Un Asombroso Viaje
Hermione se encontraba terriblemente deprimida, las constantes publicaciones refiriéndose a lo dichosos y enamorados que se encontraban los integrantes del joven matrimonio Malfoy por la llegada de su primer hijo la tenía devastada; había tenido la estupida esperanza de que al terminar ese año, el rubio dejaría a Astoria y se quedaría con ella como se lo prometió, que ambos formarían una familia junto con el hijo que esperaban . Pero ahora se daba cuenta que todo era mentira, él no tenía ninguna intención de dejar a su esposa y ella ingenuamente creyó en él.
Estaba tirada en la cama, en pijama sin ganas de levantarse ni por un vaso de agua, sentía que la tristeza la llenaba por dentro, como si una parvada de dementores la rodeara extrayéndole la alegría y las ganas de vivir. Deseaba irse de ahí, desaparecer por completo, olvidarse de quién era y de todo lo que le recordara al causante de todo ese dolor, pero sobretodo, no quería seguir viendo el reproche y la lástima en los ojos de Harry y Ron.
¿Pero a dónde iría? No podía regresar al departamento que Draco fingió comprar para ella, volver al suyo sería muy peligroso, y tristemente se dió cuenta que no tenía donde vivir, el huracán llamado Draco Malfoy se había llevado todo a su paso y su vida tal como la conocía, jamás volvería a ser la misma.
Lo de menos sería regresar al mundo muggle, pero tampoco tenía un trabajo con que mantenerse y, dada su situación actual, le sería más difícil conseguir uno. Siempre fue una mujer precavida y tenía algunos ahorros, pero estaba segura que no serían suficientes para vivir un año, y cuando naciera su hijo ¿Qué iba a hacer? Eso tal vez dependería de que tan parecido fuera con su padre porque, de lo contrario, sería imposible ocultar su linaje.
Tal vez irse al otro lado del mundo sería lo mejor, irse junto con su hijo y olvidarse de todo para empezar de cero. Pero ¿Y si fueran verdad las sospechas de Ron y los ataques que había sufrido venían de la familia Malfoy? Entonces no habría lugar en la tierra para ellos en donde estar seguros y con lo inestable que se había vuelto su magia últimamente, dependía totalmente de sus amigos para darle seguridad a su hijo.
—Tranquilo mi amor, mami no dejará que te hagan daño —dijo acariciando con una mano su pequeño vientre mientras con la otra enjugaba las lágrimas que derramaban sus hinchados ojos.
Escuchó que alguien entraba al departamento. No quería ver a nadie, de inmediato cerró la puerta y colocó un hechizo de protección, no se sentía con la fuerza para soportar el silencioso reproche en los ojos de Ron, estaba harta de sentir como todos le echaban en cara el haber sido tan estúpidamente terca al haberse aferrado a una relación que no tenía futuro, al haber hecho oídos sordos cuando le decían que todo terminaría irremediablemente y la única que sufriría sería ella. Pues bien, todo había terminado como ellos lo baticinaron y estaba hecha pedazos por dentro, le dolía respirar, despertar cada día sin él y sentir una soledad que le calaba hasta los huesos y por más que ellos trataran de evitar cualquier comentario al respecto, sus gestos y actitudes lo hacían evidente para ella.
Unos golpes llamaron a su puerta, pero ella se fingió dormida con la esperanza de que el otro desistiera y se marchara. Eso no sucedió.
—Hermione sé que estás despierta, ábreme por favor —oyó la voz de Ron desde el otro lado. Ella simplemente se envolvió en las mantas como si fuera un capullo y se dispuso a ignorarlo. El insistió—. Sabes que puedo desactivar cualquier hechizo que hayas puesto, así que por favor ahorrémonos esto. —Ella simplemente torció la boca sabiendo que era verdad, podía ser una bruja extraordinaria, pero Ron era un Auror, desactivar hechizos de cierre era parte de su trabajo, aun así se obstino en ignorarlo—. ¿Vas a abrir la puerta o te juro que lanzare una bombarda y no importara que se enteren los vecinos?
Más a fuerzas que de ganas levantó el hechizo.
—Qué deseas Ron —le espetó tan pronto este entró en la habitación—. No estoy de ánimo así que por favor déjame en paz, en este momento no soy la mejor de las compañías.
—Eso es más que evidente —dijo con su voz teñida de sarcasmo, luego suspiró recurriendo a toda la paciencia de la que podía disponer, que no era mucha, pero era algo—. Prometí que te ayudaría a salir del pozo en el que estás y quieras o no lo voy a hacer. Así que por favor arréglate, vamos a salir.
—Te lo agradezco, pero de verdad no tengo ganas de ir a ningún lado, además no me siento bien.
—Y no mejorarás a menos que salgas de ese nido de cobijas tras el cual te has atrincherado.
