EN BUSCA DE LA FELICIDAD
CAPITULO XXIV
Eliza se encontraba en su habitación triste por la situación por la que estaba atravesando, y más pesar sentía cuando recordaba que Candy estaba esperando a su primer bebé ¿Por qué ella sí y ella no? Seguía con ese rencor que había nacido por Candy desde el primer día que se cruzó en su camino y que había incrementado cuando Anthony la había preferido a ella. Michael la había mantenido más tranquila y más desde que su madre y Neal se habían ido a vivir a Florida, no tenía con quien descargar ese coraje nato en ella y con quien organizar nuevas maldades para hacer sufrir a la huérfana de Ponny, su esposo había sabido manejarla bien y aunque ella había sabido controlarse la noticia de que no podría ser madre la había devastado, sumiéndola en una depresión que le resultaba difícil superar. Tenía miedo, miedo de que Michael la dejara por otra mujer que si pudiera darle el tan anhelado heredero y había sido regañada por su madre al decirle que era mejor que no tuviera hijos para que así no perdiera su bella figura, su madre siempre tan estética y poco sutil.
Michael entraba al cuarto de su esposa para hablar con ella y plantearle lo que Anthony le había dicho, sabía que no sería fácil hacerlo, pero era algo que él estaba dispuesto llevar a cabo con tal de no divorciarse de aquella chica berrinchuda que a pesar de todo él amaba, después de la partida de sus padres y hermano había sido un poco más fácil tenerla tranquila lejos de las maldades que estaba acostumbrada a hacer y si se iban a Nueva York con un hijo tal vez sería del todo suficiente para que ella cambiara de actitud.
-Eliza, amor. – Dijo con pena al verla en ese estado. Eliza no respondió temerosa de que él le hablara de la separación que veía inminente. – Necesito hablar contigo. – Le decía con tranquilidad, Eliza se acercó a él abrazándolo y llorando en su pecho.
-¡Perdóname! – Fue lo primero que atinó a decir la morena, llenando sus ojos de lágrimas en cuanto tocó el torso de su marido.
-¿Perdonarte? ¿Por qué? – Le dijo tomando su rostro para que lo viera a los ojos.
-Por no ser lo suficiente mujer para darte un hijo. – Dijo cerrando los ojos y tratando de huir de sus brazos.
-Eso es algo que tú no tienes la culpa, además yo no te reprocho eso, sé que tú sufres tanto como yo, pero esto es algo que podemos enfrentar juntos. – Le decía mientras ella abría los ojos sorprendida de sus palabras, ella esperaba que la rechazara y la corriera de su lado, ella hubiera hecho eso si hubiera sido él el del problema y sin dudarlo si quiera, sin embargo ese hombre le estaba dando una demostración del amor que decía tenerle.
-¿Lo dices en serio? – Le preguntó con cierta alegría en sus ojos, los cuales ya no reflejaban miedo como había sentido los últimos días desde que se enteró que tenía un padecimiento que si bien no era genético era una malformación de nacimiento, que le impedía poder procrear vida.
-Claro que sí Eliza, ya te lo dije, te amo y no voy a dejarte por esto, yo te elegí como mi compañera de vida y por eso he buscado otras alternativas para poder otorgarte el hijo que ambos deseamos.
Las barreras de la soberbia cayeron de Eliza al escuchar las palabras que él le había dicho, era verdad él la había elegido también a ella, sino desde hace tiempo la hubiera dejado, más sin embargo seguía con ella y eso era una demostración del amor que tenía, un amor que ella no había sabido valorar más sin embargo estaba ahí junto a ella y ahora lo veía de otra forma. Ella sí quería ser madre y quería darle a su esposo un hijo fruto de su amor, de su pasión, pero eso no podía ser posible ¿Qué opción le quedaba? ¿Aceptar que él tuviera un hijo con otra mujer y ella criarlo? ¡No! ¡Ni pensarlo! Ella no soportaría que su esposo tuviera una aventura con otra mujer solo por tener un hijo de su sangre, primero prefería abandonarlo que aceptar algo así.
-¿A qué te refieres? – Preguntó con los nervios a flor de piel, poniéndose un escudo al preparase para escuchar las palabras que tenía que decir Michael.
