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Fights..!
Jonathan había atacado el Instituto de Los Ángeles. Toda la comunidad Nefilim estaba de lo mas consternada. Todos habían pensado que el chico Morgenstern atacaría Alicante. Pero, como Jace les había advertido desde un principio, Jonathan quería mas aliados, necesitaba un ejército para ir en contra de todos los demás. Y eso era justo lo que hacía. Había convertido en Oscuro al padre de los pequeños Blackthorn, todos los niños habían logrado escapar, incluyendo a Emma Carstairs, que en ese momento se encontraba en el Instituto. Todos los medios hermanos de Helen estaban bien. Su hermano, Mark, era otra historia. Jonathan se lo había dado a la Caza Salvaje.
Los chicos no sabían que pensar, conocían a Helen bastante bien, ella les había ayudado cuando habían ido a rescatar a Clary y Jace. A sus hermanos pequeños los habían visto en ocasiones. Estaban agradecidos de que hubieran sobrevivido, pero les dolía que los pequeños sufrieran tanto. Y también estuvieron de por mas sorprendidos cuando su madre le sindicó que empacaran inmediatamente, por que se irían a Idris justo al día siguiente, por orden de la Clave.
Y era por eso que esa mañana, todos estaban en el patio delantero, maletas listas y la tensión palpable. Todos estaban bastante nerviosos por lo que estaba ocurriendo. Jonathan Morgenstern había advertido que vendría a por ellos. Y ahí estaba ahora. Haciendo que su ejército creciera cada vez mas y mas, amenazado. Alec estaba desesperado, había insistido al celular de Magnus desde que había terminado de empacar. Sabía que en Idris no tendría señal, y no podía estarle enviando mensajes de fuego a cada rato, terminaría incendiando el departamento con tantos. Estaba junto a John y Jace mientras esperaban a que Catarina, la Bruja que John se había encargado de contratar para el portal, terminara de hablar con Maryse para poder irse.
John le había comentado a Alec que él tampoco había conseguido a Magnus de ningún modo para que hiciera el portal. Lo cual era una gran mentira. El rubio se había asegurado de que lo dejaran a él hacer el contrato para el portal, no quería que Maryse fuera y contratara a Magnus y que Alec lo viera por primera vez en una semana con la amenaza ardiente que era Jace a un lado. Estaba bastante orgulloso de sí mismo, de hecho estaba orgulloso de la capacidad que tenía para prevenir desastres teniendo en cuenta que tenía que controlar las personalidades de Jace e Izzy casi al mismo tiempo, todo el tiempo.
El Wayland sonrió para sí mismo mientras una egocéntrica burbuja de orgullo se formaba en su pecho. Burbuja que no tardaría ni dos segundos en reventar. Se giró hacia Maryse y Catarina al escuchar que la Bruja tronaba los dedos, el portal estaba listo y... Magnus Bane hacia acto de presencia entrando por la reja del Instituto. John jadeó sorprendido, causando que Jace y Alec se giraran a mirarlo. Los Parabatai siguieron la mirada de John hacia la reja y ambos abrieron los ojos como platos al ver que Magnus se acercaba a ellos.
Isabelle, al lado de su madre, miró a su hermano mayor y lo vio pasar saliva con dificultad. El Brujo iba vestido sobriamente, pantalones skinny color negro y una camisa de botones color morado, con el cuello lleno de collares y los dedos de anillos. Jace se cruzó de brazos y se irguió todo lo que pudo, luciendo imponente, pero Magnus ni siquiera lo miró, el Brujo fue directo a Alec.
-Magnus?- preguntó el ojiazul, sin creerlo.
-Ven- dijo el Subterráneo, tomándolo por el brazo y dirigiéndolo hacia el otro lado, girando la esquina del Instituto para tener un poco de privacidad.
-Oy...
-Jace!- Alec escuchó a John batallar para detener a Jace e Isabelle. Sintió una pequeña punzada de culpa al recordar la flecha al trasero. John siempre lo había apoyado, el único de sus hermanos que le hacía caso a la razón y no reaccionaba impulsivamente.
Magnus y Alec llegaron a un pequeño jardín al lado del Instituto. El Brujo se paró frente al Nefilim, de brazos cruzados y lo miró fijamente. Alec tenía la garganta seca. Se sentía tan nervioso al fin teniendo a Magnus frente a él. Se había quedado con la lengua entumecida sin saber que decir. Se abrazó a si mismo sintiendo que el frio invernal lo comenzaba a afectar más en ese momento. Magnus soltó un suspiro y pasó una mano por su cabello.
-Querías hablar, no? Por eso tantas llamadas y mensajes?- le preguntó, mirándolo fijamente. Alec se mordió el labio y apartó la mirada.
-Sí, yo... es solo...- el Nefilim luchaba por encontrar palabras.
-Catarina no puede mantener abierto el portal por mucho tiempo- presionó sutilmente el Brujo. Alec lo miró entonces.
-Como supiste que nos íbamos a Idris?- le preguntó. Él se lo había dicho por mensaje, y había intentado llamarlo para decirle, pero no había obtenido respuesta.
-Catarina me dijo que la habían llamado para hacerles un portal. Después de todos los ataques por parte de Jonathan, no me sorprende- dijo Magnus acercándose a Alec- me alegra que tomen precauciones. Teniendo en cuenta que Clary y Jace viven aquí, podría atacar Nueva York en cualquier momento- Magnus estiró la mano y acarició suavemente la mejilla del Nefilim. Alec se sonrojó y levantó la mirada hacia los ojos de gato.
