Se llama Marinette. MARINETTE. Ma-ri-net-te. Marinette Dupain-Cheng. MDP. Marinette. Marinette. Marinette.

Y no puedo dejar de escribir su nombre, porque no puedo dejar de pensar en ella. Porque resulta que la quiero.

La quiero muchísimo. La quiero cuando ríe y cuando llora, cuando se traba con las palabras y cuando pronuncia uno de sus brillantes discursos, cuando tropieza con sus propios pies y cuando sus manos crean maravillas que ella misma ha diseñado. Adoro sus ojos y su sonrisa, me encanta el olor de su pelo y cuando se lo deja suelto no puedo dejar de mirarla. Me encanta abrazarla, cerrar los ojos y sentir que está conmigo, a mi lado, y escuchar el sonido de su respiración y los latidos de su corazón.

No sé cómo ni por qué, no sé cuándo empezó, pero creo que estoy enamorado de ella.

Y juro que no era mi intención, que después de lo de K. no quería enredarme en líos de chicas, así que no entiendo qué ha pasado ni cómo, y estoy maravillado y aterrorizado al mismo tiempo.

No sé qué estoy haciendo. Solo sé que no se lo puedo contar a nadie, y por eso lo escribo en este diario, que guardaré en la caja secreta que la propia Marinette construyó. Aún sigo sin saber si algún día se lo daré a Ladybug o no, pero, en todo caso, estoy a tiempo de arrancar estas páginas antes de hacerlo.

Pero necesitaba escribirlo. Necesitaba sacarlo fuera.

Te quiero, Marinette.


NOTA: Sí, él también se ha dado cuenta :D.

NOTA 2: ¡Muchas gracias por preocuparos por mi salud! Voy mejorando, pero aún no estoy curada al 100%. Parece que es un virus resistente, pero acabará mordiendo el polvo como todos los demás :).