-.-.- 3 años después -.-.-

Para Jun, días como aquel eran perfectos para quedarse en cama sin hacer nada. Tanto a él como a su novio les gustaba realizar actividades al aire libre o cualquier cosa que los mantuviera activos, sin embargo, los días de flojera tampoco estaban mal. Era una lástima que ese día en particular no pudieran darse el gusto de no hacer nada. Eso no significaba que no fuera disfrutar de lo que quedaba de su mañana antes de tener que arreglarse.

Con cierta flojera, rodó de los brazos de su novio en busca de un vaso de agua que se encontraba en la mesita de noche junto a la cama. Se incorporó, sentándose, ya que en una ocasión intentó beber mientras permanecía acostado, aprendiendo que aquello era una pésima idea. Soltó un suspiro una vez estuvo saciado. Por lo cansado que se sentía, asumió que eran las 7:00 de la mañana o algo por el estilo. Volteó hacía el reloj, sintiendo cómo el alma se le iba a los pies. Tenían exactamente una hora y media para estar listos. En aquel instante fue como si algo lo poseyera. No solía ser violento, pero el pánico hizo que rápidamente volteara hacia su novio y lo sacudiera con fuerza.

—¡Hoseok levántate!

—Cinco minutos más, anda. Regresa a la…

—¡No tenemos tiempo!

La reacción fue instantánea. Aunque el mayor todavía se encontraba dormido, se levantó de golpe.

—¡Pero puse una alarma ayer!

—Pues no sonó— Jun salió corriendo de la cama hacia el baño —Dios, de todos los días que pudo haber fallado, tenía que ser hoy— el joven abrió la llave de la regadera, quitándose su pijama tan rápido como pudo. El baño de aquel día iba a tener que ser muy simple, enfocandose solo en las partes que consideraba más importantes de su cuerpo. Ingresó aplicando shampoo y jabón al mismo tiempo, pudo escuchar que alguien entraba poco después, poniéndose atrás de él. Jun volteó a verlo —¿Qué crees que haces?—.

—Es más rápido si nos bañamos al mismo tiempo, pásame el shampoo.

Ambos chicos se movían velozmente en la ducha, asegurandose de que todo quedara en su lugar, pero sin que les tomara mucho tiempo. El primero en salir fue, naturalmente, Jun, quien después de ponerse una toalla alrededor del torso, tomando otra para secarse el cabello, ahora rojo fuego, corrió hacia su closet para escoger qué ponerse aquel día. Ya tenía una idea de cómo quería lucir, pero el conjunto aún era una obra en proceso. El día anterior pensó que no tendría problema escogiendo qué usar, no obstante, ahora se encontraba sumamente molesto consigo mismo por no poder pensar con claridad debido a la presión.

Estaba sacando ropa al azar mientras que se preocupaba porque su cabello estaba comenzando a secarse de manera que iba a ser muy difícil de peinar. A la vez, intentaba recordar en dónde había dejado su celular la noche anterior, siendo distraído por la manera en que su estómago le estaba demandando que comiera algo antes de irse. Logró finalmente enfocarse, sacando dos conjuntos que le agradaban bastante, observando cómo se le veían en el espejo. Frunció los labios.

Hoseok salió del baño, ya con su camisa y pantalones puestos, luciendo increiblemente bien, lo que volvió a distraer al menor. El castaño llegó a su lado, buscando los zapatos que sacó la noche anterior.

—Te dije que prepararas todo ayer— le regañó al ver la encrucijada en que se encontraba su novio —Y el de la izquierda, ese saco te queda de maravilla—.

Jun asintió y fue hacía el baño para cambiarse, no es que le importara que el otro lo viera desnudo, pero quería aprovechar para hacer todas lo que le faltaba mientras se vestía. Fue así que acabó frente al espejo del lavabo cepillándose los dientes y dando saltitos intentando ponerse los pantalones. En algún momento se tropezó, casi golpeándose contra una de las paredes. Suspiró.

—¡Carajo! ¿Desde cuando es tan complicado ponerse un simple par de pantalones?

—Desde que decidiste convertirlo en una acrobacia de circo— Hoseok, que se encontraba a su lado aplicándose algo de maquillaje, dejó la brocha que estaba usando a un lado y sujetó uno de los bordes del pantalón —Vuelve a saltar—.

Jun así lo hizo y finalmente quedó en su lugar. El joven utilizó su mano libre para subirse el cierre y abrocharse los botones de la prenda. Miró con recelo a su novio.

—No entiendo cómo hiciste para estar listo tan rápido, ya casi terminas y a mí todavía me falta peinarme.

—Se llama 'dejar todo listo una noche antes'.

Jun soltó una risita.

—¿Cuál es la emoción en eso?

—No intentas decir en serio que estás disfrutando esto ¿no?