-Te... te preocupaste?- preguntó, sintiendo que le quitaban el peso del mundo de los hombros. Magnus estaba preocupado por él. Magnus no lo odiaba.
-Por supuesto que lo hice- dijo el Brujo suavemente. Los ojos azules se llenaron de lagrimas y Alec bajó la mirada rápidamente. Magnus luchó con todo lo que tenía para no lanzarse a abrazarlo. Había ido ahí para aclarar las cosas con Alec. El chico tenía que entender que no le hacía bien saber sus relaciones pasadas, mucho menos la historia que tenía con Camille. Estaban bien como estaban y no tenían por qué arriesgarse a perderlo.
-Querías hablar?- preguntó el Brujo, apartando la mano y volviendo a cruzarse de brazos. Alec levantó la mirada nuevamente, sorprendido por el abrupto cambio. Magnus lo miraba fijamente, conteniendo el aliento sin darse cuenta. No sabía si Alec querría disculparse o seguir preguntándole sobre su pasado, no estaba preparado para pelearse con el Nefilim estando a unos escasos metros de su familia.
-Quería... yo quería... disculparme- dijo Alec, bajando la mirada nuevamente y Magnus pudo respirar tranquilo, pensando que tal vez si tenía oportunidad de arreglar las cosas con Alec de una vez.
-Disculparte?- presionó un poco Magnus al ver que Alec se quedaba callado.
-Sí, lamento mucho la forma en que actué- siguió el chico, mirando a Magnus nuevamente- es solo... quería conocerte mejor, quería... bueno, creo que no era el mejor momento para hacerte precintas, fui muy egoísta y lo lamen...
-Alec, recuerdas que te dije que no tenías por que saber todo mi pasado?- interrumpió Magnus, cruzando sus brazos nuevamente.
-Si?- respondió el chico, su corazón latía desbocado. Quería arreglar las cosas, quería prometerle a Magnus que se esforzaría mas. Que Magnus le diera otra oportunidad y dejar de enfocarse en él mismo.
-Es la verdad, no creo que te haga bien- dijo Magnus negando con la cabeza. Alec se confundió.
-A mi?- preguntó Alec sin entender muy bien por donde iba el Brujo- pero, y nuestra relación? Nunca vamos a progresar si no...
-Hemos progresado muchísimo, Alec- lo interrumpió el Subterráneo, acercándose a él- el escucharme hablar de Camille solo te hará mal y te hará retroceder.
-Y tú no quieres que retroceda, cierto?- preguntó Alec secamente, recordando esas platicas que había tenido con su hermana. "Si quieres mejorar, hazlo por ti, no porque Magnus te lo pida".
-Qué?- preguntó Magnus, ahora él era el confundido.
-Se que quieres que avance. Que te frustra que yo no pueda...- el ojiazul pasó saliva pesadamente- fue muy egoísta de mi parte no prestarte atención la otra noche. Simplemente me enfoqué en mi, sin darme cuenta.
-Alec, eso no...
-Pero en verdad creo que hablar entre nosotros es una buena forma de conectarnos- siguió Alec, mirando directo a los ojos de gato- podría mejorar mas rápido. Podría darte lo que quieres.
-Alec, eso no es lo que quiero- dijo Magnus, negando frenéticamente con la cabeza- no puedes utilizar eso como pago para obtener informacion.
-Información? De que hablas?- preguntó Alec. Ambos estaban confundiéndose el uno al otro cada vez mas.
-Acepto tus disculpas por aferrarte tanto a que te cuente mi pasado- dijo Magnus seriamente- pero de ningún modo creas que pienso que está bien que utilices la mejora de nuestra relación física para que yo te cuente mi vida.
-Utilizar? Piensas que yo... como crees que...- Alec sintió una enorme furia explotar dentro de él. Miró a Magnus con los ojos llenos de ira y dolor- nunca, NUNCA ofrecería mi cuerpo para obtener lo que quiero!
-No quise decir eso!- saltó Magnus, abriendo los ojos a más no poder.
-Claro que sí! Piensas que me arrepiento de querer saber tu pasado?- preguntó Alec, intentando comprender en qué momento la conversación había perdido el sentido.
-Por qué si no eso?- preguntó el Brujo, encogiéndose de hombros.
-Por que...
-Alec, vámonos!- ambos se giraron. Jace se le había escapado a John y había llegado junto a ellos, de brazos cruzados y mirada mortal hacia el Subterráneo. Alec soltó un bufido y se giró para regresar junto a su familia sin volver a mirar a Magnus. Jace los miró a ambos y tuvo que luchar bastante para no demostrar lo sorprendido que estaba. Magnus y Alec, ambos lucían furiosos. Se giró rápidamente para seguir a su Parabatai, dejando al Brujo solo.
Alec llegó al lado de John e Izzy, ignoró sus miradas confundidas y simplemente tomó su maleta bruscamente, yendo hacia su madre y pasando por el portal sin mirar ni una vez atrás. Maryse miró a su primogénito con una ceja alzada, pero no mencionó nada, pudo ver a Magnus acercarse a Catarina con expresión seria y a sus otros adolescentes juntando sus cabezas para hablar en secreto.
-Que hiciste, idiota?!- preguntó John en voz baja mirando a Jace.
-Yo no hice nada! Ya estaban así cuando llegue- se excusó Jace, tomando su maleta y dirigiéndose hacia el portal.
