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Aku Cinta Kamu..!
Alec despertó poco a poco, acurrucándose mas bajo la cobija. Se removió hacia un lado, estirando un brazo para buscar el cálido cuerpo que debía estar a su lado. Pero solo encontró una almohada y un lugar frío. Levantó la cabeza y vio que Magnus no estaba a su lado. El olor a café llamó su atención y dirigió su mirada hacia la puerta, ahora poniendo atención podía escuchar el sonido de platos y sartenes.
Se estiró en la cama y se levantó para dirigirse a la cocina. Al salir de la habitación, pudo oler tocino y miel, Magnus estaba preparando un desayuno continental. Sonrió girando en la sala para mirar hacia la cocina. Magnus tarareaba una canción, removiendo el huevo en el sartén mientras un cucharon mezclaba por si solo la mezcla para panqueques. El Brujo llevaba solo sus pantalones de seda morados, sin rastro de maquillaje en el rostro y con el cabello aun revuelto como si acabara de levantarse, pero era obvio que ya llevaba despierto un buen rato.
Alec sonrió, mirándolo. Recordó esa primera mañana en la que había despertado en el departamento del Brujo. Como se había aterrorizado al verlo vistiendo solo eso. Su sonrisa falló solo un poco y se acercó rápidamente al Subterráneo, abrazándolo con cuidado por la espalda. Magnus respingó sorprendido, no había escuchado al Nefilim acercarse.
-No te escuché levantarte- dijo Magnus con una enorme sonrisa en el rostro mientras se recargaba contra el pecho de Alec. El ojiazul lo apretó un poco más, recargando su barbilla en el hombro del Brujo- y cuál es el punto del desayuno en la cama si te levantas antes de llevártelo?
-Buenos días- murmuró Alec, dándole un beso en la mejilla. Magnus soltó una risa, girando el rostro para poder besar los labios del Nefilim.
-Como dormiste?- preguntó Magnus, volviendo a su tarea de revolver el huevo.
-Perfecto- respondió Alec con una enorme sonrisa, soltando al Brujo y tomando otra espátula para voltear el tocino.
A Alec le encantó ese momento. Una mañana deliciosamente tranquila, cocinando junto a Magnus mientras hablaban y reían. Pasaron la mañana llenos de mimos y cariños entre ellos, comiendo hasta hartarse (Magnus había exagerado con los panqueques y le habían salido cerca de 25), mirando los ridículos programas que le gustaban al Brujo y que Alec disfrutaba por el simple hecho de poder recostarse en el sillón con Magnus entre sus brazos. Para la hora de la comida, Magnus apareció 3 platillos del restaurante de comida italiana que le encantaba a Alec, los cuales incluso Presidente Miau tuvo que ayudarles a comerlos.
-Exageraste- dijo Alec, lanzándose a la montaña de mantas que Magnus había puesto en el piso frente a la chimenea. Presidente Miau se apresuró a acurrucarse junto a él.
-Dijiste que te gustaba ese restaurante- dijo Magnus, apareciendo una botella de vino y sirviendo dos copas.
-Sí, pero no por eso debo comerme toda la cocina- rió el Nefilim, mirándolo- vino? Son las cuatro de la tarde.
-Es la Hora Feliz en algún lugar, cariño- sonrió el Brujo con un guiño. Alec simplemente soltó una risita y aceptó la copa que le ofrecía Magnus.
El Brujo se lanzó a las mantas junto a Alec y no había terminado de aterrizar cuando su teléfono comenzó a sonar- oh, vamos!
-El destino no quiere que bebas tan temprano- le dijo Alec burlonamente.
-Tonterías- Magnus se empinó su copa de vino, tomándolo todo de un trago antes de fijarse en la pantalla.
-Dime que es tu representante de Alcohólicos Anónimos- volvió a reír Alec, acariciando al gato en su regazo.
-Erm...- Magnus le mostró la pantalla al Nefilim, quien se sorprendió al ver en la pantalla "Monster-in-law".
-Es en serio?- preguntó Alec, mirando a Magnus con una ceja alzada- tienes a mi madre como "Suegra Monstruosa" en tu celular?
-Tienes que aceptar que le queda perfecto. Tu madre da miedo cuando quiere- dijo Magnus con una sonrisa traviesa. Alec rodó los ojos.
-Por qué te llama a ti?- preguntó el ojiazul, revisando su propio celular en caso de que no hubiera escuchado las llamadas.
-Ni idea- Magnus pasó un dedo por la pantalla de su celular y se aclaró la garganta para responder- bienvenido a la línea telefónica de la casa Bane. Si desea hablar con Magnus Bane, presione uno. Para hablar con Presidente Miau, presione dos. Para dirigirse a Alexander Lightwood, presione tres. Si requiere mas información o quiere agendar una cita de trabajo, presione cero.
-No puedo creer que te dejara terminar toda tu ridícula presentación- se escuchó la voz de Maryse del otro lado de la línea.
-Si desea escuchar el menú nuevamente, presione asterisco- siguió Magnus con voz melodiosa.
-Es en serio?- preguntó Maryse en un tono idéntico al de su hijo.
-Magnus- lo regañó Alec.
-Qué? Aun no sé si quiere hablar contigo o no- dijo el Brujo a su novio, encogiéndose de hombros.
-En realidad, necesito hablar contigo- dijo Maryse, haciendo que el Subterráneo se olvidara de las burlas.
-Que sucede?- preguntó un poco más seriamente. Escuchó a Maryse suspirar del otro lado de la línea.
-Necesitamos tu asistencia en una escena- dijo Maryse. La respuesta sobre sus labores actorales murió en la garganta del Brujo. Había algo en el tono de la mujer que hizo que su corazón se acelerara.
-De que hablas?- preguntó el Subterráneo frunciendo las cejas. Alec se enderezó en su lugar, mirándolo.
