De nuevo se encontraba ante la gárgola que custodiaba la entrada al despacho del Director. Durante ese año las visitas al gran mago se habían vuelto una constante, aunque esa mañana el encuentro no había sido planeado por ninguno de los dos hombres.

Tras finalizar el desayuno en el Gran Comedor Severus escuchó por casualidad la animada charla que mantenían un par de alumnas. Snape jamás ponía atención a las insustanciales conversaciones de los estudiantes pero la cosa cambió al escuchar el nombre de Hermione salir de la boca de una de ellas. Si lo que estaban diciendo era cierto Granger ya no descansaba en los dormitorios destinados a los miembros de su casa desde la noche anterior. La noticia le inquietó pues hasta ese momento esa información no se hallaba en su poder. Rápidamente buscó con la mirada a Hermione, la cual ya había abandonado el salón. Severus salió con presteza del lugar mezclándose con los demás alumnos en el pasillo central, los cuales ya se dirigían a sus respectivas clases u obligaciones. Por fortuna en la lejanía divisó a la joven acceder a la biblioteca así que sin pensarlo la siguió. Lo que allí vio no le agradó, una Hermione claramente inestable se encontraba ante sus ojos. Después de ayudarla a tranquilizarse tras un pequeño ataque de ansiedad decidió ir a hablar con Dumbledore. No podía preguntarle directamente a la chica a donde se la habían llevado pues ante todo quería ocultarle que ese asunto se había gestado a sus espaldas. Mientras se dirigía al encuentro del director su malestar creció, sintiéndose menospreciado por el gran mago al darse cuenta que en realidad no confiaba tanto en él como aseguraba.

Farfulló la contraseña de acceso y sus palabras sonaron como si lanzase una maldición imperdonable. Un ardiente fuego le quemaba por dentro, de tal manera que su mirada destilaba autentica ira. Subió los últimos peldaños de la escalera con tanto ímpetu que cuando alcanzó el gran portón ni siquiera se molestó en solicitar permiso antes de acceder al lugar.

— ¡Severus! — Albus se levantó de su silla sobresaltado por la violenta entrada — ¿Sucede algo?

El hombre no aminoró la marcha hasta quedar ante el escritorio de su superior.

— ¡¿Nadie pensaba informarme?! — Preguntó alzando la voz visiblemente alterado pues sabía que lo que decía era una realidad.

Tras esto golpeó la mesa de madera con ambas palmas de las manos mostrando su cólera. Sus ojos negros guardaban toda la oscuridad que encerraba su alma. Estos se posaron en Dumbledore con tal dureza que logró incomodar al anciano. Albus seguía de pie frente a él tratando de guardar la compostura, separados únicamente por el imponente mueble que presidía la estancia.

— No lo vi necesario — Respondió asumiendo que se refería al repentino traslado de Hermione.

— ¡La ha aislado! — Bramó Severus incorporándose de nuevo mientras agitaba sus manos remarcando así su furia.

— Es por su bien — Justificó el director de manera automática.

— ¡Miente! — Gritó sorteando la mesa hasta posicionarse delante de él, enfrentándose al anciano sin más ambages.

— Sabe que no — El director le sostuvo la mirada por primera vez desde que había entrado en su despacho — ¿Qué sucedería si la señorita Hermione dañase durante la noche a alguno de sus compañeros? ¿Podría cargar con semejante culpa?

Severus resopló indignado por tal argumento.

— Sabe que estoy en lo cierto, ambos hemos visto como era capaz de levitar de manera inconsciente ¿Cuántos magos conoce con semejante habilidad? — Dejó la pregunta en el aire sabiendo que Severus no podría contestarla, jamás se había documentado un caso similar.

— ¿Teme que use la magia durante sus sueños? — La duda le resultaba totalmente absurda a Snape pero parecía que ese era el motivo por el que habían apartado a Hermione de los demás alumnos.

— Es preferible prevenir males mayores — Contestó el anciano acariciándose su espesa barba.

— ¿A dónde la han llevado? — Preguntó Severus preocupado por el lugar elegido para ocultarla.

— La profesora McGonagall la condujo anoche a un lugar seguro dentro de Hogwarts — Informó el director sin dar detalles de la localización exacta donde se encontraba el nuevo dormitorio de la joven.

