Otro capítulo más escrito especialmente para ustedes!!
— ¡¿Que hiciste que?! — preguntó Danni.
— Lo que oíste — hable sin ánimo alguno.
— ¿Pero por qué lo hiciste? — cuestionó la azabache frente a mi.
— No lo sé Danni — respondí abrazando mis piernas — Yo solo ... — solté un suspiro — No lo sé — dije con la voz quebrada y aguantando el llanto.
— Oh vamos Sel, no te pongas así — dijo palmeando mi hombro — Él ya sabes... es un poco amm...
— Lo sé Danni — la interrumpí limpiando un par de gotas saladas que habían escapado — Yo sé que él no es alguien común, jamás lo he visto mostrar algún sentimiento humano, por un momento creí qué tal vez, sentía algo por mi, soy tan tonta e ingenua — dije lanzando una almohada contra la pared.
— Vamos Sel, no es el único hombre en todo el planeta — habló divertida tratando de darme ánimos — Verás qué hay muchos chicos que querrán estar contigo, mañana que entres a la escuela te darás cuenta.
— ¿Tu crees que eso pase? — pregunté con algo de esperanza, no la de tener novio, si no la de ser aceptada, para ser un monstruo peligroso, la posibilidad de ser aceptada es casi nula.
— Claro, Dash es uno de ellos, él va en la misma escuela en la que irás tú — habló caminando a su cama, yo no pude evitar sorprenderme. — Verás que mañana ese chico será el primero en buscarte — contestó guiñándome un ojo, lo cual hizo que me sonrojara.
— Lo dudo, se nota que Dash es un chico popular, jamás voltearía a ver a alguien como yo, además de que yo amo a otra persona — dije acurrucándome entre las sábanas, lo había dicho, y era cierto. Amaba a Dan como jamás había amado en los pocos recuerdos que yacían en mi mente. A pesar de todo, mi corazón aún latía desbocado tan solo con mencionar su nombre.
— ¿En serio amas a Dan? — preguntó la chica al otro lado de la habitación al mismo tiempo que cruzaba sus brazos.
— Si, ni siquiera sé cuando pasó — dije dejándome caer en la almohada que aún quedaba en mi cama ya que eso también era verdad, no supe en que momento comencé a sentir algo más que solo agradecimiento, algo más que solo una amistad.
— Pues lo mejor será que extingas ese sentimiento — respondió tomando la almohada que yo había arrojado hace ya unos minutos — Hay otros chicos y lo mejor de todo es que son de tu edad, Dan ya es un viejo...
— ¡Oye! — la interrumpí frunciendo mi entrecejo, pues ya que para mí él no era un viejo tal y como la chica de cabello negro lo había dicho, a decir verdad había algo en aquel hombre de ojos color sangre que me atraía demasiado. Su voz, su robusto cuerpo y aquella actitud fría hacían que Dan fuera único, el único en mis pensamientos para ser sincera.
— Vamos es la verdad, ¿cuantos años tiene? ¿Unos 25? Ya pasa los 20 tu apenas tienes 17 años, eres muy joven — dijo esto lanzándome la almohada.
Atrapé la almohada en forma de hamburguesa con mis dos manos, me quedé pensando unos segundos, eso era cierto, Dan es mucho mayor que yo, tal vez yo me ilusioné con él por qué no conocí a más personas y tal vez a Dan no le gusten las niñas inmaduras como yo, ¿y si a Dan le atrae alguien más? Sentí un nudo en el estómago cuando pensé eso, al igual que un nudo en mi garganta al imaginarlo con otra mujer, una hermosa y madura mujer, aún no sabía quién era aquella fémina, pero tan solo pensarlo, tan solo imaginarlo con otra, hacia que mi sangre hirviera a tal punto de pensar en asesinar de nueva cuenta.
— Oye Sel — habló Danni sacándome de mis tormentosos pensamientos — Ya duérmete, mañana ambas iremos a la escuela, te gustará, ya lo verás — dijo esto apagando la única luz de la habitación, una pequeña lámpara.
