El nuevo Lord Protector

Capítulo 32: Rin, ¿Confías en este Sesshomaru?


Se sentía impotente, empezando a llorar. ¿Por qué era humana? ¿Por qué era tan débil? Enseguida sintió unos pasos suaves pero ligeros, casi imperceptibles, pero ella ya sabía reconocerlos en el silencio de su nuevo hogar. Era él.

Preocupado de que por primera vez no salía a recibirlo a pesar de que no era hora de dormir, sino que media tarde, entró Sesshomaru a buscar a Rin. Y pudo comprobar que no estaba bien del todo, e inclusive estaba casi a punto de romper a llorar. Había dado la orden de que no se le acercaran a hacerle nada, solo podían estar lo suficientemente cerca como para tenerla y ya. ¿Qué significaba esto?

Rin enseguida supo que verla como estaba lo pondría de mal humor, así que apenas noto que la vio, cubrió su rostro para que no la viera. Limpió lo que iban a ser lágrimas a punto de caer, y con una sonrisa se dirigió a su esposo: —Okaeri-nasai mase, Goshujin-sama.

Sesshomaru ante tal recibimiento y verla así sólo atinó a dejar todo atrás e ir a abrazar y consolar a su esposa. Las cabezas ya podrían rodar más tarde.

Rin se dejó abrazar por aquellos brazos fuertes y firmes, y aunque él no le dijo nada, ni palabras de consuelo o reproche, se deshizo en llanto. Pasó un buen rato mientras siguió llorando. Se sentía débil, impotente de intentar conseguir nada por su cuenta en aquella ciudad sobrenatural, se odiaba a si misma, a su humanidad y por haber decepcionado a Sesshomaru. Porque estaba segura de que lo había decepcionado. Apenas lo empezó a seguir de pequeña su primera orden fue que se tendría que encargar ella misma de su autocuidado y búsqueda de alimento. Y había fallado miserablemente a pesar de estar rodeada de tantas comodidades y riquezas. Ni siquiera como humana era capaz de hacer algo tan fácil como alimentarse debidamente.

Mientras lloraba notaba cómo Sesshomaru la abrazaba con fuerza, y la acercaba a su pecho cada vez que la escuchaba sollozar. No sabía qué le pasaba, ni por qué lloraba, ni por qué aún con todo se había esforzado en sonreírle al volver. Si algo le había pasado por su ausencia estaba completamente seguro de que no merecía ninguna de aquellas hermosas sonrisas. La envolvió por encima con uno de los nuevos kimonos que había traído para ella, esta vez lleno de flores de melocotón y nubes sobre un fondo entre naranja pastel y coral. Se lo había traído especialmente para que lo usara en el primero florecimiento de los cerezos, melocotoneros y almendros, que marcarían el comienzo de la primavera, que estaba al caer. Pero allí se encontraba ella llorando sin saber él el por qué. Mientras la abrazaba le comenzó a acariciar el pelo, estaba especialmente satisfecho de que en ella se viera la belleza producto de los cuidados, y sin sentirse culpable por ello, se deleitó en respirar su aroma. En cuanto comenzó a acariciarle el pelo ella pareció comenzar a calmarse, pero tenía que encontrar la pregunta apropiada: no sentía olor a sangre de ningún sitio, ni parecía tener heridas. Nadie podría haberle dicho nada hiriente, puesto que ordenó que se le atendiera sin tener contacto con ella. Tampoco había dejado de ser atendida porque se le notaría, no se había perdido como cuando de pequeña porque estaba perfectamente en sus habitaciones del castillo principal. Tampoco le había faltado alimento ni sueño, si le hacía falta él, la había visto hace dos días, tampoco lo había llamado. Maldita sea, la distancia no era un maldito problema, y si algo le pasaba se suponía que le tenía suficiente confianza para llamarlo y decírselo. ¿O no?

—Rin, ¿acaso no confías en este Sesshomaru?

