.

No todos los Tesoros son Oro y Joyas

.

Capítulo 26

.

Advertencia: Contenido erótico.

.

Abandono las prendas pesadas e innecesarias en medio del fragor apasionado del beso. La capa característica de un rey, perdió su importancia al verse regada a los pies de la cama. La corona, símbolo inequívoco de su posición dentro de esa poderosa nación, termino teniendo el mismo destino. Estaba más que claro que la ropa no tendría ninguna razón de estar presentes sobre su cuerpo en cuanto ponga un pie sobre la cama, pero la ansiedad temblorosa de ella lo arrastro al lecho pasional donde sus deseos carnales se consumarían.

Aun si desconociera los hechos, Sougo no tardaría un segundo en descubrir que era primeriza en el asunto. Porque, a pesar de parecer tan determinada cada cierto tiempo sus movimientos dudosos paralizaban sus acciones. Decidida como era, se acobardaba en su pobre intento de seducción. La nebulosa en su cabeza y la vergüenza asfixiante por sentir como su cuerpo era despojado de sus prendas, impedían proseguir con su detallado plan.

Quedo grabado a fuego en su memoria como, en medio de su apacible y gustoso beso, las manos de él se centraron en el listo que ceñía su traje a su cintura. Su descolocada conciencia, llena del sabor sin igual de su lengua, la hizo perder el momento exacto en que los dedos de su diestra prosiguieron a desabotonar su uniforme. No regreso en sí, sino hasta que las pequeñas gotas de calor que sus yemas soltaban, al tocar seductoramente su espalda, hicieron acto de presencia en su piel.

Fue el ansia y las expectativas que impulsaron a su ingle a ascender un par de centímetros buscando el contacto ajeno. El roce se vio apaciguado por los pliegos de ropa que aminoraban las sensaciones, aun así la acción de ella tenso cuerpo desesperado por bucear en su misterioso cuerpo.

Trató de ser paciente y descender con lentitud su manga para así acceder cómodamente a su cuello, pero un impulso arrebatador lo hizo ver desesperado. Su izquierda arrugo las sábanas intentando calmar sus impulsos. Apaciguando su emoción, se zambulló en su cuello, mientras que sus dedos arrastraban, hacia abajo, la prenda entera. La obstrucción de su vista comenzó a desaparecer. Su clavícula emergió junto al nacimiento de busto prominente.

Comenzó a descender junto al escote de su uniforme. Su diestra dejo la parte superior para sumergirse en lo que su falda ocultaba. Ella arqueo su espalda y flexiono sus piernas mientras las juntaba con fuerza. Sentía una acuosidad extraña acrecentando su calor.

― ¿Qué…?― tuvo que ahogar su pregunto al sentir que invadía la apertura de su vagina.

Para ella era muy extraño sentirse tan incómoda. La sensación electrificante, placentera y quemante en su cuerpo incrementaban, así como la insatisfacción. Kagura se contentaba en primera instancia al saborear una nueva experiencia, pero esta dejaba de ser suficiente y la codicia por probar algo más la abrumaba.

Despojándola de su ropa interior, manteniendo un contacto mas directo entre sus dedos y su sensible piel, Se acomodo entre sus pecho y comenzó a erizarlos, inconscientemente, con su respiración cálida.

El vaivén en su entrada sirvió para mojarla, para que el ingreso de sus dedos no sea tan brusco y, a la vez, la vaya preparando para el acto principal. Fue lento y cuidadoso, presiono justo donde debía, penetrándola con un solo dedo. La intromisión fue rara e incómoda. Aun si ya estaba dentro, ella no pudo evitar presionar sus muslos. La sensación de que se desbordaría con tanto vaivén la extenuaba.

Su respiración se hizo pesada. Un punto extra en su excitación eran los ojos color borgoña de Sougo que eran incapaz de dejarla por un segundo. Después de endurecer sus pezones se encargó de estar atento a cada una de sus expresiones.

El morbo de ser vista mientras disfrutaba de un pronto orgasmo, acelero el proceso. Incapaz de mantener la calma, se sujetó del brazo de él, que apoya justo al lado de su cabeza. Forzando un silencio, presiono con fuerza y tenacidad sus dientes, no quería demostrar que tanto lo disfrutaba. No era cuestión de orgullo, si de vergüenza. Estaba actuando tan extraña delante de él, tan sensible y desesperada. Era nuevo para ella, no podía evitarlo, aun si en su fuero interno se reprochaba por lo tonta que sonaba estando avergonzada de sus propias acciones.

