Ciel aunque aparentaba estar tranquilo no tenía calma dentro de su ser, la desdicha que embargaba su corazón era difícil de sobrellevar pero el amor por Sebastian a quien no tenía cerca le daba la fuerza necesaria para continuar. Además no quería que su "esposo" notara su pesar, no le daría el gusto de verlo sufrir; cuestión de tonto orgullo quizás pero era su forma de mantenerse estable emocionalmente porque por momentos sentía que enloquecería con este drástico cambio de vida.

Porque cuando finalmente parecía que sería feliz el destino en una jugada cruel le arrebataba la felicidad, su vida que había adquirido sentido al renacer en el infierno volvió a perderse al no tener más a su lado al demonio mayordomo que amaba. ¿Por qué era tan efímera la felicidad? ¿Cuál era el precio a pagar para que durará un poco más? Eran las preguntas sin respuestas que el joven con melancolía así mismo se hacia al estar recostado en su cama mientras con uno de sus dedos secaba una lágrima que traviesa había humedecido su mejilla. Lágrimas que se había prohibido a derramar.

—¡Ciel!

Era el llamado de Noah interrumpiendo los pensamientos del joven que con emoción disimulada se sentaba pues ansioso esperaba escuchar noticias de su amado demonio. Su mirada que antes se percibía vacía al mirar hacia la ventana, ventana por la que no aparecería Sebastian como antes adquiría ahora cierto brillo.

—¿Le diste mi carta? ¿Cómo está? ¿Preguntó por mi? ¿Qué te dijo? —Eran las interrogantes de Ciel que no pudo seguir disimulando su ansiedad, el otro sólo sonreía al ver al menos por unos segundos esa emoción en su apreciado amigo.

—Tranquilo, él está bien... En lo que puede decirse... ¿No? No pudimos hablar mucho pero le dejé tu carta.

Noah le comentó de la pequeña conversación que tuvieron en esos minutos para terminar le comunicaba el importante mensaje que le fue dado, exactamente palabra por palabra como Sebastian las dijo, Ciel con los ojos cerrados lo escuchaba para si imaginarse su aterciopelada voz, hasta sus gestos al hablar en ese mensaje lleno de amor que le causaba melancolía. Agachando la cabeza contenía las lágrimas sintiendo como su corazón latía acelerado al oír que lo amaba y la petición que le hacia, que lo esperase como si era necesario pedírselo, él lo haría, aún si era necesario aguardaría su reencuentro por toda la eternidad.

—El no me odia... —Con la voz que se le entrecortaba un poco el joven jugaba con sus dedos temblorosos, se sentía aliviado de que su demonio no estuviera enojado por su decisión, que haya entendido el objetivo de lo que hizo le tranquilizaba.

—Él nunca te odiaría, te ama... Te adora... ¿En serio pensabas que iba a odiarte?

—Es que el es medio tonto a veces. —Suspiraba Ciel— Como extraño a ese tonto.

De nuevo un suspiro se le escapaba junto a una nostalgica sonrisa dibujada en sus labios al expresar este triste pensamiento.

—Mi papá también te extraña y mucho. —Le hablaba Noah abrazándolo trataba de reconfortarlo pero al contrario lo incomodaba pues su vientre estaba bastante abultado.

—¡Oye... Ya te dije que no me abraces! Parece que fueras a reventarte en cualquier momento.

—Si puede nacer en cualquier momento pero si no se sale aún cuando Mathew me agarra por las madrugadas no creo se me salga con un inocente abrazo. —Comentaba con una pícara sonrisa.

—Ah si... Esos son los ruidos en las madrugadas, debí imaginar que eran ustedes. —Murmuró apenado Ciel aunque también con algo de envidia por un placer que el ya no podía disfrutar.

—¿Se nos oye? Pero se supone que lo hacemos casi en silencio.

—El infierno es tan silencioso para mi ahora ¿Siempre fue asi? Tal vez antes no lo había notado. —Hablaba con melancolía quedándose por unos segundos pensativo, reflexionaba cómo antes el silencio del infierno no le era tan abrumador como ahora sin Sebastian, quien casi siempre estaba hablando o canturreando, extrañaba incluso el sonido leve de sus sonrisas incluso el tenue sonido del latir de su corazón al abrazarlo cuando todo se quedaba en el absoluto silencio. —Me alegra tanto que Mathew y tú ya estén bien...

