Un brillo intenso, tal como la clara luz que entra a tus ojos al despertar de la mañana. Mi cuerpo… no siento mis sentidos… no siento nada. ¿Este es mi final?

_ ¡Hari, mira, he encontrado nuevos compañeros! ¡Él es Pirito; él Cratos; él es Lemnos; él Pélope!

_ Es increíble, mi señor.

_ ¡Ya te dije que no me llamaras así! Ay Hari… - dio un gran suspiro. – Como desearía que la gente ya no tuviera que sufrir, que todo fuera paz y felicidad. Pero, no existe un mundo perfecto, ¿verdad? Así luche para conseguirlo… ¿Qué puedo hacer yo por ellos, Hari?

Admiré aquella duda de sus ojos, esas puras intenciones. Pero a pesar de la bondad que permanecía en su corazón, podía percibir una oscuridad dentro de él. Algo que, aunque haya compartido su lado tanto tiempo, no pude averiguar.

Otra noche, acampando todos, salí de mi tienda a sentarme en la fogata. Me sentí sorprendido cuando lo vi sentado mirando la llama, hipnotizado.

_ ¿Tampoco puedes dormir, Hari?

_ Ah… No.

_ ¿Acaso estás triste?

¿No serás tú el que está triste? ¿Realmente me preguntas a mí?

_ Simplemente no me apetece dormir.

_ ¡Ya veo! – sonrió. – Es tan bueno saber que estás bien.

En ese momento realmente deseaba preguntarle qué estaba pasando por su cabeza, qué podía tenerlo así. Pero me daba miedo la oscuridad de lo que pudiese tratarse, me daba miedo perder esa luz que tenía en él.

Sólo me senté a su lado, a acompañarlo en silencio. Yo desde ese momento, sería su fiel compañero, nunca dudaría de su palabra, nunca le preguntaría nada. Sólo sería así, su silencioso protector.

*levantándose del sueño*

_ ¿Por qué no cumplí mi misión con él? – lloraba Hari. - ¿Por qué no pude apoyarlo, por qué no pude llenar aquel lamento que lo envolvía?

De pronto levantó la mirada para encontrar al caballero de Libra tendido en el suelo.

_ ¡Shiryu! – se acercó arrastrándose como podía. - ¡Por favor, no mueras caballero!

Lo sacudió pero no reaccionaba.

_ "Está desmayado." ¡Te llevaré Shiryu, iremos juntos donde Atenea, donde Hefesto!, ¡Resiste por favor, vamos a detener esta masacre!

Hari de Shakram lo cargó con ayuda de su brazo derecho y con el izquierdo agarraba el suelo para tratar de avanzar.


_ Patético, ¿realmente necesitan dos para acabar conmigo?

_ Muy confiado estás, Kanon de Géminis. Aunque sabemos que no eres ni la sombra de tu hermano.

_ Tú… - contestó completamente irritado.

_ Y bien, Talon.

_ Y bien, Cerción.

_ Nos están esperando más adelante.

_ ¡Sí, el Dios del Fuego nos espera!

_ ¿Al menos puedo saber por qué razón intentarán matarme? Digo, me sorprende la audacia de ustedes, son completamente anormales.

Talon comenzó a reír frenéticamente.

_ ¡Quizá es verdad! Pero nuestras almas ganaron la más sagrada redención a manos del Dios de la herrería. Nuestra vida, ¡nuestra vida ha cambiado!

_ ¡Su Dios es un loco, un desquiciado, un egoísta!

_ ¡Cállate! – exigió el guerrero del Kanabo. - ¿Qué derecho tienes de hablar así?

_ Cerción…

_ ¡Él nos entiende mejor que nadie, él no es egoísta, él es pura bondad!

*flashback*

_ ¡Eres un asqueroso!

_ ¡Gente como tú no merece vivir! – lo pateaban varios jóvenes.

_ ¿¡Por qué!? – Gritaba de dolor. - ¿¡Cuál es mi pecado!?

_ Eres negro.

_ ¡Inferior, marginal!

_ ¿¡Qué hice para que me lastimaran!?

_ ¡Es tu color de piel!, ¡Da asco!

Así eran todos los días de mi vida, regresaba golpeado. Pero las heridas que podían causarme mis compañeros no era nada comparada a las mismas que sangraban en mi alma.

_ ¿Qué hice yo para merecer esto?, ¿¡Qué hice!?

De pronto escuché un gran estruendo afuera de la puerta de mi casa.

_ ¡Ábrenos Cerción, aún no hemos terminado de patearte el trasero!

_ ¡Si no sales, vamos a matar a toda tu familia!

En ese momento ni siquiera pensé en lo que podía ocurrirme, sabía que ellos eran tan capaces como decían. Miré a mi hermana que miraba la televisión, me acerqué y le di un beso en la frente. Entonces me di la vuelta y salí.

Ellos me cogieron de los brazos, arrastrándome. Intenté defenderme como siempre, pero mientras más resistencia ponía, más duros eran los golpes.