Las intenciones por silenciarse de ella no pasaron desapercibidas para el hombre que la provocaba. Un tanto molesto, y es que él ansiaba escucharla gemir, introdujo un segundo dedo manteniendo los cuidados del inicio. Ella presiono más su agarre y dejo salir una pequeña lágrima. Él se sorprendió de eso e inmediatamente retiro su segundo intruso.

― ¿Duele?― dándole unos segundos de paz mientras detenía sus movimiento, Kagura suspiro apaciguando su respiración. Se sentía frustrada. Estaba a punto de que algo viniera, algo que ella ansiaba aun sin conocer, y que termino dejando ir porque él se detuvo.

La vista se centró en lo colorada que estaba, sus labios mordidos con insistencia por ella misma y su peinado desaliñado, regado sobre las sábanas. Era una buena vista. Quedaría absorto, embobado por la apreciación de su estimulado cuerpo si no sintiera como las caderas de ella se movían penetrándose.

―Sougo…― sonó a desespero.

Kagura quería liberar su garganta reclamando sus movimientos fluidos de hace un momento, pero su voz se cortó en medio, dejando un ruego inocente en sus rosados labios.

Se le seco la boca, tuvo que relamer sus labios antes de retirar sus dedos del interior de ella. Tenía otros métodos para entregarle el máximo placer. Sus terminales nerviosas se desharían al sentir el ardor en su vientre y la humedad escurriendo por sus piernas.

La chica se preocupó al sentirlo lejos de sus paredes internas, ya estaba acostumbrándose a la intrusión. Podría quejarse y reclamar su ausencia, si no fuese porque su espalda se separó de la cama y su vestido termino de caer, lánguido, al costado de su lecho.

Su despojo repentino trajo alarmas a la cabeza de ella. Mientras su cuerpo era expuesto en su totalidad, su amante portaba más prendas de las necesarias. Pronto, las ansias por ver lo que la tela ocultaba, aplacando un poco la vergüenza de su desnudez, decidió comenzar a desvestirlo.

El chaleco fue arrebatado en un abrir y cerrar de ojos sin ninguna queja. Él estaba demasiado concentrado en acaparar su cuerpo con toques provocativos. Los suspiros y ansias no dejaban a la pareja. Mientras ella ignoraba –o trataba de ignorar- Sougo persistía en hacer que se viesen. No podía mentir que deseaba burlarse un poco de su mutismo nervioso por el que pasaba. Tan directa, tan decidida que estuvo esa noche. No quedaba mucho de esa alma segura y burlona, la pena gobernó su estado.

Desajusto su cinturón, encargándose de liberar la camisola que se mantenía firme gracias al agarre del pantalón. Las manos de ella no tardaron en arrastrarse por debajo de la blanca tela de algodón. Sus dedos llegaron a rosar la dureza en su abdomen. Trazo una línea imaginaria desde el ombligo hasta su pecho. La tela que separaba a ambos, le permitía imaginarse el torso apetecible que tendría sobre ella.

Sus caricias hicieron suspirar a Sougo y ella ansió ver sus ojos. La mirada intensa debía ser un fiel reflejo de sí misma.

― ¿Te ayudo?―pregunto impaciente.

Quería ser despojado rápidamente de esa prenda, el cuerpo de ella merecía un buen análisis de pies a cabeza.

No llego a responder cuando este se irguió. Kagura apoyo su peso en su antebrazo, solo para mirar desde un mejor ángulo como sus brazos fuertes retiraban esa prenda de su cuerpo. Tuvo el deseo de abordarlo tan rápido como dejo un poco de su piel expuesta. El control no alcanzo a calmarla demasiado y antes de siquiera alejar la camisola de su torso, sintió la lengua de ella pasar por su abdomen. Gimió contra su voluntad. No se esperaba un movimiento de ese tipo, lo tomo por sorpresa.

Desechando la ropa, trató de recuperar el control de la situación. Pero antes de que eso ocurra, ella busco ese órgano motor que tenía en el interior de su cavidad vocal. Con sus manos ansiosas atrajo su rostro y consumo un beso desesperado. No se atrevía a mucho más, pero cualquier minúsculo movimiento de su parte lo provocaba.