Rin paró de llorar de repente, y haciendo un terrible esfuerzo debido al dolor que la aquejaba, sin dejar de estar abrazada se incorporó un poco para mirarlo. A pesar de lo casi inexpresivo de su rostro, se le veía visiblemente preocupado. ¿Ahora que le contestaba? Obviamente confiaba en él, pero también se sentía terriblemente presionada por no ser una debilucha o una carga, por estar a la altura de su esposo. Él siempre le pedía que caminara a su lado, poniéndola a su altura, algo completamente impensable si se hubiera casado con cualquier lord, terrateniente o cualquier humano con algo de poder. Así que no podía pedirle ayuda para algo tan terriblemente básico como lo era conseguir comida. Y menos si esa fue la primera orden que recibió de él. Enseguida bajó su mirada por la vergüenza, no podía mirarlo más. Vio de refilón que él había empezado a inspirar para decirle algo, pero definitivamente no quería escuchar un reproche de su parte. Lo que más miedo le daba era que le dijera que no estaba a la altura, que no necesitaba un humano débil a su lado. Ese terror por mucho que él le hubiera demostrado lo contrario, no desaparecía.

Pero no llegó a comenzar a llorar de nuevo., porque enseguida notó como Sesshomaru comenzó a gruñir y pegó un respingo, una reacción que pareció hacerlo volver en sí y que dejara de hacerlo, pero notaba encrespado el pelo de su estola. Ahora de nuevo en silencio, pudo escuchar la retahíla de quejas perteneciente a Jaken, cada vez más cercanas.

—¡Es el gran Jaken!

Como pudo, se deshizo del abrazo del youkai y fue a abrirle la puerta al diablillo, quien se quedó blanco del susto. Como su amo la encontrara llorosa a su lado y no tuviera claro la fuente de su llanto, le sobrevendría como poco un buen golpe en la cabeza.

—¡Me rindo, por favor, necesito ayuda para conseguir comida! —le soltó Rin de repente, realizando una marcada reverencia, ya arrodillada en el suelo por abrir la puerta corrediza educadamente, y ahora con casi la frente en el suelo. Detrás comenzó a acercarse Sesshomaru, quien no tenía un aspecto de estar precisamente apacible

—¡P-por su-supu-esto señora! ¡Tod-do lo que desee! — le dijo temblando de miedo ante la mirada de Sesshomaru. —¡Por favor levántese! No necesita reverenciarse ante el pobre Jaken por favor, todo lo que desee el amo bonito y su esposa, Jaken lo conseguirá con gusto —Rin comenzó a llorar de nuevo. Otra vez Jaken la trataba raro.

—¡MI MALDITO NOMBRE ES RIN Y LO SABES! —gritó ya sacada de sí. Era demasiado. Sí, quería estar a la altura de Sesshomaru, o ser tratada como siempre. Pero ser tratada con tanto respeto cuando no le llegaba ni a los talones a ninguno de los presentes con su dichosa inutilidad empezaba a minarle de nuevo la moral

—Pero seño… —una mirada encolerizada de la humana lo hizo rectificarse del susto —yo ehhhmmm ¿mocosa? —con eso ella pareció relajarse —ya sabía yo que n ibas a poder hacer nada sin la ayuda del gran jaken. Te he prometido que en cuanto volviera te ayudaría a conseguir comida, ahora ve a lavarte que con tanos lloros estás desaliñada y no pude haber nada así al lado del amo bonito…

Sesshomaru estaba por golpear a Jaken por tratarla así, pero parecía que era lo que ella quería. Aunque tendría que al menos convencerla de que por muchoque fuera a lo que estaba acostumbrada, no podía dejar que el sapo la tratara de esa manera. Como mínimo tendría que llamarla por su nombre, nada de mocosa, mugrosa o revoltosa, ni imprudente, ni tonta ni desagradecida. Porque no era ninguna de esas cosas. Se adelantó hacia donde se producía la conversación y les cerró a ambos las puertas en las narices.

—Jaken, encárgate de movilizar a todos para un banquete, sabes que comen los humanos, que Rin tenga donde elegir. AHORA LARGO DE AQUÍ.

Luego, con delicadeza tomó a Rin en sus brazos, dispuesto a llevarla a los baños. No sabía qué era lo que tenía, pero sabía que las aguas termales ayudaban bastante con casi todo. La dejó delicadamente en el borde de una de las piscinas, mientras preparaba el baño con diligencia.

