James se detuvo frente a la entrada a la plataforma nueve y tres cuartos. Se sentía un poco nervioso, después de todo, era su primer año de Hogwarts y la única vez que había estado en el andén y había cruzado la barrera mágica entre el mundo muggle y el mundo mágico había sido seis años atrás, para despedir a Teddy en su primer año de colegio.
—De acuerdo —le dijo su papá Harry—. Todo lo que tienes que hacer es sujetar fuertemente el carrito y correr hacia la pared. Asegúrate de mantener la trayectoria recta o Bloom podría espantarse.
James dirigió sus ojos avellana hacia la caja que transportaba a Bloom, una gatita siberiana de color gris la cual le maulló al hacer contacto visual. Su papá Draco se la había regalado dos años atrás. En ese entonces apenas era más grande que la palma de su mano y desde entonces habían sido mejores amigos y su mejor medida contra el estrés que le causaban los mellizos, Scorp y Al.
—¿Tiene miedo? —le susurró Scorpius a Draco quién lo sujetaba con su mano izquierda.
—¡No estoy asustado! —replicó James de inmediato. No podía darse el lujo de quedar como un cobarde, era el hermano mayor después de todo.
—Lo estás —pinchó Albus desde la mano derecha de Draco.
James frunció el ceño y Harry y Draco intercambiaron una mirada conmovida y una sonrisa divertida. El mayor de los Potter-Malfoy se aferró con fuerza a su carrito y avanzó sin avisar hasta la entrada del andén, tan seguro de sí mismo que ninguno de sus padres dudó, ni por un segundo, que lograría atravesarla. Scorpius miró a su hermano mayor con sus ojos grises abiertos de par en par y su boca formando una perfecta «o». Albus, en cambio, simplemente parpadeó y James se deleitó en sus expresiones.
La sensación de atravesar una gruesa pared de ladrillos era extraña, un poco incómoda, pero además de eso nada extraordinario y James se alegró de no haberse quedado como un tonto frente al muro un segundo más. ¿Qué diría Tedd si el soplón de Albus le dijera que su hermano mayor no había podido atravesar la barrera? Seguramente se burlaría de él por actuar como un niño, cosa que él no era.
Draco entró detrás de él, con Albus de la mano y detrás de él Harry con Scorpius quién de entre todos, era el más emocionado.
—Papá, quiero subir al tren con Jamie —dijo el pequeño rubio a Harry, sin dejar de mirar los enormes vagones rojos del tren.
—Ya hemos habado de eso, Scorp. Cuando tengas once años podrás ir a Hogwarts y entonces podrás subir al tren —le respondió Draco antes de que Harry pudiera alimentar sus imposibles ilusiones de montar el Expreso de Hogwarts en ese momento.
—Aún faltan dos años para eso —se quejó Albus con el ceño fruncido—. Scorpius y yo queremos subir ahora.
—Algo de Malfoy debía tener —dijo Harry en forma de broma y Draco le golpeó las costillas con el codo.
Aunque el ambiente era agradable, James no se encontraba inmerso en la burbuja familiar que se había formado. Sus ojos avellana vagaban por todo el andén en busca de la que sería, seguramente, la única cabellera azul aqua en todo el lugar. No sabía por qué, pero cada vez se sentía más ansioso por encontrarse con Teddy, quién había sido su incondicional y su sombra durante casi toda su vida, hasta que el internado los separó y Teddy creció. Después de eso, fue como si James se hubiera vuelto un personaje secundario en la vida de Tedd y él esperaba poder acortar esa distancia ahora que ambos irían al mismo colegio. Al menos por un año.
Lo encontró a unos cuantos metros de él. Sus padres no lo acompañaban, pero era normal, a los últimos años no les gustaba ser agobiados por un adulto, por muy cool que fuera (cómo era el caso del tío Sirius). Teddy se encontraba rodeado de muchos de sus amigos, a los que James había visto esporádicamente durante alguna de las fiestas de fin de año a los que Tedd los había llevado. Todos reían de lo que Teddy decía, vistiendo sus túnicas de las diferentes casas y algunas placas que decían «Prefecto» cómo la de Tedd sobre su túnica negra y amarilla.
—El abuelo Lucius dijo que si Jamie entra a Slytherin va a darle una escoba ¿puedo tener una escoba también? —preguntó Scorpius.
—¿Eso ha dicho? —preguntó Harry ofendido.
—Lo que el abuelo Lucius haya dicho no importa, lo importante es que James vaya a una casa en la que se sienta cómodo —respondió Draco intentado sonar neutral, pero aparentemente complacido con la idea de que su hijo pudiera ir a la misma casa que él.