-Estaban molestos? Discutían? No escuchaste lo que dijeron?- preguntó Izzy, tomando su bolso y dejando que John llevara su enorme maleta.
-No, Isabelle, no escuche nada gracias a que el falso rubio me retuvo demasiado tiempo- se quejó Jace, mirando a John.
-Como que falso?!- se quejó John.
-Falso, dije!- saltó Jace.
-No soy rubio falso, es tono natural!- dijo John, mirando a Jace con ojos entrecerrados- igual al de mi papá.
-Mi padre y madre eran rubios, si mal no recuerdo, tu mamá era castaña, quien es mas rubio ahora?- preguntó Jace, alzando una ceja. John estuvo por responder, pero un manotazo de Isabelle a cada uno los detuvo.
-No sean ridículos! A nadie le importa quién es más rubio!- saltó la chica- por qué Alec estaba tan enojado? Y Magnus se ve igual.
-Magnus no nos dirá nada ahora, y debemos irnos- dijo John, mirando a Maryse que le indicaba a Max que pasara por el portal- vamos a llamar la atención.
-Bien, le preguntaremos a Alec- dijo Jace y los otros dos asintieron. Sabían que no iba a ser fácil, pero le sacarían la información al ojiazul sin importar que.
-Adelante chicos, de prisa- Jace pasó por el portal con su maleta e Izzy estuvo por seguirlo cuando escuchó a su madre- espera John, quiero hablar contigo.
-Conmigo?- preguntó John, mirando a Isabelle pidiendo ayuda.
-Solo un segundo. Isabelle, lleva tu maleta- indicó la mujer mirando a su hija.
-Pero mamá...
-Pasa- Isabelle miró a John una última vez antes de tomar su maleta y pasar por el portal. Entonces Maryse se giró hacia el rubio mayor y se cruzó de brazos.
-Jonathan, dime que sucede con Alec- demandó la mujer inmediatamente. John sintió que comenzaba a sudar frio.
-Como?- preguntó el chico, sintiendo la garganta seca.
-Se que algo pasa, Alec ha lucido deprimido estos días y justo ahora lucia enojado- dijo Maryse.
-En todo caso deberías preguntarle a Alec- dijo John, removiéndose incomodo.
-Alec no me dirá nada, y sé que tu sabes lo que sucede- siguió Maryse.
-Yo no sé nada...
-John, tu siempre sabes- presionó Maryse seriamente. John se mordió el labio, mirando como Maryse comenzaba golpear ligeramente el suelo con un pie, mostrando su impaciencia. El rubio miró hacia el portal, podría huir? No. Si lo hacía, Maryse se daría cuenta de que ocultaba algo. Tal vez si fingía demencia, o si se negaba a hablar, que clase de tortura sería capaz de hacerle la mujer para obtener la información? Volvió su mirada a los penetrantes ojos azules y pasó saliva pesadamente- Jonathan?
-Por qué yo?!- saltó John, exasperado. Maryse lo miró con una ceja alzada.
-Disculpa?
-Siempre soy yo el que termina con arrugas de estrés por culpa de los demás!- se quejó John- soy el que cubre las idioteces de Jace, los escapes de Alec, las travesuras de Max! Y ni siquiera puedo salir en una cita con Isabelle sin miedo a que Jace o Robert decidan lanzarme una daga!
-John...
-Soy el que más se esfuerza en utilizar su coeficiente intelectual y no salta a la acción por pura estupidez y esto es lo que recibo?!- siguió el chico- regaños constantes, amenazas, insultos, flechazos en el trasero!
-Jonathan...
-Y no solo eso! También debo ser el informante de ambos bandos! Tengo que decirles a los adultos lo que hacen los chicos, y a los chicos lo que hacen los adultos, es demasiado!- John se tomó la cabeza con las manos, desesperado- y aun cuando intento cubrirlos a ambos, es desgastante! Trenzar mentiras de este nivel es.. es... ya no puedo más!
-Jonathan!- John parpadeó rápidamente, volviendo a la realidad- escuchas lo que te digo?
-Erm... qué?- preguntó el chico, mirando a Maryse.
-En que pensabas?- preguntó la mujer.
-No... yo... nada- dijo el rubio. Había imaginado todo eso, menos mal.
-Te pregunto si sabes por qué Alec y Bane lucen así?- volvió a preguntar Maryse, y John suspiró, calmándose y volviendo a su papel de defensor familiar.
-Creo que ambos están algo afectados por el hecho de que Alec se va a Idris tan repentinamente- explicó John, como siempre, sacando una explicación de la manga.
-Pero si Magnus es miembro del Consejo, puede ir a Idris también- dijo Maryse, mirando como el Brujo se despedía con un gesto de su amiga azul y partía hacia las calles de la ciudad.
-No lo sé, Maryse. Alec no nos dijo nada- dijo John, encogiéndose de hombros. Maryse estudió al rubio con la mirada cuidadosamente. Alec había pasado la última semana en el Instituto, sin ir a Brooklyn. Los chicos le ocultaban algo, estaba segura, pero John siempre había sido bueno guardando secretos, tendría que ir por su hija.
-De verdad necesitan tanto tiempo para un portal?- escucharon a Catarina preguntarles. John aprovechó la distracción para tomar su maleta y cruzar rápidamente. Sostenerle la mirada a Maryse era algo que había logrado desarrollar a lo largo de los años, pero aun entonces no era fácil. Llegó al otro lado del portal y las preocupadas miradas de Jace e Izzy lo recibieron. Asintió con la cabeza firmemente, dándoles a entender que no había dicho nada, y fue a abrazar a su padre.