-Encontramos el cuerpo de Camille en un túnel de metro abandonado- dijo Maryse seriamente. Magnus sintió que el aire a su alrededor desaparecía- no tenemos idea de que pasó. Ya llamamos a Raphael Santiago, pero no puede venir sino hasta que se oculte el sol. Tu también eres parte del consejo, y conocías a Camille, nos gustaría que nos ayudaras con la investigación.
Magnus sintió un gran vacío apoderarse de él. Camille estaba muerta. Por mucho que odiara la personalidad de la vampiresa, siempre la había visto como una presencia constante. Daba por hecho que ella siempre estaría ahí, en algún lugar del mundo. No le dolía tanto como haber perdido a Ragnor, pero aun así su corazón punzaba dolorosamente al pensar en otro amigo inmortal muerto.
-Magnus?- escuchó la voz de Maryse del otro lado de la línea.
-Cl... claro, ahí estaré- dijo Magnus cuando al fin encontró su voz.
-Te enviaré la ubicación por mensaje- dijo Maryse antes de terminar la llamada. Magnus dejó su teléfono a un lado y siguió con la mirada perdida hacia enfrente. No escuchó a Alec llamarlo, solo regresó a la realidad cuando el Nefilim puso una mano sobre su hombro.
-Magnus, estas bien? Qué pasó?- volvió a preguntar por enésima vez el ojiazul. Magnus se giró y lo miró.
-Camille está muerta- dijo Magnus y Alec sintió que un escalofrío lo recorría.
-Como?
-No lo saben- respondió Magnus, volviendo a desviar la mirada- tu madre quiere que vaya a ayudar, ya que Raphael no puede ir hasta que anochezca.
-Magnus...
-Siento una migraña aproximarse, y no tengo poción- dijo Magnus, poniéndose de pie y dirigiéndose a la mesita en la que tenía los ingredientes para sus pociones. Alec también se puso de pie, siguiéndolo.
-Magnus, lo lamento mucho- dijo Alec, si bien la muerte de la vampiro no le afectaba, tenía que cumplir con las condolencias necesarias. Magnus negó con la cabeza sin girarse.
-Camille siempre estaba jugando con fuego- dijo Magnus, tomando un calderero y poniéndolo sobre una llama azul- era de esperarse que algún día le salieran mal las cosas.
-Quieres hablar?- preguntó Alec. Magnus se notaba algo nervioso, removía frascos con ingredientes una y otra vez, sin encontrar lo que buscaba.
-No, tengo que ir a la escena pronto- respondió el Brujo, leyendo rápidamente las etiquetas en los frascos.
-Deberías calmarte un poco antes de ir- le dijo Alec, acariciándole suavemente el brazo.
-Estoy tranquilo- dijo Magnus, mirándolo de reojo.
-No luces tranquilo.
-Pero lo estoy, Alec- aseguró el Subterráneo, vaciando uno de los ingredientes al caldero.
-Magnus, tú me enseñaste que hablar las cosas te ayuda- dijo Alec, cruzándose de brazos.
-Es diferente, no necesito hablar, solo quiero ir y hacer mi trabajo y luego dejar todo en manos de Raphael- dijo Magnus, tomando otros dos frascos y girándose para mirar a Alec de frente- estaré bien, volveré pronto.
-Y aun así no querrás hablar?- preguntó Alec, mirándolo fijamente. Magnus reprimió un suspiro.
-No hay nada de qué hablar, Alec- dijo, volviendo a girarse hacia el caldero.
-Conocías a Camille desde hace tanto- siguió Alec. Magnus comenzaba a irritarse. Ya le había dejado claro antes a Alec que no quería hablar sobre su pasado, y Camille era gran parte de él- y a Ragnor, nunca lo conocí, pero era tu amigo, y me hubiera gustado estar ahí para ti cuando...
-Alec, eso ya pasó- lo interrumpió Magnus, vaciando otro de los frascos en el caldero y comenzando a remover.
-Pero te afectó y yo...
-No se puede cambiar el pasado, es por eso que es mejor dejarlo atrás- dijo seriamente el Brujo, tomando mas ingredientes que en realidad no necesitaba pero se estaba desesperando y necesitaba distraerse con otra cosa- algunas cosas pueden contarse, pero otras es mejor dejarlas encerradas.
-Yo te cuento todo. Te conté todo lo que ha pasado en mi vida...
-Yo no te pedí que me lo contaras, Alexander- dijo Magnus secamente y Alec se paralizó. No solo por el tono empleado por el Brujo, sino porque lo que decía era verdad. Magnus nunca le había pedido que le contara nada. Bueno, si, en un principio lo había presionado un poco. Pero después de descubrir lo que le había pasado no lo había presionado mas. Alec pensaba que Magnus simplemente le daba tiempo, espacio para que se calmara, pero tal vez eso no era lo que hacía. Quizás Magnus simplemente quería ignorar el tema y Alec terminaba sacándolo a la luz nuevamente cuando él quería.
-Tienes razón- dijo Alec en voz baja, desviando la mirada hacia la puerta principal. Magnus no logró escucharlo- oh Dios, tienes toda la razón.
-En verdad, Alexander, no tengo ánimos de hablar al respecto. Ni ahora ni nunca. Lo que se dijo se dijo, pero es todo- dijo Magnus, refiriéndose a las platicas sobre su relación con Camille, pero Alec lo entendió todo mal.
El ojiazul miró a Magnus con dolor. El Brujo seguía dándole la espalda mientras removía sus ingredientes de pociones. El menor se mordió el labio para no sollozar. Después de todo lo que había pasado... todo lo que Magnus había hecho por él. Demandaba tanto y daba tan poco, era lógico que Magnus se cansara de enfocarse en él.