—Quiero decir, ahorita no, pero seguramente después me voy a reír mucho al recordarlo— algunas palabras salían inentendibles debido a que el joven seguía con el cepillo de dientes en la boca. Tomó un poco de agua y echó todo en el lavabo, secándose el rostro con una toalla pequeña. Miró al mayor —Hobi, sabes que normalmente no te pediría ayuda con esto, pero ¿podrías peinarme hoy?—.

—Sí, solo esperame— el chico se veía sumamente concentrado —Termina de hacer lo que sea que te falte y en un segundo estoy contigo—.

Jun asintió saliendo del baño, se puso su saco y zapatos y secó apropiadamente su cabello para que el otro no fuera a tener mucho problema a la hora de estilizarlo. Consideró brevemente maquillarse, pero al final decidió no hacerlo, no estaba de humor aquel día, sin mencionar que nunca fue muy afín a éste. Hacía que su cara se sintiera pegajosa y rara, a él le iba más lo natural.

Se sentó en la cama, aprovechando para pensar en cómo diablos iban a llegar. No estaban precisamente cerca y aún no tenían coche. Comenzó a sufrir una crisis nerviosa. Ya había pasado una hora desde que despertaron, para el joven había sido un periodo muy corto de tiempo. Evidentemente se estaban tardando más de lo que le hubiera gustado. Su novio salió con secadora, plancha y cepillo en mano, al verlo morderse las uñas soltó un suspiro.

—Jun, acababa de arreglartelas.

—Lo siento, es solo que...— volteó hacia otro lado dejando que el mayor se pusiera manos a la obra —No tengo idea de cómo nos vamos a ir. Si tomamos transporte público jamás vamos a llegar a tiempo y a pie no es una opción, por supuesto—.

Hoseok rió al notar los nervios del chico cuando, de los dos, él debería ser quien esté más preocupado por llegar tarde.

—No te preocupes por eso, tengo el número de una taxista muy agradable y que cobra poco, llegamos en un abrir y cerrar de ojos. Ahora, el verdadero problema es hacer algo con tu cabello. Dios, parece que tiene vida propia.

—¿No te dije? En realidad no es cabello, son lombrices que se quedaron pegadas en mi cabeza. Les puse nombre a todas— ambos jóvenes rieron ante eso mientras que Hobi lo tomaba de las mejillas y depositaba un beso en su frente.

—Bueno, señor lombrices, ya quedó. ¿Qué te parece?— Jun volteó hacia el espejo y se examinó, sonriente.

Comenzó a modelar frente a éste sintiéndose todo un galán, giró hacía el castaño tomando otra pose.

—¿Cómo me veo?

—Cómo un dios griego, solo...— Hoseok fue hacía él, deshaciendo el nudo de su corbata —¿Cuántas veces te he dicho que el nudo de la corbata no es el mismo que el de las agujetas de tus zapatos?—.

—Yo pienso que le da más estilo.

—Yo pienso que simplemente no sabes hacerlo porque no practicas y esperas a que yo lo corrija.

El pelirrojo sonrió alzando ambas manos.

—¡Culpable!

El mayor soltó un suspiro y palmeó el pecho del otro.

—Listo, ya vámonos— ambos tomaron sus cosas y salieron del departamento, cerrando con llave mientras bajaban apresurados. Estaban por salir a la calle cuando tuvieron que regresar.

—Pensé que tú llevabas las invitaciones.

—Yo pensé que llevabas las invitaciones.

—Anda, buscalas rápido. Te espero abajo.

Jun entró nuevamente al lugar, buscando los boletos. Por su suerte, Hoseok había sido inteligente y las dejó en un lugar visible. Bueno, ni tan visible, considerando que las olvidaron la primera vez. El chico las tomó y bajó corriendo junto a su novio, que tenía el celular en la oreja, sosteniendolo contra uno de sus hombros ya que el joven se encontraba fajandose la camisa.

—Sí, dónde siempre, sí.

Jun suspiró y miró su reloj nuevamente. Iban 15 minutos tarde, en serio rezaba para que llegaran a tiempo. Hasta donde alcanzaba a ver, no parecía haber mucho tráfico, lo que lo hacía sentirse un tanto aliviado. Llevó una mano a su estómago al sentirlo rugir con fuerza.

—Espero que la comida esté rica.

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—Si alguien se opone a esta unión, que hable ahora o calle para siempre— desde que tenía memoria, Jin siempre había soñado que su boda fuera como en las películas, no sólo porque quería que fuera ostentosa, sino, y más que nada, por el drama. Podía visualizarlo a la perfección: un galán de telenovela entrando a mitad de la ceremonia mientras clamaba su profundo amor por él. En aquel entonces, el joven finalizaba aquella fantasía huyendo con su amante. Ahora que estaba con Namjoon, las cosas eran distintas. Tan solo lo rechazaría amablemente mientras sentía su ego engrandecerse. Sin embargo, grande fue su decepción al darse cuenta de que ninguno de sus invitados parecía tener la intención de hacer un numerito aquel día. Regresó la vista a su novio —Entonces, por el poder que me confiere el Estado, yo los declaro esposos. Puede besar al novio—.

