Capítulo 27: Lazos Maternos.

Haine no presta atención total a su entorno, solo se enfoca en el correo de Sora.

—¡Ya se lo he dicho! — Gabriela, muy furiosa, enfrenta a los inspectores. — ¡Soy totalmente inocente, así que déjeme regresar a mi cuarto!

—Yo tampoco he sido. — Alega Esteban bastante temeroso.

—Por favor. — Alphonse trata de mantenerlos calmados. — Quédense tranquilos y cooperen, así más pronto se darán cuenta de lo inocente que somos.

—Oye Alphonse, no seas tan ingenuo. — Richard se cruza de brazos y lo ve con el ceño fruncido. — Nuestros hermanos son lo opuesto a inocente.

—¡¿Acaso estás insinuando que lo mate?! — Grita Gabriela muy enojada.

—No, pero no me sorprendería si Haine descubre que si lo hiciste.

—¡Imbécil! ¡Siempre te ha encantado dejarme mal viste ante los demás!

—Claro que no, tú sola te encargas de ello.

—Ya, ya. — Alphonse se pone entre medio apenas Gabriela da un paso amenazante. — Dejen las peleas un momento, sé que todo estamos alterados de la muerte de Albert pero lanzarnos mierda no es la respuesta, ni lo traerá de entre los muertos.

—Bueno, yo no lo echare de menos. — Admite Camilo con cara de asco.

—¡Camilo! — Esteban sale de su nerviosismo por las palabras de su hijo. — ¡Controla esa lengua que hablas de tu tío!

—Sí, era mi tío, pero no se le quita lo canalla.

Estela y Jhon fruncen el ceño, eso no es de su primo. Sí, su primo es un canalla irrespetuoso gran parte del tiempo pero nunca con el tío Albert. Lo ha admirado desde pequeño. Y ahora lo trata como basura, aun estando muerto… ¿Se ha drogado? Miran a Haine, esperando encontrar la misma cara confusa pero no, ella anda perdida en su celular, cosa extraña si nunca se pierde la oportunidad de mostearlo. ¿Estara bien?

Bloom ha andado todo este tiempo ida, precisamente desde que la sacaron de la escena del crimen que apenas pudieron sacarle un estaba sola cuando le interrogaron si andaba con alguien a la hora del homicidio. Sin embargo, al escuchar a Camilo, sale de su estupor y se lo queda mirando, aun con unos ojos de cervatillo asustadizo.

Ran mira a su hija por parecerle extraño su silencio y quietud, y se sorprende de verla con el cuerpo temblando… de rabia. Sus ojos azules lo demostraban. Miraba con odio puro su celular que de una forma le recuerda a Shinichi que le urge abrazarla o hará algo posiblemente que arruine su vida.

—Hai-… — Antes que pudiera detenerla, su hija ya se le escapa de las manos y camina a pasos largos y furiosos. — ¡Haine!

Ella no la escucha ni se detiene hasta quedar…

Frente a Esteban.

El hombre retrocede asustado de verla así de enojada. Nunca la ha visto así y sólo podía pensar "lo sabe, lo sabe, lo sabe" constantemente.

—Tú lo mataste.

Se hace el silencio, todos atentos a esos dos. ¿Ya lo resolvió?

—Yo… ¡Yo no mate a Albert!

—¡No te hagas el ignorante! ¡Sabes que no me refiero a él, sino a mi padre!

Otra vez aquel silencio sepulcral.

Los presentes miran a Esteban, quien está totalmente pálido de miedo, incluso le temblaban las piernas que no sería sorpresa si se desmaya o se orina en los pantalones.

—No… yo no…

Albert, por fin… Esteban queda paralizado de oír su voz en el celular de Haine.

Todos escuchan la conversación telefónica entre los dos hermanos, sorprendidos de sus crímenes. Escuchar que ellos mataron a Ryan fue como una puñalada para Ran que no puede dejar de llorar y su madre la tuvo que ayudar en consolarla.

—No puedo creerlo. — Murmura Alphonse, aún viendo a su hermano con ojos desorbitados.

—¡Entonces también mataste a Albert! — Exclama Gabriela horrorizada pero segura de su deducción.

—¡Yo no he sido! ¡Soy inocente!

—Mataste a mi padre. — Haine toma la palabra luego que la grabación acabe. — Bueno, técnicamente le pagaron a un sicario, y tengo las evidencias en mi teléfono. — Sonríe con burla. — Matar a Aswad no fue suficiente, sabías que me daría cuenta de todo… y de seguro el tío Albert también lo pensó y se le ocurrió otro plan de escape.

—No… no es…

—Oh sí, sabías perfectamente que si el tío Albert es capaz de sacrificar a un hermano por poder y dinero… ¿Por qué no otro? — Lo apunta con el dedo índice, tocándole el pecho con la uña y deseando que fuese una garra y pudiera atravesarlo… por desgracia es detective y no vampiro. — Lo mataste antes que te mate a ti, ¿Me equivoco?

—¡No! ¡Basta! ¡Lo admito, planeamos la muerte de Ryan! ¡Pero lo juro, yo…!

No pudo terminar la oración porque Haine le dio un puñetazo en la cara. El ataque fue con tanta fuerza que lo lanzó algunos metros lejos de distancia y cae al suelo con sangre saliendo a borbotones en la nariz, incluso se la rompió. Haine da un paso más, luego otro y otro, quizás con la intención de seguir atacando o sólo para verlo sufrir de dolor. No lo sabremos porque Kogoro se coloca detrás de ella y la rodea con sus brazos con el fin de inmovilizarla.

Esteban, sin dejar de gimotear y agarrarse la nariz, se retuerce en el piso con las miradas estupefactas de sus parientes. El hombre había vuelto a estar de pie gracias a un oficial que no usa para nada la delicadeza que digamos. Anda con la cabeza gacha, más preocupado de su propia sangre que a su entorno.

—¿Cómo pudiste Esteban? — Dice Alphonse, inseguro de ir o no a darle una mano solidaria.

—Honestamente me lo esperaba más de Albert, ¿Pero tú? — Admite Richard mientras lo cuestiona.

—No me esperaba que tuvieses las agallas de matar a Ryan. — Murmura Gabriela atónica.

—Mamá, que es un homicidio, no un juego. — Le reprocha Jhon su comportamiento.

—¡No lo entienden! ¡No entienden nada! — Tal como son las pocas veces que Alphonse se enoja, igual se puede contar las escasas ocasiones que Esteban le pase lo mismo. — ¡Nuestra madre quería dejarle casi todo a Alphonse y a Ryan! ¡El primogénito y el favorito! ¡¿Saben lo que eso significaría?! ¡Todo lo de nuestra familia, posesiones y dinero, iban a terminar en manos de esa Bastarda! — Apunta a Haine con el dedo manchado en sangre. Había mucha furia en sus ojos, como un animal en rabia. — ¡A esta sucia Bastarda sin ni una gota de nuestra sangre e hija de esa zor-…!

Ahora es turno de Kogoro en repartir puñetazos. Con su hija y nieta no se mete nadie en su presencia. Eri lo reprende a pesar que por dentro igual le gustase que el infeliz tuviese su merecido. El ex detective hace sonar sus huesos de sus puños, luce bastante ansioso de darle otro golpe.

—Tonto inepto, Haine es más Ryuuzaki que tú.

Tanto la susodicha como Estela, Kate Jhon y Bloom miran a Camilo bastantes incrédulos. ¿Quién es ese y dónde está su odioso primo maleducado? En cambio el adolescente, furioso con su padre, lo agarra de su ropa y lo jala, quedando sus caras frente a frente.

—¡Un asesinato es un asesinato! ¡Seré un Hijo de Puta pero jamás, ¿Me oíste?, jamás mataría a mis primos o a un hermano si lo tuviera! — Le grita mientras lo zarandea y Haine capta en sus ojos la decepción y la traición, también que quiere llorar pero se hace el fuerte. — Me da asco y vergüenza ser tu hijo.


