Parece que fue ayer cuando dejé de pasarme por aquí. No sé, con sinceridad, qué tan vivo está el fandom ni si alguien aún me lee al otro lado del computador. Sé que mi partida fue abrupta y sin explicación alguna... bueno, en resumen, mi estabilidad emocional no era la mejor. Actualmente estoy yendo a ver a un psicólogo y él dice que volver a escribir es buena terapia. Eso no significa que hago esto por obligación, en realidad me gusta mucho y quería que leyeran algo decente de mi parte.
Espero les guste este pequeño drabble con el que regreso para todos ustedes y ¡feliz año 2020!
CONEJOS
Haruhi miró el vidrio de la tienda fijamente. Era inicio de año y en la dulcería lo celebraran colocando mochi de diferentes sabores en todos los aparadores. Recordó de pequeña cuando su madre aún vivía y la ilusión que le daba ver la delicadeza con que sus manos daban forma a los pequeños conejitos de masa.
Era extraño, a partir de la muerte de la misma había dejado de preparar los dulces, su padre tampoco volvió a comprarlos, quizá porque era menos doloroso para ambos, o tal vez sólo porque la celebración había dejado de tener importancia para ambos.
Llegó a su apartamento como de costumbre, ya allí Hikaru le estaba esperando y, extrañamente, Kaoru no le acompañaba. Era, tal vez, otra de esas salidas a escondidas del gemelo mayor, desde que había aceptado hacerse cargo de la empresa todas las responsabilidades llegaron de golpe y, poco a poco, su carácter bonachón se había ido apagando.
–¿Qué haces aquí? –le preguntó ella.
–Koizumi ha estado realmente insoportable –se quejó abiertamente, despeinándose la cabellera naranja en el proceso.
–¿Y ahora? –le dio la espalda mientras abría la puerta, invitándole a entrar posteriormente.
–Quiere que viaje a París en la semana para asistir al cumpleaños de uno de los empresarios de la división europea…
–¿Y no te emociona por…? –a pesar de saber su respuesta, quería oírla de sus labios.
–Mamá tiene casi las 40 semanas… mi hermana puede nacer en cualquier momento y quiero estar aquí cuando eso pase… –hubo de reconocer.
–Desde el embarazo de tu madre y tu anuncio como el nuevo Presidente las cosas ha estado bastante agitadas, creo que deberías ir –puso un poco de té a la lumbre–. A Yuzuha aún le faltan dos semanas y esto sólo tomará un par de días, creo es bueno estreches relaciones.
–Mi padre dijo lo mismo –se sentó a la mesa, recargando su rostro en la misma, sólo entonces ella notó las ojeras de varios días.
–¿Crees que te presiono demasiado? –tomó asiento frente a él, comenzando a acariciar su cabello.
–Creo que me empujas a dar mi máximo esfuerzo y logras sacar lo mejor de mí –hubo de reconocer–. Haruhi, como continúes acariciándome de esa manera, me quedaré dormido.
–Necesitas descansar un poco…
–No creo tu mesa sea la mejor opción… –suspiró.
–Está mi cama…
Hikaru levantó el rostro en ese momento completamente sonrojado. Sabía que Haruhi no había insinuado nada, pero que precisamente dijera las cosas con esa inocencia era lo que más le inquietaba a veces.
–No creo que pueda hacerlo con las sábanas oliendo a ti, ¿sabes? –murmuró.
–Puedo sacarte un futon de invitados –ofreció.
–Eso estaría muy bien –hubo de reconocer.
Minutos después el gemelo dormía plácidamente sobre el futón en el cuarto de la castaña, con Shiro enroscada a un lado de él. Haruhi le miró a través de la puerta corrediza y posteriormente se dirigió a la cocina. Tres horas después, cuando el pelinaranja despertó sobre la mesa habían pequeños conejos de mochi y junto a ellos una carta a mano: Te quiero, estoy orgullosa de ti.