Dijo con una sincera sonrisa cambiando el tema, pues aunque el no era feliz ahora eso no significaba que no deseara la felicidad de quienes apreciaba. Noah notaba la tristeza reflejada en la fría mirada azulina de Ciel en esos segundos que se perdió en sus pensamientos, seguramente pensaba en Sebastian aunque tratara de disimularlo.

—Quizás puedas ir a visitarlo pronto ¿No?—Sugería Noah con una sonrisa tratando de animarlo— Creo que eso les haría bien a ambos.

—No creo que sea buena idea, no hasta que culmine este riesgoso embarazo además Claude no me dejaría. Él es mi dueño ahora. —Dijo lo último con una mezcla de sarcasmo y enojo en su voz.

—Es tu esposo no tu dueño...

—Es lo mismo... Lo odio... —Murmuró con impotencia.

—Al menos te trata bien pensé que se pondría pesado dada la situación ni siquiera te toca cuando podría obligarte.

—¿Cuanto durará esa amabilidad suya? Quién sabe que esté planeando... No confío nada en él, su empatía me parece falsa solo sé que es un horrible remedo de Sebastian. —Se desahogaba Ciel ya no en un murmullo mientras fruncía el ceño y sus manos temblaban preso del enojo— Solo es un cobarde que abusó de mi... Lo odio... Cree que ganará mi amor trayéndome sus postres asquerosos y su falsa comprensión. Ojalá se muriera...

—Oye Ciel... Cálmate... Habla más bajo podría oírte. —El joven demonio lo trataba de tranquilizar pues su amigo se alteró notaba como temblaba preso de la frustración y enojo que en si eran justificables.

Los dos jóvenes siguieron hablando pero ya más tranquilos sin sospechar que esa conversación fue escuchada por un demonio que sigiloso se alejaba a paso lento de la puerta de esa habitación, en sus manos cargaba una charola con té y postres solo optando por marchase en silencio por el pasillo.

En esa noche infernal Ciel se disponía a dormir tranquilo pues sentía que al entregarse en los dulces brazos del sueño sus penas se mitigaban, quizás era también porque usualmente soñaba con Sebastian, le reconfortaba un poco de que al menos en sus sueños estaban juntos. El joven se sobresaltó al sentir alguien tras suyo, una gélida respiración rozaba su nuca y unos brazos rodeaban su cintura para impedirle que se levantara, de inmediato salíendo de su leve confusión, pues no sabía si era sueño o realidad, se dio cuenta sin voltear a verlo quien se había tomado el atrevimiento de meterse a su cama.

—¿Qué haces aquí?

Molesto el joven en un murmullo le pregunatab tratando de zafarse de ese incómodo abrazo.

—¿Debería responder algo tan obvio? —Con una sarcástica sonrisa le cuestionaba Claude que en su mirada destellaba un brillo extraño, de enojo— Soy tu esposo y puedo meterme a tu cama cuando se me antoje.

¿Cómo podía refutar a algo que era irrefutable? Tenía razón, había apelado demasiado a su "bondad" creyendo que sería comprensivo para exigir sus deberes maritales por más tiempo. Pero tampoco se dejaría doblegar tan fácilmente aunque tuviera la maldita razón, si lo humillaba lo humillaría también. Sabía como hacerlo, restregándole su amor por Sebastian y como su amado demonio sobresalía sobre él.

—¿Vas a violarme de nuevo? Hazlo... Solo así podrás conseguir algo de mi.

Ciel le hablaba sin voltear a mirarlo todavía, aunque se mostraba firme por dentro sucumbía, cerrando los ojos se dejaría hacer lo que este quisiera. No rogaría por piedad, su tonto orgullo no se lo permitiría.

—No voy a hacerte eso, sé que tu estado es delicado así que no me creas tan idiota como para echar a perder a mi lindo esposito por un arranque pasional. Después que tengas a nuestro hijo quizás si me aproveche de tu cuerpo.

—Es bueno que tengas planes a futuro de este falso matrimonio. —Sarcástico Ciel le hablaba algo aliviado que no tuviera otras intenciones pero aún así era muy incómodo que lo abrazara de esa forma.

