Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS SEXUALES +18.


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Capítulo 30:

Lo que hizo el destino

"Llévame a la azotea, quiero ver el mundo cuando deje de respirar

(…) Dime que el amor es infinito

(…) Déjame cómo tú siempre lo haces

(…) Lo siento, no puedo salvarme ahora

Perdón, no sé cómo

Lo siento, no hay salida

(…) Pruébame, las lágrimas saladas en mi mejilla…"

¿Escucharlo? Claro que iba a hacerlo, ¡lo necesitaba! Me dolía de una manera indescriptible lo que significaba hacerlo, podía decepcionarme, podía cambiar toda mi visión de él. Estaba aterrada, pero eso no iba a paralizarme.

—Dime qué ocurrió, por favor —supliqué, agachándome junto a él.

—Nena…

—¡Dime ya! —insistí—. Por favor.

Edward se pasó las manos por el cabello, respiró hondo y se limpió las lágrimas, conteniéndose como si tuviera que hacerlo de manera obligada por todas las circunstancias que lo habían hecho ser el hombre que era hoy.

—Solo… —susurré, apretando los labios—. No me digas quién es esa mujer, mientras menos sepa de la persona que le hizo eso a mi pequeña, mejor, o acabaré odiándola más de lo que lo hago ahora.

Él asintió.

De solo pensar en darle una imagen, por muy concisa que fuera, me llenaba de tanto odio que temí desconocerme. De entre todas las cosas, para mí era inconcebible que una mujer le hiciera daño a algún hijo mío y, ¡por Dios! ¡Agatha era mía! ¿Cómo podía vivir en paz sabiendo que una maldita persona, que debió protegerla, amarla y cuidarla, había podido hacerle eso teniendo días? Yo sabía que de tan solo saber su nombre iba a marcarla en mi vida más de lo que ya lo estaba ahora. La odiaba sin saber quién era y prefería que fuera así, porque podría matarla con mis propias manos si pudiera.

—Haré lo que me pides.

Me acomodé a su lado, cruzándome de brazos ante la rabia que sentía por haberme ocultado todo. Edward era consciente de eso.

—Nena, yo… Fui periodista. Estudié todos mis años en la Universidad de Chicago —comenzó. Yo apreté mis párpados ante la rabia, pero lo dejé seguir—. Fui destacado, me gustaba lo que hacía, era un hombre tranquilo, solía dedicarme a lo mío. En… la universidad conocí a una chica, iba en menor grado y yo estaba acabando. Comenzamos siendo amigos, a veces me buscaba y como teníamos amigos en común salíamos a fiestas y todo el rollo.

Suspiró con la garganta apretada.

—Ella era… especial —soltó con la mirada perdida—, no como lo piensas, Bella, no como una persona a la que atesoraría para toda mi vida, ella… era especial porque todo lo que le rodeaba era oscuro. No voy a mentirte, solíamos tener encuentros esporádicos, era una situación que, para mí, era fácil, no quería comprometerme como tampoco ligarme a su persona. Yo sabía que, además, era una mujer compleja a la que le gustaba incomodar al resto, tanto que acabé inmiscuyéndome en ello sin darme cuenta.

Fruncí el ceño sin entender bien a qué estaba refiriéndose.

—Como me quedaba poco en la universidad e iba a graduarme con honores, a ella le gustaba estar conmigo. Demostraba poder y a ella le fascinaba eso. Nunca le tomé importancia a algo tan relevante, pero era demasiado tarde para darme cuenta.

Se pasó las manos por el cabello, como si pensara de qué manera decirme las cosas.

—Mantuvimos contacto cuando yo finalicé la universidad, siendo el mejor de mi generación. Yo amaba lo mío, me encantaba la idea de poder convertirme en un periodista experimentado, era conocido por ser el único al que le importaba cubrir cosas importantes como el mundo infantil y el peligro que los acechaba, la guerra, la hambruna… —Sonrió con nostalgia y algo de pesar—. Mi madre decía que era un verdadero erudito.

Tragué.

—Fue una noche, cuando ella me invitó a una de sus fiestas en su gran casa en la salida de Chicago, cuando las cosas comenzaron a salir mal. Como te dije, solíamos encontrarnos algunas noches. Yo había encontrado en un muy buen medio del país y solo quería celebrar mi gran salto. Esa mujer estaba en las drogas y… me contó que su padre, un ex miembro de las fuerzas militares y actualmente un miembro de los negocios más importantes del estado, necesitaba a alguien que trabajara con él.

Edward POV

Mirar a Bella y tener que decirle todo lo que podía salir de mi boca, era algo que nunca pensé enfrentar con tanto temor. Sabía que la había decepcionado al ocultarle las cosas, pero también comprendía que iba a hacerlo nuevamente al contarle y demostrarle por qué fue que me había costado tanto trabajo hacerlo.

No quería recordar a Tanya tampoco y ella, lamentablemente, estaba ligada a todo lo que alguna vez amé. Su recuerdo quemaba y a veces crecía como la mala hierba, como si se negara a morir, como si… me impidiera ser cien por ciento feliz.

En sus ojos veía cuánto lo odiaba sin conocerla y entendía que no quisiera saber siquiera su nombre. Ella amaba a Agatha como si la hubiera tenido en su vientre, era su madre… Incluso a mí me costaba hablar de ella sin sentir el ligero paso del fuego y el insufrible aborrecimiento de lo que significaba su mera existencia en mi vida.

