Día 63
Milady,
Aún no sé qué voy a hacer con la última página que escribí, y con las que voy a escribir a continuación. Cuando empecé este cuaderno mi intención era contarte todo lo que habías vivido como Ladybug y todo lo que había pasado entre nosotros, pero al final se ha convertido en un diario mucho más personal de lo que imaginaba que sería. Entiendo que probablemente no te interesen los detalles de lo que está pasando entre Marinette y yo, y de hecho ni siquiera debería ponerlos por escrito, porque le prometí que no saldría de su burbuja. Y supongo que ahora mismo estoy rompiendo esa promesa.
Por eso he llegado a un pacto conmigo mismo. Escribiré lo que necesito expresar, y cuando llegue el momento arrancaré las páginas referentes a Marinette y las destruiré con un Cataclysm o algo parecido, para que nadie pueda leerlas.
Así que no sé si tiene sentido seguir dirigiéndome a ti en esta carta en concreto porque sé seguro que nunca la leerás. Pero supongo que es la fuerza de la costumbre. Al fin y al cabo, sigues siendo mi mejor amiga, y me gusta imaginar que puedo compartir contigo todo lo que se me pasa por la cabeza. Ya ves, también yo sigo creando pequeñas burbujas después de todo.
En fin, ¿cómo empezar a contar todo lo que ha pasado estos días? Creo que lo último que conté fue que estuvimos hablando de nuestros sueños de futuro, y confirmé que Marinette todavía quiere ser diseñadora, pero al parecer ha decidido rendirse, por alguna razón que aún no me ha contado. Luego reaccionó de forma extraña cuando mencioné a los hamsters, pero después volvió a calmarse.
Y de hecho parecía mucho más tranquila al día siguiente en clase. La vi sonreír un poco, con sonrisas de verdad, quiero decir, e incluso la sorprendí garabateando dibujos en el margen de su libreta de matemáticas, y tarareando mientras tanto. Hacía tiempo que había dejado de hacerlo. Las dos cosas, quiero decir: cantar y dibujar.
Así que parecía que la burbuja realmente la estaba ayudando a enfrentarse a su día a día, aunque aún no he conseguido que me cuente qué es lo que la preocupa tanto.
La noche siguiente a la charla sobre nuestros sueños de futuro fui a verla otra vez. Llegué un poco antes de lo normal, pero ella ya estaba con el pijama puesto y una sudadera encima para no pasar frío. Al parecer acababa de ducharse, porque llevaba el pelo suelto sobre los hombros y aún ligeramente húmedo. Cuando se volvió hacia mí y me sonrió, me quedé sin aliento.
–Buenas noches, Cat Noir –saludó.
Tragué saliva.
–Buenas noches. Estás...
Iba a decirle que estaba muy guapa porque el pelo suelto le queda muy bien, porque tenía las mejillas sonrosadas y estaba sonriendo, y le brillaban los ojos. Pero no me atreví.
–Parece que hoy estás de buen humor –dije sin embargo.
–Puede ser –respondió ella–. Estoy intentando tomarme las cosas con más calma.
–¿Te apetece hablar? –le pregunté.
Dijo que sí, y volvimos a la burbuja. Se acomodó entre mis brazos, y cuando apoyó la cabeza sobre mi pecho, cerré los ojos e inspiré profundamente.
–¿Qué estás haciendo? –me preguntó ella, desconcertada.
–Tu pelo huele a frutas –comenté.
Sonrió.
–Ah, es por el champú que uso para lavarlo.
–Mmm-hum –murmuré, y bajé la cabeza, aún con los ojos cerrados, para percibirlo mejor–. ¿Es limón? No, espera, no me lo digas... ¿manzana? ¿Fresa?
Hundí la cara en su pelo para olisquearlo otra vez, y ella se echó a reír, con una carcajada pura y cristalina como un arroyo de alta montaña.
–¡Para, me haces cosquillas!
Me detuve de pronto, maravillado. Marinette se apartó de mí para mirarme a la cara.