Namjoon sonrió y rápidamente se acercó al otro, tomándolo del rostro para besarlo. Jin sonrió y puso sus manos sobre las del castaño mientras las acariciaba con dulzura. El más alto de los dos se apartó, para sorpresa del otro, y tomó a Jin por la cintura, alzándolo mientras lo abrazaba. El mayor río mientras se aferraba a su ahora esposo, sintiendo cómo la alegría lo invadía. ¿Para qué quería drama cuando ya era la persona más feliz de todo el mundo?

Todos los invitados se pararon al instante, aplaudiendo y echándoles porras, algunos incluso lloraron (Entre ellos Suga, aunque jamás lo admitiera. Taehyung sería un completo idiota si creyera que delatarlo era buena idea). La pareja se tomó de las manos mientras salían corriendo de la capilla con amplias sonrisas. Ninguno apartó su mirada del otro.

Más tarde ese mismo día, todos se encontraban en el salón de fiestas. Jimin, Jungkook, Suga, Taehyung, Hoseok y Jun estaban sentados mientras miraban a los recién casados desde donde estaban.

—¿Pueden creer que ya están casados?

Taehyung volteó a ver a Jimin.

—Honestamente no, todavía no terminaba de procesar que estaban saliendo.

—Tae… llevan años juntos— le reprimió Hoseok.

—¡Sigo en shock! Cada quien procesa las cosas a su ritmo, no me juzgues.

—Como sea— Suga se reacomodo en su asiento, sorbiendo ligeramente. Aún tenía los ojos ligeramente hinchados, pero, nuevamente, nadie era lo suficientemente suicida como para mencionarlo, mucho menos reírse de eso —Estoy muy feliz por Joonie. Después de años de llorar en las noches por Jin, no se merecía nada menos que esto—.

—Aw, ¿Llorabas en las noches por mí?

—Sí, pero se supone que eso era un secreto.

Todos los jóvenes voltearon de golpe hacia atrás, viendo a sus amigos, quienes de un momento a otro ya no estaban en la mesa principal. El bailarín fue el primero en reaccionar.

—¿Qué hacen ustedes aquí? ¿Qué no se supone que deberían estar en la mesa principal?

Jin soltó un bufido.

—Es mi boda y puedo sentarme donde yo quiera.

—Su mamá se puso borracha y comenzó a hacernos preguntas muy incómodas, así que preferirnos venir hacia acá— el menor de ambos jaló dos sillas para que tanto él como su esposo pudieran sentarse.

Jimin río ante eso y asintió.

—Adoro lo que hicieron con el lugar, por cierto. Le estaba comentando a Suga que los colores son adorables.

—También mencionaste que los centros de mesa parecen dildos, no omitas eso.

—¡Suga!

Tanto Taehyung como Jin soltaron una carcajada ante eso, Namjoon simplemente siguió sonriendo con amabilidad.

—¿Ves Hobi?, no fui el único que lo pensó.

—Jun, por favor.

Una charla bastante amena se estableció en la mesa donde todos reían. Alguien tocó el hombro del bailarín, haciendo que volteara hacia atrás. Sonrió.

—Hasta que, pensé que solo ibas al baño.

Jackson se sentó entre él y Jungkook, soltando un suspiro.

—Lo siento, la fila era enorme. Pensé que no iba a llegar— tomó la mano del rubio mientras la acariciaba con ternura. Jimin soltó una risita mientras se recargaba en el hombro del otro sin dejar de verlo, hizo que lo mirara para poder robarle un beso. Todos los miraban en silencio.

Jun llevó una mano a su pecho.

—Ustedes dos son tan adorables juntos.

—Gracias— Jimin se acomodó mejor —Y pensar que llevemos seis meses juntos—.

—¿Seis? Pensé que se llevaban conociendo años.

—Bueno, no fue inmediato— comenzó a explicar Jackson —Minnie y yo nos conocimos por medio de una aplicación de citas, pero desde el inicio decidimos que solo seriamos amigos y después veríamos qué sucedía. Fue hasta este año que me di cuenta que era el indicado—.

Jimin soltó un chillido de felicidad mientras subía sus piernas a las del otro, prácticamente sentándose sobre él. Hoseok los miraba con una sonrisa, pronto recordó algo.

—Ahora que lo pienso, Jackson, creo que ya te había visto antes. ¿No eras el recepcionista de Jungkook?

—Así es— contestó Jungkook repentinamente, quien se servía su tercer copa de vino en la última hora. Jun sonrío con cinismo. Se apartó de su asiento, poniendo ambos codos sobre la mesa y recargando la cara en sus manos, con la espalda completamente recta.

