Los personajes de Kingdom Hearts y Fire Emblem: Three Houses no me pertenecen, sus dueños son Disney, Square Enix y Nintendo.
CAPITULO 25 – EL BAILE
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Habian pasado media hora desde el ultimo ensayo que el grupo de las Aguilas Negras hicieron para prepararse para la noche del baile especial.
Sora se miraba sonrojado por el recien suceso que tuvo con su propia profesora, aunque en su perspectiva, habia sentido una especie de chispa al sentir sus labios.
Luego de ir al baño para hacer sus necesidades, Sora se dirigia a su aula para reunirse con sus amigos cuando se topo con la hermana de Seteth.
– Hola, Sora –lo saludó Flayn mientras caminaba por el pasillo.
– Oh, Ho-Hola, Flayn. ¿Cómo estas? –respondió el pelicafé sonrojado.
– Bien, ¿y tu? –dijo la peliverde amable.
– Tambien, tuvimos un intensivo ensayo para el baile de mañana. –le comentó Sora omitiendo detalles sobre su beso con Beres.
– Vaya, si que te ves bien entusiasmado por bailar con una chica, ¿eh? –dijo Flayn de forma un poco coqueta lanzandole una indirecta, cosa que sonrojaba a Sora.
– Eso, eso… eso es porque quiero aprender las costumbres de la nobleza, es todo. –se excusaba el pelicafé, aunque la niña no era tan tonta.
– Ya veo, ojala fuera parte del baile y me concedieras al menos un vals… Pero el problema es que mi hermano no deja estar con nadie. –manifestaba Flayn cabizbaja por no experimentar lo que las personas hacian. –Aunque comprendo que hace esto para protegerme de los depredadores.
–Deberias salir con nosotros, Flayn. No tienes porque estar encerrada. –le aconsejaba Sora que saliera de su zona de confort. – Conmigo estaras a salvo, te lo aseguro.
–Tus palabras me consuelan, Sora. –dijo la mencionada entusiasmandose por las palabras de su amigo. –Aunque mi hermano Seteth suele ser muy sobreprotector a veces. Intentare hablar con el para ver si me deja ir con ustedes.
Sora sentia como su corazon se derretia al ver la ternura de la chica, es mas, comenzaba a ver indicios de que le gustaba. Aunque el la miraba como una hermana para el.
–Ojala Seteth te deje ir con nosotros, seria genial. –Sora le deseaba buena suerte para que su hermano aceptara.
–¡Gracias, Sora! –le agradecio Flayn animada, para luego darle un beso en la mejilla.
De acuerdo, el chico ahora recibio un beso en la mejilla, aunque no fue como el de Beres sino como una muestra de cariño de la niña.
–Escuche que muchas chicas de la academia quieren que les concedas un vals, aprendes rapido, Sora. –comentó Flayn lo bien que dominaba esa tecnica.
–Si… Creo que mi aspecto fisico les atrae. –reconoció el chico rascandose la cabeza riendose.
–Bueno, es cierto que te miras guapo y eso les atrae a las mujeres, pero lo que a mi me llama la atencion, es tu forma de ser. –declaró Flayn lo que le gustaba de el.
– Mi… ¿forma de ser? –articuló Sora sonrojandose un poco por las palabras de su amiga.
– ¡Si! ¡Recuerdo que tomabas la iniciativa de rescatarme del cautiverio de ese caballero oscuro! –le recalcó la chica el momento de su rescate.
– Bueno, no podia dejar que te hicieran daño, sino tu hermano se hubiera puesto furioso. –argumentó Sora el motivo de sus acciones.
– Tienes razon, por cosas como estas, él esta en deuda con ustedes. Pero pase lo que pase, siempre te estare agradecida por lo que hiciste por mi.
–Flayn…
Sora iba a decirle algo cuando finalmente llegaron a su salon de clases reuniendose con sus compañeros.
–Llegamos.
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AULA DE LAS AGUILAS NEGRAS – POR LA TARDE
Sora y todos los demas se reunieron en el salon de clases para reflexionar y entablar una conversacion entre ellos.
