Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS SEXUALES +18.
Recomiendo: Why Can't I – Cody Loovas
Capítulo 29:
Condena del pasado
"(…) Dispongo de mis errores donde tú los verás
Eres más que un ángel, me pregunto si eres demasiado buena para mí
Podría hacerte sentir especial
Podría hacer que te quieras quedar
(…) ¿Por qué no puedo amarte?
¿Por qué no puedo quedarme?
Tan pronto como te tenga, sé que deberé huir
¿Por qué no puedo necesitarte?
(…) Es mejor dejarte a tenerte de esta manera
Me he estado sintiendo como un chico malo
Pero tú dices que eso no es así…"
Estaba intentando pensar, pero estaba perpleja. Edward me lo había asegurado, ¿cómo es que…?
—¿Salía mi nombre en ese artículo? —inquirió.
—Sí. O sea… Decía "AC". Edward me dijo que habías sido tú.
Se quedó en blanco por un momento y finalmente sonrió, levantando las cejas.
—Claro, claro —respondió—. ¿Cómo fue que lo olvidé? —Se pasó una mano por la frente—. Debe ser por el viaje, ha sido todo muy complejo desde entonces.
Yo me mantuve con el ceño fruncido.
—Debes entenderme, olvido todo —susurró, suspirando de por medio—. Ha sido tan difícil desde que comencé a darme cuenta de lo que estaba sucediendo.
Chasqueé la lengua y me acomodé a su lado de la cama, mientras me miraba de manera culpable.
—¿Qué ocurre, Alice? —inquirí.
Esquivó mi rostro y se dedicó a contemplar la taza de té.
—Siento que estuve ciega mucho tiempo, ahora todo es más fácil y la culpa me come por dentro.
Suspiré.
—Nunca te comportaste mal con mi hijo, eso es lo único que me importa.
Sonrió al recordarlo.
—Lamento que su padre sea un idiota. Te admiro tanto, Bella.
—Gracias por escribir —murmuré—. Hiciste que me sintiera más comprendida.
Se levantó de la cama y miró hacia la ventana, perdida en sus emociones.
—Yo de verdad quería casarme —me confesó.
Me quedé un momento pensando en el significado de esas palabras.
—¿Querías por amor o por huir?
En cuanto se lo dije, su llanto se intensificó de sobremanera. Me sentí mal, porque había dicho algo que le incomodaba.
—Lo siento, Alice, yo…
—No es tu culpa —gimió, limpiándose las mejillas con furia—, es mía, por creer que con un hombre iba a cambiar todo de mí.
Fruncí el ceño.
—¿Por qué lo dices? Alice, tu familia te adora.
—Ya sé —exclamó, como si se sintiera más culpable aún—, es solo que… —Se mordió el labio y fue hacia su puerta para asegurarse de que se encontrase completamente asegurada—. Quiero mostrarte algo.
Fue hacia un librero y buscó rápidamente lo que parecía un álbum de fotografías. Ella hizo que me sentara otra vez y junto a mí comenzó a revisar algunos recuerdos, especialmente los de pequeña. Se veía feliz junto a sus padres y su hermano, en quien me detuve un largo rato, admirando al guapo chico que le acompañaba.
—Esta es de mi adolescencia —susurró—. Tenía catorce.
Me sorprendí de ver que era una Alice común y corriente… si hablábamos de la familia Cullen. Cabello algo alocado, rebelde y ropa acorde a la realidad de quienes eran sus padres y, por supuesto, su hermano.
—Estaba convencida de que me haría mi primer tatuaje cumpliendo los dieciséis. Lo que más quería era ser como mi familia, a quienes admiraba muchísimo. Todavía lo hago, pero…
Apretó los labios mientras yo la miraba sin entender qué ocurría.
—Mira —añadió, mostrándome con desgana a un hombre de mediana edad, que estaba junto a sus padres.
Era muy parecido a todos.
—Es mi tío Greg… antiguo amigo de la familia.
Tragué.
—Se parece a todos, un hombre rebelde…
—Alice.
—Me quedaba con él cuando mis padres estaban trabajando, ellos confiaban en su persona porque solía estar Edward, quien ya tenía buena edad para cuidarme, pero estaba estudiando y a veces se dormía en medio del escritorio, sin saber del mundo… No era su culpa —señaló.
Sentía que me dolía el vientre al avecinarme a los hechos.
—Tenía ocho, Edward diecisiete, no era su culpa querer estar un momento a solas en su mundo, confiaba también en el tío Greg. —Sus manos temblaban—. ¿Quién podía imaginarse que él se aprovechaba de la confianza de los demás para abusar de mí, una nena de ocho?
Dios mío santo.
—Creo que me traumaticé, porque no fue hasta que iba a acostarme con mi novio, a los dieciséis, que recordé todo.
Demonios, sentía que se me iba el aliento. Imaginé la impotencia de recordar después de los años.
—Me costó horrores contárselo a mis padres, comenzando por odiar lo que significaba todo ser ellos. Cambié mi manera de vestir, de actuar, de ver las cosas… Sentía que siendo diferente a mi familia sería la única manera de alejarme de los recuerdos que me hacían pensar en el tío Greg.
Ahora lo entendía todo tan bien que no sabía qué decir. Si yo sentía impotencia, ¿cómo debió ser para ella?
—Se los conté al año, mi madre lloró horas conmigo —susurró—. Aún recuerdo que ante la primera palabra lo primero que hizo fue tomarme la mano y decirme que me creía y que iba a destrozarlo, que la perdonara y que… —Cerró los ojos—. Mamá se sentía muy culpable, creo que aún lo hace. Papá corrió entre lágrimas también, llamó a Edward y los dos fueron a buscarlo. Era desquiciante, pero por primera vez me sentí en paz. Ambos fueron enviados a un calabozo por propinarle una paliza y por poco el tipejo se sale con la suya, pero finalmente fue apresado y luego de una tortuosa lucha con la justicia, Greg está cumpliendo treinta años por lo que me hizo y otros tres cargos de la misma cantidad por haber abusado de otras pequeñas.
Me puse a pensar en lo que ocurriría si eso me pasara, si alguien habría abusado sexualmente de mí cuando tenía su edad. Yo solo tenía a mamá y a nadie más…
—Mi familia hizo lo que pudo, me contuvieron cuanto se los permití, pero hasta el día de hoy no puedo tolerar lo que significa su manera de ser —confesó con las lágrimas en los ojos—, y me siento muy mal, porque no es su culpa, sé que no, pero no puedo evitarlo.