― ¿Estas asustada?― pregunto al separar sus labios momentáneamente.

Besó su mejilla y cualquier resabio de angustia que escurriera de sus ojos.

―No. Tal vez. Solo un poco― murmuro aferrándose a su espalda ―No es miedo, es estar alerta― se dejó besar el cuello mientras ella seguía hablando, no quería que la malinterpretara, o la tildara de niña tonta. Probar cosas nuevas y desconocidas siempre era un reto. ―Como cuando me infiltre a un territorio ajeno junto a Kamui. Fue divertido, pero la posibilidad de que salga mal, estaba ahí― explico entre suspiros de satisfacción.

Sougo se detuvo, alejo su rostro de la yugular y espero unos segundos para hablar. Primero quería analizar sus palabras y gestos, la verdad se coló en las tiernas facciones de ella.

―No habrá cambios si te digo que nada saldrá mal, ¿No?― retorico, no espero una respuesta ―Te daré la seguridad que deseas…― reclino su cabeza hasta el oído de la pirata ―Con acciones― exhalo aire caliente en su lóbulo. Ella suspiro satisfecha.

Kagura entrego una mirada aprobatoria y dejo que él le demuestre lo segura que estaría en sus brazos. Al menos por esa noche.

Comenzó trazando con su lengua una oscilante línea imaginaria entre su hombro y el inicio de su mandíbula. Tenía el apetito voraz por dejar una marca rojiza en su piel marfil, y lo hubiese hecho si no fuera por el clero y demás impedimentos. Esa noche era un secreto entre ambos, no podía dejar una pista tan notoria, aun si así lo desease.

Siguió su ruta hacia abajo, sin despegar su mirada de las muecas tan llenas de placer sincero. Besó el inicio de sus pechos nuevamente y se maravilló del busto prominente de ella, una vez más. Capturo su pecho en una succión tranquila y cautelosa. Ella sí que sintió bien su maniobra, se lo demostró con varios suspiros obscenos que eran imposibles de controlar.

―Siento calor.

―Sentirás mas― aseguro a su acalorada compañera.

La sangre se agolpaba en su cabeza produciéndole un mareo fugaz. Sujeto las sábanas detrás de ella, solo para no forzarlo a que continuara con más insistencia. Quería enredar sus dedos en la cabellera de él y reclamar calma a su cuerpo.

Arrastro, como si de una boa se tratase, su mano serpenteante hasta llegar al otro pecho sin atención alguna. La única mano libre que tenía, despojo sin prisa el cinturón de su pantalón. El sonido de la hebilla chocando contra el suelo, despertó un poco de su ensoñación a la chica.

Sin intenciones, más que calmar esa acuosa sensación en la unión de sus piernas, flexiono una de sus piernas tocando el sexo de él. La liberó en cuanto presiono su rodilla con el bulto.

Ella capto su reacción e hizo un movimiento brusco en medio del vaivén que a él parecía fascinarle. Gimió contra su pecho y presiono sus puños lejos de su cuerpo.

― ¿Planeas alejarme de mi trabajo?― era ronco al hablar.

―Yo no tengo ropa, pero tu si― reclamo.

― ¿Quieres verme sin ropa?

Demoro un poco en responder. No era una pregunta maliciosa, estaba ansioso por seguir con sus acciones, sería capaz de entrar cualquier cosa con tal de no ser detenido en pleno acto. Las burlas pasaban a segundo plano, al menos de momento.

Ella paso de sus ojos a una mirada tan descarada del bulto entre sus pantalones. Para Sougo no se necesitaban demasiadas explicaciones y pronto, se encontró a si mismo libre de cualquier prenda que estorbara.

Reparando en marcas que paso por alto, tal vez por culpa de la poca iluminación, tocó las cicatrices cerca de su abdomen plano y suave. Nunca espero que un lienzo tan pulcro fuese ensuciado por marcas de ese tipo, parecían signos de guerra. Su amada, siendo un pirata, era de esperarse que combatiera en algún momento.

Siguió tocando suavemente sus marcas como si, de un momento a otro, le causarían dolor o comenzaran a sangrar.