Pero inhalé y me dispuse a seguir, ya botando todo lo que temía contarle.

"Tanya se sacudió el cabello y se sentó a mi lado mientras me mostraba el vaso de alcohol.

¿Y eso? —pregunté.

Se apoyó en mi hombro y comenzó a acariciarme el pecho, como si buscara algo en especial. Así era ella.

Es para celebrar el nuevo contrato de papá.

¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

¡Te cae perfecto!

No lo entiendo.

Se puso sobre mí, lanzándome a la cama.

¿Recuerdas esa vez que me dijiste que necesitabas un capital para poder comenzar a crear tu libro? Bueno, ya no tienes que trabajar en ese estúpido cuartel, eres más que eso.

Tanya, a mí me gusta lo que hago…

Pero es sonso y aburrido, eres periodista, ¿realmente te interesa rebajarte a eso?

Yo suspiré. Siempre era difícil contrariarle, aunque se tratara de mis sueños.

¿Y? —insistí.

Mi padre quiere conocerte.

Fruncí el ceño.

¿A mí? Tanya, tú sabes que lo nuestro…

¡Ya! No me lo recuerdes —espetó, irritada de que tuviera que recordárselo—. Es porque necesita a alguien como tú para su nuevo trabajo.

¿Alguien como yo?

Se rio y me acarició.

Alguien fuerte y rudo. Dime que no eres así, Edward, y te juro que te mato.

Me reí yo esta vez.

Solo que… debes ser valiente.

No sé por qué comienzo a temer de lo que me dices —susurré.

Los padres de Tanya solían ser rumores de fiesta siempre, en especial cuando uno de los chicos entró a uno de los cuartos equivocados, encontrando un almacén de diferentes armas.

¿Quieres el dinero o no?

Sí, pero…

Son tus sueños, Edward, podrías convertirte en un gran exponente si me lo dices… Papá puede hacerlo."

—Yo no sé qué estaba pensando cuando me lo dijo y por qué no pensé en las consecuencias. Creí que sería por un tiempo y ya, pero fue un craso error —murmuré.

—¿Aceptaste?

Tragué y asentí.

—¿Qué aceptaste?

"Cuando Eleazer Denali me recibió, supe que algo no correcto pasaría con él, pero necesitaba el dinero y… una vez no sería tanto.

Edward —exclamó—. Qué alegría verte.

Yo di un paso adelante, mirando el estudio del padre de Tanya. Era sombrío.

Buenas tardes —susurré.

Pero qué tímido, hombre, ven acá, acércate.

Me senté delante de él, viendo cómo parecía analizarme de pies a cabeza.

Mi hija me contó que eres un hombre realmente valiente, así que no te hagas conmigo.

Yo lo contemplaba.

¿Qué es lo que quiere que yo haga?

Ya veo, eres bastante decidido.

No supe qué responder.

Sé lo que necesitas y puedo dártelo. Un libro, ¿eh? ¿Quieres el Pulitzer?

Asentí mientras lo veía sacar un puro de una caja de metal.

Entonces puedes ganártelo. Yo te daré el capital y tú ganarás, solo tienes que trabajar para mí.

¿Y qué tengo que hacer?

Sonrió.

Cosas sucias —afirmó, apoyándose en el respaldo de su amplia silla de cuero—. ¿Estás dispuesto?

Yo no supe qué contestar, porque mis padres estaban de pronto en mi mente, como si fueran testigo de esta bajeza. Ellos no me habían criado para esto.

Descuida, esas cosas sucias se las harás a personas igual de sucias. Nadie aquí es inocente, puedo asegurártelo.

Miré mis manos, sin saber de qué forma tomarme sus palabras. ¿Cambiaba en algo que fueran personas igual de siniestras que ellos? ¿Era capaz de hacer todo esto con tal de cumplir un anhelo?

Suspiré."

Bella me miraba con los ojos llorosos, manteniendo la distancia conmigo. Yo estaba desesperado, pero aún faltaba tanto por decir.

—Nena, yo… dije que sí ante la desesperación.

Ella tragó y las lágrimas le comenzaron a caer rápidamente.

—Si pudiera devolver el tiempo lo habría revertido todo, pero sí, acepté sin pensar en las consecuencias.

—¿Qué hiciste, Edward? —preguntó, levantando la voz.

—Bella…

—Dime qué hiciste. Sé claro, por favor.

Tomé su mano, pero ella me la quitó. Fue tan doloroso que tuve que alejarme. De verdad era quemante.

—La primera vez sucedió con las personas que no le habían entregado el dinero correspondiente de su negocio.

—¿Qué negocio?

—Cocaína.

"Caminé, acomodándome los guantes sin dedos, con los demás detrás. Ellos ajustaron sus manos, sabiendo que yo daba el paso inicial. Eleazer decía que debían seguirme.

El bar quedaba cerca y, en el momento en el que me topé con los gorilas, ellos temieron de quién podía tratarse.

Vengo de parte de los Denali —murmuré.

Ellos tragaron y nos dejaron pasar.

Busqué entre los que bebían y jugaban pool, el blanco era un grupo de tres que solían frecuentar el lugar para consumir con mayor libertad. Eran antiguos canguros de Eleazer, quien solía lavar su dinero a costa de todos estos pobres lugareños de baja calaña. Cuando topé con ellos, hice crujir mis huesos y fui tras ellos.

Hey, ¿son los del polvo? —pregunté, usando un tono de voz amigable.