—Si, buenas noches Danni — dije acomodándome entre las suaves sábanas, tratando de dormir, tratando de no pensar en Dan, tratando de no atormentarme con la idea de que alguien más sería dueña de aquellos labios y de aquellos brazos los cuales hace apenas unas horas me rodearon a mí.
Cerré mis ojos, pienso en él, en estar dormida a su lado, mirándolo a esos ojos rojos. Como quisiera amanecer a su lado, entre sus fuertes brazos, estoy tan loca por ese hombre, que no dudó ni un poco que algún día mataré de nuevo, solo por él.
— Buenas noches, mi amor — susurré a lo bajo y con una sonrisa en mis labios — Mi Dan.
Han pasado al menos cuatro horas desde que casi mato a mi otro yo. Ese maldito mocoso me hizo perder la paciencia. Doy un suspiro mientras pienso en todo lo que Sel y yo hemos pasado, desde que ella se llamaba Bridgette. Para nuestra mala suerte jamás podremos estar juntos, ambos somos totalmente diferentes, más aún que ahora es un blanco fácil, ya que el poder dentro de ella es muy codiciado.
Sigo a las afueras de Amity Park, observó la urbe que yace frente a mis ojos, en mi época, no es igual, nada será igual.
Desde que conocí a esa niña mi vida dio un giro radical, jamás pensé que me podría enamorar siendo tal y como soy, un maldito monstruo. Es cuando recuerdo que hace unas horas le dije así a ella. Solo no quiero que se ilusione conmigo, no de nuevo, pero tan solo en recordar a ese tipo que estaba con ella hace unas horas y que tocó su mano, un ataque de ira me invade, nadie debe tocarla, ¡ella es mía!
Suelto un suspiro mientras acaricio el puente de mi nariz, nuevamente me contradigo, ¿que es lo que ella vio en mi? ¿que es lo que yo vi en ella? Me dejó caer en el suave césped, miro al cielo, hay unas cuantas estrellas, no es como aquel día en la costa, aquel día que ambos vimos ese millón de estrellas esparcidas por el firmamento.
Por más que quiera no puedo sacarla de mi mente, aún menos recordando lo que ocurrió hoy a primeras horas de la mañana, aquel beso, aquel en el que me demostró que aún me ama, tal y como ya lo hacía antes de perder todos sus recuerdos. Aún recuerdo el toque de sus dulces y cálidos labios, siento una enorme impotencia tan solo de pensar que los tube tan cerca y no pude saborearlos como la ultima vez, antes de que nos separaran.
Sin duda lastime sus sentimientos al decirle que no volviera a hacerlo. Lo pude ver en aquellos ojos color zafiro.
Si me hubiese dejado llevar por lo que siento, la habría besado sin importarme un carajo lo que opinaran los demás, pero no puedo hacerle eso, no soportaría perderla, una vez ya casi la pierdo para siempre, no me arriesgaré. Solo por qué los malditos humanos no aceptan nada diferente a ellos, son capaces de destruirlo todo, de nada les sirve ser alguien superior a los demás seres del planeta, si su miedo los ciega y los hace cometer millones de estupideces, de las cuales los muy imbeciles se arrepienten ya que ven el caos que han hecho. Tal vez alguna vez fui un humano común, pero ahora soy totalmente diferente, tal vez solo sea un fantasma, pero tengo más cerebro y racionalidad que muchos humanos aquí.
Me levanto lentamente, ya de pie, hecho un último vistazo a la ciudad frente a mí, levanté el vuelo sin pensarlo, me dirigí hacia ese lugar que no me traía muy gratos recuerdos. Después de un par de minutos volando había llegado a los Laboratorios Fenton. Atravesé la pared, busque en el laboratorio superior donde un día antes me había quedado con ella, pero no estaba ahí. Cerré los ojos y empecé a buscar su energía, fue cuando la hallé, pero no estaba sola.
Bajé al segundo piso usando mi intangibilidad, entonces la vi, yacía en una cama, en la misma habitación de la chica que se parece mucho a Danny. La observé detenidamente, sus rizos caían en su rostro, no pude evitar acomodarlos detrás de su oído, no pude evitar mirar sus labios, los cuales tenían un curioso pigmento color coral, un tono muy suave a decir verdad.
