Hermione estaba preparada para aparecerse en el primer piso que habían visto abarrotado de gente y estaba sorprendida de estar en un amplio lugar en el que solo estaban ellos cuatro.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por un rayo de luz que alcanzó a esquivar en el último segundo.
Al mirar hacia donde había venido pudo ver a Ron, que había recuperado su varita y estaba ahora persiguiendo con su mirada a Fleur.
Hermione solo logró distraerlo pero no desarmarlo. La mujer con la que se habían aparecido había empezado a correr lejos desde el momento en que llegaron a lo que parecía una colina cercana a la casa en la que habían estado. Lo más probable era que el hechizo que Harry le había lanzado a esta hubiera alcanzado a confundirla, haciendo que se aparecieron al lugar equivocado.
Fleur ya había podido incorporarse pero no tenía ninguna varita para defenderse y aunque solo tenían que enfrentar a Ron parecía que él no estaba en sus cabales por lo que no paraba ni un segundo sin lanzar hechizos.
Sus actos habían sido tan despreciables últimamente que a Hermione se le hacia muy difícil creer que ese hombre pelirrojo lleno de ira que tenía al frente era el mismo con el que había convivido tantos años en el colegio y luego como esposo.
Le dolía mucho ver confirmado lo que en parte siempre había creído, que en realidad Ron era un hombre inseguro, resentido y con malos deseos hacia cualquiera que pusiera en duda su fama, su valía o cualquier cosa proveniente de sus aires de superioridad que habían crecido con los años.
Y ahora, además de todo lo que había pasado, no le importaba ser desleal a su trabajo, a su mejor amigo, a quien alguna vez fue su mejor amiga; y no le importaba herir a una persona tan importante para ella como Fleur, sus actos, su mirada y su postura demostraban que no le importaba nada más que el mismo.
Y ya con esto claro, Hermione pudo dejar salir sus propias emociones, y con esta mezcla de rabia, decepción y ganas de proteger a la mujer que amaba se enfrentó a quién alguna vez había sido la persona más importante de su vida, pero para quién, según estaba entendiendo, ella no había significado nada, solamente alguien más a quién había usado para inflar su ego.
Ron había estado atacando a la castaña desde que esta llamó su atención, pero en un momento que Hermione se distrajo mirando como Fleur corría cada vez más cerca de ella, el pelirrojo lanzó a la rubia lo que parecía una maldición imperdonable. Fleur se lanzó al suelo alacanzando a esquivar la maldición, pero Ron ya estaba levantando su brazo para lanzar otra, y con esta logró su cometido.
Un grito desgarrador retumbo en el lugar abierto, Fleur se retorcía de dolor en el suelo, víctima de la maldición cruciatus. Hermione ni siquiera entendía como Ron sabía lanzar esa maldición de manera efectiva, ni quería saberlo.
En ese momento fue el quién se distrajo manteniendo su varita apuntada a Fleur, y por esto el expelliarmus de Hermione lo alcanzó. Haciendo volar su varita por el aire y terminando el sufrimiento de la rubia que continuó en el suelo tratando de respirar hondo para recuperarse; todavía sentía que su cuerpo tenía pequeños espasmos que no le permitían recuperar control de sus movimientos.
A su novia se le llenaron de lágrimas sus ojos cafés. Fleur no merecía eso, ninguna de las dos merecía soportar el odio y actos violentos de Ron. Nunca nadie le había dolido tanto a Hermione, nunca había sentido el dolor de alguien tan palpable en su propio cuerpo y al mismo tiempo que sentía un dolor en su pecho por la tristeza de haber visto así a la mujer que amaba, su cabeza se sentía caliente de la rabia que sentía.
Ron se lanzó al suelo tratando de recuperar su varita, pero Hermione la recuperó con un rápido hechizo accio y lo petrificó en el lugar para poder correr a mirar como estaba Fleur.
La rubia apenas había logrado sentarse, tenía el rostro entre las manos y respiraba fuerte.
-Amor…-le dijo Hermione muy suavemente agachándose a su lado pero sin atreverse a tocarla.
Fleur reaccionó de inmediato y sus ojos se encontraron con los de su novia. Estaban tan rojos y llenos de emociones que solo lanzarse a sus brazos y que todo lo que les había pasado se esfumara por un segundo en un abrazo. Pero ambas sabían que ese no era el mejor curso de acción después de recibir la maldición cruciatus, tendría que pasar al menos media hora antes de que pudiera tocar a alguien sin sentir dolor y afortunadamente era poco para ella porque dependiendo del daño las personas podían demorarse días, incluso meses.
-Hermione-dijo Fleur con voz débil- Estoy bien, no te preocupes, ya pasó lo peor, ya todo va a estar bien. Amo verte, te amo, gracias por venir, por rescatarme, salgamos de aquí el equipo se encargara del resto.
-También te amo Fleur, no hay otro lugar en el que quisiera estar que contigo aunque estés en la peor situación del mundo, no pude parar de preocuparme ni por un segundo. Estoy tan feliz de encontrarte bien- Hermione no era una persona que llorara fácilmente, pero esta vez no pudo evitarlo, las lágrimas caían libremente por sus mejillas.
Fleur estiró su mano para tomar la suya, y la castaña la miró a los ojos, pudo sentir la calma y amor que estos le transmitían y retiró su mano para que Fleur no sufriera.
Pero en vez de quedarse quieta, la rubia se lanzó hacia Hermione y la abrazó fuertemente. Tenía los ojos cerrados y su boca apretada soportando el dolor, pero no podía aguantar más no poder abrazar a quién tanto amaba.
Hermione se dejó abrazar y dio un beso en la cabeza a Fleur tocándole el cabello muy suave para no lastimarla más. El abrazo acabo y se miraron a los ojos, mucho más tranquilas que antes.
