Brilliant New Year
POV Emma
Era aproximadamente las seis de la tarde y estaba empezando a arreglarme para la fiesta de Año Nuevo que habría en casa de los padres de Chelsea. Sé que ya ni nos hablamos, pero sus padres son amigos de mi madre y bueno, prácticamente hemos crecido juntas, y mi madre no quiso rechazar la invitación. Ruby y sus padres también irían, y eso ya me dejaba algo más cómoda. Lo único que no quería era comenzar el año teniendo que pararle los pies a alguien, y cuando digo alguien, quiero decir Chelsea.
Lo que más deseaba es que ya fuera medianoche, porque ya sería enero y faltarían poco días para tener la primera reunión con la editorial. ¡La reunión donde firmaría el contrato! Estoy tan feliz que apenas puedo explicarme.
En el baño, puse un banquito debajo de la ducha y me senté, dejando que el agua resbalara por mi espalda. Aún no soy rica para tener una bañera en casa, y si un día lo fuera, la pondría en el cuarto de baño de mi madre, obviamente. ¡Todo para ella!
No tardé mucho en el baño, salí pocos minutos después con los cabellos mojados, y enrollé el pelo con una toalla y con otra mi cuerpo. Salí del cuarto del baño canturreando y dando pequeños pasitos de baile al ritmo de la música que salía del móvil, que tenía en las manos. Cuando entré en mi cuarto, me encontré con mis hermanos sentados en mi cama y con mi ordenador en las manos.
—¡Eh! ¿Qué hacéis?— pregunté forzando un tono enfadado, pero ellos, sabiendo que era fingido, rieron y me hicieron reír.
—Viendo tus fotos— dijo Eloise con naturalidad —Ruby vino varias veces a casa cuando estabas en Londres y nos enseñó a usar su ordenador, y el de ella es igual al tuyo.
—Sacaste fotos bonitas allá, Ma—dijo Ernest sonriendo y Eloise concordó, pero enseguida pude ver sus sonrisas transformándose en boquitas torcidas y ceños fruncidos—Hermanita, esta es…¿esta es la tía Regina?
Desorbité los ojos y corrí hacia la cama. Me senté al lado de ellos y miré la pantalla del ordenador, donde había una foto mía y de Regina de la que ni siquiera me acordaba. Estábamos en la sala del piano y ella me abrazaba desde atrás y me besaba el cuello mientras yo sonreía. Sonreí ante la foto e incluso intenté recordar cuando fue sacada. Probablemente en uno de los días en que las dos estábamos borrachas
—Sí, mi amor. Es ella.
—¿Y por qué estáis tan juntitas?— preguntó él de nuevo. Los dos me miraban fijamente ansiando por una respuesta.
Mi madre nunca le ocultó a los gemelos mi sexualidad, cosa muy bien hecha. Ella dice que los niños tiene que saber lo que hay a su alrededor y aprender el respeto desde pequeños. Cuanto más los alejas, más se extrañarán al ver algo que huye de sus padrones, y entonces es ahí cuando comienzan los prejuicios. Sin embargo, mi madre siempre me dijo que les presentara a las chicas con las que realmente tuviera una relación seria, y no aquellas con las que solo estaba un par de días. Bueno, en realidad solo hubo una-antes de Regina- que encajaba en ese padrón, Chelsea. Para los dos, la única mujer con la que yo tuve relaciones fue Chelsea.
—Bueno…—No sabía si debía decirles la verdad, al fin y al cabo, Regina y yo aún no éramos novias oficialmente. Al pensar en eso, sentí que mi corazón se encogía. Muchas personas dicen que las etiquetas poco importan y que, la mayoría de las veces, estropean las relaciones, pero yo pienso lo contrario. Creo que, a veces, una etiqueta puede fortalecer mucho más la vida de una pareja —Bien, lo que sucede es que durante el tiempo que estuve allá, en Londres, ¿sabes, en casa de la tía Regina? Ella y yo como que empezamos a…gustarnos.
—Pero eso no es nada. A todo el mundo tiene que gustarle todo el mundo. A mí también me gusta tía Regina. Ella jugaba con nosotros mientras vosotros, los adultos, hacíais cosas de adultos. Kitty también—argumentó Eloise
—No es gustar de ese tipo. Es gustar mucho. Gustar más que amigos. De la manera en que a mí me gustaba Chelsea—a mí nunca me llegó a gustar Chelsea románticamente, y empleo gustar como sinónimo de amar, porque yo amo a Regina, pero pensé que decirles esto a los pequeños iba a asustarlos.