Los Lightwood se dirigieron a la casa designada para el Inquisidor y John se les unió rápidamente, sabía que Jace e Izzy interrogarían a Alec, y tenía que estar presente para eso. John ayudó a Izzy a lanzar su maleta en su habitación y después subieron a la habitación de Alec y Jace. El ojiazul estaba ya acomodando su ropa en los cajones. Jace había dejado su maleta y estaba de pie junto a su cama, de brazos cruzados. Los dos rubios y la chica se acercaron rápidamente a Alec por la espalda. El ojiazul sintió su presencia pero hizo todo lo posible por ignorarlos.
-Alec- lo llamó su hermana después de un rato. El mayor soltó un suspiro resignado y se giró hacia ellos.
-Que sucede?- preguntó sin expresión en el rostro.
-Que sucede? De verdad nos preguntas a nosotros?- preguntó Jace alzando una ceja. Alec rodó los ojos, en verdad no estaba de humor para eso.
-Alec, estabas discutiendo con Magnus antes de venir acá?- preguntó John con voz calmada, intentando darle confianza al ojiazul.
-Y que si lo hacía?- preguntó Alec, cruzándose de brazos. Los otros tres se sorprendieron ante la fría respuesta, nada que ver con Alec.
-Bueno, nos preocupamos, quiero decir nunca te habíamos visto discutir con Magnus- dijo Izzy, encogiéndose de hombros.
-Siempre hay una primera vez para todo- respondió Alec.
-Alec, que pasó con Magnus?- preguntó Jace, confundido por el comportamiento de su Parabatai.
-Nada- fue la respuesta inmediata del mayor.
-Eso no parecía un "nada"- dijo Izzy cruzándose de brazos. John miró a los otros tres adolecentes, los tres de brazos cruzados haciendo que la situación se viera aun más seria. Se cruzó de brazos también.
-Pero eso era lo que era- dijo Alec entre dientes. Jace rodó los ojos.
-Estaban furiosos, los dos, no puedes decir que no fue nad...
-No fue nada! De acuerdo?! Ya déjenlo, no quiero hablar de eso!- exclamó Alec, mirándolos con enojo. Los otros tres adolescentes retrocedieron un paso. Mas sorprendidos que asustados. Alec sacudió la cabeza y volvió a girarse hacia su maleta.
-Alec...
-Maldición, ahora lo entiendo- lo escucharon murmurar, mas para sí que para ellos- tiene sentido que esté enojado.
-Alec- repitió Izzy, acercándose a su hermano.
-Qué?- respondió el mayor, medio girándose a mirarlos. Jace y John compartieron una mirada.
-Solo... solo queríamos asegurarnos de que estuvieras bien- dijo la chica en voz baja, eso pareció calmar a Alec. El ojiazul suspiró y dejo las camisas que había comenzado a sacar de la maleta.
-Estoy bien, Izzy- respondió a su hermana menor, girándose para mirarla. Su expresión había cambiado nuevamente, volvía a ser el dulce pero deprimido Alec de esa mañana- en serio, solo... ya tuve suficiente de platicas por hoy, si?
-De acuerdo- dijo la chica, asintiendo rápidamente.
-Sentimos haberte presionado, Alec- dijo John sinceramente. El ojiazul simplemente negó con la cabeza y volvió su atención a su maleta. Jace les dedicó una significativa mirada a los otros dos, quienes salieron de la habitación lentamente. Alec sintió a su Parabatai moverse en silencio, tomar su propia maleta e imitarlo, comenzando a guardar su ropa en los cajones. Agradeció a todos los ángeles que los chicos hubiesen dejado el tema.
Se sentía aliviado, pero también culpable. Sus hermanos solo se preocupaban por él, por eso lo cuestionaban, pero... él se preocupaba por Magnus, por eso lo cuestionaba. Sintió una punzada en el pecho al recordar lo irritado que se había sentido cuando sus hermanos lo habían presionado con preguntas. Así se había sentido Magnus? Soltó un suspiro entrecortado y parpadeó rápidamente para quitar las lagrimas que se habían formado en sus ojos. Estaba bastante consciente de que Jace lo miraba de reojo, no queria darle material para seguirle preguntando cosas.
Ahora comprendía como se había sentido Magnus, y se sentía aun más horrible por su comportamiento. Tal vez esa no había sido la manera correcta de platicar las cosas. Tal vez debería ser mas paciente, tanto como lo era Magnus con él y sus lentos avances en su relación. Cerró fuertemente los puños, arrugando una camisa entre sus manos, mientras se mordía el labio para calmarse. Ya había llorado bastante por el tema, pero ahora lo comprendía y hasta entendía que Magnus estuviese molesto con él. Y no sabía si, después de la escena que había armado antes de venir a Idris, Magnus le daría otra oportunidad a su relación.
Sintió una mano sobre su hombro y abrió los ojos, que no se había dado cuenta que había cerrado, y se encontró con la preocupada mirada de Jace. Parpadeó rápidamente y bajó su rostro para que su Parabatai no viera las lagrimas que estaban a punto de salir. Dejó la camisa que había arrugado dentro de los cajones y soltó un suspiro. Tenía que dejar de pensar en Magnus, por lo menos ahora que compartía la habitación con Jace. El rubio se daría cuenta en un segundo cuando estuviera a punto de llorar.