–¿Pasa... pasa algo? –me preguntó.
Tragué saliva.
–Es tu risa –le dije por fin–. Es el sonido más bonito que he oído nunca.
Se quedó muy quieta, sin saber qué decir. Me miró, supongo que pensando que estaba de broma. Pero lo decía en serio, y todavía lo pienso.
Tragó saliva y vi que se sonrojaba un poco. Entonces volvió a apoyar la cabeza sobre mi hombro, y la abracé con mucho cuidado.
Nos quedamos en silencio durante unos instantes, aunque yo notaba que había algo especial entre los dos. Pero no me atrevía a decir nada, porque no sabía ni cómo empezar a expresarlo, y porque temía estropear el momento.
Entonces Marinette suspiró y levantó un poco la cabeza, y cuando me quise dar cuenta estábamos tan cerca que podía sentir su aliento sobre mis labios.
Creo que fue ella quien me besó primero, pero ahora mismo no estoy seguro. Sé que hubo un momento en que nuestros labios se rozaron, casi como por casualidad, con timidez, como si ninguno de los dos estuviese muy seguro de lo que estaba haciendo.
No era la primera vez que besaba a una chica, claro. Al parecer tú y yo nos hemos besado ya un par de veces, milady, aunque yo estaba bajo los efectos de un akuma en ambos casos y no recuerdo absolutamente nada. Así que, para hacer honor a la verdad, mi única referencia en este aspecto son los besos que he compartido con K. Que estaban muy bien y me producían un cosquilleo agradable en el estómago, pero... uf. Lo que sentí al besar a Marinette fue... en fin, me cuesta expresarlo con palabras. Fue como si algo me estallara en el pecho, una emoción tan intensa que tuve ganas de llorar, de reír, de volver a besarla una y mil veces, de quedarme abrazado a ella por siempre jamás. Y eso que aquel primer beso fue apenas una breve caricia porque ninguno de los dos nos atrevimos a más.
Así que lo repetimos un par de veces más. De nuevo, besos suaves y ligeros, en los que nuestros labios apenas se rozaban. Pero los sentimientos que despertaban en mi interior eran tan intensos que tuve que detenerme a recuperar el aliento. Marinette suspiró otra vez y volvió a apoyar la cabeza en mi hombro.
Y yo... en fin, no sabía qué decir, y ni siquiera sabía qué pensar. Sabía que Marinette era especial para mí, pero en ningún momento había imaginado que lo fuera hasta ese punto. Y tampoco tenía muy claro lo que sentía ella por mí. Después de todo, hacía relativamente poco que había roto con su novio, y para qué nos vamos a engañar, también yo había estado saliendo con otra persona y la cosa no había acabado bien porque era incapaz de superar un amor anterior. Así que no tenía ni idea de cómo asimilar lo que acababa de pasar entre nosotros. Ni siquiera sabía si significaba algo para Marinette. A mí, desde luego, me había golpeado con la fuerza de un tsunami, pero quizá ella no lo sintiera de la misma forma.
Sin embargo, no sabía cómo expresarlo. Tenía miedo de preguntar. Tenía miedo de que ella dijera que no había sido nada importante, pero también temía que fuese ella quien me preguntara qué había significado para mí, porque aún no sabía qué debía responder.
Entonces Marinette dijo:
–Melocotón.
Me aclaré la garganta.
–¿Cómo dices?
–Melocotón. A eso huele mi pelo.
–Oh –murmuré–. Es... muy agradable.
Le acaricié la cabeza, deseando poder sentir la suavidad de su pelo en la piel de mis dedos. Pero, como ya sabes, mi traje lleva guantes. A ella, sin embargo, pareció gustarle, porque sonrió, cerró los ojos y frotó la mejilla contra la palma de mi mano como si fuese un gatito buscando mimos.
Y yo no podía dejar de mirarla. No podía dejar de abrazarla. Pero no me atrevía a decírselo porque ni siquiera sabía cómo empezar a explicárselo. Acababa de descubrirlo de golpe y aún me parecía demasiado inmenso como para poder describirlo con palabras.