—Pero, ¿a ti aún te gusta Chelsea, no? Mamá y ella dicen que tú y ellas fuisteis hechas la una para la otra. Es como si hubieras encontrado…a tu princesa encantada— dijo Ernest.
—Aún me gusta Chelsea como amiga, mi amor—respondí suavemente pasando mi mano por el cabello de los dos —Pero ella no es, nunca fue y nunca será mi princesa encantada.
—¿Es porque ahora te gusta la tía Regina, verdad?— Eloise preguntó y yo asentí —Guay. Ella es bonita.
—Sí, lo es. Pero parece más una reina que una princesa— dijo Ernest con una sonrisa boba en el rostro, y yo no pude evitar sonreír de oreja a oreja al ver que mis hermanos, tan pequeños, ya me comprendían tanto. Besé sus rostros varias veces y los abracé con todas la fuerza del mundo.
—¿Por qué ahora no vais a bañaros y dejáis que me vista?—sugerí, y los dos asintieron y salieron del cuarto dando saltitos.
Aún sonriendo por lo sucedido, me quité la toalla y me senté frente a mi pequeño y viejo tocador. Había sido un regalo de mi madre cuando cumplí los dieciséis años.
Enchufé el secador y comencé a secarme el pelo mientras canturreaba otra vez cualquier canción. Estaba feliz y parecía que nada podría pasar para arrancarme este sentimiento.
Fruncí el ceño al escuchar que mi móvil sonaba, y me sentí en la obligación de revirar los ojos al constatar que era el mismo número desconocido que me había llamado unos días antes de Navidad. Cogí el móvil bruscamente y atendí la llamada con algo de rabia.
"Mire, no sé quién es, pero dígame, ¿por qué me llama? Primero fue cerca de Navidad, ahora en Año Nuevo…¿Es usted una especie de psicópata? ¡Voy a llamar al FBI!" Prácticamente grité, e incluso exageré en la parte del FBI.
Escuché una sonora carcajada en respuesta y me quedé congelada. Juro que sentí cómo mi corazón se paraba en aquel momento. Era una carcajada extremadamente familiar y que reconocería en cualquier lugar, no importa cuántos años pasaran. Era la risa de Regina.
"Aún no es medianoche en Vancouver, pero aquí ya estamos en 2019" dijo ella y cerré con fuerza los ojos. Era demasiado bueno escuchar su voz después de tanto tiempo.
"Regina", dije tras algunos segundos de silencio "Eres tú" Mi voz salió trémula a causa de las lágrimas que ya se acumulaban en mis ojos y del nudo que se había formado en mi garganta.
Sé que, para muchas parejas, una llamada es la cosa más común del mundo, pero para mí, no. Una llamada tan inusitada como esta es sencillamente el mayor avance que nuestra relación ha tenido en meses, teniendo en cuenta que ni vernos podemos, y solo nos hemos comunicado por email.
"Soy yo, mi amor", dijo ella y pude escuchar su risa. "Feliz Año Nuevo"
—Fe…Feliz año Nuevo— Tartamudeé un poco. Eran muchos los nervios, y a causa de ello comencé a andar de un lado a otro del cuarto Regina…cómo he echado de menos escuchar tu voz—de nuevo escuché su risa y yo también sonreí.
—Emma, te he llamado para preguntarte una cosa. Mucha gente me ha aconsejado hacer esto, pero solo ahora, cuando el reloj ha marcado un nuevo año, que se me ha caído la ficha. Me he dado cuenta. Necesito preguntarte esto, Emma—sus palabras salieron rápidas y me preocupé. Por su tono de voz, parecía algo serio.
—¿Qué ocurre, Gina?—pregunté preocupada.
—Mira, Emma, sé que en el aeropuerto nos dijimos una cosa, pero es que te amo mucho, de verdad, y…—
Estaba segura de que iba a andarse con rodeos, así que la interrumpí.
—¡Regina! Estoy muriendo de curiosidad. Puedes soltarlo de una…
Sin embargo, antes de poder acabar mi frase, fue ella la que me interrumpió.
—Emma, ¿quieres ser mi novia?