Ellos se sacaron el cigarrillo de la boca y dejaron de jugar.

¿Cuánto traes?

Yo tomé al líder de su camiseta, llamando la atención de los demás, quienes estaban rodeados por los que venían conmigo.

Hola, vengo de parte de los Denali —dije.

Abrieron sus ojos de par en par y los que me acompañaban sujetaban de los otros de los brazos. No dejamos que nadie más fuera testigo y los llevamos al callejón.

¿Dónde están las ganancias y el polvo? —demandé, golpeándolo contra la pared.

No sé de qué…

¡¿Dónde están?! —espeté.

Recordé que estaba jugándome también el pellejo y lo apreté con más fuerza, esta vez cerca de su cuello.

Estoy hablando en serio.

El tipo tragó, sabía de lo que podía ser capaz."

—Era cosa de tiempo para que me convirtiera en quien luego fui.

Bella arqueó aún más sus cejas, mirándome con el trago amargo y la hiel en los labios.

—¿Qué hacías con ellos?

Me miré las manos; temblaban.

—Los golpeaba… Los torturaba —susurré en respuesta—. Al comienzo me costaba, pero luego se convirtió en una constante, casi un ritmo de vida.

—¿Solo te dedicabas a eso?

Negué.

—Luego de aquello, su padre me pedía muchas más cosas, muchas más que… ya no solo se trataban de asustar a los que le debían dinero. —Sentí que mis ojos se llenaban de lágrimas—. Fue el comienzo de un monstruo. Yo no quería, te lo juro, no quería hacerlo, pero él me tenía de brazos cruzados… yo…

—Y todo por publicar un libro —añadió, como si no pudiera creerlo.

—Bella… Me di cuenta de eso más temprano de lo que crees.

—¡¿Y por qué no te fuiste de ahí, Edward?! —gimió, conmocionada.

La miré, dispuesto a contarle.

"Miré a la persona que tenía en frente y el solo hecho de tener que hacer lo que Eleazer me pedía me daba náuseas.

No voy a hacerlo —susurré—. Esto es suficiente, ya no lo soporto…

¿Crees que es fácil salir? —inquirió, sacando su arma.

Me rozó con ella, tanteando mi vida en ello.

No vas a amedrentarme con eso.

Sonrió.

Lo sé. Pero con ella sí, ¿no? —Me mostró una fotografía de Alice, quien apenas tenía veinte años. Se la habían sacado cuando salía de casa, junto a mi madre—. ¿O la mujer que le acompaña? Decide.

Tragué con los ojos bañados en lágrimas.

Harás lo que te digo y te irás cuando yo lo considere, o ellas pagarán las consecuencias.

Sentí el escozor en mis ojos. Lo que menos quería era que las mujeres que amaba sufrieran las consecuencias de mis actos.

¿Qué quieres que haga realmente? Tú no me querías para eso simplemente, ¿no?

Eleazer volvió a sonreír y caminó hacia el tipo que estaba amarrado en la silla, mirándome con la mordaza en la boca. Lo tomó de los cabellos y lo hizo contemplarme con mayor detalle.

¿Lo ves? —le preguntó a él—. Es mi nueva arma.

El tipo parecía comprender lo que ocurría, porque sus ojos se pusieron brillantes por el miedo.

¿Qué crees? Claro que lo haré. Lucharás con él. Si logras generarle un rasguño considerable, tu deuda será saldada.

Fruncí el ceño al ver lo que me quería hacer. Mi primera respuesta era ir en su contra, pero de solo pensar en cómo conocían a mi familia y podían dañarla…

Boté el aire, sintiéndome prisionero de mis propias decisiones.

Vamos, Edward, ve a con él —afirmó, sentándolo en la silla.

Me palpó la espalda, sabiendo que yo no tenía alternativa. El otro tipo fue desanudado por sus secuaces y, con el público a mi alrededor, tuve que hacer uso de mi fuerza.

Al parecer, el hombre quería salvarse el pellejo, porque lo intentaba. Cuando sentí que estuvo a punto de rozarme el rostro, me recordé que tenía que actuar o todo podía ir en mi contra. Apreté los puños y me acomodé los huesos, dispuesto a ejercer el primer golpe. Y ahí cayó al suelo, con la nariz sangrándole. Quiso levantarse para venir a golpearme otra vez, pero yo le puse la bota en el pecho, impidiéndoselo.

Vamos, Edward, hazlo, demuéstrame tu valor —sentí que dijo Eleazer.

Le di una patada, soltando la rabia que me provocaba el no poder huir de este maldito infierno, el que fuese un esclavo sanguinario para un hombre que me prometió dinero… Era su prostituto, un simple capricho que le servía, y yo había aceptado sin medir consecuencias.

Cuando terminé de patear, vi que mis botas se llenaron de sangre y que aquel hombre yacía inconsciente sin saber de su destino. Yo respiraba de manera desacompasada, asfixiado por todo esto. Eleazer puso su mano en mi hombro, apretándolo con fuerza.

¿Qué me dices, cariño? —preguntó.

¿A quién le hablaba?

Giré la cabeza y vi que ahí estaba una mujer de su edad, quien, con los brazos cruzados, sonreía de manera aprobatoria.

Es perfecto.