—Ron, por favor, no me hagas usar mi varita. Mejor lo dejamos para otro día.
Con una agilidad que le sorprendió a la castaña el pelirrojo agito su varita desarmándola con suma facilidad.
—Ahora no la tienes. Nos vamos en 10 minutos estés como estés —le notificó de forma inflexible—, ya tu sabrás si quieres presumirle al mundo tus pantuflas de conejo.
De mala gana, Hermione se puso de pie cambiando su cómoda pijama por ropa deportiva y sus pantuflas por unos tenis. Se sentía furiosa de que Ron hiciera caso omiso de su petición de dejarla en paz y la arrastrara contra su voluntad fuera de la casa.
Llegaron a una oficina del ministerio que Hermione identificó como la encargada de los trasladores.
—Hola Patrick, ¿ya tienes listo mi encargo? —preguntó Ron en una de las ventanillas.
—Como usted lo solicitó jefe —respondió uno de los trabajadores, entregándole un bolígrafo viejo— solo tiene que firmar aquí —dijo pasándole una serie de papeles.
Y mientras Ron se encargaba de los trámites, Hermione se dejó llevar por una oleada de recuerdos que se agolparon en su cabeza, imágenes de ella y Draco en ese mismo lugar tiempo atrás, cuando viajaron juntos a Italia, la hermosa finca de los Carletti que fue mudo testigo de su amor y su pasión, así como del intercambio de votos dónde se juraron amor eterno, un amor que al final solamente se trató de una ilusión, un mero espejismo y que únicamente llegó a sentir su corazón.
Un torrente de lágrimas bañó sus mejillas sin que pudiera evitarlo.
Ron se percató del cambio de ánimo de la chica y tomando su mano, la apartó hacía un rincón activando una burbuja de confidencialidad sobre ellos, dándoles un poco de privacidad.
—Hey, ¿Qué pasa? —susurró el pelirrojo con tierna voz, mientras limpiaba cariñosamente sus lágrimas.
—Ron, yo...no puedo...no puedo… —respondió la castaña entre sollozos, enterrando su rostro en aquel cálido pecho, dejando que su llanto fluyera sin tratar de reprimirlo.
—Tranquila —el joven auror la abrazó de manera protectora, mientras acariciaba la sedosa cabellera tratando de calmarla.
—No importa donde esté, o lo que esté haciendo, todo me lo recuerda ¡Y duele, duele mucho! —confesó la chica con el alma desgarrada.
—Herms, debes dejarlo ir —le dijo de forma tierna—. Se que no es fácil, sé que duele y la presión que se siente en el pecho no te deja respirar, pero si sigues aferrándote a su recuerdo solo te lastimas. —Cómo toda respuesta, el llanto de Hermione se intensificó aferrándose fuertemente al cuerpo de su amigo, cómo si fuera su tabla de salvación en medio de la terrible tormenta que bullía en su interior.
—No puedo Ron, no puedo.
—Claro que puedes, eres la mujer más fuerte que conozco. Debes seguir adelante sin mirar hacia atrás. No estás sola, me tienes a mí, a Harry pero sobretodo tienes a una personita que te dará todo el amor que sientes que te falta en este momento.
—No lo entiendes... él está tan dentro de mí que me siento incompleta. Mi mente me dice que lo deje ir, pero mi corazón aún guarda la esperanza de que todo esto sea un mal entendido y que Draco aparecerá en cualquier momento diciéndome lo mucho que me ama y que todo estará bien.
Por un momento solo reino el silencio, interrumpido únicamente por la intensidad de sus sollozos, el sonido del exterior quedo aislado gracias a la burbuja conjurada por Ron. Afuera, la gente seguía sus actividades como si aquel par de magos no existiera, mientras dentro se estaba viviendo una tormenta.
Tal vez si Hermione hubiera estado menos enfocada en su dolor, hubiera sido capaz de percibir la forma como el cuerpo de Ron se tensó cuando de su boca salió el nombre de Draco. Tal vez, se hubiese percatado de cómo sus palabras afectaban al hombre que una vez había jurado amarla por sobre todas las cosas. Como verla padeciendo por otro que no era él, ansiando su retorno a pesar de la traición, le destrozaba el alma.