La entendía, claro que sí.
—Por eso quería salir de casa, quería ser diferente, lo que por moral es correcto. Sé que les hace daño verse en esa situación, pero no puedo evitarlo. Y sé que me equivoqué, porque dentro de todo, la gente es una mierda independiente de su ropa… Ya me ves —concluyó.
Me atreví a pasar mi mano por su espalda, dándole a entender que no iba a juzgar.
—Gracias por escucharme —añadió—. Sí que eres una buena mujer. Mi hermano es muy afortunado.
—Yo también.
Suspiró.
—Una vez más, gracias por el té y por escucharme, Bella. Me ha hecho muy bien hablar contigo.
Yo seguía sintiendo mucha empatía por ella, y quizá algo culpable por haber pensado cosas que no eran de su persona.
—Si necesitas desahogarte, sabes que puedes contar conmigo.
Su mirada, incrementando la culpabilidad, solo se mantuvo inquieta por el momento. Sentía que aún se hacía parte de lo que había provocado Jasper.
—Gracias, Bella. Ahora, creo que quiero dormir un poco.
Asentí.
—Descuida, yo bajaré, de seguro Edward se siente algo inquieto sin saber de mí.
Me despedí y la dejé recostada en su cama, bajé las escaleras y en un segundo sentí que Edward murmuraba por mí. Cuando nos encontramos, él botó el aire y me abrazó.
—¿Estabas con Alice? —me preguntó.
—Sí, le llevé un té, ella… necesita estar sola.
Se veía muy preocupado por su bienestar.
—Le dije muchas veces que iba a sufrir con ese imbécil, pero no me escuchó.
—Era necesario que se diera cuenta a trompicones. ¿Los pequeños?
—Están en la cocina, con sus abuelos, quienes están algo tristes.
—Me lo imaginaba, sé que quieren lo mejor para ella.
—¡Mamá! —exclamó Fred, viniendo con Agatha de la mano.
Estaban completamos llenos de barro.
—¡¿De dónde vienen?! —espeté, pasándome una mano por la frente.
—Del jardín, los abuelitos Cullen nos tenían un tesoro escondido cerca del árbol y tuvimos que encontrarlo —explicó él, mirando a Agatha de reojo.
Edward me miró con las cejas fruncidas, sabiendo que tendríamos que bañarlos. Agatha tenía el cabello pegado a la cara de tanta tierra.
—¡No me culpen a mí! —exclamó Esme, al abuelito se le ha ocurrido.
—¡Pero tienen un tesoro! —insistió Carlisle, sonriendo de oreja a oreja.
Se levantó las mangas de su camisa y se agachó para pedirles un abrazo a los dos, sin hacer diferencia alguna entre la nieta sanguínea y el nieto que habían conocido hace tan poco, pero que amaban con la misma intensidad. Los dos pequeños fueron a él y lo abrazaron, así que Carlisle los llevó entre sus brazos a seguir jugando en el jardín, malcriándolos sin lugar a dudas.
—Por eso no le he dado el pase en la cama —afirmó Esme, sin sentir vergüenza alguna.
—Mamá, por Dios —susurró Edward.
—Tus padres también tienen sexo, Edward Anthony Cullen —espetó, dándole un golpe con la cuchara de palo.
Yo me seguí riendo y él entrecerró sus ojos.
—Sé que siempre acabas aliándote con mi madre.
Le mostré la lengua y Edward vino hacia mí, abrazándome con fuerza. Nos acabamos besando ante la mirada de Esme quien simplemente sonrió, queriéndonos como buena madre.
.
Cerca de la cena, sentimos que alguien tocaba a la puerta. Cuando Edward fue a abrir, sentí la potente voz de la Nana Cullen, quien enseguida le comenzó a regar besos mientras lo regañaba por no haberle dado un abrazo más apretado.
—¡A mí me gusta que me crujan los huesos! —exclamó y luego sentí que le golpeaba con el bastón.
—Solo a mí me los da —la molesté, apoyándome en el umbral de la puerta con una mano en la cadera.
—Buenas tardes —saludó un hombre de edad mayor, calvito, gordito y adorable como el abuelo de la película "Up".
Edward no daba crédito y lo miraba sin entender.
—Es mi novio, idiota. Mira, Patrick, él es mi nieto, Edward —le dijo—. Y ella es la novia de mi nieto, Bella.
Fui hasta allá y los abracé a los dos, mientras mi Bestia elevaba la ceja, sin poder creerlo.
—Un gusto conocerla, señorita. —Me tomó las manos, sonriendo con dulzura.
—¿Me estás tomando el pelo? —me preguntó Edward al oído.
—Déjala. Está enamorada.
La Nana Cullen comenzó a presentarles a su novio a todos, incluido a Fred y a Agatha, que estaban jugando en medio de la sala. Patrick era un bonachón de aquellos que a la primera oportunidad se acercó a preguntarles si podía jugar. Era tan adorable.
Cuando fue momento de sentarnos a comer, la Nana lo tomó de la mano y se sentaron juntos, mirándose con el amor a flor de piel. Yo estaba fascinaba, mientras que Carlisle y Edward tenían la ceja alzada, celosos de su madre y abuela, respectivamente.
—Mami —me llamó Agatha, tomándome la mano.
—¿Sí? —inquirí, mirándola—. ¿Quieres que te corte la carne?
Asintió y yo le sonreí.
Mientras lo hacía, yo miraba a Edward, quien estaba acariciándole el cabello a Fred para que siguiera comiendo carne (la que no solía gustarle nada).
—Si pruebas diez bocados, te compraré lo que tú quieras —le prometió.
—¿Un libro? —preguntó, emocionado.
—Un libro, eso será.
Fred lo abrazó y se puso a comer.
Mientras aquello ocurría, yo no dejaba de pensar en cómo me gustaba esta nueva vida, que nada se comparaba a aquella en la que me sumergí por años. Jamás busqué a un hombre como Edward, pero desde que lo encontré todo cambió para bien.
—Familia, como verán, traje a mi novio Patrick para que lo conozcan —exclamó la Nana, dejando los cubiertos sobre el plato.
El ancianito le tomó la mano a Nana y ambos se sonrieron. Me seguían pareciendo cada vez más adorables.
—¿Es el que conociste por el portal de citas? —le preguntó Edward.
—Sí, Bebé Grandote —respondió la mujer.
—La tecnología es maravillosa. Patrick trabajó por años en una zapatería.