Rin estaba que no se creía lo que veía. Su esposo estaba preparando por su cuenta algo típico de la servidumbre, para ella, en un sitio que todavía no estaba segura de si las cosas se arreglaban mágicamente para su cuidado, o había muchos seres sobrenaturales allí que se encargaban de todo. En cuanto estuvo todo preparado, la ayudó a quitarse casi todo, excepto por el jubán que usaba para dormir y debajo del kimono. Le tendió la mano para ayudarla a entrar, y en cuanto estuvo sentada dentro se dio la vuelta. No parecía querer verla con esa fina capa de ropa ahora empepada y pegad a su cuerpo. Enseguida comenzó a alejarse de ella, dirección a la habitación, para dejarla sola.

—Espero Rin que, en algún momento, aunque seas humana y tu instinto te diga lo contrario, seas capaz de verdad de confiar en mí, no sólo como tu protector, sino que como tu esposo.

Y dicho esto cerró la puerta, dejándola sola allí con sus pensamientos. Comenzó a sollozar de nuevo. ¿Cómo decirle a un ser tan perfecto como él, para empezar, que le dolía terriblemente las tripas de alimentarse a arroz sin que tomara represalias contra nadie? ¿Cómo decirle que no se sentía su esposa porque no se habían casado en ningún momento? ¿O que no se sentía a la altura? ¿O que recibir tanto le hacía pensarse dos veces antes de pedir algo? Se dejó hundir un poco más en el agua, masajeándose la tripa en el calor. Eso ayudaba bastante. Quizás, aunque no fuera tan sincera en cuanto a todo, debería decirle que seguía sintiéndose poca cosa, y tenía que pedirle un poco de paciencia con ella hasta que se acostumbrara.

Problemas como el que tenía ahora mismo no ayudaban, por no hablar de que pronto comenzaría con su periodo de nuevo, y eso sería un poco tortuoso por explicarle que olería a sangre en ella, pero no debía alarmarse. Hasta ahora, viviendo separada de él había conseguido ocultárselo, pero ya no sería así más. Se quedó un rato más en los baños hasta que ya no le ardían los ojos de llorar y vio satisfechas todas sus necesidades. Se secó, vistió con el yukata que Sesshomaru también le había llevado hasta allí y salió a la habitación. Esperaba verlo allí, pero sólo se encontraban algunas cosas desordenadas, y sus espadas y armadura a un costado del armario con sus kimonos. Abrió en busca de algo cómodo que ponerse encima, el yukata la cubría lo suficiente, pero no se sentía cómoda sin más capas de ropa encima en pleno invierno, aunque no hiciera casi frío dentro de las puertas del palacio ni dentro de los jardines. Ignoró completamente la sección donde se encontraban los obis, aunque ya no le dolía se negaba a atarse nada más en la cintura. Así que se preparó para ir en busca de su perro demonio. Un yukata roa con bordados en los bordes del mismo color con las fases de la luna, atado por un ligero obi color verde pastel. Encima, unos cuantos kimonos en capas de abrigos, hasta ponerse encima aquel kimono nuevo que parecía haberle traído hoy, con sus flores de melocotón, en color naranja pastel y coral. Se pintó ligeramente los labios, sabía que habiendo comido mal esos días, algo pálida estaría, y el sonrojo de haber estado en las aguas termales no le duraría eternamente.

Con decisión, abrió las puertas que daban a la estancia antes de la habitación, una zona de descanso y lectura, para seguir hasta la siguiente habitación, que podía usarse para comer. Al caminar se dio cuenta de que no se había calzado, pero le dio igual, pensaba hacer lo que quería, no estaba de un grandioso humor. Al abrir las siguientes puertas, de donde escuchaba claramente el ruido, por fin vio toda la vida que se desarrollaba allí. Decenas de criaturas, como en un hormiguero, ibas de aquí para allá algo asustadas, y con bastante premura llevando comida para pedirle a Jaken su aprobación, y si era comestible, dejarlo en la habitación. El miedo pareció hacerse más tangible cuando ella entró en la habitación, por lo que vio necesario hacer una pequeña reverencia y darles las gracias. Iba a sonreírles, pero necesitaba hacerle antes caso a Sesshomaru, que se encontraba sentado en uno de los lados de la habitación, sólo vestido con un yukata y un haori con azul sobre sus hombro, mientras vigilaba la actividad de la habitación. Se acercó hacia él, algo temerosa por toda la escena que había montado en vez de recibirlo en su hogar como su deber de esposa. Aunque no tuviera muy claro aún si de verdad era su esposa o era el qué. Se sentó a su derecha, y constató que contaba con toda su atención al notar que la miraba de reojo en todos sus movimientos.