Kyouya interrumpe su lectura por el grito de su hermana.

Boca abajo, Kaho aúlla de miedo mientras sus manos se aferran de las sabanas y su cuerpo se movía en espasmos. Kyouya corre a su lado mientras ve lo mismo que ella, incluyendo a la segunda Akako que la pequeña no ve.

—¡Kaho! — La llama apenas la toca de los hombros. — ¡Despierta Kaho! — Mientras la zarandea con suavidad, su mente se confunde entre la realidad y el sueño de su hermana, todo a causa del poder que ésta desprende por el miedo. — ¡Kaho!

Todas las cosas del cuarto empiezan a elevarse y moverse con velocidad por la pérdida de control. Kyouya tiene que cubrirse de un libro grueso que de seguro lo iba a dejar inconsciente si acertaba. Al ver a un peluche arder en llamas, no le queda de otra y darle a Kaho una pequeña descarga eléctrica con el fin de despertarla.

Funcionó. En el momento que Kaho abre los ojos, los objetos caen de golpe a falta de combustible mágico. El peluche, por otra parte, continua incendiándose a lo que Kyouya lo soluciona después, primero carga a su hermana y le susurra palabras de consuelo mientras usa su magia en el peluche y éste se vuelve cenizas y sin rastro de un fuego. Kaho, en cambio, se aferra a su hermano con desesperación y llorando, sigue temblando y grita tajante que no volverá a dormir en su vida.

—Shh, estas a salvo.

—Tengo miedo.

—Lo entiendo, pero lo voy a solucionar. Te lo prometo.

—¿De verdad?

—¿Cuándo no cumplo mis promesas?

La sonrisa que le regala su hermanita es un alivio a este drama.

Escuchan el timbre y Kyouya decide abrir luego de pedirle a su hermana que vaya al baño y se lave la cara. La contempla ir aferrada a su peluche de cuervo, tan cansada y desanimada que la hace ver a una de las personas mayores sin luz. Ayer andaba como nueva luego de regresar del aeropuerto para despedirse de Sora… y ahora regresan a cero.

El timbre vuelve a sonar, esta vez más molesto por el constante ring que provoca, sea quien sea, a Kyouya se plantee usar la magia y transformar a dicha persona impertinente en una campana y que vea si le gusta.

Abre la puerta, molesto, encontrándose con Anko mirando a su gemelo enojada y a Kai frotándose un chichón en la cabeza. Eso le devuelve la sonrisa. Al parecer su querida amiga se encargó de repartir justicia.

—Hola Anko y hermano de Anko.

—Hola Kyouya. — En un segundo Anko pasa del enojo a la alegría, incluso su sonrisa engañosa haría a uno dudar que sea capaz de romper un plato. — Espero que no incomodemos.

—Son bienvenidos. — Le corresponde la sonrisa con otra igual de amable para luego dejarlos entrar. — Pasen.

—Gracias. — Entra ella muy animada y enfocada sólo en el detective. — Vine porque me tenías preocupada…y también te traje los apuntes. — Agrega rápidamente para no verse tan comprometedora. Sus mejillas están algo rojas.

—Gracias Anko. — Vuelve a sonreírle, al parecer sin darse cuenta de sus intenciones ocultas. — Siempre tan atenta conmigo… eres tan excelente que no te merezco.

—Oh, no es nada… ya sabes que me gusta ayudarte… y a los demás por supuesto.

—¡Ejem! — Ambos miran a Kai al mismo tiempo. El joven anda con cara asesina, sus ojos se traducen claramente "deja de coquetear con mi hermana, pomposo". — También estoy aquí.

—Lo olvide. — Dice el inglés con voz desinteresada pero con sonrisa burlona, todo con el fin de provocarlo… y vaya que funciona. — ¿Y qué haces tú aquí? A ti no te importa mi salud.

—Exacto.

—Solo vino de cotilla.

—No voy a dejarte sola con él.

—Es Kyouya, no un delincuente.

Vaya ironía en esa frase, piensa Kai con el ceño fruncido. ¿Qué se le olvida acaso que ella lo es?

—Lo último que quiero es un berrinche de papá sin mamá presente para controlarlo.

—No le digas donde estoy y punto.

—Estamos hablando de papá, no del abuelo, ¿Recuerdas?

—Gallina.

—Precavido más bien.

La interacción de los gemelos le provoca al detective brujo reír, algo que agradece sinceramente con todo el asunto de las pesadillas de Kaho. Su risa alegre detiene la riña de los Kuroba y provoca que Anko se ruborice mientras Kai lo ve extrañado.

—Lo siento, no hemos tenido en casa mucha alegría que digamos… cayeron del cielo justo a tiempo, gracias. — Dice bastante honesto.

—¿Kyouya? — Murmura Anko apenas nota la preocupación en los ojos del inglés. — ¿Qué…?

—¡Los hermanos de las gemelas! — Kaho se hace presente, el rostro se le ve mejor luego de mojárselo en agua fría.

—Son Anko y Kai. — Dice Kyouya.

—Hmm… — Por una razón, se aferra a su hermano de la pierna y mira a Anko con desconfianza. — Hola otra vez.

—Discúlpenla, no ha tenido días agradables. — Defiende Kyouya consciente de los celos que tiene Kaho por la atención de éste.

—Mis hermanas me contaron que andabas mal, Kaho-chan. — Anko se ha arrodilla con el fin de estar al mismo nivel que la pequeña. — ¿Fiebre?

—No puedo dormir, tengo pesadillas.

—Ojala yo pudiera faltar por eso. — Reprocha Kai en un murmullo.

—¿Y desde cuando las tienes?

—Cuando sueño con tu cara de ogro.

¡PUM!

Anko lo golpea tan fuerte con su mochila en la cara y éste terminó sangrando en la nariz y el ojo moreteado.

—¡Por cosas como estas es que tengo pesadillas!

—¡Tú te lo buscaste! ¡Somos gemelos, tenemos la misma cara!

—Estoy con ella.

—¡Nadie te pregunto, Pomposo!

—Estas en mi casa, Kuroba.

—Kaho-chan. — Anko vuelve a actuar como si no pasase nada mientras abre su mochila. — Casi olvido darte algo.

—¿A mí? — Curiosa.

Sonriendo, Anko saca varios cuadernos con el logo de la primaria. Se lo entrega sin decirle algo relevante, dejándola más confusa aún. Entonces la pequeña bruja se da cuenta que los cuadernos tienen algo en común.

Un nombre.

Kudo Conan.

—¿Conan-kun? — Mira a la adolescente.

—Conan me los entregó para que no te atrases con las materias apenas supo que vendría. — Sonríe ante su asombro. — Se veía preocupado por ti, de verdad quería venir.

—¿De… verdad? — Siente tanto calor en las mejillas que no le sorprendería estar igual al tomate.

—Sí, pero estaba atrapado con un asunto familiar… dijo que te llamaría luego.

—G-gracias Anko-neechan. — Oculta su cara con los cuadernos de ayuda. — Yo… voy a empezar ahora. — Sale corriendo.

—¿Esto significa que ya debo comportarme igual a un hermano sobre protector y amenazar a Conan de convertirlo en cerdo y luego carnearlo? — Se burla Kyouya mirando a su amiga.

—Sólo si te atreves a enfrentar a Haine… o a su madre.


Isabel contempla a su hermanita dormir aferrada a su cangrejo de peluche que le hizo la misma Shiho años atrás. Ha estado así desde las cinco de la mañana en realidad, no pudo dormir bien por las preocupaciones.

Tiene miedo.

Teme que su madre muera.

Teme que Kudo Shinichi le quite a Elena.

¿Paranoia? Quizás.

Suspira hondo y se dirige a la cocina. Ya debe trabajar en el desayuno.

Anda buscando los huevos cuando tocan a la puerta. Se acerca a la ventana y gruñe apenas comprueba quien es.

Hablando del Rey de Roma.

—¿Qué quieres? — Lo saluda al abrir.

