Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rochelle Allison, yo solo la traduzco.
BRIGHTER
Capítulo veintiséis – Prisa
Las semanas, los meses, pasaron. Caí en una rutina que parecía hecha para mí y era increíble pensar que, una vez, aquello había sido una novedad para mí. En su mayor parte, estaba demasiado arraigada como para verlo de forma objetiva, pero a veces me pillaba en un momento extra-corporal y me maravillaba con mi vida.
Cuando pasaba la noche en mi casa, me encantaba quedarme tumbada en la cama al despertarme, escuchando a las palomas de la mañana arrullar al otro lado de mi ventana. En la puerta de al lado, Jasper siempre se iba a trabajar mucho antes que yo, pero a menudo escuchaba a Alice preparar a las niñas para el colegio. Oía su dulce charla mientras iban del porche al coche, y luego el crujir de los neumáticos sobre la grava cuando se marchaban.
Luego el silencio... que en realidad no era nada silencioso si pensabas en los pájaros, la brisa y el roce de las hojas en los canalones.
Normalmente, Edward dormía a mi lado pero, de vez en cuando, estaba sola. Me encantaba su casa y pasábamos mucho tiempo allí, pero la mía era mi refugio y uno de los de Edward también. Pasábamos mucho tiempo en mi cama, y no solo para los propósitos obvios de dormir y el sexo. Veíamos películas juntos, leíamos uno al lado del otro, jugábamos al Scrabble (al igual que a Words With Friends por teléfono mientras estábamos separados). A veces simplemente nos sentábamos y hablábamos hasta quedarnos dormidos.
O nos despertábamos y hablábamos hasta estar listos para levantarnos.
Las cosas se estaban empezando a calmar en el pueblo. La temporada estaba terminando y veía un lado de St. Croix diferente a lo que me había acostumbrado. Las noches entre semana eran silenciosas y los días eran perezosos. La gente que llevaba toda la vida en la isla estaba acostumbrada y respondían en consonancia: las tiendas cerraban antes y tenían inventarios más escasos.
Coconuts solía ir bien porque les gustaba tanto a los turistas como a la gente de allí, y la gente siempre necesitaba café y desayuno. Lo mismo pasaba con el Brew Pub, que tendía a centrarse en los favoritos locales en cuanto a las especialidades de la comida. Empecé a comer allí a diario, en el piso de arriba, mirando hacia el puerto. Edward solía unirse a mí pero, incluso aunque no lo hiciera, yo tenía mi sitio: una pequeña mesa en la esquina frente a la entrada.
Estaba ahí sentada una tarde cuando Edward me encontró, leyendo un email de Jessica.
―Hola ―dijo, robándome una patata frita.
―Hola ―repetí de forma ausente, ofreciéndole la mejilla para un beso.
Él desapareció y luego volvió con un plato lleno de comida para él. Cerré mi portátil y lo aparté, suspirando pesadamente.
―¿Qué pasa?
―Es Jess. Ella... se está volviendo loca de nuevo.
―¿Ese chico sigue molestándola?
Asentí, haciendo una mueca.
―Es un gilipollas. No sé ni porqué se molesta. En serio.
Él se encogió de hombros, masticando. Llevábamos ya semanas hablando de Jessica y su novio intermitente. Él no dejaba de engañarla y ella seguía perdonándole. Casi me había rendido con ella. Bueno, no con ella, sino con la situación. Jess era una chica guapa e inteligente que podía tener a quien quisiera. Así que se me escapaba la razón por la que se conformaba con aquel perdedor.
―Quiere venir ―dije, bebiendo de mi refresco―. Pronto.
―Debería. Ahora los vuelos son más baratos.
―Eso la he dicho yo. Lo está mirando.
Él sonrió, inclinando la cabeza. Me encantaba cuando me miraba así, todavía me hacía sentir mariposas.
―¿Qué? ―pregunté, colocándome el pelo detrás de la oreja.
―Echas de menos a esas chicas, ¿eh?
―Por supuesto ―dije―. Adoro a mis amigas de aquí, pero Angie y Jess siempre han sido mis mejores amigas. Es como... tú y Jasper. O Emmett, o Jacob.
Con una risita, Edward asintió.
―Jacob está esperando a que la fastidie.
―¿A qué te refieres?
Me señaló con su tenedor.
―¿Conmigo? ―grité.
―Sip.
―¿Qué?
Él rio más fuerte.
―Cree que estás muy buena.
―Entonces va a pasar una buena temporada esperando.
―Eso es lo que le he dicho yo ―dijo Edward―. Pero le gustan todas las chicas guapas. Así es como es.
―Un ligón ―dije.
―Sí. Pero es un buen chico. Seguramente se relajaría si encontrase a la chica adecuada.
