Suprema fue con sus fieles hadas y les regresó a todas sus varitas y alas para que siguieran ayudando con más eficiencia.

Regina y Emma, recibieron a su pequeño en un amoroso abrazo. El niño hizo muchas preguntas que la reina comenzó a responder con calma y la sheriff le siguió muy atenta, como tratando de aprender de ella. Le sorprendía la paciencia y el amor con el que Regina le explicaba todo a Henry quien escuchaba con total atención y emoción.

Mientras tanto, David hablaba con Azul a unos pasos de donde la reina estaba con Henry y Emma. El príncipe no quería alejarse demasiado de ella y estaba muy atento por si alguien trataba de acercarse porque desde luego, era algo que no iba a permitir

- Nosotras nos haremos cargo - aseguró Azul - Tinkerbell fue a la Mansión a poner todo en orden para cuando ustedes lleguen. Dijo que ahí había un par de muertos - le contó mirando la agridulce escena frente a ellos.

Alfas reunidos con sus omegas y padres con sus hijos, pero la pequeña Grace, lloraba desconsolada por la muerte de sus padres abrazada a Jefferson quien la sostenía en brazos

- Mantenme al tanto - pidió y el hada asintió - Tenemos que decidir qué haremos con los piratas y con aquellos que atacaron - miró de reojo a esos alfas que las Hadas estaban custodiando a fin de que no huyeran.

Después, se acercó a Regina

- Es hora de ir a casa - anunció, rodeando nuevamente a la reina con su brazo hasta dejar la mano sobre la hermosa pancita de embarazo y dándole un beso en la frente.

Ella se acurrucó contra él mientras le abrazaba también. La verdad era que ansiaba como nada ir a la Mansión a estar con su alfa e hijo después de todo lo que había sucedido. Sin mencionar que se sentía sumamente agotada y quería descansar.

El alfa sonrió ligeramente y, colocando estratégicamente los brazos, levantó a su bella y embarazadita omega

- ¡David! - le llamó la atención mientras le rodeaba el cuello con los brazos para sostenerse mejor

- Vamos Henry - el alfa invitó a su nieto con un gesto de su cabeza y el pequeño se apresuró a su lado de inmediato muy feliz y emocionado

- Bájame - pidió la reina cuando comenzaron a avanzar y es que la mirada de todos estaba sobre ellos

- Estás cansada y no trates de debatir - puntualizó adelantándose a la obligatoria protesta por parte de Regina

- Pero puedo caminar - murmuró y torció los ojos.

David sonrió divertido porque la hermosa reina no podía quedarse callada, jamás

- Deja que tu alfa te lleve, preciosa omega. Mejor trata de descansar - le sugirió y ella torció un poquito la boca ahora

- Yo los puedo llevar - Emma se adelantó dirigiéndose a su escarabajo que había quedado justamente ahí, cerca de la alcaldía donde todo se había suscitado

- Me parece bien - dijo el príncipe - Así podemos aprovechar y platicar un poco - le sonrió a la rubia quien asintió adelantándose

- No voy a subirme a ese ataúd con ruedas - dijo Regina mortificada ante el pensamiento de tener que subirse a ese horrible y peligroso auto.

David la sintió tensarse entre sus brazos y no quería hacer nada que incomodara a Regina. Así que, estaba por decirle a su hija que prefería irse caminando, lo cual no era mentira. Después de lo sucedido, nada alimentaba más su ego de alfa, que él hecho de que le vieran con su hermosa omega embarazada en brazos quien, además, acababa de salvar el día.

Qué la vieran con él así, embarazada y abrazada a su cuello mientras la llevaba en brazos le parecía sumamente enorgullecedor.

Sin embargo, antes de poder hablar, la hermosa nube del color de la luz les envolvió a los cuatro.


Aparecieron en el interior de la Mansión

- ¿Ya me puedes bajar? - preguntó Regina al alfa quien le miró estrechando los hipnóticos ojos azules por un momento, pero después asintió haciendo lo solicitado.

La omega se acercó un poco a la sala sólo para constatar que el lugar estaba impecable como antes de que todo sucediera.

Se dio la vuelta para encarar a los presentes aun con la caja de pandora en sus manos

- Los dejaré para que hablen - les dijo y le extendió una mano a Henry quien la tomó rápido.