—Gracias por cuidarme tanto… ¿de dónde han salido todos? Desde que he venido, este lugar parecía abandonado, no lograba cruzarme con nadie…

—No necesitan cruzarse contigo para cuidar de su ama y señora

—Sabes que como humana no sólo necesito alimento y ropa, sino que interacción con otros, ¿verdad? No quisiera retenerte a mi lado todo el tiempo, pero la espera era horrible pasándolo sola todo el rato —luego bajó la voz para preguntarle, necesitaba saberlo —¿Qué les has dicho? Hasta el señor Jaken estaba asustado de verme, y no es porque yo sea rara o sea humana, porque ya me conoce de antes.

—…

—En fin, da igual. Me dijiste que de ahora en más podría hacer lo que quisiera, y de verdad, quiero conocer a quienes moran aquí, a quienes cuidan de mi también, a quienes viven en esta montaña bajo tu protección.

—Yo no me dedico a proteger a nadie más que a ti, Rin. Los que viven aquí lo hacen porque así lo quieren, y si son demasiado débiles y no sobreviven no me importa.

—El simple hecho de que vivas aquí les protege de cualquier amenaza externa, para ellos seguro que eres su Lord protector también…

—…

—También quisiera poder aprender a encargarme de mis problemas, no depender de ti para todo. Sé que me pides de mi confianza, pero no se trata de eso… —suspiró, se le hacía difícil verbalizar aquello —Quiero de verdad ser digna de estar a tu lado, tengo que ser fuerte… ni siquiera fui capaz de conseguir comida, cuando debería ser lo básico que debería conseguir desde que empecé a seguirte.

—Entiendo tu deseo, pero olvido todo aquello de cuando me seguías, ya no lo haces, caminas a mi lado y son otros los que te siguen a ti. —Aunque estaban rodeados de actividad, no parecía haber con ellos nadie más en la habitación desde que se vieron a los ojos. El yokai tomó delicadamente la mano de ella: —Rin, contéstame, ¿Confías en este Sesshomaru?

Como toda respuesta, Rin enseguida se lanzó a los brazos de él, y bajito, al oído, le contestó: —Sí, ahora y siempre, confío en mi señor, confío en ti Sesshomaru.

Jaken se quedó con la boca abierta del espanto, mudo y helado en el sitio. Rin había abrazado en público a su amo, y él había sonreído.


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Hola mi gente hermosa! Ya es oficialmente domingo en España, así que traigo el capítulo de la semana en el día que toca, no escribiendo demás o de menos porque procrastine ni nada XD

En fin, ¿qué os ha parecido? Como ya adelanté, mencionaría el porqué del título de este fanfic :D lamento si alguien echa en falta más escenas cursi/románticas/pegajosas/besos. Hay una muy buena razón para que todavía no aparezcan, y es porque soy una reina del drama (bueno, eso no, pero casi también) es por una razón que ya dejé caer en un flashback en uno de los últimos capítulos. ¡Caramelo y recompensa a quien adivine! Lo de la recompensa me estoy planteando dejar que pregunte cualquier cosa de la trama y contestar sin mandarle a que se espere por más capítulos, o pedidos especiales para el fanfic (como lectores sois una parte muy importante de que esto se siga escribiendo) pero vamos, ya me daréis opiniones al respecto de lo que queráis. Lo único que no acepto son cambios de la trama, porque como ya dije, lo que es el hilo conductor de lo siguiente que va a pasar ya está todo escrito :DDD

Btw, como siempre espero que os haya gustado, comentarios con amor, quejas y sugerencias, ya sabéis cómo hacérmelas llegar, os leo siempre con mucha ilusión.

¡Muchas gracias por leerme! ¡Un besazo enorme a todos y hasta la próxima!