-Lamento haberte molestado con mis problemas- dijo Alec aun con voz baja. Magnus lo miró de reojo y vio que se dirigía a la puerta.
-Alec- lo llamó el Brujo, pero el chico simplemente negó con la cabeza, sin atreverse a mirarlo antes de salir del lugar. Magnus soltó un suspiro de frustración. Ahora Alec estaba molesto con él por no contarle sobre su pasado con Camille? Soltó los frascos con ingredientes con más fuerza de la necesaria y fue a lanzarse al sillón mas cercano. No sabía qué hacer, tenía que ir tras Alec, pero no quería afrontar la plática con el chico. No quería contarle su pasado. Estaban bien en ese momento, Alec avanzaba rápido así, no tenía por qué preocupar su cabeza con cosas sin importancia, no era bueno para el chico enfocarse tanto en la vida amorosa del Brujo. De hecho le molestaba un poco que Alec se fijara tanto en esas cosas- maldición.
Alec dejó el departamento de Magnus sin siquiera tomar su abrigo. Caminó rápidamente por las calles de Brooklyn, abrazándose a sí mismo en un intento de protegerse del frio. Para cuando llegó al Instituto ya tenía los labios resecos y comenzaba a perder la sensibilidad en los dedos. Entró en el lugar y se alegró de que todos estuviesen ocupados con los eventos recientes. Prácticamente corrió hasta su habitación, sin mirar ni dirigirle la palabra a nadie. Se alegró de no encontrarse con su madre en el camino. Llegó a su habitación y entró en ella rápidamente, tan rápido que no se dio cuenta que Jace salía de la habitación de al lado en ese momento.
-Alec?- Jace se acercó rápidamente a la puerta de la habitación de su Parabatai y tocó suavemente. Unos segundos después la puerta se abrió. Un muy pálido Alec lo miraba con ojos brillantes- no creí que vendrías hoy, con lo de Camille y eso.
Alec soltó un suspiro, bajando la mirada, entonces se dio cuenta que Jace iba vestido con su traje de combate, saldría de caza. Volvió su mirada hacia los ojos dorados.
-Estas bien?- preguntó el rubio. Alec pasó saliva pesadamente y asintió. No quería hablar, sabía que si lo hacia se le saldría al menos un sollozo- de acuerdo. John y yo vamos a ir a ayudar en la escena, quieres venir?
Alec hizo una mueca y miró hacia su cama. En realidad no dormiría, pero quería acurrucarse ahí con su almohada y hundirse en su miseria. Jace entendió.
-Entiendo, es Camille, cierto?- Alec simplemente lo miró- bien, claro, entonces volveremos más tarde, si?
El ojiazul asintió y se apresuró a cerrar la puerta antes de que sus ojos lo traicionaran y soltaran las lagrimas que intentaba contener. Jace se quedó de pie frente a la puerta unos segundos, mirándola fijamente, pensando en lo que acababa de suceder. Alec no se miraba nada bien. Asumió que se debía a la muerte de Camille. No que le afectara a su Parabatai, pero seguramente Magnus no estaría bien, y tal vez Alec estaba... celoso? Sacudió la cabeza y se giró en dirección a la habitación de Isabelle.
-Oye, Maryse nos está esperando- dijo John, girando en la esquina del pasillo.
-Ya voy- Jace tocó rápidamente en la habitación de la chica y esperó que abriera.
-Qué pasa?- preguntó Isabelle, ya le habían dicho que no necesitaban su presencia en la escena del crimen.
-Alec está en su habitación- dijo Jace rápidamente. John se acercó para escuchar.
-De verdad? No creí que viniera hoy- dijo Izzy asomándose y mirando la puerta de la habitación de su hermano mayor.
-Yo tampoco, pero ahí esta, y no se ve nada bien- dijo Jace, preocupado.
-A que te refieres?- preguntó la chica.
-No lo sé, tal vez estoy imaginando cosas, pero...
-Jace, Maryse- dijo John, señalando su celular.
-Ya voy!- repitió el menor, exasperado antes de volver a mirar a Izzy- solo... estate al pendiente de él, si?
-Por supuesto- dijo Isabelle, asintiendo firmemente.
-De acuerdo- Jace se giró para seguir a John e ir con Maryse. Isabelle tomó un suéter de su closet y se dirigió a la habitación de su hermano mayor. Tocó la puerta levemente pero no obtuvo respuesta.
-Alec?- llamó la chica, tocando nuevamente antes de entre abrir la puerta. Alec no estaba ahí. Izzy entró para revisar mejor y se dio cuenta que la ropa de Alec estaba tirada junto a la cama, entonces escuchó la regadera correr y respiró tranquila. Se quedó de pie en medio de la habitación durante unos minutos, preguntándose si debería esperar a que su hermano terminara de ducharse o irse y esperar a que Alec saliera de su habitación. Después de pensarlo bien decidió darle tiempo a Alec. Salió de la habitación cerrando la puerta con cuidado detrás de ella.
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Isabelle había decidido darle tiempo a Alec para que saliera de su habitación y poder hablar con él cuando estuviera listo. Nunca creyó que Alec no saliera de su habitación en dos días. Salía para las comidas, pero pasaba desayuno, almuerzo y cena en silencio, enfocándose en su comida y sin mirar a nadie más. A pesar de los intentos por todos de conversar con él, las respuestas del ojiazul eran vagos sí o no con la cabeza, o simplemente ignorar por completo a quien le hablaba. Entrenaba con sus hermanos, si, pero era el mismo proceso. Estaba presente físicamente, pero su mente estaba perdida en algún oscuro lugar.