Para su sorpresa, el detective sonríe. Casi parecía nostálgico ante su comentario despectivo.

—No eres su hija biológicamente, pero igual tienes su mal genio.

Curioso, su comentario le produce una carcajada. Y con eso desaparece un poco su frustración y paranoia.

—¿Ya desayuno?

—No, ansiaba venir a hablar contigo.

¿Hablar? Su corazón late frenético.

Se la va a quitar.

—¿Isabel? ¿Estás bien?

—No me la quites.

—¿Perdón?

—Por favor, no me quites a Elena. Sé que no soy capaz con mi historial pero…

—Isabel, para. — Alza la mano en señal de pedir silencio. — No quiero hablarte de eso… ¿Qué te hace pensar que voy a llevármela?

—Porque eres su padre… y tienes más derecho que yo de tener su custodia. Y mi madre no te lo dijo… debes estar enojado y quieras desahogarte con eso.

—¿Me crees capaz?

—Es tu derecho… sin olvidar la otra cosa que te hizo. — No se perturba de la mirada sorprendida del detective. — Sí, me contó sobre eso aparte de su pasado oscuro.

—Ya veo. — Le agarra una mano, que delata lo nerviosa que esta porque temblaba. — Isabel, no voy a llevármela, no sería correcto.

—¿No? pero…

—Sí, estoy enojado… Dios, no puedo creer que me la hayan jugado una segunda vez. — Claramente refiriéndose a los secretos de paternidad. — Pero eso no significa que voy a actuar de esa forma.

Raro, él está tranquilo, y hasta incluso un poco bromista al respecto, pero Isabel lo ve. Capta en los ojos lo molesto que está, lo frustrado que se encuentra y no poder desahogarse como corresponde debido a que la causante "duerme" en el hospital. Aquello la sorprende, porque habla del autodominio emocional que posee.

—Entonces… ¿De qué quieres hablarme?

—Todo. ¿Qué paso con Shiho luego de irse de Tokio? ¿Cómo la conociste? ¿Qué les hizo quedarse aquí?

—Ah… bueno, es una historia larga.

—Tengo tiempo, ¿Te ayudo con el desayuno?

—Espero que cocines mejor que yo.

—Mi esposa confirma que he mejorado.

Y así los dos terminaron en buena armonía, dividiéndose los deberes del desayuno. La única música que hay es la voz de Isabel, narrando la historia familiar de las Miyano.

—La conocí un año después que ella se fue de tu vida… y ya tenía a Elena en brazos. Soy en realidad una sobrina lejana por parte de su madre. — Se toca el pelo rubio, destacando sus rasgos europeos. — Shiho es mi pariente más cercana, sin contar a los hermanos Akai… fueron difícil de ubicar o hacerse cargo de una menor… ella pudo negarse, pero no lo hizo. Me aceptó en su vida a pesar que apenas podía entonces con Elena.

Shinichi sonríe, eso es algo de su amiga (y ex) sin lugar a dudas. Luego de la infancia que la científica ha tenido es normal que quiera evitar a que otros pasen lo mismo.

—Estuvimos viajando por dos años, ella me daba clases en vez de ir a una escuela, en especial ciencias… y, cómo no, ajedrez y animar su equipo de Osaka. — Ambos se ríen, de seguro recordando aquella manía de la mujer que la sacaba de su personaje fría y cool. — Una vez domine el japonés, vinimos de vuelta a Japón, recorrimos varios lugares y nos quedamos aquí.

—¿Y qué hay… ya sabes, de Elena?

—Madre dice que se salva de ser estúpida como tú porque se toma más tiempo en pensar que en actuar imprudentemente. — El detective pone la misma cara de pocos amigos que usa normalmente con la científica y ese gesto le causa gracias a Isabel. — Ella me contó sobre ti… y de Mouri Ran, de todos los amigos que hizo en Tokio… lo hizo para explicarme por qué nunca te lo dijo. También se lo explicó a Elena apenas empezó a preguntar si tenía un padre. — Lo enfrenta a los ojos. — Ella dijo, textualmente: ya les arruine la vida, no quiero que piensen ellos o ustedes que lo vuelvo a hacer a través de ti, Elena.

Shinichi desvía la vista, queriendo encontrar una foto que pilló minutos antes en la cocina, una en que sale la científica con sus dos hijas. Mira la cara de Shiho con una seriedad y rastro de sabiduría que vuelve a asombrar a Isabel por las anécdotas que su madre adoptiva le ha relatado.

Y ahora entiende el significado de dichas historias, de por qué, a pesar que para ella le parecía un hombre idiota e imprudente, Shiho sonreía como si ocultase un secreto y por qué, una vez dijo "al contrario, lo hace lucir más varonil… un varonil idiota, pero apuesto".

—La entiendo… pero fue estúpido.

—Lo sé… y ella también lo sabe… por eso decidió dejar que Elena decida el día que quiera conocerte.

—Luego Shiho tiene el descaro de enojarse conmigo cuando hago tonterías según ella. — Se queja… pero con una sonrisa en la cara que le quita la seriedad.

—Y Elena… se ve tímida la mayor parte del tiempo, pero es valiente cuando se le necesita. También es lista y observadora. — Sonríe entonces. — Una vez encontró a un compañero de clase que se perdió en el bosque… ella dijo que se guió por las pistas: lo que comentaba en clases y lo que vestía. Madre le dijo…

Lo que me faltaba, ser castigada con una hija parecida a su padre.

Shinichi no estaba obviamente pero se podía imaginar a la mujer de brazos cruzados y a su voz decir dichas palabras.

—Se lo había dicho si con mucho orgullo.

—Me lo puedo imaginar.

—Ah… esto puede salir de onda pero le encanta los unicornios y los gatos.

—Puedo… ¿Me permites conocerla?

Y otra vez el detective la sorprende. Le está pidiendo permiso, considera su importancia en el asunto de Elena… no la hecha a un lado.

Se escucha entonces, como una invocación, algo duro que cae al piso.

—Parece que ya despertó. — Anuncia Isabel cruzándose de brazos. — Tiene la manía de caerse de la cama.

Se escucha los pequeños pasos bajar la escalera y la voz de Elena pidiendo disculpas por caerse otra vez de la cama y lo mucho que se muere de hambre. Aparece en la cocina con su cangrejo de peluche toda sonrisas, pero el buen humor desaparece apenas nota la presencia de Shinichi.

—Hola. — Sonriendo, Shinichi se acerca a ella y se arrodilla y quedar a su nivel.

—Hm… buenos días. — Inclina la cabeza más apegada a su peluche y atenta a los movimientos del hombre.

—No nos presentamos adecuadamente. — Extiende una mano. — Mi nombre es Kudo Shinichi… soy un detective.

Elena abre los ojos de asombro, eso fue suficiente para delatar que sabe quien realmente es el detective. Alza la vista con el fin de encontrar a su hermana… su aprobación. Como Isabel le sonrió, fue suficiente para Elena, se calma y acepta la mano.

—Mucho gusto, soy Miyano Elena y él es Sebastián. — Mostrándole el peluche. — Es un gusto conocerlo.

—Kudo-san se queda a desayunar con nosotras y te va a contar muchas historias de casos que ha resuelto.

—¡¿De verdad?! —Mira a Shinichi con brillo en los ojos ante la emoción.

Pues sí, no hay duda que es su hija.


El desayuno ha sido tenso. No se sabe si es por lo ocurrido o porque Esteban se encuentra encerrado en un cuarto desde anoche.

No pudieron llevarlo a la estación por un accidente de coche que obligó a la policía cerrar varias calles durante la noche por horas, por lo tanto hubo demasiado trafico que el inspector no tuvo más remedio que pedir permiso a dejarlo encerrado en un cuarto de invitados del primer piso y así ser vigilado por policías tanto fuera de la puerta como de la ventana.

—Me urge que esto acabe. — Comenta Gabriela, rompiendo el hielo formado en ese cuarto. — Necesito un trago.