—Sé que crees que tal vez no te entiendo… pero lo hago —le dijo con un hilo de temblorosa voz—. Se lo que es amar a alguien con cada partícula de tu ser y que esa persona no sienta lo mismo. Entregarlo todo a cambio de nada y sentirte tan pequeño e insignificante, tan poca cosa como para merecer ser correspondido aunque sea un poco. Sé cómo duele en lugares que no sabías que estaban dentro tuyo, sentir que apenas puedes respirar y no importa cuánto esfuerzo hagas por no pensar en esa persona, o cuanto alcohol ingieras para ahogar su recuerdo, su imagen estará grabada tan a fondo en tu pecho y tú mente, que tratar de borrarla seria como arrancarte el corazón. Se lo que es pasar cada minuto devanándote los sesos y reprochándote, ¿Que hiciste mal?, o pensando cómo pudiste haber mejorado todo queriendo tener un jodido giratiempo para poder regresar y hacer las cosas bien. Extrañando cada momento que estuviste a su lado y preguntándote... ¿Cómo fuiste tan estúpido para creer que podías ser feliz? ¿Cómo llegaste a pensar que aquello duraría para siempre? Deseando que un milagro suceda y esa persona recapacite y te busque, que diga que todo fue un error, que está dispuesta a intentarlo todo por ti. Pero los días pasan sin rastro de su presencia y tienes que aceptar con dolor que solo tu estas sufriendo, que esa persona ha dado vuelta la página y tú no significas ya nada para ella. Si es que alguna vez significaste algo.
Fue hasta entonces que Hermione cayó en cuenta de la situación: Ron se estaba refiriendo a la relación que tuvieron y a todo lo que sintió cuando ella la terminó . La forma en como había seguido adelante sin detenerse a considerar lo que eso le había hecho sentir a él, estaba regresando para abofetearla. Y todavía se estaba aferrando a su pecho para desahogar su dolor, hablándole del hombre por el cual lo dejó, diciéndole lo mucho que lo amaba. En ese momento se sintió el ser más ruin del mundo, más al percibir un par de gotas golpear contra su frente… Ron estaba llorando, algo que solo lo había visto hacer en el funeral de Fred.
—Ron… —dijo apenas, se dio cuenta de que no sabía que decir. Escuchó como el pelirrojo sorbía su nariz y lo sintió limpiarse las lágrimas, no con un fino pañuelo como seguramente hubiera hecho Draco, sino con el puño de su sudadera, tan rustico como siempre había sido él.
—Lo superarás —le aseguró con una voz más ligera, recomponiéndose inmediatamente en su afán de brindarle consuelo. Hermione se separó para verlo a los ojos, aquel par de zafiros que tanto amor profesaba al mirarla, estaban cubiertos por una fina capa de humedad. Ron sonrió, como siempre hacia ante todo—. Tal vez te lleve poco tiempo o quizás mucho, no lo sé, pero te prometo que no es el final. Descubrirás que hay personas que te aman, que te brindarán su apoyo de forma incondicional, que te harán sentir que vales algo otra vez y las pequeñas piezas de tu alma volverán a unirse, y todo este dolor que ahora sientes ira menguando hasta desaparecer. Te quedarás solo con los bellos recuerdos y volverás a sonreír —concluyó con una tierna caricia en su rostro—. Confía en mí.
No se había percatado en que momento había dejado de llorar hasta que Ron arrancó los residuos de humedad de sus mejillas. Jamás imaginó que le hubiera hecho tanto daño al pelirrojo y sin embargo, la calidez de su sonrisa le hablaba de un perdón otorgado a ella incluso antes de saber que lo necesitaba. La hizo sentirse tan pequeña a su lado.
—Lo siento mucho —susurró apenas ¿Qué más podía decir? Ninguna palabra cubriría el daño hecho.
—Ya no importa. ¿Estas lista? —preguntó levantando el traslador.
—¿A dónde iremos?
—Es una sorpresa. Confía en mí.
Hermione asintió otorgándole su consentimiento, su confianza hace mucho que se la había obsequiado. No estaba de humor para viajes, pero decidió poner de su parte, se lo debía.
Ron la tomó por la cintura, activó el traslador desapareciéndolos.
0o0o0o0o0
Lo primero que notó Hermione al abrir los ojos fue el intenso sol que le cubría el rostro, estaba recostada en una tibia y fina arena por lo que creyó que estarían en alguna playa, pero la cara de un camello acercándose peligrosamente a la suya la sobresaltó poniéndose de pie de inmediato.
—¡Aaahhh! —gritó alarmada— ¡¿Se puede saber dónde estamos?!
—Es una sorpresa, Así que andando por que los beduinos no son muy pacientes que digamos.
Ron la ayudó a ponerse de pie, y a pesar de su renuencia a subirse en el lomo de un camello lo tuvo que hacer. El sol estaba casi en su cenit y sentía como su cara y brazos se iban tostando como un huevo frito, Ron hizo un florete con su varita y la vistió con un niqab y un Chilaba (prendas netamente musulmanas) para evitar que se quemara más. Ella convocó una gorra y lentes obscuros para él, para evitar que el reflejo del sol en la arena dañara su vista.