-Podemos adoptar, Eliza. – Dijo con la esperanza de que ella accediera, pero sabía que sería difícil de que lo hiciera.
-¿Adoptar? – Preguntó asombrada, que irónica era la vida, ella que siempre había despreciado a la huérfana de Ponny ahora la vida la ponía en esa encrucijada de elegir si sus hijos fueran adoptados, solo por el hecho de haber nacido estéril. Tal vez la vida era justa, y no quería que la mala semilla de esa muchacha siguiera su curso, tal vez le estaba dando una oportunidad de cambiar su forma de ser gracias al maravilloso esposo que le había tocado. -¡No quiero! – Dijo rotundamente, sin dar marcha atrás a sus palabras.
-¿Estás segura amor? Hay muchos niños que necesitan de amor y cariño, nosotros podemos hacerlo. – Le decía esperanzado, no se iba a dar por vencido tan fácilmente.
-¿Y si yo no puedo amar a ese niño? – Sabía que ella tenía maldad en su corazón, no sabía si amaría a su propio hijo o sabría cuidarlo ¿Quién le aseguraría que podría cuidar a uno ajeno?
-¿Qué dices? Eliza ¿Tú quieres ser madre? – Preguntó con miedo.
-Yo quería darte un hijo a ti Michael, un hijo de ambos. – Dijo siendo sincera, había despertado en ella el instinto materno al ver a sus amigas felices y contentas con sus retoños.
-Podría ser de ambos, un hijo de corazón de los dos. – Le dijo seguro.
-¿Un hijo de corazón? – Michael asintió, viendo como esas palabras calaban en lo hondo del corazón de Eliza. -¿Estás seguro?
-Yo estoy seguro Eliza, si tú quieres te daré tiempo para que lo medites, no me contestes aún, solo piénsalo por favor. – Le dijo abrazándola con ternura y cobijándola entre sus brazos proporcionándole el calor que su cuerpo anhelaba ya que tenía días que no podía estar cerca de ella por la tristeza que sentía habiéndose ella encerrado en su alcoba para llorar su pena. La llevó a la cama y la llenó de caricias tiernas y delicadas, encontrando a una Eliza vulnerable y necesitada de amor, no le negó su cercanía, ni le negó sus caricias, al contrario le ofreció su cuerpo y sus besos dejándose envolver por la pasión que su esposo le despertaba y que en ese momento anhelaba bastante.
Anthony llegaba a su hogar pensativo, después de hablar con Michael su nobleza le impedía sentirse ajeno al dolor que estaba pasando su prima, llegó con la rosa roja en sus manos y siendo sorprendido por la mirada de su esposa quien lo veía confundida por su expresión.
-Amor ¿Qué sucede? – Preguntó con miedo. - ¿Ha sucedido algo malo?
-No princesa, no te preocupes, todo está bien. – Dijo mostrando su hermosa sonrisa y abrazando fuertemente a su esposa acurrucándola en su pecho.
-¿Qué sucede Anthony? Me estas asustando. – Dijo intranquila al ver la reacción que tenía su esposo.
La besó con infinita dulzura y le acunó el rostro con mucho cuidado.
-Gracias hermosa, muchas gracias. – Le dijo con amor.
-Anthony… - Le decía mientras le daba el paso para que le explicara esa reacción que tenía, puso la rosa junto a las obtenidas en la semana y lo tomó de la mano llevándolo a la pequeña sala para hablar con él. -¿Qué ha pasado? – Le preguntó intranquila.
-Nada malo amor, por lo menos no para nosotros.
-¿Entonces? – Preguntó igual de intranquila.
-Gracias amor, por darme la dicha de poder ser padre. – Le dijo nuevamente abrazándola y besando su vientre mientras lo acariciaba con amor.
-¿Qué sucede Anthony?
Anthony le relató el encuentro que había tenido con Michael y la necesidad que tenía de hablar sobre lo que estaban pasando, se sintió bendecido por lo que la vida ahora le regalaba y sentía pena por lo que estaban pasando ellos, era algo que no podían evitar sentir, ambos eran unos chicos nobles de corazón y sentir empatía por las personas era algo que siempre hacían, no podían evitar hacerlo, ambos eran así nobles y buenos.