Para la tarde del tercer día, Jace se había hartado y había ido hasta Brooklyn para hablar con el que él creía culpable del estado de su Parabatai. John se había apresurado a seguirlo, conociendo a Jace iba a quemar medio Brooklyn con el Fuego Celestial sin siquiera hacer una pregunta al Subterráneo. Pero no tuvo que detener al otro rubio de nada, Magnus no había abierto la puerta a pesar de la insistencia de Jace. John tuvo que convencerlo de volver antes de que se desesperara y quemara la puerta para entrar.
Jace volvió al Instituto para ir directo a la habitación de Alec. John fue a la habitación de Izzy para pedir ayuda. Había estado rezándole a todos los ángeles todo el trayecto en tren desde Brooklyn, podía sentir el calor que emitía Jace desde que habían entrado al metro en Greenpoint. Inclusive los Mundanos se habían quitado bufandas y abrigos en el vagón donde ellos iban. Cuando John e Izzy llegaron a la habitación de Alec, encontraron a Jace revisando el teléfono de su Parabatai. El ojiazul no estaba a la vista, pero la puerta del baño estaba cerrada.
-Que haces?- preguntó John acercándose a Jace. El menor lo ignoró mientras su rostro enrojecía de coraje al pasar el dedo por la pantalla del celular de Alec- erm... Jace?
-Jace, cálmate, vas a derretir el aparato y no me dejarás ver qué sucede- le dijo Isabelle.
-O sea que no te dejará husmear en la privacidad de tu hermano?- preguntó John, cruzándose de brazos.
-Aun te duele?- preguntó Isabelle dándole una nalgada a John. El rubio no reaccionó a tiempo para detenerla y se paralizó en su lugar cuando su nalga izquierda le punzó dolorosamente. Desde que Alec le había lanzado "accidentalmente" una flecha al trasero no había podido sentarse cómodamente- no creas que no te veo sentarte de lado.
-Dame el teléfono- dijo John entre dientes, arrebatándole el aparato a Jace. Revisó el celular junto con Isabelle y vio lo que había molestado tanto a Jace. Había al menos unas 16 llamadas a Magnus y otro montón de mensajes también. Todas eran de Alec, ni una sola respuesta por parte de Magnus, las llamadas tampoco habían sido respondidas. John e Izzy se miraron y después miraron a Jace, que tenía los ojos cerrados y respiraba profundamente, intentando tranquilizarse- Jace?
-Lo voy a rostizar- fue todo lo que dijo el Herondale.
-Tranquilo, no sabemos qué pasó- le dijo John, dejando el teléfono de Alec sobre la cama.
-Magnus lo está ignorando! Eso pasó!- saltó Isabelle.
-Y por qué lo está ignorando?- preguntó John mirándola.
-A quien le importa?! Nadie ignora a mi Parabatai!- saltó Jace
-Jace, cálmate- dijo John, interponiéndose entre los dos menores y la puerta- bien sabemos que no debemos meternos en las relaciones ajenas.
-Por eso Alec te flechó el trasero?- preguntó Izzy, rodando los ojos. John se pegó de espaldas a la puerta, temiendo otra posible nalgada.
-Fue un accidente- dijo el rubio mayor.
-Hemos visto a Alec darle a un blanco en movimiento a 15 metros de distancia- le dijo Jace, cruzando los brazos- accidente mis...
-El punto es...- interrumpió el mayor- que no debemos dejarnos llevar, tenemos que hablar las cosas primero.
-Eso no es muy conveniente- continuó Jace- conoces a Alec, va a excusar a Magnus de alguna u otra forma.
-Lo va a excusar mas viendo que estas por ir y explotar su departamento!- saltó John.
-Lo has visto estos últimos días! Apenas come, no ha dicho una palabra! Está igual que cuando vivíamos en Idris!- saltó Jace con los ojos llenos de furia.
-Alec estará bien, no volverá a cometer errores pasados- dijo John seriamente.
-Eso no lo sabes! Como se que no esta ahí dentro con una daga y...
Los tres se giraron al escuchar una puerta abrirse a sus espaldas. Alec los miraba extrañado. Traía puesto solo unos pantalones holgados, aun llevaba el cabello mojado y sostenía la toalla húmeda entre sus brazos. Jace dio dos grandes zancadas hacia él y le arrebató la toalla, mirándole los antebrazos. Alec lo miró entre confundido y molesto y fue a ponerse una camisa.
-Lo vez, te lo dije- dijo John, mirando a Jace.
-Eso no me dice nada! Voy a ir a pedir una explicación!- dijo Jace, lanzando la toalla a la cama.
-Ya fuimos y no estaba. Aquí está Alec, hablemos con Alec- dijo John, intentando hacer que el otro rubio entrara en razón.
-Hablemos con Alec?- repitió Jace, mirando a John fijamente- te das cuenta que no habla, cierto?! Es la razón principal por la que "visitamos" a Bane!
-No le has dado oportunidad de hablar- le dijo John. Izzy fue al lado de su hermano. Ambos Lightwood miraban a los rubios discutir.
-Dos días! Me contuve dos malditos días!- exclamó Jace, mirando a John con furia. Alec miró a su hermana, cuestionándola. Ella simplemente tomó el celular de su hermano y le mostró la cantidad de llamadas y mensajes a Magnus. Alec se sonrojó profundamente y bajó la mirada. Jace captó la reacción de Alec y soltó un gruñido, molesto, antes de dirigirse a la puerta- voy a asesinarlo.
-Jace, espera!- John tomó a Jace del antebrazo para detenerlo y lo soltó inmediatamente, dejando escapar un siseo y un gruñido de dolor.
-John!- Isabelle se acercó rápidamente al chico y revisó su mano. Jace miró horrorizado el daño en la palma de la mano izquierda de John. Era como si hubiese puesto toda la palma en una plancha de cocina al rojo vivo. Alec corrió hacia su Parabatai mientras Izzy sacaba su estela- tranquilo, te ayudaré.