_ ¿Qué hacen? – se acercó una joven muy hermosa. - ¿¡Por qué lo golpean!?

_ Uy señorita, ¿no quieres jugar un rato?

Sacaron un cuchillo y me apresuré en levantarme. Debía ayudarla, debía hacer algo. Pero uno vio mi intento y pisó mi cabeza contra el piso.

_ No me asustan…

_ ¿De verdad no?

_ ¡Hefesto, ayúdame, Hefesto! – sus gritos se oyeron.

_ ¿Bía?

Entonces miré a aquel hombre particular que apareció. Tenía una belleza cautivante, trigueño, pero terriblemente hermoso.

_ ¡Huyan, van a matarlos, están armados! – pude gritar.

El que me amenazaba me pisaba con más furia.

_ ¿Se creen muy valientes maltratando a un joven entre varios?, ¿Piensan que eso los hace hombres? Son unos cobardes…

_ ¿¡Qué has dicho!?

_ ¡Vas a morir!

Se lanzaron todos hacia él con mucha furia.

_ Púas…

Una energía indescriptible voló por los cielos y mató a todos los que estaban ahí, el suelo, todo estremecía en sangre. Aunque aquel escenario era perturbador, me sentí seguro por primera vez.

_ ¿No tienes miedo? – el hombre de nombre Hefesto se acercó a mí y me tendió la mano.

_ Yo… no…

_ Ellos no merecían vivir, lastimar a una persona por su color de piel es lo que más repudio. La discriminación es una lacra en nuestra sociedad. Todos somos seres iguales, todos debemos ser tratados iguales.

Miré a la joven, ella lucía feliz. Incluso en sus ojos vi una devoción intensa. Me definí, quise tomar su mano, para sentir aquella seguridad para siempre.

_ ¿Por qué no siento que seas una persona malvada?

_ ¿¡Hermano!? – un llamado se escuchó viniendo.

Temí por la sangre, temí que ella me viera así. Pero aquel joven estiró las manos y todo desapareció. Como la mera existencia de aquellas viles personas.

_ ¿Estás bien? ¡Mamá está preocupada por ti!

_ Estoy bien hermana.

Giré mi cabeza y él se estaba yendo. Sin siquiera decirme nada, pero al verlo alejarse así, sentí temor de nunca volverlo a ver.

_ ¡Espera! – paró. – Por favor, llévame contigo.

_ Tienes una familia que te espera en casa.

_ ¡Quiero ir contigo y prometo que regresaré! ¡No puedo ser un hombre sin ser capaz de protegerme! ¡Debo poder protegerme para protegerlas a ellas!

_ ¿Prometes que regresarás?

_ ¡Juro que lo haré!

_ ¡Hermano, no te vayas!

_ ¡Volveré! – solté sus pequeñas manos y caminé atrás de ese Dios, de aquel que ganó mi voluntad.

*fin flashback*

_ ¡Expiaré tus pecados, géminis! ¡Sé víctima de mi kanabojutsu! ¡PÚAS!

_ ¡EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!

_ ¡LLUVIA DE ESTRELLAS!


_ ¿Cómo es que llegaste aquí, Aquiles? – preguntó Hugo desafiante.

_ Digamos que el idiota de Kanon cayó en mi trampa. Géminis, siempre tan temperamentales.

_ ¡Igual, no le harás nada a Atenea mientras estemos aquí! – declaró Zephyr.

_ ¡Por favor, huyan, Hugo, Zephyr! – gritó un caballero de plata.

_ Pues en el camino maté a tres caballeros y engañé a dos de oro, así que me temo que ustedes no son el gran reto.

_ ¿Qué quieres decir, con quiénes acabaste?

_ Aquellos inútiles que cuidaban la casa de capricornio, no le hacen justicia a Shura, ciertamente.

_ ¡No puede ser!

_ ¡Héctor, Nereida, Isaura; no podemos dejarlos! – exclamó Hugo.

_ ¿Héctor dices? – preguntó el herrero de la Sarisa. – Ciertamente tus rasgos me son familiares. Pero bueno, ¿me van a dejar pasar o quieren que yo los pase al otro mundo?


Pélope se transportó a demasiada velocidad, sus movimientos eran casi incalculables. Cortó en el estómago a Marín dejándola tirada en el suelo.

_ ¡Marín! – gritaron Shaina y Makoto.

_ ¡Estoy bien…!

Pero se acercó garrafalmente al caballero del pez dorado quien trataba de esquivar sus movimientos, pero terminó haciéndole pedazos la armadura.

_ ¡Es demasiado rápido!

_ ¡LA DANZA DE LAS ESPADAS GRIEGAS!

_ ¡Basta! – gritó Shaina.

_ ¡Shaina, huye!

El caballero de Ofiuco se lanzó hacia este para que no matara a Makoto.

_ ¿¡Qué!? – se sorprendió el herrero de la kopis. - ¿¡Por qué… por qué tú!?

El impacto se había llevado la pierna izquierda de la italiana.

_ Yo… yo no… - se agarró la cabeza Pélope. - ¡Ah!

