Sakura lo miró fijamente, con los ojos verdes llenos de lágrimas.

-Dime cómo.

Él le sostuvo la cara entre las manos, aquel hermoso rostro que había irrumpido en el clamor que resonaba en su cabeza desde el día que la conoció en la ópera de Covent Garden.

Ella fue lo único auténtico para él en el palco de Deidara Mather;

todo lo demás habían sido sombras.

-Quedándote conmigo.

-Estamos casados -susurró ella-. Por supuesto que me quedaré.

-Podrías dejarme.

Apoyó la frente en la de ella, recordando el horrible día en que había acudido a casa de Sai con la carta de despedida de Ino.

No había podido olvidar la devastación de su hermano al saber que su esposa le había abandonado.

-No lo haré.

-Prométemelo.

-Ya lo he prometido. Te lo juro.

Su voz rezumaba sinceridad con los dulces ojos muy abiertos.

Él la besó en los labios, asegurándose de que ella no pudiera mentir.

Ino había amado a Sai con

desesperación y, a pesar de ello, le había dejado.

-Quédate conmigo -repitió.

Ella asintió con la cabeza mientras respondía a su beso.

La apretó contra su cuerpo para buscar los botones que cerraban el corpiño.

Los senos de Sakura aparecieron ante sus ojos y se inclinó para besarlos.

Ella emitió un suave sonido mientras él lamía su piel, marcándola una vez más.

Sasuke sintió que Sakura le abría la ropa, buscando entre las capas de tela hasta encontrar su carne, entonces ella apretó la boca contra su pecho justo debajo del hueco de la garganta y él respiró hondo.

La esencia del pelo de su esposa inundó sus fosas nasales, llevándole al límite de la locura.

La alzó contra su cuerpo y la besó, separando sus labios al tiempo que le presionaba con los pulgares las comisuras de la boca.

Era su esposa y la deseaba.

Ahora y siempre.

Le abrió con rapidez el resto del corpiño y después desató el corsé

con pequeños tirones.

Lo arrancó de su cuerpo antes de desabrocharle la camisola, atrapando los pechos desnudos entre las manos.

Ella se arqueó cuando él la besó otra

vez, presionando los arrugados pezones con las palmas.

Desatarle y quitarle las faldas y enaguas le llevó bastante tiempo de febril actividad, y comenzó a impacientarse, por lo que desgarró la tela mientras ella ahogaba una protesta.

Entonces la alzó y la llevó a la cama, despojándose de su propia ropa con agitación.

Se colocó sobre ella sin molestarse en apartar las mantas.

Cuando ella comenzó a hablar, la silenció con un intenso beso.

Sasuke le abrió las piernas y la penetró, encontrándola mojada para él.

Sakura alzó las caderas y él embistió una y otra vez como sabía que ella necesitaba.

La poseyó primero con rapidez y luego más despacio, apoyándose en los brazos a ambos lados.

Besó los hinchados labios de su esposa antes de comenzar a darle mordiscos de amor en el cuello, lamiendo su piel húmeda de sudor.

Una vez que pasó el frenesí inicial, se mostró más suave y juguetón.

Se envolvió en el largo pelo de Sakura, acariciándolo, enroscándolo, besándolo.

La besó y la amó en absoluto silencio.

No existía nada más que aquella

habitación en penumbra y Sakura bajo su cuerpo... Ni Itachi, ni Inuzuka, ni los asesinatos.

Notó que ella intentaba que la mirara directamente a los ojos, pero no lo hizo.

Si la miraba se perdería en ella, y no quería distraerse de la realidad física de perderse en su interior.

La amó hasta que el cielo volvió a iluminarse tras la corta noche escocesa.

Ella le sonrió somnolienta cuando se retiró la última vez, y la besó de nuevo antes de dejarse caer en la cama, a su lado.

La rodeó con un brazo atrayendo la espalda de Sakura contra su torso caliente.

El bien proporcionado trasero femenino encajó entre sus caderas, dándole nuevas ideas para la próxima vez que la amara.

Él miró su propia mano, grande y firme, cubriendo la delgada cintura de su esposa, su piel morena contra la otra más cremosa.