—Seguro que si va a Gryffindor el abuelo James le va a dar una escoba —aclaró Albus con una sonrisa divertida—. Le gusta competir con los regalos del abuelo Lucius.
—No quiero ir a Gryffindor. O a Slytherin —respondió entonces James, sin apartar su mirada de Teddy quién en ese momento se percató de su presencia y le sonrió dulcemente antes de desviar la mirada—. Quiero ir a Hufflepuff.
Para James pasó desapercibida la mirada de preocupación que sus padres intercambiaron, él sólo tenía ojos para una cosa en ese momento. O mejor dicho, una persona. Siempre había sido así. James no sabía por qué, pero Teddy era como un imán para él.
—Bueno. El sombrero escogerá la mejor casa para ti —dijo Harry tomando a su hijo por los hombros—. Pero si tienes alguna petición, él siempre está dispuesto a escucharte.
—¿Me pondrá en Hufflepuff si se lo pido?
Harry miró a Draco y él le lanzó una mirada de advertencia que le decía que no debía darle a su hijo ilusiones sobre algo de lo que no podía estar seguro.
—Podrías intentarlo —le respondió y James asintió con seriedad.
Ni Harry ni Draco lo habían visto nunca tan decidido y serio cómo en ese momento. Generalmente, James era todo bromas y risas, justo como heredero de su abuelo James.
El tren silbó en ese momento, anunciando su pronta partida. Draco y Harry se acercaron a su hijo y le abrazaron antes de hacerle prometer que escribiría lo más frecuentemente posible y James prometió hacerlo esa misma noche, una vez hubiera podido instalarse en su habitación. Scorpius le dio un besito en la mejilla a su hermano mayor, quién lo limpió rápidamente y Albus simplemente le dio un golpecito en el brazo como despedida. James tomó su baúl y a su gato, dispuesto a alcanzar a Teddy —quién ya se había marchado junto con sus amigos— e instalarse en el mismo compartimento que él. Ya no había demasiada gente intentando entrar, pero James apenas y se las arregló para pasar antes de que la cabellera azul de Teddy desapareciera en uno de los compartimentos al final del enrome pasillo alfombrado.
—A un lado, a un lado —dijo James empujando a cuanto alumno se atravesaba en su camino. Harry siempre había dicho que había heredado muchos de los modos de Draco—. A un lado, por Merlín.
James escuchó algunos quejidos y unas cuantas maldiciones pero no le importó en lo más mínimo, en ese momento, el único obstáculo entre él y Teddy era una chica rubia que caminaba frente a él con una lentitud exasperante. Sin embargo, y para sorpresa de James, la chica se detuvo frente al compartimento de Teddy y es entonces que James la reconoció: se trataba de Victoire Weasley. La hija de Bill Weasley y Fleur Delacour. Era dos años menor que Teddy y siempre había estado detrás de él. James no entendía cómo había podido olvidarse de ella.
—Vic, estás aquí. —James escuchó que Teddy le saludaba—. Vamos, siéntate. Es nuestro último lugar.
—Es una suerte entonces. —Victoire sacudió su cabello rubio con gracia y se adentró en el compartimento. James casi pudo imaginarse su sonrisita tonta.
Bloom maulló desde su canastita y James parpadeó un par de veces sin saber exactamente qué hacer. Podía simplemente pasar frente al compartimento y saludar antes de ir a buscar otro lugar para sentarse. Esa era la mejor opción, él lo sabía, pero además del sentido del humor de su abuelo, también había heredado su personalidad impulsiva y rebelde, así que simplemente se paró frente a la puerta, cómo si con eso pudiera hacer aparecer un lugar entre Tedd y Victorie quién se le pegaba demasiado.
—Jamie —le saludó Teddy tranquilamente y algo en su voz hizo que James se sintiera muy feliz—. ¿Aún no te has puesto la túnica? Creí que querrías ponértela de inmediato. ¿Aún traes tus cosas contigo? ¿No has encontrado un compartimento? ¿Quieres que te acompañe a buscar uno?
—En realidad esperaba poder sentarme contigo —respondió valientemente y sin rodeos. Todos los amigos de Teddy se miraron entre sí y Victoire se sujetó fuertemente del brazo del peliazul, cómo recalcando que no iba a moverse de allí—. Pero parece que he llegado tarde. Así que nos vemos después, Teddy.