—¿No te bastó con lo que tomaste anoche? — Dice Richard con el ceño fruncido.

—¡Déjame en paz! ¡Me vengo enterando que he estado rodeada de asesino por años! — Grita para luego golpear la mesa con rabia. — ¡Siempre he sabido que nuestra familia es repulsiva de cojones pero jamás creí que llegaríamos a tal punto!

—Tenemos que ser pacientes y seguir adelante como una familia… es todo lo que podemos hacer. — Responde Alphonse muy serio.

—¿Estás de coña? ¿Ahora quieres que nos tomemos de la mano y nos juremos amor eterno?

—Gabriela, ¿No lo ves? Todo esto… las riñas, la soberbia, la codicia, la competición entre nosotros… nada de esto habría pasado si fuésemos más comunicativos y menos rencorosos.

—Ni siquiera mi padre habría muerto. — Murmura Haine, llamando la atención de todos los presentes. Sus ojos están fijos en el plato y luce molesta. — ¡Pero no! ¡Murió porque en su maldita familia son hijos de puta avariciosos y envidiosos!

—¡Haine!

—Tranquila Ran. — Richard se encoge de hombros. — Nuestra Haine no nos ofende, dice la verdad solamente.

—Lo siento Haine. — Bloom, sentada a su lado, apoya una mano sobre su hombro. — Fue mi propio padre quien mato al tuyo… y tendré que vivir con ello.

—No es tu culpa, Bloom, no te apegues a los crímenes de tu padre. — Dice Camilo para sorpresa de sus primos. — Tú eres culpable de tus errores, no los del tío Albert.

—¿Quién eres y qué le hiciste a nuestro primo imbécil? — Pregunta Estela mientras Bloom agacha la mirada… ruborizada.

Solo Ran y Haine notaron aquel detalle pero la detective no le da muchas vueltas al asunto debido a que su cabeza continua pensando en la muerte del tío Albert. ¿Por qué? Porque su instinto de detective no para de decir…

Esto no ha terminado.

No ha terminado.

No ha terminado.

¿Por qué? Fue Esteban, es obvio.

Que sea obvio no lo hace cierto.

Mierda. Se lleva las dos manos a la cabeza, frustrada y enojada. Está pasando algo por alto, por eso su instinto le está molestando, inconscientemente quiere bloquear la verdad del caso y se deja vendar los ojos.

—¿Haine? — Jhon la ve preocupada.

¿Qué es lo que no quiere ver?

—¿Qué te duele Haine? — Su tío Alphonse también se preocupa.

—De seguro sólo finge para llamar la atención. — Reprocha Kate, dignándose en hablar finalmente.

—No la compares contigo, hermana. — Responde Jhon, enojándola pero no le importa.

—Hey, Pequeña Remolino. — Kogoro la toma de los hombros y toma su rostro con una mano y llamar así su atención. — Respira, te ves blanca como papel.

¿Qué dijo? ¿Respirar? Pero si eso…

Oh.

Se le escapa de su boca un gran jadeo, desesperada de aire.

Parece que ha tenido un ataque de ansiedad luego de mucho tiempo.

—Eso es Haine… sigue respirando…

Escucha las instrucciones de su abuelo pero su mente continua en otra parte. Sigue en el caso, en el cuarto de las fotos, en su papá Ryan, en Sweet, en…

¡Shinta!

Lo necesita. Necesita escuchar su voz, que le ayude a comprender por qué evita la realidad. Por qué no contesta sus llamadas.

—Estoy… estoy bien, abuelo.

—¿Estás segura? — Eri, detrás de su esposo, luce alarmada mientras le acaricia la mejilla. — Dejaste de respirar un buen rato.

—Lo siento, yo… no paro de pensar en el tío Albert.

—¿Por qué? — Cuestiona Ran preocupada, sabe, aunque no quiera aceptarlo, el por qué.

—No he atrapado a su asesino.

Y sus palabras se complementan con un grito que paraliza a todos.

Haine y Kogoro son los primeros en salir del estupor y corrieron a dónde provenía el grito.

Donde Esteban está encerrado.

Notaron a los policías en la entrada del cuarto, sorprendidos y confundidos. Miran dentro y quedaron igual a ellos por lo que encontraron.

Esteban esta muerto.

Colgado en el techo gracias al ventilador y una sabana, su tío deja el mundo con los ojos abiertos, aterrado y moretones. También sus labios están morados.

La criada, que había gritado, tuvo que ser llevada por uno de los mayordomos. Los policías sujetaron el cuerpo mientras Kogoro desanudaba la sabana del ventilador y dejaron al hombre reposar en el suelo. Haine se arrodilla luego de ponerse sus guantes. Escucha a su abuelo recordarles a los policías que llamen a su superior y que nadie entre a la escena del crimen… esta vez, lo dijo con un inglés excelente.

La adolescente toca el rostro de Esteban, preguntándose si se suicido, como el cobarde que es y no ir a prisión. Ha sido un sinvergüenza cruel y aun así siente compasión y pena de él. ¿Por qué? No se lo merece. En un suspiro le concede un poco de piedad y le cierra los ojos.

Le quita el nudo que mantiene la sabana en su cuello y se lo quita despacio, sorprendiéndose con lo que ve.

Marcas.

No es de extrañar encontrarlas en una estrangulación, en especial si lleva horas muerto, pero… esas marcas son demasiado finas como para provocarlas unas sabanas.

—Vaya cobarde. — Murmura Kogoro de pie al otro lado del cadáver.

—Abuelo, no se suicido. — Señala las marcas. — Mira.

Frunce el ceño, se pone de cuclillas y obedece las instrucciones de su nieta. Ladea la cabeza y entonces… se sorprende.

—No concuerda. Estas marcas no las deja unas sabanas. — Saca su pañuelo del bolsillo y lo usa con el fin de agarrar la muñeca del hombre y verle los dedos. — Señal de forcejeo y defensa… — Vuelve a señalar el cuello. — Esos cortes pequeños significan que son las uñas, tu tío forcejeaba por quitarse lo que sea que lo estaba ahogando.

—A mi tío lo mataron.

—¿El mismo asesino de Albert?

—Pero… ¿Qué deja estas marcas? Una cuerda no fue.

Entonces piensa en el material blanco que encontró en la otra escena del crimen. ¿Qué era eso? El laboratorio informó…

¿Qué informó? No lo recordaba.

No. Su mente simplemente lo bloqueo.

—Abuelo, ¿Qué dijeron del material que encontré en la chimenea?

—¿Eh? Ah… — Suelta un largo mmm mientras se frota el mentón. — Sí… era eso. — Golpea su mano con el puño. — Vendaje.

Vendaje.

Vendaje.

Oh por Dios.

—Mierda, no… que no sea eso, por favor…

Por eso no quería encontrar la respuesta. Por eso lo evitaba inconscientemente.

Se pone de pie, hace a un lado a un policía que avisa la llegada del inspector en diez minutos y corre. Sube las escaleras tres en tres y llega rápido al cuarto de su principal sospechoso.

Abre la puerta sin ánimo y encuentra sin problema el rollo de vendaje en el escritorio. Lo analiza mordiéndose el labio, preguntándose si hacer o no lo correcto. ¿Puede seguir llamándose detective si hace la vista gorda?

Sale del cuarto con rollo en la mano y, teniendo la cabeza hecha un desastre, saca el celular del bolsillo y encuentras el nombre de Shinta en contactos. Dudando al principio, presiona el botón de llamada y aguanta la respiración… rogando que…

El número que intenta llamar se encuentra apagado o fuera del área de servicio.

Corta la llamada con la cabeza gacha.

—Baka. — Se oye ronca… y nota sus lágrimas golpear la pantalla. — ¿Por qué no contestas? Te necesito y tú… no sé qué hacer, estoy asustada, no quiero hacer esto… Shinta, dijiste que estarías conmigo siempre que te necesite… pero no lo estas… mentiroso.