-Oye- levantó la mirada nuevamente y se sorprendió un poco al ver que Jace le sonreía. El rubio tendió una espada corta, una gladius, y Alec se dio cuenta de que su Parabatai sostenía otra en su mano izquierda- entrenamos?
Se quedaron mirando unos segundos, y después Alec sonrió. Sabía lo que Jace intentaba hacer. Quería que dejara de darle vueltas y vueltas en su cabeza a su pelea con Magnus, quería distraerlo. Y que mejor distracción que una lección de combate cuerpo a cuerpo. Alec tomó la espada que le tendía Jace y asintió firmemente con la cabeza. Ambos se dirigieron a la puerta, para ir al patio, en donde tenían un pequeño campo de entrenamiento.
-No me digas que empacaste espadas- dijo Alec mirando la brillante espada gladius en su mano.
-Claro que empaqué espadas- respondió Jace como si fuera lo más lógico del mundo. Alec rodó los ojos sin dejar de sonreír.
-Dijeron que empacáramos lo necesario- le dijo el ojiazul.
-Y las armas no son necesarias en una guerra?- se defendió Jace, mirándolo con las cejas alzadas.
-Estamos en la cuna de los Nefilim, aquí hay mil veces más armas que en el Instituto.
-No voy a andar hurgando por la ciudad buscando armas, así que mejor vengo preparado- dijo Jace encogiéndose de hombros mientras giraba la espada en su mano... y raspaba el papel tapiz de la escalera con la punta- oops.
-Jace- lo regañó Alec. El rubio hizo un ademan con la mano.
-Tranquilo- dijo Jace, tomando un pequeño cuadro de una pintura al oleo del lago Lyn que estaba unos cuantos escalones más arriba, y posicionándolo frente al papel dañado- vez, nadie lo notará. Vamos.
Pero estaba bastante equivocado. Llegaron al patio trasero y tomaron posición, el uno frente al otro, con las espadas listas. Jace cargó contra Alec, pero no pudo dar su estocada.
-Quien rasgó el tapiz de la escalera?!- escucharon el furioso grito de guerra de Maryse.
-Corre!- gritó Jace, soltando la evidencia y corriendo hacia la calle.
-A donde?- saltó Alec, dejando su espada también y siguiendo a su Parabatai.
-México!- los Parabatai corrieron calle arriba, esperando encontrar refugio con los Wayland.
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Los días pasaron sin mayores problemas. Después de cumplir su castigo de ser el asistente personal de Michael y Robert por un día, y por asistente personal simplemente querían decir servidor-de-café y tráeme-ese-documento, Jace había vuelto a formar parte de las tardes de los chicos. Tres días habían pasado desde su llegada a Idris, los cuales habían pasado entre reuniones, estrategias, entrenamiento e investigación. Nadie sabía cuál era el verdadero objetivo de Jonathan Morgenstern. Sabían que quería levantar el infierno sobre la tierra, pero no sabían lo literal de esa amenaza.
Alec y John habían asistido a todas las reuniones al ser los mayores del grupo. El ojiazul no podía dejar de sentir una punzada en el pecho cada que miraba hacia la mesa de los representantes Subterráneos y veía azul en lugar de brillos. Magnus le había pedido a Catarina que lo supliera como representante en las últimas reuniones, y Alec se sentía total y completamente culpable por eso. Sus hermanos intentaban convencerlo de que no era así, pero ninguno tenía otra posible razón por la que Magnus no asistía a las reuniones.
Ese día, John y Alec estaban en una reunión sobre el último ataque de Jonathan, Londres. Algunos Institutos aun estaban siendo desalojados, y Londres era uno de ellos. La razón de la reunión no era precisamente el ataque, sino el cómo se había detenido dicho ataque. Nadie se explicaba como los habitantes del Instituto habían sido advertidos y habían logrado escapar casi en su totalidad. Alec tomaba notas de todo, Jace Clary e Izzy se ponían bastante quisquillosos con la información. Al terminar la reunión, ambos chicos salieron del lugar para dirigirse a casa, donde seguramente todos los demás los esperaban ansiosos.
-Disculpa, John, puedo hablarte un momento- los dos se giraron y vieron a Catarina acercarse a ellos.
-Claro, que sucede?- preguntó el rubio, cruzándose de brazos, mirándola. Catarina le echó una rápida mirada a Alec y tronó los dedos casi imperceptiblemente. Una pequeña nube blanca dio en los oídos de Alec, pero el chico pareció no darse cuenta- que...
-No quiero ser indiscreta y dejarlo sin escuchar, simplemente escuchará que hablamos de una cosa completamente diferente- dijo Catarina rápidamente.
-Bien, de acuerdo- dijo John, mirando a Alec con curiosidad, preguntándose que estaría escuchando en esa conversación.
-Deja de mirarlo, estamos encubiertos, recuerdas?- lo regañó Catarina.
-Cierto, lo siento- se disculpó el chico, volviendo su mirada hacia ella rápidamente.
-Solo te quería informar que a partir de mañana Magnus regresará a las reuniones del Consejo- dijo Catarina rápidamente. Alec se sonrojó muchísimo y se giró, dándoles un poco de privacidad.
-Qué?!- saltó John, abriendo mucho los ojos.