Sentía que su aliento lo rozaba, se estremeció cuando sus manos traviesamente bajaban a su entrepierna, sonrojado trataba de alejarse pero no podía no sin presionar su vientre, era peligroso para el bebé. Pero al parecer a Noah no le preocupaba esto porque escuchaba sus tenues gemidos a lo lejos.

—¿Qué haces? —Titubeó nervioso porque aunque su mente no deseaba este contacto su cuerpo al parecer cedía a las caricias en su miembro desnudo pues esas manos extrañas se habían colado dentro de su ropa interior.

—¿Qué crees? Tal vez tú no puedas complacerme pero como buen esposo debo dejar mi egoísmo y procurar darte lo que necesitas aunque no sea correspondido.

—Ngh... —Jadeaba el joven muy sonrojado tanto por la tosca caricia sobre su miembro que despertaba como por el coraje al ceder— Yo no necesito de ti... Ngh... Puedo masturbarme solo.

—¿Ah si? Entonces ¿Por qué solo con unos roces ya estás tan duro a punto de eyacular? ¿O te excita que tus queridos amigos en la otra habitación estén haciendo el amor?

Eran sus preguntas mientras con firmeza seguía apretando su miembro que caliente parecía que estallaría en cualquier momento, su lengua húmeda rozaba su nuca cálida haciendo que Ciel se estremeciera ante el contacto. Cerrando sus ojos pensaba en Sebastian imaginando que eran sus manos que lo tocaban, que cuerpo tan débil tenía se recriminaba a la vez. Ahora recordaba cuando Noah semanas atrás se entregaba a un demonio que apenas conocía a pesar de amar a otro, al parecer un joven demonio embarazado era como un cuerpo insaciable, un cúmulo de sensaciones por liberar, lleno de ansias que trató de mitigar por la tristeza que le embargaba. Maldecía su debilidad, su vulnerabilidad más ahora que el placer recorría su cuerpo porque alcanzando el éxtasis estremecido eyaculaba con fuerza en las manos de este.

—Sebastian... Ngh... —Jadeaba casi sin aliento aún estremecido de placer con los ojos cerrados.

—¿Tratas de ponerme celoso?

—No... Solo te aclaro que mi cuerpo podrá pertenecerte pero mi corazón jamás será tuyo. —Masculló con fingida soberbia el joven demonio pero se sentía tan humillado— Quiero asearme ¿Puedo ir al baño?

—Claro... Aquí te espero.

Claude con una sonrisa de satisfacción le hablaba, aclarándole de una vez que no iba a irse de su cama a partir de ahora, deshaciendo el abrazo lo dejaba ir. Ciel acomodándose la ropa interior escuchaba como este demonio perversamente se lamía las manos donde estaba su esencia, que para colmo de males era abundante. Con prisa se levantaba sin mencionar palabra, su rostro no mostraba emoción alguna hasta que llegó al baño donde se desmoronó arrodillándose comenzó a llorar con fuerza tratando que no se le oyera.

—Perdóname Sebastian...

Era el leve susurro que sus labios dijeron en medio de lágrimas, él no lo deseaba esto pero su cuerpo al haber reaccionado se consideraba un traidor al amor que sentía por Sebastian. Asqueado de si mismo iba al lavabo a vomitar lo poco que había cenado horas atrás.

A la mañana siguiente, Noah como siempre entraba a hacerle compañía en este nuevo día notando de inmediato como su amigo al parecer estaba más deprimido que de costumbre ya que estaba envuelto en las sabanas

—Ciel... ¿Qué sucede? ¿Estás bien?

—Quiero estar solo... ¿Puedes irte? No estoy de humor para aguantar tus idioteces.

—Oye... Tranquilo. Dime lo que te pasó... ¿Ese Claude te hizo o te dijo algo?

—Nada... Hoy me siento mal... ¡Quiero estar solo!

Noah al notar su mirada determinada se disponía a salir de la habitación para que no se alterara más pero esta duda debía ser saciada, así que comenzó a buscar a Claude por la casa encontrándolo en la cocina donde estaba preparando el desayuno. Esto era raro ya que él no lo había hecho antes.

—¿Quieres comer? —Preguntó Claude aunque ya predecía que la respuesta sería negativa y así fue porque el joven negó con la cabeza.