¿Qué debo hacer?

¿Qué debo hacer?

¿Shinta?

¿Papá Ryan?

¿Sora?

¿Padre?

¡Alguien…!

—Haine. — Se sobresalta y ve a su abuelo correr hacía ella muy preocupado de su estado. — ¿Por qué lloras? ¿Te duele algo? ¿Llamo a Ran?

—Sé quién es el asesino. — Su respuesta lo sorprende y se pone serio al verla tan perdida cuando otras veces se emociona de resolver un caso. — Pero… pero…

—Ah… al fin has entendido lo que es llevar la Justicia en tus hombros, ya seas detective o policía. — Apoya sus manos en las mejillas de su nieta y le quita las lágrimas. — Haine, si decides dar marcha atrás, no vamos a reprochártelo, no dejaremos de estar orgullosos de ti. Sin presiones.

—Tengo miedo de las consecuencias.

—¿Miedo? ¿Tú? — sonríe comprensivo, de una manera paternal, y eso es un alivio para la chica. — Eres mi nieta. Una Mouri. Lo que sientes no es miedo, sino misericordia a los que no se lo merecen.

Su corazón se aligera un poco y abraza a Kogoro, sorprendiéndolo.


Si Sora tiene días que no duerme, en los aviones mucho menos. Mientras su madre, Aoko-san y el personal de seguridad duermen, ella se ha pasado la noche leyendo dos trilogías de fantasía en su kindle.

Y así Aoko la encontró.

—Buenos días. — Murmura. La chica se sobresalta luego de horas de silencio y mira su entorno hasta ubicarla. — ¿Bueno el libro?

—Hmmm… sí. — Ve la hora en su reloj de pulsera patrocinado por el profesor Agasa. — Llegaremos en cinco horas y el desayuno se sirve en cuando lo pidas. — Ve a Sonoko dormir con su mascarilla de ojos. — Así lo ordena mi madre con tal que la dejen dormir.

Su viaje es a través de uno de los aviones privados de la familia Suzuki.

—Gracias. — Se estira. — Es mi segunda vez en primera clase pero se siente excelente.

—Obvio, la familia Suzuki solo anda en lo mejor. — Aoko no pasa por alto su sonrisa orgullosa. — Luego de comprársela a Estados Unidos, la rediseñamos de arriba abajo con tal de ir cómodo.

La señora Kuroba se quita el cinturón de seguridad y se cambia al asiento más cercano a Sora, quien, al notarlo, deja el kindle algo nerviosa… es la madre del chico que le gusta después de todo.

De uno de los que le gusta.

No, no voy a ir por ese camino de pensamiento.

—¿No dormiste Sora?

—Nunca duermo en los viajes, mi mente se pone ansiosa. — Se encoge de hombros. — En casa también me pasa.

—¿Y qué haces entonces?

—Me pongo al día con series o avanzo con deberes… a veces leo.

—Se oye agotador, el no poder dormir.

—Es por mi cerebro, tengo memoria fotográfica y la ansiedad mental de no parar en pensar cosas es parte del paquete.

Aoko frunce el ceño, algo en ese comentario no anda bien. Sora se da cuenta de su sospecha y busca cambiar tema de conversación o posiblemente descubra las otras habilidades y defectos que vienen también en dicho paquete.

—¿Por qué mi mamá la invitó, Aoko-san?

—¿No te agrada mi compañía?

—No le va a resultar el truco de desviar el tema, soy la maestra en eso.

La mujer mayor se ríe, las mejillas se le ruborizan por eso y, de alguna forma, luce más joven. Anko de verdad es su hija, tiene todos sus rasgos de conducta… y eso le hace sospechar si también saco de su madre su actitud de ogro cuando se enoja.

—Sonoko-chan quería darme unas vacaciones de tener que hacerme la fuerte todos los días.

—No entiendo.

—Veras, mi esposo está enfermo y no hay cura. — Su joven espectadora abre los ojos de sorpresa. — En unos meses se cumplirán cuatro años que se lo diagnosticaron.

Sora no sale de su estupor y piensa en el hombre que estuvo en el cumpleaños de la tía Ran. Que difícil de creer que ese hombre, que reía, se enojaba como un crío con tío Shinichi y Saguru-san y con la fuerza necesaria de cargar a sus dos niñas dormidas todo el viaje hasta su casa, tenga mala salud.

—¿Es… muy grave?

—Es un milagro que haya durado tanto… eso dicen los doctores pero yo sé que mi marido es cabezota hasta con la Muerte. — Mira las nubes en su ventana. — Pero la realidad es que no podrá ser un cabezota por siempre.

Unas lágrimas caen por su rostro y rápido se las quita… pero no paran. Por eso Sora saca un pañuelo de su bolsillo y se lo entrega murmurando "aquí". Mientras busca aquella mujer recomponerse, Sora tiene una revelación obvia:

Aoko-san ama a su marido.

Lo ama tanto como su madre a su padre.

Tanto como tía Ran a tío Shinichi.

Como tía Kazuha a tío Heiji.

Pero es una historia de amor sin final feliz… es una historia destinada al dolor y la muerte.

—Entiendo porqué necesita vacaciones. — Murmura queriendo aligerar el ambiente. Si tiene que verse fuerte todo el tiempo, es normal que ande agotada. — Si hay algo que la Fundación Suzuki…

—Gracias, Sora, tu familia ya nos ha ayudado mucho. — Ve a Sonoko, aun dormida. — Tu madre movió contactos y como respetan a los Suzuki, nos hacen pagar la nada misma.

—Qué raro, ¿Cómo es que eso se escapa de mi radar?

—Para que veas que tu madre no es sólo una cara bonita.

Las dos sonríen, cómplices de un secreto.

—La verdad es que no puedo dejar de preocuparme. Sé que Kai y Anko pueden hacerse cargo de la casa y las niñas… ¿Pero Kaito? ¿Le harán recuerdo de su medicina? ¿Sus tratamientos? ¿Se acordara aquel idiota de respetar su dieta? ¿Qué tiene que hacer las compras con Anko? Porque no puede ver ni la zona marina.

—¿Por qué?

—Le tiene fobia a los pescados. Una vez le dio un ataque de fobia tan intenso que quedó una semana grave en cama… estoy pensando que venir ha sido una mala idea.

—Aoko-san, todo está bien, usted mismo dijo que los gemelos son capaces de todo… de seguro también son capaces de cuidar a su padre.

—No lo sé… es Kaito de quien hablamos.

—¿De verdad ama mucho a su marido como para alterarse así?

—Lo amo y al mismo tiempo quiero matarlo.

Sí, eso es amor.

—Qué envidia me da… siempre es difícil saber quién te ama de verdad o en realidad ama los billetes de mi bolsillo. — Apoya su cara en la mano gracias a que su codo descansa en el respaldo del asiento y ve a su madre. — Ella se gano la lotería de la fortuna con mi papá.

—Tú también, Sora-chan… ¿Acaso no tienes amigos que se preocupan por ti? Eso ya es un triunfo.

—Tiene razón en esa parte.

—Eres joven, tienes mucho tiempo para encontrar a alguien… y si no, bueno, no te morirás por andar sola.

—Claro que no, siempre digna. Ellos se lo pierden.

—Supongo que tengo suerte de tener a mi marido de mejor amigo, a mi lado por mucho tiempo.

—Ahí fallo porque mi amigo de la infancia esta hasta las patas de nuestra amiga de la infancia… aunque el zopenco lo niegue.

—Sí, eso pasa mucho. — Recordando como Kaito y ella pasaron mucho tiempo negando sus sentimientos y luego su alejamiento por las mentiras y secretos. — ¿Y qué me dices de un amigo reciente?

—¿Di-disculpe? ¿De que habla?

—Sora, las dos sabemos esa respuesta. — Le guiña el ojo. — Por desgracia mi hijo ha sacado lo malo de su padre pero es un buen tipo.

—Espere un minuto, Aoko-san… ¿Qué quiere decirme?