Sasuke podría mantenerla a salvo allí con él, tan segura que ella nunca, jamás, querría dejarle.

Cuando Sakura despertó, se encontró bajo las sábanas con Sasuke todavía

abrazándola.

Antes de que pudiera preguntarle por el desayuno, la sonrisa de su marido se volvió depredadora.

Le dio la vuelta sobre las almohadas y le hizo de nuevo el amor con rapidez e intensidad, hasta dejarla jadeante.

-Deberíamos levantarnos ahora -susurró Sakura cuando él se quedó inmóvil otra vez encima de ella para besarla pausadamente en el cuello.

-¿Por qué?

-¿No nos espera tu hermano para desayunar?

-Le ordené a Curry que nos sirviera el desayuno aquí dentro.

Sakura le acarició la mejilla.

-De verdad espero que le pagues un buen sueldo.

-No tiene queja.

-¿Estuvo en el sanatorio contigo?

-Naruto lo envió para que cuidara de mí cuando cumplí quince años.

Decidió que necesitaba que alguien me afeitara y se ocupara de mi ropa. Tenía razón, andaba hecho un desastre.

Curry entró en ese momento, cargando una pesada bandeja de plata con los servicios del desayuno.

Sasuke no se levantó de la cama, pero Sakura se aseguró de estar bien cubierta mientras Curry acercaba una mesita a la misma y ponía la bandeja encima de ella.

Como había hecho en París, el ayuda de cámara simuló no ver a Sakura cuando sirvió el humeante té en las tazas.

Incluso había traído consigo la prensa de Londres y Edimburgo, que estaba doblada al lado de los platos junto a algunas cartas.

Sakura se sintió una dama decadente, holgazaneando entre las sábanas mientras un sirviente le llevaba comida.

La señora Barrington no era partidaria de desayunar en la cama y sólo lo había hecho durante los últimos meses de su vida, cuando ya se encontraba muy mal.

Sasuke observó la amplia sonrisa de Curry antes de salir del dormitorio y decidió que daría de comer a Sakura en la cama en vez de levantarse y sentarse a la mesa.

Se le dio bastante bien.

Fue metiéndole pedacitos de pan con mantequilla en la boca y ofreciéndole un poco de huevo con el tenedor.

Ella intentó coger el cubierto y

comenzó a reírse cuando él se negó a dárselo.

Sasuke también sonrió y permitió que Sakura le diera de comer a él.

Le gustó que se sentara en su regazo para hacerlo.

Y así transcurrió el día.

Haciendo el amor una y otra vez, descansando en la cama mientras leían los periódicos o comiendo las viandas que Curry les traía.

-Me gusta esto de ser una dama de la aristocracia -comentó Sakura cuando la tarde tocaba a su fin-. Aunque todavía no me acostumbro a no tener que levantarme al amanecer para cuidar de otra persona.

-Son mis sirvientes los que te cuidarán a ti a partir de ahora.

-Parecen muy contentos de que así sea. -Las doncellas pelirrojas que habían entrado a avivar el fuego y recoger la habitación le mostraron unas amplias sonrisas cuando ella les dio las gracias.

Sonrisas sinceras y felices, sin pizca de desprecio.

-Les gustas -dijo Sasuke.

-No saben nada de mí. Podría ser una tirana o dedicarme a regañarles sin parar día y noche.

-¿Lo harías?

-Claro que no, pero ¿cómo lo saben? A menos, por supuesto, que Curry les haya leído mi expediente.

-Confían en la opinión de Curry.

-Al parecer lo hace todo el mundo.

-Son familias que llevan toda la vida sirviendo a los Uchiha. Forman parte del clan y siempre han trabajado nuestras tierras, luchado a nuestro lado, siguiéndonos donde fuera durante generaciones.

-Tengo que acostumbrarme a tantas cosas...

Sasuke no añadió nada y se limitó a distraerla de la charla deslizando las manos bajo sus pechos y besándola.

Más tarde, Sasuke la llevó hasta el lugar donde guardaba su colección.