—Enviudé a los treinta y desde entonces no había tenido oportunidad de ocuparme del amor —contó con ternura—. Hasta que mi nieta me abrió el perfil para tener una cita, y encontré a mi pastelito.
Se dieron un beso con los labios estirados y tanto Edward como Carlisle pusieron mala cara. Esme y yo rodamos los ojos.
—Quise venir con Patrick porque tengo algo mucho más importante que decir —afirmó de manera solemne la abuela, mirando a todos de manera directa—. Y ahora que viene mi nieta menor a comer, qué mejor.
Alice precisamente venía llegando a la mesa, ya más repuesta. Les acarició los rostros a los pequeños y me sonrió, sentándose cerca de la abuela.
—¿De qué me perdí? —inquirió, riéndose.
—Voy a casarme —sentenció Nana Cullen, dejándonos a todos atónitos.
El viejo Patrick asintió rápidamente y le tomó la mano.
—¿Ustedes… qué…? —Las palabras de su hijo salían arrastradas.
—Que voy a casarme —volvió a decir—. Mi pastelito peludo y yo queremos casarnos cuanto antes y ustedes tres serán mis damas de honor.
¿Pastelito Peludo? ¡Por Dios!
Yo miré a Esme y luego a Alice. Las tres no sabíamos qué decir.
—¿Mami? —inquirió Fred—. ¿Nana Cullen no está muy viejecita para casarse?
Le abrí los ojos para que se callara, pero Edward se puso a reír de manera ensordecedora por la extrema sinceridad de mi hijo.
—¡No te rías, zopenco! —exclamó la Nana, levantando su bastón para golpearle el brazo.
—La Nana Cullen puede casarse porque todos somos libres de hacerlo.
—Ah, ¿y cuándo lo harán tú y papá? Creo que se están demorando mucho —preguntó, ruborizándonos a ambos.
—¡Ese es mi chico! —La Nana le mostró la mano y él la chocó con la suya, sonriendo sin entender mucho.
—Yo también comienzo a pensar que me estoy demorando mucho —susurró Edward, mirándome de reojo.
Yo abrí mi boca, sin saber qué decir, pero luego todos comenzaron a felicitar a la feliz pareja.
—Estoy contenta por ustedes —afirmé—, y halagada por tener la posibilidad de acompañarla como dama de honor.
La Nana me tomó las manos y me miró con dulzura, algo con lo que luchaba porque siempre quería parecer dura, pero en realidad era un caramelo muy blando y cariñoso, pero a su manera.
—Gracias a ti —me susurró, tocándome las mejillas—, en especial por traerme a tu Fred a mi vida… y querer a mi nieto como se merece.
Le sonreí.
—Ahora dígame, ¿cómo quiere la despedida de soltera?
—Con tres afroamericanos llenos de aceite para mí —sentenció.
—¡Mamá! —exclamó Carlisle.
—¡Nana! —le siguió Edward.
—¡Gertrudis! —finalizó Patrick.
—No cambiaré de opinión —dijo muy en serio.
Y vaya que así iba a ser.
.
Yo tenía a Agatha entre mis brazos. Se había quedado dormida conmigo muy profundamente. Fred, por su parte, estaba apegado a Edward, tomándolo del cuello mientras sucumbía al descanso. Estábamos en la sala, escuchando los planes que iban a llevarse a cabo para proteger a Alice de todo lo que estaba pasando, en especial ahora que no iba a haber boda para ella.
—Lo supe desde el momento en el que comencé a sentir que era necesario aplazarla —susurró la Cullen menor—. Pero nunca pensé que iba a hacerte eso, Bella.
Edward recordó y la furia lo mantuvo incómodo, tanto que su padre se contagió de ello.
—Debiste llamarme, Edward, yo mismo habría ido a patearles el trasero a esos Whitlock —afirmó Carlisle, apretando las manos.
—Por Dios, si tuviera a ese mequetrefe aquí adelante les daría con mi pierna, ¡y esta vez hablo en serio! —espetó la abuela—. Se metieron con mi nieta y con mi chica Bella, ¡con las mujeres de la familia jamás deben hacerlo porque estoy yo!
Esme suspiró y le acarició la mano a su hijo para que no se tensara tanto.
—Lo sé, mamá, pero si hubieras visto a… —Me miró, callándose. Sus ojos aún relucían de aquel dolor. Yo intenté sobrellevarlo, pero aún dolía la injusticia que me habían ocasionado—. Fred necesita que ese imbécil se aleje ya.
—¿Y quién mejor que tú para estar con él? —pregunté, acercándome para acomodarme a su lado.
Edward pasó su brazo por mis hombros y nos acomodamos los dos con los pequeños en nuestros brazos. Alice nos miraba mientras escuchaba lo que decían los demás y, cuando pensé que iba a sonreír, ella simplemente frunció el ceño y bajó la mirada.
.
Rose no contestaba y yo estaba preocupándome. No sabía de ella desde la navidad y eso era demasiado, porque siempre solíamos encontrarnos en el barrio para esas fechas. Ahora ya pasaba del seis de enero y no la veía. Royce apenas pasaba en casa y no quería acercarme porque el tipo nunca me gustó y tampoco éramos cercanos.
—¿Qué ocurre? —me preguntó Edward, tocándome la espalda mientras yo me terminaba de vestir.
Él estaba sobre la cama, con media sábana tapándole la entrepierna. Era un sucio muy tentador.
—Rose, sigue sin contestarme —le respondí, lanzando el móvil hacia la cama.
Frunció el ceño y se reincorporó algo intrigado.
—¿Crees que le haya pasado algo?
Asentí.
—¿Has sabido algo de Emmett?
Negó.
—¿Y el esposo de Rosalie?
—Sabes que no quiero estar cerca de gente como él.
—¿Y si voy yo?
—Por ningún motivo, con lo último que pasó lo único que ocasionarías serían problemas.
Edward se fue a duchar y yo insistí con mis llamadas mientras preparaba el desayuno de Fred y Agatha, quienes estaban durmiendo plácidamente allá arriba. Cuando asumí que se acabaría mi sesión de llamadas con total derrota, Rosalie contestó.
—Bella —susurró.
—Ay, Rose, ¡qué bueno que me respondes! Estaba preocupada…
—Pasó algo —me interrumpió.
Sentí el corazón a punto de salirse de mi pecho.
—¿Qué?
—No puedo contarte ahora.
—¿Estás con Royce?
—Bells… Lo dejé.
—¡¿Qué?! —exclamé—. Pero… ¿cómo…?