El beduino los adentraba cada vez más en el desierto mientras la castaña se hallaba totalmente desorientada. Después de lo que para Hermione le pareció una hora de camino, llegaron a lo que la castaña reconoció como la Necrópolis de Guiza, donde se erguían majestuosas la gran Pirámide de Kefrén o Jafra y la gran Esfinge de Guiza. No lo podía creer, las locuras del pelirrojo los había llevado a Egipto
-—Llegamos –dijo el chico mientras desmontaba del camello de un salto con una agilidad que sorprendió a la castaña, mientras el camello de ella se agachaba para permitir su descenso.
—¡Esto es sorprendentemente hermoso Ron!
Ante tal magnificencia, Hermione olvidó por un rato su soledad, su depresión y el dolor que le causaba el que Draco no estuviera con ella. Él le había prometido que irían al Cairo alguna vez pero nunca se lo cumplió y sin embargo Ron, de la nada, la había arrastrado de la cama sacándola de su miseria, hasta ese valle lleno de historia y de todo lo que ella más admiraba.
—Y eso que no has visto nada aún —contestó travieso y tomándola de la mano echaron a correr rumbo a la gran Esfinge llegando a un costado de la misma cerca de la pata trasera.
Sin que nadie se diera cuenta, Ron sacó su varita y le apuntó diciendo unas palabras en una lengua extraña que Hermione no identificó. De la nada, apareció una puerta flanqueada por dos enormes guardias de piel oscura ataviados con armaduras a la usanza del antiguo imperio, con los que Ron sostuvo un par de diálogos en lo que Hermione reconoció como Egipcio antiguo; al parecer, había perfeccionado el hechizo traductor con el que tanto batallara durante su formación de auror. Luego de unos minutos, les permitieron el acceso.
—¿Qué es todo esto Ron? ¿Adónde vamos? —preguntó la castaña con curiosidad, mientras sea adentraban en el interior de la gran esfinge por un largo pasadizo iluminado por antorchas.
—Ya te lo dije Herms, es una sorpresa.
Llegaron a una gran cámara que se alzaba majestuosa sobre ellos iluminado por el gran sol del desierto, como si existieran cientos de ventanales rodeándola y sin embargo la castaña no pudo ver ninguno. Al entrar, la sorpresa la dejó completamente muda, no podía creer lo que sus ojos veían.
—Señorita Hermione Granger, permítame darle la bienvenida a la gran biblioteca de Alejandría —le dijo Ron con una exagerada reverencia.
—¡Esto es imposible! Sencillamente no lo puedo creer, esta biblioteca desapareció hace cientos de años ¿Cómo puede ser...?
—Desapareció para el mundo muggle, pero mucho de su conocimiento era mágico, así que la protegieron trayéndola aquí escondiéndola de todo peligro. Son muy pocos los que tienen acceso a este lugar, a pesar de ser parte del mundo mágico, lo que aquí se alberga puede ser letal en manos equivocadas, por eso mismo solo un puñado de personas en el mundo saben de su existencia. Son muy cuidadosos y quisquillosos para permitir el acceso
—¿Y cómo hiciste para que nos permitieran pasar?
—Bueeeeno… —sus mejillas se colorearon un poco, mientras su sonrisa traviesa iluminaba su rostro—. Ser un héroe de guerra y ser considerado uno de los mejores cazadores de magos tenebrosos del mundo tiene sus beneficios —afirmó con fingida modestia—. Conozco a alguien que conoce a alguien, que está directamente relacionado con el director de la biblioteca y pues… pidiendo un favor aquí y allá henos aquí. Ya no quiero verte triste Herms, —dijo el pelirrojo tomando sus manos y clavando sus azules ojos en los de la castaña—. No te hace bien ni a ti ni al bebé, pero mientras sigas guardando su recuerdo en tu almohada, no podrás dar vuelta a la página y conociéndote como te conozco, sabía que solo un lugar como este podría sacarte de tu caparazón.
Tenía razón, su corazón de pronto había empezado a latir acelerado, un calor agradable calentó su helado cuerpo, uno que no tenía nada que ver con el clima de la región. Había olvidado lo mucho que le gustaban estos gestos por parte de Ron: espontáneos, extraordinarios, completamente inesperados. Una de las cosas que lo habían hecho amarlo en el pasado.
—Ven vamos —la instó su antiguo amor—. Hay mucho que ver y muy poco tiempo antes de que se nos termine el permiso.
Hermione parecía como niño en dulcería, había tantos ejemplares que le gustaría leer que no se decidía por ninguno. Corría de aquí para allá entre las estanterías, maravillándose del arcaico conocimiento que ahí se albergaba. Fueron las dos semanas más emocionantes de su vida.
Ron le explicó que el tiempo transcurría de manera diferente en aquel lugar y que se podía jugar con él a conveniencia. Mientras adentro avanzaba con lentitud, afuera habían transcurrido apenas un par de horas.