-Solo quería decírselos para... ya sabes- dijo la Bruja señalando a Alec con un movimiento de la cabeza. John se giró hacia el ojiazul y se dio cuenta que había enrojecido hasta las orejas- no sé si ya están en buenos términos nuevamente, pero solo quería advertirlo, por precaución.
-De acuerdo, yo se lo... espera, que escuchó?- preguntó el rubio, señalando al sumamente sonrojado Lightwood.
-Ni idea, yo no controlo eso- dijo Catarina en un tono que dejaba claro que era una mentira.
-Espera, Catarina, dime que...
-Oh, el hechizo terminó, nos vemos- dijo la chica, girándose y tronando los dedos para quitar el hechizo a Alec. John la miró con ojos entrecerrados y se mordió el labio con coraje antes de dirigirse hacia Alec.
-En qué momento se soltó el diluvio?- preguntó John llegando junto al ojiazul, que ya lo esperaba en la puerta para salir.
-Nos vamos a empapar- dijo Alec, ocultando su pequeña libreta en el interior de su chamarra y subiendo el cierre por completo. John se dio cuenta de que seguía algo sonrojado.
-Erm... es... escuchaste algo?- preguntó John. Estaba seguro de que no había escuchado nada relacionado con Magnus, pero aun así, ese sonrojo lo tenía inquieto.
-Algo- dijo Alec, su sonrojo regresando, aun más potente.
-Oh- dijo John, bajando la mirada. Qué demonios había escuchado Alec? Se quedaron en un silencio incomodo un momento, hasta que una de las puertas a la derecha del pasillo se abrió y un montón de gente comenzó a dirigirse hacia ellos.
-Si le contagias algo a Izzy, voy a asesinarte- fue lo último que dijo Alec antes de soltarse a correr bajo la lluvia.
-Contagiar? Contagiar qu... qué?!- John se giró, furioso y dispuesto a encontrar a Catarina, pero el mar de gente que salía de la sala a la derecha no lo dejó pasar, todos iban saliendo y corriendo bajo la lluvia rumbo a sus casas. John soltó un gruñido de molestia y se resignó a correr detrás de Alec hacia la casa. Solo esperaba que el ojiazul no le mencionara nada a su hermana.
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Al día siguiente, John ya había hablado con Izzy y Jace sobre el regreso de Magnus al Consejo, los tres habían acordado que la sala principal de reuniones en el Gard no era lugar para que Alec y Magnus se vieran por primera vez después de su pelea. Así que habían decidido tomarse el día libre de reuniones. Para cuando Alec llegó a la sala, listo para irse a la reunión. Se sorprendió al ver a sus hermanos y Clary, vistiendo de lo mas casual y preparándose para salir. Max estaba junto a su madre, escuchando con un puchero todas las indicaciones que la mujer le daba.
-Erm... que sucede?- preguntó Alec, acercándose a su familia.
-Nos tomaremos el día libre- dijo John rápidamente, con una enorme sonrisa de oreja a oreja. Alec lo miró como si le hubieran salido escamas.
-Día libre?- preguntó el ojiazul, sin creerlo.
-Sip, Clary y yo tendremos una cita- dijo Jace, abrazando a la pelirroja por la cintura- iremos a la tienda de armas.
-Romántico- murmuró Izzy rodando los ojos.
-Izzy y yo iremos a pasear a la plaza del ángel- dijo John.
-Abrieron un nuevo café y muero por probarlo- dijo Izzy, peinando su cabello frente al espejo junto a la puerta principal.
-No podemos tomarnos un día libre!- saltó Alec por fin- hay muchas cosas por hacer! Tenemos que asistir a las reuniones, Jonathan está al acecho, debemos de...
-Magnus regresará a su puesto en el Consejo- dijo John, interrumpiendo a Alec. El ojiazul se quedó callado de inmediato.
-Bueno, pensándolo bien. Me vendría bien un poco de aire fresco- dijo en voz baja.
-Genial- dijo Izzy, tomando a John por el brazo, lista para irse.
-No te preocupes, yo iré a la reunión, si dice algo importante, se los comunicaré a ustedes- le dijo Maryse.
-Claro- dijo Alec, asintiendo levemente.
-Vámonos, tengo hambre, quiero un panque de fresa- dijo Izzy, tirando del brazo de John.
-Nosotros también nos vamos- dijo Jace, aun con su brazo en la cintura de Clary, la dirigió hacia afuera.
-Cuidado Clary, Jace en una tienda de armas es como un niño en una dulcería- le advirtió John antes de salir. Jace le dio un golpe juguetón en un hombro. Alec miró a sus hermanos salir y se mordió el labio, todos saldrían ese día en citas y él...
-Tu vienes conmigo!- saltó Max, tomando la mano de su hermano mayor y dirigiéndolo hacia afuera.
-Qué?- preguntó Alec, dejándose arrastrar fuera.
-Le prometí que lo llevaría con los pequeños Blackthorn- dijo Maryse poniéndose su saco antes de salir- se están quedando con los Penhallow. No te molesta, verdad, cielo?
-No, claro que no- dijo Alec, tomando la mano de su hermanito. Si bien estar de niñero no era el modo en que quería pasar la tarde, la distracción le vendría bien.
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Los niños Blackthorn se estaban quedando en el ático de los Penhallow. Era un lugar grande, mas como un departamento que un ático. Tenían cocineta y dos habitaciones, suficiente para seis niños pequeños. Max haya hecho amistad inmediatamente con Livvy, la niña de en medio de todos los hermanos. Tenían casi la misma edad y ambos estaban muy emocionados por comenzar su entrenamiento Nefilim. Alec se había quedado hablando con Helen, la hermana mayor de todos esos pequeños.