— ¿Tú qué haces aquí? — preguntó en un susurro la chica azabache, un tanto adormilada y... ¿molesta? — Después de lo que le dijiste todavía te atreves a buscarla, ella te a...
— Lo sé — la interrumpí, no necesitaba escuchar esa misma palabra tantas veces. Ella me ama, estoy totalmente consciente y convencido de ello.
— ¿Entonces que piensas hacer para remediarlo? — preguntó ella.
— Nada — respondí sin más, aunque por dentro deseara besarla en aquellos labios, los cuales se habían convertido en un tormento para mi.
— ¿Es en serio? — gritó a lo bajo cruzando los brazos.
— Si — volteé a ver a Sel, seguía dormida, me es tan grato verla así, tranquila y sin preocupación alguna.
Tomé su cama de un lado y la hice intangible al igual que yo.
— Si comentas algo de lo que hice — hablé para la chica detrás de mi — Juro que te arrancaré la lengua, ¿entendiste? — La chica de cabellos negros me miró sorprendida mientras asentía con su cabeza. — Bien.
Al terminar de decir esto volé hacia el laboratorio superior, atravesé el techo y coloque su cama cerca de una ventana. La miré dormir unos minutos más, solo me quedé parado ahí, en silencio, tratando de comprender cómo puedo sentir algo por ella, solo por ella y por nadie más. Incluso me pregunto cómo es que me había enamorado de Sam hace ya tantos años, ahora que la he vuelto a ver solo pude sentir algo por ella.
Repulsión.
Al parecer convivir casi toda una vida con Bridgette había cambiado mi forma de ver el amor, en mi adolescencia creía que Sam me amaba por ser tal y como había sido, mitad fantasma y mitad humano, pero no fue así, ella no me amaba en un inicio, solo éramos amigos, al parecer le empecé a atraer desde que fui diferente a los demás, desde que era mitad fantasma y no un chico común, así como a ella siempre le habían gustado las cosas fuera de lo normal.
En cambio Bridgette me conoció ya en mi forma fantasma, siendo un maldito monstruo capaz de acabar con todo a su paso. Y así me aceptó. Siendo tan solo una niña, su inocencia era tanta que creía que yo era su amigo incondicional solo por salvarle la vida, aunque la verdad solo la iba a abandonar en un refugio, pero su insistencia fue tanta que caí en su dulzura y cariño. Tenía una amiga, de la cual poco a poco me enamoré, cuando ella tenía 12 años comencé a sentir algo más que una amistad. No me importaba lo que pasaría, la edad no era un impedimento para mi, obviamente jamás pensaría de otra forma al ver a una niña de 12 años frente a mi, yo tenía 21.
Pero ahora que está frente a mi, con 17 años, verla convertida en una mujer, hace que mis pensamientos vuelen más allá de lo que deberían ser, tenía ganas de besarla, abrazarla y hacerla mía. Pero aún no era el momento, eso terminaría por empeorar las cosas. Solté un suspiro enorme, fue cuando ella comenzó a despertar.
— ¿Dan? — susurró mientras me miraba con aquellos hermosos ojos azules — ¿Ocurre algo malo?
— Si — dije serio, lo cual la hizo preocuparse.
— ¿A si? — preguntó incorporándose. —¿Que es?
— ¿Por que no estás durmiendo junto a mí? — cuestioné causando que sus mejillas la delataran.
— Este... yo creí que no querías verme — dijo bajando la mirada.
— No digas tonterías, ahora hazte a un lado — dije haciendo un ademán con mi mano. — Quiero dormir.
Sus ojos se iluminaron, como si algún deseo se le hubiera cumplido. Muy curioso.
Se hizo a un lado de la cama, me acosté a un lado de ella, al parecer tomé una mala decisión, ella tenía un short y una blusa muy delgada. Algo que sin duda me hizo sentir un poco incómodo, ya que sus curvas estaban más marcadas. No podía arrepentirme, no después de que ese estúpido chico se haya atrevido a tomar su mano, ella es mía y de nadie más.
Me acosté mirando hacia el techo, ella quedó a mi lado, se recostó en uno de mis brazos. Su cabello aun tenía ese dulce olor a frambuesas.
