N/A: Ha pasado tiempo desde agosto, pero ¡por fin estoy de vuelta! Dentro de poco cogeré las vacaciones de Navidad, así que tendréis nuevo capítulo antes de lo previsto.
Para refrescar lo acontecido en el anterior capítulo, Narumi se daba cuenta de sus sentimientos hacia Bokuto y Fukurodani conseguía la clasificación para los Nacionales.
Disclaimer: Haikyuu y sus personajes no me pertenecen
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El color de una sinfonía
Capítulo 31
Poner los sentimientos en palabras
Narumi miró por encima del hombro de Takato y posó sus ojos sobre Bokuto. El chico estaba a unos metros de distancia de ellos y charlaba animadamente con compañeros de su clase.
—No estés nerviosa —Takato captó su atención pasándole su mano por delante de los ojos.
—No estoy nerviosa. He entrenado mucho.
—Sabes que no me refiero a la carrera —Takato le dio un beso en el pelo y se alejó de ella para regresar con el grupo de su clase. Cómo le conocía… Narumi curvó la comisura de sus labios hacia arriba, ligeramente avergonzada por el gesto cariñoso del chico y sin saber que alguien, desde lejos, había sido testigo de aquel beso.
Narumi buscó entre la multitud de estudiantes a sus compañeros de clase. Estaban ya en la pista. Uno de ellos, Sugihara, daba la última arenga antes de que iniciara la carrera de relevos, el último acontecimiento del festival deportivo. Narumi no era la que tenía mejor tiempo de los cuatro, pero tampoco el peor, así que correría en la tercera etapa.
Cuando los profesores les dieron la orden, cada uno se colocó en su línea. Podía haberle dicho a Takato que no estaba nerviosa por la carrera, ya que en realidad tenía otras cosas en mente, pero, en cuanto escuchó el pistoletazo de salida, el hormigueo de su estómago se incrementó. A lo lejos, podía escuchar los gritos de sus compañeros, animando.
"¡Y la Clase 6 de segundo curso es la primera en dar el relevo!"
Bien, pensó Narumi, apretando los puños con fuerza. Iban líderes y eso era una buena noticia. Su mejor corredor era Sugihara, que sería quien haría la cuarta y última etapa de los relevos. Si en los dos tramos que siguientes podían mantenerse entre los tres primeros puestos, tendrían muchas oportunidades de ganar.
Narumi se preocupó cuando los dos primeros en pasar el relevo a sus compañeros fueron alumnos de otras clases. Frunció ligeramente el ceño y se puso en posición para recibir. Notó que Miura no corría de forma normal.
—Me he hecho daño en la salida —le confesó el chico con el aliento entrecortado. Narumi se limitó a asentir y a prácticamente arrebatarle la cinta de la mano. Ya habían perdido demasiado tiempo y habían caído varias posiciones.
Narumi había estado entrenando todos los días con Takato en el último mes, tras la finalización de las clases. El chico le había dado algunos consejos para correr mejor y se había dedicado a cronometrar sus tiempos. A ello había que sumarle que, las dos semanas previas al festival deportivo, Sugihara les había citado para entrenar también. Al pertenecer al Club de Atletismo, el chico sabía varios trucos que les habían ayudado mucho a mejorar la forma en la que corrían. Él, con diferencia, tenía el mejor tiempo y habían tomado la decisión de que él fuera el encargado del último tramo. Y, por eso precisamente, porque Narumi había entrenado tanto, no quería decepcionar a ninguno de sus compañeros. Se había ofrecido como voluntaria para participar en un impulso por seguir el consejo de Anri y tenía que dar la cara lo máximo posible.
Narumi estaba tan concentrada en correr, en darle fuerza a sus zancadas, que ni siquiera fue consciente de que logró pasar a dos compañeros. Los pulmones le quemaban y sentía los latidos de su corazón en los oídos, por lo que tampoco escuchó los gritos de ánimo de Sugihara.
—¡Vamos, Narumi! —gritó Takato desde una de las vallas.
—Tío, anima a los de nuestra clase —protestó un compañero.
—Pedón —Takato se rascó la nuca avergonzado y sonrió con inocencia. Notó, de repente, que alguien le observaba. Bokuto apartó la vista tan pronto como Takato y él cruzaron miradas.
Cuando Narumi le pasó la cinta a Sugihara, apoyó las manos en sus rodillas, agotada. Daba grandes bocanadas de aire, intentando obviar el dolor que sentía en las costillas.
—¡Qué pasada, Matsuyama-san! —Miura, acompañado de Araki, que había corrido la primera, le lanzó una botella de agua que a duras apenas logró atrapar en el aire— ¡Hemos entrado terceros!