Sakura tuvo la sensación de haber entrado en un santuario.

Los estantes, poco profundos, tenían puertas de vidrio y cubrían las paredes de la enorme estancia.

En el centro de la misma había más vitrinas.

En ellas se veían tazas de la dinastía Ming de todos tamaños y colores sobre pequeños pedestales, todos con la correspondiente etiqueta que indicaba la fecha aproximada de fabricación y otras peculiaridades.

Aún quedaban algunos lugares vacíos esperando nuevas adquisiciones para la colección.

-Es como un museo. -Sakura se paseó por la estancia, admirando lo que la rodeaba-. ¿Dónde están las que compraste en Londres?

A ella todos los anaqueles le parecían iguales, pero Sasuke se acercó a uno con seguridad y sacó la taza con detalles rojos que le había comprado a Mather.

Sakura pensaba que cada una de esas piezas eran preciosas, pero no comprendía qué era lo que atraía tanto a Sasuke como para tener más de cien.

Ni para que las cuidara con tanto mimo.

Vio que su marido dejaba la taza en su lugar y que se dirigía a otro estante para coger otra porcelana.

Esta era verde jade y había tres dragones grises correteando por el exterior.

-¡Qué preciosidad! -se admiró Sakura, retorciendo las manos.

-Es tuya.

-¿Qué? -Se quedó inmóvil.

Sasuke deslizó la mirada a su alrededor aunque sus manos permanecieron inmóviles.

-Te la doy. Un regalo de bodas.

Sakura estudió la taza.

Era un frágil trozo del pasado, un delicado objeto entre los elegantes y largos dedos de Sasuke.

-¿Estás seguro?

-Por supuesto que estoy seguro. -Frunció el ceño-. ¿No la quieres?

-Claro que la quiero -se apresuró a decir Sakura, tendiéndole las manos-. Me siento muy honrada.

El ceño fruncido de Sasuke fue sustituido por una rara sonrisa.

-¿Es mejor tener esa taza que un carruaje con caballos nuevos o una docena de vestidos de fiesta?

-Pero, ¿qué dices? Es cien veces mejor.

-Sólo es una taza.

-Es una taza especial para ti y me la has regalado. -Sakura la tomó con sumo cuidado y sonrió mientras admiraba los dragones que se perseguían con eterna determinación-. Es el mejor regalo del mundo.

Sasuke la recuperó con suavidad y la devolvió a su lugar.

Era lo más sensato; allí estaría a salvo y no se rompería.

Pero el beso que Sasuke le dio después fue cualquier cosa menos sensato.

Fue provocativo y violento, y Sakura no supo por qué él esbozaba aquella sonrisa de triunfo.

-Ha llegado Naruto.

Unos días después, mientras se abrochaba la camisa que acababa de ponerse, Sasuke observó la llegada de su hermano desde la puerta de la terraza.

A su espalda, Curry preparaba el resto de la ropa de Sasuke mientras Sakura, envuelta en una bata de seda roja, disfrutaba del té matutino ante la pequeña mesa.

Hacía tres días que estaban allí, y se habían pasado casi todo el tiempo

encerrados en sus aposentos haciendo el amor.

También habían recorrido la mansión y los jardines mientras enseñaba a Sakura el lugar, pero la mayor parte del tiempo lo pasaron en la cama.

Sasuke sabía que tarde o temprano tendrían que regresar al mundo real, con Itachi, pero jamás olvidaría la felicidad que había encontrado en aquella burbuja atemporal.

Cada vez que las cosas se volvieran a poner feas -y no tenía duda de que lo harían-, tendría algo bueno que recordar.

Naruto traía consigo una potrilla joven, de aproximadamente un año; y Sasuke y Sakura se acercaron a saludarle.

Naruto estaba vigilando cómo descargaban el animal de un carruaje especial para caballos cuando se acercaron.

Su hermano maldijo floridamente al ver las acciones de los sirvientes antes de ponerse a realizar él mismo la tarea.

-Jamás había visto antes un carruaje para caballos -comentó Sakura mientras estudiaba la aparición de la nerviosa potra-. Ha sido transportada en vez de transportar.