Severus no pudo evitar mostrarse aliviado al escuchar eso, por lo menos no la habían sacado del castillo como temía. La idea de que Hermione hubiese sido desterrada a "La casa de los gritos" como Dumbledore hizo en el pasado con Remus Lupin le horrorizaba. Allí estaría lejos de las protecciones que ofrecía el castillo.

— De acuerdo, Minerva sabrá protegerla — Aceptó finalmente el hombre destensando un poco el gesto.

El profesor conocía la predilección que sentía esa mujer por su pupila. Mientras estuviese a su cargo la bruja velaría por su seguridad, o por lo menos eso esperaba.

— Por supuesto — Confirmó el anciano de manera más relajada pues veía que los argumentos que le daba estaban logrando convencerle.

— Sé que está tomando un filtro somnífero elaborado por la enfermera... Está ligeramente modificado para que pueda tomarlo en pequeñas dosis con la finalidad de calmar sus nervios — Confesó el hombre buscando una explicación para ese hecho.

— Madame Pomfrey creyó que era conveniente debido su inestable comportamiento — Explicó el director sin darle mayor importancia.

— Prefieren mantenerla sedada en lugar de permitir que desarrolle su verdadero potencial — Una sonrisa de incredulidad apareció en su rosto — La temen, realmente la temen.

— No podemos arriesgarnos, no ahora que queda tan poco tiempo — sentenció Albus.

— Entonces, ¿por qué me encargó su instrucción en el arte de la oclumancia? ¿Solamente para guardarse las espaldas? — Preguntó Severus incapaz de entender ese razonamiento.

— Haga que su mente sea infranqueable, limítese exclusivamente a eso — Ordenó el director remarcando la palabra "exclusivamente" para disuadir a Snape de emprender otras acciones.

— Esa niña podría ser crucial para derrotar a Voldemort, ¿ni siquiera lo ha pensado? — Objetó el hombre incapaz de compartir el mismo pensamiento que el anciano.

— ¡Harry es el único capaz de lograrlo! — Espetó Dumbledore.

— De acuerdo, esta misma tarde le impartiré la última de mis clases a la muchacha. Sólo espero que no tengamos que arrepentirnos de esto — Aceptó el hombre de mala gana pues sabía que era inútil tratar de convencer al mago de lo contrario.

Tras la infructuosa conversación Snape partió para atender sus múltiples obligaciones, ¿aceptaría la orden directa de Dumbledore o seguiría instruyendo a Hermione ahora que se había convertido en la alumna más poderosa de Howgarts?

Una nebulosa azulada adelantó a la muchacha al salir de la biblioteca. La sorpresa por el inesperado encuentro hizo que Granger diese un pequeño traspiés.

— ¿Pero qué...? — murmuró molesta por su torpeza mientras se apoyaba con la mano derecha en el muro de piedra.

Una ardilla saltó a su lado de manera juguetona.

Hermione sonrió al recordar a quién pertenecía ese patronus.

— Lavender — Susurró mientras giraba sobre sí misma siguiendo al pequeño animal que no dejaba de moverse en círculos a su alrededor.

Antes de darse cuenta los pequeños saltos de la ardilla se encaminaron por el corredor parándose a los pocos metros para observarla. Estaba claro que quería que la siguiese.

— Perfecto, vamos al encuentro de tu creadora — Dijo de manera animada.

No tardó demasiado en llegar al balcón del cuarto piso, allí Lavender la esperaba de espaldas a ella. La muchacha se encontraba asomada al ventanal disfrutando de las vistas que ese lugar ofrecía, parecía que ni se había percatado de la presencia de su compañera hasta que ésta posó su mano en su hombro.

— Me alegra verte — Musitó Hermione con una tímida sonrisa en los labios.

La chica se dio la vuelta de inmediato, su rostro se encontraba sereno a diferencia de la última vez que ambas se vieron.

— Lo siento tanto — Murmuró mientras negaba con la cabeza.

Su pequeño patronus se evaporó pues ya había cumplido su cometido.

— Yo también lo siento, no quise escucharte durante semanas... Tal vez hubiésemos podido arreglarlo — Las palabras de Hermione eran sinceras, realmente deseaba hacer las paces con su compañera.

— Actué mal, nunca debí acusarte. Yo... — Lavender se detuvo por un instante, dudando si decirle toda la verdad.