David asintió, se acercó a ella para tomarla del rostro y darle un amoroso beso. La reina le sonrió con dulzura cuando se separaron y él le acarició un poco la mejilla. La soltó y Regina comenzó a subir las escaleras con el pequeño de la mano

- Asegúrate que tu mamá se acueste a descansar - le pidió a su nieto con una sonrisa divertida en los labios mientras les miraba subir

- ¡Sí! - respondió el niño entusiasmado por la labor que le acababan de encomendar y que pensaba cumplir

- Te estoy escuchando, David - puntualizó la reina

- Por eso lo hago - se mordió el labio inferior al verlos desaparecer por el pasillo que conducía a las habitaciones y soltó un suspiro enamorado mientras pensaba en lo mucho que los amaba

- Tú y Regina, ¿se dieron el beso de amor verdadero? - preguntó Emma de pronto. Su padre se dio la vuelta para encararla y asintió

- Me pusieron en una maldición de dormir - comenzó a caminar hacia la sala y su hija le siguió.

Ambos tomaron asiento enseguida del otro en el largo sillón, sobre el cual, de momento, David prefería no recordar había follado a su bella omega durante su primer celo con ella

- ¿Qué ocurrió? - preguntó Emma mirando a su padre, con los antebrazos sobre sus propios muslos y las manos unidas.

Y entonces, el príncipe comenzó a relatarle lo sucedido.


Mientras tanto, en la planta alta de la Mansión, Regina y Henry se estaban acomodando para dormir.

Aún era de madrugada y no faltaba mucho para el amanecer, pero nadie había dormido nada y todos lo necesitaban

- Mamá - Henry llamó a la reina que salía del baño de la habitación principal - ¿Me puedo quedar contigo hasta que David venga? - preguntó en medio del lugar

- Claro que sí - respondió caminando hasta la cama para meterse bajo las cobijas. Henry hizo lo mismo pegándose a ella.

Regina le sonrió con ternura y comenzó a acariciarle el cabello permitiéndose disfrutar de estar así con su pequeño príncipe otra vez, como cuando eran sólo ella y él y Henry le pedía dormir con ahí porque tenía miedo o simplemente tenía ganas de estar con ella. Y era algo que sabía debía aprovechar, porque dentro de poco menos de cinco meses, llegarían al mundo sus dos princesitas y entonces, no sería sólo uno, sino tres hermosos hijos con los que estaría así.


- Emma, quiero que sepas que te amo tal cual eres y que por nada del mundo me gustaría cambiar algo de ti - aclaró David sosteniendo una mano de la rubia - Sé que las cosas entre nosotros han sido extrañas desde Neverland, pero quiero que sepas que, por encima de todo, estoy muy orgulloso de ti - le confesó con el corazón

- Papá… - exhaló pronunciadamente cerrando los ojos.

El alfa llevó la mano de su hija hasta su boca para dejar un beso ahí

- Y te amo tanto como a las niñas que tendré con Regina - le sonrió con ojos humedecidos por la emoción de estarse sincerando con su primogénita.

Emma se acercó un poco más a él y le abrazó

- También te amo, papá - sollozó al decirlo - A pesar de la oferta que Pan me hizo no concebía una vida sin Henry y sin ti - sorbió la nariz - Lamento haberte tratado de desafiar al principio y por las veces que te engañé - cerró los ojos dejando correr dos lágrimas y el alfa se separó de ella para tomarla del rostro

- También lamento que todo se pusiera tan mal entre nosotros. Lo lamento si sentiste que te hice a un lado por cómo ocurrieron las cosas… - quiso seguir hablando, pero la alfa le interrumpió

- Ahora lo entiendo - dijo asintiendo y tomó una mano de su padre que seguía en su mejilla - Entiendo por qué te portabas así y que yo debí apoyarte en vez de tratar de deshacer todo - soltó un suspiro afligido porque de verdad estaba arrepentida

- Yo debí estar contigo y enseñarte a ser la alfa de alto rango que eres - le acarició la mejilla con la mano libre mientras le sonreía de medio lado - Emma, estoy muy, muy orgulloso de que seas mi hija - suspiró entrecortadamente al ver la sorpresa en el rostro de la rubia. Volvió a abrazarla y le acarició el cabello paternalmente - No me importa lo de la magia. Eso no cambia que seas mi hija y que yo te ame - le besó la cabeza al decir eso y la escuchó sollozar.

