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Sangre y Carne
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Hinata cerró la puerta tras ella, caminó hasta la cama donde Toneri se retorcía, y se derrumbó. Cayó de rodillas en el piso, hundió el rostro en las sabanas. Quería llorar, pero ya no le quedaban lágrimas. Se sentía vacía.
Miró a Toneri. No se parecía en nada al hombre con el que se había casado, el pecho totalmente vendado, los ojos inyectados de sangre, la piel sudorosa, la mordaza de madera astillándose bajo la fuerza de sus dientes. Atado de pies y manos a la cama, sus ojos no parecían reconocerla, miraban vacíos al infierno. Habían intentado sedarlo, pero como Ayumu ya les había advertido, no funcionó. Ninguna droga parecía hacer efecto en él.
Cuando se casaron, sus destinos se volvieron uno, para cambiar el destino de su esposo tenía que cambiar el suyo y para hacerlo tenía que dejar de ser ella. Tendría que tomar decisiones que la antigua Hinata nunca hubiera tomado, tendría que ser y comportarse como una persona completamente diferente.
La antigua Hinata no hubiera perdido la compostura cuando Toneri cayó en cama. No habría hecho caso a las peticiones de Ayumu. La antigua Hinata hubiera seguido el consejo de su hermana. Hubiera dejado ir a Toneri. Hubiera aguantado, soportado el dolor. Habría seguido adelante.
Pero ya no quería dejar ir más cosas, quería dejar de ser la mujer abnegada que aguanta con estoicismo el dolor.
Esta vez, iba a hacer lo contrario. Iba aferrarse, iba a pelear por lo que quería sin importar las consecuencias, ni el costo, ni el sufrimiento que le causara. Además, no importaba que decisión tomara, cualquier opción iba a hacerla sufrir, así que entonces ¿Por qué no escoger la que, por una vez, le daba esperanza?
Ese había sido su razonamiento. Con eso en mente había llegado hasta aquí.
Se abrazó el vientre. Era una locura como había dicho Hanabi. Un enorme riesgo. Si se equivocaba…
Fuera del cuarto escuchó gritar su nombre, el crujido de la madera al estallar, un gritó lejano, desesperado y desgarrado.
No.
—Lo siento… —le susurró al bebe en su vientre, al gritó en el exterior.
Basta de dudas. Dudar era lo que haría su antigua yo. La Hinata de ahora seguiría adelante.
Se puso de pie.
—¿Has terminado? —dijo mirando a Ayumu, que había estado en la habitación todo este tiempo, pintando las paredes de su cuarto, una sencilla habitación de madera, parecían más los aposentos de una sirvienta que los de la hija del antiguo emperador.
—Sólo un poco más su majestad —dijo, sumergiendo su pincel en un cuenco con una espesa tinta negra que era casi lodo. La habían hecho con polvo que rasparon del trozo de montaña que había atravesado el castillo y mezclándolo con nieve.
Hinata miró a su alrededor, habían sacado los pocos muebles que había a excepción de la cama que fue colocada en el centro de la habitación. Las paredes, el suelo e incluso el techo estaban cubiertos con pictogramas que se acomodaban y formaban patrones geométricos. Fractales hechos de kanjis, cuyas laberínticas formas empezaban y terminaban en el centro de la habitación, alrededor de Toneri.
Reconoció algunos de los kanjis; espejo (鏡), sello (鑑), luz (光), pero la vasta mayoría le eran desconocidos.
—¿De verdad es necesario todo esto? —preguntó Hinata. La humilde habitación parecia un templo antiguo cuyas ajadas paredes guardan el conocimiento prohibido de generaciones perdidas en el tiempo.
—A diferencia de ustedes, nosotros utilizamos el chakra de una forma diferente. No podemos moldearlo, ni manejarlo con tanta soltura. —Ayumu, que estaba manchada de pies a cabeza con tinta, se alejó de la pared que estaba pintando y contempló su obra—. Nosotros necesitamos, cierta ayuda.
—¿Los pictogramas de verdad los ayudan? Los kanjis, incluso los sellos que hacemos con las manos, no son los que de verdad moldean el chakra, son solo representaciones visuales que nos ayudan a moldear el chakra de la forma que queremos. Si de verdad no pueden moldear chakra, unos simples kanjis no van a...
—Lo sé, —La interrumpió Ayumu—. Pero a la vez, ustedes ninjas se equivocan, —Caminó hacia el centro de la habitación hasta estar frente a Hinata, al lado de Toneri y el sonido de su dolor— subestiman el poder de las palabras. El chakra es muy sensible, incluso la mínima de las intenciones puede alterarlo de formas sutiles. No podemos moldearlo, pero podemos moverlo. En estas montañas hay un mineral especial. Un mineral que es sensible al chakra, lo atrae como un imán. Todas nuestras armaduras y armas están hechas con el. Se dice, que estás montañas son en realidad el tronco y las raíces muertas del árbol Dios.