Fue cuando hizo lo inesperado, volteó su rostro hacia mi y me rodeó con su brazo, quedando totalmente junto a mi.
Acurrucó su rostro justo en mi cuello, su respiración hizo que mi piel se erizara totalmente.
Fue cuando no lo soporte más, tomé su muñeca y la quite de mi pecho, quedé encima de ella, la miré directamente a los ojos.
— Ya basta — dije frente a su rostro — Deja de hacer eso.
— Dan... ¿de que me hablas? Yo solo... te abracé — fue cuando me di cuenta de la posición en la que nos encontrábamos.
Nos miramos unos segundos, su rostro era lo más hermoso que había visto en mi vida, aquellas mejillas ligeramente ruborizadas. Lentamente mi mirada bajó hacia sus labios y de ahí a su cuerpo.
Mis instintos me ganaron, pose mis labios sobre los de ella, besándola con vehemencia sin importarme absolutamente nada, rápidamente me di la vuelta y la puse sobre mi, introduje mis manos bajo su blusa acariciando su omóplatos y trazando líneas imaginarias en su espalda. Ella correspondía a mis besos, nos separábamos unos cuantos segundos tratando de recuperar oxígeno, seguí besándola y acariciando su columna, fue cuando sentí que no tenía esa prenda femenina que cruza su espalda.
Sentí un increíble calor recorrer mi cuerpo y encendiendo una parte de mi ser en particular.
— Dan — susurró al tiempo que soltaba pequeños suspiros en mi oído, los cuales me estaban volviendo loco.
— Eres mía Sel, jamás te olvides de eso, siempre serás mía — susurré a su oído disfrutando de aquel rubor que cubría su rostro. Me sentía su dueño, yo era quien hacía que esas mejillas se ruborizaran, yo acariciaba sus muslos haciendo que pequeños gemidos se escaparan de sus deliciosos labios. Ni el estúpido chico que conoció el día de hoy la hará sentir así como yo en estos momentos.
No espere ni un minuto más, decidí tocar esos dulces bultos que emergían del pecho de la chica sobre mi. En cuanto toqué aquellos pequeños botones con las yemas de mis dedos sentí una placentera electricidad recorrer mi cuerpo. Ella soltó un dulce suspiro el cual se escuchó en el laboratorio.
Silencié sus labios juntándolos con los míos mientras acariciaba sus cimas. Ella comenzó a mover sus caderas, al sentir su feminidad pude jurar que mi pálido rostro se enrojeció, pues lo sentí arder, automáticamente respondí a sus movimientos haciendo lo mismo, mis manos bajaron lentamente hasta sus caderas.
— Te amo Dan — susurró a mi oído regresándome a la realidad. ¿Que estaba haciendo?
— Perdóname — susurré antes de sepárame de ella.
La tomé de la muñeca y le di una ligera descarga, la cual la hizo quedar inconsciente cayendo encima de mí. ¿Que carajos estaba pensando? ¿Estoy tan mal? La recosté sobre la cama, la miré un par de minutos más, está chica sin duda me haría romper ese juramento. Necesitaba relajarme, despejar mi mente, estuve a punto de hacerla mía, de hacerle el amor hasta el amanecer. Debo dejar ese sentimiento a un lado.
De nueva cuenta volví a poner su cama en la habitación de la chica de cabellos negros.
— ¿Hablaste con ella? — susurró esa chica muy parecida a Danny.
— No — dije serio — Solo la observé dormir — mentí viendo a Sel.
Me hice intangible y salí volando de ahí lo más rápido que pude, necesitaba olvidarme de ella, necesitaba olvidar esta noche.
— Selenia de verdad alucinas — me dijo Danni colocándose una sudadera.
— Oh Danni ese sueño fue tan ... — solté un enorme suspiro y me dejé caer de lleno en mi cama — Tan hermoso — dije abrazando la almohada en forma de patatas fritas, ya que la de hamburguesa por alguna razón no la encontré, debe estar bajo la cama. Pero la maldita almohada no importa, tan solo recordar sus besos y ese momento en el que sentí...
— ¿En serio soñaste que tenías un encuentro erótico con Dan? — cuestionó la pelinegra entre risas y regresándome a la realidad.