-Me da pena por Eliza, a pesar de todo lo que me ha hecho, yo no le deseo un mal y mucho menos algo así, pero estoy de acuerdo contigo, hay muchos niños que necesitan amor y cariño en el mundo. – Dijo Candy pensando en todos los niños del hogar de Ponny y que no todos habían tenido la dicha de ser adoptados, unos habían crecido y habían tomado su propio camino solos sin nadie que los cuidara, aprendiendo a ser independientes, otros los habían sacado de ahí solo para trabajar, otros más habían corrido la suerte de ser adoptados por buenas familias y muchos más estaban ahí a la espera de un alma caritativa que los quisiera para ser parte de su familia. Candy se había quedado pensando en cada uno de los niños del hogar.
-¿En qué piensas amor?
-En los niños del hogar, ¿Crees que Eliza se decida a adoptar a alguno? – Preguntó Candy dudosa.
-No lo sé amor, es una opción que le di al Doctor Lawler, para él y su esposa, me dio pena escuchar que ella esperaba con ansias el ser madre y fue lo primero que se me ocurrió y más al ver que Michael pensaba en pedirle el divorcio.
-¿La iba a dejar por eso? – Preguntó asombrada porque no esperaba eso de Michael.
-Me dijo que era para que ella buscara ser feliz, pero sé que a los ojos de los demás sería porque él quisiera tener un hijo de su propia sangre.
-¿Anthony tú me dejarías si no pudiera darte hijos? – Preguntó con cierta pena por la pregunta tan tonta que había formulado y que ya que la había dicho comprendió que sonaba ridícula.
-Hermosa, sabes bien que para mí ningún motivo sería suficiente para abandonarte, bueno solo uno. – Dijo siendo honesto.
-¿Y cuál sería ese motivo? – Preguntó curiosa.
-Que tú decidieras que no quieres estar a mi lado, si tú hubieras decidido quedarte con Grandchester yo lo hubiera aceptado, únicamente así me hubiera ido de tu lado aunque yo me muriera por dentro. – Le dijo mirándola a los ojos.
-Sabes bien que eso sería imposible, yo te amo y siempre te he amado, y aunque tú quisieras deshacerte de mí no te sería tan fácil. – Le dijo bromeando y arrojándose a sus brazos para besarlo por todo el rostro, mientras Anthony reía feliz por la travesura de su esposa. Y era verdad, tanto Anthony hubiera decidido hacerse a un lado para que ella fuera feliz, aunque no fuera a su lado, como Candy no hubiera renunciado a él tan fácilmente, ella siempre lo había mantenido en su corazón y no quería seguir renunciando a la felicidad, no después de haberse reencontrado con su príncipe de las rosas.
Decidieron salir a visitar a la tía abuela, hacía días que no la veían y querían compartir con ella un poco ya que debería de sentirse algo sola en la mansión más aún desde que Stear se había ido de luna de miel, Albert y Dorothy habían ido a pasar unos días a Lakewood y solo el pobre de Archie quedaba en la gran mansión de Chicago acompañando a la vieja Elroy, quien de vez en cuando recibía la visita del viejo señor Simmons, la cual cada vez se hacía más constante, ellos le habían sugerido que se mudara a la mansión de Lakewood definitivamente pero no quería estar sola allá aunque le llamaba la atención bastante estar más cerca de su nueva ilusión.
-Buenas tardes tía abuela. – Decían siendo recibidos con un fuerte abrazo de alegría por parte de la matriarca.
-Buenas tardes Anthony, Candy. – Decía la vieja emocionada de verlos y sobre todo de poder tocar el vientre de Candy, le emocionaba saber que tendría un bisnieto de su adorado Anthony, ella siempre amó a Anthony más que a ninguno, inclusive más que a Albert al cual había criado desde muy pequeño, pero Anthony había llegado a ella desde su nacimiento y desde la muerte de su madre le había hecho nacer en ella el amor de madre que nunca pudo desarrollar en su vientre, y aunque los consideraba a todos unos hijos Anthony era el consentido, y al haberlo perdido la había sumido en una depresión constante junto con una amargura que iba creciendo al paso de los años, pero al volver a ver a su pequeño le había regresado las ganas de vivir y las barreras que se había forjado de piedra en su corazón se cayeron desmoronándose de golpe y más aún al saber que ese pequeño que tanto adoraba ahora le daría la dicha de hacerla bisabuela. – Que alegría de verlos, ¿Cómo han estado? – Decía emocionada la matriarca.
-Muy bien tía abuela, venimos a pasar la tarde con usted.
-Me alegra mucho que se acuerden de mí, me han tenido muy abandonada. – Les decía con cierto reproche.
-No diga eso tía abuela, lo que sucede es que Anthony ha tenido mucho trabajo en el hospital. – Decía Candy justificando sus ausencias.
-Es verdad tía abuela y más ahora que necesitaré unos días para Navidad.
-Eso lo puedo entender, pero ¿Y tú Candy? ¿Por qué no vienes a verme? Me gustaría que vinieras a verme en las mañanas, o antes de que llegue Anthony del trabajo.
-Tiene razón tía abuela, yo haré lo posible por venir más seguido.
-Es más, yo te enviaré a mi chófer para que no batalles, y menos con mi bisnieto, tienes que cuidarte mucho pequeña ya que no quieren venirse a vivir aquí conmigo. – Decía siendo honesta con su sentir y reflejando ante los ojos de sus nietos que se sentía muy sola.
-¡Buenas tardes muchachos! – Decía un elegante y feliz Archie que iba entrando también a la mansión.
-Buenas tardes Archie. – Dijo Anthony recibiéndolo con un cálido abrazo.
-¿Qué milagro que vienen?
-Venimos a pasar la tarde con la tía abuela.
-Ya veo, entonces no vienen a verme a mí. – Decía con falso reproche, haciéndose el mártir como si fuera Stear el que lo hiciera.
-Creo que alguien extraña a su hermano. – Dijo Candy a Anthony haciéndolo reír.
-¿Qué sucede? – Preguntó intrigado.
-Veo que extrañas mucho a Stear. – Dijo Anthony.
-Y que lo digas Anthony, ahora sí que me han dejado solo de nuevo.
-No te quejes Archivald que aquí estoy yo contigo. – Le dijo la tía abuela, aunque ella sabía que no era lo mismo y menos desde que había optado por ser más estricta con ellos después de la desaparición de Anthony.
La tarde fue muy amena para los cuatro integrantes de los Andrew, habían podido convivir y hablar de sus intereses y hacer planes para las siguientes fiestas que ya estaban en puerta, acordaron que las festejarían en Lakewood, era un lugar que todos amaban y en donde podían convivir todos juntos, ahí vivía cerca tanto la familia Simmons como los Britter, y Candy tendría la oportunidad de visitar el hogar de Ponny si así lo decidía, era el punto más indicado para hacer la reunión de las fiestas.
En un momento de la tarde Anthony fue llamado por el mayordomo quien le tenía una noticia precisamente de Lakewood, se disculpó el rubio y acudió al llamado del empleado quien tenía la orden de darle el mensaje única y exclusivamente a Anthony sin que estuviera presente nadie más.
Una vez que se desocupó salió con una sonrisa del despacho y se dirigió junto a donde estaban los demás esperándolo.
-¿Todo bien Anthony? – Preguntó la tía abuela.
-Sí tía abuela, no se preocupe, solo un encargo que había hecho al jardinero de la mansión de las rosas.
Todos quedaron conformes con la explicación que Anthony había hecho, todos menos Candy a quien le surgió la duda de qué sería ese encargo que había hecho su príncipe y del cual ella no tenía conocimiento, bien decían que genio y figura… Candy siempre había sido muy curiosa y eso nunca se le quitaría, ya después hablaría con su guapo amor para que le dijera qué era lo que le habían avisado.
Una vez que se despidieron y retiraron a su apartamento, la rubia no dejaba en paz a su esposo con las preguntas, más no obtuvo respuesta alguna, solo que era una sorpresa que pronto le daría, teniendo que aguantarse la pobre porque no iba a desistir su esposo y no quería echarle a perder la sorpresa que le tenía según él.
El tiempo siguió su curso y Candy cumplía cinco meses de embarazo, Dorothy rondaba por los seis y una feliz Patty y un ilusionado Stear, llegaban de su luna de miel bastante bronceados y más felices que nunca, no cabía duda que los días que habían pasado solo para ellos dos les habían hecho bastante bien.
