CAPÍTULO XXXI

DISCLAIMER. Antes de empezar quiero dejar en claro que los personajes no me pertenecen, ellos son enteramente propiedad del MCU y de la mitología nórdica, yo sólo los uso para dar rienda suelta a mi imaginación.

N/A. Estoy en una feria LOL. ¡Feliz día de la Candelaria! Estoy publicando esto el 02-02-2020, que emoción :3.

Capítulo Treinta y Uno

Una zarza había echado raíces en lo profundo de su estómago.

Las ramas se habían enredado en cada órgano de su cuerpo y las espinas se habían clavado en cada superficie aún blanda que estas hallaran a su paso. ¿Qué querían? Reducir todo a una masa flagelada.

Él no pudo hacer nada y de pronto, ya la mala hierba había alcanzado su cerebro y lo había revuelto tanto, que la única conclusión que había podido sacar de ello era que necesitaba morir; necesitaba desaparecer, pues ya nada valía la pena.

Oh pero eso habría sido tan fácil y él años antes ya había luchado contra esa misma zarza. Había ganado sí, pero quedar echo jirones por dentro había supuesto un sacrificio; y así, había aprendido que la única forma de que ese constante vaivén de bilis cesaría era desplazando su atención hacia otro objetivo.

La vez anterior había sido por supervivencia.

Esta vez lo que lo había mantenido en pie había sido la venganza.

Cada acción tomada durante aquellos años fuera de la casa que lo adoptara, había sido ejecutada en aras de su jugada maestra. Aquella que arrinconaría a la reina y que de paso le daría el jaque mate al rey que una vez había adorado con todo su corazón, pero que al final lo había lanzado fuera del tablero también.

Solo.

Años de planear y preguntarse qué hacer. Nadie hubiera supuesto que arrasaría con todo y no dejaría ni una casilla libre para hacer algún movimiento inteligente. Tampoco habrían podido suponer que cada pieza caería, sin posibilidad alguna de contraatacar. Incluyéndolo a él mismo, quien ahora estaba en su despacho, esperando. Esperando a que Thor acabara de cerrar la puerta y echarle el pestillo.

Habían pasado un par de días y ninguno se había atrevido a hablar con el otro. Aunque si Loki era sincero, él no tenía por qué ser quien iniciara el dialogo. Él llevaba la ventaja, no tenía por qué preguntarse cómo ni qué procedía hacer a continuación.

Porque ya lo sabía.

—¿Y bien? ¿Vas a decir algo o sólo te quedarás allí parado?

El rubio apretó más fuerte los labios y cruzó los brazos. Las aletas de su nariz se expandían de una forma casi dolorosa por las potentes ráfagas de aire que dejaba salir. Y ni qué decir de sus ojos: esos ya no eran lagunas frescas, sino pozos que amenazaban con absorberlo todo.

Loki soltó una risa baja, no pudo evitarlo. Tener esa clase de control sobre una persona era como escalar la montaña más alta y no sudar en el proceso. Aquello era otro plus a lo que había planeado.

Permaneció tranquilo al lado de su silla, incluso cuando Thor, quien parecía un remedo de toro furioso, se puso frente a él y lo levantó de su chaleco para ponerlo a centímetros del suelo.

"Que sienta lo que sentiste, sólo por eso vale la pena morir" le recordó esa voz que siempre lo había acompañado, la sabia voz que sabía más que él.

—Dame una sola razón para no partirte el cuello y tirarte afuera para que te devoren los cuervos. —Las palabras salieron como si hubiera comido algo ácido y tuviera que regurgitarlo.

—Eso depende, ¿te gustaría ver a tu hija llorar?

Las venas gruesas del rubio que varias veces se habían resaltado durante sus sesiones de sexo, lo hicieron de nuevo pero por una razón distinta. La faz tostada del hombre se pintó de los colores cálidos propios de la sangre acumulada y esta vez, en lugar de resoplar como un animal excitado, rechazó el oxígeno de su sistema.

Como si se castigara.

De pronto, Loki se encontró de nuevo en tierra firme y apreció el aleteo de los brazos de su interlocutor, uno que efectuó un golpe a un librero e hizo un desastre de la pulcra habitación. Por lo menos, ahora aferrado a algo, vio cómo Thor se relajaba y recuperaba el sosiego o lo que pudiera robar de este.

—Estás demasiado agitado para hablar —dijo Loki, tratando de planchar con las manos su arrugado traje—. Tal vez deberías esperar a que terminemos los preparativos para el viaje antes de hacerlo, o mejor… —Sus manos se detuvieron a medio camino de su cabello por la fuerza gravitacional que ejercían los orbes del rubio—. Cuando platiquemos con tu esposa sobre los preparativos para la boda. Me han dicho que a las suegras les encantan esas cosas.