-Jace, cálmate- dijo Alec con urgencia. Jace lo miró, sorprendido, e inmediatamente cerró los ojos y comenzó sus respiraciones profundas. Isabelle puso un rápido Iratze en la muñeca de John y todos esperaron en silencio a que hiciera efecto. La palma de John seguía enrojecida, pero ya no le dolía tanto. El rubio soltó un suspiro y se giró para mirar a los demás.
-Ya te tranquilizaste?- le preguntó a Jace. Las mejillas del Herondale tomaron un tono rosado.
-Lo lamento mucho, John. Te juro que no... perdón...
-Está bien, no te preocupes, sé que no fue tu intención- lo interrumpió John. Hubo otro par de minutos de silencio, hasta que Jace recordó que Alec le había hablado.
-Alec?- dijo, girándose hacia su Parabatai. El ojiazul lo miró, cuestionándolo, y Jace sintió una punzada en el pecho- Alec, estas bien?- el mayor pasó saliva pesadamente y asintió, pero Jace no se creyó ni siquiera eso- no estás bien, dime que sucede, que es todo esto?- preguntó señalando el celular. Alec se sonrojó y tomó el aparato, pero ya era tarde, sabía que sus hermanos habían visto los mensajes y estaba que moría de vergüenza- que sucedió? En donde esta Magnus? Por qué no estás con él?- preguntó Jace. Alec se mordió el labio inferior para no soltar lagrimas- Alec, dime qué pasó?!
-No le grites!- lo regañó Isabelle, poniéndose entre los Parabatai. Jace respiró profundamente y se tranquilizó.
-Lo siento- se disculpó Jace rápidamente, sacándole la vuelta a Isabelle y acercándose al ojiazul- Alec, por favor, necesito saber que fue lo que pasó. Por qué estas así?
-Es estúpido, olvídalo, si?- pidió Alec casi suplicando. No quería contarles a sus hermanos lo que había pasado. Que al fin había logrado llegar al límite de Magnus, lo había hartado y el Brujo ya no podía mas con él. Y sin embargo, él seguía enviándole mensajes y llamándolo como novia psicópata.
-Alexander, si no me dices que fue lo que sucedió voy a ir a incendiar el departamento con todo y Magnus- le dijo seriamente- después de sacar al gato, el no tiene la culpa.
-Jace, no, por favor...
-Alec, ya lo detuve una vez, dudo poder hacerlo una segunda- dijo John, señalando su mano. Alec pasó saliva nerviosamente.
-Está bien, Alec, sabes que puedes decirnos lo que sea, cierto?- preguntó Izzy, poniendo una mano sobre el hombro de su hermano. Alec la miró, los miró a los tres. Nuevamente tenía a sus hermanos preocupados, como podía ser tan egoísta como para tener a todo el mundo preocupado por él todo el tiempo. No era justo para ellos. Las lagrimas lo traicionaron y comenzaron a bajar rápidamente.
-Se acabó, lo voy a quemar en una estaca- dijo Jace, girándose para salir. John se alejó de él de un salto. Alec se apresuró a seguirlo.
-Jace, no!- el rubio se giró y tomó a Alec firmemente por los hombros, mirándolo fijamente a los ojos.
-Alec, que fue lo que te hizo?- preguntó con la voz llena de preocupación.
-Nada- respondió Alec firmemente, sosteniéndole la mirada- él no me hizo nada. Todo fue mi culpa.
Los cuatro se quedaron en silencio unos segundos, asimilando lo que acababa de decir Alec. Jace lo soltó, pero no dejo de mirarlo fijamente, tratando de decidir si decía la verdad.
-Alec, que quieres decir?- preguntó Isabelle, acercándose a su hermano.
-Que fue mi culpa, Magnus no hizo nada más que ayudarme y yo...- Alec bajó la mirada con los ojos llenos de lagrimas.
-Qué pasó?- insistió John con voz tranquila. Alec cerró los ojos fuertemente.
-Por favor, no quiero hablar de eso- dijo Alec en voz baja.
-Alec, cuando vas a aceptar que no te hace nada bien callarte las cosas?- preguntó Jace tomando la mano de su Parabatai.
-Lo sé, pero no...
-Alexander?- todos se giraron hacia la puerta al escuchar dos leves toques seguidos por la voz de Maryse. Alec se apresuró a limpiarse el rostro y componerse lo mejor que pudo. John corrió a la puerta para distraer a la mujer.
-Maryse, hola!- saltó el rubio entre abriendo la puerta.
-Aquí están todos?- preguntó Maryse empujando la puerta para mirar a todos los adolescentes. John cubrió lo mas que pudo con su cuerpo y Alec se medio escondió detrás de Jace.
-Sip, estábamos... estábamos hablando sobre... erm...
-Estábamos haciendo pruebas y Jace terminó quemando a John- dijo Izzy interrumpiendo a John. Jace la miró con reproche mientras John sacudía su mano herida frente a Maryse. Y la distracción funcionó, la mujer olvidó que buscaba a los chicos y se concentró en la mano del rubio.
-Pero en que estaban pensando?!- saltó Maryse tomando la mano de John entre las suyas.
-Solo jugábamos- dijo John sonando como niño excusándose por una travesura.
-Jugar con el fuego celestial es estúpido!- dijo Maryse, reprendiendo a los cuatro adolescentes- ven acá, Jonathan, quiero que te revise un Hermano Silencioso.
-Pero estoy bien- dijo John, pero Maryse tiró de su mano, llevándolo consigo.
-Nada, vamos- John miró a los demás pidiendo auxilio, pero Izzy se encogió de hombros, no podían dejar que su madre viera a Alec así, a ella si no la podrían contener si decidía ir por la sangre de Magnus. Jace levantó los tres dedos de en medio de su mano derecha, haciendo un saludo hacia el rubio caído- Jace, ven conmigo, necesito a alguien para una misión.