Los guardianes les facilitaron un lugar en donde descansar cuando el cuerpo lo requería, ya que dentro parecía nunca hacerse de noche y los alimentaron con pociones especiales que debían beber cada dos horas aproximadamente para contrarrestar los efectos de la distorsión de tiempo.
Hermione no sabía por dónde empezar, había tantas cosas que ansiaba leer que el tiempo se le hacía corto. Uno de los guardianes, a quien recurría con frecuencia en busca de aclarar sus dudas, le ofreció recomendarla para tomar un lugar como miembro de la cofradía al ver el reverencial respeto con el que se dirigía a cada libro, a cada rollo de pergamino o a cada tallado que ahí se encontraba.
Debía admitir que la oferta era tentadora, sin embargo, uno de los requisitos era renunciar a todo lazo que tuviera fuera de ahí, y eso incluía a su futuro bebé. Luego de manifestar lo honrada que se encontraba, tuvo que declinar la oferta, a cambio, y tal vez como un regalo de consolación, le permitieron hacer copias de algunos escritos que llamaron su atención para que pudiera llevar el conocimiento siempre con ella.
Para sorpresa de Hermione, Ron se había zambullido como nunca entre una montaña de libros y rollos en busca de algo que la castaña ignoraba. Hacia diversas anotaciones en un pequeño block, el cual repasaba constantemente, como intentando dar con la respuesta a un acertijo. Supo que lo había conseguido el último día, cuando se puso de pie en un enorme brinco, derribando la silla en el proceso para molestia de los habitantes de la biblioteca, corriendo para dirigirse a uno de los guardianes de más alto rango. Este, tras escucharlo atentamente, lo miró de arriba abajo analizándolo y luego de rascar unos minutos su barbilla se alejó de ahí, llamando la atención de la castaña que decidió acercarse a su amigo.
—¿Sucede algo Ron?
—¿Eh? No nada, descuida. Solo le pregunté sobre una información específica y donde poder encontrarla —le contestó ansioso, Hermione solo recordaba haberlo visto así cuando esperaba el resultado de alguna calificación durante su instrucción como Auror.
—¿Y qué te dijo? —quiso saber, aquello parecía ser importante.
—Solo que esperara.
—¿Es algo referente al trabajo?
—No, es algo personal.
Estaba debatiéndose entre si debía preguntar o simplemente seguir con lo suyo cuando el bibliotecario volvió acompañado de un anciano maestro, que caminaba trabajosamente sostenido de un báculo.
—Maestro, él es el joven que solicita el acceso a la sección de magia ancestral, —Hermione se volvió a verlo intuyendo de pronto qué era aquello que tan afanosamente buscaba el pelirrojo—. Ronald Bilius Weasley, ayudó al joven Potter a derrotar al innombrable, además de ser el causante directo de la caída de Hereward descendiente de Godelot.
—Ya veo, ya veo –dijo el anciano—. Y dígame joven ¿Qué le hace pensar que le daremos acceso a ese conocimiento? Todo lo ahí escrito es muy peligroso si cae en manos equivocadas, estamos hablando de una magia ancestral que no tiene comparación.
—No deseo hacer mal uso de esa magia maestro —respondió Ron con firmeza—. Lo único que quiero es encontrar la forma de cortar un lazo mágico para que un inocente no sea sacrificado.
Si la sola referencia a la magia ancestral había alertado a la castaña de qué iba todo aquello, lo dicho por el pelirrojo le había borrado toda duda dejándola muda. La verdadera razón de su visita era el encontrar la forma de proteger a su hijo y no pudo evitar darse un golpe mental por no habérsele ocurrido a ella antes, es decir, estaban en la biblioteca mágica más grande y antigua del mundo y ella había desperdiciado su tiempo divagando en otros asuntos, fascinantes por supuesto, pero irrelevantes en comparación a su situación. Afortunadamente Ron no lo hizo y por lo que ella pudo ver a lo largo de aquella semana, realmente se esforzó en aprovechar el corto tiempo que les obsequiaron para hallar una respuesta, esto la conmovió tanto que no pudo contener una rebelde lágrima que resbaló por su mejilla.
—La magia que buscas es muy poderosa y solo se conoce de un caso en el que se haya aplicado exitosamente en toda la historia.
—Lo sé, la hechicera que lo hizo es Lady Morgana le Fey –dijo completamente seguro el pelirrojo. El anciano mago asintió como un maestro complacido con un alumno que daba con la respuesta correcta.
Hermione estrujo nerviosamente sus manos, si era lo que ella imaginaba, se estaban refiriendo al heredero del rey Arturo.
—Desafortunadamente no te podemos ayudar. –El cuerpo de Ron se tensó ante aquellas palabras y antes de que replicara, el mago lo frenó con un gesto de su mano y continúo—. No podemos, no porque no lo queramos, sino porque no contamos con dicho conocimiento, nadie, de hecho, cuenta con él. –Ron resopló desilusionado–. Sin embargo, existe alguien que puede ayudarte.