—¡Basta! —El comando fue impulsado a salir de tal manera, que el menor estuvo seguro que todos lo habían oído—. Tú no vas a casarte con mi hija. Tú no vas a regresar a Londres y claro que tú no vas a dirigirle la palabra a Sif.

No pudo contenerse. Aquello era tan gracioso que de alguna forma su cuerpo tenía que sacar su incomodidad por retener el estallido de hilaridad que aquello le provocó. No se inmutó al pronto percibir la presencia de un roble frente a él, uno que emanaba un aura de discordia pura.

—Oh perdona, pensé que era una broma —explicó, limpiándose los restos de lágrimas en sus mejillas.

—¡¿En verdad crees que dejaría que alguien como tú se desposara con mi única hija?!

—Si pude mantener feliz al padre, puedo hacerlo con la hija, ¿no crees?

—¡No seas cínico Loki! —Una mano se levantó y amenazó con abofetearlo pero él en lugar de recular, levantó la barbilla y dio un paso más al frente.

—No es que tengas otra opción Thor. Es el único medio para contrarrestar las calumnias contra Sif y antes de que lo menciones, sí podrías desmentirlas tú pero la gente sólo te tendría más simpatía y despreciaría más a tu esposa por tener un marido tan compasivo como para encubrirla. Además —acotó, cruzando los brazos sobre su pecho y alzando una ceja—, ¿tirarías por la borda el suplicio con el que tuvo que cargar Sif? Supongo que has contemplado el decir la verdad. No me sorprendería con ese espíritu de mártir con el que tanto te gusta vestirte pero, ¿le harías eso a la mujer que amas por sobre todas las cosas?

Evitó por todos los medios que sus palabras salieran con ese borde que emulaba una erupción volcánica pero falló de forma titánica y aquella última declaración descolocó tanto al rubio que fue palpable dicho sentimiento en su faz.

Los zapatos de cuero recién pulidos del menor chirriaron sobre el suelo cuando dirigió sus pasos hacia la silla ornamentada más cercana y se dejó caer. Exhaló entonces, un vaho de frío a través de sus labios cuando dirigió su vista al punto más alto del techo.

Se preguntó cómo se sentiría ser un ave y salir volando por la pequeña ventana entreabierta que estaba colocada para ventilar la habitación. Revivir aquello que hacía tanto lo había herido…, en definitiva no quería hacerlo.

Pero oh, claro que lo haría. Ahí estaba él, el grande y gallardo Thor. El que tenía el mundo en la palma de sus manos, el que lo tenía todo pero parecía, por las gotas brillantes que surcaban sus mejillas, que no poseía nada.

Los párpados del rubio parecían trabajar furiosos para aprisionar aquel llanto que brotaba de alguna parte debajo de ellos y los sonidos apagados que producían sus cuerdas vocales, simulaban a los espíritus de ultratumba que vagaban en pena. Sí, provocó un nuevo terremoto en Loki.

¿Cómo había conseguido que aquel hombre que le parecía tan omnipotente luciera como la cosa más endeble del mundo? Había deseado tanto tener aquello que presenciarlo fue como un show por el que pagabas el doble con las expectativas a flor de piel pero que al final resultaba siendo una gran estafa.

Las palmas de sus manos ardían, ansiosas por tocarlo y mantener juntos los pedazos en los que parecía estar descosiéndose el rubio. Tenía una pose rígida, con los brazos pegados a sus costados y la cabeza gacha. Parecía un niño, un pequeño que había sido abandonado y que había perdido toda esperanza al ser despojado de la confianza hacia sus progenitores.

Había pasado tanto tiempo que se sorprendió al verse a sí mismo, un infante de rizos negros y piel de botón de rosa, parado bajo la luz de una farola y temblando al verse obligado a enfrentar sus carencias.

Traicionado tantas veces. Primero por su madre, al morir y privarlo de cariño; después por su padre al proveerlo de miedo en lugar de seguridad; y por último, por sus hermanos al dejarlo a su suerte cuando se había encontrado metido en un embrollo.

Algo parecido a la compasión se esculpió en el interior de Loki. Él sabía lo que era sentirse vacío, lo que era el escuchar nada excepto la errática carrera que su corazón tenía en busca de sosiego. Buscando, anhelando que alguien lo ayudara. No, anhelando que alguien que se suponía debía quererlo, lo hiciera.

Y luego pidiendo, rogando. A quien fuera, que lo sacara de aquel abismo que representaba el estar sin un propósito. ¿Respirar era vivir incluso si nadie agradecía el hecho de que exhalaras ese oxigeno que inhalabas?