No dejó que el chico respondiera, James volvió a tomar sus cosas y comenzó a caminar en busca de un lugar en el cual instalarse. A veces, realmente detestaba que Teddy fuese un Alfa. Los Alfa eran populares y siempre estaban rodeados de gente. Que Tedd se hubiera presentado como Alfa había sido la razón principal de su distanciamiento. Que el segundo género de una persona se presentara significaba madurez y en ese sentido, James no era más que un niño que no comprendía por qué tanto alboroto por un segundo género. Tenía once años después de todo y sus mayores preocupaciones eran no ser castigado, comer todos los dulces que su estómago resistiera y mantenerse cerca de su persona especial.
James encontró una cabina que tuvo que compartir con un par de niños poco interesantes con los que no intercambió más que los buenos días. El viaje de camino a Hogwarts fue aburrido y largo, incluso después de que la señora del carrito de los dulces apareció. James había esperado tontamente que Teddy, como prefecto, apareciera por la puerta de su compartimento para checar que todo estuviese en orden, pero no fue así, en su lugar, la ronda la había hecho un muchacho de Ravenclaw que se portó especialmente bien con James e incluso le regaló algunas golosinas.
El viaje en canoa atravesando el lago negro hasta el castillo no fue mucho más interesante. El cielo estrellado era bonito y las luces del edificio también, pero James no pudo evitar pensar que sería mucho más divertido junto a Teddy. Realmente estaba dispuesto a recuperarlo. Deseaba que Teddy sólo se preocupara por él.
Las cosas comenzaron a complicarse cuando James finalmente fue llamado por Remus —no Remus, el profesor Lupin— y colocó el Sombrero Seleccionador sobre su cabeza. El sombrero dijo un montón de cosas, cosas relacionadas con su determinación y valentía y cuando James menos se dio cuenta, había terminado en Gryffindor. Teddy le sonrió desde la mesa de Hufflepuff y Victoire aún seguía a su lado mirándolo como si fuera la cosa más preciosa del universo. Además de eso, no parecía que Teddy estuviera muy interesado en él. O en su presencia en el colegio.
Tal y como lo prometió, James escribió una carta a sus padres después de que se instaló en la torre de Gryffindor. Una de las prefectas le había dicho que, de hecho, se encontraba en la misma habitación que había ocupado su padre alguna vez, pero a él poco o nada le había importado, se limitó a escoger la mejor cama de todas por sobre los deseos de sus compañeros y a lamentarse por qué no se suponía que él estuviera allí.
James salió de la sala común con la carta para sus padres en una mano. No había bajado a cenar, demasiado desanimado por el giro de los acontecimientos. No se había sentado con Teddy en el tren rumbo al colegio y no había sido seleccionado en Hufflepuff, aunque en el fondo él siempre había sabido que sería imposible. Era su primer día en Hogwarts y en vez de sentirse emocionado e ilusionado, sentía que todos sus sueños se venían abajo en sus propias narices.
—¿A quién querías engañar, James? —se regañó a si mismo de camino a la lechucería—. Las cosas no volverán a ser cómo cuando eran niños. Teddy tiene otras cosas de que preocuparse además de ti, como esos amigos de su edad o... Victoire con quién seguramente terminará saliendo y besándose. Ugh.
—Pareces bastante enojado, pequeño león —le saludó una voz conocida desde uno de los pasillos adyacentes.
—¡Merlín! —saltó James de sorpresa antes de reconocer a la persona que le hablaba—. Oh, sólo eres tú... prefecto de Ravenclaw. —El chico soltó una carcajada que James reconoció como una risa muy bonita. Y varonil. ¿Cuántos años tendría? ¿Quince, dieciséis?—. No me digas que he roto alguna regla, sería absurdo obtener detención por algo tan tonto cómo enviar una carta a mis padres. Realmente preferiría ser castigado por algo cómo... contaminar los calderos de las mazmorras o llenar de pegamento ultrapegajoso de Sortilegios Weasley la entrada al gran comedor.
El prefecto parpadeó un par de veces.
—Mi nombre es Oliver, no prefecto de Ravenclaw. Y creo que debo vigilarte de cerca.
James sonrió con malicia.
—Sólo bromeaba.
—Por supuesto.
Oliver era un muchacho apuesto, más alto que James, de piel morena y grandes ojos de color azul. Su cabello era ondulado y estaba peinado elegantemente hacia un lado, sin parecer demasiado formal. De alguna manera, James no pudo evitar compararlo con Teddy quién había decidido adoptar el estilo de su padre, Sirius, dándole un aire rebelde y relajado.
—Bueno, debo irme. Hasta luego, prefecto Oliver.