Desde lejos vi también a otra mujer, a quien no pensé que vería siendo testigo de las bajezas de su padre: Tanya. Parecía seria, algo inconsciente de los delitos, como si estuviera acostumbrada a ello. Cuando notó que la miraba, caminó hacia mí y vino a limpiarme el rostro. No me di cuenta que estaba bañado en sangre.

Lo hiciste muy bien —murmuró.

Yo estaba desequilibrado, sentía que algo había desajustado en mi cabeza, como si todo lo normal hubiera dejado de tener sentido.

Ven conmigo.

Me tomó la mano y yo fui como un robot, sin sentir, sin temer, sin… nada en mi interior. Me sentó en una silla y se acomodó para seguir limpiándome mientras me miraba con los ojos brillantes, como si la sola idea de haberme visto haciendo todo esto le… fascinara.

Eres increíble —murmuró, mordiéndose el labio mientras se sentaba sobre mis piernas.

Y en un segundo, me besó."

—Me convertí en su arma, era a quien temían en todos lados, fui la leyenda de las calles, les aterraba tener que ser puestos delante de mí para intentar dañarme, porque sabían que era difícil. Mi mejor amuleto para salir libre de todo eran mis botas, unas pesadas, duras y bastante grandes, las usaba para patearlos y… siempre acababan llenas de sangre.

—Botas Rojas —susurró Bella.

Asentí.

—Quienes frecuentaban el mundo oscuro de las calles de Chicago entendían bien que, de actuar en deslealtad con Eleazer, acabarían en mis manos… o en mis pies.

—Dios santo —jadeó ella.

Ver su rostro descompuesto al imaginar lo que había ocurrido, hacía que quisiera borrar todo de mí, tanto o más de lo que ya quería hacerlo. Bella era… Dios… No quería decepcionarla, no quería que dejara de amarme por ello, pero… ese había sido mi pasado. Y quedaba más.

—Todos acababan inconscientes y se los llevaban a hacer quizá qué, de solo pensarlo se me revuelve el estómago, era… —Apreté los ojos—. Te juro, nena, te juro que quería salir de ahí, pero fui acostumbrándome, como quien se acostumbra a los golpes de los demás, al maltrato, no lo sé, pero siempre cabía la posibilidad de que dañaran a mi familia y eso era lo último que quería. —La contemplé desviar la mirada—. Yo… comencé a liberarme cuando escribía, luego gané el premio y fue agridulce, sentía que parte de él fue gracias a esa maldita familia, y entonces recibí el contrato para la BBC, por lo que tuve la oferta para viajar ese mismo año a los países en guerra y dedicarme a reportear lo que ahí sucedía. Creí que al fin podría deshacerme de ellos, pero…

—Pero ¿qué?

Bufé de rabia con el destino y los caprichos de todos ellos.

—Pero ella quería ir conmigo, era su deseo y su padre solo así me lo permitiría. Y entonces tuve que hacerlo.

Bella me miró sin poder entender.

—¿La querías?

Tragué.

—Era… extraño, Bella, estaba acostumbrado a sus chantajes, su padre me enrostraba a su hija, yo…

—Edward, por Dios —gimió—. Esa mujer…

—Era raro, nena, no puedo decirte qué demonios me sucedía, a veces pienso que ya nada me importaba a esa altura y yo solo hacía las cosas que estaban delante de mí, pensar era difícil, porque el cargo de conciencia era aún más complejo de llevar. Nos acostábamos, pasábamos algunas cosas juntos, pero… tarde o temprano iba a darme cuenta que estaba siendo preso de los chantajes emocionales de ella.

—¿Por qué?

Bufé.

—Ella era adicta a la cocaína. Cuando le suplicaba que me dejara en paz, que necesitaba estar solo, que lo nuestro no era nada y que lo sabía, me amenazaba con hacerse daño por la droga. Yo no quería que algo le sucediera, Bella, ella… solía contarme lo que su padre le obligaba hacer y yo no quería llevarla a él nuevamente, sentía que podía ser mi culpa y ya estaba agobiado de tantas cosas ocasionadas por mí —gruñí con el llanto acumulado en la garganta.

—¿Q-qué te contó?

—Su padre la golpeaba y solía moldear su vida a su antojo. A veces pienso que había mucho más, pero que ella no solía contarme porque temía que su padre se enterara de ello. En muchas ocasiones la obligaba a ver sus crímenes.

Bella se tapó los ojos un momento, como si quisiera quitarse todo eso de la cabeza.

—Yo sentía cariño por ella, fuimos amigos, solíamos intentarlo a veces, pero todo era tan tóxico, tan… vil. Tarde o temprano iba a darme cuenta de que ella me violentaba.

"—Tanya, por favor, ¡sabes lo que sucede entre tú y yo! —espeté, harto de que me siguiera adónde fuera que vaya—. ¿No te parece suficiente tener que hacerme escenas delante de todas las mujeres que conozco? Ya lo intentamos cientos de veces, lo nuestro no tiene fin…

Entonces no me quieres, ¿no?

Me pasé una mano por los cabellos.

Tanya, eran colegas, ¡necesitaba hablar con ellas! Son personas importantes, les tengo respeto…

Pero no me quieres.

Suspiré y miré al suelo.

Sabes que nunca te he considerado más, si estás aquí es por tu padre, ¿no? Lo nuestro… nunca ha sido más que divertirnos, me lo dijiste cientos de veces y ahora… ¿qué?