La yegua poseía una delicada constitución.

Su hocico era de un suave tono rosado, el pelaje era castaño y negras la testuz y la cola, que caían como una brillante capa de marta.

El animal se quedó mirando a Sakura con interés, con unos suaves ojos marrones.

-Es que no es un caballo de tiro -aclaró Naruto, con la voz todavía más ronca de lo habitual por el polvo del camino-. Es una pura sangre y ganará docenas de carreras, ¿verdad que lo harás, preciosa? Después, parirá más ganadores.

Naruto le acarició suavemente el morro.

-¿Por qué no te casas con ella, papá? -preguntó Daniel, apoyándose contra el remolque para caballos-. No ha hecho más que decirle halagos a ese caballo desde que salimos. Es asqueroso.

Naruto ignoró a su hijo y se acercó a Sakura.

Se inclinó para besarla en la mejilla

y luego dio una sonora palmada a Sasuke en el hombro, envolviéndoles en su penetrante olor a caballo y sudor.

-Bienvenida a la familia, Sakura. No te importe darle una bofetada a mi hijo cuando se lo merezca. Carece de educación.

-Eso es culpa tuya, papá.

-¿Va todo bien? -preguntó Naruto a Sasuke de manera casual.

Era evidente que quería saber cómo se había tomado Itachi las noticias.

-Itachi vendrá ahora -dijo Sasuke.

-No le hemos visto mucho durante estos días -añadió Sakura.

-¿Ah, no? ¿Os habéis estado escondiendo de él?

-No, hemos... -Sakura se interrumpió y se puso roja como la grana.

Naruto la miró y luego observó a Sasuke, que no podía contener una amplia sonrisa, y estalló en risas.

Las carcajadas de Naruto resonaron en el aire haciendo que la potrilla sacudiera la cabeza con irritación.

-Oh, quieres decir que estuvisteis en la cama. Bien por ti, Sasuke. Eso quiere decir que pronto tendré un primito, ¿verdad? -inquirió Daniel.

-Vaya diablillo descarado -gruñó Naruto de buen humor-. No se le dice eso a una dama.

-¿En cambio está bien reírse al pensarlo? -arguyó Daniel.

-¿Entiendes ahora lo que te decía? -preguntó Naruto a Sakura-. Tiene una lengua demasiado aguda e impertinente, y todo es culpa mía. Ignórale. ¿La has llevado ya a montar a caballo, Sasuke? ¿Has elegido un buen animal para ella?

Sakura palideció.

-Oh, no monto a caballo.

Los tres Uchiha clavaron los ojos en ella.

-¿No sabes montar? -preguntó Daniel anonadado.

Sakura deslizó la mano en la de Sasuke.

-No hay muchas oportunidades de aprender a hacer cabriolas en Rotten Row si eres la esposa de un pobre vicario. Y, cuando trabajé para la señora Barrington, hacía muchos años que ésta había dejado atrás sus días de amazona. En París alquilé un pequeño cabriolé para desplazarme.

Tanto Naruto como Daniel le dirigieron una mirada compasiva.

-Estás de suerte -dijo el padre-. La compensación por casarse con un

Uchiha es que te conviertes en la cuñada del mejor entrenador de caballos de las Islas Británicas. Elegiré un caballo para ti y comenzaré a darte lecciones mañana por la mañana.

Sakura apretó con fuerza los dedos de Sasuke.

-Que sea un pony muy tranquilo, por favor. De todas maneras, creo que no necesito aprender a montar. Me siento muy feliz caminando.

-Convéncela tú, Sasuke.

Sakura le miró con los ojos muy abiertos y él se olvidó por completo de qué estaban hablando; no le importaba demasiado si ella quería montar a caballo o prefería ir andando.

Él sólo quería rodearla con los brazos y estrecharla, continuar con lo que estaban haciendo antes de que la llegada de Naruto les interrumpiera.

Se inclinó y la besó.

-No permitiré que te hagas daño -aseguró.

-Qué reconfortante -respondió Sakura con debilidad.

La autora del libro es Jennifer Ashley

Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto