AVISOS: Historia creada por dos autoras, kaoru-himura1878 (Kaoru Himura en Amor Yaoi) y Fullbbuster (Fullbuster en Amor Yaoi).

ACTUALIZACIONES: El último domingo de cada mes.

ACLARACIONES: Queremos dejar claro una cosa, esto no es un omegaverse. Leímos las normas sobre lo que es un omegaverse y sinceramente... no nos gusta en absoluto, por eso tanto mi compañera como yo decidimos hacer una historia simplemente de ficción, cogiendo la temática de hombres lobo, así que para dejarlo claro, que nadie se deje llevar por las normas que otros autores hayan puesto sobre el omegaverse, porque no lo es. Para nosotras, ningún lobo nace y muere siendo un omega, ninguno nace y muere siendo un alfa, es una manada de lobos y todos sus miembros pueden ascender y descender de categorías, así que preferimos dejar esto claro, porque no vamos a seguir las normas impuestas por otros autores en referencia al "omegaverse", sino que seguiremos nuestra propia ideología y documentación respecto al tema y cómo funcionan las manadas auténticas de lobos.

En cuanto a actualizaciones, lamentablemente tanto mi compañera como yo estamos algo saturadas y, por tanto, este proyecto tan sólo se podrá actualizar una vez al mes, siendo el último domingo de cada mes. Esperamos la disfrutéis la historia y sobre todo recordad... somos dos autoras escribiendo esta historia, Fullbuster y yo. Un saludo.


Capítulo 29: Cal y arena

Kakashi se encontraba sentado en la silla donde había aguantado el interrogatorio de Tobirama y sus acusaciones hacia él y hacia el propio Minato. Tenía los codos apoyados sobre la mesa metálica con la cabeza entre sus brazos mientras sus manos esposadas se agarraban al pelo con frustración.

El alfa se maldecía internamente por haber caído finalmente ante la trampa de Tobirama. Se había dado cuenta de la intención del policía bastante temprano y había hecho todo lo posible por no alterarse, sin embargo le había sido muy difícil en varias ocasiones, pero cuando acusó a Minato de...

No podía ni acabar su propio pensamiento. Era algo inconcebible para quien conociese al rubio, pues todo el mundo sabía que no sólo tenía un gran corazón que le impedía herir a cualquier ser vivo, y mucho menos a un ser humano; sino que amaba y respetaba a Kushina, por lo que jamás habría sido capaz de hacer algo tan horrible como Tobirama había dicho.

Sacó la cabeza del refugio de sus brazos cuando oyó que la puerta se abría y giró el rostro para ver de quién se trataba. Pudo ver cómo entraba una mujer con un maletín grande, una cámara profesional de fotografía colgada del cuello y una bolsa en la otra mano, seguida de un policía con uniforme.

– Necesito que le quites las esposas – se dirigió la mujer al policía mientras dejaba todo su equipo sobre la mesa, abría aquel maletín, sacaba unos guantes y se los ponía.

El agente se acercó hasta Kakashi y le quitó las esposas. En cuanto Kakashi tuvo las manos libres, no pudo evitar masajearse las muñecas. Tobirama le había apretado más de la cuenta las esposas, seguramente con la intención de hacerle daño, pero Kakashi no le dio el gusto de quejarse.

Al ver que aquella mujer sacaba una especie de bastoncillo largo protegido con una capucha de plástico, supo que pertenecía a la policía científica y venía a recoger muestras de todo tipo para compararlas con las pruebas encontradas en la escena del crimen.

– Abra la boca, por favor – le pidió la científica.

Kakashi no se opuso. Sabía que lo mejor era colaborar, sobre todo para que pudieran analizar su adn cuanto antes y así comprobar que él no tuvo nada que ver con la muerte de Kushina ni con la agresión a Minato.

Después de tomarle una muestra de saliva, aquella mujer le tomó una fotografía a sus manos y raspó debajo de las uñas guardando lo que caía en un pequeño sobre de papel marrón. Kakashi intuía que lo hacía para saber si encontraba restos de la piel de Minato o Kushina que se pudieran haber quedado al atacarles, pero sabía que no iba a encontrar nada de eso. Aunque sí sabía que era posible que pudiera encontrar sangre del rubio de cuando había intentado taponar su herida.

La científica siguió procesando y tomando todo tipo de muestras y pruebas que consideraba necesarias para la investigación, hasta que tras guardar el último sobre etiquetado, le pasó unas prendas naranjas: un uniforme carcelario.

– Necesito toda la ropa que llevas. Y las botas también – añadió posando sobre la mesa un calzado blanco.

Kakashi frunció el ceño. No le agradaba quedarse casi desnudo frente a unos desconocidos, pero no dijo nada. Quería salir cuanto antes de allí para poder estar con Minato y sabía que querían analizar los patrones de la sangre en su ropa para ver si se correspondían con las salpicaduras que habría dejado la sangre de Kushina y Minato si él hubiese sido su atacante, pero como no era así, al final comprobarían que se había manchado tratando de detener la hemorragia de Minato.

Mientras se desnudaba, la mujer miraba con detenimiento los brazos, pecho y piernas de Kakashi con la cámara preparada, buscando cualquier herida o hematoma que le hubiesen dejado Kushina o Minato al defenderse, pero la piel de Kakashi estaba blanca y sin ningún tipo de marca que indicara que había estado involucrado en una pelea esa noche. Dejó la cámara sobre la mesa, guardó toda la vestimenta de Kakashi en diferentes bolsas y las etiquetó.

Una vez Kakashi se vistió con el uniforme naranja, tomó asiento de nuevo y se dejó tomar las huellas.

– Ya tengo todo lo que necesitaba – se dirigió la científica al policía mientras recogía y guardaba todo el material usado y las muestras tomadas en el maletín, y lo que no cabía, en la bolsa que había traído con ella.

Kakashi pensó que el policía le pondría las esposas de nuevo, pero no lo hizo, sino que tanto él como su acompañante salieron por la puerta dejándolo solo en aquella sala de interrogatorios. Quizás creían que no suponía un peligro ya que estaba rodeado de policías y en la estancia no había nada que pudiera usar como arma contra los demás o contra sí mismo.

. . .

Pese a estar sentado frente al capitán en el despacho de éste, Tobirama no podía evitar sonreír con satisfacción y triunfo. El capitán le observó con seriedad.

– ¿Por qué estás tan feliz? – le preguntó.

– ¿No es evidente? Porque no sólo he cerrado un caso en tiempo récord sino que por fin he atrapado a Kakashi y ahora todo el mundo sabrá que nunca fue el estudiante ni el ciudadano ejemplar que fingía ser.

El hombre frente al detective le miró con preocupación.

– Tobir...

– No, Hashi, no – interrumpió a su hermano y capitán de la policía de Twain Harte, Hashirama Senju –. Conozco esa mirada, es la misma que me ponías cuando éramos jóvenes y te contaba lo que averiguaba sobre Kakashi...

– Persiguiéndolo a todas partes – recalcó su hermano mayor ganándose una mirada enfurecida por parte del más joven de los Senju.

– No voy a dejar que me estropees este momento de gloria, un momento que sabes que llevo esperando años.

– Tobi, el caso no está cerrado ni has demostrado nada – le dijo con calma pero con tono duro.

– ¿Cómo que no? No estabas ahí mientras lo interrogaba, te aseguro que es culpable. Él ha matado a esa mujer para poder estar con su antiguo amante, aunque aún no sé si ha actuado solo o ambos lo habían planeado. Eso sí te reconozco que aún tengo que averiguarlo.

– He visto el interrogatorio desde el otro lado del espejo. No tienes pruebas que sostengan ninguna de tus teorías. Kakashi tenía razón en lo que ha dicho.

– ¿El qué? – le soltó Tobirama malhumorado.

– Has usado ciertos datos para adaptarlos a tu teoría. No estás siendo nada objetivo, sólo te estás dejando llevar por esa obsesión que siempre has tenido con él.

– ¿Que no estoy siendo...? – balbuceó perplejo –. ¿Que no estoy siendo objetivo? – se levantó enfadado –. Ha sido él, tiene un motivo, acceso y oportunidad. ¿Qué más necesitas? ¡Si hasta está cubierto de sangre!

– Por haber socorrido a una de las víctimas – el capitán alzó la voz con dureza.

– Eso es lo que dice él – le rebatió.

– Eso es lo que dicen los testigos.

– Los testigos se pueden equivocar o, en este caso, seguro que mienten. Son amigos de Kakashi, así que seguro que mentirían por él y le encubrirían – Tobirama seguía empecinado en su idea.

– ¿También la trabajadora del 911 que contestó la llamada de Kakashi? ¿También miente ella? – le espetó Hashirama.

Ante aquello, Tobirama frunció el ceño y apretó los labios porque sabía que era imposible que ella mintiera. Ahora que estaba un poco más calmado, volvió a tomar asiento.

– No, no miente – admitió, aunque no se iba a dar por vencido tan fácilmente – pero eso no significa que no fuera parte del plan de Kakashi para hacer creer a todos que no estaba implicado.

Hashirama sabía que su hermano siempre había sido terco, y en ciertos momentos, eso era un punto a su favor. Sin embargo, nunca se había obstinado de tal manera como para perder de vista su objetividad e imparcialidad como detective, pero claro, siempre perdía la razón cuando se trataba de Kakashi, pese a haber pasado muchos años desde que terminaron el instituto y sus caminos se separaron.

Creía que Tobirama había dejado en el pasado sus rencillas, pero parecía que sólo necesitaba una pequeña chispa para que todo estallara en llamas y volviera a ser aquel adolescente que prácticamente acosaba a Kakashi para descubrir una verdad que solamente su hermano veía. Así que no le quedaba más remedio que pararle los pies a su hermano antes de que se metiera en un lío.

– Si no puedes actuar con profesionalidad y esperar a tener pruebas físicas irrefutables con las que puedas acusar a Kakashi de asesinato, te tendré que apartar del caso – le dijo.

– ¡¿Qué?! No puedes hacer eso – se puso de pie otra vez enfadado, apoyando las palmas de las manos sobre el escritorio.

– Claro que puedo, soy tu capitán – le recordó la cadena de mando – así que más te vale controlarte o no sólo acabarás apartado del caso, sino suspendido.

Tobirama miró incrédulo a su hermano. No podía estar hablando en serio, pero por la expresión que tenía, sí lo hacía. Frustrado, volvió a tomar asiento.

– De acuerdo, me comportaré y te demostraré que tengo razón. Por suerte, al haberle detenido por otro cargo, me permite tener más tiempo para conseguirte todas las pruebas que necesites. ¿Y quién sabe? Quizás no aguante con la culpa y acabe confesando antes.

– Esa detención no se va a sostener por mucho tiempo y lo sabes. Le has estado provocando durante todo el interrogatorio, sabiendo que acaba de pasar por un trauma, ha perdido a una amiga y otra persona importante para él estás al borde de la muerte, por lo que su estado mental no es el mejor. Además, ni siquiera te ha pegado.

– Por mucho menos hemos detenido a otras personas por agredir a alguien del cuerpo.

– Y la mayoría se han desestimado y han salido libres – le recordó –. En cuanto llegue su abogado, conseguirá que esa detención no tenga ninguna validez.

El detective sabía que Hashirama tenía razón, pero eso no significaba que fuera a dársela.

– Pues entonces tendré que aprovechar el tiempo al máximo – comentó poniéndose de pie para marcharse.

Justo en ese instante, tocaron a la puerta. El capitán dio permiso para que la persona al otro lado pasara.

– Capitán Senju, un tal Iruka Umino está fuera esperando y dice ser el abogado de Kakashi Hatake – le informó una oficial.

En ese instante, ambos hermanos se miraron entre sí: Hashirama con expresión de "te lo dije", y Tobirama con fastidio.

– Parece que ese tiempo está a punto de agotarse – le dijo y solamente se ganó un gruñido por parte de Tobirama –. Vamos – dijo abandonando su cómodo sillón – no queremos que crea que no le dejamos ver a su cliente.

Los tres policías salieron del despacho y los hermanos se dejaron guiar por la oficial hasta estar frente a un hombre de mediana edad, con el pelo castaño recogido en una coleta y una larga cicatriz sobre la nariz.

– Hola, soy Hashirama Senju, capitán de la policía y éste es el inspector Tobirama Senju, es quien lleva la investigación del homicidio de Kushina Uzumaki e intento de asesinato de Minato Namikaze – se presentó a él y a su hermano.

– Iruka Umino, abogado de Kakashi Hatake – les dio la mano a ambos policías –. Me gustaría saber por qué han traído a mi cliente para interrogarlo sin mi presencia.

Hashirama abrió la boca para darle una explicación al abogado, pero antes de que algún sonido saliera de su boca, Tobirama ya se le había adelantado.

– Como usted sabrá, en cualquier investigación es primordial el tiempo, para recoger muestras que se puedan degradar e impedir atrapar al o a los culpables, hablar con testigos y personas de interés antes de que olviden detalles o, en caso de ser cómplices, de que puedan eliminar pruebas o pactar versiones. Por lo que no quisimos perder tiempo y fuimos a por el sospechoso principal antes de que pudiera hacer algo para obstruir la investigación, y así darle paz a la familia de las víctimas.

Iruka sintió ira recorrer su interior. ¿Cómo se atrevía ese hombre a hablar sobre darle paz a la familia de las víctimas cuando se notaba a leguas que ése no era el verdadero motivo para haber traído a Kakashi aquí bajo falsas premisas? Él mismo era parte de esa familia y no le traía ninguna paz saber que estaban perdiendo el tiempo con la persona equivocada en vez de ir a por el verdadero culpable, pese a saber que sería algo casi imposible teniendo en cuenta que Zabuza era un hombre-lobo.

A pesar de la rabia que sentía, mantuvo la compostura y no mostró ningún signo de ello.

– ¿Acaso se le informó de que le consideraban sospechoso y, por tanto, de que se trataba de un interrogatorio, no de una entrevista normal a un testigo, y de que tenía derecho a que su abogado, es decir, yo, estuviese presente?

Hashirama miró a Tobirama y supo de inmediato que no había sido así. Iruka no pasó por alto ese detalle.

– Ya veo que no. Al menos podrán decirme qué evidencias tienen para considerar a mi cliente como sospechoso principal en la etapa inicial de la investigación, ¿no?

– De momento, sólo tenemos pruebas circunstanciales, pero no son tan insignificantes como para no tenerlas en cuenta, por lo que el inspector Senju quiso hablar con el señor Hatake para aclarar dudas – habló Hashirama antes de que Tobirama dijera algo que pudiera agravar la situación y meterle en un lío.

– Pues como no tienen nada contundente contra mi cliente, exijo que le dejen en libertad de inmediato, y si encuentran algo de peso contra él, contacten conmigo y no traten de engañar a mi cliente de nuevo – pidió Iruka.

– Lo siento, pero no puede marcharse. Kakashi está detenido – dijo con rapidez Tobirama dejando escapar cierta arrogancia en su tono sin darse cuenta.

– ¿Cómo puede ser si todo lo que tienen contra él es circunstancial? Saben que en cuanto haga una llamada al juez de guardia, ordenará que se retiren los cargos de inmediato.

– No se le ha detenido por el cargo de asesinato – contestó Hashirama.

– ¿Ah, no? Entonces, ¿cuáles son los cargos contra mi cliente para que se haya procedido a su arresto?

– Agresión hacia un agente de policía – contestó de inmediato Tobirama.

Iruka fingió desconcierto pese a conocer el cargo de agresión por el que habían detenido a Kakashi, ya que éste le había explicado brevemente su situación en los pocos minutos que le habían dejado para llamar a su abogado, pero quería tantear el terreno y los enemigos contra los que se enfrentaba viendo sus reacciones.

– ¿Agresión? Eso no es propio de mi cliente, así que me gustaría saber a quién ha agredido supuestamente y hablar con esa persona – siguió fingiendo no tener ni idea del tema.

– Quizás no conozca tan bien a su cliente, tiene una vena violenta que oculta muy bien – soltó sin pensar Tobirama.

– Tobirama – le advirtió su hermano, pero éste le ignoró.

– Y ha sido a mí a quien ha agredido – concluyó.

– Pues no parece muy malherido – le comentó mirándolo de pies a cabeza.

– Bueno, no me ha golpeado en la cara – dijo.

Y era cierto, por lo que ese abogado no podía acusarle de mentir, pese a que su hermano estuviera en desacuerdo por la dura mirada que dirigía hacia él.

– Entonces me gustaría ver el vídeo del interrogatorio para ver dicha agresión – argumentó Iruka sabiendo que así desbarataría toda esa pantomima.

Antes de que Tobirama pudiera decir algo que le pusiera en peor situación, alguien le llamó. Era otro policía con uniforme y parecía llevar un informe en sus manos.

– Si me disculpáis – dijo antes de acercarse a Gregson.

– Ya ha llegado el examen preliminar del cuerpo de la víctima de esta noche – le informó.

Tanto Iruka como Hashirama escucharon aquellas palabras y centraron toda su atención en aquella escena.

– Y también han llegado algunos resultados de las huellas encontradas en la escena del crimen – añadió Gregson entregándole a Tobirama dos delgadas carpetas.

El detective cogió las carpetas con rapidez, mostrando una amplia sonrisa en el rostro. Estaba convencido de que ahí se encontraban las pruebas que necesitaba para hacer callar a ese abogado y meter entre rejas a Kakashi para el resto de su vida.

Abrió la primera carpeta y sus ojos se movieron con rapidez de un lado a otro leyendo lo que ponía. Conforme lo hacía, su sonrisa fue desapareciendo. Después, pasó al siguiente informe, repitiendo la misma acción y poco a poco su ceño se fue frunciendo con intensidad.

De repente, levantó su rostro de los papeles y la centró en Gregson con una furia horrible como si él tuviese la culpa de lo que acababa de leer.

– Esto no está bien, te has tenido que equivocar de informes – le acusó sacudiendo las carpetas delante de la cara del policía.

– No, no, son los correctos – le contestó nervioso y confundido ante la reacción de su superior. Nunca le había visto así.

– Pues entonces en el laboratorio han metido la pata, han contaminado las muestras o se han confundido al etiquetarlas – seguía tratando de encontrar culpables.

– No lo creo, señor, son muy cuidadosos y siguen el protocolo para evitar precisamente eso – le tembló ligeramente la voz.

– ¡Alguien ha cometido un error y te aseguro que no he sido yo! ¡Esto no está bien!

– ¡Inspector Senju, ya basta! – intervino el capitán agarrando a su hermano de los hombros y alejándolo del otro policía.

Hashirama le hizo una señal a Gregson para que se marchara y después le quitó los informes a su hermano para leer lo que ponían y averiguar así qué le tenía tan furioso, aunque se imaginaba que sería algo que exoneraba a Kakashi.

– Un animal, un maldito animal – dijo Tobirama dirigiéndose hacia Hashirama sin importarle que toda la comisaría estuviera observándole como si hubiera perdido la cabeza.

El capitán pudo entender a los pocos segundos a lo que se refería su hermano. El pequeño informe que el forense había podido escribir en ese corto tiempo, decía que las heridas correspondían a las garras de un animal y que había encontrado adn no humano en ellas, aunque identificar a qué animal concreto llevaría un poco más de tiempo. Además, todavía faltaba realizar la autopsia completa para confirmar la causa de la muerte, pero por ahora creía que se debía al ataque de un animal como los testigos habían comentado.

Para terminar de rematar la teoría de su hermano, habían encontrado huellas de zarpas en el interior de la casa y por el tamaño, seguramente eran de lobo, lo cual también coincidía con la declaración de los testigos.

– Los informes preliminares coinciden por ahora en que parece que la muerte de Kushina y el ataque a su marido fue debido a un animal, por lo tanto, su cliente es libre de marcharse – le dijo Hashirama a Iruka –. Prepararé toda la documentación para anular la detención y que pueda marcharse cuanto antes.

– ¡¿Qué?! ¡No! – protestó el menor de los Senju.

– Tobirama – le advirtió.

– Un lobo no ha podido colgar el cuerpo de esa mujer. ¡Es imposible! Ha sido Kakashi – continuó argumentando, ignorando a Hashirama.

– ¡Inspector Senju, ya es suficiente! Queda relegado del caso, a partir de este momento, yo me ocuparé personalmente de la investigación. Ahora vaya a mi despacho y espéreme ahí. Es una orden.

Todo en Hashirama, desde su tono de voz, su expresión facial y su lenguaje corporal, exclamaba que estaba hablando muy en serio y que ni se le ocurriera cuestionar su autoridad. Tobirama apretó los labios cabreado e incrédulo y se dio la vuelta marchándose cabreado.

– Todo el mundo a seguir trabajando – ordenó al resto de los policías y de inmediato volvieron a sus quehaceres –. Siento las molestias y el trato que ha recibido su cliente – le dijo a Iruka.

– Gracias, aunque debería decírselo en persona a él. Creo que es lo mínimo que puede hacer. Sin embargo, quien realmente debería disculparse con mi cliente es su subordinado, aunque no creo que esté por la labor.

– Una disculpa en persona del capitán creo que será más que suficiente – dio a entender que era tarea imposible que Tobirama se disculpara con Kakashi.

– De acuerdo. Iré a informar a mi cliente.

– Y yo iré a preparar todo el papeleo para que no tengan que esperar más de la cuenta.

. . .

Cualquier posición era incómoda. Hacía horas que estaba allí sentado y finalmente, elevó la pierna hasta la silla y apoyó el pie en el asiento. Su codo fue directamente sobre su pierna para poder apoyar la cabeza en su puño. El que más cómodo parecía estar era Naruto, tumbado sobre un par de sillas y la cabeza recostada en el otro muslo de Sasuke.

No se había movido en horas de esa posición. Por momentos, Sasuke sentía un leve cosquilleo en su pierna, presa de la presión que Naruto ejercía con su cabeza y que adormecía sus músculos lentamente.

Su mano acariciaba con suavidad la cabeza de su novio, enredándose en las doradas hebras y tratando de calmar esa sensación tan angustiosa que recorría su cuerpo. Acababa de perder a su madre y no habían tenido opción de hablar nada. Kakashi había sido alejado del hospital para interrogarle y su padre se debatía entre la vida y la muerte. Sólo Ibiki permanecía sentado a unas sillas de distancia, en silencio, observando de vez en cuando a Naruto en ese estado de shock.

Era de madrugada, de hecho, en breve saldría el sol y deberían enfrentar un nuevo día. Sasuke ni siquiera le había contado a su familia el motivo para salir tan rápido de su casa, pero suponían que sería una emergencia. Itachi le cubriría todo lo posible.

Por ahora, tan sólo le preocupaba el estado de su novio. Deprimido, triste, lleno de ira y totalmente confuso. No quería moverse de allí ni tampoco hablar. Sasuke había respetado que llevase el duelo como mejor quisiera pero no pensaba alejarse de su lado.

Tras tantas horas allí encerrado, por fin se había adaptado un poco a los intensos olores a químicos del hospital, sin embargo, todavía eran algo molestos. Naruto seguramente también los percibía, pero inmerso en su mundo de tristeza y desesperación, seguramente, apenas le importaba demasiado ese tema.

Por fin el ruido de una puerta abriéndose captó la atención de Sasuke. La luz del quirófano seguía encendida y sabía que había sido alguna puerta del fondo. Alguien estaba saliendo. Un grifo, palabras y finalmente, otra puerta antes de que la luz se apagase. Naruto ni siquiera estaba pendiente de todo aquello aunque fácilmente, pudo identificarlo si hubiera prestado atención a su entorno.

Al abrirse la última puerta, Ibiki se levantó con rapidez viendo salir al cirujano junto a una enfermera. Eso hizo que Sasuke le mirase con rapidez y cesase todo movimiento de su mano, indicando a Naruto que ya había alguien allí. Éste se levantó con rapidez, corriendo con torpeza hasta donde estaba Ibiki hablando con el cirujano.

– ¿Y mi padre? – preguntó alarmado, a punto de llorar.

Ibiki aprovechó aquel momento para tomar por los hombros a Naruto en un intento de tranquilizarle, sin embargo, el menor no apartaba sus ojos del médico, impaciente por escuchar una respuesta favorable.

Sasuke se levantó con rapidez también, pero no se movió del lugar donde estaba. Podía observar la espalda de su novio, cómo sus piernas temblaban ligeramente y pese a los químicos, olía su estado de ánimo, alterado, nervioso e impaciente.

– Su padre acaba de salir de quirófano. Por ahora está estable, sin embargo, debo avisarles de que va a ir a cuidados intensivos. No ha salido aún de peligro pero estaremos pendientes de él las siguientes veinticuatro horas.

¡Estable! Fue la palabra que consiguió que Naruto se relajase por un segundo, que toda la tensión en sus músculos desapareciera y finalmente, resoplase en una tranquilidad momentánea. Era evidente que todos estaban preocupados, no había salido de la zona de peligro, pero al menos, aún estaba vivo y eso reconfortaba a todos los presentes.

Naruto se giró al instante hacia Sasuke y le observó con una ligera sonrisa que no engañaba a nadie, seguía nervioso, pero al menos, veía algo de esperanza al final.

– Está estable, Sasuke, está estable – le repitió, lo que hizo que Sasuke asintiera con la cabeza y tratase de sacar una pequeña sonrisa con la intención de calmar a su novio.

. . .

En cuanto Iruka abrió la puerta de la sala de interrogatorios, Kakashi le miró expectante. Pese a que esas salas solían estar insonorizadas, estaba convencido de que su amigo había oído todo el revuelo ocurrido hacía unos instantes.

– Toma, cámbiate, te he traído una muda de tu casa – le dijo Iruka dejando una bolsa encima de la mesa.

– Entonces, ¿lo que he oído es cierto? ¿Van a retirar los cargos por agresión y han dejado de considerarme sospechoso?

– Así es – le confirmó Iruka con una sonrisa –. Y aún no te he dicho lo mejor de todo.

Kakashi se detuvo a medio camino de ponerse la camiseta limpia y centró toda su atención en el otro hombre.

– Antes de entrar en comisaría, Ibiki me ha llamado y me ha dicho que Minato ha sobrevivido a la operación – le informó con una amplia sonrisa.

El alfa sintió que se deshacía de un enorme peso de su pecho y sintió un alivio que no podía describir.

– Todavía está sedado y no está aún fuera de peligro, su estado sigue siendo grave, pero es una buena señal.

– Tengo que ir al hospital – comentó Kakashi terminando de cambiarse de ropa con una velocidad inusual.

– Me lo imaginaba. Sólo tenemos que encargarnos de algunos detalles con el capitán y podrás ir directo allí. No tardaremos mucho.

. . .

Desde el otro lado de la ventana, Ibiki se mantenía velando por la seguridad del rubio. Las enfermeras seguían con sus rutinas y hasta había presenciado el cambio de guardia. Había amanecido pero en el cuarto de Minato, todas las cortinas y persianas seguían cerradas, creando una oscuridad sólo rota por la luz de las máquinas que le mantenían estable.

Estaba cansado y sus ojos dolían, sin embargo, no quería apartarse de aquel pasillo. Hacerlo habría sido un error, puesto que Minato estaba vulnerable y la manada de Zabuza podría regresar a terminar lo que empezó. Además, Kakashi tampoco le perdonaría si le dejase a solas ahora que él no podía estar presente.

Unos pasos apresurados llegaron a sus oídos. Alguien venía corriendo, subía los peldaños de dos en dos y su respiración se entrecortaba por momentos. Parecía haber estado corriendo durante un buen rato y entonces, la puerta metálica de las escaleras se abrió y se cerró en ese sonido férreo.

Ibiki giró la cabeza hacia el extremo del pasillo. Identificó su olor desde hacía un kilómetro al menos, pero no le había dado importancia alguna. El cabello plateado apareció frente a él. La figura se agarraba con su mano a la esquina y trataba de recuperar la respiración antes de iniciar de nuevo su camino, ahora más tranquilo, hacia donde estaba Ibiki.

– ¿Él está…?

– Estable – susurró Ibiki observando la ropa limpia que llevaba su alfa – pero no ha despertado aún. Los médicos creen que no lo hará en unos días por la medicación y… bueno… por su estado. Kakashi… no está fuera de peligro aún y odio ser yo quien diga esto pero, tenemos más asuntos que atender.

– Lo sé. Esto ha ido demasiado lejos. ¡MALDICIÓN! – golpeó con su puño la pared – debí haberme cargado a todos cuando tuve la opción.

– Eran unos críos entonces, toda su manada lo era, incluido Zabuza. No es que quiera defenderle, ya lo sabes, pero sé lo que vivió Zabuza en su manada y algo así te cambia la vida.

– Está obsesionado con Minato.

– Porque fue el único que le ayudó o habló con él cuando sufría – dijo Ibiki.

– Él no aceptó nuestra ayuda. Intenté hablar con él muchas veces en el instituto y lo sabes.

– Éramos una manada nueva, Kakashi, acabábamos de llegar y sinceramente, con lo que él y Orochimaru vivieron en su manada y que les llevó a planear el asesinato de su alfa, dudo mucho que confiasen en nosotros.

– Entiendo lo que vivieron, Ibiki, pero no le da derecho a hacer algo así, ni a transformar a Naruto. Acababa de nacer. ¡Por Dios! Era un ser inocente que no merecía entrar a este mundo. Minato y su familia siempre debieron quedar fuera de esto.

– Sí… debieron quedar fuera – susurró Ibiki.

Aquella frase hizo que un dolor punzante atravesara el pecho de Kakashi. Él había sido quien metió a Minato allí. Él le conoció en el aula de música y le gustó. Su mente adolescente le hizo creer que el amor podría romper cualquier barrera y no era así. Lo único que consiguió fue arrastrarle a sus problemas. Conocía bien a Zabuza como para saber que no iba a descansar hasta tener a Minato en su manada y era algo que él no pensaba permitir.

– Odio decir esto, Kakashi, pero… no podemos defenderle siempre y Zabuza no va a detenerse. Conozco mejor que nadie el sacrificio que hiciste aquel día al alejarte de Minato, al romper vuestra relación. Le destrozaste el corazón para intentar mantenerle a salvo pero… no es suficiente.

– Lo sé – se resignó Kakashi – nunca debí permanecer a su lado. Le pongo en peligro.

Kakashi aprovechó que la silla estaba a su lado para sentarse junto a su mejor amigo. Ibiki parecía afligido con todo aquello y en el fondo, ambos sentían tener que mantener esa conversación pero era necesaria.

– Tienes que dejarle ir – sugirió finalmente Ibiki – si quieres mantenerle a salvo de Zabuza… Minato debe irse de aquí en cuanto se recupere.

– ¿Y Naruto? ¿Y su manada?

– Naruto no puede quedarse – la seriedad con la que Ibiki lo dijo, consiguió que un escalofrío recorriera todo el cuerpo de Kakashi.

– No puedo dejarle ir, Ibiki, Naruto es como un hijo para mí y…

– Y ellos lo saben. Irán a por él si Minato desaparece, intentarán sonsacarle la información de dónde se encuentra su padre, tiene que irse también. Es la única forma de mantenerles a salvo, al menos hasta que nos ocupásemos de Zabuza y su manada. No lo sé, Kakashi, quizá Gaara o Sasuke deberán tomar el mando y Naruto rehacer su vida en otro lugar.

– Esto es…

– Lo sé. También quiero a Naruto como si fuera un hijo. He entrenado con él, le enseñé a rastrear, a pelear, le enseñé todo lo que sé para que sobreviviera y tener que decirle adiós… es algo que no quería hacer – afirmó Ibiki – pero si lo pienso fríamente, prefiero mantenerle a salvo a un impulso egoísta mío de querer tenerlo cerca.

– ¿Cómo puedo hacer esto, Ibiki? ¿Cómo dejarles marchar así sin más?

– Yo me consuelo pensando que destrozaré a toda esa manada y cuando acabe con ellos, podrán regresar. Es lo único que se me ocurre para protegerles y sé que no es una buena idea, pero… no tengo más ahora mismo. Meter a la manada de Naruto en esta guerra es una locura. La mayoría son jóvenes y ya tienen sus propios enemigos. No quiero añadirles a Zabuza.

Kakashi resopló con fuerza, cerró los párpados y entrelazó sus dedos, apretando algo entre las palmas de sus manos. Cuando abrió los ojos, miró directamente el cristal donde Minato seguía acostado y sedado.

Al separar sus manos, Ibiki observó el anillo que su alfa siempre mantenía seguro en su pecho y que seguramente, llevaba horas apretando en su mano, casi rezando para que todo saliera bien.

– Hablaré con Minato en cuanto despierte. Naruto no se tomará nada bien esto, pero… por ahora, no digas nada, menos a su manada. Y hablando de él, ¿dónde está?

– Sasuke se lo ha llevado a su casa para que descanse. ¡No veas lo que le ha costado convencer a ese terco de ir a dormir algo! Supongo que vendrán en unas horas.

– Tiene un buen beta – susurró Kakashi –. ¿Cómo va a tomarse Sasuke esta noticia?

– Nada bien. Pero no debes decirlo tú, sino Naruto cuando tome una decisión si quedarse o irse.