James dio media vuelta dispuesto a marcharse hacia la lechucería. Le comenzaba a dar hambre por lo que seguramente se pasaría por las cocinas.
—¿Te molesta si te acompaño? —preguntó Olives y James volteó a mirarlo. Tenía una extraña expresión en su rostro. Casi como si estuviera nervioso.
Se encogió de hombros.
—Por supuesto.
Ambos chicos caminaron en silencio. Ocasionalmente, Oliver mencionaba algún dato sobre la parte del castillo que estaban recorriendo o le daba a James algunos consejos sobre cómo sobrevivir al colegio durante su primer año. Finalmente llegaron las escaleras hacia la sala de las lechuzas, eran largas y algo empinadas.
—¿No vas a preguntarme? —dijo Oliver entonces.
—¿El qué?
—Sobre mi segundo género.
—No estoy interesado en eso. En realidad.
—¿No tienes curiosidad por lo que serás?
—No en realidad. ¿Eres un Omega? Esos sí que son raros. Uno de mis padres lo es —respondió orgulloso.
—Soy un Alfa.
James no respondió. No sentía que hubiera nada por decir.
El chico Potter llamó a la lechuza más cercana y ató la carta para sus padres en su patita antes de dejarla marchar. Oliver esperó pacientemente junto a la puerta y ambos esperaron en la lechucería hasta que el ave que llevaba el recado de James desapareció en la oscuridad de la noche.
—Me gustas, James —dijo Oliver de pronto—. Sal conmigo. —James se giró para mirarlo, no muy seguro de haber escuchado bien—. Hay... una especie de conexión entre nosotros. Puedo sentirla.
—Eso es imposible, mi segundo género no se ha presentado. Además, no tengo intención de salir con nadie. Mi padre dice que soy demasiado joven y tú... eres demasiado mayor.
—Así es Oliver, eres demasiado mayor.
James se sobresaltó al escuchar la conocida voz de Teddy desde las escaleras. Lucía enfadado y probablemente estaba liberando su esencia Alfa, si la forma en que Oliver se encogió fue una señal. Miraba al Ravenclaw cómo James no lo había visto mirar a nadie nunca. Excepto tal vez por aquella ocasión en la que James tenía cinco y Teddy recién había cumplido los once: una niña desconocida había querido monopolizar a James durante una tarde en el parque y Teddy no lo había permitido. La niña se fue llorando por la forma en que Tedd la había mirado y él había pasado el resto del día alimentando a James con helado y demasiado pegado a él.
—Métete en tus asuntos, Black.
—Como prefecto deberías de poner orden, no acosar a los alumnos de nuevo ingreso —rebatió el Huffepuff.
Oliver miró a Teddy y luego a James. En sus ojos azules James pudo ver una extraña chispa. Casi como si acabara de descubrir algo realmente interesante.
—No estarás celoso, ¿o sí? —le preguntó. Las mejillas de Teddy se tiñeron de rojo y su cabello cambió de color, a amarillo. ¿Estaba avergonzado?
James sintió, no sin un poco de asombro, cómo sus propias emociones se aclaraban ante sus ojos. No importaba si la respuesta de Teddy era sí o no, ahora James lo tenía clarísimo. Se sentía atraído por él; por la forma tan sobreprotectora en que siempre había sido con él, por sus atenciones, por su cariño, por la forma en que lo miraba, por la forma en que lo había cuidado aún desde la barriga de su papá. Y esa atracción era tan fuerte, que inconscientemente, James había orbitado alrededor de Teddy toda su vida, cómo esperando una oportunidad.
—Ese no es asunto tuyo. Jamie, nos vamos.
Sin esperar una respuesta, Teddy lo tomó de la mano y lo arrastró escaleras abajo y luego entre algunos pasillos. James no sabía a dónde se dirigían, pero tampoco fue capaz de pedir explicaciones, demasiado inmerso en sus propias emociones recién descubiertas. ¿De verdad se sentía así por Teddy? ¿No estaba confundiendo sus sentimientos fraternales con algo más? Probablemente no. Su piel ardía en el lugar en que Teddy lo sujetaba y su corazón latía con fuerza. Ni sus padres, ni sus hermanos lo hacían sentir así.
Entonces se detuvieron.
—¿En serio, James? ¿En tu primer día?
—¿Eh? —preguntó confundido por la repentina charla antes de reaccionar—. ¿De qué hablas? Yo no he hecho nada.
—No te acerques más a él. ¿De acuerdo? Es un Alfa.
—¿Y qué? No es cómo si yo fuera un Omega.