Se volvió hacia mí y alzó la mano para acariciarme la cara. Cerré los ojos, disfrutando del contacto.
–Cat Noir –susurró.
Volví a la realidad.
–¿Sí?
–Prométeme una cosa.
–Dime.
–Por favor, prométeme que esto... que esto no saldrá de la burbuja.
–¿Esto...?
Me besó otra vez, y de nuevo fue un beso suave y tímido. Pero me puso el corazón a mil. Respiré hondo e incliné la cabeza para apoyar mi frente contra la suya. Ella me acariciaba el pelo y la cara con tanta ternura que me habría derretido entre sus brazos.
–No debe saberlo nadie –susurró en voz muy baja–. Es peligroso.
–Nadie lo sabrá –le prometí, aunque no sabía exactamente qué era lo que no podía contar. ¿Que iba a visitarla por las noches? ¿Que nos habíamos besado? ¿Que al parecer nos gustábamos? ¿Que me estaba enamorando de ella?
Da igual porque, de todos modos, no era algo que pudiese ir contando por ahí.
– ¿Pero puedo venir a verte mañana otra vez? –le pregunté esperanzado.
Ella suspiró y se apartó un poco de mí.
–Debería decirte que no –respondió–. Porque es una muy mala idea, pero...
–Pero tú sí quieres que venga, ¿verdad?
Tardó un poco en contestar, como si tuviese un debate interno consigo misma.
–Sí –susurró por fin.
–¿Y aún quieres... aún quieres que esté contigo en tu burbuja? –me atreví a preguntar.
Tragó saliva antes de confesar, en voz muy baja:
–Sí.
Volví a rodearla con los brazos, y ella suspiró y me abrazó con fuerza también.
–No quiero que te vayas –dijo–. Te necesito a mi lado.
–Entonces aquí estaré, Marinette –le prometí.
Me costó separarme de ella aquella noche, pero de todos modos ninguno de los dos estaba preparado aún para hablar de lo que quiera que estuviese pasando entre nosotros, con burbuja o sin ella.
Más tarde, una vez a solas en mi habitación, me dejé caer sobre la cama y suspiré como si acabara de despertar de un maravilloso sueño.
–Plagg, creo que estoy enamorado –murmuré–. Otra vez.
–No me digas –respondió él con sarcasmo.
Me incorporé para lanzarle una mirada de reproche.
–¿Te estás burlando de mí?
–¿Quién, yo? En absoluto. Pero permíteme disfrutar de mi momento de gloria, porque no es algo que pueda hacer todos los días. –Inspiró hondo y soltó–: ¡Teee... looo... diiii... jeee!
–¿Qué es lo que me dijiste? ¿Que acabaría olvidando a Ladybug? Porque...
Me detuve, no muy seguro de cómo terminar la frase. Lo cierto es que tampoco tengo muy claro qué es lo que siento por ti ahora mismo. Quiero decir que sigues siendo muy importante para mí, pero no se puede estar enamorado de dos personas a la vez, ¿verdad?
–Llevas un montón de tiempo poniéndole ojitos a Marinette –prosiguió Plagg–. Y cuando yo intentaba señalar lo obvio te limitabas a responder: "¡No, Plagg, es solo una amiga!".
–Es lo que pensaba –me defendí.
–Pero no es lo que sentías.
–¿Cómo que no? Si no hubiese sido así, le habría pedido salir a ella en lugar de a K., ¿no te parece?
–Deberías haberlo hecho hace un montón de tiempo –siguió regañándome Plagg–. Nos habríamos ahorrado un montón de problemas.
–Tampoco es que ella haya sido muy clara con respecto a sus sentimientos –señalé.
–Bueno, a ver, que yo recuerde se te echó al cuello en su balcón y te confesó que estaba enamorada de ti, y su padre estaba tan encantado con la idea de tenerte como yerno que te invitó a almorzar, y tú fuiste solo para poder darle calabazas a Marinette delante de toda su familia. –Resopló–. Tendrás suerte si no es ella quien vuelve a darte calabazas a ti.