—¿Qué le hiciste a Ciel? —Cuestionó firme pero a la vez con enojo.

—Nada... Son asuntos de nuestro matrimonio que a ti no te incumben. ¿Verdad?

—¿Abusaste de él? ¿Aún cuando te dijimos que su estado es delicado? ¡Eres un maldito!

—Tranquilo niño... Se te va a salir tu hijo —Le dijo burlón viendo como este se le acercaba con intención de agredirlo solo lo detuvo tocando su cabeza— ¿Lo viste herido? ¿Sangrando? ¿Adolorido?

Noah lo miraba con odio pero ciertamente no lo vio lastimado, no al menos de manera física.

—Ya ves... No le hice nada, solo tomé la decisión de que dormiríamos juntos a partir de anoche pero una cosa llevó a la otra entonces le calmé un poco las ansias.

—¿Lo tocaste?

—Digamos que sí, aunque no entiendo porque se siente tan mal, soy su esposo es mi deber hacerlo sentir bien y anoche lo logré porque me llenó la mano con su semen.

Noah no dijo más fue de prisa con Ciel, acercándose lo abrazaba ante la sorpresa de este que trataba de apartarlo.

—No te sientas mal... Fue sólo tu cuerpo.

—¡No es de tu incumbencia... Déjame en paz!. — Ciel sonrojado le gritaba escondiéndose más bajo las sabanas.

—Ciel comportándote así no ayudará en nada. Conmigo tienes un aliado, no voy a recriminarte porque entiendo perfectamente por lo que estás pasando.

—Soy un maldito traidor... Por favor no se lo digas a Sebastian, esto lo destrozaría. —Su voz alterada de antes ahora era un ruego susurrado mientras sollozaba aún escondido entre las sabanas.

—No lo haré...

—Ciel te traje el desayuno. ¿Sigues bajo las sábanas? ¿Vas a vivir allí a partir de ahora?

Hablaba Claude con tono sarcástico con una sonrisa como si nada pasara a pesar de la tensión que se percibía.

—Te dije que tengo náuseas no quiero comer. —Murmuró Ciel.

—Debes comer... Sé que tienes hambre porque percibí que te rugían las entrañas. Asi que Noah sino vas a desayunar te pido que nos des privacidad, debo hablar con mi esposo.

—No te preocupes por mi, estaré bien...

Le aclaraba Ciel para que se fuera le avergonzaba que Noah lo mirase, este en un suspiro se disponía a marcharse pero no sin antes advertir que estaría cerca.

—Qué pesado ese muchacho yo no me meto en sus asuntos, él no debería meterse en los nuestros. —Claude murmuró malhumorado mientras se acercaba a la cama, quitaba las sabanas en que Ciel estaba cubierto.

—¿Estabas llorando? Aún así eres muy lindo.

En tono burlón le hablaba notando su mirada llorosa, acercándose a su rostro pretendía besar sus labios, Ciel volteaba la cara negándose a ese contacto.

—Acabo de vomitar... Déjame.

—¿Te la vas a pasar vomitando para que no te bese? Tendré que besar algo más entonces —Se quedó viéndolo fijamente pues sabía que era una excusa para no besarlo solo esbozó una sonrisa— Quitate la ropa interior.

—No quiero...

—Entonces bésame... O usaré mi boca ahí abajo.

Ciel desviaba la mirada acercándose a su rostro besaba sus labios, pero solo sutilmente no le placía besarlo y menos sabiendo que Noah podía estarlos oyendo.

—Parece que Sebastian no te enseñó a besar bien... Así se hace...

Tomando sus labios a los suyos los besaba con firmeza y pasionalmente, Ciel trataba de apartarlo con sus manos empujándolo, no correspondía a su beso se sentía asqueado. Sebastian le había enseñado a besar y lo hizo muy bien pero esos besos eran solo para él. Cuanto deseaba que su amado demonio llegara a salvarlo de estas humillaciones que apenas empezaban pero sabía que por mucho que lo deseara él no llegaría a su rescate. Entre lágrimas soportaba esta penitencia impuesta por el cruel destino .

Muchas gracias por estar al pendiente de esta historia,

Espero que haya sido de su agrado este capitulo... Besos!