—Pero que coincidencia tan interesante— Jungkook apretó los labios —¿Que no suele ser al revez? Hasta donde sé, el jefe es quien se acuesta con el recepcionista, no su ex— Hoseok rodó los ojos, divertido. Suga, por su parte, tenía una expresión de satisfacción en el rostro. Le estaba costando mucho no reírse.

El joven abogado presionó su lengua contra una de sus mejillas, sonriéndole falsamente a Jun. Este tan solo se encogió de hombros, retomando su posición anterior, siendo atraído por Hoseok, quien hizo que se recargara en su pecho para poder abrazarlo mejor. El pelirrojo volvió su atención a la pareja de casados, lucían algo incómodos.

—Por cierto, ¿no tuvieron problemas con la boda? Quiero decir, al momento de tener que hablarlo con su familia y todo eso.

Jin negó mientras que el otro se cruzaba de brazos.

—En lo absoluto. Mis padres estaban desesperados porque me casara, el quién les era totalmente irrelevante.

—Y mi mamá nunca tuvo problema con eso— Namjoon miró a Suga —Siempre ha sido alguien de mente muy abierta, incluso estuvo bien cuando le presente a Suga en la época en que salíamos—.

La sonrisa de Jun se volvió triste mientras se aferraba a su novio.

—Ya veo… que envidia.

Hoseok percibió al instante el repentino cambio de actitud del chico, acariciando con ternura su hombro y besando su cabeza. Jun le sonrió, dándole a entender que estaba bien.

—¿Cuánto tiempo llevan juntos, por cierto?— Jimin los miraba con genuina curiosidad en los ojos. Jun se sintió más animado por eso, incorporandose mientras juntaba sus manos, sonriente.

—El martes cumplimos tres años, al igual que Nieves y Taehyung.

Hoseok sonrió mientras miraba la espalda de su novio con adoración. Suga pudo sentir su pecho llenarse de orgullo mirando a su propia pareja.

—Hablando de eso, me sorprende que Suga y Taehyung sigan juntos.

El rubio alzó una ceja y volteó a ver a cierto pelinegro que, por el tono de sus mejillas, parecía haber bebido demasiado.

—¿Perdón?

—No me lo tomes a mal, Yoon Gi, es solo que ambos tienen personalidades muy inestables.

El mayor se puso de pie al instante.

—¿Quieres pelear acaso?

Jungkook alzó sus manos en señal de paz, sintiéndose cohibido de repente. El rubio suspiró y volvió a tomar asiento, recargándose en el pecho de su novio, quien puso un brazo alrededor de sus hombros y se cruzó de piernas.

—Eso pensé— el profesor asintió ante eso, nadie se metía con su hombre.

—Como sea— Intervino Hoseok —Puede que nos vayamos un tiempo del país por trabajo.

Jun soltó un suspiro.

—Me pesa un poco irme. No quiero dejar el bar, pero quiero estar con Hobi.

—Estoy seguro de que el jefe encontrará a alguien más, no te preocupes— comentó Suga, mirando a su ex compañero. Suga comenzó a jugar con su anillo en un intento por calmarse, acción que no pasó desapercibida por Namjoon.

—No sabes lo feliz que me hace verte usar ese anillo.

Tanto Jin como Suga voltearon a verlo, confundidos.

—¿Por qué?

—Porque yo ayudé a conseguirlo, ¿Taehyung no te lo dijo?

El chico volteó a ver a su novio, curioso. El profesor solo se encogió de hombros.

—El señor que me lo estaba vendiendo no quería bajar el precio, así que mandé a Namjoon a negociar.

—¿Negociar? Taehyung, me mandaste a coquetear con él— Pronto la mirada del joven se volvió sombría —Hace poco cambie mi celular por milésima vez, pero consiguió mi código postal y de vez en cuando me llega correspondencia—.

—Espera, ¿las cartas de amor eran para ti? Y yo que pensaban que eran de algún admirador secreto mío.

Namjoon volteó a ver a Jin con lástima.

—Perdón por no haberlo mencionado antes, es sólo que…

—¿No creen que es romántico?— Todos voltearon a ver a Jun, sumamente confundidos —Quiero decir, el grado al que Tae es capaz de llegar por Suga, sacrificando a uno de sus amigos para demostrarle cuánto lo ama, increíble—.

Yoongi no estaba muy seguro de cómo tomar aquello, por lo que simplemente asintió. Taehyung irradiaba orgullo.

—Puedo ver que tienes un gusto excelente.

—Que no se te suba.

El profesor volteó a ver al abogado con algo de odio. Su sonrisa era similar a la de Jun momentos atrás.

—¿Y ti cómo te va en el amor, Jungkook?

El joven abogado suspiró.