Alec los observó, Julian, el mayor de ellos, estaba sentado en un sillón, hablando con Emma Carstairs. Los papás de la chica habían muerto el mismo día del ataque al Instituto de Los Ángeles, y siendo amiga de toda la vida de los Blackthorn, ahora era considerada uno más de ellos. Livvy y Max platicaban entretenidos leyendo un libro sobre armas, intentando integrar a la plática al hermano gemelo de Livvy, Ty, pero el niño no parecía nada interesado. Drussilla, la niña menor, estaba tomando una siesta en una manta en el suelo y junto a ella, Tavvy, el pequeño bebé de la familia, jugaba entretenido con unos cuantos Legos.
-Como están?- preguntó Alec a Helen, sin dejar de mirar a los niños. La rubia soltó un suspiro.
-Sobrevivieron, es lo importante- le respondió.
-Escuché lo de Mark, lo siento mucho- dijo Alec, mirándola. Helen bajó la mirada- estoy seguro de que la Clave hará todo lo posible por recuperarlo. Y Jia, ella...
-Se que las posibilidades de encontrar a Mark son muy bajas- lo interrumpió la rubia- pero sé que todos se esforzaran en hacerlo a pesar de estar ocupados con la amenaza de Jonathan, y se los agradezco muchísimo, en verdad.
-Ya verás que cuando todo vuelva a la normalidad, Mark será una prioridad- aseguró Alec. Helen asintió con una media sonrisa y los ojos llenos de lagrimas. Ella estuvo por responderle, pero de pronto una luz estalló fuera, entrando por las pocas ventanas e iluminando todo el lugar. Las luces doradas y rojas ensombrecieron el ático de los Penhallow, asustando a los niños. Helen y Alec corrieron a ver lo que ocurría afuera. Las torres de demonios estaban iluminadas.
-Las luces de batalla- murmuró Helen. Ella y Alec se miraron. Las luces rojas y doradas significaba que tenían que ir a Gard. Jonathan atacando algún otro Instituto les vino a la mente a ambos.
-No podemos dejarlos- murmuró Alec, mirando a los pequeños, que se habían reunido, asustados, junto a la cuna del bebé.
-Yo me quedaré, nos quedaremos aquí arriba y pondré protecciones- dijo Helen rápidamente.
-De acuerdo- Alec se acercó rápidamente a su hermanito, que estaba arrodillado, tomando fuertemente la mano de Drusilla. Alec se arrodilló frente a él y puso sus manos sobre los pequeños hombros del niño- Max, escúchame, quédate con Helen y los niños.
-Qué?- preguntó Max, asuntándose aun mas.
-Tengo que ir a ayudar a los demás- le explicó Alec con la voz más clara que pudo encontrar.
-Me vas a dejar?- preguntó Max, negando con la cabeza y soltando a Dru para tomar a Alec por los brazos. Sus ojos se llenaron de lagrimas.
-Me necesitan en el Gard, Max- le dijo Alec, intentando hacerlo entender.
-Voy contigo!- saltó el pequeño aterrado, soltando lagrimas.
-No puedo llevarte, es peligroso- le dijo el mayor- Max, obedece, aquí estarás a salvo.
-Eso me dijiste la ultima vez!- saltó Max, con las mejillas bañadas en lagrimas. Alec miró a su hermanito, sintiendo un nudo en la garganta. La última vez que había habido un ataque, Jonathan casi había matado a Max. Atrajo al niño hacia él y lo abrazó con fuerza.
-Estarás a salvo aquí, no estás solo, quédate escondido con los demás niños, si?- murmuró el ojiazul al oído del pequeño. Max estiró y rodeó a su hermano con todo lo que sus bracitos le daban, apretándolo también. Alec sacudió la cabeza para espantar las lagrimas que se habían formado en sus ojos antes de separarse- eres fuerte, Max.
-Lo soy- dijo el pequeño Lightwood con seguridad. Alec asintió con la cabeza y sacó una daga rondel de su cinturón y se la dio al niño.
-Se valiente, Max- le dijo, y el niño tomó la daga, que a él le quedaba como una espada a su tamaño, y asintió firmemente, quitándose las lagrimas de un manotazo. Alec se inclinó y besó la cabeza de su hermano antes de mirar a Helen- cuídalos.
-Por supuesto- dijo la chica, mirando a Alec correr hacia las escaleras.
Alec bajó las escaleras saltando los escalones de tres en tres y después soltó la carrera por la calle hacia el Gard. Muchos otros hacían lo mismo que él, saliendo de las casas mientras se ponían su equipo de combate y corrían en dirección al Gard. No se detuvo a preguntar qué pasaba, tenía que llegar junto a su familia lo más pronto posible. Cuando por fin llegó al Gard, miró entre la gente buscando algún rostro conocido. Todo Alicante estaba llegando a toda velocidad. Vio a Michael cerca de la entrada al edificio, un brillante portal estaba abierto enseguida de él y los Nefilim pasaban por el a prisa.
-La Ciudadela Infracta esta bajo ataque!- gritaba Michael, el corazón de Alec se aceleró aun mas- debemos ayudar a las Hermanas de Hierro!