—Akaashi-san está controlando los tiempos, pero creo que has superado tu marca personal con creces. Ha sido impresionante.
Narumi se limitó a hacerles un gesto con la mano, incapaz de hablar. Abrió la botella y dio un trago, dejando que el agua refrescara su garganta seca. Cuando logró recuperar algo el aliento, levantó la vista para ver cómo Sugihara adelantaba a un chico de tercer curso hasta colocarse en segunda posición. Sus compañeros, Miura y Araki, gritaron a su lado, insuflando ánimos al muchacho, aunque, seguramente, con el jaleo que estaban montando todos los estudiantes de Fukurodani, no podía escucharlos.
Las zancadas de Sugihara eran amplias, parecía que volara en dirección a la meta. El tramo final fue emocionante, pues en pocos segundos ya estaba prácticamente a la par de la estudiante que lideraba la carrera. Sugihara hizo un último esfuerzo, apretó los dientes con fuerza y, finalmente, logró superar a la chica, dejando a la Clase 6 en primera posición. Miura y Araki abrazaron a con entusiasmo a Narumi. Su compañera ,Araki, le tomó la mano para que se uniera a Miura y ella en la carrera hacia el resto de la clase, que ya estaba celebrando la victoria en la meta.
Narumi se sentía abrumada. Todos sus compañeros de clase, con los que nunca se había relacionado, la recibieron como a una más. Sonrió avergonzada cuando algunos de ellos se acercaron para felicitarle por su duro trabajo.
—Ay, ¡que estoy muy sudada! —protestó Narumi cuando Takato la abrazó con fuerza.
—¿De verdad crees que después de todo lo que hemos pasado juntos eso me lo va a impedir? —el chico le apretó con más fuerza, provocando en Narumi una leve risita, ajena a quien pudiera estar viéndolos.
—Muchas gracias, Nakahara —Sugihara se acercó—. Matsuyama-san nos dijo que le habías estado ayudando y no tenías por qué hacerlo.
—Ya, bueno —el chico se rascó la nuca—. Ahora tendré que comprar a toda mi clase bollitos de carne para compensarlos.
—Pero tú, Miura —Sugihara se giró hacia su compañero—, ¿¡cuántas veces te he dicho que calentaras bien!?
Miura, que estaba intentando esconderse, se detuvo inmediatamente. Los dos chicos comenzaron a discutir, despertando las carcajadas del resto de sus compañeros. Narumi rió también, sintiéndose, por primera vez desde que había empezado la preparatoria, parte del grupo y de algo importante.
—¡Naru-chan! —Anri se colgó de su cuello— ¡Enhorabuena!
—Enhorabuena, Matsuyama-san —Washio estaba detrás de Anri. Junto a él, estaban Akari y el resto de chicos del equipo de volleyball, que parecía que habían escogido a Washio como su portavoz.
—Gracias —Narumi sonrió de forma gentil, lo que provocó una sonrisa también en el resto del grupo ante su respuesta positiva. Las cosas habían estado difíciles desde el final del verano, pero todos habían seguido los progresos de Narumi por boca de Anri. La chica les había invitado a hablar con Narumi, porque sabía que los recibiría de buena gana.
—Has estado genial, Matsuyama —Komi se acercó a ella y le dio una palmadita en la espalda con total confianza—. ¿Has pensado unirte al Club de Atletismo?
—Pero qué dices —Narumi rió—. Eres un exagerado.
—Es que el pobre tiene las piernas cortas y no puede correr mucho, así que ve a alguien un poco más veloz que él y ya se cree que es Usain Bolt —se burló Sarukui, despertando una carcajada en el resto del grupo.
—¡No te pases!
Los piques y las bromas se habían instalado en el grupo y Narumi, igual que antes, formaba parte de ellas. Era como si nada hubiera pasado, como si nunca se hubiera alejado de ellos. Podía hablar con ellos, reír y sonreír de forma mucho más natural que como lo hacía antes. Ellos también lo habían notado, que Narumi estaba diferente, que incluso había cambiado para mejor, pero tampoco les importaba demasiado. Habían recuperado a su amiga tras haberle dejado su espacio y eso era la único que importaba.
—Matsuyama-san —intervino Akaashi, que, hasta ese momento, había actuado como mero espectador—, deberías ir a abrigarte un poco. Cogerás frío.
—Ah, sí —la chica recordó que solo lleva puestos el pantalón corto y la camiseta de manga corta que les entregaban como parte de la ropa deportiva de Fukurodani.