-¡Hermano! – Dijo Archie abrazado a su hermano con un poco de desesperación y alegría, se notaba que aunque ese par se la pasaba discutiendo el haber sido separados de nueva cuenta no le había hecho ninguna gracia al gatito. - ¡Por fin has vuelto! – Decía con un toque de dramatismo.
-Vamos Archie no te emociones, que ya no podrás contar con mi presencia por las noches. – Decía un burlón Stear por los aspavientos que hacía su hermano. – Ahora soy completamente de mi bella esposa Patricia. – Decía sacudiendo su solapa como si trajera pelusa en ella, haciendo reír ambos, al resto de los que estaban ahí recibiendo a los nuevos Cornwell-O´Brian.
-Bienvenidos muchachos. – Decía Candy feliz de ver a sus primos tan enamorados. –¡Patty te ves muy feliz!
-Estoy muy feliz Candy, no sabes lo maravilloso que es mi Stear. – Decía ilusionada.
- Vamos querida, no me presumas tanto, no vayas a provocar envidias. – Esto provocó una risotada en Candy que todos le siguieron por la manera en que estallaba en risas.
-No te preocupes Stear, eso no sucederá yo ya tengo a mi príncipe a mi lado. – Le decía mientras se acurrucaba melosa en los brazos de su amado.
-Bienvenidos muchachos. – Decía Anthony. – Ya pensábamos que Archie se nos atiriciaba por no tenerte cerca Stear.
-Lo sé Anthony, siempre ha sido muy dramático. – decía siguiéndole el juego.
-Sigan y van a ver, el día que yo me vaya de luna de miel a ver si no me extrañan. – Decía Archie ofendido por las burlas de su hermano y su primo. – Ambos muchachos se voltearon a ver traviesos y voltearon a ver a sus respectivas esposas y contestaron al unísono.
-¡No lo creo! – Estallando en medio de risas por parte de todos, Archie ya comprendería que tener a su dulcinea a su lado todo el día y toda la noche era suficiente para no sentirse tan solo y más cuando estaban de luna de miel y podían conocerse en la intimidad, era algo que aún no experimentaba pero sabían que cuando lo hiciera tendría la misma sonrisa bobalicona que presentaban los tres Andrew casados, Albert, Anthony y Stear.
Se trasladaron todos juntos a Lakewood, tomando las precauciones necesarias para que Candy y Dorothy viajaran más cómodas, el camino era algo largo y con la nieve había surgido un nuevo impedimento para llegar más rápido, lo bueno que al ir en automóvil los hacía ir a su paso sin la necesidad de estar muy apurados, nadie había querido viajar en el auto de Stear, incluso él mismo había decidido proteger a su esposa de su propio artefacto, ahora si entendía el por qué todos le recordaban a cada rato que tuviera cuidado con el lago, ahora sí tenía un verdadero motivo por quien cuidar, volteó a ver a Patty enamorado y tomó su mano mientras el chófer conducía aquel Rolls Royce tan elegante que había adquirido el tío abuelo, renovando toda la flotilla de autos que pertenecían a la familia.
Los automóviles entraban al camino que los llevaba a la mansión de las rosas viendo Candy emocionada como se abría el portal ante sus ojos, estaba feliz de regresar a ese lugar que para ella era muy especial, volteaba a ver a su amado esposo quien la veía con ojos de enamorado feliz de ver sus expresiones al entrar al portal.
-¿Recuerdas pecosa? – Le dijo muy cerca de su oído. – Aquí fue donde robaste mi corazón.
Candy asentía tímida por lo que le revelaba su rubio, aguantándose las ganas de volver a besarlo ya que le daba pena con el chófer que aunque atento al camino podía darse cuenta de lo que sucedía en el asiento trasero.
Primero llegó el automóvil que conducía George en el cual iban la tía abuela, Albert y Dorothy, después donde iba Candy y Anthony y al final el automóvil donde viajaban Patty, Stear y Archie, quien no quería separarse de su hermano un solo momento. Annie tenía días que se había ido con su familia a su mansión en Lakewood y Archie decía extrañarla horrores ya que a donde volteaba o se dirigía era el mal tercio, y solo le quedaba irse con la tía abuela y eso era si no estaba el señor Simmons con ella, los padres de los Cornwell se unirían a ellos días después ya que aunque estaban más presente en la vida de sus hijos aun así seguían con sus continuos viajes.