—¿Quién? –se apresuró a preguntar esperanzado.
—La misma persona quien llevó a cabo aquella magia en primer lugar… la misma Lady Morgana.
Hermione sintió que las rodillas le temblaban, y por lo que pudo apreciar, Ron parecía tener la misma reacción. Sus ojos se abrieron como platos y su voz comenzó a flaquear mientras repetía.
-¿M...Mor...Morgana? –Se aclaró la garganta para ganar más seguridad y siguió – Pero ella hace siglos que…
—¿Murió? –Pregunto divertido el anciano mientras negaba con la cabeza–. Simplemente regresó a su hogar: Ávalon, la isla imperecedera. Desafortunadamente nadie puede acceder a ella a menos que Lady Morgana lo autorice y definitivamente no se le puede pedir permiso enviándole una lechuza.
—Pero debe existir alguna forma –se atrevió a decir por fin la castaña.
—La hay, de hecho. Pero requiere de un sacrificio que muy pocos están dispuestos a ofrendar.
—Estoy dispuesto a lo que sea –dijo Ron y esta vez su voz salió más segura de lo que Hermione le había escuchado en su vida.
—Bien –consintió el anciano–. Entonces sígueme, te daré las coordenadas en donde debes iniciar tu viaje.
0o0o0o0o0o
Hermione estaba realmente impresionada por toda la información que recopiló Ron en aquel par de semanas. Repasaba afanosamente cada anotación, cada referencia y no dejaba de maravillarse.
—¿Sabes que tu reacción realmente me ofende? –le dijo divertido el pelirrojo mientras alistaba una pequeña maleta con algunos enseres para el siguiente viaje y Hermione daba una última repasada al block.
—Es que me parece imposible que hayas echo una investigación tan minuciosa, tomando en cuenta que casi te tenía que obligar a hacer los deberes cuando estábamos en el colegio.
—Bueno, tu lo has dicho, eso fue cuando estaba en el colegio, la gente cambia.
—Eso veo —murmuró Hermione mientras seguía leyendo afanosamente todo la información recopilada por su querido amigo.
Luego de dejar Gizza, la castaña no había parado de reprenderlo por no decirle cual había sido la finalidad de aquel viaje. En su opinión, ella era la más interesada en encontrar una respuesta a su situación y hubieran avanzado con mayor rapidez si buscaban entre los dos. Ron le dijo, no sin pena, que el viaje estaba programado solamente para él, ya que los permisos eran demasiado restrictivos, sin embargo, al verla en aquel estado en el que la encontró, se le ocurrió que le vendría de maravilla y no se equivocó.
Había tenido que hacer uso de todas sus influencias y de las de Harry para que le permitieran ingresar a un acompañante. La finalidad era que ella disfrutara el viaje y se distrajera en algo que le encantaba, después de todo no estaba seguro si encontraría la respuesta que buscaba, solo era una pequeña corazonada; no quería verla toda obsesionada y estresada tratando de abarcar cada libro de aquella infinita biblioteca en tan corto tiempo, porque dicho estrés podría hacerle daño al bebé, ya que su salud estaba muy desmejorada.
—Además di con una posible respuesta ¿No? –le había dicho con el pecho lleno de orgullo. Ron había hecho toda una investigación relacionada con el Awen.
Según lo que le fue relatando, él y Harry habían consultado a las más grandes eminencias en lo que a árboles genealógicos respecta, pero lo único que habían conseguido era saber el funcionamiento de estos, como crearlos y hasta cómo destruirlos; pero a menos que pudieran tener acceso a la mansión Malfoy, eso no les servía de mucho, sin embargo, ya estaban desglosando un plan B por si acaso.
Irónicamente fue Voldemort quien a más de una década de su muerte les dio la solución. Durante el aniversario de la toma del ministerio, le preguntaron a Harry como había sido su último enfrentamiento, el que había causado la caída del mago. Harry había bromeado con sus compañeros aurores, lo que era en verdad refrescante, ya que después de no poder pronunciar ni su nombre, ahora podían reír abiertamente. Ron le había preguntado cómo era posible que hubiera podido vencer al hechicero más poderoso de los últimos tiempos con un estúpido expelliarmus. Harry le había explicado ya en privado, que el destruir los horrocruxes había debilitado tanto la magia de su enemigo, que el Avada no había contado con la suficiente fuerza para matarlo, a tal grado que un "estúpido expelliarmus", como lo había llamado Ron, la hizo rebotar y asesinarse a él mismo. Jamás, hasta ese día, se habían preguntado cómo es que la disminución del alma debilitaba la potencia de la magia e incluso hasta la fuerza física; ya que luego de la muerte de Nagini, Voldemort apenas y podía respirar. La respuesta fue: Lignum vitae.