Narumi dio un vistazo rápido a su alrededor. Takato ya no estaba a su lado, sino que se había apartado de ellos y estaba charlando con su grupo de amigos del equipo de fútbol. Pero Narumi sintió que todavía le faltaba alguien. Bokuto no estaba.
—En la tercera planta —le susurró Akaashi al oído. Los ojos de Narumi brillaron. Era como si el chico le hubiera leído el pensamiento.
Sin mediar palabra. Narumi salió corriendo hacia el edificio con su corazón desbocado. En el vestuario se secó el sudor y se puso el chándal completo para abrigarse. Se lavó la cara y se miró en el espejo, intentando insuflarse ánimo. No tenía muy claro cómo pediría disculpas a Bokuto por todo el daño que le había hecho, pero sabía que tenía que hacerlo, él era el que más lo merecía. Takato le había prometido que todo iba a salir bien, que solo tenía que ser sincera y quería creer en sus palabras.
Tal y cómo Akaashi le había compartido, Narumi subió hasta la tercera planta. De todas las aulas que se extendían a lo largo del pasillo, la muchacha supuso con acierto que estaría en su clase. Se asomó, ganando el coraje suficiente para enfrentarlo, pero entonces se quedó muda. Bokuto estaba sentado en el quicio de una de las ventanas. Observaba con cierto aire de tristeza a través del cristal. Los rayos naranjas del sol otoñal iluminaban ligeramente su rostro. Narumi sintió que le daba un vuelco el corazón, que sus fuerzas le abandonaban.
Bokuto, por el rabillo del ojo, captó la silueta de alguien.
—Matsuyama —pronunció el chico sorprendido cuando sus miradas se encontraron.
Narumi sintió que las piernas le temblaban. Bokuto se incorporó al notar cómo el rostro de la chica había palidecido, pero, cuando dio un paso hacia la puerta, Narumi la intentó cerrar. Bokuto intentó impedirlo y, antes de que la cerrara del todo, Bokuto logró detenerla, pero no hizo amago tampoco por volver a abrirla del todo, porque entendió al instante que la chica estaba temerosa por estar con él a solas.
Narumi sentía el latido de su corazón en los oídos. Bokuto estaba ahí, al otro lado, y, aun así, lo sentía muy lejos. Qué guapo estaba bajo aquella luz y qué cruel había sido ella con él.
—Lo lamento —Narumi se quedó boquiabierta cuando Bokuto pronunció esas palabras. El capitán dio un paso atrás, alejándose un poco de la puerta y dejándola entreabierta, respetando el espacio que Narumi había establecido entre ellos—. Siento haberte causado tantos problemas y haber hablado tanto sin considerar tus sentimientos.
¿Pero qué está diciendo?, se preguntó Narumi.
—Si tienes que decirme algo, hazlo, por favor —prosiguió el chico—. Quiero escucharlo, sea lo que sea.
Narumi sentía que las palabras se habían atascado en su garganta. ¿Por qué se disculpaba con ella? No era así cómo se había imaginado la conversación en su cabeza.
—Si buscas a Hanazawa estará abajo seguramente, con Uchimura.
—¡N-No! ¡He venido a verte a ti! He venido porque necesito decirte algo a ti —Narumi se apoyó en la puerta, avergonzada por su propia actitud infantil—. Solo necesito que me escuches. ¿Te parece bien?
—Me parece bien.
—Bokuto-san, desde el accidente que sufrió mi hermano me aislé del mundo. Me sentía tremendamente mal conmigo misma y no me sentía feliz con nada de lo que tenía. Cuando tú me defendiste aquel día en el tren y te di las gracias con esas galletas, tu amplia sonrisa me hizo inmensamente feliz. Yo no buscaba amigos, pero aun así, tú trajiste color a mi vida, tú cambiaste mi mundo. Y, a pesar de eso —Narumi apretó los puños con fuerza—, yo he hecho lo totalmente opuesto. Te dije cosas horribles, cargué mi ira contra ti, intenté apagar esa luz que tienes. Por eso, sé que con una sola disculpa no será suficiente. Te mereces algo más —las lágrimas comenzaron a caer. Su mente se había quedado en blanco y estaba dejando que el corazón hablara por ella—. Gracias por sonreírme. Gracias por hablarme, por ser amable conmigo. Gracias por haberme hecho experimentar emociones y sensaciones nuevas.
Bokuto contuvo la respiración. A través del hueco de la puerta, notó cómo el cuerpo de Narumi, encogido y apoyado contra ella, temblaba con violencia.
—Matsuya-
—¡Te quiero!