Todos se dirigieron a la mansión, adentrándose para entrar en calor, ya que la nieve que cubría los jardines y los techos de la mansión aunque era removida al comenzar una nueva nevada los hacía volver a cubrirse de nieve. Anthony dejó un momento a Candy y se dirigió a su pequeño invernadero, un lugar que había construido hacía tiempo su abuelo William y en donde su madre pasaba las horas ahí tratando de reproducir todo tipo de rosas, de ahí había heredado el gusto Anthony de hacer combinaciones de rosas. Llegó hasta la pequeña planta que había dejado al cuidado de Charles el nuevo jardinero, un hombre también mayor que mantenía un gusto por las rosas igual que el rubio y quien era el encargado de cuidar la nueva creación de Anthony.
-Buenas tardes Charles. – Le dijo con confianza el rubio.
-Buenas tardes joven Anthony. – Dijo serenamente. – Cómo le mande decir con el mayordomo, el rosal ha logrado echar nuevos brotes y espero que para la primavera ya pueda tener su primera flor. – Decía entusiasmado.
-Tienes razón Charles, espero que pronto pueda ver la nueva estirpe de rosas. – Dijo ilusionado ensanchando su bella sonrisa. – En lo dicho Charles, ni una palabra a nadie de esto ¿Entendido?
-No se preocupe joven Anthony, yo seguiré cuidando el rosal igual o más que los otros.
-No se te olvide que la dulce Candy también requiere un cuidado muy especial.
-¿Le tiene un cariño especial a esa rosa verdad joven?
-Es la primera que cree Charles, y es en honor a mi esposa. – El viejo jardinero le sonrió gustoso por lo que decía y se despidió de Anthony para seguir con sus labores. Anthony seguía observando el pequeño rosal que ya iba mucho más avanzado de cuando lo había dejado, esperaba que ahora con los nuevos brotes que tenía llegaran los botones y de ahí las nuevas rosas, era algo que tenía años haciendo y esperaba por fin conseguirlo.
-¿Dónde estabas? – Preguntó Candy curiosa al verlo llegar con una sonrisa de oreja a oreja.
-No seas curiosa princesa. – Le decía abrazándola por la espalda y acurrucándose en el espacio de su cuello mientras la besaba con ternura.
-¿Es con respecto a mi sorpresa? – Le preguntó curiosa, no se le había olvidado para nada esa sorpresa que ya llevaba mucho tiempo atrasada.
-No comas ansias mi vida, la sorpresa tomará más tiempo del que creía, pero llegara. – Le decía de nuevo en su oído solo para ella, no quería que nadie se diera cuenta de ello aún y Candy decidió respetar eso y cambiar de tema.
-Candy, antes de venir hablé con el doctor Michael.
-¿Y qué sucede Anthony? – Preguntó con preocupación, la situación de Eliza era algo que habían mantenido entre ellos ya que no sabían si los Lawler quisieran compartir con los demás, aunque ya todos comenzaban a preguntarse el por qué no habían tenido familia. Los hermanos Cornwell habían llegado a la conclusión de que Eliza era la que no quería ser madre para no perder la figura, decían entre risas porque seguían sin soportar a su prima, aunque últimamente Michael la había mantenido a raya.
-Michael decidió venir con Eliza al hogar de Ponny. – Candy lo veía incrédula con lo que decía ¿había escuchado bien? ¿Eliza iría al hogar de Ponny?
-¿Escuché bien? –Preguntó sorprendida.
-En realidad aún no está convencida, pero quiere ir con Michael para que él no crea que no quiere intentarlo.
-Ya veo, ya me había extrañado.
-Candy.
-¿Qué sucede amor? – Lo veía con el rostro angustiado y sabía que algo había detrás de eso.
-Michael me ha preguntado si nosotros podemos acompañarlos al hogar. – Le dijo algo inseguro por la petición que eso significaba.
-¿Estás seguro Anthony? – Preguntó insegura.
-Amor, sé que Eliza y tú no se llevan bien, pero nadie mejor que tú para guiarlos hasta ahí, además yo no permitiré que Eliza te haga daño y puedo asegurarte que Michael tampoco.