Se rieron un poco al separarse y verse a los ojos. La rubia limpió una de sus lágrimas

- Me gusta platicar así contigo - le dijo sonriente al alfa

- A mí también - respondió él.

Y justo en ese momento, Henry apareció en la puerta de la sala con su pijama puesto

- Mi mamá se quedó dormida - informó muy orgulloso de sí mismo porque con seguridad había superado las expectativas del alfa

- Muchas gracias - le dijo David sonriente y agradecido

- Será mejor que me vaya. Está por amanecer y todos debemos descansar, aunque sea un poco - la rubia se puso de pie

- Emma, ¿puedo irme contigo? - preguntó el pequeño sorprendiendo a ambos adultos que le miraron cuestionantes - Es que no quiero dormir solo y David va a dormir con mi mamá - explicó sus razones. Tenía un poco de miedo después de lo ocurrido con Pan porque los eventos de la vez anterior estaban rondando por su mente

- Puedes dormir con tu mamá si quieres, Henry - dijo el príncipe. No quería que el niño pensara que estaba siendo desplazado de la vida de Regina, después de todo, ella era la madre del pequeño y entendía que, por mucho tiempo, fueron sólo ellos dos

- No. Tú debes dormir con mi mamá - puntualizó frunciendo el ceño - Eres su alfa y ella te necesita porque está cansada y embarazada, y tú has dicho que es muy importante que el alfa siempre esté con su omega, más si está embarazada - hizo una pausa y tomó aire con toda la intención de seguir

- Ok, ok. Calma, chico. Ya entendimos. Si tú no tienes ningún problema, puedes venir conmigo - le dijo antes de que Henry siguiera con su válida explicación.

La verdad era que ella también quería estar con él al menos por esa noche, para apaciguar el susto que se llevó al despertar sin él y después saber que el niño perdido se lo había llevado

- ¿Le dices a mi mamá que me fui a dormir con Emma? - preguntó Henry a su abuelo

- Por supuesto - respondió el príncipe para luego acompañarles a la puerta - Puedes llevarte mi camioneta - le extendió las llaves a Emma y ella las tomó.

Abrieron la puerta y se encontraron con que el escarabajo de la alfa estaba ahí, justo enfrente de la Mansión y supusieron que, Regina o las Hadas, lo habían hecho.

Le regresó las llaves a su padre, se despidieron y se fueron rumbo al apartamento que Emma compartía con Snow.

David cerró la puerta y cómo era su costumbre, la aseguró debidamente y después recorrió la casa haciendo lo mismo con las demás puertas y ventanas. Hasta que por fin, pudo llegar a la habitación que compartía con su bella omega.

Entró con cuidado porque por nada del mundo quería despertarla y sonrió porque, en el lugar que debía, estaba su espada que no recordaba en qué momento perdió de vista y con seguridad había sido Regina quien la llevó hasta ahí.

Después entró al vestidor para cambiarse y ponerse el pijama para dormir. Salió y se metió bajo las cálidas cobijas mientras buscaba acercarse lo más que pudiera a su hermosa omega aunque falló en su misión de no despertarla

- ¿Dónde está Henry? - Regina preguntó adormilada al despertar con el movimiento que David causó al subirse a la cama y acercarse a ella

- Se fue con Emma - respondió - Dijo que quería dormir con ella porque yo debo dormir contigo - le contó apartando el negro cabello del bello rostro.

La reina sonrió poquito al escuchar eso y después tomó aire profundamente para luego soltarlo

- Estaba muy orgulloso porque me ayudó a que descansaras como se lo pedí - habló bajito esta vez notando que su omega se estaba volviendo a quedar dormida porque él no dejaba de acariciarle tiernamente el cabello y la cabeza

- Abrázame - pidió Regina mientras se giraba para darle la espalda y al sentirlo pegarse a ella, le tomó la mano derecha con la suya y la llevó hasta su creciente vientre

- Descansa - susurró con ternura mientras le besaba la mejilla de la misma forma.

Y pasaron apenas un par de minutos para que, sabiendo que al fin la ciudad estaba a salvo, ambos se quedaran profundamente dormidos.