—Pues..— Jimin y Jackson se encontraban perdidos en su pequeño mundo, el menor de los dos soltó una risita cuando el otro comenzó a darle besos por todo el rostro. Jungkook cerró los ojos —Lo importante es que hay salud. Aunque me va mejor en el trabajo, no tengo tiempo ni de respirar—.

—Ajá.

Jungkook iba a replicar algo más cuando cayó en cuenta de algo.

—¿Es idea mía o estás más bronceado que de costumbre?

—Suga y yo fuimos a Los Cabos con mis padres la semana pasada.

Jimin abrió los ojos.

—¿Pero que Suga no tiene clases?

—Estoy de vacaciones, entro en dos semanas.

Namjoon tomó la mano de Jin mientras miraba a su amigo.

—Ahora que lo pienso, ya casi te graduas.

—Así es, en un año— el chico tomó un pequeño sorbo de su bebida.

—¿Y qué planeas hacer?

—Por el momento estoy trabajando como asistente del psicólogo de la escuela, pero quiero ahorrar el dinero suficiente para abrir mi propio consultorio— sonrió levemente —Escuché que a ti y a Jin les está yendo bien con la cafetería—.

Jin sonrió con orgullo

—Por supuesto que sí, no podía esperar menos de nosotros. Somos el equipo perfecto.

—Estamos a punto de abrir otras dos sucursales fuera de la ciudad, después de la boda, es un sueño hecho realidad— Respondió el castaño.

El mayor miró a su esposo con amor y lo besó. Volvieron a tomarse de las manos.

—Perdonen que interrumpa, pero hay algo que está comenzando a molestarme.

—¿Qué sucede, Jimin?

El mencionado miró a Taehyung.

—¿No se han dado cuenta aún?

—Vas a tener que ser más específico que eso— Suga lo miró sin entender de qué hablaba.

—La pareja de ancianitos de atrás— les dedicó una mirada discreta —No dejan de vernos y tengo la impresión de que ya los he visto antes en otro lugar—.

Todos voltearon a donde el bailarín les indicó, encontrándose con dicha pareja, quienes cuchicheaban entre sí sin percatarse que los habían descubierto.

—Ahora que lo dices, también siento que los conozco.

—Son mis abuelos— contestó Namjoon simplemente.

Jimin volteó a verlo.

—¿Tus qué?

—Algo así, tíos abuelos de tercera generación o algo por el estilo— el chico los saludó amablemente —Los conocí hace poco, al parecer mi mamá se los encontró en el supermercado. Ninguno de los dos sabíamos que vivían en la ciudad—.

—Ya veo.

Jin miró la hora y luego a Namjoon.

—Será mejor que regresemos a la mesa, ya casi van a servir la comida.

El joven asintió.

—Bueno, esperamos que disfruten la fiesta. Nos vemos en un rato.

—Adelante, mucha suerte— Suga se despidió de ambos. Namjoon se le quedó mirando a su mejor amigo y le sonrió de aquella manera que hacía que se marcaran sus hoyuelos. El mayor se sentía como una mamá dejando a su hijo en el kínder por primera vez. Apretó el brazo de su novio mientras veía a su ex compañero de cuarto retirarse con la persona con la que ahora compartiría el resto de su vida.

Todos se quedaron sentados en la mesa, esperando con impaciencia que sirvieran la comida. No había mucha plática, más ya no era incomodo. Toda la situación seguía siendo demasiado irreal, pero no podían decir que les desagradara del todo.

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—¿Cómo que no te quieres casar con Hobi?— Jimin miraba impactado al pelirojo que tomaba de su copa tranquilamente frente a él. Jun sonrió.

—No es que no quiera casarme con él, es que no quiero casarme en general. No creo en el matrimonio— abrazó a su novio, quien acariciaba su espalda inconscientemente —Respeto a las personas que lo hacen, claro, y adoro las bodas, pero no creo que sea para mí. Tengo suerte de que Hoseok piense igual. Deseo pasar el resto de mi vida con él, pero no creo que sea necesario casarnos—.

El joven bailarín no terminaba de procesar la idea, en serio había gente allá afuera que no quería casarse. Desde que tenía memoria, hacerlo era uno de sus más grandes sueños, al parecer se trataba solo de él. Se mordió el labio inferior, preocupado. Aún no tocaba el tema con Jackson porque era muy pronto, pero comenzaba a preguntarse si al chico le causaba la misma ilusión que a él. Ya lo verían después. Volteó hacia Suga, quien miraba la mesa, contemplativo. ¿Estaría pensando lo mismo?

—¿Qué hay de ti, Suga? ¿Te gustaría casarte con Taehyung?

Al mayor le tomó un tiempo pensar en la respuesta. ¿Quería hacerlo? Por supuesto que sí.

—...No estaría mal.