–Mañana se celebra el baile. Celebraciones asi no me traen buenos recuerdos, pero esta vez no veo la hora de que comience. –hablaba Edelgard dando a entender que no le gustaba ese asunto.
–Lo mismo digo. –coincidio Hubert con su emperatriz. –Pienso pararles los pies a todos los mocosos que acosarán a lady Edelgard.
—Y no solamente eso, Hubert, hay muchas chicas que tambien van a pisarle los talones a Sora. –remató Dorothea mirando al chico.
– Bueno, si quieren puedo escaparme en medio del vals si esto se sale del control. –propuso Sora salir huyendo de las mujeres que podrian atraparlo.
– No, Sora, mientras estes con nosotros, o conmigo… Esas chicas no podran ponerte un dedo encima. –Manifestó Beres abrazandose de un brazo, sonrojando a su alumno en el proceso.
– Vaya, maestra, usted si que quiere mucho a su alumno. –comentó el mayordomo de manera franca, ganandose la mirada de reproche gracioso de la maestra.
– Bu-bueno, Sora es un alumno importante, ¿si? –se defendió Beres argumentandole que era su mejor estudiante.
– ¿En serio? Ustedes tiene un tremendo apego. –remató Edelgard en tono jugueton.
Sora tragaba duro al oír las declaraciones de la emperatriz, y no solo eso, sentía que esta le lanzaba miradas coquetas llegando al punto de que sentir cosquilleo en el estómago.
— Es cierto que Edelgard es muy atractiva. — refuntó Ferdinand presumiendo sus cualidades. — Pero en elegancia al bailar… ¡nadie me supera!
—Puede que eso sea verdad, Ferdie, pero a veces haces unos movimientos que… cuesta apartar la vista, la verdad. —opinaba la pelicafe de ojos verdes dándole una mala impresión.
— ¡Tus palabras me llenan de orgullo! —el pelinaranja se sentía demasiado halagado. — Debes de referirte a que soy demasiado deslumbrante para mirarme directamente.
— Envidio un poco tu actitud positiva. —le comentó Linhardt a secas. —Yo tambien sé bailar, al menos en teoría. Quizá participe también.
— ¡Pues yo no! ¡Agarrarme bailando es tan improbable como ver un pez surcando el cielo! —farfulló Bernadetta rechazando la idea de asistir al baile.
— Vamos, Bernadetta, no te va a pasar nada si estas con nosotros. —Sora la trataba de convencer para que fuera con ellos.
— ¡Olvídalo! ¡No pienso ir! —contestó la pelimorada tajante.
— Pues es verdad que a veces mueves como un pez fuera del agua. —Caspar le hizo un comentario que no le gusto para nada a la chica.
— ¡Kyaaa! ¡¿A que viene eso?! ¡Ahora me siento como un pescado en la sartén! —Bernadetta hizo un puchero molesta por ese comentario.
— En una sartén… Bueno no importa. —rio Linhardt tras ver la reacción de la pelimorada.
— Volviendo al tema del baile, ¿podemos elegir pareja? Es que no sé a quién invitar… —manifestó Caspar exponiendo la gran duda.
Eso llamó la atención de todos los presentes, dado a que nadie tomaba en cuenta lo de formar una pareja hasta ahora.
— Menudo cambio de tema. Si lady Edelgard lo tuviese a bien, para mí sería un honor… — declaró Hubert haciéndoles ver que estaría dispuesto a invitarla a bailar.
— ¡Yo luchare con mi alma! —dijo Petra dando un mal entendido a los demás.
— Espera, Petra, me parece que no lo has entendido. —Dorothea le hacía ver que no era lo que pensaba.
— No pasa nada, no pienso ser pescado en sartén. — afirmó la morena no estar dispuesta a ser invitada al centro de la pista por un desconocido.
— Lo has hecho bien, Bern-chan. — dijo Sora mostrando una gota estilo anime, cabizbajo.
— Por cierto, tengo una propuesta que hacerles a todos: que nos volvamos a ver en el monasterio dentro de cinco años. —declaró Edelgard tomando esa iniciativa.