-No te hagas más daño ¿bueno?, ya tendremos tiempo para muchos muchos abrazos y besos. Ahora, déjame termino algo y luego podremos aparecernos. Toma- Hermione le pasó la varita de Ron a la rubia y se levantó para ir hacia Ron.
Fleur entendió, y la dejó a ella misma lidiar con el asunto que tanto necesitaba enfrentar, sólo estaría allí alerta por si la cosa se salía de las manos.
Hermione se hizo justo al lado de Ron, con un movimiento de su varita des-petrifico su cabeza, cuello y hombros para poder hablar con él.
-¿Estás contento con todo lo que haz hecho?- le dijo Hermione al pelirrojo, que no respondió pero soltó el aire de manera burlona.
-Este es tu momento para reivindicarte Ron, creo que sabes muy bien la cantidad de tiempo que vas a pasar en Azkabam por todo lo que hiciste, principalmente por usar una maldición imperdonable. Por usarla en …mi…novia- Ron volteó su cara hacia a un lado evitando la mirada de Hermione- Si, mi novia, la mujer que amo y la persona que más he amado en toda mi vida déjame decirte. Por un tiempo pensé que me amabas tanto que por eso no quisiste divorciarte y te portabas tan mal conmigo después del divorcio, pero ahora entiendo que eso no tiene nada que ver con amor. Al contrario, no tienes el mínimo respeto ni aprecio por mi, en el momento que dejé de ser tu propiedad perdí todo valor pero no soportabas el golpe a tu ego que eso significó. Ahora entiendo el ser egoísta, increíblemente egoísta que eres, y eso te hace además un ser lleno de envidia y odio por el bienestar de los demás. No sabes cuánto la amo y simplemente…
-¡Ya entendí que la amas! ¡Ya absolutamente todos entendimos cuánto la amas no tienes que repetirlo mil veces!-gritó agresivamente el pelirrojo.
-Así que si puedes hablar.
-Sí si puedo hablar, eso no significa que tengo que hablarte!…pero tampoco significa que tengo que escucharte, simplemente llévame y enciérrame tu misma en la cárcel no me importa lo que pienses, no me importa lo que hagas con ella, no me importa nada. ¿Tu entonces crees que es muy fácil lo que me ha tocado pasar? Enterarte que estás con ella, de todas las personas en el mundo con ella?, la persona que me gustaba cuando estábamos en el colegio? Y encima de todo una mujer? No te puedo creer, y estoy seguro que pronto se te va a pasar ese falso enamoramiento.
-¡Ay Ron por Dios! ¿Si te escuchas? La persona que te gustaba? O con la que quería estar porque le gustaba a todos y eso te hubiera dado una popularidad increíble? Y te preocupa que esté con una mujer, pues déjame decirte que voy a estar con ella toda la vida y espero que recuerdes siempre cuánto la amo y cuánto ella me ama a mi.
-No necesito recordatorio, ya lo leí todo en ese…aparato muggle que tenían, por cierto que cursi y estúpida te viste en esos mensajes.
Hermione cogió a Ron del cuello con tanta ira que lo alcanzó a levantar del suelo para volver a tirarlo contra este.
-Ah! No mereces ni si quiera un golpe, eres tan patético Ron, y no tenías porque invadir nuestra privacidad de esa manera ¡por dios!
La castaña buscó en los bolsillos de Ron hasta que encontró el celular, ya descargado, que habían puesto de muy buena voluntad para encontrarlo.
-Mira, ya sabrás cuántos años te vienen de prisión porque no voy a dejar ni un detalle afuera. Por ahora, tendrás que esperar que te encuentren en el momento en que me de ganas de reportar, puede ser esta noche, puede ser mañana, no tengo mucho interés de hacerlo rápido- Hermione apunto a Ron con su varita y empezó a lanzar hechizos- Un hechizo para que no puedas tus pies, te podrás levantar y saltar pero no harás nada porque no vas a poder salir de el pequeño domo que voy a hacer para tí, que también bloquea sonido, pero por si algo, voy a quitarte la voz un día- la castaña terminó de lanzar los hechizos con gran habilidad- En una hora dejarás de estar petrificado pero ya sabes que quedas aquí, el pequeño domo tiene una marca que podrán ver desde el aire pero desde fuera de este nadie podrá verte, lo siento Ron pero si dejara salir todas mis emociones tu castigo sería mil veces peor, creo que pasar una noche en una colina no es nada. Espero no volver a verte nunca, luego vendrán por ti. Hasta nunca.
Con esto la castaña dio un paso hacia atrás y fuera de la pared mágica que había creado, desde allí ya no podía ver a Ron y a decir verdad esto le generaba mucha calma, si siguiera viéndolo quién sabe que cantidad de hechizos terribles le lanzaría.
Sin perder si quiera un segundo volteó para ver a su novia sentada en el suelo, quién le sonrió levemente. Hermione se perdió en su mirada y caminó como hipnotizada hacia ella. La ayudo a levantar y Fleur la tomó por sorpresa dándole un fuerte abrazo.
La castaña no pudo evitar que se le salieran algunas lágrimas, le dio suaves besos a Fleur en su mejilla y cabeza como queriendo confortarla pero calmarse a sí misma al mismo tiempo.
Ahora solo quedaba regresar, no le interesaba hacer parte del final de la operación donde seguramente todos los aurores irían a enfrentarse con los magos de la casa en la que habían estado hace poco y que se veía increíblemente pequeña a lo lejos. Este era un momento para cuidar de Fleur, llevarla a un lugar seguro, y darle todo lo que necesitara para recuperarse.
Ambas lo necesitaban desesperadamente.