―A mí no me parece que tenga prisa por sentar la cabeza. ―Resoplé, pensando en como actuaba con Irina. Habían tenido un tórrido romance durante un par de semanas después de Año Nuevo. Pero lo cierto era que Irina todavía estaba tonteando con Tyler también. Era como El Verdadero Mundo de St. Croix, con todo el drama y esas tonterías. Edward y yo siempre bromeábamos con que deberíamos empezar un reality show con nuestros amigos.
Edward rodó los ojos, seguramente pensando exactamente lo mismo que yo.
―Sí, bueno.
―Lo sé, lo sé. Ella es igual.
―Lo es.
―Lo sé.
Le di una patada bajo la mesa.
―Oh ―dijo, agarrándome el pie―. ¿Ya has terminado con la regla? Porque pareces horriblemente frustrada sexualmente.
―En primer lugar, me queda otro día ―dije, lanzándole una servilleta hecha una bola―. Y, en segundo lugar, yo no estoy sexualmente frustrada.
―Sí, lo estás. No creas que no he notado lo violenta que te pones.
―A lo mejor solo me gusta jugar a pelear ―rebatí.
―Sí... cuando estás sexualmente frustrada.
Le saqué la lengua, provocando que él hiciera lo mismo. Muy maduro de parte de los dos. Apartándome de la mesa, cogí mi plato para poder llevarlo a la cocina.
―Por mucho que me guste pelear contigo, tengo que prepararme para mi turno.
Él asintió, sonriéndome ampliamente.
―Últimamente has trabajado mucho.
―Sí, bueno... eso está a punto de cambiar.
Su sonrisa cayó y se sentó más recto.
―¿Por qué? ¿Qué ha pasado?
―Hoy he dejado Coconuts ―dije, un poco nerviosa por cómo recibiría la noticia. No estaba segura de la razón -Irina y él habían sido muy insistentes con que trabajase a tiempo completo en el Pub.
―¿En serio? ―Pareció pensativo―. ¿Cómo se lo ha tomado Alice?
―La verdad es que bien. Llevo toda la semana entrenando a la chica nueva.
―Así que... ahora estás aquí a tiempo completo.
―Sí.
Una lenta sonrisa se formó en su cara y se recostó, con las manos entrelazadas sobre su abdomen.
―Nada más de madrugar...
Esa era una idea deliciosa, ¿verdad?
―Nada más.
―Bien.
Me agaché para besarle y él tiró de mí hacia su regazo, casi haciéndome tirar el plato que llevaba en las manos. Volví a dejarlo en la mesa y me relajé contra Edward, jugando con el pelo de su nuca mientras nos besábamos. Lo tenía un poco largo por detrás, despeinado y mono. Él no dejaba de amenazar con cortárselo, pero sabía que a mí me encantaba.
―¿Estás feliz? ―murmuró, rozando mi barbilla con su nariz.
Asentí con los ojos cerrados.
―A veces pienso en cómo mi vida habría sido en este momento. Casi me pierdo esto, Edward. El plan era quedarse durante la temporada y luego... marcharnos, como si nada. Como si... no sé.
―Doy gracias a Dios cada día porque te quedaras ―dijo en voz baja.
Mi interior se estremeció y abrí los ojos para verle mirándome. Se había convertido tan abierto con su afecto y con sus palabras.
―Yo también ―admití, dándome cuenta de que era cierto, incluso aunque esos rezos a veces fueran subconscientes.
―Estoy muy enamorado de ti ―dijo, rozando mis labios con los suyos.
Asentí, pestañeando para deshacerme de la humedad que tenía en los ojos. Cielos, podría haber encontrado a Edward en Siberia y me habría quedado si eso hubiese significado llegar a ese punto con él.
―Yo también ―dije, besándole otra vez... y otra más.
* . *
Esa noche cenamos con Alice y Jasper.
Ayudé a Alice a cocinar, como había estado haciendo cada vez más últimamente. Nos iba bien a las dos: a ella porque cada vez estaba más grande y necesitaba toda la ayuda que pudiera obtener, y a mí porque me estaba convirtiendo en mejor cocinera. Me di cuenta de que en realidad me encantaba.
―Te estás volviendo una sibarita ―bromeó Alice, viéndome añadir especias al aceite de oliva que habíamos estado usando para mojar pan―. Sé que es por la influencia de Edward.
―Puede ―dije, asintiendo―. Últimamente hemos visto una cantidad alarmante de programas del Canal Cocina.
―Y frecuentando los mercados de agricultores ―dijo Alice―. Lo sé todo.
―Creí que había dejado atrás todo el esnobismo con la comida... Me refiero a que en Seattle se lleva mucho todo eso. Pero Edward no se queda atrás...