—Es cosa de tiempo para que comience a buscarme contigo. Por favor, dile que no sabes nada de mí, que yo simplemente he desaparecido…
—Pero, ¿cómo quieres que haga eso? ¡Rose, por Dios! ¿Qué pasó?
—Te lo contaré pronto. Ahora… por favor, hazme caso y dile que no sabes nada de él.
—¿Estás con Emmett? Solo así me quedaré tranquila.
—Sí, estoy con él, sin Emmett no podría.
Respiré más en paz. Al menos él iba a protegerla como debía ser.
Cuando corté, Agatha y Fred vinieron corriendo escaleras abajo para comer. Los perros los seguían y yo les acaricié las cabecitas, sin embargo, yo seguía pensando en lo que había sucedido con mi amiga.
.
Edward y yo nos fuimos juntos al departamento de Emmett, en donde estaba Rose. Mi Bestia me veía nerviosa por mi amiga y me susurraba constantemente que con él nada malo iba a ocurrirle. Claro, yo sabía que él la adoraba, era cosa de ver sus ojos, pero ¿y qué pasaría con Royce? Era cosa de tiempo para que se pusiera como un loco.
El hogar de Emmett era muy lindo. Un departamento de soltero con la decoración de un hombre con gustos apasionados por la música de los ochenta. Era adorable.
—Hola, chicos. Fresita, mira quiénes llegaron.
Emmett nos dio un abrazo a ambos y yo corrí a buscar a mi amiga, a quien no veía hace días. La última vez estaba rara, así que solo quería asegurarme de que tuviera una sonrisa en la cara. Y así era. Y por Dios, Rosalie tenía los ojos más brillantes que nunca.
—Te extrañé tanto —me dijo luego de abrazarnos.
—Te ves contenta… feliz…
Se mordió el labio y luego contempló a Emmett, que venía con Edward.
—Si quieres, te dejo a solas con ella —afirmó el policía, sin problema alguno.
Ella asintió.
Para cuando eso ocurrió, Rose me tomó la mano y me llevó a la habitación que estaba compartiendo con Emmett.
—Tengo que contarte algo. Estoy muy asustada.
Pestañeé.
—Pues hazlo, que me tienes nerviosa.
Del fondo del cajón sacó un test de embarazo y desde ahí lo entendí todo.
—Rosie, por Dios —susurré, emocionada, pero igualmente asustada por todo.
—Ya sé. Estoy tan feliz, pero…
—¿Emmett sabe?
Negó.
—¿Qué esperas para decírselo?
Se encogió de hombros.
—No lo sé, es que… ni siquiera sé cómo tomármelo yo.
—¡Pero estás feliz!
—Y tengo miedo de lo que pueda pasar con Royce.
Me mordí el labio. La entendía.
—Él sabrá inmediatamente que no es el padre, si apenas y lo toco hace dos años. Emmett es… el único hombre que me ha respetado con todas sus letras y es el padre de mi hijo.
Cuando hablaba de ello, Rose se ponía a sonreír. Era adorable, esperanzador… Pero debía enfrentarse a lo único malo: su marido.
—¿Qué harás? Royce te buscará.
Se encogió de hombros.
—Por el momento, fingir que no sé de él.
—Pero… Rose…
—No quiero que algo le suceda a Emmett, sabes cuánto le temo a que haya un enfrentamiento entre él y Royce.
Le acaricié el cabello con cuidado.
—Dile a Emmett, ¿bueno? No ahora ni pronto, sino cuando te sientas lista, pero hazlo.
Suspiró y asintió.
Rose guardó el test y se tocó la barriga.
—No puedo creer que me harás tía —señalé.
—Y yo que seré mamá. —Se mordió el labio—. ¿Crees que Emmett estará contento?
—Más que nunca.
Escuchamos los pasos de los chicos y nosotras guardamos la evidencia.
—¿Se quedan a cenar? —preguntó Emmett.
—¡Claro! —respondí.
Mientras comíamos, vi el periódico de esta mañana sobre la mesa. Con curiosidad lo abrí y me encontré con un nuevo artículo de AC, quien esta vez hablaba de la crianza en solitario de las mujeres con hijos con condiciones especiales.
Sonreí.
—Mira, Alice escribió algo más —murmuré, mostrándole a Edward con mi índice.
Él miró, pero parecía algo reacio. Me extrañó su actitud.
—Debe ser en agradecimiento por lo del otro día —añadí.
Alice volvía a utilizar las palabras con una calidez que me llenaba los huesos. Era como si supiera cada cosa que pasaba por mi cabeza, como si me entendiera y palpara cada dolor y alegría.
—¿Eso crees? —inquirió, mirando de reojo.
—Es la sensación que me da.
Edward no volvió a mencionar nada, e incluso se puso a mirar el plato, como si algo le estuviera comiendo la cabeza. No pude comentarle nada, porque enseguida Emmett se puso a reír sobre una anécdota, por lo que dejé el periódico a un lado y me dediqué a escuchar.
Sin embargo, sabía que algo había oculto en esos gestos, y temía preguntar.
Edward POV
Terminé de martillar y me alejé un poco mientras miraba la locura que había aprovechado al estar dos días a solas en casa.
Bella y los pequeños se habían ido con Renée para pasar un fin de semana en una posada, por lo que tuve mis momentos de introspección. Aunque, a decir verdad, me comían los dedos por llamarla y decirle que la amaba, una y otra vez, como los bobos, porque la extrañaba como la mierda. Hasta sentía el frío de su lado de la cama sin ella.
Vaya que era un tonto enamorado y me gustaba serlo.
Pasé mi mano por el colchón y luego por las paredes, seguro de mi sorpresa. Cuando terminé de acomodar la cama y de depositar algunos de los juguetes en las repisas, sentí que llegaban con los perros. Los llamados de Agatha y Fred, sumado a la voz de mi chica, hicieron que sintiera el impulso de bajar las escaleras e ir a por ellos.
Cuando me encontré con Bella, ella vino hacia mí y yo la tomé entre mis brazos para llenar su hermoso rostro de besos. Vaya que me parecía hermosa cuando pasaba tanto tiempo sin verla.
—¿Me extrañaste? —preguntó mientras acariciaba mi pecho.
—Como un loco. ¿Y tú?
—Mucho. Te quise conmigo esas dos noches.
Nos sonreímos y besamos.
Agatha y Fred se abalanzaron conmigo y yo los besé también, no sin antes agacharme, en especial frente a mi pequeño Saltarín.