Su rabia le nubló la mirada y levantó la mano para estamparla contra mi rostro. Yo quedé boquiabierto y, sin espacio para siquiera reaccionar más, Tanya comenzó a arañarme sabiendo que yo no podría defenderme, era tres veces más grande que ella.

¡Maldita sea, basta ya! —grité, tomándola de las muñecas para que dejara de hacerme daño.

Ella se alejó, tomándose las manos con los ojos llorosos.

Me has hecho daño.

Tanya… Tú estabas…

Me has hecho daño —insistió."

Volví a mirarme las manos, inquieto.

—Creí firmemente que era mi culpa, que yo había sido violento con ella cuando solo intenté alejarla. ¿Qué importaba que ella hubiera dejado sus marcas en todo mi rostro? Yo había marcado su piel para intentar alejarla —susurré.

Bella esta vez tenía la mano en los labios mientras sus ojos titilaban.

—¿Creías que eras un maltratador?

—Me lo hacía creer cientos de veces —susurré—. Y cuando quería dejarla, insistía en hacerse daño, pero también me dañaba a mí. Dos veces me quemó con el cigarrillo, tres me volteó el rostro de bofetadas y a veces… —Cerré mis labios mientras intentaba contar esto sin avergonzarme. Temía que, además, no fuera a creerme.

—Edward, ¿qué pasa? —inquirió, acercándose.

Cuando vi que ella estaba volviendo a mirarme con esos ojos brillantes y comprensivos, sin juzgarme, sentí una bomba de emociones que me apretó la garganta.

—Me obligaba a… —Apreté los labios una vez más—. Yo me negaba a tocarla, no podía, ya no tenía sentido, no quería que siguiera sintiendo el derecho a creer que éramos algo más, pero… me obligaba a acostarme con ella.

Una lágrima le cayó por el rostro y eso me destruyó a mí.

—Bella, te juro que no entendía por qué despertaba con ella tocándome o… —Fruncí el ceño—. Ella a veces estaba arriba y yo tenía que quitarla porque era agobiante… ¡Y no podía alejarme de ella porque su padre me obligaba a estar a su lado o le haría daño a mi familia! —gemí.

Bella sollozó y me abrazó.

—Te lo juro, nena, yo no quería… yo… no quería.

—Lo sé —susurró, pasando sus manos por mi espalda—, lo sé —repetía.

—Me costó mucho tiempo entenderlo, me avergonzaba tener que pensarlo y no sabía a quién decírselo. Mis amigos me veían destruido, perdiendo poco a poco todo lo que amaba. Jonas me suplicaba que le dijera qué ocurría, Jake no entendía qué pasaba, Leah necesitaba explicaciones, así como Caleb, Joseph y tantos más. Dejé de frecuentarlos porque estaba aterrado de que ese hombre y su comitiva también la tomara con ellos. Mi familia no sabía de qué manera ayudarme porque yo tampoco quería decirles la realidad. Perdí mi trabajo en la BBC por causa de esa mujer, incluso con ello la pasión que sentía por el periodismo. Iba a perderme a mí mismo, era cosa de tiempo. Hasta que… —Sonreí, sintiendo la misma luz de aquel instante—. Hasta que ella me contó algo.

Bella arqueó las cejas, entendiéndolo todo.

—Ella me convocó una noche, quería decirme algo importante. No sabía de qué se trataba hasta que me mostró los resultados, estaba embarazada. Sí, claro que me descoloqué, yo usaba mis métodos al igual que ella, pero luego me enteré que había pinchado varios preservativos. Era obvio, ¿no? Fui un imbécil, ¿cómo no pensé en la realidad? No era algo que esperaba la verdad, mi realidad no ameritaba a que tuviera que cuidar de alguien más, pero… Agatha llegó a mi vida para cambiarlo todo.

Los ojos achocolatados de Bella me seguían en mi relato.

—Ella no lo quería, creo que no pensó en lo que significaba tener un hijo en realidad, estar drogada la mayor parte del tiempo era complejo y… cuando enfrentó lo que significaba estar embarazada, fue bastante difícil. Intenté cuidarla, sabiendo que tenía que proteger a mi hija incluso de su madre.

—Se drogaba estando embarazada, ¿no?

Asentí con pesar.

—Lo hizo cuando ya no aguantó la espera, la abstinencia era demasiada.

—Santo cielo… —gimió Bella.

—Yo, mientras, buscaba la forma de alejar a Eleazer, por lo que Jonas me ayudó en el proceso.

—¿Cómo? —inquirió.

—Jonas, cuando era más joven, participó en una red de motociclistas que solían limpiar las calles de delincuentes que pudieran destruir los barrios más pobres. Entendí que ese sería mi propósito y lo formamos.

—Por eso te llaman jefe —susurró.

—Sí. Él también me temía, todos sabían quién era Botas Rojas y, al tener conocimiento de cómo había barrido con varios, no querían hacer negocios con la mafia para no entrar en el crimen. Fui valiente, cuanto pude, porque sabía que tarde o temprano todo tendría sus repercusiones, pero lo intenté y alejé a todos ellos como una forma de venganza. Tuve poder en las noches y comencé a escribir nuevamente, entrando al mundo de los reportajes como tanto me gustaba. Busqué proteger a mi hija de todo, sabiendo que en algún momento todo iba a explotar. Mi plan era poder rehabilitar a su madre y que ella pudiera salir de ese hoyo, que además entendiera que lo nuestro no iba a ningún lado y que debía comprender que ahora iba a ser madre. —Suspiré—. Pero ella odiaba a su propia hija. Nunca compró nada, no le interesaba. Yo busqué crear el ambiente, poder darle lo mejor, te juro, nena, que la amaba, amaba a mi hija. Pero su madre no parecía consciente de quién llegaría a su vida y a la mía.