Sentí que mi mundo dejaba de girar ante aquellas palabras dichas con un tono de nerviosismo y cariño al mismo tiempo. Una vez más mis ojos se llenaron de lágrimas, y mi pecho, de amor. No parecía real. Parecía el mejor y el mayor de los sueños, de aquellos en que cruzas los dedos y rezas para nunca despertar. Pero era real. Era mucho más que real.
—¡Regina, yo…yo…Dios mío!— exclamé con una risa nerviosa mientras sorbía de tanto llorar —Pues claro que quiero, Gina— respondí melancólica.
—¿Te he pillado por sorpresa?— preguntó y sonreí mientras me tiraba en la cama, aún como una tonta.
—Es mucho que procesar, pero sí. Mucha sorpresa. Pero…¿y en cuanto a nuestro acuerdo? ¿El que hicimos en el aeropuerto de no mantener una relación a distancia porque no soportaríamos estar la una sin la otra?
—Emma— hizo una pausa dramática, y había pesar en su voz —Tras muchos consejos, finalmente he entendido, o mejor, he conseguido aceptar ante mí misma que no hay distancia mayor que nuestro amor. Hemos tratado de esperar la una por la otra, y será eso lo que haremos, solo que esta vez, enarbolando una etiqueta
Aquellas palabras me hicieron sentir en el cielo, echada sobre una nube bien blandita. Las palabras no eran suficientes para describir todo lo que sentía por aquella mujer y lo que ella me hacía sentir.
—Te amo tanto— dije de sopetón
—Yo también te amo. Mucho. Mucho, de verdad— dijo ella con suavidad en su voz.
—¿Ahora podemos hablarnos por llamada, video, mensaje o…?
—Claro— respondió riendo —¿Sabes? Creo que puede ser interesante recuperar el tiempo perdido por video y también por llamada. No sé tú, pero yo necesito satisfacerme, y como no te tengo aquí físicamente, puedo tener tu voz en línea mientras uso mis manos
Ok, confieso que tardé un poco en entender a lo que se refería, pero por el tono malicioso, entendí. ¡Dios mío! Esta mujer pensaba en sexo en todo momento.
—¡Regina!— la reprendí riendo —Hace unos meses creíamos que era mejor que no hablásemos por teléfono ni nada parecido, ¿y ya hoy sugieres sexo telefónico?
—Claro que sí. Yo no estoy muerta—dijo ella y yo sonreí —Entonces, creo que voy a salir de este baño y desearle un feliz año nuevo a mi perrita.
—¿Perrita? Debería preocuparme porque te refieras a alguien así o…
—¡No!— se echó a reír—Es un animal de verdad. He adoptado una perrita. Te prometo que en cuanto pueda te llamo y te cuento todo, ¿ok?
—Está bien. Yo también tengo que seguir preparándome. Voy a una fiesta que…bueno, después te explico
—Ok. Voy a colgar. Te amo, Emma
—Yo también te amo, novia— respondí con una sonrisa tonta en los labios y pude escuchar su risita antes de colgar la llamada.
Y tras pararme a pensar en todo lo que había acabado de pasar, tuve la certeza de que mi año nuevo, que comenzaría en unas horas, sería, por primera vez en mi vida, mi año.
POV Emma off
Un nuevo año había comenzado, y las conversaciones entre Emma y Regina eran cada vez más frecuentes. Todos, en ambas familias, ya estaban al tanto de la relación.
La morena había comenzado sus clases en la facultad y le estaba gustando. Al contrario que en la escuela, los alumnos se mostraban respetuosos desde comienzo hasta el final de la clase, aunque hubiera algún que otro que dormía o que se quedaba mirando el móvil, pero no era nada que molestara. Su amistad con Mérida y Anna se fortalecía cada día que pasaba. Las tres salían siempre que tenían tiempo libre y dejaban que sus perritos jugaran juntos.
Y con lo que respecta a Emma, allí estaba ella, frente al edificio comercial de la editorial, quedaban solo cinco minutos para la reunión. La rubia estaba acompañada por Archie y Ruby, que estaban para darle su apoyo. Su madre no pudo ir porque Eloise tenía algo de fiebre y tenía que quedarse en casa con ella.
Nerviosa y jadeando, Emma entró en el gran hall del edificio y se identificó en la recepción, donde la simpática recepcionista le dijo que podía subir y entrar en la sala. Swan llamó al ascensor, no sabía si el mareo que sentía era de los nervios o de la presión del ascensor al ascender.
—¡Emma, estás sudando frío!— dijo Ruby cuando el ascensor hubo llegado a la planta deseada.