— No voy a juzgarte, sólo dime por qué lo hiciste — La voz de Hermione se endureció, todavía le dolía recordar ese día.

La joven Brown se separó de ella, necesitaba guardar distancia si iba a ser completamente veraz. Una exhalación de cansancio se escapó de sus labios.

— Supongo que siempre te tuve celos — Confesó por fin — Has sido la más brillante alumna desde nuestro primer año.

Tras escuchar eso Hermione se cruzó de brazos intentando guardar la calma. ¿Todo había sido por eso, unos estúpidos celos académicos?

— Nunca logramos ser amigas íntimas, a pesar de que Parvati y yo lo intentamos de todas las maneras, pero tú... parecías creerte mejor que nosotras — Por primera vez Lavender estaba siendo totalmente sincera con ella, aunque la verdad incomodase a ambas.

— Nunca he querido aparentar tal cosa — Se justificó Granger — No pienso que sea mejor que nadie. Sabes que incluso he tenido que sufrir la discriminación de algunos por mi estatus de sangre.

— Lo sé, he sido una tonta — Al decir esto su voz se quebró — Me deje llevar por las habladurías y mis inseguridades, ¿podrás perdonarme?

Parecía que el ataque de Lavender tras el incidente de Katie Bell había sido propiciado por los rumores que desde hacía meses dañaban la reputación de Hermione. Estos junto a su baja autoestima habían creado la tormenta perfecta para su enfrentamiento.

— Por supuesto — Dijo finalmente Granger

— ¡Tengo una idea! Hagamos un pacto para asegurarnos que siempre seremos sinceras la una con la otra — Exclamó la joven.

Hermione alzó una ceja exageradamente ante la ocurrencia de su amiga.

— ¿Estás segura? — Dijo Granger con un tono burlón de suspicacia.

— ¡Claro! No volveremos a tener secretos — Respondió Lavender ilusionada.

— De acuerdo, utilizaremos el pacto de la verdad — Confirmó Hermione dejándose llevar por el entusiasmo de su compañera.

Ambas sacaron sus respectivas varitas dispuestas a realizar el hechizo.

Semper Veritas — Conjuraron al unísono.

Una luz dorada nació de ambas puntas conectándolas.

— Ya sabes lo que ocurrirá si lo incumplimos... — Advirtió Granger con una media sonrisa.

— Que nos crecerá la nariz más que la del profesor Snape — Respondió Lavender.

Las dos muchachas rieron al imaginar las cómicas (y prominentes) consecuencias que habría para la que faltase a la verdad.

Tras esto ambas se fundieron en un abrazo. A partir de ese momento el acuerdo estaba sellado, serían siempre sinceras la una con la otra.

— ¿Puedo preguntarte algo? — Dijo Hermione mientras se separaba de ella.

— Claro — Confirmó su compañera.

— ¿Por qué te llamaron Lavender? — Tras hacer la pregunta la joven notó la cara de extrañeza de la chica — Quiero decir... ¿es una tradición familiar? ¿Utilizáis nombres de flores para nombrar a los hijos?

Granger sabía que algunas familias mágicas tenían esa costumbre pues tras ver el tapiz con el árbol genealógico de los Black descubrió que muchos de sus miembros tomaban los nombres de constelaciones. No le pareció tan descabellado pensar que también se utilizara ese sistema para nombrar a los descendientes de otras familias. En su mente seguía rondando la idea de que las flores podían tener significados ocultos dentro del mundo mágico y ver que algunas brujas poseían nombres relacionados con ellas la animaba a pensar así.

— No — Respondió mientras reía por la ocurrencia de su amiga — Los miembros de mi familia no somos un jardín botánico.

— ¿Entonces por que fue? — La muchacha no pararía hasta satisfacer su curiosidad.

— Bueno, mi padre le regaló un pequeño ramillete de lavanda a mi madre cuando ambos estudiaban en el colegio, creo que fue su forma de declararse. Porque bueno... ya sabes lo que eso significa ¿verdad? — Comento la joven Brown.

— ¿Por qué debería saberlo? — Hermione no entendía a que se refería la muchacha.