Tragué con los ojos llorosos.

—Cuando nació, no quiso verla, así que yo me la llevé y la cuidé. Tuve mucho miedo, sabía que era un asunto de peligro. A los dos días la llevamos a casa y ella no cuidaba de Agatha, quien además nació más pequeña y con diversos cuadros que tendríamos que vigilar debido a la drogadicción de su madre. A veces, cuando despertaba en medio de la noche, la miraba y le pedía perdón por haberle dado una vida así, yo no quería que pasara por tal situación, yo… sentía que era mi culpa. —Comencé a sollozar, recordando aquel infierno—. Había días en que tenía que marcharme de casa y yo rezaba porque no pasara nada cuando estuviera con su madre, era doloroso siquiera tener que suplicar internamente porque no fuera a hacerle daño, pero si yo no salía no había forma de que pudiera seguir haciendo mi trabajo.

Me pasé las manos por el rostro y seguí llorando. Aún podía sentir cómo me carcomía el dolor de lo que vendría.

—Ella me golpeaba delante de Agatha, y aunque no era testigo, yo siento que aquello le afectaba. Yo podía defenderme, pero cuando lo intentaba, ella acababa con marcas que luego utilizaba para denunciarme, todo eso ocurriendo en diez malditos días… Intenté dejarla cientos de veces, pero me amenazaba con dañar a Agatha y aquello era mi completa perdición, mi hija era lo único que más amaba en el momento y si algo le sucedía yo me moría con ella, ¿entiendes? Era un infierno en vida… Hasta que todo llegó a su fin —susurré, nuevamente temblando.

Bella me miraba con el rostro bañado en lágrimas, escuchando cada situación que salía de mis labios.

—Llegué de noche —susurró—. Estaba drogada. Hablaba con su madre por el teléfono, quien le pedía que se fuera con Agatha, que yo desaparecería del mapa, que no hiciera nada con su hija.

"—No la quiero, ¡tú me dijiste que me embarazara para quedarme con él, ¡pero no la quiero! —gimió con rabia.

No digas eso…

¡Quiero quedarme con él pero no la quiero a ella! ¡Edward solo ama a Agatha!

Entonces haz lo que te dije, vente con tu hija y lo desapareceremos.

Yo seguía escuchando detrás de la puerta, mientras Agatha comenzaba a llorar de hambre desde la cuna.

¡Y nuevamente comienza a llorar! ¡Voy a golpearla otra vez!

Tanya…

Yo tragué. ¿Golpearla?

No vuelvas a hacerlo, te dije que Edward podría notarlo y ahí él no va a perdonarte.

¿Y qué? —espetó—. ¡De todos modos no me quiere!

Tanya…

Ella le cortó a su madre y miró a Agatha con odio.

¡Estoy cansada de que llores todo el maldito día! —gritó, corriendo hasta la cocina y viniendo con un cuchillo.

Yo sentí que el aire se escapó de mí y corrí con rapidez para sacarla del camino. Tanya acabó cortándose ambas palmas debido a la fuerza al sostener el cuchillo y yo tomé a Agatha con rapidez.

Déjala —susurré, apretando los dientes—. No te atrevas.

¡¿Qué haces?!

Voy a irme. Estás demente.

Tragó.

¡No! ¡Eres mío, Edward!

Quiso quitarme a Agatha de los brazos, pero yo la empujé para que no le hiciera más daño. No sé cuánta fuerza ocupé ni cómo olvidé quién era, que acabé lanzándola lo más lejanamente posible, sin saber que acabaría golpeándose la cabeza con el filo de la mesa de acero. Lo único que pude hacer fue correr con mi hija, que seguía llorando como si temiera el infierno que pronto iba a desatarse."

—Nunca quise hacerlo de esa forma —murmuré—, pero si no la sacaba del camino iba a dañar a mi hija.

Recordé lo bien que cabía en mis manos. Era tan pequeña y tan hermosa. Su existencia había sido lo único que me instaba a luchar por todo mi alrededor. Era mi única razón de existir.

—Hui corriendo, millas y millas, recuerdo tan bien cómo sabía que pronto iban a quitármela de los brazos. Recurrí a mi familia, sabiendo las consecuencias de haberme interpuesto en el camino de todos esos miserables. Jonas y todos mis amigos quisieron esconderme, porque tan pronto como encontraron a esa mujer, aseguraron que el culpable de todo había sido yo. —Tomé aire y cerré mis ojos—. Ella murió desangrada. Me atribuyeron los golpes de la cabeza a mí. Fui acusado de asesinato y maltrato, por lo que me quitaron a mi hija y me metieron a prisión con una sentencia de treinta años.

El sollozo de Bella se hizo espeso, lo que me estaba matando.