— ¿Cómo una reunión de antiguos alumnos? ¡Es una gran idea! —Caspar afirmaba animado por la propuesta.
— Si, y hacer un convivio. —secundó Sora también entusiasmado por ese momento.
— Dentro de cinco años se celebra el festival del milenario del monasterio de Garreg Mach. —aclaró Hubert dándoles la información sobre esa ocasión. —He oído que piensan celebrarlo por todo lo alto. Será algo jamás visto.
— Suena muy bien. Y sería la excusa perfecta para venir a visitar a Beres. —comentó Dorothea coqueta.
— Anhelo que llegue ese día y entonces nos reunamos todos, chicos. —comentó Beres de igual manera.
— Yo enseñaré a ti cuanto he aprendido. — Petra manifestaba su deseo de demostrarle a su maestra cuanto había ido aprendiendo bajo sus enseñanzas. — Tú estarás feliz, maestra. ¡Buena suerte!
— Estoy seguro que lo harás, Petra. —Beres le deseaba buena suerte a su alumna.
— No sé dónde estaremos en cinco años, ni que será de nosotros… pero espero que todos nos podamos volver a ver para celebrar. — auguraba la emperatriz el dia de su reunión.
— Ten lo por seguro Edelgard, todos nos volveremos a ver porque después de todo, somos amigos. —dijo Sora dándoles a entender lo que se trataba la amistad.
— Eso si la maestra sigue trabajando aquí dentro de cinco años, Sora. —comentaba Linhardt a secas. —Y no está disfrutando de la jubilación.
— Aunque así fuera, vendrías igualmente, ¿no? Incluso si ya no trabajas aquí, Beres. —le propuso la peliblanca a que asistiera a la celebración.
— Claro, Edelgard. —afirmó Beres dispuesta a cumplir la promesa, aunque muy en el fondo tenía otras razones para eso…
— No lo olvides, por favor. —Edelgard le pidió que mantuviera su promesa durante ese lapso. — Incluso si se cancelaran los festejos del milenario, yo prometo regresar…
— ¿Qué hay de ti, Sora? ¿También podrás venir? —preguntó Ingrid por su bien estar.
— Por supuesto, Ingrid, lo prometo. —afirmó el pelicafé más que entusiasmado.
— Bueno, hay que alistarse para lo que se viene a continuación, muchachos… —les pidió Beres que se arreglaran para el baile de la noche.
Todos asintieron y cada uno de ellos se fue a arreglar poniéndose sus respectivos uniformes que solían portar todo el día.
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SALON DEL BAILE – DE NOCHE
[Fire Emblem: Three Houses BGM: The Night of the Ball]
Finalmente llegó el momento que todos esperaban y los estudiantes estaban en sus respectivas mesas sentados conversando entre ellos.
La mayoría de las chicas esperaban la llegada de Sora y los chicos en cambio, esperaban a la maestra.
— Sora ya se ha tardado, ¿no creen? —dijo Leonie pensativa.
— Supongo que se está tomando su tiempo para alistarse. — comentó Claude de forma casual.
— Si ese odioso no llega pues entonces sere el primero en invitar a la profesora. —amenazaba Lorenz mostrando su típica arrogancia.
— Pues… miren. —señaló el moreno la entrada.
Lo que vieron los sorprendieron a todos, el grupo de las águilas negras hacía su entrada como si se tratara de cámara lenta.
La gran mayoría de las chicas, incluyendo Lysithea se quedaron pasmadas por la sola presencia de Sora, y a los chicos les pasaba lo mismo con Beres.
— Hay mucha gente. —murmuraba Sora mostrándose algo pasmado por las miradas.
— Después de todo te volviste famoso. —comentó Sylvain en tono gracioso, aunque como siempre, recibia un pequeño codazo de parte de la futura mujer caballero.
Sora y su grupo se dirigieron a su mesa a para sentarse un rato en lo que se calmaban los nervios por pisar esa pista del baile.
— Sora, comprendo que jamás has participado en un baile como este, pero esta es tu oportunidad para demostrarles de lo que estás hecho. —lo motivó Ferdinand para que no se pusiera tan nervioso.