—Aún no lo sabes. Sólo has lo que te digo, James.
James se paralizó momentáneamente por la voz de Alfa de Teddy. Daba un poco de miedo, sí tenía que ser sincero. Era autoritaria y no daba entrada a ningún reproche. James sólo la había escuchado de su padre una vez, durante una discusión con su papá a quién James admiró mucho después de eso, cuando no se dejó perturbar por ella.
—¿Y a ti qué demonios te importa con quién paso mi tiempo? —le respondió iracundo, adoptando el carácter Malfoy que había aprendido de Draco. «Recuerda, Jamie, no dejes que ningún Alfa idiota te diga que hacer, nunca»—. Hoy apenas y me miraste, sabías que era mi primer año en el colegio y no te importó apartarme un lugar en tu maldito compartimento. Durante los últimos años no has hecho más que pasar tiempo con tus amigos o con Victoire cuando vuelves a casa por las vacaciones. Me ves como un niño aburrido, el año pasado ni siquiera te pasaste por mi casa una sola vez —reprochó—. Y yo pensé... pensé que aquí sería diferente pero es lo mismo. Al menos Oliver me prestó un poco de atención. Fue amable conmigo, me dio dulces y se tomó la molestia de mostrarme el castillo. ¿Tú que estabas haciendo, Edward? ¿Besándote con Victoire?
—¿Te dio dulces? ¿En serio? ¿Y dices que no eres un niño?
—¡No los soy!
—¡Lo eres y ese es el problema, Jamie! ¡Estoy volviéndome loco! Soy un Alfa. Deseo pasar todo mi maldito tiempo contigo, abrazarte, estar cerca de ti y es así desde que tengo uso de razón, pero ahora está mal porque eres un niño y yo ya no lo soy. ¿Entiendes lo complicado del asunto? —James parpadeó un par de veces. Tedd jamás le había gritado—. Por supuesto que no lo entiendes. Mocoso tonto.
James miró detenidamente a Teddy. Podía ver la desesperación en su rostro. Parecía que se debatía entre acortar la distancia entre ellos y tocarlo o arrancarse los cabellos de la cabeza de pura frustración. No hizo ninguna de las dos. Se mantuvo lo suficientemente alejado de James cómo para que cualquiera que los viera no pensara nada extraño, pero James casi podía jurar que podía escuchar latir su corazón. Latía por él.
Era verdad, no entendía el problema en absoluto. Si Teddy quería estar con él y abrazarlo, era libre de hacerlo, James no se opondría. Pero tal vez el asunto iba más allá y los seis años de diferencia entre ellos hacían que Teddy pudiera ver ese algo más que James no.
—¿El problema es que soy un niño? ¿Por eso no puedes estar conmigo?
Teddy asintió con pesar y James pudo ver cómo en sus ojos se reflejaba el anhelo de acercarse a él.
—Perdóname, James. Perdóname por no poder mantener estos sentimientos correctamente dentro de mí. Por sentirme tan impaciente.
De nuevo, James no sabía de lo que hablaba, pero tenía una solución.
—Si el problema es que soy un niño, entonces sólo debes esperar —James sonrió. Fue una sonrisa enorme y brillante. Se dio la media vuelta, dispuesto a volver a su sala común—. Y será mejor que te prepares, Teddy, porque cuando sea mayor, no habrá pretexto que te libre de mí. —James se detuvo antes de girar a la derecha en el corredor y miró a Teddy por última vez—. Te quiero —le dijo y se marchó. Dispuesto a prepararse para poder cumplir con su promesa.
A su espalda, el corazón de un Teddy de diecisiete años latía fuertemente y confirmaba lo que había sospechado durante mucho tiempo. Aunque James aún no lo entendiera, eran destinados.
—
Hola a todos. Lo prometido es deuda y aquí les traigo el segundo y último extra de esta historia. La verdad es que disfruté mucho escribir sobre estos dos, fue bastante refrescante hacer algo diferente al Drarry. Sinceramente desearía poder seguir escribiendo sobre Teddy y James y tal vez lo haga en un spin off cortito, pero aún no lo sé. ¿Les gustaría?
Por el momento estoy escribiendo un nuevo fanfic Scorbus que espero que les guste mucho. Pueden encontrarlo en mi perfil con el nombre de House of Memories. Espero que puedan apoyarla así cómo apoyaron esta historia.
Ahora sí, este es el final de Nobody's. Espero que les haya gustado mucho. Gracias nuevamente por su apoyo y todos sus comentarios, siempre me ayudaron a seguir escribiendo. Un fuerte abrazo.