Pálidos labios se convirtieron en una línea recta y a pesar de que su vista se tornó borrosa, no gimió o se doblegó ante la inminente grieta que amenazaba con desbordar el dique que su yo más pusilánime le pedía que destruyera.

No lo haría a menos que el mayor no parara aquella muestra de dolor, ya que entonces tendría que correr a sus brazos y suplicar por su perdón.

"¡No! Él no se merece más que sentir la impotencia a gran escala que tú sufriste. ¡La que él te hizo sufrir!" estalló y supo que tendría que recordar, tendría que hacerlo.

—¿Por qué lloras Thor? ¿No era eso lo que más querías? ¡¿Proteger a la familia que amas tanto a costa de todo?!

—¡Tú eres mi familia! —rugió con una mano sobre su pecho y la otra al aire.

—¡Mentira! ¡Sólo fui un estúpido muchacho al que recogiste, sedujiste y tiraste!

—Por Dios Loki, ¿te estás escuchando? —dijo el rubio con un esbozo de sonrisa tintada de burla—. ¡Te amo! Ya te dije que te amo, ¡incluso te puse sobre mi familia y ahora resulta que tú eres la víctima aquí! ¿Pero sabes qué? Está bien, créete ese absurdo cuento de que yo soy el malo de la historia, así como yo me creí el tuyo en el que correspondías mi amor.

—Jamás hice tal cosa —apuntó. Y aquello fue directo al corazón del otro, como deseaba—. Tú me obligaste a decírtelo y asumiste que así era, ¡de la misma manera en que yo asumí, cuando tenía quince años, que te importaba!

Estaba aproximándose, el as bajo la manga que Loki guardaba le hacía cosquillas mientras intentaba controlarse y permitirle el derecho de réplica a su contrincante. Quería calcar en su mente la reacción precisa que Thor tendría cuando se lo soltara, su rostro de comprensión.

—¿Por qué ahora vuelves al pasado? ¡No tuve otra opción! Me equivoqué y cometí muchos errores pero incluso en ese tiempo yo sí ya te amaba —aseveró y lanzó veneno en el último enunciado.

—Claro que tuviste otra opción y esa era elegirme a mí. —Le bajó dos tonos a su voz y se aseguró de ver directamente hacia los orbes azules embravecidos para explicarle—: supongo que ella no te lo dijo pero ahora yo lo haré, cariño. Aquel día antes de que decidieras que yo no era lo suficientemente bueno para ser tu elección, Sif vino a verme. La muy maldita te engañó al citarte antes para platicar conmigo a solas. Me pidió hacer una apuesta…

Oh sí. Ambas cejas rubias cambiaron su posición al ir hilando los pensamientos de su interlocutor, ahora ya no estaban fruncidas hacia abajo sino que miraban al cielo en busca de lo que parecía ser una explicación o tal vez, salvación. Pero no la había, porque hacía tiempo que había perdido la partida.

—Como eres corto de miras te lo simplificaré: si la elegías a ella, yo debía irme de tu vida sin rechistar y no buscarte más. Pero —dijo y pausó su discurso a la vez que su dedo índice se levantaba por sobre sus hermanos frente a Thor—, si me elegías a mí, aun con todo lo que eso implicaba, ella dejaría que permaneciera a tu lado sin intervenciones de su parte, siempre y cuando fuéramos discretos. ¿Adivina quién, creyendo que lo amaban lo suficiente, pensó que ganaría y aceptó? ¡¿No crees que es lo más humillante que alguien puede vivir?! ¡¿No crees que te daría lástima cualquier persona a la que traicionaran de tal manera?! Pero sí lo sabes, ¿por qué adivina qué Thor? ¡Ahora es mi turno!

Sí, lo había hecho por dos motivos. Pero ese era el que lo había llevado a lanzarse al vacío. Ya no le temía a la caída libre, sólo buscaba sentir algo y no volver a quedarse varado y sin propósito como hacía unos años atrás. Tampoco volvería a sentir hambre o las necesidades básicas porque la tendría a ella, a su esposa.

¡Había ganado la batalla! La piel de Thor, drenada que cualquier color, le indicaba que así era y el que este buscara a tientas con su mano derecha, un lugar vacío donde tenderse para tomar aire, le supo a victoria.

Tenía otra cosa con lo que regodearse pero por el momento entendía que ya había dicho más que suficiente. No deseaba que el perdedor falleciera de un susto como aquel, así no tenía sentido ganar. El sentido de todo aquello era regodearse sobre lo que había logrado.

Tomó su sombrero y su abrigo del perchero de madera y salió sin mirar atrás, como años antes Thor lo hubiera hecho al dejarlo en su universidad.