— Tienes todo lo necesario, Sora, puedes hacerlo. —secundó Dorothea masajeándole los hombros para relajarlo.
Sora en cierto modo se encontraba algo nervioso por la suma cantidad de personas que se encontraban en el salón del baile, sobre todo por algunas chicas que estaban locas por él y dispuestas a crear un desorden con tal de que este le concediera un vals.
El portador de la llave espada no tenía problemas con concederle un vals a Dorothea, Petra, Ingrid, Mercedes, Annette, Edelgard, o ¿Por qué no?, a su propia profesora Beres.
¿Pero concederles a varias interesadas? Eso estaba fuera de los límites.
— Me sorprende que hayas decidido a enfrentar el gran riesgo que corres, Sora. —dijo Claude elogiándolo por sus acciones.
— Bueno, no pienso dejar que me tachen de cobarde. —manifestó el pelicafé su iniciativa.
— Pues te sugiero que estés listo porque en cualquier momento van a bailar en la pista y debes tener pareja de inmediato. — le sugirió Claude que tomara acción inmediata.
— Ay dios, claro, no me acordaba. —Sora reconoció que había olvidado ese detalle. —Gracias por decírmelo.
En efecto, hubo personas que salieron a la pista a hacer el vals con sus respectivas parejas, Edelgard bailaba con un chico de la nobleza y Dimitri, quien intentaba aparentar estar bien frente a todos, hacía lo propio con una chica.
Fue en ese momento cuando Sora decidió hacer lo impensable, aplicar lo aprendido de parte de sus amigos.
— Profesora Beres. —comenzó el pelicafe empezando a portarse como un noble ofreciéndole la mano. — ¿Me concede este vals?
Ese gesto sorprendió a la peliazul marino, y a casi a todos los presentes, jamás habían visto ese comportamiento que el portador de la llave espada ostentaba. No era usual para los chicos ver a Sora no portarse como noble, pero eso lo que acababa de hacer los dejó boquiabiertos.
— Si, adelante. —sonrió Beres aceptando la mano de su alumno.
La profesora aceptó ser su pareja del baile para la sorpresa de muchos al ver como ambos empezaban a hacer el vals junto a los demás haciendo movimientos circulares lentos.
[CAMBIO DE CANCION] [KINGDOM HEARTS 1.5 ReMIX BGM: Dearly Beloved]
Sora experimentaba lo que era el vals con una pareja, al principio no esperaba sentirse cómodo y más con Beres, quien estaba en las mismas, pero con el apego que los dos sentían, comenzaron a tener confianza entre ambos.
Los dos se miraron a los ojos, Beres veía en los ojos de Sora no precisamente como su estudiante, sino en un hombre indicado en el que le confiaría su vida dentro y fuera del campo de batalla.
Muchas chicas se les quedaban viendo la forma que los dos realizaban el vals, era magistral y elegante lo que hacían. Aunque no faltaron algunos que les daban envidia por no tener la misma suerte.
Fue así como ambos se imaginaron estar en el salón del baile del castillo Disney contando no solo con la presencia de toda la casa de las Águilas Negras, sino de todos los amigos de Sora. Haciendo el mismo vals juntos.
— Has mejorado mucho en tu forma de bailar. —le dio visto bueno la profesora. —Parece que Edelgard hizo bien enseñarte.
— No pensaba quedarme sentado sin hacer nada. —respondió Sora contento.
— Con que era eso… Qué bueno que te estas divirtiendo, Sora. —dijo Beres de la misma forma.
Mientras hacían el vals, y como en la vez pasada, Beres y Sora inconscientemente acercaron sus rostros llegando al punto de rosarse los labios y sentir lo que se llamaba chispa. Y entonces se volvieron a besar otra vez por accidente.
[FIN DE LA CANCION]
Sus corazones latían fuerte al sentir ese contacto, ambos se miraban sonrojados, pero eso no les impedía realizar el vals con suma elegancia frente a los demás.