—¿Mi ropa está bien? ¿Tengo el pelo peinado? ¿Crees que debería ponerme más maquillaje?— Emma se atropelló con las preguntas. Llevaba puesto unos vaqueros ceñidos, blusa de manga larga azul y tenis blancos en los pies. Su cabello estaba suelto, con sus perfectos tirabuzones en las puntas, aunque ella pensara que estaba hecho un desastre. En su rostro, apenas el rímel y un poco de colorete en las mejillas.
—Estás hermosa, pero eso no es importante, amiga. La apariencia no tiene la mejor importancia en este momento. Lo que importa es lo que sale de tu cabeza—Ruby calmó a la amiga que respiraba apresuradamente.
—Todo va a salir bien, querida— dijo Archie guiando a Emma hasta la puerta de la sala de reunión —Entra ahí, y sal con un contrato en tus manos.
—¡Ay Dios mío!—exclamó ella dando saltitos en la antesala —¡Ok!— respiró hondo y posó la mano en el pomo, lanzando a Archie y a Ruby una última mirada de ansiedad.
Tras cuarenta minutos conversando sobre cómo sería el contrato, Emma agarraba la hoja de papel más importante de su vida y leía atentamente cada palabra.
La sala era grande y luminosa. La pared mayor la ocupaba una enorme ventana que ofrecía una vista privilegiada de la ciudad, y eso tranquilizaba a Emma. Amaba los ambientes claros y sosegados.
Milah y Robert eran pareja, y eran la editora jefe y el subjefe de la editorial, y los dos estaban en la sala de reunión junto con Swan, y ambos no dejaban de encontrar gracioso el brillo que había en los ojos verdes de Emma.
—¡Bien, parece que ya tenemos contrato!— dijo Milah al ver a Swan firmando al final de la hoja.
Sonriendo de oreja a oreja, la rubia se quedó admirando la firma en la hoja y no pudo evitar emocionarse ante aquello. Las lágrimas se acumulaban en sus ojos y enseguida resbalaron por sus mejillas.
—Bien, señorita Swan, felicidades, y bienvenida a Goldier—Goldier era el nombre de la editorial. Robert y Milah le dieron un apretón de manos y le sonrieron —Su libro será publicado en menos de un mes. Normalmente tarda más, pero queremos adelantarlo porque vemos un potencial enorme. Hoy mismo le diremos a nuestros revisores que revisen la escritura, no es que crea que haya errores, pero es necesario hacerlo, y también crear algunas portadas de acuerdo con la historia. Vamos a necesitar también marcar una sesión de fotos con usted lo más rápido posible.
—¿Sesión de fotos?—preguntó Emma con brilló en los ojos y sonrió
—¡Sí! Además de necesitar una foto muy linda para la contraportada del libro, ya sabe, donde se cuenta un poco sobre el autor, también necesitaremos su rostro para divulgar la obra—explicó Milah —¿Puede ser este sábado?
—Claro—Emma respondió rápidamente —Sin problemas
—Genial—Milah se levantó y Emma hizo lo mismo. La de más edad agarró los brazos de la rubia y los apretó para transmitirle confianza —el primer paso ya ha sido dado. Ahora, falta el segundo: publicar. Y el tercero es el más divertido. Ver cómo todo sale hacia delante.
—Una vez más, felicidades—Robert se levantó y se juntó a su esposa, rodeando su cintura.
—Muchas gracias por esta oportunidad. Sin Mary y sin ustedes nada de esto habría sucedido—dijo Swan emocionada de nuevo.
Mary Margaret y Milah se habían conocido en una conferencia en la facultad cuando eran jóvenes. Milah había comenzado la facultad en Londrés, pero poco después fue transferida a Canadá, sin embargo nunca dejó de ser amiga de Mary.
—Nos vemos el sábado, querida—dijo la mujer y Swan dejó la sala a un paso tranquilo-y completamente forzado.
En cuando la puerta se cerró tras ella y vio a Archie y a Ruby sentados en la sala de espera, la rubia comenzó a saltar y gritar ahogadamente.
Los dos corrieron hacia ella y la abrazaron.
—¡Lo he conseguido!—dijo ella llorando de felicidad
—No estoy sorprendido—dijo Archie besándole en la cabeza
—¡Ni yo!—dijo Ruby sonriente —Felicidades, amiga.