Como descubrieron después de leerse cuanto libro encontraron sobre la materia, aprendieron que toda persona estaba compuesta de tres partes: Corpus, Anima y Awen; es decir, cuerpo, alma y esencia mágica que era conocido como Lignum vitae, y que estos componentes estaban tan entretejidos que era imposible separar el uno del otro. Sin embargo, Voldemort lo había conseguido al seccionar pedazos de su alma y colocarla en los Horrocuxes. Tal vez ellos podrían encontrar una forma de alterar la esencia mágica, que era la base fundamental de los árboles genealógicos, y de este modo evitar que el hijo de Hermione fuera registrado como un bastardo.
Como habían aprendido luego de semejante investigación, al igual que los rasgos físicos heredados por nuestros padres, la esencia mágica poseía rasgos familiares que era precisamente lo que rastreaban los árboles genealógicos. Estos rasgos se iban puliendo y fortaleciendo de una generación a otra, lo que hacía que la esencia familiar fuera protegiendo a los descendientes. El awen de "los sangre pura", quienes tenían a veces por costumbre casarse entre familiares y quienes cuidaban su linaje hasta lo enfermizo, era tan poderoso y marcado que hacía imposible confundirlo, era casi como los rasgos físicos del cabello rojo de los Weasley, el azabache de los Potter o el platinado de los Malfoy.
—¿Y cómo pretenden hacerlo sin recurrir a la magia oscura? –pregunto Hermione. Después de todo, la disección del alma de Voldemort había requerido de eso.
—Ese, precisamente, fue la razón de que tuviéramos que visitar Alejandría –respondió Ron con una sonrisa.
—¿Y encontraste la solución? –si la respuesta era acertada, realmente estaría muy impresionada.
—Más o menos –contestó el pelirrojo chasqueando la lengua, tomando el block de entre sus manos para mostrarle—. Después de consultar muchos pergaminos, descubrí que varias personas anteriormente lo habían intentado con resultados desastrosos y aterradores en algunos casos; sin embargo, existe el registro de alguien que lo consiguió exitosamente.
—¿Morgana?
—Exacto.
—¿Por qué Morgana necesitaría esconder la esencia mágica de su hijo? –inquirió la castaña tratando de entender.
—¿Exactamente qué sabes respecto a ella?
—Para serte honesta, solo lo que he leído en la literatura muggle, que más que todo es considerada cómo parte de la Leyenda del Rey Arturo. Las crónicas dicen que era una de las hechiceras más poderosas que existieron, que era media hermana del rey Arturo por parte de madre y con el cual engendró a Mordred, quien fuera el asesino de su propio padre. –Ron asintió.
—Mordred era el primogénito del rey, y aunque era un hijo bastardo, al no haber un heredero legítimo, Merlín lo hubiera identificado y por ende Arturo —resumió Ron mientras iba preparando la cama para la castaña—. Por mucho tiempo fue el secreto mejor guardado de Morgana y para conseguirlo, tuvo que desvincularse de su hijo quien fue educado por su tía a ojos de la corte sin levantar sospecha alguna. Sin embargo, como escuchaste, la única que sabe cómo hacerlo, es ella y por eso es que mañana partimos a Somerset. Así que será mejor que descanses, aún nos espera un largo recorrido.
—Tenía entendido que Morgana estaba en Ávalon, no en Somerset –debatió la chica mientras se metía en la cama y se dejaba arropar por Ron.
—Así es, y para acceder a Ávalon, tienes que entrar por Glastombury, eso sí se nos permite el paso.
—¿Vamos a ir a tocar su puerta? –no pudo evitar bromear.
—Creo que es más complicado que eso, pero ya lo veremos mañana, ahora duerme.- Ron le dió un tierno beso en la frente y apagando la luz, salió de la habitación.
0o0o0o0o0o0o0o
Ron le sugirió a Hermione viajar a la usanza muggle para evitar levantar sospechas o suspicacias respecto a lo que buscaban, eso sin contar que dos viajes seguidos por traslador podría ser perjudicial para el bebé. El viaje en tren le trajo a ambos viejos y bonitos recuerdos de sus tiempos en Hogwarts, aunque aquel moderno tren distara mucho de la roja locomotora que los llevaba a lo que ellos consideraban un segundo hogar.
La castaña estaba tan ansiosa por llegar que le costaba permanecer quieta, tanto que Ron tuvo que obligarla tranquilizarse y a comer porque a penas y podía pasar bocado.
Arribaron a Somerset demasiado temprano para la hora en que debían presentarse, así que aprovecharon el tiempo para unirse a un grupo de turistas y disfrutar el recorrido.