—Oye, te tengo una sorpresa allá arriba, ¿quieres verla?
—¿Para Agatha no habrá? —preguntó, mirándola con temor de hacerla sentir mal.
Sonreí.
—No te preocupes, Fred, que ya papi me ha dado muchas, ¡ahora es tu turno!
Bella arqueó las cejas ante la ternura.
—¿Qué dicen? ¿Vamos?
Los dos asintieron y yo fui primero. Bella los siguió, algo curiosa por mi sorpresa.
—¿Qué te traes entre manos? —preguntó ella.
—Ya verás —respondí—. ¡Vayan al cuarto del fondo!
Permití que fueran ellos quienes abrieran y se encontraran con todo.
—¡Uau! —exclamaron.
Bella entró también y se tapó los labios ante la sorpresa.
—Esta es la nueva habitación de Fred. Quería que te sintieras en tu verdadera casa, así que te compré todo, espero que te haya gustado la decoración.
Fred estaba sin habla, al igual que Bella.
—¡Me encanta, papi! —gritó, viniendo hacia mí.
Yo lo rodeé y le di un par de vueltas mientras sentía que me daba besos.
—¡Es de Frozen! ¡Todo!
—Sé que te gustaba todo eso. Ahora tienes tu propia habitación.
—¡Gracias! ¡Te quiero!
—Yo igual te quiero, Saltarín.
Bella caminó hacia mí y me dio un beso apasionado, tanto que hasta yo quedé desorbitado.
—Gracias por hacer feliz a Fred —susurró, con las lágrimas asomando en sus ojos.
—Te dije que son mi familia.
Sus orbes achocolatados brillaron con mayor intensidad.
Me acabó abrazando más fuerte que Fred, quien rápidamente se bajó de mis brazos para ir con Agatha a la cama y lanzarse mientras reían. Era un pequeño muy feliz y, en parte, porque Bella también lo era. Quería darles lo mejor, porque los amaba como ninguno.
Luego de la sorpresa, Fred y Agatha se fueron a acostar. Yo les leí unos cuentos y cuando regresé vi a Bella durmiendo plácidamente en el sofá, con los perros a sus pies, velando sus sueños. Me paré un momento para contemplarla de brazos cruzados, aferrada a una almohada, e instintivamente sonreí al ver cuán hermosa era a cara limpia. Pasé mi dedo por su mejilla y luego besé su frente, sintiendo su aroma. Sí, la extrañé horrores en dos días, ¿qué más podía suceder si ella y yo nos alejáramos por más tiempo?
Al pensar en eso, fue instantáneo el sentimiento de culpa por no haber sido sincero en su totalidad cuando tuve que hacerlo. Pero, si ella sabía todo, ¿seguiría a mi lado? ¿Me creería? Tuve tanto miedo que temblé. Sabía que era cosa de tiempo, pero me paralizaba la idea de cómo comenzar a hacerlo, si ella realmente creería en mis palabras o en los hechos con los que me incriminaron por tanto tiempo. Perderla era, sin duda, mi mayor temor, uno que me hacía temblar de pies a cabeza. Mi chica lo era todo, todo…
Con el corazón paralizado, la tomé entre mis brazos y la llevé a la cama, y cuando la acomodé y tapé, caminé hacia el escritorio para ponerme a escribir.
.
Hoy, Bella volvía al trabajo y yo tenía que regularizar toda la mierda de la discoteca. Era algo que no planeé, tampoco mi mundo, pero por vengarme de Jasper iba a hacer eso y más.
Luego de pasar las festividades más increíbles en mucho tiempo, el calendario avanzaba tan rápido que ya no me di cuenta cuando estábamos llegando a marzo. ¿En qué momento pasaron tantos días delante de nuestros ojos?
Después de mirarla un buen rato, sosteniendo aquella sonrisa para matarme lentamente, le hice subir a la moto, palpándosela de forma coqueta. Bella me guiñó un ojo y yo mismo la tomé desde las caderas para posicionarla.
—Mi profesora favorita está lista para ir, ¿no es así? —le pregunté, sentándome delante de ella.
Bella pasó su tacón por los músculos de mis piernas, alterándome al segundo. Sabía cómo hacerlo.
—¿Cuándo vas a ver mis charlas? ¿Eh? —inquirió, abrazándome desde el abdomen.
Sonrió.
—Vas a arrepentirte por invitarme a una de tus clases, en serio.
—Pues soy capaz de asumir el costo de aquello. Tú ve y te daré una charla privada, si lo quieres.
Yo encendí la moto para no demostrarle cuán duro me ponía y ella se echó a reír.
—Pues vaya pensando qué clase darme, porque iré como el mejor alumno que usted haya tenido —afirmé, tomándola de los muslos para sentir el roce de sus senos en mi espalda.
Uf, cómo me gustaba.
Me puse el casco y manejé directo hacia la universidad, lugar que de por sí siempre me traía muchos recuerdos. No pensé que iría a parar allá, no hasta que conocí a Bella.
Cuando aparqué, bajé a Bella, quien se quitó el casco de manera sensual, sacudiendo su cabello ante mis ojos. Miré hacia los rincones, esperando no encontrarme con alguien que me conociera, y finalmente la tomé desde las caderas para que chocara conmigo.
—Oye, ¿qué pensarán los demás? Tengo alumnos —ronroneó, pasando sus manos por mi pecho.
—Pues, ¿sabes qué pensarán? Vaya hijo de puta tan afortunado es ese —susurré, rozándole los labios con los míos.
Jadeó.
—Yo diría que la afortunada soy yo.
Me reí y le mordí los labios con suavidad.
—Te vendré a buscar en cuanto salgas, quiero que vayamos a un lugar especial esta noche.
Sus ojos brillaron de entusiasmo.
—Pues aquí te veo —murmuró.
Yo le di un beso apasionado, sabiendo que iba a ponerse nerviosa porque alguien de la universidad la viera perder el sentido conmigo. Yo la solté cuando estuve seguro que ambos estábamos excitados y me puse a carcajear.
—Eres un devorador —dijo, aferrándose a su bolso y dándose la vuelta.
Yo le di una nalgada jugosa, haciéndole saltar.
—¡Edward! —Abrió los ojos.
—¡Te amo! —le grité.
—¡Sht!
Le lancé un beso.
—Y yo te amo a ti —me respondí antes de meterse a la universidad con las mejillas coloradas.
Ah, carajo, qué loco me tenía mi escritora favorita.