—Gracias—dijo ella abrazando de nuevo a los dos por separado —Os quiero mucho a los dos, pero ahora me gustaría estar un rato a solas. ¿Podéis volver a casa sin mí?—sugirió mientras caminaban hacia el ascensor.
—Claro que sí—dijo Archie —Pero llega viva a casa, si no, tu madre me mata y a Ruby la hace picadillo.
—Gracias—rió.
Caminando por las calles del centro de Vancouver, Emma se sentía libre y feliz. Finalmente había alcanzado su mayor objetivo, y su historia de amor con Regina sería publicada. La historia de amor con su novia sería publicada.
Definitivamente el día le sonreía, y ella a todos. Estaba saludando a personas que nunca había visto en su vida como si los conociera de años.
Emma le mandó un mensaje a Regina contándole que todo había salido bien, y la morena le contestó con innumerables mensajes felicitándola y enalteciendo a su novia, que no podía sentirse más feliz. Sentada en un banco en la calle, Swan bloqueó el móvil y miró a su alrededor, observando los escaparates de la tiendas y las personas que pasaban por ellas. Fijó su mirada en un establecimiento y frunció el ceño, dándose cuenta segundos después de que era un salón de belleza. En un acto impulsivo, se levantó y caminó a paso rápido hacia él, y al entrar fue recibida por un hombre bajito y simpático.
—¡Hola, querida! ¿Qué te quieres hacer? ¿Las uñas, maquillarte, darle un toque a esa melena…?—preguntó pasando la mano por el cabello de Emma, quien sonrió.
—Quiero cortarme el pelo— dijo sin pensarlo dos veces. Quería arriesgarse a un nuevo look, aunque fuera a arrepentirse después, pero creía que no lo haría.
—¿Esta melena? ¡No me lo puedo creer! ¿Cortar como cuánto?— preguntó forzando una expresión de espanto.
—A la altura de la mandíbula— dijo ella dando palmaditas, haciéndolo reír.
—Siéntate aquí y enseguida cumplo tu deseo— dijo él señalando una de las sillas vacías, y Emma obedeció —Te voy a hacer un peinado con el que arrasarás.
—¡Por favor!— dijo Emma sonriendo y dejó su cabello en manos del peluquero.
Swan quiso ir caminando a su casa para sentir el viento dando en su desnudo cuello, aunque le costara minutos de caminata. Su cabello corto le había aportado madurez y seriedad a su rostro y le estaba encantando.
Sonriendo, abrió la puerta de su casa avisando de su llegada, y al entrar en la cocina, se encontró con su madre, de espaldas a ella, que estaba cocinando algo. A Archie, Ruby y los gemelos, que estaban sentados a la mesa, se les cayó el mentón al suelo al ver a la rubia de aquella manera. Ella les hizo un "Shhh" a los cuatro, pues quería que su madre se girase y tuviera exactamente la misma reacción.
—Acaso no es la más joven escritora contratada del mome…—dijo Sarah al girarse con una cuchara de madera en la mano, pero al ver el cabello de la hija —¿Pero qué?— gritó confusa, pero había una pequeña sonrisa en sus labios.
—¿Os gusta?—preguntó recelosa pasando sus dedos por los cortos mechones
—¿Me gusta?—dijo Ruby en tono de duda —¡Me gusta mucho!
—Tu…Tu pelo…—dijo Sarah moviendo descontroladamente la cuchara de madera.
—¡Pega mucho contigo, querida!— elogió Archie
—Está guapa. Tú estás guapa de todas maneras—dijo Ernest
—El…el cabello…—Sarah no conseguía decir mucho más, y todos reían de sus reacciones.
—Me encanta, hermana—dijo Eloise
—¡Gracias!— agradeció sonriente y caminó hacia su madre —¿Mamá? ¿A ti te gusta?
—Yo…¡Me encanta! Pero estoy algo…—se perdió en las palabras de nuevo
—¿Asombrada?— preguntó Emma sonriendo
—¡Sí! Siempre has tenido enorme el pelo—rió —¿Qué has hecho con lo que te has cortado? ¿Lo has donado?—Emma asintió y la madre sonrió de oreja a oreja —Ok. Estás muy hermosa—dijo pasando la mano por el cabello de la hija —Ahora ven aquí. Deja que te felicite, mi amor. A pesar de todo, estoy muy orgullosa de ti, y quiero que sepas que he estado reflexionando, y voy a dejar de lado este rencor innecesario hacia Regina.