—¿Sabías que Glastombury se encuentra enclavada en una de las líneas telúricas más importantes del planeta? — le iba diciendo Hermione haciendo alarde como siempre, de sus conocimientos. — Se llama la línea del dragón, empieza en la india y termina en el monte San Miguel Arcángel. — Ron se sonrió con cariño, era algo que jamás podría evitar. y aunque cuando eran niños aquello fue bastante irritante, con el paso del tiempo el que ella fuera de aquella forma le parecía adorable. — ¿Qué?
—Nada — dijo meneando la cabeza — ¿Sabías tú que se trata de dragones de verdad?
—¿Enserio?
—Charly me dijo que esta era una de las reservas de criaturas mágicas más importantes de Bretaña.
—Pues si aquí se encuentra la entrada a Ávalon tiene mucha lógica, — acotó la castaña, Ron concordó con ella.
Las ruinas de la abadía de Glastonbury se erigían altivas entre majestuosos árboles. La capilla de piedra poseía una torreta de ángulo, paredes muy adornadas y admirables puertas. En el este de las columnas góticas del crucero, todavía permanecian de pie las paredes del presbiterio y detrás la antigua capilla de Edgardo, el mausoleo de los reyes sajones. El único edificio que aún se conservaba intacto era la cocina, una edificación cuadrada cubierta por un tejado de ocho aguas coronada por dos torres octogonales superpuestas que permitían la evacuación del humo.
Se dice que fue fundada por una comunidad de frailes en el año 63, —dijo Hermione— con la visita legendaria de José de Arimatea, quien portaba el santo grial. Las leyendas dicen que el rey Arturo y la reina Ginebra están enterrados aquí.
—Tal vez la reina Ginebra –señaló Ron – Porque los restos del rey Arturo descansan en Ávalon.
—¿Cómo estás tan seguro?
—Todo el mundo lo sabe, me extraña que tu no.— respondio el pelirrojo sonriendo incrédulo de que ella desconociera algo que era de conocimiento popular
Ya para el atardecer se dirigieron hacia una peculiar colina cónica formada por siete terrazas simétricas superpuestas en cuya sima se encontraba una única y solitaria torre de forma cuadrangular. Según la leyenda, el Tor, como era conocida, era lo único que quedaba del antiguo Camelot. En la base, había un alto arco que podría traducirse como una entrada, Ron sacó su varita y golpeó en tres diferentes puntos mientras repetía las palabras adecuadas que el anciano maestro le proporcionó, sin embargo, para su sorpresa nada aconteció.
—¿Estás seguro que lo hiciste de la manera correcta? –le cuestionó Hermione y Ron no pudo evitar una mueca de disgusto.
—¿Quieres intentarlo tú? –le sugirió pasándole el pergamino con las instrucciones específicas otorgadas por el maestro.
—Ynys wydryn –dijo la castaña mientras tocaba exactamente los mismos tres puntos que anteriormente había golpeado Ron, pero al igual que con él, no sucedió absolutamente nada. –Tal vez estamos pasando por alto algo, tal vez…
—…Nos vio la cara y no quería que diéramos con el jodido lugar –dijo irritado el pelirrojo— ¡Maldición! —la frustración estaba haciendo presa de él—. ¡Voy a estrangular a ese anciano!
—¡Ron! –lo reprendió su amiga, mientras repasaba cuidadosamente una vez más lo escrito en el pergamino.
—Eso no es muy gentil de vuestra parte mi Lord —se escuchó una voz detrás de ellos que los hizo pegar un pequeño brinco, ni siquiera lo habían sentido aproximarse–. La sabiduría yace resguardada por nuestros venerables ancianos, y solo por eso merecen todo nuestro respeto.
Se trataba de un hombre de edad media ataviado humildemente con una deshilachada túnica gris.
—¿T…tú…de dónde…?
—¡Shhhh! —silenció el tartamudeo del pelirrojo– Observad, ya es hora.
Ron y Hermione siguieron la dirección que aquel extraño hombre señalaba, que era casualmente el arco frente al cual ellos estaban de pie. En ese preciso momento y ante sus ojos maravillados, la luz del ocaso atravesó el arco deslumbrándolos.
—Vamos –los instó el hombre–, no estará abierta por siempre —y sin agregar más cruzó el arco y desapareció en la luz.
Asombrados por lo que acababan de ver, Ron estrechó fuertemente la mano de Hermione y se adentraron tras él. Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz pudieron apreciar por fin donde se encontraban.
—¿Dónde estamos? –preguntó la castaña.
Al parecer se hallaban en lo que lucía como una pequeña ciudad congelada por el tiempo. Las construcciones de las casas parecían mucho más antiguas que las de Hogsmeade. Todo estaba construido con ladrillos blancos, y resguardado tras una altísima muralla con diversas torres.
—¿Acaso no lo notáis mi lady? Os encontráis en Camelot, la cuna de los caballeros.