Empezó a gritar de la impresión recordando su accidente.

_ ¡Shaina! – se acercó Makoto.

_ ¡Debemos detener la hemorragia!

La joven los ignoró y se lanzó a abrazar la espalda del herrero.

_ ¿Qué es mi pierna con la vida de Makoto? – preguntó Shaina. – No querías hacerme esto, ¿verdad?

_ Yo…

_ ¡No te odio, ¿me escuchas?! ¡Yo no me siento inferior por no tener mi pierna!

Pélope se volteó sorprendido por sus palabras.

_ ¿Hefesto te salvó? ¡Yo también fui salvada! ¡He perdido mucho al igual que tú! ¡Perdí parte de mis sueños cuando me volví guerrera, perdí a mi discípulo por mis sentimientos egoístas, perdí el amor por mi temperamento… pero yo! ¡Sigo aquí y créeme que perder mi pierna no es nada a lo que ya se fue de mi vida!

_ ¡Lo siento…! – lloró.

_ ¡Dejemos esta batalla! ¡Ustedes no son malas personas! No… no lo son…

_ ¡Shaina! – gritó Marín al ver cómo se desmayaba por la sangre.

Pélope la cargó.

_ ¿¡Qué, qué haces!?

_ ¡Salvaré su vida, yo no permitiré que muera!

Él se marchó ante la sorprendida mirada de ambos caballeros. El herrero de la kopis griega corrió rumbo a Libra, donde sentía cosmos curativo.

_ Al final de cuentas todos somos humanos, todos sentimos. – habló Marín. – Y Shaina llegó al corazón de ese hombre. Sólo espero que no sea tarde para que se redima… - cayó rendida.

_ ¡Marín!


_ ¡¿Te crees un león?!, ¡no eres más que un maldito gato inofensivo!

_ ¿Así hablan las señoritas de hoy en día?

Pero el fénix se impactó al sentir los cosmos.

_ ¡No puede ser, Atenea está en peligro!

_ ¿¡Qué dices!? ¡Cómo va a estar en peligro!

_ Siento el grito de auxilio de los caballeros que cuidan la casa de piscis.

_ ¿Piscis, tan pronto? ¡Y yo sigo acá, ya suéltame infeliz! – entonces las sais que la mantenían pegada se cayeron. - ¡Ay!

_ Nunca estuviste atrapada, te hice una ilusión del puño fantasma.

_ ¡Tienes que estar bromeando! ¡Oye, no me des la espalda!

_ ¡No llegaré a tiempo! – corrió Ikki.

_ ¡Espera, iré contigo!

_ ¿Cómo dices?

_ Si ella muere, él estará muy triste. – fue atrás de él.

_ La armadura divina de Sagitario…

_ ¿Sorprendido, Pegaso?, ¿creías que la sangre de Atenea era la única capaz de realizar tal acción? ¡He derramado sangre divina en tu armadura, ahora eres más poderoso!

_ ¿Por qué me das chances?

_ Nunca he sido una persona injusta. ¡Ahora pelea con todo lo que tengas! – tiró el martillo empujando a Seiya con él.

Ese impacto hizo que se llevara varias columnas de por medio.

_ "Es demasiado fuerte."

_ Podría matarme ahora mismo, por haber causado tanto dolor. Tu mera existencia es un pecado, Seiya, eres el más odiado del Olimpo. Pero aun así has sido la flecha de la esperanza en esta tierra… eso me molesta.

El Dios transformó su martillo en una sarisa y la tiró, clavando el ala del caballero de sagitario a la pared. Todo alrededor se volvió fuego, el humo comenzó a llenar el lugar.

_ La vida humana es completamente frágil. – los ojos de Hefesto ardieron como fuego. – Incluso si sólo te dejo clavado con este incendio, no sobrevivirías.

_ ¡Deja de burlarte de mí! – gritó Seiya agarrando su arco y flecha y tirándola al pecho del Dios pero este la cogió. - ¿¡Cómo!?

_ ¿Crees que soy como los otros? ¿Crees que tirándome tu flechita de oro voy a perecer?

Él la agarró, y formó un arco con su cosmoenergía para tirarla directamente al pie de Pegaso. El castaño gritó de dolor.

Entonces formó otra e hizo lo mismo con el otro pie del caballero.

_ Ríndete y di que nunca volverás a ver a Atenea.

_ ¡Jamás…! – dijo gimiendo de dolor.

_ ¿Qué te hace levantarte?, ¿qué clase de humano eres?

_ ¡Yo nunca me daré por vencido! ¡Esta vida no solo me pertenece a mí! ¡Mis amigos… Saori… todos creen en mí y yo creo en mí, creo que venceré!

_ "¿Qué es esa voluntad?, es un humano…" – Seiya se quitó las flechas de sus pies y también la de sus alas. – "¿Por qué siento que lo estoy subestimando?, ¿es esta la esperanza del hombre?"

_ ¡Lucharé hasta que el cosmos de mi vida se apague, Dios Hefesto!