—Mamá, ¿en serio?—preguntó Emma con brillo en sus ojos. Por primera vez en mucho tiempo, Sarah se había referido a Regina por su nombre, y no como "aquella mujer".
—Sí. Sé que me ha llevado tiempo ver la realidad, pero lo he hecho. Archie me ha dado muchos consejos y ha hecho que entendiera que lo que te estaba haciendo no estaba bien. Eres adulta, sabes lo que haces. Sin contar que tienes derecho a enamorarte de quien quieras. Nadie controla los sentimientos— dijo pasando el dedo por la alianza de compromiso que Archie le había dado en Navidad, como símbolo de su compromiso —Quiero que seas feliz, Emma, y si la necesitas a ella en tu vida para que eso suceda, las dos tenéis toda mi bendición. Quiero que las dos seáis felices, y nada más importa.
Por milésima vez en ese día, las mejillas de Emma estaban mojadas por sus lágrimas. Sin palabras, solo abrazó a su madre durante largos segundos, muy feliz con todo lo que estaba sucediendo.
El sábado había llegado y Emma estaba recelosa con su sesión de fotos. No le habían dado información sobre cómo debía vestirse.
Estaba sola en su cuarto mientras miraba las ropas en el armario. Bueno, no totalmente sola, pues hablaba con Regina por videoconferencia a través del ordenador que estaba sobre el tocador. Ya pasaban de las siete de la tarde en España y Regina estaba viendo una película con Lola en su regazo y con una copa de vino en sus manos.
—¿Y cuándo será tu primera presentación para hablar del libro? ¿Y dónde?—preguntó Regina antes de dar un sorbo al vino.
—Ah, no lo sé. Supongo que eso se verá cuando el libro salga publicado—Emma respondió mientras cogía un vestido y se lo ponía delante del cuerpo —¿Qué te parece este?—preguntó girándose hacia la cámara.
Regina apretó los ojos, se arregló las gafas y frunció la nariz.
—¿Ese vestido es de verdad tuyo?
Era un vestido rosa, con algo de encaje y con flores estampadas en la falda.
—Lo llevé en mi fiesta de dieciséis años—respondió riendo —¿Tan mal está?
—Le quedaría bien a Katherine—rió—No te pega. Mira, si es una sesión de fotos para escoger una foto para la contraportada donde se hablará un poco de ti, creo que deberías vestirte con algo con lo que te sientas cómoda y que pegue contigo.
—Es verdad…— dijo la rubia sacando algunas prendas del armario. Cogió un vestido negro, ceñido, de manga corta, a la altura de la rodilla y se lo puso delante —¿Y este? No tengo muchas ganas de ponerme vaqueros, la verdad.
—¡Ese te quedará muy bien!—Regina exclamó —Te irá igual de bien que tu pelo, que, repito, no me voy a cansar de decirte que te ha quedado muy bien, pega mucho contigo. Tiene el largo que tenía el mío cuando nos conocimos.
—Es verdad. Parece que ahora hemos cambiado los roles. Yo con el pelo corto, y tú con el tuyo largo.
El cabello de Regina llegaba ya por debajo de los hombros.
—Sí, pero estoy pensando en cortármelo esta semana. Lo quiero largo, pero no quiero que pase de los hombros— sonrió y acarició a Lola —En fin…tengo que irme a preparar las clases.
—Ok, he pillado que me estas echando— dijo ella en tono dramático y Regina reviró los ojos, divertida —Broma. Yo también saldré dentro de poco. Mi madre y Archie me llevarán.
—Está bien. Aprovecha, y después me cuentas todo al detalle— pidió
—Hasta después, amor. Ciao— dijo Emma antes de encerrar la llamada.
La sesión de fotos fue tranquila y no se alargó mucho. El estudio era bonito y los escenarios montados por el fotógrafo- que a Emma le pareció un ángel-aún más. Se sentía extraña y al mismo tiempo feliz por haber sido mimada toda la tarde. En cada pequeño intervalo, los maquilladores iban hacia ella para retocar el maquillaje y arreglarle el pelo, y pensó que podría acostumbrarse a toda esa atención. Al final de la sesión, Robert y Milah le enseñaron a Emma las opciones para la portada del libro, y Emma acabó optando por la que más se acercaba a su relación con Regina: dos mujeres de lado, sentadas delante de un piano con una copa de vino al lado de cada una. El ambiente estaba iluminado a media luz y solo era posible ver la silueta de ambas mujeres y algunos trazos como las cejas, nariz y pestañas. El título "El precio de los prohibido", quedaba en el medio.
