Capítulo 30. Una cena romántica fallida
Ahí estaba mi princesa viéndome con asombro, se veía tan hermosa como siempre a pesar de estar pálida de la impresión por haber descubierto mi verdadera identidad. Cuando empezo a tener una respiración agitada la ayude a sentarse mientras le decía con calma ocultando mi preocupación —Candy... ¿ qué sientes? Contéstame por favor— pero ella no me contestaba, es como si no me escuchara, de pronto dejó de verme para tener una mirada perdida mientras se le humedecian sus esmeraldas verdes, al comenzar a derramar lágrimas también empezó a hiperventilar en ese instante me acerqué al escritorio para tomar el teléfono y decirle a la secretaria que me proporcionara un té para los nervios, también pedí alcohol y algodón por si se ponía peor mientras veía de reojo a Candy, por si acaso también ordene traer a un médico esto lo hice en voz baja, ocultando mi rostro ante mi bella dama para que no se diera cuenta de mis intenciones, pero mientras le estaba diciendo a la secretaria de que quería que las cosas se ejecutarán de inmediato Candy ya no se encontraba en la oficina, dejé el teléfono colgado escuchando por último que decía la secretaria: —por supuesto joven... Ocupa algo más...— al salir de la oficina no vi ni rastros de mi rubia solo a la secretaria que señalaba la salida indicándome el camino que tomó mi visita, hice una venía agradeciendo la información no solicitada pero necesaria para poder buscar a Candy, cuando me dirigía a buscarla el oportuno de George se apareció en mi camino para preguntarme:
—William ya firmaste los...
Yo lo interrumpí abruptamente para responderle —ya revisé y firmé los documentos
—¿ya atendió a la señorita Candy?...
—estoy en eso— dándole una palmada en el hombro seguí hablando —hiciste un buen trabajo como siempre... En estos momentos estoy sumamente ocupado, después te busco George— hablé con propiedad y compostura sin desquitar mi frustración con él o con cualquier otra persona, el único culpable de mi mal fortuna soy yo y los sin sabores de la vida solo son consecuencia de mis propios errores.
Al salir de la empresa no vi por ningún lado a mi amada, sin perder más tiempo empecé a buscarla por las calles sin tener buenos resultados, tomé el coche esperanzado en encontrarla sintiendo como aumentaba mi desesperación conforme pasaba el tiempo, no la veía por más que buscaba, con formé pasaban las horas esta ciudad cada vez me parecía mas inmensa y mi pequeña sola por estas calles frías, realmente me preocupa su bienestar y más por que la última vez que la ví estaba muy perturbada, más tarde decidí ir a nuestro hogar, estacione el coche a unas cuadras de la casa pensando que si ella ve el coche en la casa no quiera ni acercarse. Al entrar a nuestro hogar vi que todo estaba en penumbrás y desolado de la misma forma que me siento yo, la busque por todas partes de la casa pero no estaba.
Esta desesperación me está sobrepasando, es algo que no puedo permitir debo conservar la calma, es muy fácil decirlo pero hacerlo me cuesta horrores. Por inercia saqué de la bolsa interior de mi sacó una cajita que al abrirla mostraba el anillo de compromiso que perteneció a mi madre, nunca le pedí a Candy que sea mi novia por que no me siento como un chiquillo que no sabe lo que quiere de la vida, yo soy un hombre que ansia entregar está joya a la mujer que ama para convertirla en su prometida para que en un futuro sea mi esposa y la madre de mis hijos, vivir juntos por el resto de la vida para protegerla, cuidarla, amarla y hacerla feliz, pero parece que ya no podrá ser, fue todo un desastre mi planeada cena romántica, se convirtió en una cena fallida, de romántica no tiene nada más bien es trágica.
No puedo dejar que está angustia me carcoma el alma sin antes encontrarla sana y salva. Tengo que volver a salir para buscarla y no parar hasta dar con ella, teniendo fe en mi buena suerte como aquella noche en que el miserable de Neil engaño a Candy tendiendole una trampa vil, con estos pensamientos deposité el anillo de mi madre en la mesa.
De pronto la puerta se abrió y ella pasó el umbral de la puerta, en esos momentos me volví más religioso por que Dios me ofrecía consuelo con la presencia de mi amor.