—Perdí mi carrera, perdí a mi hija y a muchas personas que decían ser mis amigas. Mis amigos más cercanos y la gente de la noche me creía, al igual que mi familia, a quienes le cedieron la custodia de Agatha por dos años. Gracias al cielo no lo hicieron con la familia de esa mujer, porque esos años que estuve sin poder verla crecer habrían sido aún más infernales de lo que fueron en realidad. La prisión me hizo sobrevivir en un mar de peligros que no sabía que podían existir, ahí había personas que me odiaban por ser Botas Rojas y gente que también me respetaba por leyendas que se dejaban ir en el lugar. Iba a volverme loco. Extrañaba tanto a Agatha… Recuerdo cuánto lloré por perderme sus cumpleaños, cuánto lloré cuando supe que su primera palabra fue "papá", cuánto dolor sentí al verla correr cuando venía a verme a prisión… —Me tapé el rostro y Bella rápidamente vino a consolarme. Yo la abracé fuerte y me acomodé en su cuello, soltando todo el dolor que llevaba dentro y sin poder botar—. Fue Alice quien buscó la manera de reabrir el caso, junto con un muy buen policía, Emmett McCarty. —Sonreí—. Se habían hecho amigos cuando mi hermana realizó su última pasantía en la policía y, bueno, nosotros nos hicimos amigos también. No creí que funcionaría, pero sí, funcionó, porque luego de volver a investigar dieron cuenta de varias situaciones irregulares, como el maltrato que yo recibía y cómo ella manipulaba su entorno, cómo me vi envuelto en las influencias de su familia y, finalmente, que todo lo sucedido había sido para defenderme. Mi sentencia fue anulada y todos ellos tuvieron que pagarme una indemnización por los años injustamente cumplidos, por eso tuve todo ese capital —susurré—. Agatha volvió a mis brazos a la edad de dos años y cuatro meses. Nunca pensé que podría más feliz. Me reconocía, quería estar conmigo todo el tiempo. —Reí—. Era mi Pulgarcita, la pequeña que llegó a mejorar cada aspecto de mí.

—¿Qué ocurrió con esa familia, Edward? —preguntó Bella, arqueando las cejas.

Tragué.

—Querían quitármela.

Gimió.

—No iba a permitirlo, lo sabes bien. Así que, con todo lo que yo sabía, los chantajeé.

—¿Y qué ocurrió?

—Hicimos un trato. Yo me marchaba con ella a otro lugar y ellos nos dejarían en paz. Así que nos fuimos de viaje por cuatro años, estudié fotografía y me dediqué a capturar lo que veía en cada rincón de aquellos países, tatuándome un recuerdo como si quisiera decirme a cada segundo "eres errante, eres donde estás". A veces solía escribir artículos como…

—Como AC —me interrumpió Bella.

Asentí.

—No quería que vieran mi nombre, de alguna forma, ya estaba manchado por todo lo que había pasado. Fueron años difíciles, porque extrañaba mi hogar, quería que Agatha estuviera en un lugar fijo, que aprendiera lo que era tener una vida normal… Y me decidí a volver cuando tuvo seis años, la edad correcta para entrar a la escuela. Nunca pensé que aquello iba a cambiar mi mundo, ¿sabes? Porque cuando llegué… te conocí a ti. —Tomé su barbilla y la miré a los ojos—. Y Agatha conoció a Fred. Yo no sabía lo que era un hogar hasta que tú me lo diste, no sabía lo que amar a una mujer hasta que tú llegaste e hiciste que conociera la dulzura de alguien como tú. Era solo un padre con un pasado lleno de mierda, pero contigo soy un hombre, uno que te ama tanto que duele.

Dejé ir el llanto y me acomodé junto a ella, suplicándole que no cambiara la forma que tenía de verme. Si eso ocurría, iba a volverme loco.

Bella POV

Cada palabra que había dicho había calado tanto en mí que no sabía de qué manera reaccionar. Yo solo pude abrazarlo mientras lo escuchaba llorar de manera áspera, como si hace muchos años no lo hiciera. Yo tampoco podía dejar de hacerlo, me sentía prisionera, impotente y tremendamente angustiada.

—Supongo que debes pensar que soy un chico malo, Botas Rojas, ¿no? La prisión me hizo muy duro. —Se tocó un tatuaje; ese lo había hecho ahí—. Muy duro…

La Bestia estaba respirando de forma desacompasada, apoyado junto a mí en medio de la sala. Yo cerré mis ojos y me di la vuelta para mirarlo de cerca.

Nunca lo había visto así.

—No quería que todo cambiara para ti —susurró.

Tragué.

—Edward, necesitas descansar —le dije, acariciándole la frente.

—Dime que te quedarás conmigo esta noche, por favor —suplicó, abrazándome con fuerza.

Yo cerré mis ojos y lo sostuve, permitiendo que se acomodara en mi pecho como un hombre enteramente vulnerable. Era una bestia herida, golpeada por el destino.

—Bella —insistió.

Mis ojos se llenaron de lágrimas.

—Me quedaré contigo —le aseguré, pasando mi mano por su barba.

Él tenía ojeras y los ojos rojos por el llanto.

—Dime que nada de lo que sabes ha hecho que cambie el amor que sientes por mí —murmuró, temblando de pies a cabeza—. Dímelo, Bella… Por favor.

Su sollozo duro hizo que mis ojos lagrimearan ante la viveza de aquellas imágenes que me permitió conocer. Era repulsivo todo lo que había tenido que vivir y cómo perdió todo quedando con las manos vacías. De solo imaginar a ese hombre solo con una pequeña de diez días, luchando entre ser feliz y no hacer que su hija sufriera a manos de aquella mujer… Dios mío… Y luego pensaba más allá, en cómo debió verse cuando se enfrentó a todo eso, en… cómo se convirtió en Botas Rojas.