Me di la vuelta con los cascos en las manos, dispuesto a irme a casa para ver si podía seguir arreglando el Mustang, pero cuando vi ese coche aparcado cerca del trabajo de Bella, sentí que el corazón me dolía de miedo.
No solía ser un hombre al que el miedo lo paralizara, incluso me consideraba bastante temerario, pero cuando se trataba de ellos y las consecuencias de sus actos, era inevitable sentirme ligeramente congelado.
La máquina hizo un juego de luces y yo supe que no podía dejar que ellos se marcharan como si nada sucediera, por lo que caminé con el aire atascado en mis pulmones. Del coche salieron Eleazer y Carmen Denali, a quienes no deseaba ver nunca. De tan solo recordar sus bajos actos me llenaba de odio.
—Buenas tardes, Edward —me dijo Eleazer, manteniendo la misma mirada fría.
Carmen tenía puestas las gafas y los guantes de cuero, cruzada de brazos mientras se fumaba un cigarrillo.
—Nos vamos de viaje y nos encontramos con que has hecho una nueva vida con esa mujer —susurró ella, quien siempre conservaba aquel suave sonido que contrastaba tanto con su personalidad—. No lo entiendo, habías quedado en un acuerdo, ¿no es así?
Tragué.
—Bueno, te lo recordaré —volvió a susurrar, manteniendo una sonrisa falsa—. Ibas a irte de Chicago e ibas a estar con mi nieta sin putas que reemplazaran a mi hija, o de lo contrario íbamos a hacer lo imposible porque Agatha se quedara con nosotros.
Sí, claro que lo recordaba.
—¿Qué quieren? —espeté.
Me quité los guantes de motocicleta con rabia y di otro paso adelante.
—No es ninguna puta, es mi novia —les aclaré, hirviendo de furia—. Ustedes ya no tienen ningún poder sobre mí, sé que huyen por los desfalcos que han cometido.
Eleazer entrecerró sus ojos, sabiendo que yo tenía razón.
—No juegues con nosotros, es nuestro derecho tener a la nena…
—¡Es mi hija! —grité—. Y si quieren seguir amenazándome, pues háganlo, ya no soy el mismo de antes y ustedes lo saben bien. Recuerden todo lo que sé, y aunque acabaría siendo un cómplice suyo, no importa nada con tal de librar a mi hija de sus putas manos.
—Esa mujer…
—¡Le ponen una mano encima a mi novia y los haré trizas! ¿Me escucharon?
Ambos tragaron, porque eran conscientes de lo que yo era capaz. Ellos me convirtieron en esto.
—No jueguen conmigo, saben de lo que soy capaz por mi familia —afirmé, dándome la vuelta para marcharme.
Mientras caminaba de vuelta a mi moto, me puse a pensar en cómo decirle todo esto a Bella, porque ya era cuestión de tiempo.
Bella POV
Terminé de firmar el último contrato con la cadena distribuidora, la que se encargaría de realizar la promoción del estreno de mi libro en muy poco tiempo. Era increíble como otro de mis proyectos vería la luz.
—Fue un gusto hacer esta asociación con usted, Srta. Swan —afirmó el director, dándome la mano.
—El gusto es mío.
—Vaya preparando la mano para la firma luego de la fiesta de presentación. Apunte la fecha, en junio será todo.
Me reí.
—Lo tengo claro. Muchas gracias.
Crucé la avenida y me dispuse a tomar un taxi hacia mi casa. Cuando pasé por la tienda y vi el periódico de hoy, pensé instantáneamente en los artículos de AC. No habían dejado de aparecer desde la primera vez, y cada vez me gustaba más leerla. Era como si cada día me contara una nueva historia.
—Gracias —dije, luego de que el vendedor me entregara el periódico.
Cuando abrí la sección de su artículo, sonreí extrañada al ver de lo que hablaba: "la dificultad de contar nuestro pasado al amor de nuestra vida". ¿Hablaría desde su experiencia con Jasper? Inmediatamente la llamé, esperando a que me contara si había pasado algo nuevo luego de semanas separados.
—¿Hola? —Se escuchaba mucho ruido.
—¡Bella! ¡Qué sorpresa!
Me reí.
—¿Estás de fiesta?
—¡Sí! —Se acercó el móvil—. Siento el ruido, ¡es que me fui a la playa con amigos!
Fruncí el ceño.
—¿Hace poco?
Se rio.
—¡No! ¡Estoy hace más de tres semanas aquí! Me ha servido muchísimo, ¿por qué?
Tragué.
—Es que no sabía de ti —murmuré—. ¿Y has podido escribir? —pregunté, como quien no quiere la cosa.
—¡Uff! No, nada, no lo hago hace más de un mes, ¡necesito despejarme antes de volver de lleno!
Dejé ir el aire mientras tenía el artículo frente a mí. No, Alice no había escrito esto, ni tampoco los que le antecedían. Pero… Edward había dicho que… Alice me afirmó…
Le corté y con el ceño fruncido me puse a caminar, ahora sin saber qué rumbo tomar. Estaba anonadada. Cuando finalmente recobré el aliento, pude tomar el taxi e irme a casa lo más rápido que pude. En el viaje, me puse a pensar en todo lo que había estado pasando, primero la negativa inicial de Alice, cuando le di las gracias por el artículo y cómo luego cambió sus palabras, alegando que tenía la cabeza en otro lado, luego en cómo Edward me miraba cuando le hablaba de los artículos de AC, como si de alguna u otra forma sintiera mucha culpa, y entonces me puse a indagar más en mis recuerdos, como aquella vez que lo encontré de cara a la laptop.
"Me levanté, incómoda por el frío, y cuando me giré me di cuenta que Edward no estaba a mi lado. Fruncí el ceño y caminé por el pasillo, descubriendo la luz encendida en la habitación de su estudio. Pensé que podría estar leyendo o que se había desvelado, pero lo encontré de cara a la laptop, contemplando algo que había acabado de escribir.
—Cariño, ¿qué haces? —pregunté, asomando la cabeza.
Edward dio un respingo y cerró rápidamente la máquina, dándose la vuelta con los brazos tensos.
—Me asustaste.
Caminé hacia él, algo intrigada por su forma de mirarme.
—¿Pasa algo? ¿Qué hacías?
—Nada, solo… intentaba hacer la lista de peticiones para el cuartel. El coronel irá pronto. ¿Qué pasó? ¿Te has desvelado?
Asentí.
—Sentí frío, no estabas conmigo.
Sonrió y me abrazó.
—Lo siento, tuve un mal sueño y necesita despejarme.