Apresurada como iba no notó la pared próxima a su brazo y se golpeó en ella. Podría decir que dolía pero no tanto como su pecho al enterarse de lo que Thrud planeaba hacer. Acababa de oír una confesión de la pequeña que tenía que ver con Loki y pese al íntimo acuerdo de no romper la privacidad de la joven, callar sería como matarla.

A su llegada le habían sucedido un par de semanas y todo se había vuelto un revoltijo de enfrentamientos y discusiones; unas con el aura de bromas que escondían agresión y otras con la garganta en carne viva.

Fiorella sólo supo cerrar la boca y esperar. Claro que no podía hacer otra cosa y aunque anhelara hablar con Loki y soltarle una bofetada, no lo hizo. Ya no podía hacerlo pues como él mismo le había recalcado el fin de semana anterior, ya no pertenecían a la misma clase.

Eso la dejó mareada unos instantes hasta que comprendió lo que el otro deseaba aclarar con eso frente a Thrud, quien por un parpadeo pareció incómoda, y su padre, que a su vez, parecía contar sus respiraciones con tal de no hacer una barbaridad.

Se retiró de la escena, sí. Pero cuando aquel chico que creyó conocer alguna vez intentó acercarse a ella, también lo hizo. Según él, aquello había sido un teatro para representar algo, lo cual sólo logró que ella rechinara más los dientes. Primero, porque no sabía ni qué quería decir con teatro y segundo, porque de nuevo había sido usada.

No volvieron a hablar o a tratarse. Jane había tenido razón todo el tiempo y sabía que si la otra estuviera allí le habría ya dado una sonrisa de suficiencia. No justificaba a su amiga, a veces ella podía ser muy grosera sin quererlo pero como Charlotte misma decía "por lo menos no miente, ni con sus acciones ni con sus palabras".

Jamás había estado más de acuerdo con una frase en su vida.

Ahora se hallaba frente a su amo quien para variar se acababa de componer la corbata y de ceñir su abrigo a la cintura. Dudó, pues la última prenda significaba ya su próxima partida al trabajo y no quería molestarlo, pero no tuvo tiempo de retractarse pues él la encontró allí parada antes de dejar el recibidor e ir rumbo al carruaje.

—¿Sucede algo Fiorella? —Las ojeras que oscilaban con cada movimiento de sus cuencas oculares daban pauta de sus desvelos y eso la hizo tener un sentimiento de culpa más profundo—. Sabes que puedes decirme lo que sea, confío en ti.

—Lamento no haber podido parar a la señorita Thurd amo. —Tuvo que soltar las palabras que se le estaban incrustando en la garganta desde su llegada y aún con la cabeza gacha le dijo—: no quisiera incomodarlo ni que con esto malinterpretara mi discreción pero debo hacerlo pues me lo dicta el corazón.

Bajo el permiso de Thor, la rubia alzó la mirada a la suya y allí él encontró la índole de su actual conflicto interno, lo cual acabó provocando el suyo propio. Ambos quedaron presa del miedo que él otro tenía. A veces la incertidumbre podía ser un afrodisiaco en el cual perder la cordura.

—Adelante.

Identificar los sentimientos de su amo no fue tan complicado. El que se quitara el sombrero de copa y lo apretara contra su pecho a la vez que apretaba sus párpados, la hizo comprender. Aquello era tan difícil que podía casi oírlo contar cada paso dado en los últimos días.

Si quería evitar aquello tendría que bailar a un son un tanto más analizado.

Loki era un enemigo de temer, por su puesto, y el que ahora amenazara implícitamente a Thor con su hija, porque estaba claro que esperaba que él se enterara de alguna forma, era una sutil muestra de lo buen titiritero que se había vuelto con el tiempo. De eso no había duda.

Lo que no pudo discernir fue la sonrisa triste que el rubio le dirigió una vez despegó su espalda de la pared y se posó frente a ella. Fiorella mentiría si no dijera que la compasión afloraba cada que miraba a su amo.

No sabía muy bien qué conjuro, hechizo o maldición lo había empujado a hacer lo que hacía con Loki, pero no era su tarea el juzgarlo. Tal vez si retrocediera en el tiempo le habría gustado advertirle de su destino tan poco favorable o el de los suyos.

Quizás él sabía lo que ella pensaba, porque si no fuera así, no habría acariciado su mejilla y la habría dejado en medio del umbral, con el estómago en un hueco y la fe puesta en Dios para que resolviera aquello.

Pero él no la escuchó. Tres días después, los cuatro iban ya rumbo a Londres.

¡Carajo! Soy una vaga perdónenme, ando procrastinando bien gacho pero me haré un horario. ¡Lo juro! Los amo, hasta la próxima.