―¿Qué pasa con Edward? ―Él mismo entró, dejando caer una botella de cerveza en el cubo de reciclaje.
―Estamos discutiendo tu parte sibarita y cómo se le está pegando a Bella ―dijo Alice, dándose golpecitos con los dedos en la redonda barriga.
Edward cogió otra cerveza de la nevera antes de acercarse a mirar sobre mi hombro.
―Mmm. Eso tiene buen aspecto.
―Alice lo ha hecho casi todo.
Él dejó un beso húmedo en mi cuello y volvió a marcharse, dejándome toda sonrojada. Habíamos estado incluso más cercanos después de nuestra conversación a la hora de la comida, conectados por el hilo de todas las cosas que habíamos dicho.
Más tarde, miré las fotos de mi teléfono mientras Edward se duchaba. El tiempo había pasado muy rápido, y estaba lleno de momentos plagados de vida y cosas nuevas.
El día de San Valentín, que habíamos pasado juntos en el trabajo. Él me había hecho bebidas rosas y afrutadas todo el día, completas con pajitas giradas en forma de corazones. Esa noche cenamos juntos en Kendrick's, una de las muchas parejas cenando a la luz de las velas. Fue dulce y tradicional, solo que... todo parecía diferente en St. Croix.
El día de San Patricio... una completa locura. Podrías jurar que estabas en Irlanda por el enorme desfile y la forma en que la gente lo festejó. Al final del día estábamos llenos de purpurina y pintura verde, y completamente agotados después de beber cerveza verde durante horas.
El fin de semana de Pascua, cuando los Crucianos acampaban en las playas desde la mañana de Viernes Santo hasta la noche del Domingo de Pascua. Habíamos evitado las multitudes yendo a la playa de la familia de Jasper, esa en la que lo habíamos hecho por primera vez. Alice y Jasper llevaron a las niñas, y yo finalmente conocí a los padres de Jasper -una divertida pareja que, obviamente, llevaba años acampando. Sus tiendas parecían casas -no era para nada pasar con lo justo.
El siguiente gran evento que se me ocurría era el cumpleaños de Edward, para el que todavía faltaba un mes porque era en Junio. Había hablado de navegar hasta las Islas Vírgenes Británicas, puede que ir a Jos Van Dyke. Esperaba que pudiéramos hacerlo. Nunca había navegado así, no durante días seguidos.
Edward salió del baño, todavía mojado cuando se tiró en la cama a mi lado.
―Ja, recuerdo eso ―dijo con una fuerte risa, señalando una foto de Jacob el día de San Patricio.
―¿De verdad está intentando dejarse el pelo largo? ―pregunté, examinando la foto más de cerca.
―Hace años que lo dice ―dijo Edward, rodando los ojos―. Pero siempre se harta después de unos meses y se afeita la cabeza.
―Es tonto.
―Y que lo digas ―dijo Edward, apoyando la barbilla en mi hombro―. Esa me gusta...
―¿Cuál?
Señaló una foto de mí con Alice, haciendo castillos de arena con las niñas. Rachel estaba casi sentada en mi regazo, estirando la mano para poner algo -seguramente una concha- sobre una de las torres como toque final.
―Esta me encanta.
Edward me besó el cuello, la oreja.
―Puedo imaginarte con niños.
―¿Solo a mí? ―susurré, no pretendiendo decirlo... pero sin importarme haberlo hecho.
―A mí también. ―Pasó al otro lado de mi cuello.
―¿A ti también qué? ―susurré, sin sentido por las sensaciones que me estaba provocando.
―Puedo imaginarme con niños.
―Me gustan los niños.
―A mí también.
Resoplé por nuestra ridiculez circular. Él sonrió torcidamente, con el pelo todo loco y de punta después de secárselo con la toalla... y por mis manos.
―Tendríamos niños monos ―dije, tímidamente.
―¿Sí?
―Sí.
―Me gustaría que tuvieras mis hijos ―dijo él, asintiendo.
Una amplia calidez se extendió por mi interior.
―¿Sí?
―Mhm. ―Volvió a mi cuello, succionando en un punto y probablemente haciéndome un chupetón.
Al otro lado del dúplex se escuchó un chillido. Una de las niñas debía de haberse despertado. Edward se apartó, sonriéndome satisfecho.
―Pero no hasta dentro de un tiempo, solo lo digo.
Le atraje hacia abajo para besarle un poco más, imaginando nuestro tiempo de juegos cortado por enanos monos pero con necesidades.
―No hasta dentro de mucho tiempo.
¡Hola!
Estos dos son taaaan monos... ¿no os parece? ¿Vosotras qué pensáis? Estoy deseando leer vuestros comentarios.
El próximo capítulo lo subiré el martes.
-Bells :)