-Todo Cazador de Sombras armado y listo preséntese conmigo para cruzar el portal!- gritó Jia dando indicaciones con los brazos. Alec estuvo por correr hacia ella, pero un grito conocido lo detuvo. Se giró hacia la reja de entrada, en donde Isabelle luchaba contra el agarre de su padre. Fue hacia ellos rápidamente, preguntándose que pasaba.
-Suéltame! Suéltame te digo!- la chica se removía como gusano en sal.
-Isabelle! No vas a cruzar ese portal- le decía Robert mientras la abrazaba fuertemente por la espalda para impedir que se fuera.
-Tengo que ir! Tengo que ayudar!- seguía la chica, luchando contra los fuertes brazos de su padre, pero era inútil, Robert era muchísimo mas fuerte que ella.
-Hay suficientes guerreros aquí, no tenemos por qué enviar a nuestros niños- dijo Robert firmemente.
-John cruzó! John está luchando!- saltó Izzy. Alec sintió que se le comprimía el pecho y miró hacia el portal, que en ese momento se cerraba.
-John es mayor de edad, y es un guerrero excelente, Isabelle- dijo Robert, soltándola al fin al ver que el portal estaba cerrado.
-Y Clary y Jace? Por qué los dejaste cruzar a ellos también?- preguntó Izzy con los ojos brillantes.
-Qué?- preguntaron Alec y Robert al mismo tiempo.
-Cruzaron después de John, yo los vi- aseguró la chica, mirando hacia el portal, Jia y Michael hablaban en voz baja.
-Papá, cuantos Cazadores de Sombras pasaron?- preguntó Alec.
-No lo sé, Jia controlaba el flujo- dijo Robert, los tres Lightwood comenzaron a caminar hacia el Inquisidor y la Cónsul.
-Robert!- los tres se giraron para mirar a Maryse. Traía su traje de combate y su nanigata atada a la espalda- que pasa? Y Max?
-Lo dejé en casa de los Penhallow con todos los Blackthorn, Helen está con ellos- respondió Alec rápidamente. Maryse asintió sin quedar muy tranquila, recordando la última vez que habían dejado a su bebé solo durante una batalla.
-Mamá, Jace, John y Clary cruzaron por el portal- dijo Izzy, acercándose rápidamente a su madre.
-Como?!- saltó Maryse, tomándola fuertemente por los hombros. Robert dejó a su hija con su esposa y corrió hacia Jia y Michael, Alec se apresuró a seguirlo. Michael y Jia parecían discutir sobre algo. Robert se acercó para ver qué pasaba, pero Alec guardó distancia, había aprendido los trucos de espía de John, y si quería enterarse de lo que sucedía en discusiones de alto mando, tenía que hacerlo en secreto.
-Debemos enviar más personas, Jia, entiende!- dijo Michael en voz baja.
-Enviamos cincuenta guerreros, Michael. Los oscurecidos son apenas 20, podrán contra ellos- dijo Jia con cansancio.
-No será suficiente, Jia- le dijo Robert- nosotros luchamos contra ellos en el Burren, sabemos lo poderosos que son.
-Robert, no tienes nada que ver en esta discusión- dijo Jia con frustración.
-Ah no? Para la organización de documentos e investigaciones de alto rango si soy parte del equipo, pero en las discusiones no tengo voz?- preguntó Robert a la mujer. Michael le puso una mano sobre el hombro.
-Tranquilo, Robert, estará bien- dijo Michael en voz baja.
-John, Clary y Jace cruzaron el portal- dijo Robert, mirando al rubio a los ojos. El corazón de Michael se saltó un par de latidos. Había visto a su hijo pasar por el portal, había intentado detenerlo o ir tras él, pero como Inquisidor lo necesitaban para organizarlos a todos. Su hijo era muy buen guerrero, intentaba convencerse a sí mismo de que estaría bien. Pero Clary y Jace eran aun menores de edad. Y Clary aun ni siquiera completaba su entrenamiento básico.
-No vi a Clary ni a Jace- dijo Jia rápidamente, sorprendida.
-Debieron pasar entre la multitud- dijo Robert, sonando cansado.
-Deben traerlos de vuelta- los tres adultos se giraron hacia el que había hablado. Alec había tenido suficiente de esconderse y espiar, tenía que hacer algo y traer a sus amigos de regreso.
-Alec, que...
-Los que luchamos contra los Oscuros fuimos nosotros, sabemos lo que son capaces de hacer, solo cincuenta Cazadores de Sombras no son suficientes- siguió Alec, interrumpiendo a la Cónsul.
-Alexander, la magia del portal es complicada- dijo la mujer, mirando a Robert, esperando que controlara a su hijo.
-Lo sabemos, Jia, pero Alec tiene razón- dijo Michael, mirando duramente a la mujer- los Oscuros son demasiado fuertes, y ellos aun son niños.
-Michael...
La discusión se interrumpió cuando Alec cayó de rodillas al suelo, soltando un grito desgarrador.
-Alec!
-Alec!- los tres adultos se arrodillaron frente al chico. Alec apenas era consciente de las manos de su papá y Michael sosteniéndolo para que no se desplomara. Algo caliente lo había atravesado, desde el hombro hasta el centro del pecho, como una lanza de fuego. Escuchó la voz de su madre y hermana a lo lejos, pero el dolor le nublaba los sentidos. Dolor, doble y sobrepuesto, porque no era su propio dolor.
-Jace- se las arregló para decir entre dientes- algo pasó, el fuego... celestial... abran el portal, de prisa!
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