De vuelta a la realidad, todos se quedaban sorprendidos por el aura que ambos emanaban, Claude se quedaba boquiabierto por la forma elegante que ambos realizaban el vals.
— Ese chico me ha enorgullecido… —pensó el futuro archiduque sonriendo de forma socarrona mientras realizaba el vals con una chica mirando discretamente a ambos.
Justo cuando se separaban los labios, Sora y Beres llegaron a notar como cada vez más estudiantes se unían a la pista de baile para ese mismo propósito, hubo una cierta parte que intentaron pedirles que fuera pareja de los dos, a lo que obviamente se negaron.
Se vieron obligados a escapar de la multitud saliendo por la puerta del salón.
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EN EL PATIO DEL MONASTERIO – DE NOCHE
Sora y Beres habían logrado evadir a los demás por los pelos habiendo salido con éxito del salón llegando al patio del monasterio.
— Bien… Creo que los perdimos… —articuló Beres jadeando de tanto correr.
— La gente esta muy loca… Por lo menos nuestros compañeros nos echaron una mano para retrasarlos. —dijo Sora de igual manera.
— ¿Se escapan? —preguntó Sothis en tono burlón.
— Bueno, muchos chicos se nos iban encima y mejor tuvimos que salir. —se justificaba Sora.
— Aparte que querían que les concediéramos un vals pero era demasiada gente. —secundó Beres sintiéndose presionada.
— Lo entiendo. Ustedes apenas han podido parar un momento. — habló Sothis aun en tono algo burlesco. — ¡Debe ser duro ser la maestra y alumno más solicitados del baile! ¡Oh, pobre maestra y estudiante!
— Es cierto. —admitió Sora cabizbaja, Sothis tenía razón en decir estas palabras, sin molestarse con ella siquiera.
— O sea, que de verdad creen que ustedes son sus favoritos, ya lo decía yo. —afirmaba la peliverde. — ¿Y se puede saber adónde van? Les van a costar evadir a tanto estudiante.
— Iremos a la torre de la diosa, así podremos tener más tranquilidad. —respondió Beres tomando la iniciativa.
— Ah, ya entiendo. A la Torre de la Diosa… — Sothis comprendió lo que ambos pensaban hacer.
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DENTRO DE LA TORRE DE LA DIOSA – DE NOCHE
Ambos se subieron a lo alto de la torre esquivando a los demás chicos para poder tener más privacidad y evitar acosos.
— Bien, no hay moros en la costa. —dijo Sora viendo que el área estaba despejada.
— Que bueno, solo estamos tú y yo, Sora. —secundó Beres sintiéndose afortunada. —Creo que es un buen momento para tener una plática entre nosotros.
— ¿Entre nosotros? —preguntó el pelicafé curioso.
Se acercaron metros a distancia mirándose a los ojos sonrojándose mutuamente.
— Esto… Quiero confesar que desde que apareciste, he comenzado a cambiar mostrando lo que se les llaman emociones, aun no lo comprendo, pero siento que tu sola presencia me motiva a seguir adelante con mi profesión como tu maestra. — articuló Beres confesando sus sentimientos.
— Eres la mejor maestra que he conocido en toda mi vida. —declaró Sora elogiándola por su excelente desempeño. — He aprendido muchas cosas gracias a tus enseñanzas, bueno, digo, a pesar de ser el menos estudioso de la clase. Pero el punto es, que si necesitas algo, siempre puedes contar conmigo en lo que sea.
— Sora… —expresó la profesora sorpresa por las palabras de su alumno. —Escucha, ese beso que nos dimos en el vals… Me-Me gustó.
— ¿Te-te gustó? Queria pedirte disculpas por ese incidente, no fue mi intención, Beres. —se rascaba la cabeza Sora sonrojado por aquel momento.
— No, no, Sora, tan solo pasó, ¿está bien? —lo tranquilizó Beres colocando una mano en la mejilla, sonrojando al chico. — ¿No sentiste lo mismo cuando hacíamos el vals?
— A decir verdad, sí. Para ser la primera vez, tienes unos hermosos labios. —comentó Sora haciendo que su profesora se sonrojara también.