Sin titubeos bajo hasta su ombligo y deposito un beso en el. Kagura se sintió amada, una vez más. Sougo comenzó nuevamente con sus intenciones. Aspiro el agradable aroma a peonia en su piel, encontró resabios de rosa y lirios dulces a lo largo de su cuerpo. Era una mezcla gloriosa de flores exquisitamente cuidadas en su jardín. El aroma se impregno en su piel o de algún modo ella estaba tratando de seducirlo con sutiles aromas dulces.

Recordando un poco el lenguaje de las flores, que su hermana se esmeró tanto en enseñarle, recordaba que la peonia –Particularmente la blanca que reposaba abundantemente en su gigantesco jardín- llevaba un significado agradable y acorde a las emociones de ambos: Soy afortunado por tenerte. Un mensaje oculto en su piel.

Era demasiado rebuscado para ser verdad, así que levanto la vista buscando sus ojos azules. Ella ignoro su insistencia por cruzar miradas, Kagura negaba verse en el reflejo borgoña intenso, ya que era consciente de que el mensaje llego a él.

Separo sus piernas levantándolas un poco para que no se crucen en su camino.

Sonrió con efusividad.

―También soy afortunado por tenerte.

Lo hizo apropósito, solo para avergonzarla, lo consiguió sin mucho esfuerzo. Cubrió su rostro con ambas manos y pidió que se callara. Okita se divirtió con su reacción, pero continúo con su plan, aprovechando su despiste ahondo en las profundidades de su sexo buscando calar en lo más profundo de ella.

Gimió fuerte producto de la sorpresa.

Tembló bajo su estimulo. Tiró con más ímpetu de las sábanas. Su tensa mandíbula flaqueo acompasada por las lamidas gustosas que él le daba. Por fin la escucha gemir roncamente sin intenciones de acallarse.

Desde su posición entre sus piernas, bebió el néctar salado y agridulce que escurría por su vulva. Tenía un gusto particular, satisfacía sus ansias y aumentaba mucho el morbo, al pensar que pronto ese líquido se escurriría a lo largo de su falo.

Con cada succión y lamida lograba destensar su cuerpo y liberar sus inquietudes. Ella se entregaba al placer y, la sola idea de unirse a él, parecía más utópico a cada segundo. ¿Cuantas veces escucho o leyó que la primera vez dolería? ¿Realmente eso iba a ocurrir? ¿Por qué no estaba al tanto de tal placer que rodeaba y quemaba su cuerpo? Si esto era un preludio de lo acontecería una vez permita la entrada de su sexo, podía permitirse una punzada de dolor, si luego lo sentiría tan bien.

Penetrándola con su lengua al mismo tiempo que jugaba con su clítoris, dejaba atento sus sentidos para grabar a fuego sus reacciones. El paisaje, más allá del valle de su pecho, era el paraíso. Su castillo se veía tan insulso al lado de su vista.

Los espasmos de ella comenzaron a retorcerla de dicha. Enarco la espalda sintiéndose próxima a la llegada del derroche de placer. De forma entrecortada, libero un ¨Sougo¨ clamando por alivio. No supo porque se le ocurrió bajar la mirada a su persona, si en cuanto lo hizo se encontró con la sensación de ser observada tan detenidamente por él.

Su mirada, calando su pena causo un morbo importante. La miraba tan interesado en cada uno de sus movimientos, prácticamente la estudiaba a fondo. Revisaba que estimulo necesitaba para hacerla grita, gemir e implorar.

Colorada, con los ojos entre abiertos y vidriosos, se miraron una última vez antes de que ella se tensara y elevara su rostro cerrando los parpados.

Kagura alcanzo la gloria.

―Esto…― ronca y débil voz, llego a oídos masculinos como el susurro del viento. Trago un poco de saliva, satisfecha y sorprendida de los hechos. ― ¿Esto era… necesario?―

Sougo saboreaba los restos de sus provocaciones que quedaron en su mano.

―Para aceptarme, debes estar bien mojada. Te dije que dolería… si no atendía bien la humedad de tu interior.

Dejo dos dedos acompasando su calma en la entrada de su vagina. Una leve calma, con destellos cálidos y disfrutables, la dejaron aminorar la increíble sensación desconocida hasta el momento.