-Pero...
-Ahora, Jace- dijo la mujer firmemente. Jace miró a Izzy, quien se encargó de levantar los tres dedos de su mano derecha también. El Herondale rodó los ojos, soltando un gemido, antes de girarse hacia Alec.
-Volveré pronto, si?- el ojiazul simplemente asintió antes de que Jace saliera de la habitación.
Los hermanos Lightwood quedaron solos en la habitación y estuvieron en silencio unos minutos. Isabelle, al darse cuenta de que Alec no tenía intención alguna de hablar, tomó a su hermano de la mano y lo llevó a sentarse a la orilla de la cama. La chica le quitó el teléfono de las manos a su hermano y lo dejó sobre la mesita de noche antes de tomarle ambas manos entre las suyas. Alec suspiró entrecortadamente, sin atreverse a mirar a su hermana.
-Alec...
-Soy un egoísta- murmuró Alec entrecortadamente.
-No, por supuesto que no. Alec, eres la persona más altruista que conozco- dijo Izzy negando con la cabeza- nunca podrías ser egoísta.
-Lo soy- dijo Alec soltando lagrimas silenciosas- con Magnus, yo... simplemente me importaba yo y...
-Alec, sabes que eso no es verdad- dijo Izzy apretando las manos de su hermano- que te hace pensar que eres egoísta con Magnus?
-Todo el tiempo estaba cuidando de mi- dijo Alec limpiándose las lagrimas de un manotazo.
-Eso no es ser egoísta, Alec- le dijo Isabelle claramente- tu siempre cuidas de nosotros.
-Es diferente, soy su hermano mayor, debo hacerlo- dijo Alec mirando a su hermana a los ojos- además, ustedes también cuidan de mi.
-Y tú te preocupas por Magnus- declaró Isabelle.
-Claro que sí, pero nunca hago nada para él- le dijo Alec, bajando la mirada nuevamente.
-De que estas...- Izzy miró al ojiazul, alarmada- acaso te exigió que...
-Magnus nunca me exige nada, nunca me pide nada, ese es el punto- interrumpió Alec a la chica.
-Que quieres decir?- Isabelle estaba en verdad confundida. Como era posible que su hermano se sintiera egoísta! Él era todo menos eso.
-Él no me pidió que yo lo atormentara contándole lo que me pasó- dijo Alec volviendo su mirada hacia su hermana. Isabelle pudo ver todo el dolor reflejado en esos ojos azules y sintió una punzada en el pecho- en un principio tal vez sí, pero una vez que se enteró dejó de presionarme. Ya no me insistía para que le contara cosas. Claro, quien querría escuchar cosas así.
-Alec...
-Cada vez que nos besamos, él me deja tomar el control- siguió Alec, desviando la mirada nuevamente- lo hace por mí, lo sé. Pero también se que debe hartarse de siempre hacer lo mismo.
-Magnus nunca se cansaría de tus besos, Alec- dijo Izzy, pero el chico pareció no escucharla. Seguía con la mirada fija al suelo y los ojos llenándose cada vez mas de lagrimas.
-También cuando intentamos... cuando intentamos intimar, siempre tengo el control- dijo Alec, Isabelle lo escuchó con el corazón latiéndole desbocado- él tiene más experiencia, sabe de esas cosas, y sé que debe ser frustrante para él, cederme todo el control, con lo torpe y patético que soy.
-No eres patético!- saltó Isabelle rápidamente- Alexander, ninguno de nosotros te va a permitir que te vuelvas a llamar así.
-Siempre termino deteniéndome antes de lograr...- siguió Alec, ignorando a su hermana- incluso cuando pudimos... solo yo fui el que... soy tan egoísta.
Alec se cubrió el rostro con las manos y comenzó a sollozar ligeramente. Isabelle apenas estaba registrando lo que había dicho el chico. Envolvió a su hermano en un abrazo rápidamente.
-Alec, que quieres decir?- preguntó Izzy suavemente. Pero Alec no la escuchaba, seguía con el rostro oculto entre sus manos, sollozando ligeramente. Isabelle decidió no presionarlo más, se quedó abrazándolo, esperando que se calmara un poco. Alec se removió y se abrazó a su hermana, ocultando el rostro en su hombro. La chica acarició el rebelde cabello del mayor tiernamente, esperando en silencio que Alec pudiera volver a hablar. Pasaron unos cuantos minutos hasta que el ojiazul pudo dejar de sollozar, pero no se separó de la chica.
-Ahora entiendo porque me odia- murmuró Alec contra el hombro de su hermana.
-Claro que no te odia, no es posible- le dijo Izzy suavemente, acariciando su cabello.
-Eso no lo sabes- dijo Alec, separándose lentamente para mirar el rostro de la chica.
-Lo que sé es que Magnus te quiere muchísimo- le dijo Izzy, acariciando su mejilla y quitando el rastro de lagrimas en ella- él nunca...
-Dijo que me amaba- murmuró Alec en voz baja, mirando el suelo. Isabelle abrió mucho los ojos y se quedó sin palabras- dijo que me amaba... y yo no se lo dije de vuelta.
Alec soltó un par de sollozos y cerró los ojos con dolor. Izzy sacudió la cabeza para aclararse. Sabía que Magnus quería y se preocupaba por su hermano, pero en verdad le sorprendía que el Brujo declarara su amor tan directamente, dada la situación. Se pateó mentalmente después de pensarlo. Su hermano se merecía eso y más. Se merecía a alguien que lo amara tanto como él amaba, sin importar lo que le había pasado.