— ¿Nunca te hablaron del lenguaje de las flores? Vaya, pensaba que su conocimiento estaba más extendido en tu mundo — Explicó la rubia — Sobre todo lo usaban los muggles durante la época Victoriana para mandarse mensajes secretos, ya que ellos no disponían de patronus o lechuzas mensajeras para intercambiar información privada — Continuó explicando Lavender — Conocerías la Floriografía si no hubieses dejado la asignatura de Estudios Muggles.

— ¿Habéis estudiado ese lenguaje en vuestras clases? — Preguntó Granger.

— Bueno, lo estudiamos un poco pero no soy una experta en el tema. Aunque por supuesto sé el significado de mi nombre — Rió de manera espontánea — Lo malo es que una misma flor puede tener varias lecturas, el color de la misma o la forma de entregarla también cambia el mensaje. Es bastante complicado.

Hermione prestaba toda su atención a las palabras de su compañera.

— ¿Y por qué le interesa la floriografía a los magos? — Parecía que este hecho escapaba a la comprensión de la joven bruja.

— Pues porque es el lenguaje de los enamorados — Reveló su amiga con una sonrisa — Solían utilizarlo los amantes, sobre todo los que vivían un amor imposible. Durante esos años, en los que las uniones entre magos y muggles estaban prohibidas, ese idioma secreto era utilizado por las parejas para comunicarse de manera clandestina. En el mundo mágico no se conocía hasta que pasaron los años. La profesora Charity nos explicó que ese arte fue adoptado por algunos magos al pasar las generaciones.

Esa revelación sorprendió a Hermione, ¿su camelia escondía algún mensaje de amor? ¿Sería eso posible?

Sin decir nada metió la mano en su cartera y sacó la esfera que encerraba la flor.

— Es una camelia, ¿sabes su significado? — Preguntó decidida a saber la verdad.

Lavender la sostuvo entre sus manos con interés.

— Es preciosa — Musitó admirando su belleza — Pero no sé su significado, como te he dicho es un lenguaje complejo.

La decepción se dibujó en el rostro de Hermione.

— Hay que tener en cuenta quien te la regaló y la forma o las circunstancias en las que te la entregó — Continuó diciendo la atractiva rubia.

— Ya... — Susurró Granger bajando la vista pues no quería revelar esa información.

Lavender se percató de que Hermione prefería guardar todo eso en secreto así que no insistió.

— La señorita Charity podría ayudarte, posee un libro con mucha información sobre la floriografía — Reveló la joven intentando animar a su amiga.

Hermione le dedicó una tímida sonrisa al escuchar eso.

— Puede que la visite más tarde — Sabía que la profesora estaría dispuesta a ayudarla — Y entonces... ¿Cuál es el significado de la lavanda? — Preguntó intentando retomar el tema inicial.

— Según el lenguaje de las flores mi padre le declaraba su amor a mi madre, aunque sintiese que no la merecía. — Comenzó a decir con un brillo especial en la mirada — Ambos son sangre pura, ¿sabes? Pero a diferencia de otros magos ellos sí se casaron por amor. Si alguien te regala lavanda es que te considera bella y pura — Explicó con orgullo.

La muchacha acarició la esfera con cariño, como si anhelara recibir algún día un regalo tan bello de parte de Ron. Acto seguido se la devolvió a su compañera.

— Tu madre debió sentirse muy halagada — Reconoció Hermione mientras guardaba la pequeña bola de cristal.

— Sí, tanto que así me nombraron — Confesó la joven — No sé quién te regaló esa camelia pero estoy segura que también quería confesarte algún sentimiento.

Hermione asintió, desde el primer momento sintió que esa flor la definía. Tenía que descubrir su verdadero significado de igual manera que debía descubrir quién era ella en realidad.

NOTA

El hechizo "Semper Veritas" lo he inventado para este capítulo. Siguiendo el ejemplo de J.K. Rowling he usado el latín para buscar las palabras a conjurar.

"Semper Veritas" significa "La verdad es siempre", expresión que me pareció adecuada para usar en un pacto de la verdad.

Es un hechizo básico que los estudiantes de Hogwarts aprenden en sus primeros años en la escuela. Las consecuencias de romperlo es el sobrecrecimiento de la nariz de la persona que miente (claro guiño al cuento de "Pinocho") Cada mentira solo añade más centímetros a la nariz del individuo (que no menguará hasta que diga la verdad o rompa el pacto). Disolver el pacto es sencillo pero es una grave ofensa a los ojos del otro mago.