Quien portaba una corona durante las tardes de trabajo, levanto una pierna de ella y comenzó a trazar un gustoso camino de besos, mordidas y toques. La idea de recorrer todo su cuerpo aun persistía, no dejaría un solo espacio sin palpar.

Atenta a cada uno de sus movimientos, sin dejar que volviera a tomarla por sorpresa, indago en lo atractivo que se veía seduciéndola. Con tan buena experiencia, no tuvo tregua para derramar una sinuosa y detallada mirada sobre el cuerpo que tantas prendas de ropa cubrían. Quería recorrerlo como él había hecho con ella, pero desistió de la idea tan pronto como llego. Por esta vez lo dejaría tomar las riendas pero, para la próxima ocasión eso no ocurriría. Ese rey debía agradecer al temblor de sus piernas y la fatiga de su cuerpo.

Sougo, inconsciente de sus ideas para futuros encuentros, prosiguió a morder muy cerca de la unión de sus piernas, dejo una que otra marca en medio de su recorrido. Eran sellos momentáneos, plasmados en un lienzo perfecto. Le gustaría decir que eran muestras de pertenencia, que ellas de ahora en mas no lo abandonaría y él mucho menos, pero la verdad era demasiado cruda como para perderse en fantasías.

Decidió que, aun si el futuro le era incierto, ese no era el momento para pensarlo. Aunque siempre dejaba un halo de esperanza para que sus caminos no se separen.

Besó su boca y dejo que su cuerpo se acople a la bella figura de su amada. El espacio entre ambos cuerpos, no existía. Sus sexos se rozaban con insistencia mientras él se encargaba de devorar la boca ajena. Suspiros y un abrazo mutuo de afecto.

La espera estaba siendo muy dolorosa para él, pero debía prepararla perfectamente para que el dolor se volviera en mito.

Dejo el beso sin alejarse demasiado de su rostro. Pensó en besar su mejilla para darle un poco de ánimos, pero no se dio cuenta que el de las dudas era él, y fue ella misma quien lo apaciguo con un sutil beso en la frente. Sougo entrecerró los ojos dejando que la calma lo consuma.

Se alejó un poco más para poder entrar en ella.

Antes de siquiera comenzar a tocarla con su falo, presiono su mano con fuerza al costado del cuerpo femenino. Si bien se mantuvo perfectamente centrado dándole la atención necesaria, algo dentro de él le gritaba que no se controlaría si entraba. Estuvo aguantando bastante por este momento.

Calmando las ansias, comenzó a entrar con cuidado. Fue abriendo paso a través de su interior, la segregación de su vagina permitió un ingreso menos complicado. Sus pésimas expectativas terminaron en la basura gracias al desliz poco conflictivo.

Levanto la mirada en medio del recorrido, ella no parecía sufrir por su intromisión. La sangre se agolpaba en su rostro, incluso más que durante el tiempo en que su lengua trazo todo su interior. Sus ojos se veían cristalinos y expectantes, y su boca rosada expresaba dulces y eróticos sonidos provenientes de su garganta.

Como un embrujo, no abandono el profundo azul que se concentraba en sus ojos cuando su cuerpo prosiguió a penetrarla más profundamente hasta llegar a completarse. Ella tampoco aparto la vista, aun si tuvo que abrir la boca un poco más para suspirar deseosa.

Esperando que su cuerpo se acostumbre, sin darse cuenta que ella estaba muy cómoda con él cubriendo su interior, la chica hizo un movimiento torpe de su pelvis. La avaricia por acaparar más en cuanto cubría un poco de su demanda carnal, seguía en aumento. La satisfacción que el sexo oral le brindo, quería volver a sentirla, quería un poco más.

Deslizó su falo fuera de ella, lentamente para que se diera cuenta de lo agradable que seria. Y, únicamente con el glande en su cavidad, comenzó el vaivén. Deleitándose con la fricción que marcaba el movimiento de sus caderas, ella desespero por acompañarlo, aun si era un poco. No estaba muy segura de sí sus intentos eran acorde a los de él, de si sus acciones estaban aportando a la situación o no, solo sabía que debía acoplar ese fuego en su bajo vientre de alguna manera.