-Y tú querías decírselo?- preguntó Izzy con voz suave. Alec abrió los ojos, mirando hacia la ventana y se mordió el labio inferior. Amaba a Magnus? Se preocupaba por él, si. Lo quería, por supuesto. Y principalmente lo necesitaba. Pero lo amaba? Sintió que su corazón se aceleraba al recordar a Magnus abrazarlo fuertemente contra su pecho y murmurar "Te amo" con los labios pegados a su cabello. Se estremeció y soltó un par de silenciosas lagrimas.
-Si- respondió finalmente, mirando a su hermana- si quería decírselo.
-Eso es genial, Alec!- dijo Izzy con emoción, tomándole las manos al chico- puedes ir y decírselo.
-No, ya es demasiado tarde- negó el ojiazul, bajando la mirada.
-Nunca es tarde! Tienes que ir y hablar con él y...
-Izzy, basta- la detuvo Alec mirándola fijamente- claro que quiero hablar con él. Quiero disculparme...
-No tienes por qué.
-No sé si decirle que lo amo hará alguna diferencia- siguió el chico.
-Claro que lo hará.
-Necesito saber que no me odia.
-No lo hace!
-Isabelle- pidió Alec, cerrando los ojos- la única razón por la que lo llamo y envió mensajes es porque me dijo que me ama. Me da esperanza, cierto?
-Por supuesto- le respondió Isabelle firmemente.
-Entonces por qué no me responde?- preguntó el ojiazul, mirando a su hermana a los ojos. Izzy no supo que responder- está enojado conmigo.
-Entonces ve personalmente y habla con él- le dijo la chica, dándole un apretón a la mano de su hermano.
-Si no me responde es porque no quiere hablar conmigo, no lo voy a forzar- dijo Alec, negando levemente con la cabeza.
-Alec...
-Déjalo, Izzy, por favor. No quiero hablar al respecto- dijo Alec, soltando a su hermana y poniéndose de pie.
-Pero...
-Seguiré insistiendo, y si Magnus decide que quiere darme una oportunidad entonces la tomaré- dijo Alec tomando la toalla que Jace había lanzado a la cama y llevándola hacia el baño- mientras tanto, por favor, no me hagan hablar al respecto, ya me siento lo suficientemente mal.
Alec se perdió dentro del baño e Izzy se quedó sentada mirando el celular de su hermano en la mesita de noche. Dejaría que Alec se calmara, les contaría todo a los rubios y entonces decidirían que hacer. Pero antes ella comenzaría con su plan de acción. Se puso de pie y salió de la habitación de su hermano mientras sacaba su propio celular. Magnus iba a aceptar hablar con Alec aunque tuviera que llenarle el celular de mensajes de voz y mensajes de texto. Se dirigió a su habitación mientras escuchaba el tono de llamada en su celular y esperaba que el Brujo respondiera.
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Isabelle, John y Jace habían atacado el celular de Magnus tanto como el propio Alec, pero no habían tenido suerte. Los tres cubrían a Alec con Maryse, evitando que el chico se involucrara con cualquier cosa que tuviera que ver con los vampiros. Alec había comenzado a hablar de nuevo, mas por en bien de Jace que por otra cosa. Jace no podía ver a su Parabatai así, le recordaba todos esos meses después del regreso de Alec de Islandia.
John había sido el que había mantenido a Jace e Izzy a raya. La chica ya se le había escapado una vez y la había encontrado aporreando la puerta de Magnus, intentando entrar en el departamento. Después de llevarla a rastras al Instituto, habían tenido una seria platica en la que Jace e Izzy habían acordado hacerle caso, mejor dicho, habían acordado que Isabelle distraería a John para que Jace pudiera ir darle una visita al Gran Brujo. Y así lo habían hecho, la tarde siguiente Izzy se había sacrificado y se había encerrado con John en su habitación mientras Jace se escabullía fuera del Instituto y se dirigía a Brooklyn.
Jace había tenido suficiente del Brujo. Desde que Alec había regresado de Islandia, él se había encargado de mantenerlo a salvo. Incluso con John. Había vigilado de cerca al otro rubio durante sus primeras visitas a la casa de campo de los Lightwood. Las cosas se le habían puesto un poco mas difíciles al mudarse a Nueva York. No solo por el hecho de que Valentine estaba a la fuga y los habían exiliado, sino que había tanta gente nueva, todo un mundo desconocido para ellos. Y él tenía que ver por él mismo y por Alec. Se había jurado nunca más dejar que su Parabatai sufriera de ninguna manera. Y ese Brujo idiota lo había logrado pasar directo hacia Alec, y este era el resultado. Llegó al departamento de Magnus y pegó su dedo en el timbre y no lo quitó hasta que escuchó el grito furioso.
-QUIEN JODIDOS MOLESTA AL GRAN BRUJO DE ESTA FORMA?! VOY A ROSTIZARTE EN CUANDO LLEGUE ABAJO!
-Con el fuego celestial dentro de mí, dudo mucho que puedas quemarme más de lo que ya estoy- dijo Jace en tono burlón.
-Herondale- se escuchó el gruñido de Magnus antes de que la puerta se abriera. Jace subió los escalones rápidamente, Magnus lo esperaba de brazos cruzados en el marco de su puerta- que diablos haces aquí?
-Vaya, pero que bienvenida- dijo Jace, plantándose frente al Brujo.
-Es porque no eres bienvenido.
-Bah, soy bienvenido en todos lados- dijo Jace, pasando de largo y entrando en el departamento. Magnus soltó un largo suspiro y lo siguió con rumbo a la sala. Acababa de llegar de Idris, una semana entera de reuniones sin parar con las cerradas mentes del Consejo. Estaba harto de Nefilim testarudos y ahí iba el mas cabeza dura de todos a visitarlo.
-Que es lo que quieres, Jace?- preguntó, cruzándose de brazos, mirando al rubio dejarse caer en uno de los sillones.
-Necesitamos hablar- dijo claramente el Nefilim, enderezándose en su lugar.