Toqué el tatuaje que se hizo cuando estuvo en prisión y aquello fue tanto que se me partió el alma en pedazos.

Vi su fragilidad, la lucha por el odio que sentía hacia lo que le hicieron vivir, cómo no le creyeron, cómo temió que yo pensara lo contrario de él, y el inmenso horror de imaginar que las cosas iban a cambiar para mí.

—Edward… ¿Por qué no decírmelo? —susurré—. ¿Por qué…?

—Supongo que el perderte es el mayor miedo que tengo desde hace mucho tiempo. Me convertí en un chico malo, pero te aseguro que no lo quise.

Entre lamentos tomó mi mano y me la besó.

—No, no puedo obligarte a que te quedes con un hombre como yo, tú… necesitas elegir, y a pesar de que soy capaz de todo por ti, sé que cargo con mucho a mis espaldas.

Oh, carajo, sus palabras me desgarraban.

Negué y lo abracé con más fuerza, sacándole un gruñido de desesperación.

—Podías confiar en mí…

—Lo sé.

—Te amo —le dije, acariciándole el cabello—. Te amo y quisiera arreglar todo, pero saber que no puedo es… desgastante.

Me miró a los ojos y sentí su infierno en vida.

—Un chico malo —susurré—. ¿En serio lo eres? Para mí eres el mejor hombre que conozco, fuiste el único que ha amado a mi hijo como suyo sin peros, me diste tu amor cuando nadie lo hacía y me defendiste cada vez que pudiste. No, nada ha cambiado el amor que siento por ti, nada.

Tragó y me tocó los labios, como si volviera a respirar.

—Pero… estoy dolida, no me lo dijiste.

—Nena… Yo…

—Lo sé —respondí—, pero duele.

Arqueó las cejas otra vez.

—Perdóname.

—No tengo nada que perdonarte.

—Te amo, Bella, te amo y no sabes cuánto te necesito conmigo.

Hice que se acostara en mi pecho para que descansara, Edward estaba agotado de ser el fuerte, merecía estar vulnerable, que lo cobijaran y lo cuidaran como tanto cuidó de mí y de su hija. Yo le acaricié los cabellos, hebra por hebra, hasta que lo vi quedarse dormido, tomándome entre sus brazos, no queriendo que me fuera. Miré sus manos e imaginé la sangre, luego cómo tuvo que usar los golpes y luego sus botas…

Pensé en esa mujer, en su familia, en esas personas que se negaron a todo… Era desgarrador e injusto. ¿Cómo pudieron hacerle esto? ¿Cómo lo obligaron a tanto solo por haberse entrometido con esa maldita…?

—¿Mami? —preguntaron Fred y Agatha, quienes seguramente recién habían llegado con Sophie, la niñera.

Me limpié las lágrimas y me levanté de la cama para ir con ellos. Cuando Sophie vio mi rostro, lo primero que hizo fue sonreírme y decirles a los pequeños fue fueran abajo.

—Lo siento, Sophie, es… difícil ahora —murmuré.

—Lo sé, me quedaré con ellos hasta que se queden dormidos, les diré que usted necesita descansar.

Asentí.

—Gracias.

Cuando me volví hacia la habitación, mirando a Edward dormido con su brazo hacia el lado de mi cama, iba a ir tras él para acostarme y cobijarlo, pero sentí el vibrar de mi móvil, por lo que lo tomé, curiosa.

"Tu periodo estaba previsto para la semana del dieciséis, ¿va todo bien?"

Era mi calendario menstrual.

Fruncí el ceño y busqué rápidamente entre los días, recordando cuándo fue realmente la última vez. Cuando me di cuenta que el periodo no llegaba desde hace más cuatro semanas y que esta misma tampoco, sentí que mi corazón se desbocó. Volví a contar los días, una y otra vez, y todo seguía siendo igual, con dos periodos faltantes.

Me tapé los labios y me puse a pensar en la migraña desde hace días y el cansancio agotador que me hacía quedarme dormida antes que Edward.

Oh no.

Tragué y me puse a caminar por la habitación, sin saber cómo tomarme esto. Carajo, ¿justo ahora? Me mordí el labio y tragué, abstraída en la idea de que… No, era imposible… ¿Y si…?

Me senté en la orilla de la cama y toqué a Edward, imaginando si eso pasaba. ¿Qué me diría? Oh Dios, oh Dios, oh Dios…

¿Era lo que yo pensaba?

Gemí.


Buenas tardes, les traigo un nuevo capítulo de esta historia. Como verán, es fuerte, tanto que consideré no poner tantos detalles, sé que es más corto que lo habitual, pero era mucha información y necesitaba quedarse aquí. ¿Qué piensan de todo lo que vivió Edward en manos de toda esa gente? ¿Qué piensan de que, indudablemente, Bella aún no sabe que ella se trata de Tanya? El retrato del maltrato se da tanto en hombres como en mujeres, y esta vez él tuvo que enfrentar lo que para muchos hombres lo tienen en silencio, por miedo, por vergüenza, por el qué se dirá, entre tantas cosas. Solo hay una certeza y es que Bella está saboreando cada verdad con altura de miras, aunque cuesta, ella sabe cuál es el hombre que tiene en frente, aún le falta preguntar, necesita hacerlo, pero entiende que Edward necesita un momento de paz. ¿La gran sorpresa? Aquellas semanas de retraso que le pasó completamente sin darse cuenta, ¿qué creen que sea? ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas

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