—Te estoy dando mi bendición por supuesto.

Ahí está, lo dijo con tanta naturalidad, como si hablara del clima o te dijera la hora. En cambio Sora fue otro asunto, al escuchar eso, su cara arde a rojo vivo, tanto calor hay en su cara que no le sorprende si alguien se pone a freír un huevo en su cabeza.

—E-es-espere Aoko-san… — ¿De verdad va a tener "esa conversación" con la madre de su crush? — ¡Nosotros…! ¡Quiero decir, yo…!

—Calma, calma Sora, no te contengas conmigo por ser la madre de Kai… puedes ser honesta conmigo. Además, eres muy obvia. — Agrega sonriendo.

¿Obvia ella? ¡Esa es Haine! ¿Qué clase de poderes tiene Kuroba Aoko como para notarla? ¿Y qué clase de madre permite que su hijo se acerque así? Y aquí ella creyendo que su mamá es la Celestina por excelencia.

—Eso es lo de menos aquí, yo no le gusto a su hijo.

—¿Te lo ha dicho? — Molesta, si Kai se ha hecho el capullo con ella, iba a…

—No, pero… es obvio, ¿no? quiero decir, sí a veces como que ligamos. — ¿Cómo es que se atreve a decir esto con la MADRE? — Pero… es Kai de quien hablamos.

—Entiendo, como te dije, saco lo malo de su padre. — Suspira, resignada. — Sora, tengo que decirte algo con respecto a mi hijo.

—¿Qué cosa?

—Bueno, Kai… una de las cosas malas que heredó a Kaito es… la falta de tacto, actúa antes de pensar. — Y por eso te beso públicamente como Kaito Kid el muy idiota, piensa aquello con resignación. — Él… tiene un secreto que puede afectarte mucho.

—¿Qué… qué clase de secreto?

—Es mejor para ti que él te lo cuente… menos dañino será. — Toma su mano al captar su desorientación. — Te vas a enojar… no, enfurecerte, y estarás en todo tu derecho, sólo… no cometas el mismo error que yo y escúchalo. — Hace presión en el agarre de manos. — Comprendo que te este asustando y confundiendo, pero te lo pido… cuando te enteres del secreto de Kai… de mi familia, no te encierres a la rabia sin escucharlo primero.

¿Secreto? ¿Un secreto familiar? ¿A qué se dedica los Kuroba como para andar oyendo esto? ¿Tráfico de humanos?

La imagen del ladrón fantasma aparece en su cabeza.

Ese Kaito Kid que apareció hace cuarenta años no puede ser el mismo que estuvo en mi fiesta de cumpleaños.

¿Crees que los años en que desaparece son por entrenar al sucesor?

Debe ser algo de familia.

—Y si entonces sigues enojada con él, estarás en tu derecho y nadie te lo reprochara.

La piel se le pone de gallina, siente que la sangre no circula por su cuerpo a pesar que su corazón late acelerado a causa del pánico. Intenta tragar la saliva pero tiene un nudo grande en la garganta.

—Buenos días. — El murmullo de Sonoko acaba con la tensión y el pánico de su hija, por eso le da las gracias mentalmente. — ¿Despierta otra vez, Sora?

—Sí, yo… — Aparta su mano bruscamente del contacto de Aoko. — No puedo dormir en aviones, ya lo sabes.

A Sonoko le extraña su actitud evasiva, la mira un rato y luego a Aoko, quien sólo se muerde el labio y asiente, haciéndole entender que su sospecha es cierta.

—Oh. — La forma en cómo lo dice capta la atención de su hija. — Bueno, dormirás temprano en el hotel, nada de desvelos. — Desviando rápido la atención y así Sora no sospeche de lo que realmente pasa por su cabeza.

—Eso no depende de mí. — Gruñe molesta y cayendo en la trampa.


Shinta ha evitado su celular todo el día.

El hecho de no poder volver a ser él mismo le ocasionó apartarse de la realidad, ni siquiera ha hablado con su madre desde ayer. Lo único que le apetecía, mientras esperaba que Shinichi conociera a su hija antes de volver, era estar encerrado en el cuarto que le alquiló su papá.

¿Patético? Sí, pero estaba en su derecho.

En la noche se escapa del recinto en busca de paz, terminando en el bosque . Trata de no ir muy lejos porque lo último que necesita es perderse y un equipo de rescate pisándole los talones.

Enciende el celular y busca un lugar con señal. De inmediato llegaron las llamadas perdidas de su madre, notificaciones de Instagram que son de Sora en su viaje a Paris, un mensaje de Kyouya que le cuenta un problema familiar que debe resolver…

Y una llamada perdida de Haine.

Maldice. Se olvidó por completo que Haine se encuentra enfrentando problemas en otro continente, el mismo lugar donde se supone esta él. Y con todo lo que está pasando no sería extraño que lo llame y socorrerla.

También le ha dejado un mensaje de voz.

Acepta escuchar con un clic y espera.

Shinta, te llame pero tu teléfono estaba apagado… curioso, ¿No? siempre está apagado o no puedes contestar… sé… se que debo comprender que estas ocupado, con el asunto de tus tíos y eso… pero estoy cansada…

Yatto se sienta en el suelo, no le importa ensuciarse los pantalones con tierra, o que esté húmeda y de seguro va a terminar con el trasero mojado. No importa.

Porque Haine está llorando.

Dijiste… tú dijiste que estarías disponible cada vez que te necesite… y hoy, más que nunca te necesito… pero no estás… ¡Ni siquiera puedes contestar una llamada!

El niño encogido cierra los ojos y sus manos presionan el aparato. La culpa le corroe en todo el cuerpo. Su problema no es significativa comparado con lo que pasa Haine y es un idiota por darse cuenta ahora. Ya es tarde, está dolida, sola y enojada. Y está en su derecho.

No te extrañe luego si las cosas no son como antes cuando vuelvas… o mejor aún, no regreses si no estás interesado en lo que causas.

Se acaba el mensaje.

—Mierda. — Deja que el celular caiga al suelo y se lleva las manos a la cabeza.

Problema tras problema.

Y es su culpa.

—Nada parece ir bien para ti, ¿Eh Shinta-kun? — El ahora niño alza la vista, encontrándose con la detective Ayumi, sonriendo amablemente. — Haine se oía molesta.

—Y anda en su derecho.

—En todo caso. — Se encoge de hombros. — Dime, ¿Por qué no les dijiste a ella y a Sora en primer lugar? Tú no tienes a una Organización detrás de ti.

—Ya lo dije, no quiero que sientan lastima de mí ni que se preocupen o lloren cuando nadie las vea.

—Pues en eso último no te está saliendo bien que digamos. — Dice apuntando el celular. — Y aún así, sabiendo que esto podría pasar, seguiste adelante.

—Ya lo sé, Ayumi-san. — La ve sentarse en un tronco. — Pero sigue doliendo y sigo siendo el culpable, el villano de esta historia.

—¿Y qué vas a hacer? Quiero decir, ahora es distinto, no sabemos siquiera si Shiho-chan despertara y no tenemos una cura… ¿Le dirás la verdad?

—No puedo… no puedo… si se lo digo, tendré que decirle sobre esto también, que no podré volver a ser yo… eso la destrozara mas. Y ahora mismo ya está pasando por mucho.

—¿No crees que estás dando excusas débiles? — Su sonrisa trata de transmitirle apoyo. — Yo creo que Haine-chan va a llorar, te va a golpear por no haberle dicho antes todo este problema… y luego pelearía contigo. Va a luchar por ayudarte… ¿O me equivoco?

Se toma un momento el chico para pensar en sus palabras.

—La verdad es que tienes razón.

—Siempre la tengo, sino, pregúntale a Shinichi-kun.

Yatto recoge el celular y mira la foto de KUTOSU que tiene de fondo.

—No puedo decirle… no sin una seguridad que regresaré a mi cuerpo… ¡Pero! — Su mirada, de pronto, se vuelve decidida. — Eso no significa que no voy a tirar la toalla aun cuando se que ella me odiara por siempre.