-Lo dudo muchísimo- murmuró Magnus.
-Que pasó entre tú y Alec?- preguntó Jace, yendo directo al punto. Pudo ver un ligerísimo destello de enojo en los ojos del Subterráneo, pero este desapareció casi enseguida.
-No sé por qué te tengo que explicar mi relación con Alec- dijo Magnus, dejándose caer en un diván.
-Soy su Parabatai. Si sales con él, sales conmigo- fue la respuesta de Jace.
-Tengo en claro que eso no viene en su juramento- dijo Magnus frunciendo las cejas.
-Que le hiciste a Alec, Bane?- preguntó Jace, inclinándose hacia adelante, mirando mortalmente al Brujo.
-Yo no le hice nada- respondió Magnus con la misma mirada hacia el Nefilim- y de haberlo hecho, no tengo por qué excusarme contigo.
-Oh, yo creo que si tienes por qué, siendo que ahora ambos podemos conjurar fuego y no me importa quemar todo el edificio con tal de llegar a ti- dijo Jace medio burla medio serio.
-Si tanto quieres entrometerte en relaciones ajenas, por qué no vas y le preguntas a tu Parabatai?- preguntó Magnus, sin inmutarse por la amenaza.
-Lo único que Alec me dijo fue que te habías enojado con él porque estaba siendo egoísta, y es todo lo que me dirá, estoy seguro- dijo Jace. Magnus lo pensó, era un modo de verlo, Alec quería saber cosas que Magnus no quería contarle. El mismo Alec debería saber lo que era no querer contar algo y que te presionaran para hacerlo- pero Alec no es egoísta, nunca lo ha sido y estoy seguro de que nunca lo será.
-Es tu Parabatai y tu hermano- le dijo Magnus- por lo que nunca sabrás como es siendo pareja, no puedes saber que...
-Alec da tanto- lo interrumpió Jace en voz baja. Magnus lo miró- lo conoces, sabes que el da muchísimo y no pide nada. Por una pequeña muestra de cariño sincero, él te da toda su lealtad y devoción, lo sabes.
Se quedaron en silencio un par de minutos. Magnus sintió que su corazón se comprimía al pensar en los hermosos ojos azules mirándolo con tanto cariño y preocupación todo el tiempo.
-Odio ver a Alec sufrir, y más cuando pude haberlo evitado- dijo Jace seriamente. Magnus contuvo un suspiro y tronó los dedos para aparecer una taza de té en su mano.
-Todos odiamos ver sufrir a las personas que queremos, Herondale- dijo el Brujo antes de darle un sorbo a su té- pero no por eso tenemos que ir a armar caos a quién crees que tiene la culpa.
-Tienes la culpa- aseguró Jace, alzando las cejas, convencido.
-Eso no lo sabes- le dijo Magnus, rodando los ojos.
-Entonces dime, por qué Alec se ve tan miserable?- preguntó Jace, mirándolo fijamente.
-Pregúntale a él- respondió Magnus sosteniéndole la mirada.
-No voy a presionar más a mi Parabatai cuando puedo sacarte la información a ti- dijo Jace entrecerrando los ojos.
-No vas a sacar nada de mí- Magnus se encogió de hombros y desvió la mirada, quitándole importancia a la presencia del rubio.
-Eso lo veré- dijo Jace, tomando un cojín y acomodándose en el sillón. Magnus lo miró nuevamente.
-Que haces?- preguntó al ver que el rubio se acomodaba, subiendo las piernas hacia un lado y poniendo el cojín debajo de su cabeza.
-No tengo ningún lugar a donde ir, me puedo quedar aquí hasta que te hartes y al fin me digas que pasó- respondió Jace, poniendo las manos detrás de la cabeza y cruzando las piernas sobre el reposa brazos.
-Bien, yo tampoco tengo a donde ir, de hecho necesito una siesta- dijo Magnus, tronando los dedos y apareciendo una cobija sobre él mientras se acomodaba en el diván. Jace se encogió de hombros y se acomodó en el sillón, pero entonces su celular comenzó a sonar. Magnus lo observó removerse hasta sacar el aparato y ponerlo sobre su oído.
-John, no puedo creer que Izzy te dejara tan rápido- dijo Jace- no voy a decir que lamento escaparme porque no es cierto, además te deje buena distracción...
-Jace, vuelve al Instituto inmediatamente- la seriedad y urgencia en el tono de John hicieron que Jace se enderezara, bajando las piernas del sillón.
-Qué pasó?- preguntó el Herondale. Magnus apartó la cobija con la que se cubría y miró al rubio.
-Morgenstern atacó otro Instituto, Los Ángeles- dijo John seriamente. Jace sintió como si alguien le hubiera sacado todo el aire de los pulmones. El Instituto de Los Ángeles estaba lleno de niños, los hermanos de Helen. Los oídos comenzaron a zumbarle y solo se dio cuenta que se había movido cuando sintió la mano de Magnus sobre su hombro.
-Qué pasa?- preguntó el Brujo. Jace ya estaba con la mano en la perilla de la puerta principal. Se giró para ver los preocupados ojos de gato mirarlo fijamente- es Alec? Está bien?
-Y a ti que te importa Alec?- preguntó Jace con coraje.
-Sabes que me importa, Herondale!- saltó Magnus soltando chispas de las yemas de sus dedos, sin querer. Se miraron fijamente un momento en silencio.
-Jonathan Morgenstern atacó el Instituto de Los Ángeles- dijo el rubio rápidamente, antes de girarse y salir del departamento a paso rápido. Magnus se quedó de pie en donde estaba. Las juntas que había tenido con el Consejo habían sido sobre eso. Jonathan Morgenstern ganaba poder a cada minuto, y los ataques a Institutos se hacían cada vez más violentos. Alec estaba en peligro.
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