— Nunca nadie me había comentado algo así. —dijo Beres asombrada por las palabras de su estudiante. —Eres la primera persona que me dice estas palabras, Sora. Oye, ¿No quieres besarme de nuevo?
— ¡¿Qu-Que?! —jadeó Sora sorprendido por esa atrevida propuesta. — ¡So-somos estudiante y profesora! ¡No creo que eso sea una buena idea!
— Te vas a graduar pronto y es posible que no nos veamos por un largo tiempo… Asi que te estoy dando la oportunidad para que la aproveches ahora. —Beres le hacía ver que era su única oportunidad que no debía perder, era ahora o nunca.
Sora sentía su corazón latir a mil por hora al escuchar la proposición de su maestra, no lo pensó dos veces y unió sus labios con los de su maestra, quien le correspondió el beso.
Sin nadie a su alrededor, Sora y Beres disfrutaban besarse sin reparo alguno durante varios minutos hasta que eventualmente separaron sus labios para recuperar algo de aire.
— Nunca te dije esto en primer lugar, pero, me gustas. —Beres le confesó sus sentimientos sorprendiendo a su propio alumno. — Eres un guerrero intrépido pero fuera de eso, un hombre de buenos sentimientos.
— Beres… yo… —comenzó Sora mostrándose sonrojado. — A mí también me gustas, no solo como mi profesora, sino como una… mujer. Eres una verdadera mercenaria pero, buena gente sobre todo y la razón por la que me esfuerzo en salir bien en la escuela.
— Por eso te admiro, Sora. Haz podido salir adelante con las materias que les he impartido a tu clase, aunque… —comentaba la profesora cuando se le acercó al oído. — No tendría problema que anduvieras con las demás chicas al que has ayudado.
— ¿Qué quieres decir con eso, Beres? —la interrogó Sora confundido. — No me atrevería a andar con cualquiera.
— No, me refiero a que puedes andar con conmigo, Dorothea, Edelgard, y tus demás compañeras de clase. —le aclaraba Beres el motivo. — Porque… he visto como Claude empieza a formar su propio 'ejercito' metiendo a unas chicas a su grupo.
— ¡¿Claude hace eso?! —expresó Sora sorprendido sonrojado. — ¿Qué hombre haría una cosa así?
— Bueno, lo que pasa es que muchas chicas están interesadas por su atractiva apariencia y comportamiento, Sora. Pero te diré esto, la razón por la que nos gustamos, y puedes tener posibilidades de formar tu propio ejército, es porque te aprecian por quien eres. —declaró Beres dándole una idea muy tentadora.
— Eso suena genial, aunque no sé si Kairi o Aqua accederían a formar parte. —Sora daba el visto bueno, aunque dudaba si intentar reclutarlas o no. —No puedo obligarlas.
— Mmm… Eso lo tendrías que ver cuando hables con ellas. Aunque el tiempo lo dirá, además podrías ser un buen lord, Sora. —le auguraba Beres su futuro como el futuro líder de su propio ejército.
— Jamás se me había ocurrido la idea de liderar a mis soldados, la verdad. —comentó el pelicafé algo desanimado. —No sabría qué decisión tomar.
— No te preocupes, además de profesora, siempre los he guiado a ti y a tus compañeros, como toda una estratega que soy, así que si algo te preocupa, siempre puedes contar con mi ayuda. —Beres le pedía que no dudara en pedirle ayuda si le era necesario.
— Gracias, Beres. —le agradeció Sora dándole un beso en la mejilla seguro.
— De nada, mi querido alumno. —respondió la peliazul marino devolviendo el gesto.
[El grado de apoyo entre Sora y Beres ha alcanzado el nivel A]
FIN DEL CAPITULO 25
NOTAS DEL AUTOR:
LES DESEO UN FELIZ AÑO NUEVO A LOS LECTORES QUE SE PASAN POR AQUÍ, LES PROMETO QUE ME ESFORZARE PARA ESCRIBIR MAS CAPITULOS COMO PUEDO PARA USTEDES, QUE LAS PASEN FELICES FIESTAS.