Bokuto abrió ligeramente la boca por la sorpresa, pero no estaba muy seguro de haber escuchado bien. Se hizo un breve silencio entre ellos, pues todavía en Narumi estaba calando su propia realización de lo fuertes que eran sus sentimientos hacia él.
—Te quiero —repitió convencida—. Te quiero. Te quiero. Te quiero —la voz de Narumi se quebró por completo. Las lágrimas, que ya habían empezado a asomar desde hacía varios minutos, se acumulaban en sus ojos, emborronando su visión—. Te quiero. Y es muy difícil expresar lo profundos que son mis sentimientos. No sé cómo ponerlos en palabras. Pero te quiero. Estoy enamorada de ti.
Te quiero.
Aquellas dos palabras se repitieron en la cabeza de Bokuto. Matsuyama Narumi se acababa de confesar y él, en cambio, se había pasado parte de la tarde pensando que entre Matsuyama y Nakahara había vuelto a nacer algo, por lo que había preferido refugiarse en su clase para no tener que verlo.
Menudo idiota había sido.
No tenía muy claro qué era lo que debía decir o hacer, así que se movió por instinto. Haciendo uso de su fuerza, abrió la puerta del aula de par en par. Narumi le miró encogida, ligeramente asustada y temerosa por saber cuál sería su reacción. Sus grandes y redondos ojos marrones estaban hinchados por el llanto. A Bokuto, aun así, le pareció que estaba preciosa. Le tomó por el brazo derecho con fuerza y tiró de ella hacia el interior del aula para cerrar de nuevo la puerta. Narumi trastabilló un poco, intentando mantener el equilibrio, pero rápidamente sintió estabilidad y el calor de los brazos de Bokuto alrededor de su cuerpo, abrazándola con fuerza. Narumi se sentía abrumada y, aunque quiso no hacerlo, volvió a llorar, devolviendo el abrazo a Bokuto y aferrándose con fuerza a su chaqueta del chándal.
Cuando Narumi logró poner medianamente en orden todo lo que sentía, levantó lentamente la vista, encontrándose con la sonrisa genuina de Bokuto. El chico le limpió una lágrima que todavía caía por su mejilla con el pulgar.
—Lo siento —murmuró Narumi de nuevo. Bokuto negó con la cabeza y apoyó su frente contra la de Narumi, rozando ligeramente su nariz con la de ella.
Narumi sentía el aliento de Bokuto muy cerca. Se puso de puntillas, intentando acortar del todo la escasa distancia que los separaba. Narumi dudó, pero Bokuto no se movió cuando sus labios se rozaron. Quizás él sentía lo mismo por ella.
—Hey, Bokuto.
La puerta del aula se abrió de golpe. Bokuto y Narumi dieron un respingo y se alejaron rápidamente el uno del otro. Narumi se dio la vuelta, quedando de espaldas para que Komi, que acababa de entrar, no viera todavía su rostro enrojecido por el llanto y, además, por la vergüenza de haber estado a punto de besar a Bokuto.
—¡Anda, Matsuyama, pero si estás aquí! ¿Estás bien? —le preguntó libero, que en seguida notó que la chica estaba algo rara.
—S-Sí —Narumi se limpió el rostro con la palma de sus manos.
—¿He interrumpido algo? —Komi enarcó una ceja. Notaba la atmósfera algo rara.
—¡Qué va! —intervino Bokuto— Solo hablábamos.
—¿Habéis hecho las paces? ¡Eso es genial! Venía a por ti, no sabíamos dónde estabas. Vamos a cenar por ahí. ¿Te vienes, Matsuyama?
Narumi miró por encima de su hombro. Sus ojos se posaron brevemente en Bokuto, quien sonrió con timidez.
—Cla-Claro.
—Pues hala, vamos, que nos morimos de hambre.
Los dos chicos abandonaron el aula en seguida. Narumi, aun así, permaneció unos segundos más en su interior, intentando calmar los acelerados latidos se su corazón hasta que Komi dio un grito llamándola para que se diera prisa.
Fuera, el resto del grupo los esperaba. Al ver a Komi acompañado de Bokuto y Narumi, todos los miraron con sorpresa, pero contentos de que las cosas se hubieran arreglado por fin entre los dos.
—Esperad —Narumi los llamó mientras se dirigían hacia la puerta del centro—. Yo… Necesito deciros algo —jugueteó con sus dedos, incómoda. Debía disculparse con ellos también por haber dejado de hablarlos de un día para otro.
—No tienes que decir nada —respondió Washio con simpleza.
—Aunque quieras disculparte, no vamos a aceptar esas disculpas porque nosotros no tenemos nada que perdonarte —Sarukui sonrió de medio lado.