Podría ser que la cordura desapareció de ambos y el sonido de la cama chirriar, culpa del movimiento incesante y taciturno, no aparezca en sus cabezas como una señal de alarma. Seguramente más tarde tomarían cuidados o crearían alguna excusa para escaquearse de los sonidos sexuales que emitían. O incluso, no necesitarían de ningún plan que los salve de los prejuicios, podrían contemplar que las paredes gruesas de la habitación protegerían su secreto de cualquier transeúnte nocturno que rondara por los pasillos.

Un nuevo beso resurgió por la impronta de acallar un poco los gemidos. Sus lenguas eran más calientes que antes, y las maniobras comenzaron a tener una forma desesperada y poco armoniosa. Se querían sentir completamente, todo el cuerpo de ella rogaba tacto de él y todo él clamaba por ella.

En esos momentos no podía comprender porque sus hermanos trataban el sexo como un tema tabú para ella. Aseguraban que no era muy bueno aun si salían de las habitaciones de los cabarets con una ensanchada sonrisa. El veredicto de que ella no debía pensar en algo tan insulso como eso, quito toda curiosidad, incluso ver como sus idiotas hermanos se dejaban someter por la lujuria. Ahora, con su primera experiencia ejecutándose, podía asegurar que esas palabras eran mentira. Incluso Sougo parecía disfrutarlo de sobremanera. Y pensó por un segundo si podría caber la posibilidad de que esa satisfacción se debiera al acto en sí y no a la persona con la que compartía. No necesito pensarlo demasiado, su compañero era el principal aporte a su placer y en su cabeza no entraba la posibilidad de compartir tal entrega con alguien más.

La velocidad de sus embestidas comenzó a acelerarse en el mismo instante que Sougo se irguió para tomar un mejor apoyo. Levanto la cadera de ella y prosiguió a llevarla, junto a él, hacia la locura.

Kagura no trataba de no sucumbir ante las descargar eléctricas, tensando su cuerpo sostenido por el agarre de sus manos en las almohadas y sábanas. Su cuerpo no estaba haciéndole caso, y ese fino decoro que tanto se le fue impuesto parecía ser borrado de su memoria.

Eran gritos insostenibles que escapaban de sus cuerdas vocales los que ayudaban a liberar un poco esas sensaciones que carcomían su cuerpo. Trató de llegar a su boca, buscando silenciar los tonos altos de sus gemidos.

Sougo vio su intento fallido con bastante, ternura apiadándose de ella. Tiró de su brazo al momento que la sentaba sobre sus piernas. No había tregua de su parte, ni siquiera cuando su boca se halló asaltada por la lengua de ella.

Esta vez tenía más oportunidades de dar un aporte, claro que nada era comparado con quien si sabía qué hacer.

El orgasmo comenzó a sentirse cerca. Ella podía sentir una similitud, un poco más potente, con su primera descarga sexual.

El oxígeno parecía abandonar con tal beso desesperado, prefirió ahogar sus gritos de placer en el hueco entre el hombro y cuello de él. Se mordió el labio rogando que esa experiencia llegue rápido para que su palpitar pueda tranquilizarse y deje de aturdirla en sus oídos.

Ella no era la única que se desesperaba, Sougo tenía muchas tensiones y espasmos en su cuerpo experimentado. Progresivamente era abordado por el calor desmedido que el acto le brindaba. Su boca no era capaz de acallar gemidos, gruñidos y demás sonidos de goce. Ella lo estaba desquiciando.

Era erótica sin intenciones.

Abrazándola con fuerza, la culminación del acto llego con un derroche de sus propias secreciones mezclándose en su interior. Fue la descarga gloriosa de sus sexos, lo que termino por dejarla sucumbir al deseo profundo por dormir. Exhausta se deshizo en satisfacción y goce entre sus brazos.

Acomodo su languidez entre las sábanas, y cubrió bien la desnudez para que no enfermase. Y antes de acompañarla al lado de su lecho, ella yacía dormida con una sonrisa de felicidad.

Acuno su cuerpo preparándose para seguirla en el camino de los sueños. Después de todo fue una buena noche.

.

.

.

Notas del ficker:

¡Miren el tamaño de ese pecado! XDD

4k de puro lemon, ¿Qué alguien me explique cómo paso?

Tal vez sea por la culpa de abandonarlas con la promesa de que les daría un lemon y no fue así XD, la culpa es la causante de esta perversión X3.

Espero que lo disfrutaran 7w7

Muchas gracias por esperar por un nuevo capítulo de este fic.