Y presiona el botón de llamada.


—Hola abuela.

—Hola remolino de problemas.

Haine sonríe, ante el nombre que se gano con sus seis años por causar la ruina del cumpleaños número seis de Héctor.

El cuarto de Clarisse es tan enorme como el de Sora, con su cama King y doseles incluidos, decoraciones que cuestan millones, fotografías de su vida y familia y cuartos llenos de ropa. Al lado de la cama tiene una mesita de noche con las fotos de su marido, muerto ya treinta años, y su hijo Ryan.

Clarisse se encuentra sentada en una butaca enorme porque simplemente se aburrió de estar en cama. Su cabello canoso está bien recogido en un moño, ni un mechón fuera de lugar; sus ojos verdes, que antes resplandecían vida, ahora están cansados y delatan la fecha límite de la anciana; y su piel arrugada habla de sus años de vida y trabajo por los callos en las manos o que tenga partes bastante secas. Viste un modesto vestido de invierno color negro, un chal del mismo color y calcetines gruesos de lana que ella misma tejió en su tiempo. Sobre su regazo descansa un álbum de fotos y, al lado suyo hay cientos más.

—¿Atrapada en el pasado?

—Bueno, ya que mi tiempo se acaba, preferí recordar al pasado que aguantar mis defectos allá abajo… ¿Sonó cruel?

—Tú eres la madre, no yo. — En vez de sentarse en cualquiera de los asientos que hay allí, decide sentarse en el suelo, frente a su abuela en pose india. Aquello provoca una sonrisa en la mujer mayor, esa era su postura de pequeña para oír sus historias. — Quisiera que no se acabe tu tiempo.

—A todos les llega la hora, Haine… ya seas un niño o una anciana como yo… o un joven apuesto como mi Ryan.

—A mi padre no le llegó la hora, lo mataron.

Otras abuelas reprobarían su comportamiento no religioso, pero no la suya. Ella escucha y se toma el momento de buscar por qué la gente dice lo que dice.

—Estuve fuera de la realidad mucho tiempo, querida… y acabó de perder dos hijos más. ¿Podrías explicarme qué pasa?

—Se descubrió que papá Ryan no murió por un accidente. Pagaron sicarios y a la policía egipcia con el fin de encubrirlo.

—Dios… — Se lleva la mano a los labios y lágrimas le caen por los ojos. — Dime que no fue…

—Lo siento abuela.

Silencio. La mujer mayor saca un pañuelo y se limpia el rostro de los mocos y lágrimas. En algún punto Haine se unió a ella en el llanto. Las dos estuvieron así un buen rato.

—Crees… ¿Crees que los mataron por eso? A Albert y Esteban quiero decir. — Nota que la culpa corroe a Haine al agachar la cabeza. — ¿Qué?

—Se quien fue… no sé si ese fue el motivo, pero… sé quién es el asesino.

—¿Gabriela? No me sorprendería a estas alturas… espera, olvida lo que dije, mi hija es estúpida para cometer un crimen que no descubras en cinco segundos… quizás dos.

—No fue la tía Gabriela. — Un extraño le horrorizaría el comportamiento de Clarisse pero es parte de ella, su forma de ser… y sí, sabe que la ha metido en problemas. — Debo entregarla a la Justicia, es lo correcto, pero… — Presiona sus manos en puños.

—Para que estés así, significa que es "esa persona". — A ella también comienza en afectarle la realidad, cómo le gustaría poder esconderla para que los involucrados estén a salvo. — Nuestra familia está tan rota y jodida…

—No todo te salió mal abuela, te quedaron hijos y nietos decentes.

—Bueno, no todos pueden presumir que su nieta es una detective famosa.

—¿De verdad lo soy?

—Sales en el diario, ¿No?

—Me refería a lo otro. — Se encoge de hombros. — Quizás no estoy jodida por no tener tu sangre.

Clarisse la mira a los ojos un largo rato en silencio, quizás pensando que tiene razón o simplemente se le olvidó otra vez apagar la llave del lavamanos.

—Quizás no tengas mi sangre… pero si mi nombre. Y eso es lo importante. Nuestro legado no rige en nuestra sangre, Haine, más bien en nuestras acciones y en nuestro nombre. — Le ofrece sus manos. — Eres una Ryuuzaki y lo has probado en todo lo que has hecho en tu vida hasta este momento… ¿Y sabes cuál es la mejor parte? — Sonríe como una persona a punto de lanzarse a una aventura. — Recién estas empezando.

Otra vez Haine empieza a llorar, pero está vez de alivio y agarra la mano con las dos, agradecida de sus palabras que tanto necesitaba con estos días de mierda que ha tenido. Oye oírla murmurar "sshhh" mientras le acaricia el pelo y así consolarla.

—Eres la primogénita de Ryuuzaki Ryan y nieta de Ryuuzaki Clarisse y nadie tiene el derecho de negarlo… no lo olvides jamás.

—No lo haré. — Suspira hondo y ve la puerta. — ¿Qué hago con ello?

—Lo que es correcto para ti.

—Pero lo correcto es…

—Haine, sean acciones buenas o malas, hay que afrontar las consecuencias… y que las personas que en verdad lo aprecien lo apoyen sin importar qué. — La toma del mentón. — ¿Vas a abandonarla luego?

La adolescente no duda en responder.

—No.

—Entonces estará bien, porque no estará sola y estoy seguro que ellos también la ayudaran. En especial Camilo.

¿Escucho bien? ¿Camilo? ¡Pero si es odioso! Se lo iba a reprochar pero la atmosfera es interrumpida por su celular. El aparato le provoca que la piel se le ponga de gallinas, el corazón le lata rápido y que la esperanza brille en sus ojos azules… y se odio por ello.

Porque es Shinta.

—¿No vas a contestar?

—No es importante.

—Pero si es ese joven Shinta, ¿No?

—Claro que no.

—Hija, sé que es él… la cara se te transforma cuando se trata del chico. Resplandeces.

—¡Eso no es…! — Su cara arde por el sonrojo. Se interrumpe sabiendo que no puede engañarla.

Agarra el celular y observa el nombre de su amigo y primer amor, llamándola sin rendirse. ¿Debería contestar? La verdad es que sigue enojada pero no se puede engañar a sí misma: necesita oír su voz.

—Puedes contestar Haine… para que dudes tanto, significa que las cosas no andan bien. — La llamada terminó pero no pasaron ni dos segundos y Shinta ya está llamando otra vez. — No hagas que este momento se convierta en un "y si…".

Ella sabe que cuando su abuela se pone modo filosofa es mejor obedecer sus consejos, aun cuando prefieras saltar de un avión sin paracaídas. Por eso acepta la llamada y espera en silencio a que él sea el primero en hablar.

—Haine, yo… lo siento, el celular…

—Apagado, lo note. — Se oye cansada, consecuencia de tantos malos ratos. — Siempre lo esta.

—De verdad yo…

—Basta, ni te atrevas a disculparte. — Lo corta con brusquedad. — ¿De verdad crees que puedes solucionar las cosas con eso?

—Las cosas han salido de control, pero…

—¡¿Siquiera eres consciente de lo que pasa?! ¡Tengo que asimilar que los asesinos de mi padre sufrieron el karma en mis narices! ¡Mi perro está muerto! ¡Tengo un acosador que ha violado mi privacidad un puto año entero! Bueno, lo tenía… ¡Pero no deja de alterar mis nervios y revisar mi espalda a cada segundo! ¡Ahora estoy en enviar o no al asesino de mis desgraciados tíos hijos de puta porque la quiero mucho! ¡¿Y tú me sales con eso?!

—Haine…

—¿Dónde estas? ¿De verdad te encuentras en Estados Unidos?

Se escucha al otro lado lo que parece ser un suspiro y eso desespera a Haine. ¿Qué diablos le pasa? Ella es la única aquí que tiene derecho a desesperarse.