— Bueno ... — dije sintiendo mis mejillas arder — No así, erótico erótico. — dije cubriendo la mitad de mi rostro con las acolchonadas patatas fritas.
— Hubo agasajo, besos y uno que otro arrimón de...
— ¡Oh por todos lo cielos! — grité colocando la almohada en mi cara tratando de ocultar mi notorio rostro de jitomate. Hubo eso y podría decir que más, antes no pasó más allá, pero no me hubiera arrepentido.
— ¡Ajá! — la escuché gritar haciendo que diera un salto —
¡Lo sabía cochinota!
— Danni — dije entre risas — No me digas así. — quité la almohada de mi rostro y me levanté aún ruborizada.
— ¿Pues como no? Si ve nada más como te pones al recordarlo — dijo riendo — Oye, ¿Y si de verdad pasó?
Abrí mis párpados ante lo que había dicho.
— ¡No Danni! ¿como crees? — dije pensando en aquella lejana, muy muy lejana posibilidad. — De todos modos no me atrevería mirar a Dan a la cara después de lo que soñé anoche.
Miré a Danni, quién estaba totalmente paralizada, su rostro mostraba un notorio nerviosismo. Decidí darme la vuelta, fue cuando lo vi ahí parado, me miraba fijamente, sus ojos recorrieron mi cuerpo centímetro por centímetro, bajé la mirada para evitar encontrarme con la suya, apreté mis labios en una delgada línea mientras sentía como si mi rostro fuera a estallar. Mi corazón latía sin control y mi respiración comenzaba a delatarme.
— Bu... Buenos días Dan — tartamudeé controlando mi nervios.
— Sel — habló con aquella voz fría e indiferente de siempre.
Cuando levanté la vista ya no estaba. Di un suspiro de alivio.
— Vaya que te trae loca, ¿he? — dijo Danni colocando su mochila sobre su espalda, la vi con una mueca de "¿en serio?" Le arrojé la almohada mientras nos reíamos como locas — Vámonos, ó llegaremos tarde.
— Si, ya voy — conteste aún riendo y tomando una linda mochila que me regaló Jazz, traía un hermoso gato color negro.
Salí corriendo y buscando a Dan por los pasillos, pero no lo encontré. Al bajar totalmente las escaleras vi a Daniela parada en la acera, me hizo una seña y fue cuando comprendí, nos transformaríamos y volaríamos a la escuela.
No tardamos mucho, pero en aquellos eternos minutos no pude dejar de pensar en aquel extraño y vergonzoso sueño. El sentir sus caricias y recordar aquellos besos que me robaron en aliento, es cuando deseo que todo esto sea verdad y que Dan sea totalmente mío y de nadie más.
— ¿Lista? — cuestionó Danni haciendo que regresara a la realidad.
— Si — afirme segura.
Empezamos a caminar por aquél enorme pasillo, el cual daba directamente a la enorme puerta de la escuela Gasper High.
— Sel, tranquila — habló Danni tocando mi hombro — Estás tan nerviosa que tus ojos han comenzado a brillar de color naranja.
— ¿De verdad? — cuestioné asustada y tocando mi rostro — ¿Oh dios que haré?
— Tranquila — habló la chica azabache dándome un abrazo — Respira profundo y exhala lentamente — comentó mientras cerraba mis ojos y le hacía caso. — ¿Mejor?
— Si, estoy un poco mejor — respondí alejándome un poco de ella y abriendo mis párpados lentamente.
— Eso ya lo noté, tus ojos ya no brillan — habló colocando un mechón de mi cabello detrás de mi oído — Son aquellos hermosos zafiros que tienes por ojos.
— Gracias amiga — agradecí dándole un caluroso abrazo.
La tomé de la mano, como una pequeña niña que toma a su madre cuando tiene miedo, por que eso era lo que tenía, un miedo terrible a lo que yo llegara a ocasionar si perdía el control sobre mí.
Ambas atravesamos el umbral de la puerta, llene mis pulmones de aire. En cuanto entré y escuché que la puerta se cerró lo solté. Había muchos chicos y chicas en el pasillo, muchos reían y otro platicaban.
— ¡Hola Sel! — escuché entre todas esas personas, entonces lo vi.