Arqueé las cejas.
—Descuida, todo bien.
Me besó los labios.
—¿Quieres ir a dormir?
—Solo si vas conmigo.
—¿Tienes alguna duda?"
Sentía que todo me daba vueltas. Ahora las cosas comenzaban a tener sentido para mí, lo que en un segundo me hizo sentir enormemente engañada y sí, tonta.
—Señorita, ya llegamos —le recordó el taxista al verla sin reaccionar.
—Lo siento —respondió, entregándole los dólares.
Cuando se bajó y miró su casa, simplemente deseó estar a solas para lo que iba a hacer. Ni siquiera estaba segura de que era buena idea, pero era periodista y sus ganas de saber más eran más.
Y sí, estaba completamente a solas.
Se sentó frente a la laptop y se puso a buscar cuanto fue posible, comenzando por el nombre de Edward. Con el corazón latiendo con rapidez, las búsquedas rápidamente dieron resultado, tanto que no se pudo creer. "Edward Anthony Cullen, mejor conocido como Edward Masen (en honor al apellido de soltera de su madre), realiza la mejor expedición hacia tierras africanas en un potente documental sobre la esclavitud infantil, situación que parece incivilizada en tiempos modernos…".
Me temblaban las manos mientras seguía tecleando y buscando sin parar.
Cuando llegué a la Universidad de Chicago, observando las distinciones que había conseguido luego de ser uno de los mejores alumnos de la facultad de periodismo, sentí que se me caía el mundo a pedazos al descubrir que el hombre al que amaba tenía un pasado que jamás me había contado. ¿Por qué no me dijo algo tan básico? Algo ocultaba.
"Edward Masen gana premio Pulitzer por su reportaje sobre la prostitución infantil en Indonesia", "Edward Masen realiza importante reportaje en medio de Irán, entregándonos desde la BBC, desastrosos pero intensos registros de las vivencias de ese país", "Edward Masen se hace de importante galardón por su obra periodística en contra de los conflictos armados…"
Dejé de leer mientras apretaba los párpados. ¿Quién era Edward? ¡¿Quién era el hombre al que mi hijo llamaba padre?!
—¿Por qué me ocultaste tanto? ¡¿Por qué?! —espeté, tapándome el rostro de rabia.
Miré a la pantalla de mi laptop, sin saber cómo sentirme al respecto.
Me alejé del aparato, sintiendo el temblor en mis manos. No, algo estaba mal. Edward no tenía por qué haberme mentido respecto a eso. ¿Cuál podía ser el motivo? Era…
Tragué, con los ojos fijos en la pantalla, viendo a ese hombre con barba que había hecho historia en un importante segmento de la BBC. Mierda, era Edward, AC era Edward Cullen.
Seguí leyendo la información que salía de él, todas de hace más de siete años.
"El famoso periodista de la cadena BBC, especialista en reportajes bélicos, se sumerge en la guerra de Irak bajo un importante apoyo gráfico…"
Observé las fotografías de Edward, apoyado con un micrófono, con escenas peligrosas detrás de él. No podía despegar mi mirada de todo ello, sentía que no lo conocía, ¡que era un hombre al que apenas sabía el nombre! Recién ahora sabía que mi novio y al que mi hijo llamaba papá con tanto amor, era un periodista muy renombrado en una de las cadenas más proliferativas del mundo, habiendo sido un profesional que se había encargado, durante su carrera, a reportear los lugares en donde la guerra, la hambruna y las diferencias culturales eran más fuertes. ¿Por qué me lo ocultó? ¿Por qué nunca pudo decirme algo tan importante? ¡Y AC había sido Edward, maldita sea!
Seguí revisando lo que había en las páginas, topándome con algo que me revolvió el estómago.
"Famoso periodista de la BBC, Edward Cullen, es declarado culpable de asesinato en contra de su ex novia.
La familia de la víctima acusa que él la golpeaba.
Ambos tenían una hija en común, quien actualmente tiene dos meses…"
Me pasé las manos por el rostro, sin saber qué pensar, tenía un nudo en la garganta. Mi respiración se aceleró, intentando buscar la forma de calmarme, pero era en vano, no dejaba de leer, una y otra vez, que Edward Cullen había sido declarado culpable de asesinato… de su novia… de… de…
Me pasé una mano por el pecho, queriendo arrancarme el corazón.
—No, es… mentira —susurré, sintiendo cómo mis ojos se llenaban de lágrimas.
De pronto, el sonido de la puerta me dejó de piedra, porque a los segundos sentí que caminaba hacia mí, poniendo sus brazos a mi alrededor. Yo estaba congelada.
—¿Qué ocurre, nena? —preguntó, separándose.
Se dio la vuelta para mirarme, pero enseguida se dio cuenta de que algo iba mal, en especial porque en la pantalla de mi laptop salía él.
—¿Cuándo planeabas decirme todo eso? —inquirí.
Edward arrastró lentamente la mirada hacia mí, sin saber cómo responder.
—Edward Anthony Cullen —susurré—. AC.
Tragó.
—¿Es esta la manera de decirme que me amas? —pregunté, elevando mi voz.
—Nena…
—Te conté todo de mí y tú no podías decirme que habías sido un periodista, que tenías una vida en tantos lugares, que… —Boté el aire, furiosa y aterrada—. ¿Realmente te importo?
—Claro que sí, Bella, ¡yo te amo!
—¡Entonces por qué me mentiste! Pasé todos estos días creyendo que era Alice la persona que había escrito ese artículo, ¡pero fuiste tú! —le grité—. Y… y… ahora —tartamudeé, a punto de hiperventilar—. Ahora me entero q-que tú…
Sus ojos se llenaron de lágrimas y quiso tocarme, pero yo caminé hacia atrás.
—¿Qué le hiciste? —pregunté, chillando.
Le vi una lágrima y yo no sabía qué hacer.
—Bella… yo…
—Estuviste en prisión, por eso no pudiste estar con Agatha, ¿esa mujer…? ¿La madre…?
—Nena…
Me pegué a la pared, poniéndome una mano en la boca para no sollozar, pero fue imposible. Edward paró frente a mí, viendo mi miedo, lo que lo estaba destruyendo en pedazos.
—Dime por qué, ¡tú no serías capaz! —gemí, tocándole la quijada—. Tú eres mi Edward, tú… eres un buen hombre…
—Mi amor, yo solo quería defender a Agatha.
Tragué.
—¿Qué?