—Quedó bonita. Ni sé qué más decir. Muchas gracias— dijo Emma a los dos y al diseñador que estaba en la sala con los tres.
—Tenemos el mejor diseñador, ¿no es verdad?— dijo Milah sonriéndole al muchacho. Era muy joven, aparentaba la edad de Emma —Vamos a dejar que te lleves una hoja con la foto que has escogido. Se la puedes enseñar a tu familia y amigos, pero no puedes divulgarla en ningún lado, ¿ok?
—Claro. No se preocupen—dijo Emma al coger la hoja —¿Puedo enseñársela a Mary y a Regina, verdad?
—¿Disculpa, Regina?—preguntó Milah. Emma no le había contado que el libro estaba basado en una historia de amor real.
—Ah, mi novia. La mujer que me inspiró a escribir este libro—dijo avergonzada
—¡Oh! Eso no lo sabía. Mary no llegó a contarme. ¡Vaya, qué bien, Emma!—sonrió —Sí, puedes enseñársela, mientras no la publiquen ni se la manden a nadie.
—Por supuesto. Una vez más, muchas gracias. Sois geniales—Emma sonrió y enseguida cogió sus cosas y salió del edificio.
Encontró a Archie y Sarah en la recepción y corrió a abrazarlos. Le extrañó lo ansiosos que parecían, pero lo ignoró de momento. En el aparcamiento, entraron en el coche de Archie y marcharon a casa. Emma escuchó su playlist durante el camino, que le recordó a cuando Regina la había llevado a North Yorkshire, y sonrió, perdiéndose en sus pensamientos.
El hombre aparcó frente a la casa de las Swan y los tres bajaron del coche. Emma, que estaba distraída con su móvil, no reparó en el pequeño escarabajo amarillo con una enrome cinta que estaba aparcado al lado de su casa. Los gemelos y Ruby-que se había quedado cuidándolos mientras ellos estaban fuera-estaban enfrente del coche sonriendo de oreja a oreja.
—¿Hija?— Sarah la llamó, tocándole el hombro. Emma la miró y frunció el ceño a causa de la enorme sonrisa que la madre tenía en su rostro —Mira allí— Sarah apuntó hacia el escarabajo, y cuando Emma finalmente lo vio, todos gritaron "sorpresa"
Ella tuvo que contenerse para no gritar y dejar caer el móvil al suelo. Se llevó la mano a la boca y desorbitó los ojos mientras todos se reían de su reacción.
—¿Qué? ¿Alguien me explica?—preguntó eufórica
—Es un pequeño regalo. Desde que volviste, estoy ahorrando lo que gano con la tienda online para comprarte un coche. Me gustaría poder darte algo mejor, pero eso es todo lo que conseguido y, bueno, lo vi perfecto para ti. Ya tienes veintidós años y vas a tener un montón de compromisos, mereces un coche que te lleve— dijo ella sonriente.
—Mamá…No era necesario—Emma abrazó fuertemente a la mujer y le dio un beso —Muchas gracias, de verdad—Emma se acercó al coche y pasó la mano por él. Su interior era muy bonito y "retro" —Me encanta. Es precioso.
—Lo compré y mandé que lo reformaran, por eso se ve así de nuevo—dijo ella.
—¡Me gusta un montón!— dijo cogiendo las llaves de las manos de la madre —Espera un momento, ¿ya estaba aquí cuando salimos antes de casa?
—No—Ruby rió—Mientras estabais en Goldier, yo fui con los gemelos a buscar el coche.
—Ahora todo tiene sentido. ¡Se unen los puntos!—Emma exclamó y rió
—Bueno, querida, vamos a dejarte a solas con tu nuevo tesoro, ¿ok?— dijo Archie con una sonrisa mientras guiaba a todos al interior de la casa.
Emma respiró hondo y acarició el capó del escarabajo como si fuera un perrito. Abrió la puerta y se sintió muy feliz al entrar y sentarse. Admiró cada pequeño detalle de su nuevo coche, y cuando terminó, cogió el móvil, abrió la cámara y le envió una foto a Regina con la siguiente leyenda:
"Cada una recibiendo el tesoro que merece. Tú, a Lola, y yo, mi nuevo escarabajo. Te amo"