Jimin sonrió y asintió. Puede que el mayor no fuera muy honesto a la hora de confesar esa clase de cosas, pero cuando se trataba del profesor, parecía sentir menos miedo de hacerlo. Era muy lindo.

—Pues a mí sí me gustaría casarme, aunque supongo que no hay prisa. Por ahora hay que disfrutar de lo que tenemos— abrazó a Jackson, quien lo miraba con adoración. El bailarín sintió su vejiga a punto de estallar repentinamente, no debió tomar tanto —Si me disculpan, tengo que ir a retocarme al baño— comentó con una sonrisa mientras se ponía de pie, retirándose. Su novio fijó su vista en él, bajando la mirada hasta su trasero, sintió la garganta seca de repente. Se levantó con sigilo, siguiendo al menor.

El camino hacia los inodoros fue una verdadera odisea. Para ese punto de la fiesta, muchas personas ya estaban hasta el tope de alcohol, por lo que la mayoría se encontraba bailando en la pista de baile, aún cuando muchos no supieran hacerlo. Era gracioso. De no ser por la pequeña urgencia que tenía, se les habría unido. Podía ver a la distancia que Jin, Namjoon y Jungkook bailaban bastante felices. Esperaba no tardarse para ir con ellos.

Finalmente logró llegar a su destino y rápidamente entró a uno de los baños, liberando la presión que comenzaba a sentir. Salió soltando un suspiro y lavándose las manos. Justo en aquel instante, alguien más entró, bastante agitado. Jimin volteó a verlo, notando con cierta diversión que se trataba de Jackson.

—Es un caos allá afuera ¿verdad?

—He visto peores— comentó el otro mientras cerraba la puerta con seguro. El bailarín notó aquella acción al instante y lo miró con interés.

—¿Qué estás haciendo?

—Tomando medidas de precaución— el joven caminó hasta él, poniendo sus manos en su cintura —Te ves tan sexy con esos pantalones, Minnie—.

Jimin soltó una risita.

—¿Aquí?

—¿Por qué no? ¿No crees que lo hace más emocionante?

El menor soltó un sonido de aceptación y rodeó el cuello del otro con sus brazos.

—No te lo discuto.

Jackson sonrió y, sin perder un segundo más, puso a Jimin contra el espejo, sentándolo en el lavamanos mientras lo besaba. El menor soltó un suspiro de placer, correspondiendo al beso con necesidad, dejando que el otro lo manejara como quisiera. Apenas llevaban unos minutos de faje cuando alguien tocó a la puerta, haciendo que Jimin se sobresaltara. Su pareja le cubrió la boca, negando.

—Shh, se cansará en un rato— murmuró aquello en su oído, haciendo que temblara ligeramente. Con sus piernas lo atrajo hacia él.

—No te detengas— su voz era suave y seductora. Jackson sonrió mientras acariciaba sus muslos.

—Tan demandante, me encanta.

Ambos jóvenes reanudaron el beso, teniendo ahora más cuidado de no hacer ruido. Aunque, si eran sinceros, dejó de importarles después de un rato; tampoco es que el extraño hubiera sido muy persistente. Por más discretos que intentaron ser, era muy evidente lo que estaba pasando ahí dentro, Jungkook suspiró. Como sea, prefería regresar a bailar.

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Aquel día fue, sin duda, uno de los mejores en la vida de Jin. Jamás había bailado ni se había divertido tanto, más importante aún, su pecho nunca había estado tan lleno de alegría. Cada vez que miraba a Namjoon se daba cuenta de que era su esposo y que estaban unidos para siempre, no podía ser más feliz. A pesar de ello, se encontraba agotado, ambos en realidad. Pudo notar por la manera en que el menor cojeaba, que lo que más anhelaba, al igual que él, era recostarse y dejar de existir por algunas horas. Abrieron la puerta del departamento que compartían, arrastrando sus pies hasta la habitación. El primero en derrumbarse fue Jin, quién gruñó enterrando la cara entre las almohadas.

El mayor rodó, soltando un suspiro. Se levantó, dirigiéndose al closet para tomar su pijama y cambiarse. Cuando terminó, colgó su traje y fue de vuelta hacia la cama. Antes de poder siquiera acostarse, notó que el castaño simplemente se desvistió, dejando su ropa desperdigada por el suelo. Negó con desaprobación, cosa que pasó desapercibida por el otro, quien contemplaba una pared, sentado.

Solo esta vez lo dejaría pasar. Si eso se repetía, Namjoon iba a conocerlo en serio. Tomó el traje del menor, colgandolo a un lado del suyo. No había riesgo de que pudieran confundirse, no solo por el tamaño, sino por los colores. El suyo era negro, mientras que el de su esposo era blanco, era fácil distinguirlos.

—No puedo creer que aún tengamos que empacar para nuestra Luna de Miel.

Namjoon rió ligeramente desde donde estaba, viendo al otro regresar hacía la cama, pero sin acostarse de nuevo.