—No podía decírtelo hasta estar preparado a la posibilidad de que no me creyeras —susurró—. Muchos no lo hicieron. Pero tú… —Me acarició la mejilla con suavidad—. Tú eres la mujer que amo, no podía soportar la idea de que me juzgaras.
Su barbilla tembló y de pronto la Bestia se había derrumbado delante de mí, hecho añicos, destrozado y desconsolado.
—Yo nunca quise hacerle daño, nunca, Bella —sollozó, sacándome un jadeo—, pero mi hija… mi hija… —Tragó de manera audible—. Agatha estaba en peligro por culpa de su madre.
—Edward… ¿Cómo…?
—Su madre iba a matarla.
Se me cayó el mundo a los pies, como si mi vientre bajara y luego subiera, todo esto mientras sentía un sudor helado en mi columna.
—¡¿Qué?! —grité—. ¡¿La… la…?!
Sus cejas arqueadas y el llanto en sus ojos me desestabilizaban. Era un hombre completamente destrozado.
—Déjame contarte, por favor —suplicó.
Yo temblé.
—Hazlo ya —gemí.
—Bella… la madre de Agatha no la amaba.
Comencé a llorar al imaginármelo.
—La golpeó cuando tenía diez días y si no hubiera llegado quizá…
Su rostro se tornó compungido, llanamente hecho jirones.
—Se desquitaba porque yo quería dejarla, porque… me golpeaba a mí también.
Me sentía desfallecer ante el inmenso dolor que sentí en mi interior.
—Edward…
—Nadie me creyó… Nadie escuchó cuando suplicaba que nos protegieran porque… esa mujer pronto iba a matarla si yo no cedía a lo que ella pedía.
Me miró a los ojos y yo sollocé de manera más audible.
—No pensé que decirle que ya no quería estar con ella, fingiendo que la quería cuando jamás había sido así, iba a cambiar completamente todo lo que había construido en mi vida.
Se dejó caer el suelo mientras me miraba, tomándome fuertemente de mis piernas.
—Esa mujer y su familia destrozaron mi vida… la destrozaron… Yo… Por favor, Bella, tienes que escucharme, ¿sí? Bells… Mi amor…
Tragué.
—Gracias a ellos me convertí en Botas Rojas —añadió—. Y me da terror contarte todo porque… no quiero que me dejes. La sola idea me… me…
No pudo seguir hablando, porque el miedo le comía la mirada mientras me sostenía con fuerza, suplicándome que le entendiera.
Buenos días, les traigo un nuevo capítulo de esta historia. La situación como familia de Edward y Bella es tal como ellos querían, el amor es intenso y los pequeños son felices, pero ¿no es el pasado el principal impedimento para que todo al fin se aclare? La situación con lo que fue él años atrás es importante, porque de ello derivan más situaciones y ahora sabemos que él, siendo un periodista reconocido, lo perdió todo. ¿Qué hizo Edward para alejar a esa mujer de su hija? ¿Por qué lo acusaron tan injustamente? ¿Por qué Edward temía contarle de Botas Rojas a Bella? ¿Ella lo comprenderá? ¿Le costará? Solo hay una certeza, en el próximo capítulo saldrá toda la verdad y, además, habrá una sorpresa que seguramente las dejará muy entusiastas. ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas
Agradezco los comentarios de Outtake
Ella Rose McCarthy, anamel, Pam Malfoy Black, Mime Herondale, Belli swan dwyer, cavendano13, Brenda Cullenn, Bell Cullen Hall, Tata XOXO, DanitLuna, Hanna D. L, Diana, Yoliki, rjnavajas, JohaMalfoyCullenLightwoodBane, Rero96, Valevalverde57, freedom2604, Jenni98isa, SeguidoradeChile, Iza, lauritacullenswan, rosycanul10, Tereyasha, PatyMC, valentinadelafuente, jupy, Claurebel, Pancardo, Liz Vidal, Andre22twi, Ilucena928,krisr0405, A ka, Pili, glow0718, nataliastewart, saraipineda44, sheep0294, Yesenia Tovar, Poppy, AnabellaCS, Vanina Iliana, seelie lune, Marce, debynoe12, JMMA, LicetSalvatore, Noriitha, josalq, Nelly McCarthy, Dominic Muoz Leiva, CazaDragones, Fallen Dark Angel 07, carlita16, kathlenayala, damaris14, ELIZABETH, FlorVillu, Gladys Nilda, danielascars, Liliana Macias, caritofornasier, Roxy de roca, CeCiegarcia, Veronica, Meemi Cullen, calia19, liduvina, Bellalphine Black, miop, YessyVL13, LuAnka, johanna22, Mar91, Anghye Taisho, Car Cullen Stewart Pattinson, Vaneaguilar, Diana2GT, AndreaSL, katyta94, Gabi, Smedina, Nat Cullen, keith86, VeroPB97, roberouge, Jocelyn, Duniis, beakis, Olga Javier Hdez, ariyasy, alejandra1987, Elejandra Solis, santa, twilghtter, Abigail, Robaddict28, Elmi, Adriu, Flor Santana, aliciagonzakezsalazar, lunadragneel15, patymdn, DannyVasquezP, Lizdayanna, Kamile PattzCullen, NarMaVeg, Kika, sool21, nydiac10, florcitacullen1, Miranda24, BellaNympha, AleCullenn, keyra100, selenne88, Salveelatun, LizMaratzza, PameHart, LoreVab, Mela Masen, Mayraargo25, isbella cullen's swan, Twilightsecretlove, Fernanda21, VeroG, camilitha Cullen, Esal, Reva4, Celina rojas, bealnum, Tina Lightwood, Jade HSos, kaja0507, Shikara65, Ronnie86, Elizabeth Marie Cullen, Alimrobsten, Angelus285, Srita Cullen Brandon, Annie Cullen Massen, Maca Ugarte Diaz, Leah de Call, Luisa huiniguir, pameita, cary, MariaL8 y Guest, espero volver a leerlas a todas nuevamente por aquí, cada gracias que ustedes me dejan es inmenso para mí, no saben cuán feliz me hacen
Recuerden que quienes dejen un review recibirán un adelanto exclusivo del próximo capítulo vía mensaje privado, y si no tienen cuenta, solo deben dejar su correo, palabra por palabra separada, de lo contrario no se verá
Pueden unirse a mi grupo que se llama "Fanfiction: Baisers Ardents", en donde encontrarás a los personajes, sus atuendos, lugares, encuestas, entre otros, solo debes responder a las preguntas y podrás ingresar
Cariños para todas
Baisers!