-Ese no es mi miedo amor. – Le dijo tranquila. – Mi temor es de cómo se sentirá Eliza por mi embarazo. – Dijo acariciando su abultado vientre el cual ya era bastante notorio.
-Eso mismo le comenté al doctor Michael, pero dice que no habría ningún inconveniente, que Eliza está más tranquila con respecto a eso.
-Si crees que no habrá problema amor, yo encantada. – Dijo con otro semblante Candy emocionada por poder ir a visitar a sus madres y rogaba por que pudiera encontrar un hogar para algún pequeño o pequeña, aunque la verdad tenía miedo de la madre que sería Eliza.
Cuando Candy y Anthony se acercaron al grupo todos los veían algo confundidos, porque los habían observado hablar entre ellos varias veces, pero nadie se había atrevido a cuestionarlos hasta que la tía abuela se adelantó.
-Candy, Anthony, me acaban de avisar que Eliza y Michael vienen en camino, ¿Saben algo al respecto? Yo pensé que pasarían las fiestas en Florida junto a la familia de Eliza o junto a la familia de Michael en Nueva York.
Al verse cuestionados por la tía abuela, Anthony confesó a todos el motivo por el cual iban los Lawler a Lakewood, quedando todos impresionados por la situación que se encontraba el joven matrimonio, incluso los hermanos Cornwell se sintieron mal por las especulaciones que ellos mismos habían hecho con una situación que ellos desconocían por completo. La tía abuela fue la más afectada con la noticia, ya que ella creía que Eliza pronto le daría también un bisnieto, pero ahora entendía el porqué del retraso y el rostro de angustia que ponía cada que ella le preguntaba, creyendo que era solo porque no quería tener hijos, dándole incontables veces un sermón para que se animara a tener hijos, que no se quedara como ella sola y vieja, metiéndole ideas en la cabeza de que Michael la dejaría por irse con otra si ella no se apuraba a darle descendencia. Tal vez eso había sido lo que había motivado a Eliza a ir al hogar de Ponny, porque no quería ser una divorciada o una abandonada, pensaba Elroy, pero la verdad era que ni Eliza misma sabía bien el por qué había aceptado ir a ese orfanato.
-Anthony sé que es lamentable lo que está pasando Eliza, pero sabes bien que ella no ha sido buena nunca con Candy, además ahora que está embarazada es un motivo más por el que cuides de que se le acerque. – Le decía Archie aún desconfiado de que Eliza estuviera cerca de Candy.
-No creas que no lo sé Archie, yo cuidaré a Candy con mi vida si es necesario para que nada malo les pase a ninguno de los dos, ella y mi hijo son lo más importante para mí. – Dijo seguro.
-De todas formas Anthony, nosotros iremos contigo. – Dijo Stear seguro de acompañarlos. – Tanto Archie como yo iremos junto a ustedes para estar más tranquilos. –Albert asintió más tranquilo de que los tres paladines acompañaran a su hija a esa tarea que se habían encomendado, mientras él se quedaría a cuidar a las damas que esperarían en Lakewood la llegada de ellos.
Continuará…
Bien hermosas hasta aquí el capítulo, aún no se si este sábado podré publicar dos capítulos, las fiestas me atrasaron mucho y aún no termino el capítulo siguiente, ya falta menos para concluir con esta historia así que estén al pendiente del final.
Cuídense mucho y les mando un fuerte abrazo hasta cada uno de los rincones del mundo donde la han leído. México, Colombia, Estados Unidos, España, Francia, China, Ecuador, Puerto Rico, El Salvador, Europa (así aparece) Malasia, Perú, Argentina, Brasil, Chile, Venezuela, Federación Rusa, Guatemala, Italia, Nicaragua y Costa Rica. A todas y cada una de las lectoras de estos países les mando un fuerte abrazo y agradezco enormemente el tiempo que se toman en leer mis locuras, un saludo desde la distancia. Dios las bendiga.
Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, solo los tomé prestados para darles un poco de bálsamo a las heridas que nos caso está historia, no es con fines de lucro y mucho menos con ánimo de ofender a la autora, simplemente es por entretenimiento. No es apta para menores de edad así que recomiendo no leer si lo eres.
Saludos!