El grupo siguió caminando, como si no hubiera sucedido nada. Aquello dejaba a Narumi muy desconcertada.
—¿Y bien? —Akaashi estaba parado a su lado, había sido el único que no había seguido caminando.
—Lo siento, Akaashi-san. Siento que hayas tenido que estar en medio de todo esto y haber cargado parte de mi frustración contra ti. Gracias por actuar como la voz de mi conciencia, tus palabras me hicieron reflexionar mucho—Narumi agachó la mirada, apesadumbrada, por lo que no vio cómo las comisuras de los labios de Akaashi se curvaron ligeramente hacia arriba.
—Te perdono, Matsuyama-san —pronunció, poniendo de forma cariñosa su mano en la cabeza de Narumi—. Te echaba de menos.
Aquellas palabras llenaron de felicidad a la muchacha.
—Yo también te he echado de menos, Akaashi-san—la chica abrazó con fuerza el brazo de Akaashi y reanudaron la marcha para ponerse cuanto antes a la altura del resto.
Aunque al resto no vieran necesaria una disculpa por parte de Narumi, ella sentía que se lo debía. Sabía que Akaashi se la había exigido porque él tenía la certeza de que ella, así, se quedaría más tranquila, que sentiría que había saldado parte de la deuda que sentía que tenía hacia ellos. Después de casi dos años junto al chico, a Narumi todavía le sorprendía lo mucho que Akaashi la conocía.
Pero, lo que más le sorprendía era que, a pesar de haber estado un mes sin dirigir a sus amigos la palabra, todos actuaban como si esas semanas no hubieran ocurrido. Entre ellos todo seguía igual, Narumi se sentía parte del grupo y estaba riendo y bromeando como antes. Era muy afortunada por tenerlos en su vida y se alegraba de haber podido abrir los ojos a tiempo para darse cuenta de lo que tenía.
—Tengo que hacer antes una cosa —mencionó Bokuto de repente—. Id tirando, luego os alcanzo.
Antes de cualquiera pudiera decirle algo, Bokuto salió corriendo en dirección contraria. Sarukui se encogió de hombros y siguió caminando, seguido por el resto. Narumi dudó unos instantes, pero los acompañó. Quizás no todo iba a volver a ser normal con todos. Entre Bokuto y ella habían pasado muchas cosas.
Bokuto se metió en una pequeña tienda de ultramarinos. Dentro estaban algunos miembros del equipo de fútbol de Fukurodani, quienes lo observaron con curiosidad. Nakahara estaba entre ellos.
—Perdonad —se disculpó el chico—, tengo que tratar antes unos asuntos.
Nakahara le hizo un gesto para que fueran a la parte trasera de la tienda. El muchacho abrió una estrecha puerta y salió a un callejón.
—Te he visto ir con todo el grupo, Narumi incluida —el chico metió las manos en los bolsillos de su pantalón—. Aquí tendremos más intimidad. Imagino que querrás hablar.
—¿Lo sabías?
—Claro.
—¿Y no te molesta?
—¿Por qué me iba a molestar?
—Matsuyama se ha confesado.
Takato guardó silencio por unos instantes, pero no parecía sorprendido.
—Sé que te importa Matsuyama —prosiguió Bokuto—, así que gracias por haber estado con ella todo este tiempo. Estaba muy dolido por todo lo que pasó, así que no me sentía con fuerzas como para luchar por ella como me pediste.
—Narumi es mi familia, Bokuto, tenlo claro. No voy a renunciar nunca a ella ni voy a consentir que nada ni nadie le haga daño. Pero no estoy enamorado de ella si es eso lo que te preocupa, eso ya pasó. He movido página y soy consciente de que lo que necesita ahora mismo para ser feliz eres tú, por mucho que me parezcas un idiota. Ahora eres tú el que tiene que asimilar esa confesión de Narumi y los dos necesitáis poner en orden vuestros sentimientos, así que no voy a intervenir más. Lo que pase a partir de ahora entre los dos es cosa vuestra.
—Eres un buen tipo, Nakahara.
—Ya, bueno —el chico chasqueó la lengua. Pasó por el lado de Bokuto hacia la puerta—.No necesito que alguien como tú me lo diga —pronunció antes de regresar al interior de la tienda.
Bokuto levantó la mirada. Ya era de noche, pero en el cielo de Tokyo no se veía ni una estrella.
Poner en orden sus sentimientos por Matsuyama… Bokuto no tenía nada claro cómo podía hacerlo. Lo único de lo que tenía la certeza era que no sería nada sencillo para ambos volver a quedarse a solas a partir de ahora.
"Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta"
— Sam Keen
¡Nos leemos!