Ella pasó de largo sin dirigirme la mirada, en cambió yo le decía —¡Candy! Que bueno que estás bien —pero ella no me contestaba, seguí llamándola por su nombre sin obtener respuesta, en mi desesperación la quise abrazar pero ella me miró con un gran resentimiento y gritó —¡no me toques!— al escuchar estás palabras hirientes no me quedo más que respetar su decisión y me alejé de ella a una distancia prudente mientras intentaba comunicarme con ella le decía —tenemos que hablar, por favor escúchame
—¡no! No quiero escuchar tus mentiras
—¿por qué dices eso? ¿De qué mentiras hablas?
—¡todo tú eres una mentira!... ¡Una farsa TÍO ABUELO!. ¡¿ cómo puedes venir aquí a tener una conversación diplomática?!, ¿ cómo es que tienes la desfachatez de verme a la cara?, Es que no tienes ni una pizca de decencia
—Candy linda todo es un mal entendido
—¿pero cómo te atreves? De verás que ya no sé si reír o llorar... Debería de hacer las dos cosas al mismo tiempo— se acercó a mí, me veía directo a los ojos pude ver su dolor, su decepción hacía mí, su mirada de reproche mientras que le salían gruesas lágrimas de sus bellos ojos, esos ojos que tanto amo pero que ya no tenían ese brillo especial que siempre me a cautivado de mi bella Candy —a casó es un mal entendido que seas el tío William, es un malentendido que quieras obligarme a casarme con Neil— ella empezó a golpearme en el pecho con sus puños pequeños, yo no ponía resistencia solo dejaba que ella desquitara su irá contra mí porque sus golpes no me duelen a comparación como me parte el corazón verla confundida, y verla llorar me conmueve el alma. En realidad sólo quiero consolarla pero no me deja acercarme a ella en cambio a construido una muralla impenetrable y dijo con enojo— después de lo que a pasado entre nosotros, es que eres un desvergonzado, ¿ qué crees que soy yo? Acaso piensas que pasó se hombre en hombre. Se que aveces era yo la que te seducía pero solo me comportó de esa manera contigo... en mi vida no me a tocado otro que no seas tú y eso parece que a ti no te importa— por último dejó de golpearme para solo llorar amargamente mientras le hablaba
— déjame explicarte
—no quiero tus explicaciones... No quiero ni verte
—tuve que ocultar mi identidad por cuestiones de seguridad. Con respecto a Neil yo no apoyo esa infamia y se perfectamente que eras una mujer con valores arraigados
—no te creo, solo son mentiras tuyas... No quiero seguir escuchandote, ni siquiera quiero tu presencia cerca de mí, por eso me voy de está casa que me produce náuseas
—no te vayas, en todo caso el que se tiene que ir soy yo
—esta es tu casa soy yo la que sale sobrando
Para no importunarla más de lo debido le contesté—esta bien, si quieres irte vete pero hazlo con calma, primero encuentra un lugar a donde vivir, por favor no tomes decisiones precipitadas
—no, ya está decidido me voy hoy mismo
—no seas insensata ya es muy tarde para que andes sola por las calles de esta peligrosa ciudad
—no, además lo que me pase es algo que no te importa
—no debería pero si me importa por que te quiero... Ya deberías saberlo
—esta es tu propiedad, tú eres el que se tiene que quedar aquí porque yo no quiero nada que venga de ti
—yo tengo el coche puedo ir a la mansión Andrew o a un hotel, quédate en lo que consigues un lugar donde vivir. No lo hagas por mí hazlo por ti, por la señorita Pony, por la hermana María ellas te quieren mucho si te pasa algo sabes que sufrirán
—no quiero que después me cobres
—jamas haría tal cosa, todo lo que he hecho por ti, todo lo que te he dado ya sea un vestido caro o solo una flor que no me a costado ni un centavo te lo he dado por que me ha nacido del corazón y sí tú piensas que te lo voy a echar en cara en algún momento de la vida es que no me conoces... Como también si crees que yo sería capaz de obligarte a casarte con Neil es que jamás te diste cuenta de cuanto es que yo te amo.
Saque las llaves de mi bolsillo se las mostré para después depositarlo en la mesita del recibidor y le dije —se prudente y quédate todo el tiempo que lo necesites...— después me fui directo a la puerta para irme de aquel lugar que fue mi hogar por poco tiempo.
Continuará...