—Tienes razón, debería estar allí, te prometí estar contigo cada vez que me necesites… y no lo estoy, justo ahora, con lo desmoronada que estás… y no tienes idea de cuánto me odio por ello. Soy un idiota.

—Eso es quedarse corto.

—Sé que hay una posibilidad que no me creas, pero… pese a que no te pueda decir donde estoy… aun si las cosas se están complicando cómo no tienes ni idea… voy a volver. — Haine siente un latido acelerado en su pecho. — Aunque me cueste la vida misma, voy a volver… así que por favor, aunque suene egoísta, espera por mí.

No lo tiene de frente pero sabe que no miente. Su voz lo delata, tan decidido y fuerte de su seguridad, que regresara para no irse… por ella.

Se toca la cara al darse cuenta que lloraba… y que anda colocara.

Estúpido, estúpido. Estúpido dramático.

—Shinta, yo…

—¿Tienes el teléfono-arete?

El cambio abrupto la saca de onda unos segundos.

—Eh… sí, si lo tengo.

—Vas a cerrar un caso difícil y aunque no pueda estar allí físicamente, te apoyaré por teléfono.

La chica se sorprende de aquella idea brillante y mira a su abuela, quien sonríe como si supiera lo que pasa en esa llamada a pesar que no oye tan bien como antes. Y, de alguna forma, ayuda a Haine en su confianza. Saber que tiene el apoyo de los que le importa.

Y de Shinta.

—¡De acuerdo! — Exclama con sus facciones de detective de regreso en su cara, incluso sonreía con confianza y seguridad, cosa que no ha pasado durante semanas. — Acabemos con esto.

—Enséñales a tu familia ridícula de que está hecha Kudo Ryuuzaki Haine.


Aferrada a su peluche de cuervo, Kaho mira la televisión, decidida a no dormir a pesar del agotamiento. Sigue aterrada de volver a sus pesadillas. Ni siquiera la idea de dormir con Saguru la motiva lo necesario para intentarlo.

El detective empresario preparó leche caliente con sabor chocolate para su princesa. Con una mano sostiene el vaso y con la otra la carga del sillón, sintiendo sus brazos en el cuello, y se sienta él ahora en el sillón con su hija en el regazo. Le ofrece el vaso y ella acepta.

—No puedes temer a tus pesadillas eternamente, Kaho.

—Pero no se sienten simples pesadillas. — Alega y luego toma un trago de leche.

—Kaho tiene razón. — Kyouya, con libro de hechizos en mano, se sienta en el otro sillón que queda frente a ellos. — He estado allí y sé que no es normal.

—Se supone que sus mentes están protegidas.

—Y lo está… pero no entiendo cómo no funciona. Hice una nueva pócima de protección y yo jamás me equivoco.

—Entonces… — Saguru piensa, tratando de meterse en el raciocinio de un brujo. — ¿Se metieron en su mente? Quizás en sus horas de clases alguien se infiltro y tomó el control.

—No, Kaho es muy introvertida y no se acerca fácil a la gente nueva. Debe ser gente que ya conoce y que haya entrado a casa… — Gruñe por esa idea. — pero no es posible, somos celosos en permitir que extraños entren a la casa.

—Sólo entran tus amigos, los amigos de Kaho y los míos… y sólo tres empleados de mi confianza, incluyendo a la criada que limpia.

—¿Quiénes?

—Los de siempre.

Sin embargo, tiene una sospecha. Tratando de controlar sus emociones, deja el libro en el suelo y se pone de pie.

—¿Tu secretaria?

—¿Saraya? ¿Qué pasa con ella?

—¿Ha entrado a la casa?

—La verdad… sí, sí lo ha hecho tres veces. Vino a entregarme cosas que olvidaba y la deje entrar a tomar algo en agradecimiento.

La cara de horror en su hijo lo altera. Él corre antes de darle la oportunidad de preguntarle qué ocurría. Kyouya sube las escaleras tres en tres y abre de un portazo la puerta del cuarto de su hermana y agarra la pecera con la pócima de protección. Mete su mano sin importarle mojar o manchar su camisa mientras veía todas las hierbas que había allí.

Y entonces lo encuentra.

Planta de Ricino.

Una planta que para humanos comunes puede causar nauseas, vómitos, diarrea y dolor estomacal. Pero para los brujos sirve como bloqueo a la efectividad de las pócimas y hechizos de protección en otros brujos con el fin de dominarlos. Claro, también le puede dar un efecto tardío de las enfermedades ya mencionadas si el conejillo de indias lleva mucho tiempo bajo el efecto de la planta.

—Kyouya, ¿Qué es lo que pasa?—Llega con Kaho aún en brazos.

—Big brother, estás temblando.

Oh, claro que lo está.

Y de rabia.

—¿Saben lo que es esto? — Enseñándoles su descubrimiento.

—¿Por qué tienes Ricino?

—¿Eso estaba en mi poción?

—¿Cuándo fue la última vez que vino tu secretaria? — Cuestiona mientras sale del cuarto.

—Ayer, después de que te fuiste al aeropuerto. — Siguiéndolo sin dificultad, ambos ya bajando la escalera.

—¿Y antes de eso? — Salta los últimos cinco escalones y corre rumbo al sótano.

—Ocho días.

¡Ocho días! ¡Ahí fue cuando empezaron las pesadillas!

—Niisama, ¿Por qué esa mujer es relevante?

—Porque esa perra es una bruja como nosotros.

La noticia fue tan inesperada y shockeante que Saguru no le reprocha el lenguaje inadecuado frente a Kaho.

Ya en el laboratorio que se instalaron en el sótano, el adolescente busca la pócima que había reemplazado recientemente, dando gracias el no haberlo botado todavía. Hace lo mismo que antes y allí esta. Planta de Ricino.

Esa bruja Saraya debió entrar primero a la casa para conocerla y ubicar las protecciones contra enemigos mágicos. Luego, en su segunda visita, alteró la pócima de sueño de Kaho con el fin de entrar a su mente disfrazada de su madre. Y entonces, al descubrir que se había deshecho de la pecera por una nueva, volvió a entrar con una dosis más fuerte. Y de seguro usó magia para quitarle cosas a su papá y luego hacerle creer que lo olvidó con una actuación de buena santa. Esa conclusión se la cuenta a su familia.

—No lo entiendo, ¿Qué le hicimos? — Pregunta Kaho con real inocencia, no puede creer que haya gente mala a pesar que ya lo ha visto.

—De seguro debe ser una familia rival de los Koizumi. — Comenta Saguru de brazos cruzados. — Un Phantom, Fumi, Vitale… a los mejor querían acceder a los embrujos secretos de su madre y sus antepasados y creyeron que meterse en la mente de mestizos le sería más sencillo.

—Y tenían razón. — Se lamenta la pequeña.

—No Kaho, les diste batalla. — Kyouya se arrodilla y así estar a su nivel. — Ellos quizás entraron a tu mente pero nunca obtuvieron lo que querían… por mucha fuerza que usaran, no la tuvieron fácil, no se los diste y yo soy testigo. Yo mismo lo vi. — Le toma una mejilla y su pulgar acaricia la piel bajo su ojo. — Eres tan Koizumi como mamá y es una lástima que ni nuestra propia familia lo vea… el potencial dentro de ti.

La niña responde con una sonrisa de agradecimiento y lo abraza.

Thanks you, Big Brother.

—¿Qué haremos ahora? — Saguru toma la palabra, molesto con la situación. — Estoy seguro que no te quedaras tranquilo Kyouya… y yo tampoco. Esa mujer me va a oír.

—Le vamos a enseñar a esa perra el lado malo de estos mestizos con sangre Koizumi y aprenderá a no meterse con nosotros.

—Déjame ayudarte con eso.

Esa voz no proviene de ninguno de los tres. Observan la entrada de la puerta y contemplan a una joven adolescente de cabello azul claro y ojos plateados.

Umiko.

Una bruja.