— ¡Hola Dash! — grité haciendo un ademán con la mano.
El chico rubio llegó corriendo hacia mí. Miré sus lindos ojos azules.
— Los dejaré solos — dijo Danny con una sonrisa pícara y soltando mi mano.
— No Danni — suplique pero ya era demasiado tarde, ya estaba a varios metros de mí, lo único que pude notar fue un silencioso "Bye" de sus labios mientras se alejaba más y más.
— Selenia es un gusto encontrarte aquí — dijo dándome un cálido abrazo.
— También es un gusto Dash — dije correspondiendo al abrazo y tratando de evitar que mis mejillas me delataran.
— Oye, ¿todo bien con el tipo de ayer? — susurró a mi oído.
— Si, es muy sobre protector — dije entre risas ya que su aliento me había hecho cosquillas.
— Me alegra tanto que estés bien — comentó separándose de mi. — ¿Y cuál es tu aula?
— Aún no lo sé — dije colocando mi dedo índice sobre mi barbilla. Danni me había dejado sola y ni Danny ni Sam se aparecían.
— ¿Pues quién te inscribió? — cuestionó aún mirando los salones.
— Jazz Fenton — dije buscando a Sam, Tucker o Danny.
— ¿Eso quiere decir que conoces a Danny Phantom? — preguntó algo emocionado.
— Si, de hecho es amigo mío, pero no lo veo. Dijo que estaríamos juntos en las clases. — hablé aún buscando a Danny.
— Bien entonces yo ya sé cuál es tu aula — dijo mientras tomaba mi mano.
Lo miré mientras caminábamos en aquel pasillo rodeado de chicos, los cuales nos invadieron con miradas curiosas.
Al llegar al salón ambos entramos, todos estaban platicado y en cuanto nos vieron todos quedaron en silencio.
— Dash — habló una chica muy bonita, de ojos azules y tez morena — ¿Quien es ella? — cuestionó mirándome de arriba a abajo.
— Paulina, te presento a Sel, una amiga que conocí ayer — habló sin soltarme de la mano.
— ¿Selenia? — escuché una voz conocida, era aquella chica rubia del parque, si no mal recuerdo su nombre es Estrella — No puede ser, te inscribieron en la misma escuela — chilló acercándose a mi y dándome un abrazo.
— Parece que si — dije riendo nerviosamente, pues la chica de nombre Paulina no me quitaba los ojos de encima.
— ¿También la conoces? — preguntó la chica morena.
— Obviamente, tropecé con ella en el parque el día de ayer, mi pantalón nuevo se ensucio y ella dijo que lo mandaría a la tintorería — dijo separándose de mi y colocándose a mi lado — Me agradó la forma en la que contestó, cualquier persona me hubiese gritado que me fijara por donde camino.
— Bueno es que yo iba distraída — dije acomodando mi mochila — Es lo mínimo que podía hacer.
— Eres una dulzura Sel — chilló dando pequeños aplausos.
— Gracias — contesté apenada.
— Por cierto — habló Dash tomándome de la mano — Hay un pupitre cerca del mío, por si gustas sentarte.
— Gracias — dije caminando hacia este.
Me senté mirando el salón, era lindo y grande, la puerta se abrió dejando ver a tres personas que yo ya conocía, Sam, Danny y Tucker.
— ¡Hola! — grité haciendo un ademán con la mano.
— ¡Hola Sel! — gritó Tuck caminando hacia mí, mientras dos enormes hombres lo seguían.
— ¿Quienes son? — pregunté en un susurro.
— Son mis guardaespaldas — dijo con una mueca de desagrado.
— Oh vaya — hablé sin evitar sorprenderme.
Fue cuando sentí esa energía, una energía muy conocida para mi.
— Sel, ¿estás bien? — preguntó Dash llamado mi atención y tomando mi mano.
— Si, muchas gracias — contesté sonriendo, al mirar a Dash no pude evitar sentir un poco de miedo, Dan estaba parado justo detrás de él.
— No la toques — susurró al oído del chico rubio frente a mí — O te mataré...
Listo hasta aquí se los dejo, espero y les hay gustado. Byeeee ️