No quise discutir con él, pero lo cierto es que el tema de la doble identidad me plantea muchas dudas. Porque sé que a Marinette le gusto como Cat Noir, o al menos hubo una época en que le gustaba, precisamente por lo que dice Plagg. Sin embargo, ella ha dejado claro varias veces que no siente lo mismo por mi alter ego, así que... ¿cómo reaccionaría si descubriese mi identidad?
No es algo que vaya a pasar próximamente, claro. Pero me hace sentir inseguro con respecto a ella. Porque no sé hasta qué punto le gusto de verdad. Me refiero a que no solo no tengo claro lo que siente por mi identidad superheroica, sino que además estoy bastante seguro de que mi identidad civil no le gusta de esa manera.
Por otro lado, nunca imaginé que Cat Noir pudiese salir con otra persona que no fueses tú, milady. Tenía sentido porque ninguno de los dos conoce la identidad del otro, así que, si me hubieses correspondido, lo nuestro habría estado más o menos compensado. Por eso cuando me abrí a la posibilidad de salir con otra chica, no pensé en hacerlo como Cat Noir, sino bajo mi verdadera identidad, por muchísimas razones: para mantener el secreto, para protegerla de Lepidóptero, porque paso más tiempo sin la máscara que con ella, porque me relaciono con más gente en mi vida civil, porque sería muchísimo más práctico...
Pero ahora sé que mi padre no me permite tener novia, así que de todas formas no podría salir con Marinette aunque quisiera.
Sin embargo, Cat Noir sí podría. Porque Cat Noir puede hacer cosas que a mi alter ego le están prohibidas o restringidas.
Pero estoy divagando. Lo cierto es que, por mucho que Plagg me tome el pelo al respecto, aún no sé qué va a pasar entre Marinette y yo. En primer lugar, porque no tengo claro lo que siente ella, y en segundo lugar porque ni siquiera estoy seguro de que Cat Noir pueda iniciar cualquier tipo de relación con alguien, porque sería ponerla en el punto de mira de Lepidóptero.
En fin, estoy hecho un lío. Acabo de descubrir que tengo sentimientos por Marinette justo cuando había decidido que iba a renunciar a cualquier tipo de relación por el momento, porque mi vida es demasiado complicada ahora mismo como para tener novia.
No sé qué pensarás tú. Sé que me animaste a salir con K., pero lo de Marinette es diferente porque ella se ha enamorado de Cat Noir, no del chico tras la máscara. Y sé que probablemente lo mejor para ella, y para mí, sería que no siguiésemos por ese camino, porque nos pondrá en peligro a los dos.
Pero la echo de menos. Hoy la he visto en clase y no he podido abrazarla como hago cuando soy Cat Noir, y no veo la hora de volver a verla esta noche. No sé si hablaremos de lo que está sucediendo entre nosotros o nos limitaremos a estar en silencio en su burbuja, abrazados, pero me da igual. Solo sé que quiero estar con ella.
Soy consciente de que, como dice Plagg, es muy probable que me dé calabazas, pero no me importa. Quiero decir que sé que está pasando por un mal momento, y además hace poco que cortó con Lk., que es un chico estupendo, así que no veo por qué razón querría complicarse la vida empezando una relación con un superhéroe al que apenas conoce. De todas formas a mí también me ha pillado por sorpresa todo esto, así que no tengo expectativas. Si ella quiere mantenerme a su lado como amigo... que así sea. Solo sé que la quiero, y que quiero que sea feliz.
Siempre tuyo, y ahora también de Marinette,
Cat Noir
NOTA: ¿Alguien se ha fijado en el patinazo de Plagg que Adrien ha pasado por alto? Sigue un poco despistado el pobre chaval.
NOTA 2: La versión de Marinette llegará cuando Adrien deje de escribir en su diario. Y hasta aquí puedo leer :D.
NOTA 3: Seguimos combatiendo a los virus invasores. La victoria será nuestra.