—Por suerte avanzamos algo ayer.

—Supongo que tienes razón— Jin se cruzó de brazos —¿Sabes? no me arrepiento de nada. Estoy cansado, pero me divertí mucho—.

El menor lo miró con amor.

—Yo también. Fue bastante interesante: ya había ido a tomar con Jungkook antes, pero nunca lo había visto así de borracho. Se pasó de copas esta vez, espero que haya llegado bien a casa.

—No te preocupes por él— intervino el mayor —Jimin y Jackson fueron lo suficientemente amables como para llevarlo de vuelta a su casa— en el rostro del joven se dibujó una sonrisa juguetona —Por cierto, par de sinvergüenzas. ¿Viste que desaparecieron a media celebración?—.

Namjoon rió mientras asentía.

—Pensé que se habían ido, hasta que aparecieron de nuevo, luciendo como un completo desastre. Estoy seguro que ninguno de los dos estaba usando la camisa que traían cuando llegaron, además, Jimin la tenía mal abotonada.

—No tienes que ser un genio para saber qué fue lo que pasó— Jin finalmente se sentó —Aunque era de esperarse, así suelen ser los primeros meses de relación para algunos—.

—Nosotros no fuimos así.

—Énfasis en 'para algunos'— repitió el mayor —Dejando eso de lado, ¿sabes que sí fue realmente sorprendente? Cuando lanzamos el ramo. Yo juraba que quienes lo iban a atrapar serían Jun o Hoseok, jamás esperé que fuera Suga—.

—¿Por qué lo dices?

—Bueno, a mi juicio, veo más probable que Jun y Hoseok se casen antes que Suga y Taehyung.

—Lo dudo mucho en realidad— el mayor se puso de pie, dirigiéndose al baño para lavarse los dientes y limpiarse la cara —Platiqué un poco con Jun en algún punto de la fiesta y mencionó que no creía en esa clase de cosas, luego dijo algo sobre anarquismo y vencer al sistema capitalista— el menor prácticamente tuvo que gritar eso para que el otro le escuchara —Además, no conoces a Suga. Por más que intente negarlo, es un romántico empedernido. Creeme que si Taehyung no le pide matrimonio pronto, él lo hará. Muchas veces lo sorprendí viendo esos programas estadounidenses donde planean bodas a parejas lo suficientemente ricas como para que sean ostentosas y elegantes. Era algo tierno, siempre que mostraban el resultado final ponía una cara de ilusión como si se tratara de su boda y no de las personas en televisión—.

Jin sonrió ligeramente ante eso, no podía imaginarse la expresión de Namjoon, pero sabía que sería sumamente adorable. Por más bizarro que resultara la relación de Suga y Taehyung al inicio, parecían complementarse bastante bien el uno al otro, sin mencionar que el profesor parecía ir en serio esta vez. Si 3 años de estar juntos no eran prueba de ello, todas las cosas que hacía por el rubio lo eran. Le alegraba que finalmente hubiera encontrado alguien que le brindara la estabilidad que por años estuvo buscando. Probablemente la próxima vez que le diera un anillo sería para pedirle matrimonio, o ese era el deseo de Jin al menos. Sus ojos se abrieron al recordar algo: el anillo.

—Joon, ¿puedo preguntarte algo?— gritar estaba resultando muy molesto, pero el mayor aún no terminaba con su rutina de belleza y no podía esperar.

—Claro, ¿qué sucede?

—¿Por qué nunca mencionaste lo del anillo de Suga?

Silencio, Jin comenzó a ponerse nervioso. No era que Namjoon estuviera evitando el tema, simplemente no terminaba de entender a qué se refería el otro. Después de meditar un poco, finalmente cayó en cuenta y soltó un suspiro, cansado.

—Ah, eso… Estaba tratando de suprimir el recuerdo— comenzó —Fue una experiencia desagradable en la que prefiero no pensar más, siento que haya parecido que lo estaba ocultando de ti. Ese día no pasó nada más allá de recibir varios mensajes desagradables de aquel hombre, los cuales jamás contesté. En cuanto pude cambié de número para que dejara de molestar, pero... ya ves, el tema de las cartas— el menor se levantó de la cama, recargándose contra la pared más próxima al baño —Aún así, no hay nada de qué preocuparse, lo prometo. Todo está bajo control—.

El mayor lo dudaba. Si la obsesión de aquel hombre por su esposo había logrado perdurar durante tantos años, indicaba que no era poca cosa. Le daría el beneficio de la duda, después de todo, era cierto que nada más había pasado hasta el momento. Jin no tenía problemas con que admiraran a Namjoon desde lejos, mientras eso no interfiriera en su matrimonio. De cualquier forma, consultaría con Jungkook para ver si había algo que pudiera hacer al respecto.