"El Shinju. El árbol del que creció el fruto divino que le dio a la humanidad el don de usar chakra". Recordó Hinata, todo el mundo conoce esa leyenda, pero nunca había escuchado algo sobre el tronco o las raíces del árbol.
Ayumu se puso de rodillas en posición de seiza, depósito el cuenco y el pincel en el suelo, sacó una daga de piedra negra de su manga y se hizo un corte en la muñeca. Un hilo de sangre comenzó a caer. La sangre tocó los kanjis del suelo y comenzó a llenarlos, como el metal fundido que llena el molde de una espada. De pronto, el color de la sangre cambió como el hielo que pasa de reflejar la luz del sol a la de la luna, su luz varió y se volvió plateada.
Incluso sin su Byakugan activado, Hinata podía verlo, chakra fluía por la sangre de Ayumu y se integraba a la tinta.
—Cuando el chakra circule por estas palabras el suficiente número de veces, adquirirá la intención que quiero darle, será como moldearlo —La sangre plateada comenzó a expandirse por los moldes de tinta negra, era como estar viendo una ola de luz que se expande en el agua—. Aunque claro, no están efectivo como el moldeado que ustedes hacen.
—Así que por eso todas estas repeticiones y patrones —dijo Hinata acercándose a una de las paredes y tocando la tinta negra de uno de los kanjis—. Necesitas crear un ciclo, un camino para que el chakra adquiera las suficientes repeticiones para ser moldeado —la luz alcanzó el dedo de Hinata, lo despegó de la pared. Miró la sangre plateada, fascinada por el método que tenían los samuráis para manipular chakra, pero al poco tiempo la sangre perdió su luz y en su dedo quedo sólo suciedad negra.
—Muy perceptiva, su majestad —dijo Ayumu, asintiendo ligeramente con la cabeza, mirando como su sangre se vertía en los kanjis—. Ciertamente necesitamos tomarnos un montón de molestias para manejar chakra, pero a cambio podemos hacer ciertas cosas que ustedes no.
—Cosas, como salvar a mi esposo, espero.
La luz terminó de cubrir toda la superficie de la habitación. Las paredes, el techo y el suelo brillaron con la luz de mil estrellas, era como estar en medio del espacio flotando entre ellas. La luz plateada aumento su intensidad por un momento y luego desapareció. Los kanjis volvieron a ser de oscura tinta.
—Tal vez —dijo Ayumu, sumergió su daga de piedra en el cuenco de tinta, se puso de pie, se acercó al lecho al que Toneri estaba atado y comenzó a cortar sus vendas, se retorció como si con cada movimiento Ayumu le estuviera arrancando una uña. Para cuando su piel finalmente quedo descubierta, Hinata ahogó un grito. El corte negro en su pecho palpitaba, venas negras se extendían desde la herida y cubrían todo su torax, la piel alrededor estaba amarilla y ceniza, sudorosa como la de un gusano—. Este veneno es diferente de cualquier otro, se comporta como un ser vivo, absorbe las células del cuerpo y las usa para expandirse, igual que un parasito. Es por eso que él simple método de sintetizar un antídoto a partir del veneno no funciona. La única forma de salvar a tu esposo es extirpar el parasito.
Ayumu se sentó sobre el vientre de Toneri y con su daga comenzó a dibujar un kanji en su pecho. Toneri gimió con un sonido gutural y antinatural.
Hinata reconoció el Kanji que Ayumu estaba pintando con tinta y sangre.
Unidad (絆).
En cuanto terminó de escribirlo, brilló con una luz plateada. Los Kanjis del centro del techo se fundieron. Su tinta se derritió, finos hilos de telaraña negra comenzaron a descender sobre el kanji de "Unidad". Toneri se sacudió en espasmos y de su boca comenzó a salir saliva y espuma.
Hinata desvió la mirada.
—No será sencillo, para hacerlo sin lastimar las partes sanas tendré que licuar su cuerpo, convertir la parte afectada en su elemento primordial, chakra —Los kanjis del techo comenzaron a moverse, esperando pacientemente su turno para volverse líquidos y caer sobre el pecho de Toneri, un mecanismo de relojería hecho de tinta y chakra—. Sera igual a disolver su carne, y para que sobreviva a ese proceso tendré que sustituir la carne y la sangre que pierda con la tuya. —Ayumu volteó a mirar a Hinata— Ese es el precio. —extendió su mano hacia Hinata— Sangre y carne.
Hinata miró a Ayumu, la luz plateada iluminaba su rostro, frio e indescifrable, extendió su muñeca, Ayumu la tomó y la cortó con su daga.