Finalmente terminó y salió del baño con una toalla alrededor del cuello. Fue repentinamente abrazado por detrás, lo que hizo que diera un pequeño brinco sin llegar a lastimar al otro. Por suerte, el menor conocía bastante bien a su esposo como para saber que era fácil de asustar, así que debía tener precaución cada vez que hacía algún movimiento repentino o inesperado para el pelinegro.

—Perdón por no decirte antes.

—No te disculpes, lo entiendo y confío en ti— ya más relajado, el mayor comenzó a acariciar los antebrazos del castaño —Aun así tenemos que buscar la manera de solucionar eso. Mientras no se acerque, no hay problema, pero si un día llega a hacerlo, tenemos que estar preparados. Además, sé lo mucho que te incomoda—.

El menor asintió mientras se aferraba al otro aún más.

—Gracias por entender— se sentía la persona más afortunada del mundo por tener a alguien como Jin en su vida. No solo era extremadamente guapo, también era bondadoso y gentil a su manera. Cuando se apasionaba con algo, el menor juraba que podía escucharlo hablar por horas al respecto con tal de ver su rostro iluminarse y su voz subir unos decibeles más de lo normal. Era simplemente perfecto y, a pesar de eso, había aceptado estar con él. Era una bendición y el joven dedicaría cada instante de su vida a hacerlo feliz.

Estaban tan cerca uno del otro, realmente no era algo extraño, pero le permitió al joven apreciar mejor a su novio. Desde donde estaba podía ver cómo sus brazos rodeaban la cintura del otro, revelando lo delgada que era y el cuello del joven que parecía estarlo invitando a que lo marcara. En algún momento, el mayor hizo su cabeza hacía atrás, recargándola en uno de sus hombros. Namjoon no era un animal, su lívido jamás había tenido control sobre sus acciones, pero los labios rosados y la expresión serena del pelinegro lo estaban volviendo loco. Bajó poco a poco sus manos hasta el borde de la camiseta del mayor, levantandola un poco para tener acceso a la suave piel del chico.. Jin sonrió.

—No puedo creer que no puedas esperar a nuestra luna de miel.

—No estoy haciendo nada.

—Ajá, y yo nací ayer.

—Hey ¿puedes culparme? Si te vieras de la manera en que yo lo hago, entenderías.

—En realidad me encuentro bastante atractivo, así que creo que lo hago.

—¿Debería preocuparme por eso?

Jin volteó a verlo para replicar, pero se detuvo. Sus rostros quedaron cerca el uno del otro, lo suficiente como para besarse. Aquella idea mandó una corriente eléctrica a la espina del mayor, quien ya no se sentía tan cansado como antes, era fascinante lo rápido que el otro podía hacerlo cambiar de opinión cuando se trataba de sexo. Tal vez esos seis meses de casi absoluta abstinencia estaban finalmente cobrando por el tiempo perdido. Comenzó a sentir su temperatura subir.

Namjoon comenzó a jugar con el resorte del pantalón del otro, mirándolo fijamente.

—Aunque, si quieres, puedo esperar.

El mayor no pudo resistirse más, se volteó para quedar frente a frente con el otro.

—No— comenzó a besarlo con desenfreno. El menor se sintió aliviado, poniendo sus manos en la cintura del chico. Jin comenzaba a sentir que su ropa estorbaba, la señal no tardó en llegarle al castaño, quien rápidamente le quitó la camiseta y comenzó a hacer que caminaran hacia la cama sin romper el beso. Teniendo cuidado de que el mayor no fuera a caer o lastimarse. Cuando estuvieron cerca, lo empujó ligeramente, haciendo que se acostara para después ponerse encima de él.

—Es nuestra primera noche casados— comentó Namjoon con la voz entrecortada, no paraba de mirar el cuerpo del otro.

—Ahora soy dueño del 50% de tus bienes, para que lo pienses dos veces antes de hacerme enojar.

El menor estaba descenciendo para comenzar a besar el torso del mayor cuando escuchó el comentario, se detuvo y soltó una carcajada, negando y poniendo su rostro contra el pecho del otro.

—¿En serio, Jin? ¿Ahorita?— lo miró a los ojos, divertido —Está bien, lo tendré en mente— su sonrisa se volvió nostálgica —Si hace cuatro años alguien me hubiera dicho que me casaría con el amor de mi vida y que sería dueño de una de las franquicias más famosas de la ciudad, no lo hubiera creído. Es un sueño hecho realidad—.

Jin acarició levemente su rostro desde donde estaba. El menor sonrió ante eso y tomó al otro de las caderas, acomodándolo mejor.

—Ya basta de hablar, ¿en que estábamos?

Ambos chicos volvieron a besarse mientras Jin rodeaba la cintura del otro con sus piernas. Aquella noche se volvió una de tantas que pasarían de aquella forma, siendo la primera del resto de sus vidas.